La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2024)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves impactos que generan sobre la salud humana y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución desde 1990 hasta hoy tanto en el conjunto de la UE como en sus Estados miembros.

Así, se constata, en primer lugar, que desde el año 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando a reducirse un 74,5% hasta 2024. En este último año 2024 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 275 millones de toneladas frente a 1.086 millones de 1990.

Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable.

Como se observa en el siguiente gráfico, la producción de estos combustibles experimentó un repunte durante los años 2021-2022 tras haber descendido de forma significativa en 2020 como consecuencia de los impactos de la crisis sanitaria de la COVID-19. Sin embargo, se confirma que con posterioridad la producción de carbón inflexionó a la baja para retomar la senda descendente anterior.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990 sólo seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual no producían carbón: Dinamarca, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. En el año 2024, casi un cuarto de siglo después, hay que añadir cuatro países al grupo de no productores: Estonia, Irlanda, Croacia y Portugal.

En la actualidad, de los 16 países de la UE que continúan produciendo carbón, los dos mayores productores siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 104,1 millones de toneladas en 2024 (el 37,9% del total de la UE), y Polonia, con 92,8 millones (el 33,8% del total). Ambos concentran, por tanto, casi el 72% del carbón producido en la Unión. Les siguen Chequia (9,7%), Bulgaria (5,6%), Rumanía (4,6%), Grecia (2,4%) y Hungría (1,4%), principalmente.

G_Carbón_Países_1990 y 2022

Durante el periodo 1990-2024, según la información estadística disponible de Eurostat, entre los actuales 16 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en Francia (-99,6%), España (-96,6%), Grecia (-87,3%), Italia (-82,6%), Hungría (-80,4%), Eslovaquia (-79,6%), Bélgica (-79,5%), Estonia (-78,0%), Alemania (-79,2%) y Chequia (-75,7%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-74,7%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 59,4% durante el periodo 1990-2024, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 33,8%.

En el otro extremo, es de destacar que un solo país, Finlandia, ha seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea. Su producción de carbón (básicamente de coque de horno) ascendió a 816.000 toneladas en 2024, es decir, un 67,6% más que en 1990.

Para más información:

Eurostat

Una cita con el valle imaginario de Alfonso García-Ramos

En el universo de la literatura podemos visitar lugares naturales imaginarios que nos transporten a la vivencia verosímil de la contemplación de paisajes únicos.

Con la novela Guad, el escritor español Alfonso García-Ramos (1930-1980), originario de las Islas Canarias, nos introduce en el valle imaginario de Tenesora. En este rincón de la isla de Tenerife sus necesitados habitantes se ven atados a la incansable lucha contra la piedra para la obtención de agua, con la esperanza de que los saque de la pobreza. Pero este lugar también presenta una belleza natural especial.

“Parecía que el valle se había puesto su mejor traje para darle la despedida. El cielo estaba terso y limpio como una concha nacarada que iba del rosa al malva. En lo alto, casi alcanzando la primera estrella, el Teide surgía y desaparecía tras el cendal de nubecillas. Y cada vez el soberbio volcán lucía un color diferente. Ora era el cobre bruñido y destellante, más cegador y limpio que el propio sol que ya caía sobre el mar, ora llameantes escarlatas, e imprecisos malvas que se iban apagando y confundiendo con el gris ceniza del cielo para en los postreros minutos, en esa mágica frontera del día con la noche, volver a esplender con una fantasmal luz plateada. Y abajo el mar, olas rojas pespunteadas de blanca fosforescencia, suaves, jadeantes, acunando las barquillas que con las velas desplegadas ponían proa al horizonte. El blanco caserío, los huertos yermos, los abruptos riscachos de medianías, parecían invadidos de contagiosas ternuras. Seguía la sequedad del aire, huérfano de una mala acequia donde descansar de su avidez por el agua, pero desde la cumbre caían las brisas del anochecer, impregnadas con el perfume del pinar, de la tierra y vegetal.”

Para leer más:

Alfonso García-Ramos: Guad. Baile del Sol Ediciones, Tegueste, 2020.

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (1990-2024)

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (UE-27) ascendió en el año 2024 a 154,9 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep). Su destino principal es la generación de electricidad.

