Una cita con el desarrollo sostenible y la voz de Greta Thunberg

Isla de S. Miguel, Azores

Con 16 años, la activista sueca contra el cambio climático Greta Thunberg pronunció un discurso ante el Consejo Económico y Social de la Unión Europea durante el evento “Civil Society for rEUnaissance” (Bruselas, 21 de febrero de 2019).

Sus palabras fueron una llamada a la responsabilidad para garantizar el cumplimiento del Acuerdo de París de 2015, una exhortación a los dirigentes políticos para que hagan sus deberes en defensa del desarrollo sostenible, tal como se recoge en el siguiente extracto:

“Una vez que uno ha hecho sus deberes, se da cuenta de que necesitamos una nueva política, necesitamos una nueva economía en la que todo se base en el presupuesto de carbono, que es extremadamente limitado y disminuye rápidamente.

Pero eso no es suficiente. Necesitamos una forma de pensar completamente nueva. El sistema político que ustedes han creado se basa en la competencia. Engañan cuando pueden, porque lo único que importa es ganar, obtener el poder. Eso debe terminar, debemos dejar de competir unos contra otros, necesitamos cooperar y trabajar juntos, y compartir de forma justa los recursos del planeta. Necesitamos empezar a vivir dentro de los límites del planeta, centrarnos en la equidad y retroceder algunos pasos por el bien de todas las especies vivas. Necesitamos proteger la biosfera, el aire, los océanos, el suelo, los bosques”.

Para leer más:

Greta Thunberg: “You’re acting like spoiled irresponsible children”

Greta Thunberg: Cambiemos el mundo. Penguin, Barcelona, 2019.

Una cita con el huerto de Miró

_1000308

El artista español Joan Miró (1893-1983), uno de los máximos representantes del surrealismo, concebía el arte como una forma de horticultura. Dotado de una gran creatividad, inteligencia, sensibilidad e intuición, Miró dio vida a su universo artístico como lo haría un artesano, o un hortelano que cultiva su huerto. Así, fertilizaba Miró sus múltiples semillas artísticas en el taller:

“Considero que mi taller es como un huerto. Por allí hay alcachofas. Por aquí, patatas. Hay que podar las hojas para que los frutos se desarrollen. Llega un momento en que hace falta cortar.

Trabajo como un hortelano o como un viñatero. Las cosas llegan lentamente. Mi vocabulario de formas, por ejemplo, no lo he descubierto de una vez. Se formó casi a mis pesar.

Las cosas siguen su curso natural. Crecen, maduran. Hace falta injertar. Hay que regar, como se hace con las lechugas. Así maduran en mi espíritu. Por ello trabajo siempre en muchísimas cosas a la vez. E incluso en dominios diferentes: pintura, grabado, litografía, escultura, cerámica”.

Para leer más:

Joan Miró: Yo trabajo como un hortelano. Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2018.

Una cita con el desarrollo sostenible y la niña Severn Suzuki

_MG_9495x500

En 1992 se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (también conocida como Cumbre de la Tierra), que marcó un hito histórico porque el concepto de desarrollo sostenible va a tomar una proyección internacional hasta entonces desconocida.

Durante la celebración de la Cumbre de la Tierra, el día 11 de junio una niña canadiense de doce años, llamada Severn Cullis-Suzuki, toma la palabra en representación de ECO, una organización infantil por el medio ambiente. 

Con el discurso de Severn Suzuki se alza la voz de los niños, de las generaciones futuras, de los animales y de los ecosistemas que se vez cada vez más amenazados.

“Al venir aquí hoy no escondo mis intenciones: estoy luchando por mi futuro. Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o perder puntos en bolsa.

He venido a hablar por todas las generaciones venideras.

He venido a hablar en nombre de todos los niños que pasan hambre en el mundo y cuyo llanto no oye nadie.

He venido a hablar por los incontables animales que están muriendo por todo el planeta, porque ya no tienen adónde ir”.

(…)

“Todo esto ocurre ante nuestros ojos y, sin embargo, seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo del mundo y todas las soluciones.

Yo soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero ¡quiero que vean que ustedes tampoco! No saben arreglar los agujeros de nuestra capa de ozono. No saben hacer que los salmones remonten un arroyo muerto. No saben devolver a la vida a un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que crecían donde ahora hay desiertos.

Si no saben arreglarlo, por favor, ¡dejen de estropearlo!”.

