El Archipiélago Chinijo: una cita con Ángel Guerra

El Archipiélago Chinijo desde los riscos de Famara (Lanzarote)

El Archipiélago Chinijo es un lugar perteneciente a las Islas Canarias (España) que goza de una singularidad digna de preservarse. Por ello, ha sido declarado espacio natural protegido, con la categoría de Parque Natural, por la legislación medioambiental de 1987 y 1994.

Actualmente lo conforman parte de la costa occidental de la Isla de Lanzarote -con su macizo de Famara-, la Isla de La Graciosa, los islotes de Montaña Clara y Alegranza, dos roques y toda la extensión marina que existe entre estos puntos.

Esta superficie, terrestre y marina, de unas 46.000 hectáreas reúne altos valores ambientales, ecológicos y científicos que la hacen singular: animales y plantas endémicos, áreas de nidificación de aves amenazadas, estructuras geomorfológicas únicas, paisajes naturales de gran belleza, yacimientos de gran interés científico…

Pero el Archipiélago Chinijo, además de valioso espacio natural, ha sido fuente de inspiración para los literatos. Ya en 1907 el escritor canario Ángel Guerra (1874-1950), en su relato titulado Al jallo, desarrolla en este lugar la acción de sus personajes. Con el siguiente fragmento traemos hasta aquí su personal descripción creativa del lugar:

“En sitio asaz solitario estaba situada aquella ranchería de pescadores, bulliciosa solo en verano, abandonada casi por completo en invierno. A un lado corríase la playa inmensa, que haciendo un enorme recodo, iba a perderse en el extremo Este de la isla; por el otro, formando caletones, las restingas, restos de viejas erupciones volcánicas, ocupaban la costa occidental, inhabilitada y trágica; a espaldas de la ranchería, remedo del sahárico desierto, del que debe ser una prolongación, comenzaba la llanura estéril, de movedizas arenas, tierras estériles y casi sin término que van de mar a mar; delante ábrese la gran ensenada de aguas turbulentas, entre las que se alzan allá, enfrente desiertas pero sugestivamente poéticas, como invitando las almas a una vida de descansos y de olvidos, las islas menores: Alegranza, lejana, medio esfumada en su bruma; Montaña Clara, ingente, granítica, de cantiles bravíos, como un templo, y más cerca La Graciosa, como hija cariñosa, pobre de hermosura, que se acoge al regazo maternos y cobija al abrigo de los grandes riscos de Lanzarote”.

Para leer más:

Ángel Guerra: La Lapa y otros relatos seleccionados. Ediciones Remotas, 2020.

La Estrategia de la UE sobre biodiversidad para 2030: ideas centrales

Bosque de Bialowieza, Polonia.

Con el lema Reintegrar la naturaleza en nuestras vidas, en 2020 la Unión Europea aprueba su Estrategia sobre biodiversidad para 2030 (EB2030), que viene a renovar la anterior Estrategia del año 2011.

Como se afirma desde las primeras líneas de la EB2030, nos encontramos en un momento en el que es necesario actuar con urgencia para salvaguardar la biodiversidad del planeta Tierra, porque de ella depende nuestro bienestar y nuestra salud.

“Desde las grandes selvas tropicales del mundo hasta los parques y jardines pequeños, desde la ballena azul hasta los hongos microscópicos, la biodiversidad es la extraordinaria variedad de vida en la Tierra. Los seres humanos formamos parte de esa red de seres vivos y dependemos completamente de ella: nos proporciona los alimentos que comemos, filtra el agua que bebemos y nos da el aire que respiramos. La naturaleza es tan importante para nuestro bienestar físico y mental como para la capacidad de nuestra sociedad de hacer frente al cambio global, a las amenazas para la salud y a las catástrofes. Necesitamos que la naturaleza esté presente en nuestras vidas”.

Asimismo, la Estrategia manifiesta que proteger la biodiversidad aporta también ventajas económicas. Son muchas las empresas (agricultura, pesca, alimentación, industria, construcción, turismo…) que dependen de genes, especies y servicios ecosistémicos para ofrecer sus productos y servicios, en especial los medicamentos. Algunos estudios han concluido que más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza y de los servicios que presta.

