El influjo de la Naturaleza: una cita con Claudio de la Torre

Con frecuencia el hombre moderno, en su apremiante quehacer de todos los días, se desliga, física y mentalmente, del medio natural. Consciente o inconscientemente lo ignora, lo elude, lo minusvalora o incluso lo degrada.

Sin embargo, cuando el ser humano es capaz de abrir todos sus sentidos a su entorno para disfrutar de la contemplación de la Naturaleza, algo empieza a cambiar en él. En ese momento el valor de lo natural (la belleza de un paisaje, la forma de una planta, el vuelo de un ave, el rumor del mar…) consigue penetrar en el espíritu de las personas.

Esto es lo que le sucedió al señor Alegre, el protagonista de la novela del escritor español Claudio de la Torre (1895-1973), titulada En la vida del señor Alegre, que fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1923.

«Nunca le pareció tan bello el largo paseo de las Delicias como en aquella tarde de junio, luminosa y templada, que siguió a la famosa noche de Antequera. Se dejaba arrastrar en su carruaje, casi recostado en su fondo mullido, contemplando la increíble transparencia de la hora, que fijaba y descubría ya, como un calco invisible, un lucero pequeñito, humedecido aún por las brumas diluidas de una nube. También los horizontes lucían más distantes sobre el campo abierto y llano, erizado tímidamente en la lejanía por los triángulos agudos de las colinas. El sol derramaba sobre los campos, sobre el paseo, sobre los chalets de la vereda sus aguas de oro viejo, entonando el paisaje entero, revistiéndolo de una alegre dignidad que iba a refugiarse, como en un guiño del paisaje, en los cristales cerrados de los hoteles, en las altas veletas bruñidas que agudizaban los torreones. Sobre las veletas, los aguiluchos se detenían, diminutos y atónitos, sin atreverse a acometer aquel incendio. Abajo, los árboles del paseo abrasaban sus ramas, voluptuosamente inmóviles, curadas ya por el fuego lejano. Todo parecía estacionarse, como por magia creadora, sin previa preparación visible, en un constante equilibrio de la tierra y el cielo, que serenaba, armoniosamente, el alma de Bright, como un inmenso crepúsculo. Bright no descubría, ni tan siquiera adivinaba, el influjo que el descanso de la Naturaleza ejercía siempre en su espíritu».

Para leer más:

De la Torre, C.: En la vida del señor Alegre. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2015.

La eficiencia en el consumo de materiales de la economía española (2008-2020)

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Circunscribir el análisis de una economía, como la española, a la evolución monetaria de su Producto Interior Bruto es, sin duda, un enfoque muy limitante. Entre otras razones porque se ocultan los fundamentos físicos (agua, energía, materiales…) que hacen posibles todos los procesos de producción, consumo y distribución de bienes y servicios que generan los diferentes agentes económicos.

La existencia de una Contabilidad Medioambiental es una valiosa herramienta para conocer con qué intensidad una economía emplea los recursos materiales que proceden del medio natural para el desarrollo de todas sus actividades. Así, como expresa el Instituto Nacional de Estadística (INE), la Cuenta de flujos de materiales «muestra los inputs físicos de materiales que entran en el sistema económico nacional y los outputs a otras economías o al medio natural», expresados en unidades físicas (toneladas).

Los datos disponibles para la economía de España nos dan luz sobre cómo ha evolucionado este país durante el periodo 2008-2020 respecto al consumo y extracción de materiales, así como a la intensidad o productividad de los recursos (ecoeficiencia) en términos de PIB y número de habitantes.

A continuación se exponen los principales resultados obtenidos para los años 2008-2020 (con datos provisionales de 2020), periodo marcado por la Gran Recesión y, más recientemente, por la pandemia del COVID-19.

1. El consumo nacional de materiales, esto es, la cantidad total empleada directamente por la economía española, ascendió a 424,8 millones de toneladas en 2020. Ello supone una reducción del 47,7% respecto al año 2008 (811,9 Mt). La mayor parte de esta reducción se ha producido durante los años 2008-2013 de la Gran Recesión, a la que sigue otra etapa de mayor estabilidad.

2. El principal origen del consumo nacional de materiales es la extracción nacional, con 368,0 millones de toneladas en 2020, es decir, el 86,6% del total. Este porcentaje ha aumentado respecto al de 2008 (81,5%). El resto del consumo de materiales corresponde al balance comercial físico (importaciones menos exportaciones).

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3. Por tipos de materiales extraídos en España, destaca el protagonismo que toman los minerales no metálicos (piedra caliza, yeso, arenas, grava…), que en el año 2008 representaban el 78,3% del total, si bien su peso se ha reducido hasta el 57,3% en 2020, en consonancia con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el declive del sector de la construcción.

A continuación se encuentra la extracción de biomasa (cereales, frutas, hortalizas, biomasa pastada…), cuya participación porcentual, en cambio, ha aumentado desde el 19,8% en 2008 hasta el 37,2% en 2020.