De acuerdo con los datos publicados por Eurostat, durante los años 1990-2024 la producción de energía nuclear se ha reducido un 17,9% en la UE.

En dicho periodo de tiempo cabe diferenciar dos fases. En un primer subperiodo (1990-2004) la producción de este tipo de energía traza una senda de continuo aumento hasta llegar a su nivel máximo de 240 millones de tep en el año 2004, lo que supone un crecimiento acumulado del 27,2%. A esta primera fase le sigue una segunda en la que se va recortando la producción de energía nuclear hasta alcanzar sus valores mínimos en los últimos años de 2022-2024.

En un análisis por países, en 2024 son doce los Estados miembros de la UE que tienen operativos reactores nucleares para la producción de energía.

En el año 2024 Francia continúa siendo, con diferencia, el mayor productor de energía nuclear de la Unión Europea. Su peso se ha situado durante todo el periodo (1990-2024) siempre por encima del 43% del total de energía nuclear de la UE, llegando a alcanzar su máximo en este último año de 2024 (56,9% del total).

Les siguen, a distancia, las participaciones de España (que con un 9,2% del total en 2024 se sitúa como segundo mayor productor), Suecia (7,8%), Finlandia (4,9%), Bélgica (4,9%), Chequia (4,8%), Eslovaquia (3,0%), Bulgaria (2,7%), Hungría (2,6%), Rumanía (1,8%), Eslovenia (0,9%) y los Países Bajos (0,5%).

En seis países (Francia, España, Suecia, Finlandia, Bélgica y Chequia) se concentra, por tanto, el 88,5% de la producción total de energía nuclear de la Unión Europea.

Desde una perspectiva temporal, es destacable la evolución diferenciada que se ha dado entre países durante el periodo 1990-2024. Así, Alemania ha decidido tomar el camino de reducir su producción de energía nuclear, hecho que empieza a observarse en el año 2007, siendo más palpable a partir de 2011. Durante estos años Alemania ha pasado de ser el segundo mayor productor, con el 21% del total de la UE, a no contabilizar producción de energía nuclear en el último año 2024.

Por su parte, Lituania, cuya producción energética nuclear representaba el 2,4% de la UE en 1990, decidió cesar esta actividad en 2009, hecho que se mantiene hasta la actualidad.

Junto a estos dos países también han reducido su producción de energía nuclear durante el periodo 1990-2024 los siguientes Estados miembros: Bélgica (-31,8%), Suecia (-31,3%) y Países Bajos (-8,2%).

En sentido contrario, ocho países de la UE han incrementado su producción de energía nuclear durante los años 1990-2024. El mayor aumento se ha registrado en Chequia (+138,3), seguido de Finlandia (+54,3%), Eslovaquia (+50,3%), Eslovenia (+14,9%), Hungría (+14,4%), Francia (+8,8%), Bulgaria (+8,8%) y España (+1,5%), a los que habría que añadir Rumanía, que comenzó su producción en 1996.

Para más información:

Eurostat: Datos

El estado del clima mundial (2025)

La vida de los sistemas humanos y naturales de la Tierra está estrechamente ligada al estado del clima. Gracias a informes periódicos sobre la situación climática del mundo, como los que elabora anualmente la Organización Mundial de Meteorología (OMM), podemos llegar a conocer de forma objetiva, mediante el tratamiento científico de una amplia batería de datos, en qué condiciones climáticas se encuentra nuestro planeta y evaluar las implicaciones de diversa índole que generan.

La Organización Mundial de Meteorología (OMM), en su último Informe “Estado del clima mundial 2025” (mayo de 2026), nos envía los siguientes ocho mensajes fundamentales:

1. La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera

Citando textualmente a la OMM, “el aumento de la concentración atmosférica de CO2 causado por las actividades humanas es el principal impulsor del cambio climático”. Este gas de efecto invernadero (GEI) alcanzó en 2024 el nivel más alto de los últimos dos millones de años. Además, en dicho año registró el mayor incremento anual desde que comenzaron las mediciones modernas en 1957.

Respecto a otros GEI, las concentraciones atmosféricas de metano y óxido nitroso alcanzaron en 2024 sus valores más altos en los últimos 800.00 años.