Sin embargo, en la actualidad la naturaleza de la UE se encuentra en estado crítico, como consecuencia de cinco amenazas principales:

  1. Los cambios de los usos del suelo y del mar.
  2. La sobreexplotación.
  3. El cambio climático.
  4. La contaminación.
  5. Las especies invasoras.

En cifras, se afirma, por ejemplo, que durante los últimos cuarenta años la acción humana ha provocado la reducción de la población mundial de especies silvestres en un 60% y casi el 75% de la superficie de la Tierra se ha visto alterada.

A pesar del despliegue de medidas legislativas, estrategias y planes de acción aprobados hasta hoy, la Comisión Europea reconoce que no se ha conseguido una protección total de la biodiversidad y la recuperación de la naturaleza que se ha llevado a cabo ha sido de pequeña escala. La tendencia de pérdida continua de biodiversidad pretende romperse con la mayor ambición expresada en la Estrategia 2030, que establece como objetivo principal garantizar que, “de aquí a 2030, se vaya recuperando la biodiversidad de Europa”.

Por consiguiente, se propone la aplicación reforzada de múltiples medidas que hagan posible la recuperación y protección de la biodiversidad de Europa. Dichas medidas quedarían agrupadas, principalmente, en las siguientes grandes actuaciones:

1. Creación de una Red Transeuropea de Espacios Naturales auténticamente coherente

Se hace necesario mejorar y ampliar la actual red de espacios protegidos (Red Natura 2000). Además, dicha Red ha de ser realmente coherente y resiliente, que incluya corredores ecológicos “que eviten el aislamiento genético, propicien la migración de especies y mantengan y mejoren los ecosistemas sanos”.

En este ámbito la EB2030 especifica compromisos concretos a cumplir de aquí a 2030, como los dos siguientes:

◊ Proteger al menos el 30% de la superficie terrestre y el 30% de la marina en la UE.
◊ Conferir una protección estricta a una tercera parte, como mínimo, de los espacios naturales protegidos de la UE, incluidos todos sus bosques primarios y maduros.

2. Plan de Recuperación de la Naturaleza de la UE

Junto con la necesaria ampliación de la protección de la naturaleza, la EB2030 plantea también la recuperación de la biodiversidad perdida, mediante la creación de un nuevo Plan de Recuperación de la Naturaleza, centrado en los ecosistemas terrestres y marinos. Dicho Plan permitirá desarrollar las diez líneas de actuación siguientes:

  • Reforzar el marco jurídico de la UE.
  • Apoyar e incentivar la transición a unas prácticas agrarias totalmente sostenibles.
  • Proteger la fertilidad del suelo, reducir su erosión y aumentar su materia orgánica.
  • Aumentar la cantidad de bosques y reforzar su salud y resiliencia.
  • Soluciones para la generación de energía beneficiosas para todas las partes.
  • Recuperación del buen estado medioambiental de los ecosistemas marinos.
  • Recuperación de ecosistemas de agua dulce.
  • Ecologizar las zonas urbanas y periurbanas.
  • Reducir la contaminación.
  • Lucha contra las especies exóticas invasoras.

Igualmente, el Plan de Recuperación de la Naturaleza de la UE recoge varios compromisos fundamentales de aquí a 2030, entre los que se encuentran los siguientes:

◊ Recuperar grandes superficies de ecosistemas degradados y ricos en carbono, que no se produzca ningún deterioro en las tendencias y el estado de conservación de hábitats y especies, y que al menos el 30% de ellos alcance un estado de conservación favorable o al menos muestre una tendencia positiva.
◊ Detener la pérdida de polinizadores.
◊ Reducir en un 50% el riesgo y el uso de plaguicidas químicos, y también en un 50% el uso de los plaguicidas peligrosos.
◊ Conseguir que al menos el 25% de las tierras agrarias se dedique a la agricultura ecológica.
◊ Plantar 3.000 millones de árboles en la UE, respetando plenamente los principios ecológicos.
◊ Lograr que al menos 25.000 km de ríos vuelvan a ser de caudal libre.
◊ Reducir en un 50% el número de especies de la Lista Roja que están amenazadas por especies exóticas invasoras.
◊ Reducir en un 50% la pérdida de nutrientes procedentes de fertilizantes y, por tanto, reducir en un 20% como mínimo el uso de fertilizantes.
◊ Conseguir que las ciudades de 20.000 habitantes o más cuenten con un plan de ecologización urbana ambicioso.