A distancia se sitúan los minerales metálicos (cobre, níquel…), cuyo peso se ha incrementado, desde el 0,3% hasta el 5,5%, y los combustibles fósiles (hulla, antracita, petróleo, gas natural licuado…) que, por el contrario, han perdido importancia relativa, desde el 1,6% al 0,04% en 2020.

G_Extracción_2008-2020

4. El balance comercial físico de la economía española fue de 56,5 millones de toneladas en 2020. Esta cifra es el resultado de unas importaciones de materiales (225,6 Mt) que superan a las exportaciones (168,8 Mt).

Durante el periodo analizado dicho balance comercial físico ha sido siempre deficitario, si bien lo ha sido cada vez menos como consecuencia de la dispar evolución mostrada por las importaciones, que han descendido un 18,3%, frente a las exportaciones de materiales, que han aumentado un 34,4% durante el periodo 2008-2020.

5. Si consideramos, para evaluar la ecoeficiencia, la intensidad del consumo de materiales en la economía española, en primer lugar, en términos de PIB, se observa que se ha reducido desde las 725,4 toneladas por millón de euros en 2008 hasta las 399,0 en 2020, habiéndose concentrado la mayor reducción en los primeros años del periodo (2008-2013), para a partir de entonces presentarse años de intensidad relativa en promedio más estable.

6. Complementariamente, analizando la intensidad del consumo nacional de materiales, medida en términos poblacionales, se observa que también ha descendido: desde las 17,7 toneladas por habitante en 2008 hasta las 9,0 en 2020.

7. El Input Directo de Materiales (IDM) constituye un indicador también relevante para aproximarnos a evaluar la senda hacia la sostenibilidad de una economía. Este indicador contabiliza la entrada directa de materiales en el sistema económico procedente del medio natural nacional y del resto del mundo, es decir, extracción nacional e importaciones, quedando expresado en términos de toneladas por millón de euros de PIB.

Así, para el periodo analizado se concluye que el IDM de la economía española se ha reducido desde las 837,6 toneladas por millón euros de PIB en 2008 hasta las 557,6 en 2020.

Como ha sucedido con el consumo nacional de materiales, el periodo de crisis económica que irrumpió en 2008 ha ido acompañado de un proceso de menor intensidad del empleo de los materiales requeridos por la economía. En el caso del IDM ha descendido un 33,4% durante el periodo 2008-2020, si bien a partir de 2013 ya no se observa una tendencia clara de ganancias de ecoeficiencia.

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8. Finalmente, los últimos datos provisionales disponibles apuntan que, durante el año 2020, marcado por los fuertes impactos de la pandemia del COVID-19, paralelamente a la brusca caída de la producción de bienes y servicios se ha producido también un descenso significativo del consumo de materiales.

Sin embargo, este «ahorro de materiales» ha sido proporcionalmente menor a la fuerte caída mostrada por el PIB, de modo que los dos indicadores de intensidad de materiales, CNM e IDM, han repuntado en 2020 respecto a 2019: 9,1% y 7,1%, respectivamente. Son resultados, por tanto, que nos alejan también de poder confirmar que la economía española se encuentra en un proceso cierto de desmaterialización y de mayor sostenibilidad.

Para más información:

INE: Cuenta de flujos de materiales (2008-2020)

La economía humanista de La isla de Aldous Huxley

En 2022 se cumplen noventa años desde que Aldous Huxley (1894-1963) sorprendió a los lectores con su obra Un mundo feliz (1932), una novela, en muchos aspectos profética, que nos advierte de los peligros del devenir de nuestra civilización abocada a la excesiva tecnificación y la desnaturalización del ser humano. Y se celebra también que hace sesenta años Huxley publicó otra gran creación literaria, La isla (1962), que nace como perfecto contrapunto de aquella popular obra. 

En La isla Aldous Huxley nos plantea la realidad utópica del pequeño Estado insular donde sus habitantes encuentran la felicidad porque priorizan el amor a la vida.

La imaginaria isla asiática de Pala es conocida por su abundancia de yacimientos de petróleo, lo que la hace muy atractiva para las grandes compañías petrolíferas. Sin embargo, el Estado de Pala se resiste a la explotación extranjera de sus recursos, defendiendo otro modelo de desarrollo. De todo ello es testigo excepcional Will Farnaby, el protagonista principal de la obra, que logra llegar hasta Pala, “la isla prohibida, el lugar que ningún periodista había visitado nunca”.

A diferencia del mundo occidental, en Pala se ha optado por una economía humanista. A continuación, se exponen algunos de sus rasgos principales, propuestos por la mente reflexiva de Huxley a través de las palabras de los personajes que aparecen en la novela:

  • Eficiencia versus satisfacciones humanas

En la economía de Pala el objetivo prioritario no es perseguir la máxima eficiencia sino procurar la satisfacción de las necesidades de los seres humanos.

