El divorcio entre el hombre y la naturaleza, en palabras de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019), defensor de una economía alternativa a la actualmente imperante, que prioriza el crecimiento, nos legó unas interesantes reflexiones sobre la necesidad de reorientar la educación hacia la solución de problemas concretos del mundo real.

Max-Neef nos propone una educación de la economía que procure la integración sinérgica entre el mundo humano y el mundo natural; una educación que tenga presente la importancia de conservar la integridad de la Tierra porque, a fin de cuentas, nuestro bienestar depende del bienestar de ella. La respuesta pasa por avanzar hacia el ineludible enfoque transdisciplinar.

“Todos los grandes problemas que estamos destinados a enfrentar en este nuevo siglo, tales como: disponibilidad de agua, migraciones forzosas, pobreza, violencia y  terrorismo, agotamiento de recursos, extinción de especies y de culturas, desastres ambientales, y otros, son todos el resultado del largamente mantenido divorcio entre lo humano y lo distinto a lo humano. Hoy nos toca pagar la cuenta de esa artificial pero poderosa discontinuidad impuesta por la revolución científica del siglo XVII. Pero hay algo más que, si adecuadamente tratado, puede servirnos para orientar nuestra acción. Todos los problemas enumerados son, además, indiscutiblemente transdisciplinarios. Vale decir, que ninguno de ellos puede ser abordado en plenitud a partir de disciplinas específicas e individuales”.

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

Cinco postulados y un valor esencial en la nueva economía de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019) defendió una nueva economía divergente del pensamiento económico hoy por hoy dominante que prioriza el crecimiento ilimitado de la producción de bienes.

Para Max-Neef se hace más que necesario enseñarles una economía alternativa a todos los jóvenes estudiantes que han decidido ser economistas. Sus principios se fundamentan en los cinco postulados siguientes:

  1. La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
  2. El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.
  3. El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento.
  4. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas.
  5. La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible.

A estos cinco postulados hay que sumarles, nos propone Max-Neef, el siguiente valor fundamental para la consolidación de la nueva economía:

Ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar sobre la reverencia por la vida.

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

Presentación de Manfred A. Max-Neef: Economía transdisciplinaria para la sustentabilidad

Entrevista de Amy Goodman. Revista Mundo Nuevo, ed 79, septiembre/octubre 2011.

La idea de bienestar según Amartya K. Sen

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A diferencia de la corriente principal de la economía neoclásica del bienestar, que se apoya en la idea originaria de la utilidad individual entendida como resultante de la mayor o menor posesión de bienes de mercado, economistas como Amartya K. Sen expresan que tal razonamiento conlleva serios inconvenientes.

Sen se pregunta si es correcto concebir el bienestar como utilidad tal y como hace el pensamiento económico neoclásico. Para ello, expone, desde un primer momento, que existen básicamente tres interpretaciones diferentes del concepto de utilidad:

a) como felicidad

b) como satisfacción del deseo

c) como elección.

En los tres casos nos encontramos, según este economista, con importantes dificultades para lograr la comparabilidad interpersonal del bienestar de dos personas así como para cuantificar la utilidad o satisfacción que obtiene un individuo cuando consume un bien o un servicio. Rechaza, por ello, la pretensión de que la utilidad sea representativa del bienestar.

En su lugar, la contribución de Amartya K. Sen se fundamenta en que “la característica esencial del bienestar es la capacidad para conseguir realizaciones valiosas”, esto es, se concibe “el bienestar en términos de vectores de realización y de la capacidad para conseguirlos”.

El bienestar hay que relacionarlo, por tanto, no ya con la posesión de bienes sino con las realizaciones y la capacidad para llevar a cabo aquellas realizaciones (p. e., andar, ver, leer, estar sano o nutrido) que la persona desea libremente.

Para leer más:

Amartya K. Sen (1985): “Well-being, Agency and Freedom: The Dewey Lectures 1984″. (Conferencias de Dewey de 1984, publicadas en castellano en Amartya K. Sen: Bienestar, justicia y mercado. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1997).

 

Paul Krugman y el bienestar económico

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El economista estadounidense Paul Krugman en su obra La era de las expectativas limitadas diserta, entre otros muchos asuntos, sobre el concepto de bienestar económico. Traemos hasta aquí el siguiente pasaje:

 “El bienestar de la economía es muy parecido al bienestar de un individuo. Mi felicidad depende casi por entero de unas cuantas cosas importantes, como el trabajo, el amor y la salud, y no vale la pena preocuparse por todo lo demás (…) Por lo que respecta a la economía, las cosas importantes -las cosas que afectan al nivel de vida de un gran número de personas- son la productividad, la distribución de la renta y el desempleo. Si las mismas son satisfactorias, no hay gran cosa más que pueda ir mal, mientras que si no lo son, nada puede ir bien”.