3. Otras medidas

El enfoque propositivo de la Estrategia se completa con otras líneas de actuación que quedan englobadas en las tres siguientes:

  • Un nuevo marco de gobernanza.
  • Reforzar la aplicación y el control del cumplimiento de la legislación medioambiental.
  • Aplicar un enfoque integrado que abarque al conjunto de la sociedad.

Finalmente, con la EB2030 la Unión Europea quiere expresar su vocación de liderazgo y el firme propósito de contribuir a la protección de la biodiversidad mundial, de modo que llegue a ser una realidad que “en 2050, todos los ecosistemas del mundo se hayan recuperado, sean resilientes y estén adecuadamente protegidos”.

Para más información:

Estrategia de la UE sobre la biodiversidad de aquí a 2030. Reintegrar la naturaleza en nuestras vidas COM(2020) 380 final.

El transporte y la naturaleza: una cita con Julio Verne

Diversos son los impactos que las infraestructuras de transporte producen en la Naturaleza. También sabemos que unos medios de transporte son más sostenibles ecológicamente que otros, y que mucho han evolucionado desde que en 1872 Julio Verne (1828-1905) publicara su célebre novela “La vuelta al mundo en ochenta días”.

En esta novela sus protagonistas se ven inmersos en continuas aventuras para que, finalmente, Phileas Fogg alcance su objetivo. En este trepidante viaje se viaja sin viajar, porque, como reconoce el francés Picaporte, “no era cosa de sentir, puesto que no era ver ciudades lo que importaba”. Por eso son variados los medios de transporte que precisan utilizar: tren, barco, elefante, goleta, trineo…

En el caso del tren, Verne nos expone un planteamiento que nos hace reflexionar sobre la necesaria armonía entre progreso material y Naturaleza, tal como queda reflejado en el siguiente pasaje:

“Más allá de Sacramento, el tren, después de pasar las estaciones de Junction, Roclin, Auburn y Colfax, penetró en el macizo de Sierra Nevada.

Eran las siete de la mañana cuando se pasó por la estación de Cisco. Una hora después, el dormitorio era de nuevo un vagón ordinario, y los viajeros podían ver por los cristales los pintorescos puntos de vista de aquel montuoso país. El trazado del ferrocarril obedecía a los caprichos de la sierra, yendo unas veces adherido a las faldas de la montaña, otras suspendido sobre los precipicios, evitando los ángulos bruscos por medio de curvas atrevidas, penetrando en gargantas estrechas que parecían sin salida. La locomotora, brillante como unas andas, con su gran fanal que despedía rojizos fulgores, su campana plateada, mezclaba sus silbidos y bramidos con los de los torrentes y cascadas, retorciendo su humo por las ennegrecidas ramas de los pinos.

Había pocos túneles o ninguno, y no existían puentes. El ferrocarril seguía los contornos de las montañas, no buscando en la línea recta el camino más corto de uno a otro punto y no violentando la Naturaleza”.

Para leer más:

Verne, J.: La vuelta al mundo en ochenta días”. RBA, Madrid, 2021.

Evaluando el objetivo de Acción por el clima (ODS13) en 2021

Madagascar.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS13 (Acción por el clima), que queda definido en los siguientes términos:

“Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos, reconociendo que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el principal foro intergubernamental internacional para negociar la respuesta mundial al cambio climático”

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes que están recogidas en la Agenda 2030:

  • Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales.
  • Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales.
  • Mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto a la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, SDSN y Bertelsmann Stiftung han venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La última edición del Informe, SDG Index and Dashboards Report 2021, nos da a conocer de forma aproximada la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Acción por el clima, país por país, y en qué grado se va alcanzando el ODS13 ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En el caso del ODS13 se ha construido un índice sintético a partir de tres indicadores disponibles para un total de 165 países. Son los siguientes:

  • Emisiones de CO2 de la combustión de combustibles fósiles y producción de cemento (t CO2/capita).
  • Emisiones de CO2 incorporadas en las importaciones de bienes y servicios (t CO2/capita).
  • Emisiones de CO2 incorporadas en las exportaciones de combustibles fósiles (kg/capita).