Los datos disponibles obtenidos en tiempo real apuntan que las concentraciones de estos tres gases (CO2, CH4 y NO2)) han continuado aumentando durante 2025.

2. La temperatura media mundial

Los registros de la temperatura media mundial cerca de la superficie de la Tierra, otro de los indicadores principales del cambio climático, apuntan que los últimos tres años han sido los tres más cálidos de los 176 años que conforman el registro de observación.

En 2025 la temperatura media mundial de la superficie superó en 1,43ºC ±0,13ºC la media del periodo 1850-1900, el valor utilizado para representar las condiciones preindustriales. Este año 2025 fue el segundo o tercer año más cálido de los 176 que conforman el registro de observación.

3. El contenido calorífico de los océanos

El 91% de la acumulación del exceso de energía de la Tierra es absorbida por los océanos. En 2025 el contenido calorífico de los océanos alcanzó su valor más alto desde hace 66 años, cuando empezaron los registros.

El contenido calorífico de los océanos de la Tierra ha marcado sucesivamente nuevos máximos durante los últimos nueve años.

4. El nivel medio del mar a escala mundial

En 2025 el nivel medio del mar a escala mundial se mantuvo en valores comparables a los de 2024, cuando se alcanzaron valores máximos desde que hay registros de altimetría por satélite (a partir de 1993). A finales de 2025 el nivel medio del mar se situaba unos 11 cm por encima del valor de enero de 1993.

El ritmo de aumento del nivel medio del mar se ha ido acelerando, de modo que desde 2012 supera el observado durante el periodo 1993-2011.

5. El pH medio de los océanos a escala mundial

La concentración en los océanos de las emisiones con origen humano de GEI altera la composición química de las aguas oceánicas, provocando su acidificación. El pH medio de la superficie oceánica a escala mundial se ha reducido durante los últimos 41 años.

6. El balance de masas de los glaciares

En año hidrológico 2024/2025 la cantidad de masa ganada o perdida (balance) de los glaciares se situó entre los cinco más negativos dentro del periodo 1950-2025 para el que se cuenta con registros.

Los glaciares de Islandia y de la costa del Pacífico de América del Norte registraron pérdidas excepcionales de masa en 2025.

7. La extensión media del hielo marino

El hielo marino del Ártico presentó en 2025 la extensión media anual más baja o la segunda más baja desde que hay registros (1979 hasta la actualidad).

Por su parte, la extensión media anual del hielo marino de la Antártida, que había mostrado un ligero aumento a largo plazo hasta 2015, ha descendido desde entonces de forma considerable. En 2025 llega a ser la tercera más baja, tras 2023 y 2024, desde que hay registros.

8. El desequilibrio de la Tierra

Finalmente, el desequilibrio energético de la tierra es un indicador climático que mide la rapidez con la que el calor retenido por las emisiones antropógenas de GEI se acumula en el sistema climático, provocando el aumento de la temperatura de los océanos, los continentes y la atmósfera, y la fusión del hielo.

El desequilibrio energético de la Tierra, es decir, la diferencia entre la cantidad de energía que la Tierra recibe del Sol y la cantidad de energía que la Tierra irradia de vuelta al espacio, no ha dejado de aumentar desde 1960, y ello se produce con una acumulación de calor que aumenta a una velocidad cada vez mayor.

En 2025, el desequilibrio energético de la Tierra alcanzó su valor más alto desde hay registros de esta variable (año 1960).

En resumen, este diagnóstico de la situación del clima, que expone el Informe de la OMM, pone de relieve múltiples impactos (contaminación, calentamiento global, deshielos, incendios, sequías…) que están afectando a la biodiversidad de los ecosistemas naturales. Pero al mismo tiempo, también tiene serias implicaciones sobre la vida y la salud de los seres humanos que habitamos el planeta. Como subraya la OMM:

“Estos cambios rápidos y de gran escala en el sistema Tierra tienen efectos en cascada sobre los sistemas humanos y naturales, y contribuyen a la inseguridad alimentaria y al desplazamiento de poblaciones en contextos marcados por la confluencia de peligros, una gran vulnerabilidad y una capacidad de adaptación limitada».

