La economía del bien común: tres ideas centrales

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Ante los síntomas de la crisis general del sistema económico capitalista (desempleo, desigualdad, hambrunas, cambio climático, crisis democrática y de valores…), en octubre de 2010 nace una alternativa: el modelo de economía del bien común, que es presentado por el economista austriaco Christian Felber. Esta alternativa al capitalismo de mercado y a la economía planificada se sustenta en las tres ideas centrales siguientes:

1. Quiere resolver la contradicción de valores entre economía y sociedad, incentivando y premiando en la primera los mismos comportamientos y valores que tienen éxito en las relaciones humanas: honestidad, empatía, confianza, estima, cooperación, compromiso con la naturaleza, solidaridad, voluntad de compartir.

2. El objetivo que nuestras constituciones prevén para la economía -el bien común- debe implantarse en el orden económico legal de forma consecuente. De la misma manera, el dinero, el capital y el beneficio financiero deben ocupar su lugar de meros medios económicos para conseguir el fin. Entonces, el orden económico cumplirá el espíritu de las constituciones.

3. El éxito económico deja de medirse por recursos para medirse por objetivos. Con vistas a poner este reajuste de “fines y medios” en práctica, la economía del bien común está desarrollando el “Producto del Bien Común”, para medir el éxito de una economía nacional; el “Balance del Bien Común”, para medir el éxito de una empresa, y el “Examen del Bien Común”, para saber si una inversión concreta contribuye al fin de la economía o la contradice. En la economía del bien común, todo el sistema de incentivos inherente a una economía de mercado debe alinearse con estos resultados y rendimientos éticos en lugar de con los resultados monetarios, según el lema: “Con ética al éxito”.

Para leer más:

Christian Felber: La economía del bien común. Ediciones Deusto, Barcelona, 2015.

 

España y las emisiones de gases de efecto invernadero (2008-2018)

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La economía española, muy dependiente de los combustibles fósiles, no es neutra ante la crisis climática que atraviesa nuestra planeta. Según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), ha emitido a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI) que han ascendido a un total de 340,7 millones de toneladas de CO2 equivalentes. 

Por tipos de gases, el 83,3% de todas las emisiones generadas en 2018 en España corresponden a dióxido de carbono, seguido del metano (9,8%), óxido nitroso (5,3%) y otros GEI (1,6%).

Por origen económico de las emisiones, la actividad que ha emitido más GEI a la atmósfera ha sido la industria manufacturera (fabricación productos minerales no metálicos, refino de petróleo, metalurgia, etc.) que, con 81,3 millones de toneladas de CO2, concentra el 23,9% del total. Le siguen el consumo final de los hogares, con el 21,0%; la industria no manufacturera (energía, agua, etc.), con el 20,9%; transporte y almacenamiento, con el 15,1%, y el sector primario (agricultura, ganadería, selvicultura y pesca), con el 14,2%. Finalmente, las demás actividades económicas, pertenecientes a los sectores servicios y construcción, han emitido el 5% restante de GEI en 2018.

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2018 en España las emisiones totales de GEI han presentado una tendencia descendente. A pesar de los incrementos registrados en los años 2011, 2014, 2015 y 2017, para el conjunto del periodo analizado las emisiones se han reducido un 18,5%, al pasar de las 417,9 millones de toneladas de 2008 a las 340,7 millones de 2018.

G_GEI_2008-2018

Por ramas de actividad, las reducciones de emisiones de GEI más destacadas se han producido en el subsector no manufacturero, con un descenso del 32,5% durante el periodo 2008-2018, seguido de la industria manufacturera (-25,8%). A continuación, las actividades de transporte y almacenamiento han permitido una reducción de sus emisiones del -10,5%, y el consumo de los hogares, del -4,6%. Por el contrario, el sector primario ha incrementado sus emisiones de GEI en un 8,4% durante los años 2008-2018.

Es de especial importancia conocer si la economía española se encuentra inmersa en el necesario proceso de desacoplamiento entre producción y emisiones de GEI. Del análisis de los registros publicados por el INE, se observa que durante el periodo 2008-2018 la reducción del 18,5% experimentada por las emisiones de GEI ha sido posible a pesar del incremento del 4,5% registrado por el PIB real, lo cual apunta a una tendencia de desacoplamiento de la economía española. No obstante, persisten aún dudas sobre si se ha alcanzado la consolidación de este proceso, ya que se siguen produciendo incrementos del PIB acompañados de aumentos de las emisiones. Así, en 2017 la economía española vio aumentar su PIB en un 2,9%, tasa de crecimiento que fue superada por la de las emisiones de GEI (4,3%). Por el contrario, en el pasado año 2018 se invirtió la tendencia: +2,4% de PIB frente a -2,3% de GEI.