No hay que olvidar, y así también lo expresa el Informe de 2021, que la mayoría de los países “más desarrollados” (OCDE) generan impactos medioambientales negativos fuera de sus fronteras como consecuencia de sus altos niveles de producción y consumo, y a través del comercio internacional, que terminan afectando a otros países y al planeta en su conjunto.

Analizando los datos aportados en el Informe, una primera conclusión que merece ser destacada es que existe una correlación inversa entre nivel de desarrollo (medido tanto en ingresos/per capita como con el índice de los 17 ODS) y grado de cumplimiento del ODS13. En otras palabras, son los países de ingresos altos (y también con mayor IDS general) los que menos están cumpliendo con el objetivo de Acción por el clima. Por el contrario, los países “menos desarrollados” son los que cumplen más con el ODS13 de la Agenda 2030.

En segundo lugar, en un análisis por países los resultados obtenidos para el ODS13 (Acción por el clima) muestran que de los 165 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Somalia (99,9) y Burundi (99,8). Les siguen, a continuación, Chad (99,7), República Centroafricana (99,7), República Democrática del Congo (99,7), Sudán del Sur (99,6) y Etiopía (99,5). Como se puede observar en el siguiente Cuadro, 23 de los 25 países con mayor valor del índice ODS13 se encuentran en el continente africano.

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo de Acción por el clima corresponde a Australia (10,0), seguido de Brunéi (14,1), Catar (15,1) y Noruega (20,2). Les siguen, a continuación, Trinidad y Tobago (29,1), Emiratos Árabes (29,2), Kuwait (33,3) y Luxemburgo (40,2). Son países que, en su mayoría, pertenecen al grupo de países que disfrutan de altos niveles de ingresos.

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Centrándonos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico se nos revela que Estados Unidos ocupa la posición 152 en el ranking mundial del índice del ODS13, seguido por Federación Rusa (123), China (90) y la India (46).

Finalmente, hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS13, cifrándose una distancia de 90 puntos entre el país mejor situado (Somalia) y el peor (Australia). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 48 puntos, resultante de los valores máximo y mínimo que corresponden a Finlandia y República Centroafricana, respectivamente.

Para más información:

2021 SDG Index and Dashboards

Sabino Berthelot y la conservación de los árboles históricos

El ilustre naturalista francés Sabino Berthelot (1794-1880) fue un apasionado de la flora y un acérrimo defensor de los grandes árboles. Son vegetales majestuosos que cada país ha de reconocer como de propiedad pública, elevándolos a la categoría de monumento histórico. Razones botánicas, medioambientales, históricas, artísticas, éticas, espirituales… no faltan para ello.

Ante la contemplación de estos árboles singulares Berthelot no se queda en la descripción técnica del botánico, sino que destaca “las importantes funciones que desempeñan en la economía de la naturaleza”, la belleza que desprenden y la paz que transmiten.

Traemos hasta aquí dos fragmentos de su obra Árboles y bosques con los que Berthelot consigue persuadir al más incrédulo de la necesidad de conservar firmemente todos aquellos árboles seculares que habitan nuestro planeta. Formando parte de nuestra memoria y habiendo sobrevivido a los avatares del tiempo, constituyen un generoso patrimonio de incalculable valor.

“Siempre me han llenado de entusiasmo los grandes vegetales y sobre todo esos árboles seculares de imponente aspecto. En las diferentes regiones forestales que he tenido ocasión de recorrer, esas producciones soberbias de la creación me han inspirado siempre una veneración profunda; y aún hoy que en el silencio del gabinete consigno por escrito las observaciones esparcidas en mis apuntes de viaje, vuelvo con delicia a unos recuerdos que siempre me son tan gratos”.