“…hemos preferido siempre adaptar nuestra economía y tecnología a los seres humanos, no nuestros seres humanos a la economía y tecnología de otros. Importamos lo que no podemos fabricar; pero fabricamos e importamos sólo lo que podemos permitirnos. Y lo que podemos permitirnos está limitado, no sólo por las libras, marcos y dólares que poseemos, sino también, y principalmente… principalmente -insistió- por nuestro deseo de ser felices, nuestra ambición de ser humanos”.

“…en Pala la máxima eficiencia no es el imperativo categórico que representa para ustedes. Ustedes piensan primero en obtener la producción más grande posible en el menor tiempo posible. Nosotros pensamos primero en los seres humanos y en sus satisfacciones (…) Si se trata de elegir entre la eficiencia mecánica y la satisfacción humana, elegimos la satisfacción”.

  • Distribución

En la isla de Pala se persigue frenar el aumento de las desigualdades entre las personas.

“Luego está nuestro sistema económico: no permite que nadie se vuelva más de cuatro o cinco veces más rico que el común de la gente. Eso significa que no tenemos capitanes de industria ni omnipotentes financieros. Más aún, no tenemos omnipotentes políticos o burócratas. Pala es una federación de unidades autónomas, de unidades geográficas, de unidades profesionales, de unidades económicas… de modo que hay espacio de sobra para la iniciativa en pequeña escala y para los dirigentes democráticos, pero no lo hay para dictador alguno al frente de un gobierno centralizado”.

  • Cooperativismo

La economía de Pala se distingue del capitalismo y del socialismo de Estado por su cooperativismo.

“En general hay cooperativismo. La agricultura palanesa ha sido siempre un asunto de terraplenado e irrigación. Pero el terraplenado y la irrigación exigieron esfuerzos conjuntos y los acuerdos amistosos. La competencia agresiva no es compatible con el cultivo del arroz en un país montañoso. A nuestro pueblo le resultó muy sencillo pasar de la ayuda mutua en una comunidad de aldea a las más modernas técnicas cooperativas de compra, venta, distribución de las ganancias y financiación”.

  • Trabajo

Frente a la excesiva especialización del trabajador y la idea de un trabajo para toda la vida en Pala se procura que las personas ejerzan diversos oficios. Ello les proporciona mayor autonomía, libertad y conocimiento pleno.

“-Hace veinte años -dijo el doctor Robert- trabajé un tiempo en la fundición de cobre. Después de lo cual probé el sabor del mar en un barco pesquero. Conocer todo tipo de trabajo: eso forma parte de la educación de todos nosotros. De esa manera se aprenden muchísimas cosas… sobre los trabajos, las organizaciones, sobre todo tipo de personas y de su manera de pensar”.

  • Sostenibilidad

La isla de Pala sienta las bases para lograr una economía sostenible, evitando la sobrepoblación y el sobreconsumo.

“Para empezar, jamás nos permitimos producir más hijos de los que podríamos alimentar, vestir, alojar y educar para convertirlos en algo que tuviera relación con la plena humanidad. Como no estamos sobrepoblados, tenemos abundancia. Pero aunque tenemos abundancia, hemos conseguido resistir a la tentación a que sucumbió Occidente: la tentación del sobreconsumo. No enfermamos de la coronaria tragando seis veces más grasas saturadas de las que necesitamos. No nos hipnotizamos hasta el punto de creer que dos receptores de televisión nos harán dos veces más dichosos que uno solo. Y por último no gastamos una cuarta parte de la producción nacional bruta para prepararnos para la tercera guerra mundial, ni para la hermanita de la guerra mundial, la guerra local número tres mil doscientos treinta y tres. Armamentos, deuda universal y obsolescencia planificada: ésos son los tres pilares de la prosperidad de Occidente. Si se suprimiese la guerra, la miseria y los usureros, ustedes se derrumbarían”.

  • Ecología

La importancia de la ecología se difunde en Pala desde los primeros años de la educación. Al mismo tiempo que se enseña a los niños a multiplicar y dividir se les imparte lecciones de ecología.

“Nunca le damos a un niño la posibilidad de imaginar que alguna cosa existe aislada. Le aclaramos desde el principio que todo lo viviente es relación. Le mostramos la relación en los bosques, en los campos, en los estanques y arroyos, en la aldea y en el campo que le rodea. Se la inculcamos”.

“En la naturaleza no existen pueblos elegidos ni tierras santas, ni revelaciones históricas únicas. La moral de la conservación no concede a nadie una excusa para sentirse superior ni para reclamar privilegios especiales. ‘No hagas a tu prójimo lo que no quieras que te hagan’ rige para nuestra forma de tratar todo tipo de vida en todas partes del mundo. Se nos permitirá vivir en este planeta sólo mientras tratemos a toda la naturaleza con compasión e inteligencia”.