(…)

“Yo soy solo una niña, pero sé que si todo el dinero que se gasta en guerras se gastara en buscar soluciones medioambientales, en poner fin a la pobreza y en lograr acuerdos, ¡la Tierra sería un lugar maravilloso!”.

Para leer más:

Severn Cullis-Suzuki: Hagan que sus acciones reflejen sus palabras. Akiara, Barcelona, 2019.

 

 

La naturaleza y la ironía de las palabras: una cita con Pérez Galdós

IMG_0279x500
Benito Pérez Galdós, del pintor Joaquín Sorolla.

Con su obra Doña Perfecta, el escritor Benito Pérez Galdós (1843-1920), maestro de la novela realista, se vale del simbolismo y el contraste para resaltar la realidad tal como es, más allá de la representación aparente que le da nombre y la oculta.

Don José Rey llega a la estación de tren de Villahorrenda donde le espera Licurgo, el criado de doña Perfecta, para llevarlo en caballerías a la pequeña ciudad de Orbajosa. Allí le esperan su futura novia -la prima Rosario- y la madre de ésta -doña Perfecta, viuda de Polentinos-.

Durante el trayecto rumbo a Orbajosa los dos personajes de Galdós  entablan un diálogo acerca de las tierras que atraviesan. El caballero don José no sale de su asombro ante la contradictoria realidad que ven sus ojos. Se encuentra con una falsa realidad a tenor de las palabras que le dan nombre, con una realidad “desnaturalizada”.

Una relectura del siguiente pasaje de Doña Perfecta nos lleva a reflexionar sobre el verdadero valor que le otorgamos a la naturaleza. Porque, cuando la naturaleza se nos acabe, ¿sólo nos quedará la ironía de las palabras hermosas?

“-Ahora tenemos que echar por esta vereda. El puente está roto y no se puede vadear el río sino por el Cerrillo de los Lirios.

-¡El Cerrillo de los Lirios! -observó el caballero, saliendo de su meditación-. ¡Cómo abundan los nombres poéticos de esos sitios tan feos! Desde que viajo por estas tierras, me sorprende la horrible ironía de los nombres. Tal sitio que se distingue por su árido aspecto y la desolada tristeza del negro paisaje, se llama Valleameno. Tal villorrio de adobes que miserablemente se extiende sobre un llano estéril y que de diversos modos pregona su pobreza, tiene la insolencia de nombrarse Villarrica; y hay un barranco pedregoso y polvoriento, donde ni los cardos encuentran jugo, y que, sin embargo, se llama Valdeflores. ¿Eso que tenemos delante es el Cerrillo de los Lirios? Pero ¿dónde están esos lirios, hombres de Dios? Yo no veo más que piedras y hierba descolorida. Llamen a eso el Cerrillo de la Desolación, y hablarán a derechas. Exceptuando Villahorrenda, que parece ha recibido al mismo tiempo el nombre y la hechura, todo aquí es ironía. Palabras hermosas, realidad prosaica y miserable. Los ciegos serían felices en este país, que para la lengua es paraíso y para los ojos infierno”.

Para leer más:

Benito Pérez Galdós: Doña Perfecta. Espasa, Madrid, 2011.

El canto del canario: releyendo la fábula de Tomás de Iriarte

_Z0B9979

En 1782 el escritor ilustrado Tomás de Iriarte (1750-1791), originario de las Islas Canarias, publicó sus célebres Fábulas literarias. Son relatos en verso con los que Iriarte, convirtiendo a los animales en los protagonistas humanizados de su obra, aporta al mundo una literatura con mensaje moralista y educador.

Entre los temas que preocupaban a Iriarte en aquella sociedad del siglo XVIII, se encuentra el propio oficio de la literatura, como así lo dejó reflejado en su fábula El Canario y otros animales. No hay fábula sin moraleja y, en ésta, Tomás de Iriarte nos viene a recordar que existen muchas obras literarias que, a pesar de su excelencia, pasan desapercibidas y no logran su justo reconocimiento: Hay muchas obras excelentes que se miran con la mayor indiferencia”. 

Eso fue justo lo que le sucedió al canario cuando se encontró con la mariposa, la hormiga, la raposa y el palomo. Una relectura naturalista de la fábula de Iriarte nos  permite reflexionar sobre el valor de la naturaleza para el ser humano. De ahí que podamos concluir también con la siguiente moraleja: El canto del canario es una excelente obra de arte, que nos obsequia la naturaleza, ante la que no debemos permanecer impasibles, insensibles y sordos por más tiempo.