Para más información:

Organización Meteorológica Mundial (WMO). Estado del clima mundial 2025. (OMM-No 1391). Ginebra, 2026. ISBN: 978-92-63-11391-7.

La casa pequeña y la felicidad: una cita con Francesco Petrarca

Siendo un bien fundamental para el bienestar humano, el acceso a una vivienda digna constituye un derecho reconocido en las Constituciones de muchos Estados y, desde 1948, en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Así todo, el tamaño de la vivienda no siempre guarda una relación directa con la calidad de vida o la felicidad de las personas, como nos recuerdan los textos de autores clásicos.

En el siglo XIV, Francesco Petrarca (1304-1374), poeta y precursor del pensamiento humanista, escribió De remediis utriusque fortune. Con esta obra Petrarca propone diferentes remedios para aliviar los efectos de la mala fortuna, y también otros que nos ayuden a desengañarnos y a frenar la soberbia del alma cuando la suerte es favorable.

Entre sus recomendaciones contra la mala suerte, el filósofo y poeta nos advierte de la engañosa infelicidad que puede suponer el vivir en una casa pequeña frente a los grandiosos palacios que poseen los ricos.

“El modesto palacio de Evandro recibió al gran Alcides. César, el que sería señor del mundo, nació en una pequeña casa. Rómulo y Remo, fundadores de tan gran ciudad, se criaron en la choza de un pastor. Catón no habitó nunca grandes mansiones Diógenes vivió en un tonel movedizo e Hilario en una cueva diminuta. Otros muchos santos varones vivieron bajo tierra en cuevas y grutas; muchos grandes filósofos, en una breve porción de huerto, y muchos ilustres capitanes durmieron al raso en míseras tiendas. En cambio, Cayo y Nerón moraban en magníficos palacios. Decide ahora con cuál de ellos prefieres vivir”.

Para leer más:

Francesco Petrarca: Remedios para la vida. Acantilado, Barcelona, 2023.

Evaluando la productividad energética en la economía de la UE (2000-2024)

En toda transición hacia una economía sostenible, la energía constituye un sector estratégico. Son objetivos clave de una política energética sostenible el fomento de las energías renovables, la reducción de consumo de energía tanto primaria como final, la disminución de la dependencia exterior y el aumento de la eficiencia energética.

Respecto a este último objetivo, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un propósito explícito de su estrategia de desarrollo sostenible, que se alinea con el objetivo 7 (ODS 7 “Energía asequible y no contaminante”) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU.

Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible.

Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2024. Como primera conclusión destacable se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a los 10,0 en 2024. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2024 alcanzó a obtener 10,0 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2024 el país de la Unión Europea con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 32,3 euros en pps por kgep, seguido de Rumanía (19,1), Luxemburgo (18,1), Dinamarca (17,5), Italia (16,2), Portugal (15,7), Alemania (15,3), España (13,9) y Austria (13,7), todos ellos con valores superiores a la media de la UE (13,5).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Finlandia (7,0), Malta (8,2), Estonia (9,6), Bélgica (9,7), Bulgaria (9,8) y Suecia (10,0).

Para más información:

Eurostat.

La generación de residuos municipales en la Unión Europea (1995-2024)

La generación de residuos es uno de los principales problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestra sociedad. Son múltiples los impactos que producen sobre los ecosistemas, en especial cuando no son objeto de una adecuada gestión. Además, conlleva, como es el caso por ejemplo de los envases y embalajes, la utilización de materiales y recursos naturales, que podrían haberse evitado, y el empleo de significativos recursos económicos para su correcto tratamiento posterior.

Por lo tanto, para avanzar en la senda del desarrollo sostenible, en materia de residuos es prioritario, incluso más que la reutilización y el reciclaje, procurar su no generación y, en todo caso, su minimización.

Son muy diversos los tipos de residuos que se generan tanto en la producción como el consumo de bienes y servicios por parte de los distintos agentes. Entre ellos se encuentran los denominados residuos municipales, que son los generados por los hogares y otras fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) cuya recogida compete a las autoridades locales.