G_PIB y GEI

Para más información:

INE: Cuenta de emisiones a la atmósfera

 

 

La Carta Mundial de la Naturaleza: medidas para la conservación

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En octubre de 1982 vio la luz la Carta Mundial de la Naturaleza, un documento aprobado en en seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas que requiere un mayor compromiso por parte de los Estados y la sociedad en general. Hoy, casi cuatro décadas después, sigue siendo ineludible procurar la preservación de la Naturaleza ante las diversas y crecientes amenazas que atraviesa.

La Carta Mundial de la Naturaleza de 1982 nos aporta unas convicciones fundamentales sobre la necesaria armonía que ha de existir entre el hombre y la naturaleza, y una serie de principios generales de conservación. Para el adecuado cumplimiento de estos principios la Carta propone la aplicación de distintas medidas, entre las que se encuentran las siguientes:

1. Integrar la conservación de la naturaleza en la planificación y realización de las actividades del desarrollo social y económico.

2. Utilizar de forma eficiente los recursos naturales, evitar su despilfarro y fomentar el reaprovechamiento y el reciclaje.

3. Evitar la descarga de sustancias contaminantes en los sistemas naturales.

4. Incorporar los principios enunciados en la Carta, según corresponda, en el derecho y la práctica de cada Estado y adoptarlos también a nivel internacional.

5. Difundir ampliamente por todos los medios, en especial por la enseñanza ecológica, que será parte de la educación general, los conocimientos relativos a la naturaleza.

6. Incluir en toda planificación, entre sus elementos esenciales, la elaboración de estrategias de conservación de la naturaleza, el establecimiento de inventarios de los ecosistemas y la evaluación de los efectos que hayan de surtir sobre la naturaleza las políticas y actividades proyectadas, así como los procesos de información y participación de la población.

7. Asegurar la disponibilidad de los medios financieros, los programas y las estructuras administrativas necesarias para alcanzar los objetivos de la conservación de la naturaleza.

8. Trabajar para profundizar el conocimiento de la naturaleza mediante la investigación científica y divulgar ese conocimiento sin restricción alguna.

9. Seguir muy de cerca el estado de los procesos naturales, los ecosistemas y las especies a fin de que se pueda descubrir lo antes posible cualquier deterioro o amenaza, tomar medidas oportunas y facilitar la evaluación de las políticas y técnicas de conservación.

10. Evitar las actividades militares perjudiciales para la naturaleza.

11. Cooperar en la tarea de conservar la naturaleza con actividades conjuntas entre los distintos agentes (administraciones públicas, particulares, empresas…)

12. Establecer normas relativas a los productos y a los procedimientos de fabricación que puedan tener efectos perjudiciales sobre la naturaleza.

13. Aplicar las disposiciones jurídicas internacionales pertinentes que propendan a la conservación de la naturaleza o a la protección del medio ambiente.

Para más información:

Carta Mundial de la Naturaleza. 28 de octubre de 1982

La eficiencia económica en palabras de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019) defendió una nueva economía divergente del pensamiento económico hoy por hoy dominante que prioriza el crecimiento ilimitado de la producción de bienes. Su enfoque crítico aborda la cara adversa de una economía autocentrada en maximizar la eficiencia.

“La economía ha adorado la eficiencia y, en su nombre, hemos evolucionado de economías de escala a lo que quisiera llamar deseconomías de dimensiones incontrolables. La eficiencia económica de este proceso es indiscutible y otro tanto puede decirse de su poder para saquear los recursos naturales, de su capacidad de contaminar y de su contribución al aumento de los ataques cardíacos y de la hipertensión. Y cuando se han consolidado las dimensiones de gran escala, su evolución solo es posible en términos de crecer cada vez más. El sistema ya no se expande para servir las necesidades de consumo de la gente; es la gente la que consume para servir las necesidades de crecimiento del sistema. Mientras la alineación, el tedio, la insatisfacción, el deterioro urbano y rural, la inseguridad y, finalmente, la deshumanización no sean contabilizados como costes del proceso, este continuará pareciendo eficiente y de gran éxito de acuerdo a los criterios tradicionales que lo juzgan”.

