
Desde viejos tiempos la posesión de dinero se nos ha presentado como un afán muy propio de la condición humana. Sin él la vida en sociedad se vuelve más compleja y reduce el abanico de posibilidades de sus habitantes. El dinero es básicamente un medio para procurarnos la satisfacción de aquellas necesidades materiales que contribuyen a nuestro bienestar. Sin embargo, con excesiva frecuencia, los seres humanos nos deslumbramos por su engañosa omnipotencia para terminar considerándolo como un fin en sí mismo que nos lleva a mantener con él relaciones insanas, alejadas de la virtud.
Para ilustrar esta idea, traemos hasta aquí un pasaje de la novela El doctor Centeno, del escritor español Benito Pérez Galdós (1843-1920), en el que este célebre autor nos relata un caso muy peculiar: la particular relación que Alejandro Miquis, el coprotagonista de la novela, mantiene con el dinero. Se trata de un personaje, desbordado de ideales y ciego a las exigencias del mundo real, que en un momento dado se ve deslumbrado por la posesión de dinero, contradiciendo las directrices de su conciencia ética. Alejandro Miquis persigue, pero mal gestiona “esa cosa tonta y divina, esa farándula indispensable, esa nonada omnipotente que llaman dinero”, en palabras de Galdós.
“Poseer dinero era para él como la razón del vivir, como la florescencia, el fruto y flor de la vida. Carecer de ello se asemejaba a un árbol que tiene raíces, leña y hojas; pero que nunca se viste de flores ni se engalana de fruto alguno. ¡Disponer, pues, de aquella savia social y no nutrirse de ella, no cubrirse de la hermosa gala de la vida, pudiendo hacerlo; no dar a los labios el auténtico sabor de humanidad, teniéndolo tan a la mano…! ¡Oh!, esto era superior a su conciencia de hombre, a su respeto de hijo. En el estado actual del mundo, la vida sin moneda es una vida teórica, un mecanismo fisiológico, que hace de los hombres muñecos para divertir a los verdaderos hombres, a los que están provistos de aquel jugo vital. Hemos de remontarnos a la época del pastoreo para imaginar al hombre indiferente a las ideas de tuyo y mío, y considerarlo como tal hombre a pesar de la mutilación de esa víscera que se llama bolsillo.”
Para leer más:
Benito Pérez Galdós: El doctor Centeno. Tormento. La de Bringas. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2007.
