Cinco postulados y un valor esencial en la nueva economía de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019) defendió una nueva economía divergente del pensamiento económico hoy por hoy dominante que prioriza el crecimiento ilimitado de la producción de bienes.

Para Max-Neef se hace más que necesario enseñarles una economía alternativa a todos los jóvenes estudiantes que han decidido ser economistas. Sus principios se fundamentan en los cinco postulados siguientes:

  1. La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
  2. El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.
  3. El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento.
  4. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas.
  5. La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible.

A estos cinco postulados hay que sumarles, nos propone Max-Neef, el siguiente valor fundamental para la consolidación de la nueva economía:

Ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar sobre la reverencia por la vida.

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

Presentación de Manfred A. Max-Neef: Economía transdisciplinaria para la sustentabilidad

Entrevista de Amy Goodman. Revista Mundo Nuevo, ed 79, septiembre/octubre 2011.

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible en las ciudades europeas (2019)

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Ciudad de Oslo

En 2015 la comunidad internacional conformada por más de 190 países asumió el compromiso de la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible, un ambicioso plan de acción de 17 objetivos (ODS) y 169 metas conexas, que centra la atención en las personas, el planeta, la prosperidad y la paz.

Para alcanzar los importantes retos de la Agenda 2030, las ciudades juegan un papel crucial, en tanto que en ellas se originan los grandes desafíos del planeta y, con mayor probabilidad, es también en ellas donde encontraremos las respuestas a los mismos.

En la Unión Europea las áreas urbanas concentran cerca del 70% de la población, con previsiones de que aumente hasta el 80% en 2050, y generan el 85% del PIB. Los retos urbanos pasan por afrontar problemas como la pobreza extrema, el desempleo, las disparidades socioeconómicas, los patrones insostenibles de producción y consumo, el cambio climático y la degradación medioambiental.

Así nos lo recuerda el informe The 2019 SDG Index and Dashboards Report for European Cities, elaborado por SDSN y Telos, que nos aproxima, por primera vez, a la evaluación del grado de consecución de los ODS en 45 ciudades capitales y áreas metropolitanas europeas. Para dicha evaluación la metodología empleada se ha centrado en construir un indicador sintético de los ODS a partir de datos procedentes de varios organismos internacionales (Eurostat, AEMA, Agencia Europea de la Energía, JRC, Comisión Europea, OCDE).

El mencionado informe de 2019 destaca, entre los resultados obtenidos de la evaluación, las cinco conclusiones generales siguientes:

  1. Ninguna capital y área metropolitana de Europa ha alcanzado aún los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
  2. Existen retos persistentes relacionados con  la producción y el consumo responsables (ODS 12), la acción contra el cambio climático (ODS 13) y la vida en los ecosistemas terrestres (ODS 15).
  3. La descarbonización del transporte en las ciudades y el acceso a viviendas asequibles siguen siendo las principales prioridades políticas.
  4. En comparación con las ciudades de EE.UU., las ciudades europeas presentan mayores puntuaciones en nutrición y estilo de vida activo, aspectos incluidos en los objetivos ODS 2 y ODS 3.
  5. Se requieren mejores datos para medir las desigualdades sociales y económicas, así como los impactos internacionales del consumo de las ciudades europeas sobre el resto del mundo.

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Fuente: SDSN and the Brabant Center for Sustainable Development.

Los resultados obtenidos para las 45 ciudades europeas evaluadas se recogen en la siguiente tabla.

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Fuente: SDSN and the Brabant Center for Sustainable Development.

Como puede observarse, la ciudad de Oslo alcanza la primera posición, con un cumplimiento hasta la fecha del 74,8% de los 17 ODS. A esta ciudad, por tanto, le resta aún hasta el año 2030, en promedio, una cuarta parte del camino trazado en la Agenda para el Desarrollo Sostenible.

Tras la capital noruega, le siguen otras ciudades nórdicas: Estocolmo (74,2), Helsinki (71,3) y Copenhague (68,7).

En el lado opuesto de la tabla, la ciudad de Atenas (48,6) se encuentra aún con un grado de cumplimiento de la Agenda 2030 inferior al 50%. Le siguen, también con bajas puntuaciones, las urbes de Oporto (53,5), Nicosia (53,7) y La Valeta (53,8).

Dentro del amplio grupo de ciudades con puntuaciones intermedias, se encuentran grandes urbes europeas como París (posición 7), Berlín (18), Londres (19), Fráncfort (24) y Madrid (28).

Para más información:

Guillaume Lafortune, Kees Zoeteman, Grayson Fuller, Rens Mulder, John Dagevos and Guido Schmidt-Traub. (2019). The 2019 SDG Index and Dashboards Report for European Cities (prototype version). Sustainable Development Solutions Network (SDSN) and the Brabant Center for Sustainable Development (Telos).