El objetivo de hacer sostenible la producción y el consumo (ODS 12 de la Agenda 2030) exige un esfuerzo por parte de todos los agentes económicos para generar la menor cantidad posible de residuos. Si queremos conocer si la sociedad transita por la senda de la sostenibilidad, es de especial interés, entre otros ámbitos, realizar evaluaciones periódicas de la evolución que sigue la generación de residuos.

En el contexto europeo, para evaluar los progresos de los países de la Unión Europea (UE-27) en materia de generación de residuos municipales se dispone de los datos que publica  Eurostat. De acuerdo con dicho organismo estadístico, en el año 2024 se generó un total de 232 millones de toneladas de residuos municipales en la UE. Esta cantidad supone sólo una parte de la cuantía total de residuos generados por los diferentes agentes que actúan en las economías de los países de la UE, pero su análisis temporal nos aporta señales importantes sobre si los patrones de consumo se encaminan o alejan de la senda de la sostenibilidad.

Así, una primera conclusión general destacable que nos revela el análisis de los datos es que la generación de residuos municipales en la UE ha seguido una tendencia creciente desde 1995. Durante el periodo 1995-2024 la generación de residuos municipales en la UE ha aumentado un 17,4%, al pasar de 198 a 232 millones de toneladas.

Como se observa en el siguiente gráfico, la generación total de residuos municipales en la UE ha estado afectada por los diferentes ciclos de la economía. En etapas como la de la Gran Recesión (2008-2014) la caída de la producción y el consumo ha comportado una menor generación de residuos domésticos. No obstante, una vez que la economía entra en una fase de recuperación, a partir de 2015 la generación de residuos vuelve a tomar una senda claramente ascendente que prosiguió de forma ininterrumpida hasta 2021. Es de destacar asimismo que incluso en los años 2020-2021, especialmente afectados por los impactos sobre la economía de la crisis de la pandemia del COVID-19, la producción de residuos continuó aumentando. Posteriormente, se constatan dos años con sendas tasas de descensos que, sin embargo, se han visto interrumpidas en el último año de 2024, al incrementarse la generación de residuos un 1,5%.

Si analizamos la generación de residuos en términos relativos, esto es, en kilogramos de residuos generados por persona, se constata una evolución similar. En promedio un ciudadano comunitario generaba en el año 1995 un total de 467 kilogramos de residuos municipales. Casi tres décadas después, el valor de dicha ratio se ha incrementado, si bien con altibajos, hasta cifrarse en 517 kg per cápita en 2024. Por lo tanto, los datos indican que los patrones de consumo siguen sin reorientarse hacia la sostenibilidad, a pesar de los descensos puntuales registrados en los años 2022-2023.

En un análisis más detallado por países, se encuentran notables diferencias en el seno de la UE-27. En términos absolutos, los países que generan más residuos domésticos son Alemania (con el 23% del total de la UE), Francia (16%), Italia (12%) y España (10%). Estos cuatro países concentran, por tanto, el 60% del total frente al 40% restante que es generado por los otros 23 países miembros de la Unión.

Si consideramos la ratio de kilogramos de residuos generados por persona, las divergencias entre países siguen siendo muy marcadas. En el año 2024 la tasa del país con más generación de residuos fue 2,6 veces la del país con menos generación.

Así, con un promedio de 517 kilogramos per cápita de la UE en 2024, los Estados miembros con mayores ratios fueron Austria (782 kg/hab.), Dinamarca (755), Bélgica (699), Chipre (688) y Luxemburgo (681). Por el contrario, los Estados con menos residuos municipales generados per cápita fueron Rumanía (305), Estonia (375), Polonia (387), Hungría (414) y Suecia (427).

Para más información:

Eurostat

El reciclaje de residuos municipales en la Unión Europea (2000-2024)

Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es la gestión de los residuos producidos por la actividad humana.

Para alcanzar una buena gestión de residuos se ha de tener presente la aplicación del conocido principio de las 3R que prioriza la reducción a la reutilización y el reciclaje.

No siempre es posible evitar la generación de los residuos que proceden de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización directa. En estos casos, la respuesta de gestión ha de centrarse en promover el reciclaje de los residuos, antes que destinarlos a la incineración o a su depósito en vertederos.

