Sobre riqueza y naturaleza según Alfred Marshall

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Posiblemente Alfred Marshall (1842-1924) es el máximo exponente de la teoría económica moderna.

Este economista británico argumentaba que los individuos siguen un comportamiento racional consistente en la maximización de su satisfacción individual. Dados unos precios, una renta y unas preferencias, los individuos ajustarían sus gastos mediante la compra de aquel conjunto de bienes cuyo consumo les reportará mayor utilidad, teniendo en cuenta que opera el principio de utilidad marginal decreciente.

Análogamente, los agentes productores también tratan de maximizar su utilidad. Para ello su comportamiento económico consistirá en maximizar sus beneficios.

Pero son dignas de mención también las aportaciones de Alfred Marshall a la Economía desde una aproximación más macroeconómica, como las relativas al concepto de riqueza. Este autor escribió en 1879 las siguientes palabras, que no son tan conocidas, con las que evidencia el error que se comete al valorar la riqueza de una nación sin tener en cuenta la naturaleza:

“Estimar correctamente la riqueza real de una nación es una tarea mucho más difícil de lo que parece a primera vista. Se puede encontrar, con cierto cuidado, una medida monetaria de la misma. Pero, desgraciadamente, no puede ser medida correctamente en dinero. El procedimiento seguido ordinariamente para valorar la riqueza de una nación es calcular por separado el valor monetario de todas las cosas que tienen valor monetario y luego sumar unas con otras. (…) Este procedimiento de calcular es muy útil para muchos fines, pero es un arma de doble filo, pues no tiene en cuenta hechos tales como el de que un cielo claro y brillante y un bello panorama constituyen una fuente real de disfrute similar a la que representan los costosos mobiliarios que ocupan un lugar tan grande en el inventario de la riqueza inglesa. Tampoco tiene en cuenta otros hechos como el de que la posesión de tierras cultivables tiene muy poca importancia en los países donde éstas abundan y la tiene extraordinaria donde escasean, como en Inglaterra. (…) Por eso podemos ver que al valorar la riqueza de una nación es fácil que se cometan errores. Primero, porque muchos de los dones que la naturaleza ofrece al hombre no se incluyen de ninguna manera en el inventario y, segundo, porque en éste se subestima la importancia de todo lo que, por abundar mucho, tiene un valor muy pequeño en el mercado”.

Para leer más:

Alfred Marshall (1879): “El agua como elemento integrante de la riqueza nacional”. Obras escogidas. Fondo de Cultura Económica, México, 1978.

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