Y continúa Berthelot más adelante:

“Por espacio de más de veinte años de vida nómada he podido apreciar la verdad de las reflexiones del gran botanista [De Condolle]… Como él, he hecho votos por la conservación de los árboles hermosos y he deseado que en cada país la encina, el pino, el cedro más antiguo se reconociese como de propiedad pública; que al abrigo de todo ultraje se conservase como un monumento histórico. No hace mucho aún que, recorriendo los altos Alpes, la vista de los gigantescos abetos de la selva del Ferrét vino a despertar mi solicitud. Si los monumentos de otra edad fijan nuestra atención, no la reclaman menos los antiguos árboles, porque ellos nos interesan tanto como esos templos en ruinas y todos esos restos históricos que desaparecen dejando apenas algunos recuerdos. Pero después de siglos de existencia, los veteranos de la vegetación se muestran aún erguidos. Cada año, nuevos productos aumentan su masa y acrecientan su fuerza; reprodúcense por sus simientes, reviven por nuevos vástagos y devuelven a la tierra mucho más que lo que de ella reciben. El hombre, sin embargo, destruye en un instante estos gigantes de las selvas, que la naturaleza ha formado con tanta lentitud”.

Para leer más:

Sabino Berthelot: Árboles y bosques. Ed. José A. Delgado Luis, La Orotava, 1995.

Evaluando la sostenibilidad de las ciudades y comunidades (ODS11) en 2021

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En 2015 las Naciones Unidas puso en marcha un ambicioso proyecto de carácter mundial: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este documento establece compromisos que se concretan en un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que abordan las tres dimensiones del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS11 dedicado a Ciudades y comunidades sostenibles.

En la Agenda 2030 el ODS11 queda definido en los siguientes términos:

“Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”

La consecución del ODS11 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes:

  • Asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales.
  • Proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público.
  • Aumentar la urbanización inclusiva y sostenible.
  • Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural.
  • Reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres.
  • Reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, con especial atención a la calidad del aire y la gestión de los residuos.
  • Proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, SDSN y Bertelsmann Stiftung han venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La última edición del Informe, SDG Index and Dashboards Report 2021, nos permite conocer de forma aproximada la situación más actual de las ciudades y comunidades del planeta, país por país, y en qué grado se va cumpliendo el ODS11 ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En el caso del ODS11 se ha construido un índice sintético a partir de cuatro indicadores disponibles para un total de 163 países. Son los siguientes:

  • Porcentaje de población urbana que vive en barrios marginales.
  • Concentración anual media de partículas de menos de 2,5 micrones de diámetro en zonas urbanas (mg/m3).
  • Porcentaje urbana de población con acceso a agua potable.
  • Grado de satisfacción de la población con el transporte público.

El primero de estos indicadores se utiliza por primera vez en esta edición 2021 del Informe.

Asimismo, hay que tener en cuenta que los datos disponibles presentan desfases temporales. De hecho el único indicador con datos de 2020 es el correspondiente al grado de satisfacción de la población con el transporte público. Ello implica que no podamos analizar aún el impacto total que ha tenido la pandemia del COVID-19 sobre el cumplimiento de este ODS.  No obstante, como apunta el Informe, se evidencia que con la crisis sanitaria se han amplificado los impactos en la salud y socioeconómicos para las personas que viven en barrios marginales, zonas desfavorecidas y asentamientos superpoblados.

Los resultados obtenidos correspondientes al ODS11 (Ciudades y comunidades sostenibles) concluyen que de los 163 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Suiza (99,1) y Luxemburgo (97,6), con puntuaciones próximas a 100, es decir, el máximo cumplimiento del ODS11 de la Agenda 2030. Estos dos países son los dos únicos países del mundo para los que sus cuatro indicadores del ODS11 están “en verde” (mejoran adecuadamente). En el caso de Suiza tres de los cuatro indicadores han alcanzado ya el valor de 100, y en el de Luxemburgo, en dos.

Les siguen, a continuación, con altas puntuaciones, Países Bajos (96,5), Suecia (95,3), Singapur (94,7), Costa Rica (93,5), Reino Unido (93,3), Fiyi (93,2) y Noruega (93,2).