Evolución del parque de coches eléctricos en la Unión Europea

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Una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y calentamiento global del planeta se encuentra en el sector del transporte. Para hacer frente a este serio problema medioambiental y de salud la Unión Europea cuenta desde 2011 con la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible, conocido como Libro Blanco del transporte.

Como expresa este documento estratégico, es clave afrontar la gran dependencia actual del petróleo y sus derivados en el sector del transporte y transitar hacia una economía descarbonizada. Se hace necesario fomentar la movilidad sostenible, como ir a pie o en bicicleta, además de dar un mayor impulso al transporte público no contaminante. Asimismo, por lo que se refiere al uso de vehículos de combustión interna, como son los coches convencionales, el Libro Blanco expresa lo siguiente:

“La eliminación progresiva de los vehículos de «propulsión convencional» en el entorno urbano es una contribución fundamental a una reducción significativa de la dependencia del petróleo, las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación atmosférica local y la contaminación acústica”.

En su estrategia el Libro Blanco establece diez objetivos cuantificados para alcanzar “un sistema de transporte competitivo y sostenible”, entre los que se encuentra el siguiente:

“Reducir a la mitad el uso de automóviles de «propulsión convencional» en el transporte urbano para 2030; eliminarlos progresivamente en las ciudades para 2050; lograr que la logística urbana de los principales centros urbanos en 2030 esté fundamentalmente libre de emisiones de CO2”.

En 2017 el parque de coches registrados en la UE-28 asciende a un total de 262 millones de vehículos. De ellos unos 2 millones son coches eléctricos o híbridos (con motores eléctrico y de combustión interna), cuya distribución por tipos es la siguiente: el 14% pertenece a la categoría de vehículos eléctricos, un 79% a la de vehículos híbridos “tradicionales” y, finalmente, el 7% de los coches son vehículos híbridos “enchufables”.

En términos de participación, el número de eléctricos o híbridos (con motores eléctrico y de combustión interna) tan sólo representa un 0,8% del total de coches registrados en 2017, un porcentaje ciertamente escaso dados los importantes retos medioambientales que tiene Europa ante sí y el conjunto del planeta.

Desde una perspectiva temporal, los mayores avances en este ámbito de la movilidad se han observado durante la última década. Según los datos disponibles en Eurostat, el número total de coches registrados en la UE-28, que no ha parado de crecer, ha experimentado un crecimiento del 6,9% durante el periodo 2012-2017, al pasar de 244,8 millones a 261,7 millones de vehículos. Paralelamente, el número de coches eléctricos e híbridos ha registrado un incremento muy superior, al multiplicarse por 19 el parque  de vehículos de esta categoría, esto es, desde unos 107.000 a unos 2 millones de vehículos entre 2012 y 2017.

Como consecuencia, la participación de los coches eléctricos e híbridos sobre el total de coches registrados en la UE-28 ha aumentado desde el 0,04% al 0,8% entre 2012 y 2017.

En un análisis por países se detectan diferencias relevantes. En términos absolutos, en 2017 los mayores parques de coches eléctricos e híbridos se encuentran en Reino Unido, Francia, Polonia, España, Italia y Suecia, que tienen entre 100.000 y 500.000 vehículos. Por el contrario, se registran las menores presencias de coches de esta categoría en países como Croacia, República Checa y Letonia.

En términos relativos, los países que presentan las mayores participaciones de coches eléctricos e híbridos sobre el parque total de coches en 2017 son los siguientes: Suecia (2,4%), Polonia (1,9%), Reino Unido (1,5%), Francia (1,4%), Bélgica (1,2%), Luxemburgo (1,0%) y Finlandia (1,0%), como se muestra en el siguiente gráfico:

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Para más información:

Eurostat

Comisión Europea: Libro Blanco del transporte, 2011

El bienestar como derecho humano universal

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El ser humano ha perseguido a través de los tiempos el bienestar que le asegure a sí mismo y a su familia unas condiciones de vida dignas. Dicho anhelo ha sido reconocido a nivel internacional como un derecho humano fundamental, gracias a la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por las Naciones Unidas en el año 1948.

Como expresa la Declaración todas las personas formamos parte de la llamada familia humana, y como tales personas contamos con una dignidad intrínseca que conlleva el reconocimiento de derechos iguales e inalienables.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se estructura en 30 artículos y un preámbulo, recoge diversos derechos que son considerados fundamentales para el ser humano. Son derechos de carácter personal y comunitario; derechos de pensamiento, conciencia, religión y libertades políticas, y derechos económicos, sociales y culturales.

Entre los derechos económicos se proclama el derecho a que todo ser humano pueda disponer de un nivel de vida adecuado. Para ello, como queda expresado en el artículo 25 de la Declaración, es necesario reconocer y hacer efectivo el derecho que tienen todas las personas del planeta a contar con todos aquellos recursos básicos que procuran el bienestar humano: alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica, servicios y prestaciones sociales…

Articulo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Para más información:

Resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948, de la Asamblea General de las Naciones Unidades por la que se adopta y proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La Carta Mundial del Turismo Sostenible de 2015 (ST+20)

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En 2015 la Carta Mundial del Turismo Sostenible (ST+20), adoptada en Vitoria-Gasteiz (España), viene a recordar y reiterar, veinte años después, la validez de los principios expresados en la Carta Mundial del Turismo Sostenible de 1995.