En el marco de la Unión Europea, durante los últimos años la política medioambiental enfocada en la maximización del reciclaje ha tratado de consolidarse. Ello conlleva, principalmente, fomentar, entre otros objetivos, que todos los países de la Unión alcancen altas tasas de reciclaje de residuos municipales.

Dicho indicador queda definido, según Eurostat, como el porcentaje de residuos municipales generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) sobre el total de residuos generados. El reciclaje de este tipo de residuos comprende el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica. La disponibilidad de una estadística anual sobre esta ratio nos permite evaluar cómo de eficaz ha venido siendo la política comunitaria de reciclaje en el seno de la UE.

Así, de acuerdo con el organismo estadístico europeo, se constata, como primera conclusión general, que durante el periodo 2000-2024 la tasa de reciclaje de residuos municipales de la UE-27 ha mostrado de forma continuada una senda, en general, ascendente.

En el año 2000 se reciclaba el 27,3% de los residuos municipales generados en el conjunto de la Unión. Casi 25 años después, en el año 2024 dicha tasa de reciclaje asciende al 48,1%, como puede observarse en el siguiente gráfico.

Nótese, no obstante, que durante los últimos tres años la tasa de reciclaje ha interrumpido su senda ascendente para estancarse e incluso retroceder respecto a la registrada en 2021 (49,7%).

Siendo notable el progreso alcanzado en materia de reciclaje, los resultados obtenidos hasta la fecha no son del todo satisfactorios dadas las metas fijadas en la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea. Entre otros objetivos se establece expresamente que todos Estados miembros deberán para 2025 aumentar la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales hasta un mínimo del 55 % en peso, porcentaje que se incrementa hasta el 60% para 2030 y el 65% para 2035.

En un análisis por países se detectan diferencias muy marcadas de la tasa de reciclaje en el seno de la Unión.

En el año 2024, de los 27 Estados de la UE diez superaron la tasa media comunitaria (48,1%). La tasa de reciclaje más elevada la sigue ostentando, como en años anteriores, Alemania (66,9%). A continuación se encuentran Austria (62,8%), Eslovenia (62,4%), Países Bajos (58,0%), Luxemburgo (57,3%) y Bélgica (56,2%)

Por el contrario, los países europeos que presentaron las tasas de reciclaje más bajas son Rumanía (12,4%), Chipre (15,8%), Bulgaria (16,7%), Malta (16,7%) y Grecia (17,4%).

Hay que significar, asimismo, los notables progresos que han logrado algunos países europeos durante el periodo analizado. En el transcurso de los años 2000-2024 cabe destacar los mayores avances relativos alcanzados por países como Eslovenia, cuya tasa de reciclaje de residuos municipales ha aumentado desde el 6,0% en 2000 hasta el 62,4% en 2024 (la tercera más alta de la UE), Letonia (desde el 0,0% al 52,7%) y Lituania (desde el 0,0% al 52,5%). En el otro extremo, Austria ha visto retroceder en 0,6 puntos su tasa de reciclaje respecto al año 2000, si bien sigue ostentando una de las tasas más altas.

Para más información:

Eurostat

La pequeña huerta de Wangari Maathai

Wangari Maathai (1940-2011), conocida como La Mujer Árbol, fue una keniana que luchó por la defensa del medio ambiente y los derechos humanos. Fundadora del Movimiento Cinturón Verde, en 2004 recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

Nació en el seno de una familia humilde de la tribu kikuyu en la aldea de Ihithe, cuando Kenia era colonia británica. Allí, aprendió, desde su temprana niñez, a amar la naturaleza y las plantas. En la pequeña parcela donde se inició como agricultora precoz de la mano de su madre, experimentó con asombro el germinar de las semillas y el brotar de las plantas, cuyos frutos y flores invitaban a contemplar la llegada de pájaros, mariposas y abejas.

«Mi madre me cedió un pedazo de tierra de unos cinco metros cuadrados y me instruyó en la plantación y el cuidado de los cultivos. En la estación de lluvias, siempre me decía» No holgazanees cuando llueve. Aprovecha para plantar algo». Y así lo hacía. Cuando llegaba la lluvia, plantaba boniatos, judías, maíz y mijo. Como mi parcela era tan pequeña y yo plantaba al inicio del ciclo de cultivo, pasaba mucho tiempo contemplando el germinar de las semillas. A veces, la impaciencia me hacía desenterrarlas para ver en qué fase estaban. ‘No, no y no -decía entonces mi madre-. No saques las semillas de la tierra. Debes dejar que hagan su trabajo a solas. Pronto asomarán los brotes’. Y para mi sorpresa así sucedía.