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Por el contrario, los países con la situación relativa más desfavorable respecto al grado de sostenibilidad de sus ciudades y comunidades son Sudán del Sur (13,1) y República Centroafricana (19,2). Para ambos los cuatro indicadores del ODS11 permanecen “en rojo” (persisten grandes retos). Les siguen con las más bajas puntuaciones, otros países también africanos: Nigeria (26,7), Chad (26,8), Liberia (27,5) y Sudán (30,7).

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Asimismo, cabe mencionar a cuatro países, dado su peso económico y/o demográfico: Estados Unidos, que ocupa la posición 13 en el ranking mundial del índice del ODS11, Federación Rusa (40), China (75) e India (133).

Finalmente, hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS11, cifrándose una distancia de 86 puntos entre los países mejor y peor situados. Dicha brecha es muy superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 48 puntos.

Para más información:

2021 SDG Index and Dashboards

El paisaje, en palabras de Octavio Paz

En su poema Piedras sueltas (1955) el escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998), Premio Nobel de Literatura en 1990, dedica unos versos al paisaje, cuya contemplación es, con frecuencia, ignorada por el ser humano.

Los versos de Paz nos desvelan cómo el hombre contemporáneo, ocupado en tareas desequilibrantes, vive alejado de las bondades naturales, de la armonía vital que se entrelaza a su alrededor.

PAISAJE

Los insectos atareados,
los caballos color de sol,
los burros color de nube,
las nubes, rocas enormes que no pesan,
los montes como cielos desplomados,
la manada de árboles bebiendo en el arroyo,
todos están ahí, dichosos de su estar,
frente a nosotros que no estamos,
comidos por la rabia, por el odio,
por el amor comidos, por la muerte.

Para leer más:

Octavio Paz: Libertad bajo palabra. (Poema Piedras sueltas, 1955). El País, Madrid, 2003.

Evaluando el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible en 2021

3. Andasibe_Mandaka_Ambanitsena_Ambatolampy_2018.08.05
Madagascar.

En 2015 la ONU puso en marcha el ambicioso proyecto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Se trata de una estrategia de alcance mundial, cuyo compromiso se concreta en lograr, durante la presente década, diecisiete objetivos de desarrollo sostenible (17 ODS), que cubren las tres dimensiones del desarrollo: económica, social y medioambiental.

Para evaluar los progresos en la consecución de los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por su siglas en inglés) y la fundación Bertelsmann Stiftung vienen publicando desde hace varios años diferentes informes periódicos que tratan de evaluar cómo están avanzando los países en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible.

Con carácter genérico, la metodología utilizada permite disponer de un índice ODS que resume en un único valor los resultados mostrados por la amplia batería de indicadores recabados (91 en la edición de 2021) para medir la totalidad de los 17 ODS (a los cuales se les otorga igual importancia).

El índice ODS es, por tanto, un indicador sintético de desarrollo sostenible, cuyo valor puede oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación respecto al cumplimiento de los objetivos de la Agenda 2030, y 100, cuando el país se sitúa en la mejor posición respecto a su cumplimiento.

En la edición de 2021 del Informe de Desarrollo Sostenible, la sexta desde 2016, el índice ODS se ha podido calcular para un total de 165 países. Asimismo, el 11% de los indicadores empleados para su cálculo tiene datos del año 2020 para la mayoría de los países. Este desfase temporal en la recogida de información estadística ha hecho que los impactos producidos por la pandemia (COVID-19) no hayan sido aún captados totalmente por el índice ODS.

Entre las conclusiones principales obtenidas de la evaluación realizada en el informe de 2021 podemos destacar las tres siguientes:

  1. A la luz de los primeros datos disponibles, la irrupción de la pandemia del COVID-19 ha producido impactos negativos sobre el desarrollo sostenible (tasas de pobreza, desempleo…). Por primera vez desde 2015 el promedio mundial del índice ODS para 2020 ha disminuido respecto al año anterior.
  2. Existen fundados riesgos de que las diferencias entre los países de altos y bajos ingresos se amplíen dada su desigual posición para hacer frente a los impactos de la crisis sanitaria.
  3. Los países con mayores valores del índice ODS corresponden a países de niveles de renta altos. Hay que tener en cuenta, no obstante, que estos países ricos generan efectos secundarios internacionales negativos (socioeconómicos y medioambientales) que socavan la capacidad de otros países para alcanzar los ODS.