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

Evaluando los avances en economía circular dentro la Unión Europea

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La Comisión Europea adoptó en 2015 una Comunicación que daba pasos importantes en el camino hacia una economía más circular: “Cerrar el circulo: un plan de acción de la UE para la economía circular”.

Con las medidas establecidas en dicho plan de acción se opta por una economía en la que se persiguen dos objetivos principales: 1. Mantener durante el mayor tiempo posible el valor que poseen los productos, los materiales y los recursos, de modo que se ahorran materias primas al dejar de ser extraídas de la corteza terrestre, y 2. Reducir al mínimo posible la generación de todo tipo de residuos. El cumplimiento de ambos objetivos sostendrían una economía caracterizada por una mayor eficiencia en el uso de los recursos.

Para evaluar los avances alcanzados en la UE en su senda de fomento de la economía circular,  se cuenta como indicador con la tasa de uso circular de los materiales (tasa de circularidad).

Dicha tasa se mide en porcentaje, expresado como la proporción de materiales recuperados y retrointroducidos en la economía, lo que evita la extracción de materias primas, sobre el total de materiales con uso general. Define, por tanto, la relación que existe entre el uso circular de materiales y el uso general de materiales(*).

Un valor de tasa de circularidad más alto indica que hay más materiales secundarios que sustituyen las materias primas extraíbles, es decir, que evitan los impactos ambientales de la extracción de materiales primarios.

Según los datos elaborados por la Oficina Estadística de la UE (Eurostat) en el año 2016 (último dato disponible) la tasa de circularidad en la UE-28 fue del 11,7%. Ello significa que del total de los recursos materiales que se utilizaron en la UE en dicho año el 11,7% provino de productos reciclados y materiales que han sido recuperados.

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2004-2016 la tasa de circularidad se ha incrementado en el conjunto de la UE-28 desde el 8,3% hasta el 11,7%. Dicho incremento se ha debido principalmente al menor consumo de materias primas (materiales de la construcción, combustibles fósiles), mientras que el reciclaje sólo se ha incrementado ligeramente.

En general, durante estos doce años transcurridos se han producido avances, si bien cabe significar que han sido claramente insuficientes (3,4 puntos porcentuales), habiéndose observado, asimismo, un cierto estancamiento durante los últimos años del periodo analizado.

Hay que recordar la necesaria distinción entre la tasa de circularidad, que tiene un alcance material más amplio, y la tasa de reciclaje, que toma un valor muy superior (el 45,6% en residuos municipales en la UE en 2016) al referirse únicamente a los residuos que se recuperan.

G_tasa circular. UE_2004-2016

Por países se detectan diferencias importantes respecto a la tasa de circularidad. Así, en el último año 2016 los mayores registros se observan en Países Bajos (29,0%), Francia (19,4%), Bélgica (18,9%), Reino Unido (17,2%) e Italia (17,1%).

Por el contrario, las menores tasas de circularidad las presentan Grecia (1,3%), Rumanía (1,5%), Irlanda (1,7%), Portugal (2,1%) y Chipre (2,3%).

Estas importantes divergencias entre los países de la UE-28 se deben, según Eurostat, a la cantidad de residuos que se recicla en cada país y a factores estructurales de las propias economías nacionales. Así, las economías que tienen mayores importaciones de materiales (incluyendo los combustibles fósiles) y mayores extracciones interiores de materiales (relacionadas con minería, construcción, etc.) son las que presentan menores tasas de circularidad.

G_tasa circular. países UE_2016

(*) El uso general de materiales se mide sumando el consumo agregado de materiales domésticos y el uso circular de materiales. El primero queda definido en las cuentas de flujos de materiales para toda la economía. Por su parte, el uso circular de materiales se aproxima por la cantidad de residuos reciclados en las plantas de recuperación doméstica, menos los residuos importados destinados a la recuperación, más los residuos exportados destinados a la recuperación en el extranjero.

Para más información:

Eurostat

Cinco postulados y un valor esencial en la nueva economía de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019) defendió una nueva economía divergente del pensamiento económico hoy por hoy dominante que prioriza el crecimiento ilimitado de la producción de bienes.

Para Max-Neef se hace más que necesario enseñarles una economía alternativa a todos los jóvenes estudiantes que han decidido ser economistas. Sus principios se fundamentan en los cinco postulados siguientes:

  1. La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
  2. El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.
  3. El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento.
  4. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas.
  5. La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible.