  • Una sociedad más humana

En suma la economía de Pala está orientada a un estilo de vida y desarrollo que, sin ambiciones quiméricas, se mantenga enfocado en el firme propósito de que las personas vivan de forma armónica entre sí y con los demás seres vivientes, al tiempo que no pierdan su conciencia plena de humanos.

“…no nos hacen falta industrias pesadas que resulten más competitivas, ni armamentos más diabólicos, ni tenemos el menor deseo de explorar la cara visible de la luna. Sólo la modesta ambición de vivir como seres plenamente humanos, en armonía con el resto de la vida de esta isla, en esta latitud, en este planeta”.

Para leer más:

Huxley, A.: La isla. Edhasa, Barcelona, 2009.

El monte de Agua García, en palabras de René Vernau

Monte de Agua García, Isla de Tenerife.

El antropólogo francés René Vernau (1852-1938) consagró varios años de su vida al estudio de las Islas Canarias (España). Sus inquietudes científicas, en particular sobre el pasado aborigen de este archipiélago atlántico, fueron acompañadas de su gran capacidad de asombro ante la belleza natural que estas islas le ponían ante sus ojos durante sus largas marchas.

Con el siguiente pasaje de su obra Cinco años de estancia en las Islas Canarias, Vernau nos expresa sus vívidas sensaciones ante uno de los bosques más frondosos que se encontró cuando visitó la Isla de Tenerife hace ya más de un siglo: el monte de Agua García.

«Es, seguramente, una de las cosas más bellas que he visto en el archipiélago. Laureles, brezos arborescentes, mocanes, viñáticos (Persea indica), madroños y cien especies más forman una cúpula que no atraviesa nunca los rayos del sol. ¡Y qué árboles! Los madroños alcanzan los 20 metros de altura; con su tronco se hacen muebles muy buenos. Los laureles los sobrepasan en altura. Musgos, ranúnculos, siemprevivas, freseras, violetas e innumerables helechos crecen por todas partes a la sombra de estos grandes árboles. En medio de esta vegetación frondosa, una infinidad de pájaros deja oír su canto: son los mirlos, las palomas, los pinzones, entre ellos el tintillón (Fringilla tintillon), con sus bellos colores, las currucas, los canarios y muchos otros. En medio de este bosque nace un manantial de agua fresca, límpida, que va a fertilizar las tierras vecinas. Este lugar se deja de mala gana para ir a exponerse a los rayos ardientes del sol».

Para leer más:

René Vernau: Cinco años de estancia en las Islas Canarias. Ed. J. A.D. L., La Orotova, 1992 (4ª edición en español).

El paisaje natural de Aguamansa, en palabras de Benito Pérez Armas

Existe un lugar en la isla de Tenerife (España) donde sus valores naturales toman un especial protagonismo. Se llama Aguamansa y está localizado dentro del espacio natural protegido actualmente denominado Parque Natural de la Corona Forestal.

Este rincón insular atrajo la atención del escritor Benito Pérez Armas (1871-1937), originario de las Islas Canarias, que lo insertó en su obra La vida, juego de naipes, allá por el año 1925.

Un día los protagonistas de esta novela preparan una excursión a caballo hasta Aguamansa y al llegar se encuentran, en palabras de Pérez Armas, con un medio paradisíaco:

“Llegábamos a Aguamansa y nos detuvimos a contemplar aquel admirable rincón. Los manantiales más caudalosos que fertilizan el Valle de Taoro corrían a nuestros pies cantando en sus acequias; los altos cerros de Los Órganos, hieráticos y terribles, se alzaban a la izquierda; el barranco de Pedro Gil, de márgenes rojizas, mudos testigos de ígneas formaciones, lo teníamos frente a frente; y la cordillera central, cubierta de bosque, lucía diáfana hasta la gran plataforma en que el Teide se levanta, coronado de nubes, como digno remate de la jornada en que el fuego, la piedra y el mar, libraron su contienda de siglos… Las últimas tierras de labor, exornadas de viejos castaños, las fuentes rumorosas, el sosiego y la soledad de aquel retiro, invitaban a sumergirse en el alma de las cosas, y a pensar en que si es cierto que hubo faunos sestearían por allí, junto a las consoladas ninfas, siempre que les enervase el sol o les rindiera el cansancio…”

Para leer más:

Pérez Armas, B.: La vida, juego de naipes. Edición de Pablo Quintana, Gobierno de Canarias, 1990.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de la economía española (2008-2020)

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La economía española sigue siendo muy dependiente de los combustibles fósiles, de modo que no es neutral ante la crisis climática que atraviesa nuestra planeta. Según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), España emitió a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI) por un total de 274,5 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2020. 

Por tipos de gases, el 77,7% de todas las emisiones generadas en 2020 en España corresponden a dióxido de carbono, al que sigue el metano (14,0%), óxido nitroso (6,4%) y otros GEI (1,9%).