En un análisis más detallado por países, el informe de 2021 nos revela que existen diferencias muy importantes respecto al grado de consecución de los objetivos de la Agenda 2030.

Así, los países que presentan un mayor valor del índice ODS son Finlandia (85,9), Suecia (85,6) y Dinamarca (84,9), al igual que ha venido ocurriendo en años anteriores. Les siguen otros países también de alta renta per cápita y del continente europeo: Alemania (82,5), Bélgica (82,2), Austria (82,1,) Noruega (82,0), Francia (81,7), Eslovenia (81,6), Estonia (81,6), Países Bajos (81,6).

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En el otro extremo, los menores índices de desarrollo sostenible se registran, a gran distancia, en tres países de baja renta pertenecientes al continente africano: República Centroafricana (38,3), Sudán del Sur (38,9) y Chad (40,9). Les siguen otros países también africanos, que anotan índices de ODS igualmente inferiores a 50: Somalia (45,6), Liberia (48,6), Nigeria (48,9), Madagascar (49,0), República Democrática del Congo (49,3), Sudán (49,5), Níger (49,5) y Benín (49,9).

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Finalmente, dentro del amplio grupo intermedio de 115 países, cabe destacar, dado su peso económico y/o demográfico, a Estados Unidos, que ocupa la posición 32 en el ranking mundial del índice de desarrollo sostenible, Federación Rusa (46), China (57)  e India (120).

Para más información:

2021 SDG Index and Dashboards

La vida en el río, en palabras de Mark Twain

El novelista norteamericano Mark Twain (1835-1910) nos traslada, con su obra Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), a un ecosistema natural como es el río Mississippi. A los protagonistas de esta novela, el pequeño Huck y el esclavo Jim, les suceden situaciones difíciles que, sin embargo, ven compensadas por  los felices momentos que pasan en el río. Como expresa el joven protagonista, “es maravilloso vivir en una balsa”, ya que gracias a ella se puede disfrutar de la soledad y del contacto directo con la naturaleza. 

Traemos hasta aquí el siguiente pasaje seleccionado de la novela, con el que Mark Twain nos relata un día de vida en el río, al natural:

“Más adelante nos metíamos en el río a nadar un rato, para lavarnos y refrescarnos; después nos sentábamos en la arena del fondo, donde el agua llegaba hasta la rodillas, y esperábamos a que llegara la luz del día. No se oía ni un ruido por ninguna parte, todo estaba en el más absoluto silencio, como si el mundo entero se hubiera dormido, salvo quizás a veces el canto de las ranas. Lo primero que se veía, si se miraba por encima del agua, era una especie de línea borrosa que eran los bosques del otro lado; no se distinguía nada más; después un punto pálido en el cielo y más palidez que iba apareciendo; y luego el río, como blando y lejano, que ya no era negro sino gris; se veían manchitas negras que bajaban a la deriva allá a lo lejos, chalanas y otras barcas, y rayas largas y negras que eran balsas; a veces se oía el chirrido de un remo, o voces mezcladas en medio del silencio, que hacía que se oyeran los ruidos desde muy lejos. Y al cabo de un rato se veía una raya en el agua, y por el color se sabía que allí había una corriente bajo la superficie que la rompía y que era lo que hacía aparecer aquella raya; y entonces se ve la niebla que va flotando al levantarse del agua y el oriente se pone rojo, y el río, y se ve una cabaña de troncos al borde del bosque, allá en la ribera del otro lado del río, que probablemente es un aserradero, y al lado, los montones de madera con separaciones  hechas por unos vagos, de forma que puede pasar un perro por el medio; después aparece una bonita brisa que le abanica a uno del otro lado, fresca y suave, que huele muy bien porque llega del bosque y de las flores; pero a veces no es así porque alguien ha dejado peces muertos tirados, lucios y todo eso, y huelen mucho, y después llega el pleno día y todo sonríe al sol, y los pájaros se echan a cantar”.

Para leer más:

Mark Twain: Las aventuras de Huckleberry Finn. Editorial Salvat, Barcelona, 2020.

