
Siendo un bien fundamental para el bienestar humano, el acceso a una vivienda digna constituye un derecho reconocido en las Constituciones de muchos Estados y, desde 1948, en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Así todo, el tamaño de la vivienda no siempre guarda una relación directa con la calidad de vida o la felicidad de las personas, como nos recuerdan los textos de autores clásicos.
En el siglo XIV, Francesco Petrarca (1304-1374), poeta y precursor del pensamiento humanista, escribió De remediis utriusque fortune. Con esta obra Petrarca propone diferentes remedios para aliviar los efectos de la mala fortuna, y también otros que nos ayuden a desengañarnos y a frenar la soberbia del alma cuando la suerte es favorable.
Entre sus recomendaciones contra la mala suerte, el filósofo y poeta nos advierte de la engañosa infelicidad que puede suponer el vivir en una casa pequeña frente a los grandiosos palacios que poseen los ricos.
“El modesto palacio de Evandro recibió al gran Alcides. César, el que sería señor del mundo, nació en una pequeña casa. Rómulo y Remo, fundadores de tan gran ciudad, se criaron en la choza de un pastor. Catón no habitó nunca grandes mansiones Diógenes vivió en un tonel movedizo e Hilario en una cueva diminuta. Otros muchos santos varones vivieron bajo tierra en cuevas y grutas; muchos grandes filósofos, en una breve porción de huerto, y muchos ilustres capitanes durmieron al raso en míseras tiendas. En cambio, Cayo y Nerón moraban en magníficos palacios. Decide ahora con cuál de ellos prefieres vivir”.
Para leer más:
Francesco Petrarca: Remedios para la vida. Acantilado, Barcelona, 2023.