Por origen económico de las emisiones, la actividad que ha emitido más GEI a la atmósfera ha sido la industria manufacturera que, con 70,9 millones de toneladas de CO2 emitidas en 2020, concentra el 25,8% del total de GEI. Asimismo, el 83% del total de emisiones de gases de efecto invernadero generadas dentro de este sector económico durante 2020 procedió de cuatro ramas de actividad principales: 1) Fabricación de otros productos minerales no metálicos; 2) Coquerías y refino de petróleo; 3) Metalurgia, fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones, y 4) Industria química.

Tras la industria manufacturera le siguen como fuentes de emisión más importantes el consumo final de los hogares, con el 20,9% del total de GEI; la agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (18,2%); el suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (16,2%); transporte y almacenamiento (11,9%); otros servicios (5,2%); construcción (1,1%) e industrias extractivas (0,6%).

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Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2020 en España las emisiones totales de GEI han presentado una tendencia descendente. A pesar de los incrementos registrados en los años 2014, 2015 y 2017, para el conjunto del periodo analizado las emisiones se han reducido un 34,6%, al pasar de 419,8 millones de toneladas de 2008 a 274,6 millones de 2020.

GEI 2008-2020_España

Por ramas de actividad, las reducciones de emisiones de GEI más destacadas se han producido en términos porcentuales en las industrias extractivas, con un descenso del 68,6% durante el periodo 2008-2020, y en el suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (-58,8%). Por el contrario, el sector primario ha incrementado sus emisiones de GEI en un 6,6% durante los años 2008-2020, esto es, 3,1 millones de toneladas de CO2 más.

En términos absolutos, las mayores reducciones de emisiones se han anotado en la rama de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (63,4 millones de toneladas de CO2 menos) y en la industria manufacturera (-37,4 millones).

Es de especial importancia conocer si la economía española se encuentra inmersa en el necesario proceso de desacoplamiento entre producción y emisiones de GEI. Del análisis de los datos publicados hasta la fecha por el INE, se concluye que durante el periodo 2008-2020 la reducción del 34,6% experimentada por las emisiones de GEI ha sido en paralelo al descenso registrado por economía española, cuyo PIB real se ha reducido un 4,9% en dicho periodo. Por lo tanto, el descenso de la actividad económica ha conllevado una disminución, de mayor intensidad, de las emisiones de GEI.

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No hay que olvidar que el año 2020 estuvo marcado por la pandemia del COVID-19, cuyos impactos sociales son incalculables. Desde el punto de vista medioambiental, la menor actividad económica que supuso la crisis sanitaria se ha traducido en una reducción de las emisiones de GEI. En el caso de España la fuerte contracción del PIB real del 10,8% en 2020 conllevó, al mismo tiempo, un descenso inédito de las emisiones de GEI a la atmósfera del 15,6%. Nótese que en el año anterior (2019), cuando el PIB de España se incrementó un 2,1%, las emisiones de GEI solo se redujeron un 5,2%.

Por tanto, estos datos nos muestran al menos dos hechos importantes. En primer lugar, que la ratio de emisiones de GEI por unidad de producto ha mejorado durante el periodo 2008-2020, si bien se han registrado años (como 2011, 2012 y 2017) en los que  dicha ratio ha empeorado. Y, en segundo lugar, se constata que sigue existiendo una clara correlación entre la producción de bienes y servicios y las emisiones de GEI, que provocan el calentamiento global.

Nos queda por comprobar si, finalmente, el proceso de desacoplamiento entre PIB y emisiones se consolida en los próximos años, siendo imprescindible para ello el impulso de medidas más ambiciosas para contener los modos de producción y consumo actuales, que se mantienen aún en niveles insostenibles, para convertirlos en modos no dependientes de los combustibles fósiles.

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Para más información:

INE: Cuenta de emisiones a la atmósfera

El valle de La Orotava, en palabras de René Vernau

Isla de Tenerife.

El antropólogo francés René Vernau (1852-1938) fue un gran amante de las Islas Canarias (España), a las que consagró varios años de su vida.

Durante su estancia en la isla de Tenerife, Vernau caminó por incontables senderos en busca de cuevas, yacimientos y todo tipo de legado de los antiguos aborígenes. De esta isla obtuvo importantes hallazgos en su disciplina, pero al mismo tiempo sus sentidos quedaron, en muchas ocasiones, sobrecogidos por el paisaje en el que se vio inmerso.

Traemos hasta el siguiente pasaje de su obra Cinco años de estancia en las Islas Canarias, con el que el escritor francés hace un canto entusiasta a uno de los paisajes más emblemáticos de Tenerife: el Valle de La Orotava y el majestuoso marco en que se encuentra.

