El desarrollo sostenible en la Declaración del Milenio de 2000

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Ante la entrada del nuevo siglo, en el año 2000 se aprobó en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York la Declaración del Milenio. Esta Declaración proclama que determinados valores fundamentales son esenciales para las relaciones internacionales del siglo XXI: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respecto de la naturaleza y la responsabilidad común.

En el año 2000 uno de los objetivos fundamentales en los que se puso el acento fue combatir la pobreza. Las Naciones del planeta se comprometieron entonces “reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de habitantes del planeta cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día y el de las personas que padezcan hambre”.

Con la Declaración del Milenio también se consideró necesario continuar promoviendo el concepto de desarrollo sostenible y seguir incidiendo en aspectos fundamentales que ya fueron recogidos en Río 92, como son el valor intrínseco de la naturaleza, la gestión prudente de los recursos naturales y la necesidad de abandonar los modos insostenibles de producción y consumo. En concreto, la Declaración del Milenio proclama expresamente que:

“Es necesario actuar con prudencia en la gestión y ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme a los preceptos del desarrollo sostenible. Sólo así podremos conservar y transmitir a nuestros descendientes las inconmensurables riquezas que nos brinda la naturaleza. Es preciso modificar las actuales pautas insostenibles de producción y consumo en interés de nuestro bienestar futuro y en el de nuestros descendientes”.

Para plasmar en acciones los seis valores fundamentales citados la Declaración formula una serie de objetivos clave y acciones. En materia de protección de la naturaleza se presenta una serie de objetivos y compromisos que quedan recogidos en los siguientes puntos:

21. No debemos escatimar esfuerzos por liberar a toda la humanidad, y ante todo a nuestros hijos y nietos, de la amenaza de vivir en un planeta irremediablemente dañado por las actividades del hombre, y cuyos recursos ya no alcancen para satisfacer sus necesidades.

22. Reafirmamos nuestro apoyo a los principios del desarrollo sostenible, incluidos los enunciados en el Programa 21, convenidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.

23. Decidimos, por consiguiente, adoptar una nueva ética de conservación y resguardo en todas nuestras actividades relacionadas con el medio ambiente y, como primer paso en ese sentido, convenimos en lo siguiente:

  • Hacer todo lo posible por que el Protocolo de Kyoto entre en vigor, de ser posible antes del décimo aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en el año 2002, e iniciar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Intensificar nuestros esfuerzos colectivos en pro de la ordenación, la conservación y el desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo.
  • Insistir en que se apliquen cabalmente el Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África.
  • Poner fin a la explotación insostenible de los recursos hídricos, formulando estrategias de ordenación de esos recursos en los planos regional, nacional y local, que promuevan un acceso equitativo y un abastecimiento adecuado.
  • Intensificar la cooperación con miras a reducir el número y los efectos de los desastres naturales y de los desastres provocados por el hombre.
  • Garantizar el libre acceso a la información sobre la secuencia del genoma humano.

 

Para más información:

ONU: Declaración del Milenio de 2000

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