El parque automovilístico de la Unión Europea (2012-2019)

Una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y de emisiones de gases de efecto invernadero, que propician el calentamiento global del planeta, se encuentra en el sector del transporte. Y, dentro de este, el transporte urbano, sustentado en coches de pasajeros de propulsión convencional, adquiere una importancia destacable.

Son diversos los problemas que acarrea el uso del coche privado: mala calidad del aire, cambio climático, congestión, accidentes de tráfico, deterioro de la salud, contaminación acústica, dependencia del petróleo, extracción de materiales, ocupación de suelo, generación de residuos, etc., cuyos costes medioambientales y sociales no han sido tradicionalmente valorados en su justa medida.

Para hacer frente a la insostenibilidad del transporte la Unión Europea cuenta desde 2011 con la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible, conocido como Libro Blanco del transporte.

Como expresa este documento estratégico, es clave afrontar la gran dependencia actual del petróleo y sus derivados en el sector del transporte y transitar hacia una economía descarbonizada. Se hace necesario fomentar la movilidad sostenible, como ir a pie o en bicicleta, además de dar un mayor impulso al transporte público no contaminante.

Asimismo, la estrategia del Libro Blanco establece entre sus objetivos que el uso de los automóviles de propulsión convencional en el transporte urbano habrá de verse reducido en un 50% en el año 2030, antes de su eliminación total en las ciudades en 2050.

Sin embargo, según los datos disponibles de Eurostat, el parque automovilístico no ha hecho más que crecer dentro de los límites físicos de los 4,2 millones de km2 de la UE-27. Centrándonos en los coches de pasajeros, que son el tipo de vehículos de mayor uso, su número no ha abandonado la senda del continuo crecimiento. Si en 2012 existía un total de 216,1 millones de turismos, en 2019 el parque de estos vehículos asciende a 241,4 millones. Por lo tanto, se ha producido un incremento acumulado del 11,7% en dicho periodo.

Asimismo, hay que anotar que, paralelamente, no se ha llevado a cabo la deseada implantación de coches eléctricos que facilite la eliminación de los coches convencionales dependientes de los combustibles fósiles. En 2019 el número total de coches eléctricos o híbridos (con motores eléctrico y de combustión interna) asciende a solo unos 2,8 millones de unidades, es decir, apenas el 1,15% del parque total de turismos de la UE-27.

Además, durante el periodo analizado (2012-2019) dicho crecimiento del parque de coches de pasajeros ha sido superior al experimentado por la población de la UE-27. Como se observa en el siguiente gráfico, si tomamos como año base 2012, en 2019 el parque de turismos presenta un valor índice de 111,7, que supera el 101,3 registrado por la población.

Como consecuencia, la ratio de número de coches de pasajeros por 1.000 habitantes ha aumentado desde 491 en 2012 a 541 en 2019.

En un análisis por países, en el año 2019 los países de la UE con mayor número de coches de pasajeros son Alemania (47,7 millones), Italia (39,5 mill.), Francia (32,4 mill.), España (24,6 mill.) y Polonia (24,4 mill.). Estos cinco países concentran, por tanto, el 70% del total de coches de la UE.

En un análisis temporal, durante el periodo 2012-2019 en todos los países de la UE se ha incrementado el parque automovilístico de turismos, a excepción de Lituania, donde se redujo un 14,5%. Asimismo, destacan los significativos incrementos de la motorización que han anotado en estos años Rumanía (53,8%), Estonia (32%), Eslovaquia (31,2%) y Polonia (30%).

En términos relativos, la ratio de número de coches de pasajeros por 1.000 habitantes revela diferencias entre países. Los mayores valores se alcanzan en Dinamarca (777 coches/1.000 habitantes), Luxemburgo (694), Italia (661), Chipre (654), Finlandia (643), Polonia (642), Malta (622) y Estonia (600). Por el contrario, los menores parques de coches de pasajeros por 1.000 habitantes se registran en Rumanía (356), Letonia (379), Hungría (390) y Bulgaria (404).

Para más información:

Eurostat

Comisión Europea: Libro Blanco del transporte, 2011