«Es difícil imaginar el panorama que se presenta de repente a la vista, cuando se llega a esta pendiente. A sus pies, se extiende el magnífico valle que Humboldt consideraba el más bello de la tierra. Arriba, se escalonan, en graderías, las casas de la villa; y hasta el mar sobre una extensión de cuatro kilómetros, se despliegan cultivos de tuneras, tabaco, millo y vegetales de las clases más diversas. En medio de todo esto se elevan palmeras, naranjos, eucaliptos, durazneros, damasqueros, almendros. Aquí se ven alamedas de cafetos; allá, plantaciones de plataneras; más lejos se entrevén árboles de Las Antillas, de América del Sur e incluso de Oceanía. Pero lo que es más bello e imponente que el valle mismo es el marco que le forman las montañas que lo rodean.

Al norte, una colina de 300 metros de altura va a unirse a las altas montañas que describen, al este, un inmenso circo que sobrepasa los 2.000 metros de altitud. Al sur se destaca el pico del Teide, cuya cima con frecuencia oculta las nubes que van a formarle una corona, se eleva a 3.711 metros. En el sudoeste, enormes estribaciones parten de la base del pico para ir a terminar, bruscamente, en el mar. Finalmente, al oeste, a través de unos conos volcánicos cuyo color negro hace resaltar todavía más la belleza del valle, se ve el océano, que parece pararse, en la lejanía, en la barrera sombría que forma la isla de La Palma.

Las montañas que limitan al este el valle de La Orotava están cubiertas, entre 800 y 1.500 metros de altitud, por un bosque espeso que ha dado a este lugar el nombre de Monte Verde. Las de norte presentan, a la misma altitud, una vegetación todavía más frondosa, que se puede comparar a la de Agua García. En este nuevo bosque brota también, en medio de columnas basálticas del aspecto más imponente, un manantial abundante que alimenta a todos los acueductos del valle. Es este manantial a quien le debe el bosque su nombre de Agua Mansa.

Por supuesto concibo el entusiasmo de los viajeros en presencia de un espectáculo tan grandioso. En otros puntos de Canarias se encuentra una vegetación tan frondosa y tan variada como en La Orotava, pero lo que no se encuentra en ningún sitio es un conjunto tan majestuoso».

Para leer más:

René Vernau: Cinco años de estancia en las Islas Canarias. Ed. J. A.D. L., La Orotova, 1992 (4ª edición en español).

El destino de la energía de la economía española (2014-2019)

El análisis de una economía quedaría incompleto si se circunscribe al enfoque que se centra en la cuantificación monetaria de su PIB. Porque no hay producción, consumo y distribución posibles si no se dispone de recursos materiales y energéticos.

En el caso de la economía española la Cuenta de los Flujos Físicos de la Energía, que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), con datos para el periodo 2014-2019, nos permite conocer, además de su origen, cuál es el destino de la energía de España y cómo ha evolucionado su composición por sectores durante el periodo 2014-2019.

De acuerdo con el INE, en el último año de 2019 el total de flujos energéticos de España ascendió a 19.907.400 terajulios (TJ), esto es, un 6,8% más que en 2014.

Analizando la composición del destino de la oferta energética de España en 2019, se concluye que el principal destinatario es el conjunto de ramas de actividad que conforman la economía española, que concentró el 58,3% de la energía total. A continuación, un 25,2% de los flujos energéticos lo recibe el medioambiente, en forma de pérdidas de energía (calor disipado) como resultado de los procesos productivos y las actividades de consumo final. El tercer destino de la energía, con un 8,8% del total, es el exterior vía exportaciones de bienes energéticos a otros países. Por su parte, los hogares españoles, como consumidores de productos energéticos, emplearon el 6,5% de la energía. El 1,2% restante de los flujos energéticos de 2019 corresponden a variación de existencias y ajustes.

Desde una perspectiva temporal, cabe destacar que durante el periodo 2014-2019 la energía que ha recibido el conjunto de ramas de actividad de la economía española se ha incrementado un 8,9%, esto es, más que la media (6,8%), al pasar de 10,65 millones a 11,60 millones de TJ.

Por su parte, el sector de los hogares ha visto aumentar el consumo de productos energéticos durante el periodo, en este caso, un 4,1% (menos que la media), pasando de 1,25 millones a 1,30 millones de TJ.

Las pérdidas de energía también se han intensificado, en este caso un 5,0%, desde 4,79 millones de TJ en 2014 a 5,02 millones en 2019.

Por el contrario, las exportaciones energéticas de la economía española han descendido un 4,6% (de 1,83 millones a 1,75 millones de TJ).

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Centrando el análisis en el principal destino de la energía (el conjunto de ramas económicas, que recibe el 58,3% de la energía en 2019), resulta la siguiente distribución por grandes sectores económicos: Industria manufacturera (48,9%), Industria no manufacturera (38,1%), Servicios (8,9%), Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (3,3%) y Construcción (0,9%).