   De su jaula un día
se escapó un Canario
que fama tenía
por su canto vario.
-¡Con qué regocijo
me andaré viajando
y haré alarde, dijo,
de mi canto blando!
Vuela con soltura
por bosques y prados
y el caudal apura
de dulces trinados.
Mas, ¡ay!, aunque invente
el más suave paso,
no encuentra viviente
que de él haga caso.
Una Mariposa
le dice burlando:
-Yo de rosa en rosa
dando vueltas ando.
Serás ciertamente
un músico tracio,
pero busca oyente
que esté más despacio.
-Voy, dijo la Hormiga,
a buscar mi grano;
mas usted prosiga,
cantor soberano.
La Raposa añade:
-Celebro que el canto
a todos agrade;
pero yo entre tanto,
esto es lo primero,
me voy acercando
hacia un gallinero
que me está esperando.
-Yo, dijo un Palomo,
ando enamorado,
y así el vuelo tomo
hasta aquel tejado;
a mi Palomita
es ya necesario
hacer mi visita;
perdone el Canario.
Gorjeando estuvo
el músico grato,
mas apenas hubo
quien le oyese un rato.
¡A cuántos autores
sucede otro tanto!

Para leer más:

Tomás de Iriarte: Fábulas literarias. Penguin, Barcelona, 2016.

El pico del Teide: una cita con Leonardo Torriani

 

_MG_4036x500

El ingeniero italiano Leornardo Torriani (1560-1628), gracias a su estancia de varios años en las Islas Canarias, nos brindó hacia el año 1590 una particular descripción del pico del Teide. Este excelso volcán de la Isla de Tenerife pasaba, en aquel entonces, por ser una de las montañas más altas del mundo conocido por sabios y viajeros.

“Este famosísimo Pico es célebre por su grandísima altura, que descubren marineros a 440 millas en mar, que son 70 leguas de España; por lo cual se cree que no cede ni al Ararat, ni al Líbano, al Atos y al Olimpo, sino que a todos los rebasa.

Cuando el cielo no está cubierto totalmente por las nubes, se ve cómo más de la mitad de este monte se eleva por encima de ellas. Yo mismo, al hallarme varias veces encima de las altísimas cumbres de La Palma, y encima de las mismas nubes, que cubrían con su sombra tanto el mar como las islas, con grandísima lluvia y temporal, lo vi por encima de su convexidad, muy en lo alto, de modo que casi parecía tener su principio sobre las nubes. Lo mismo se ve al hallarse uno en su cumbre; de modo que para una persona de no muy buena vista parecería que aquella blanca llanura de las nubes, con su nuevo horizonte, fuese el mar, o alguna bellísima llanura de la tierra, así como verdaderamente se muestra a todos cuantos la miran”.

Para leer más:

Leonardo Torriani: Descripción e historia del reino de las Islas Canarias antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones. Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1978.

 

El bienestar de los perros, en palabras de María Rosa Alonso

_mg_6112_x500

Los intelectuales también han reflexionado sobre el bienestar de los animales. Un buen ejemplo es el de la escritora y profesora María Rosa Alonso (1909-2011). Esta ilustre ensayista, originaria de las Islas Canarias, conocía bien a los perros. Tuvo uno, llamado Mimo, durante su infancia, y otro, Pipo, “el de la calle de San Agustín”, cuando siendo joven vivía en la ciudad de La Laguna (Tenerife).

Así opinaba María Rosa Alonso, como amante de los perros:

“Tener perros en un espacio urbano reducido como las colmenas urbanas de ahora, llevarlos atados por las calles, esclavizados, aunque sea para salvarlos del coche que mata a los caninos tanto como a los humanos, me parece una crueldad. El perro está hecho para el pueblo pequeño, para el campo, las fincas, la tierra. El perro es especie y necesita de la Naturaleza, donde su libertad tiene el medio específico que él precisa. El perro es, sobre todo, animal. Individualizamos más el nuestro y lo hacemos convivir con nosotros, pero cuando, por egoísmo, lo esclavizamos en la gran ciudad, lo encerramos en la casa para que nos amortigüe la soledad, o nos divierta, somos un tanto crueles. Al perro, en buena ley, no le conviene prescindir de su medio. Sólo a este extraño animal llamado hombre le ha sido dado luchar con la Naturaleza, para transformarla o aceptarla y, desde ella, con ella o contra ella, hacer su vida”.

Para leer más:

María Rosa Alonso: La ciudad y sus habitantes. Gobierno de Canarias, 2009.