A estos cinco postulados hay que sumarles, nos propone Max-Neef, el siguiente valor fundamental para la consolidación de la nueva economía:

Ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar sobre la reverencia por la vida.

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

Presentación de Manfred A. Max-Neef: Economía transdisciplinaria para la sustentabilidad

Entrevista de Amy Goodman. Revista Mundo Nuevo, ed 79, septiembre/octubre 2011.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible en las ciudades europeas (2019)

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Ciudad de Oslo

En 2015 la comunidad internacional conformada por más de 190 países asumió el compromiso de la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible, un ambicioso plan de acción de 17 objetivos (ODS) y 169 metas conexas, que centra la atención en las personas, el planeta, la prosperidad y la paz.

Para alcanzar los importantes retos de la Agenda 2030, las ciudades juegan un papel crucial, en tanto que en ellas se originan los grandes desafíos del planeta y, con mayor probabilidad, es también en ellas donde encontraremos las respuestas a los mismos.

En la Unión Europea las áreas urbanas concentran cerca del 70% de la población, con previsiones de que aumente hasta el 80% en 2050, y generan el 85% del PIB. Los retos urbanos pasan por afrontar problemas como la pobreza extrema, el desempleo, las disparidades socioeconómicas, los patrones insostenibles de producción y consumo, el cambio climático y la degradación medioambiental.

Así nos lo recuerda el informe The 2019 SDG Index and Dashboards Report for European Cities, elaborado por SDSN y Telos, que nos aproxima, por primera vez, a la evaluación del grado de consecución de los ODS en 45 ciudades capitales y áreas metropolitanas europeas. Para dicha evaluación la metodología empleada se ha centrado en construir un indicador sintético de los ODS a partir de datos procedentes de varios organismos internacionales (Eurostat, AEMA, Agencia Europea de la Energía, JRC, Comisión Europea, OCDE).

El mencionado informe de 2019 destaca, entre los resultados obtenidos de la evaluación, las cinco conclusiones generales siguientes:

  1. Ninguna capital y área metropolitana de Europa ha alcanzado aún los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
  2. Existen retos persistentes relacionados con  la producción y el consumo responsables (ODS 12), la acción contra el cambio climático (ODS 13) y la vida en los ecosistemas terrestres (ODS 15).
  3. La descarbonización del transporte en las ciudades y el acceso a viviendas asequibles siguen siendo las principales prioridades políticas.
  4. En comparación con las ciudades de EE.UU., las ciudades europeas presentan mayores puntuaciones en nutrición y estilo de vida activo, aspectos incluidos en los objetivos ODS 2 y ODS 3.
  5. Se requieren mejores datos para medir las desigualdades sociales y económicas, así como los impactos internacionales del consumo de las ciudades europeas sobre el resto del mundo.

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Fuente: SDSN and the Brabant Center for Sustainable Development.

Los resultados obtenidos para las 45 ciudades europeas evaluadas se recogen en la siguiente tabla.

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Fuente: SDSN and the Brabant Center for Sustainable Development.

Como puede observarse, la ciudad de Oslo alcanza la primera posición, con un cumplimiento hasta la fecha del 74,8% de los 17 ODS. A esta ciudad, por tanto, le resta aún hasta el año 2030, en promedio, una cuarta parte del camino trazado en la Agenda para el Desarrollo Sostenible.

Tras la capital noruega, le siguen otras ciudades nórdicas: Estocolmo (74,2), Helsinki (71,3) y Copenhague (68,7).

En el lado opuesto de la tabla, la ciudad de Atenas (48,6) se encuentra aún con un grado de cumplimiento de la Agenda 2030 inferior al 50%. Le siguen, también con bajas puntuaciones, las urbes de Oporto (53,5), Nicosia (53,7) y La Valeta (53,8).

Dentro del amplio grupo de ciudades con puntuaciones intermedias, se encuentran grandes urbes europeas como París (posición 7), Berlín (18), Londres (19), Fráncfort (24) y Madrid (28).

Para más información:

Guillaume Lafortune, Kees Zoeteman, Grayson Fuller, Rens Mulder, John Dagevos and Guido Schmidt-Traub. (2019). The 2019 SDG Index and Dashboards Report for European Cities (prototype version). Sustainable Development Solutions Network (SDSN) and the Brabant Center for Sustainable Development (Telos).