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Finalmente, en un análisis más detallado, se identifican como las ramas de actividad más consumidoras de energía de la economía española en 2019 las siguientes:

  1. Coquerías y refino de petróleo: 4,67 millones de TJ en 2019, es decir, el 40,3% de la energía total destinada a las ramas económicas. El consumo de energía de esta rama ha experimentado un incremento del 11,0% durante el periodo 2014-2019.
  2. Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado: 3,52 millones de TJ (el 30,4% de la energía). Su consumo energético ha aumentado un 6,5% durante el periodo.
  3. Industrias extractivas: 666.876 TJ (el 5,7% de la energía). El consumo de energía en esta rama se ha reducido un 8,5% entre 2014 y 2019.
  4. Transporte terrestre y por tubería: 406.247 TJ en 2019 (el 3,5% de la energía), esto es, se ha incrementado un 14,5% respecto a 2014.
  5. Industria química: 391.506 TJ (el 3,4% de la energía), con un incremento del 18,8% durante el periodo 2014-2019.
  6. Transporte aéreo: 211.858 TJ, que representa el 1,8% de la energía destinada al tejido productivo de la economía española. En este caso, los flujos de energía que ha recibido esta rama del transporte se han acrecentado un 42,3% durante el periodo analizado.

Para más información:

Instituto Nacional de Estadística

La antigua hacienda: una cita con Leoncio Rodríguez

El paso del tiempo termina por imprimir sus huellas en el territorio que habitamos, en nuestro ámbito vital más cercano. Las actividades del ser humano cambian. Nuestros modos de producir y consumir se modifican a lo largo de los años. Pero no lo hacen de forma inocua, sino que alteran el paisaje y la naturaleza, con frecuencia irreversiblemente.

El escritor Leoncio Rodríguez (1881-1955), originario de las Islas Canarias, nos ilustra en sus Estampas tinerfeñas, el caso de un lugar de la Isla de Tenerife.

Allí, la vida de sus habitantes giraba alrededor del cultivo de las viñas, otorgando riqueza y esplendor a toda una época de la historia insular. El paisaje, marcado por la actividad vitivinícola, mostraba unos rasgos característicos: la típica hacienda canaria, con sus frondosos jardines, fructíferas huertas, valiosos viñedos de uva blanca, las bodegas, el lagar…

El fin de esta época de más de dos siglos conllevó no solo la transformación de una forma de vida, sino también la desaparición de un paisaje singular que solo sobrevivirá en la memoria. Así, nos lo dejó escrito Leoncio Rodríguez en el siguiente pasaje:

“La antigua hacienda, con sus huertas de plataneras escalonadas en el declive de la montaña, había perdido sus primitivas características. A la entrada conservábase intacta la vieja portada, con su valla de tea y sus gruesos pilares coronados por macetones con geranios, de donde partían las dos hileras de adelfas y arrayanes del camino central de la finca. Pero dentro echábase de menos aquel frescor de bosque, impregnado de aromas de jardines, que antes se percibía en su ambiente, propicio para la suave quietud y el plácido sosiego. Le faltaba, sobre todo, el ornato de sus árboles y de su flora exótica, de tan originales y diversos matices. Ya no poblaban las huertas los nogales y moreras de la India, el anón de áspera corteza, los pándanos de troncos en espiral, los tamarindos, papayas y aguacates del trópico. Ya no adornaban los jardines las magnolias de grandes hojas ovaladas, los garzoteros encarnados, los calicantos aromáticos, la fresa de los Alpes y la camelia de Japón. Ni se recortaban sobre el fondo luminoso del paisaje las copas de los dragos y los abanicos de las palmeras. Tampoco expandían su perfume los azahares de los naranjos ni daban su nota vibrante de color los arreboles, los tréboles y las siemprevivas azules.

Placíame, decía un sabio extranjero, extraviarme por estos senderos floridos a los que daban sombra soberbios árboles, escuchar el ruido de la espumosa cascada que saltaba las rocas para deslizarse después sobre un suelo esmaltado de flores. Por todas partes las cepas calentaban sus dorados racimos y los vergeles sus más hermosos frutos”.

Y continúa el autor más adelante:

“Todo ha cambiado en la vieja hacienda. De la era sólo queda el cerco de piedra utilizado ahora para secadero de ropas o refugio de cluecas y palomas. Donde se hallaban las bodegas se alzan las tongas de maderas de los empaquetados. Donde estaba el banco de piedra en que solían sentarse los dueños de la finca en apacibles charlas con los medianeros, se yergue un surtidor de gasolina. Por aquella estrecha vereda por donde se iba a los nacientes del agua, en lo alto de la montaña, baja ahora la cinta blanca de la acequia, plegándose a las ondulaciones del terreno. Y se oye el rumor de la corriente que se acerca, y que luego, acortando su marcha, se pierde entre los surcos y canalillos de las huertas”.

En palabras de Leoncio Rodríguez, de aquella antigua hacienda no ha quedado nada igual, salvo el viejo lagar, que se erige como venerable superviviente de una época histórica.