Al principio el maíz produce unas borlas, lo cual me parecía milagroso. ‘¿Pero de dónde sale esto?’, solía preguntarme. Después se formaban las mazorcas y con ellas llegaban también los pájaros. Me gustaba mirar los pájaros mientras intentaban comerse mi maíz, ¡aunque en ocasiones tenía que cubrir las mazorcas para impedir que se lo terminaran! Cuando mis judías daban su flor, llegaban las abejas y las mariposas. Y como mis plantas eran las primeras en brotar, eran también las primeras en recibir la visita de esos insectos. Recuerdo que entonces corría entusiasmada a contarle a mi madre lo que sucedía en mi pequeña huerta y, aunque ella no sabía nada sobre la polinización, me decía que la presencia de mariposas y abejas indicaba que mis plantas estaban creciendo como debían y que pronto darían su fruto».

Para leer más:

Wangari Maathai: Con la cabeza bien alta. Editorial Lumen, Barcelona, 2007.

El consumo de energía final en la Unión Europea (2005-2024)

La Unión Europea en su hoja de ruta medioambiental y de lucha contra el cambio climático establece en sus Directivas comunitarias de eficiencia energética objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía, que han sido revisados en distintos momentos con el fin de impulsar la meta prioritaria de la eficiencia.

Para evaluar los avances en el cumplimiento de los compromisos asumidos en materia de eficiencia energética, se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía final. Este tipo de consumo energético se refiere a la energía total consumida por los usuarios finales (hogares, administración pública, agricultura, ganadería, pesca, industria, transporte, comercio y demás servicios). De acuerdo con la definición de Eurostat, excluye la energía utilizada por el sector energético, incluso para entregas y transformación.

La actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “Los Estados miembros garantizarán colectivamente una reducción del consumo de energía de al menos el 11,7 % en 2030 en comparación con las previsiones de la hipótesis de referencia de 2020, de modo que el consumo de energía final de la Unión no supere los 763 Mtep”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía final de la Unión Europea ascendió a 901 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,9% respecto al año anterior. Dicho consumo energético sigue siendo claramente superior al objetivo marcado para 2030, en concreto un 18,1% superior.

Desde una perspectiva temporal, en conjunto del periodo 2005-2024 el consumo de energía final de la UE ha registrado una reducción acumulada del 11,4%.

Como se observa en el siguiente gráfico, el consumo energético, que anteriormente había registrado una senda de crecimiento continuado, alcanzó su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep. Posteriormente, durante los años 2008-2014 marcados por la crisis económica de la Gran Recesión, el consumo energético inflexionó a la baja. No obstante, la reactivación de la economía europea supuso un retorno al incremento del consumo de energía, hasta verse contraído de forma significativa en 2020 con la irrupción de la pandemia del COVID-19. Las necesarias medidas restrictivas sobre la movilidad y la actividad económica para afrontar la crisis sanitaria en los países de la UE explican el atípico descenso del 7,9% del consumo de energía final en dicho año (892 Mtep en 2020). A partir de entonces el consumo de energía final, tras reactivarse en 2021 después de la fuerte contracción del año anterior, marca una nueva senda de moderación, que se ve interrumpida en 2024, de acuerdo con los últimos datos disponibles de Eurostat.

En un análisis por países, considerando el periodo 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía final se ha reducido en 20 de los 27 Estados miembros, mientras que en los 7 países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-22,3%), Luxemburgo (-21,2%), Países Bajos (-20,8%), Italia (-19,0%) y Francia (-16,2%). Por el contrario, los siguientes países han registrado incrementos acumulados del consumo de energía final durante los años 2005-2024: Malta (60,9%), Polonia (20,6%), Lituania (19,7%), Chipre (4,9%), Estonia (2,4%), Croacia (2,1%) y Bulgaria (1,2%).

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023