Bajo esta concepción del bienestar económico Krugman otorga un papel destacado a la productividad:

“La productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo. La capacidad de un país para mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende casi por entero de su capacidad para aumentar su producción por trabajador”.

Para leer más:

Paul Krugman (1990): La era de las expectativas limitadas.

Joseph A. Schumpeter y su teoría del desarrollo económico

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El economista austro-estadounidense Joseph A. Schumpeter en su Teoría del desarrollo económico (1911) aportó una particular concepción del desarrollo al entenderlo como un proceso dinámico en el que se producen cambios de carácter económico que surgen desde el propio sistema y que están motivados principalmente por un factor de importancia capital: la innovación.

Esos cambios económicos son “alteraciones espontáneas y discontinuas” que “aparecen en la esfera de la vida industrial y comercial y no en la esfera de las necesidades de los consumidores de productos acabados”.

En concreto, el desarrollo económico puede implicar alguno o algunos de los siguientes casos:

1) la introducción de un nuevo bien.

2) la introducción de un nuevo método de producción.

3) la apertura de un nuevo mercado.

4) la conquista de una nueva fuente de aprovisionamiento de materias primas o de bienes semimanufacturados.

5) la creación de una nueva organización de cualquier industria.

Para leer más:

Joseph A. Schumpeter (1911): La teoría del desarrollo económico. Una investigación sobre ganancias, capital, crédito, interés y ciclo económico.

La sociedad buena de John K. Galbraith

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El economista John Kenneth Galbraith (1908-2006), en su obra Una sociedad mejor, propone las condiciones socioeconómicas que debe reunir una sociedad factible -que no perfecta- para que sea considerada como “sociedad buena”.

Galbraith admite que “en todos los países industrializados existe un firme compromiso con la economía de consumo -con los bienes y servicios de consumo- como fuente primordial de la satisfacción y el placer de los seres humanos y como la medida más visible de las consecuencias sociales”.

No obstante, este objetivo debe ser complementado, a su juicio, con otros igualmente necesarios. Con las siguientes palabras, sintetiza Galbraith lo que entiende por buena sociedad:

“Una buena sociedad tiene tres requisitos económicos estrechamente emparentados, cada uno de los cuales es una fuerza independiente. Está la necesidad de proporcionar los indispensables bienes y servicios de consumo. Está la necesidad de asegurar que esta producción y su uso y consumo no tenga un efecto contraproducente sobre el actual bienestar del conjunto de la sociedad. Los dos últimos de estos tres requisitos entran con frecuencia en conflicto con el primero, conflicto que se manifiesta con fuerza en la economía y en la política cotidianas. La referencia más habitual es el efecto sobre el medio ambiente. Aquí, en suma, están los tres temas en cuestión tal como los define una sociedad buena”.

Más adelante Galbraith nos recuerda algunos de los problemas medioambientales que soporta el mundo de hoy:

“Las manifestaciones de los deterioros contemporáneos son inquietantemente sabidas: la contaminación de la atmósfera y de las aguas, el considerable y creciente problema de la eliminación de la basura, el inmediato peligro para la salud que constituyen los productos y servicios que se administran, la contaminación visual derivada de la intrusión de las actividades de la producción y de las ventas, en especial la de las ventas al por menor, sobre el paisaje urbano y rural”.

Ante estas amenazas, Galbraith defiende la necesidad de proteger el medio ambiente, tal y como recogen las siguientes palabras:

“Deben protegerse los intereses generales de la comunidad lo mismo que también el clima y el bienestar del futuro, y debe haber preocupación por el agotamiento de los recursos. Puesto que hay que fabricar automóviles, proporcionarles combustible y conducirlos, y puesto que hay que suministrar y utilizar otros servicios y bienes de consumo similares, es esencial e inevitable un compromiso entre los actuales intereses financieros y los intereses públicos más generales. Por regla general, no obstante, este compromiso debe favorecer los intereses de la comunidad más amplia y los intereses de los por nacer”.

Para leer más:

John K. Galbraith (1996): Una sociedad mejor.

 

Una cita de John K. Galbraith sobre el capitalismo

7. Guayaquil. Ecuador

El economista John Kenneth Galbraith (1908-2006) refiriéndose al capitalismo escribió estas palabras en su conocida obra “La Era de la incertidumbre”:

“…el capitalismo sirve perfectamente para proporcionar las cosas -automóviles, envoltorios desechables, drogas, alcohol- que más problemas causan a la ciudad. Pero no sirve para proporcionar lo que los moradores de la ciudad necesitan con mayor urgencia”.

Para leer más:

John Kenneth Galbraith (1977): La Era de la Incertidumbre.