Para leer más:

Rodríguez, L.: Estampas tinerfeñas. Santa Cruz de Tenerife, 1935.

Armas Ayala, A.: Ensayistas canarios. Gobierno de Canarias, 1990. 

El origen de la energía de la economía española (2014-2019)

Toda economía depende, con mayor o menor intensidad, de la energía disponible, ya sea de producción propia o importada. Sin las dotaciones suficientes de energía, las empresas, familias y administraciones públicas se ven sujetas a serias restricciones para llevar a cabo sus habituales actividades de producción, consumo y distribución. Desde este punto de vista, se convierte, por lo tanto, en factor estratégico, para cualquier país o territorio del mundo, el asegurar sus fuentes de abastecimiento energético.

En el caso de la economía española, los últimos datos de la Cuenta de los Flujos Físicos de la Energía, que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), nos permiten analizar cuál es el origen de la energía en España y cómo ha evolucionado su composición por tipos durante el periodo 2014-2019.

De acuerdo con el INE, en el último año de 2019 el total de flujos energéticos de España ascendió a 19.907.400 terajulios (TJ). Desde una perspectiva temporal, se constata que, a pesar del descenso del 0,8% anotado respecto a 2018, los flujos totales de energía que ha recibido la economía española se han incrementado un 6,8% respecto al año 2014.

Analizando con mayor detalle estos flujos se concluye que en 2019 el origen de la energía total procede de tres fuentes básicas: productos energéticos (66,4% del total), residuos energéticos (26,6%) y recursos naturales energéticos (7,0%).

Centrándonos, en primer lugar, en la principal fuente energética de España, en el año 2019 los productos energéticos se cuantifican en 13,23 millones de TJ, es decir, un 7,8% más que en 2014. Su peso sobre el total de flujos energéticos ha aumentado ligeramente, desde el 65,8% hasta el 66,4% durante el periodo analizado.

En 2019 la oferta total de productos energéticos de la economía española (13,23 millones de TJ) correspondió en un 58% a producción interior, completándose el 42% restante vía importaciones, peso que no ha variado sustancialmente durante el periodo 2014-2019.

Por tipos de productos energéticos, los mayores flujos provienen de los combustibles fósiles, destacando el petróleo crudo, líquidos de gas natural (GNL) y otros hidrocarburos (sin biocomponentes), con el 21,4% del total de productos energéticos; el gas natural (20,0%); los gasóleos de transporte (8,7%); el gasóleo de calefacción y otros gasóleos (8,2%) y los carburantes para aviones de reacción (6,1%).

Otros productos energéticos destacados son la energía eléctrica y calor (9,0% del total) y la combustión nuclear (4,8%).

Durante el periodo 2014-2019 cabe resaltar, asimismo, varios hechos principales respecto a los productos energéticos de la economía española:

  1. El continuado crecimiento de los productos petrolíferos, cuya participación relativa ha crecido desde el 77,9% hasta el 80,3% del total de productos energéticos.
  2. La pérdida de participación que ha tenido el carbón, desde el 3,7% al 1,6% del total de productos energéticos.
  3. El significativo incremento de los biocarburantes líquidos (60,5%), si bien su peso fue del 1,7% en 2019.
  4. El aumento de los flujos procedentes de la combustión nuclear (1,8% durante 2014-2019), cuya participación relativa se ha mantenido por encima del 4,5%.

El segundo origen de la energía de España en importancia corresponde a los residuos energéticos (el 26,6% del total), que se producen, principalmente, como calor disipado en los procesos de combustión. Esta fuente de energía se cuantifica en 5,29 millones de TJ, habiendo registrado un incremento del 7,0% durante el periodo 2014-2019. Su peso relativo se ha mantenido entre el 26,5% y 27,1% del total.

Finalmente, la oferta energética de la economía española se completa con los flujos que provienen de los recursos naturales energéticos (el 7,0% del total), es decir, aquellos extraídos directamente del medioambiente. Estos se cifraron en 1,39 millones de TJ en 2019, habiéndose reducido un 2,5% respecto al año 2014.

Diferenciando por grandes grupos, en el año 2019 los recursos energéticos renovables (biomasa, eólico, solar e hidráulico) se cuantifican en 756.212 TJ y los no renovables (combustibles fósiles y nucleares), en 636.740 TJ. Durante el periodo 2014-2019 los recursos renovables se han incrementado un 3,8% frente al descenso del 9,2% anotado por los recursos no renovables. 

Dicho crecimiento de los recursos energéticos renovables no ha permitido, sin embargo, que su peso relativo sobre el total de flujos energéticos de España (3,8% en 2019) haya experimentado un avance remarcable durante el periodo 2014-2019, sino que, por el contrario, se ha reducido ligeramente (-0,11 p.p.).

G_recursos renovables_2014-19

Para más información:

Instituto Nacional de Estadística