Como expresa en sus párrafos preliminares, el desarrollo turístico provoca determinados efectos negativos, relacionados con la destrucción de los recursos naturales y culturales, los desequilibrios y desigualdades sociales, y la corrupción y el soborno en todas sus formas.

Ante estas preocupaciones el turismo, entre otras funciones:

  • Ha de asegurar la protección y la integridad de nuestro patrimonio común, material e inmaterial.
  • Debe ser compatible con la conservación de la naturaleza y de la biodiversidad.
  • Debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, para responder de forma activa y urgente al cambio climático.
  • Puede contribuir a luchar contra la pobreza, proteger la naturaleza y el medio ambiente, y promover el desarrollo sostenible, dado que se trata de una actividad transversal.
  • Debe asegurar la implantación de patrones de consumo y producción sostenibles a lo largo de toda la cadena de servicios y actividades.
  • Es un sector económico prometedor de desarrollo, especialmente para los países en desarrollo, y clave para apoyar la transición hacia economías verdes.
  • Debe adoptar tecnologías y modos de gestión que procuren la eficiencia en el uso de los recursos, en particular agua y energía.
  • Debe evitar la generación de residuos y la contaminación.
  • Debe aprovechar las TICs para construir un turismo inteligente, responsable y creativo.

De forma complementaria, la Carta (ST+20) establece una serie de llamamientos a la acción de todos los agentes implicados en el desarrollo turístico:

  • Los gobiernos y organizaciones internacionales.
  • Los destinos y comunidades locales.
  • La industria del turismo.
  • Los consumidores.
  • Los investigadores, desarrolladores y formadores.
  • Las Redes y ONGs.

Así, por ejemplo, entre todos los llamamientos expresados en ST+20, podemos destacar los siguientes:

A los gobiernos y organizaciones internacionales.

“Integrar la sostenibilidad en las políticas, estrategias, operaciones y planes de turismo nacionales, regionales e internacionales, cumpliendo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas”.

A los destinos y comunidades locales:

“Considerar la capacidad de carga de los destinos, no sólo en el caso de los sitios naturales, sino también en las zonas urbanas, especialmente cuando la calidad de vida de los residentes puede verse comprometida”.

A la industria del turismo:

“Contribuir a la creación, desarrollo e implantación de productos y servicios turísticos sostenibles que fomenten el uso respetuoso del patrimonio natural y cultural, y que transmitan los valores del destino y su identidad a través de la experiencia turística”.

A los consumidores:

“Escoger los productos y servicios más sostenibles frente a las otras opciones menos sostenibles”.

 

Para más información:

Carta Mundial del Turismo Sostenible (ST+20)

 

La Carta Mundial del Turismo Sostenible de 1995

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Fruto de la primera Conferencia Mundial de Turismo Sostenible que se celebró en Lanzarote (Islas Canarias) en abril de 1995, nació la Carta del Turismo Sostenible.

Es una Carta de 18 principios que se alinean con los objetivos de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992.

Reconociendo el potencial valor que posee la actividad turística para el desarrollo de los territorios, la Carta del Turismo Sostenible de 1995 nos alerta de la necesidad de comprometernos con el cumplimiento de una serie de principios básicos como son la conservación medioambiental, el respecto a la identidad sociocultural de los pueblos y el reparto equitativo de los beneficios y costes del turismo.

Un cuarto de siglo después urge recordar y tener muy presente su contenido para pasar a revisar si nuestro actual modelo de desarrollo turístico sigue la senda de la sostenibilidad. Para muchos expertos los pasos dados hasta hoy son aún muy tenues.

Por su especial interés para el desarrollo sostenible destacamos a continuación seis principios básicos de la Carta:

Sostenibilidad.

1. El desarrollo turístico sostenible deberá fundamentarse sobre criterios de sostenibilidad, es decir, ha de ser soportable ecológicamente a largo plazo, viable económicamente y equitativo desde una perspectiva ética y social para las comunidades locales.

El desarrollo sostenible es un proceso orientado que contempla una gestión global de los recursos con el fin de asegurar su durabilidad, permitiendo conservar nuestro capital natural y cultural, incluyendo las áreas protegidas. Siendo el turismo un potente instrumento de desarrollo, puede y debe participar activamente en la estrategia de desarrollo sostenible. Una buena gestión del turismo exige garantizar  la sostenibilidad de los recursos de los que depende.

Impactos ambientales.

2. El turismo ha de contribuir al desarrollo sostenible, garantizando su integración en el entorno natural, cultural y humano, debiendo respetar los frágiles equilibrios que caracterizan a muchos destinos, en particular las pequeñas islas y áreas ambientalmente sensibles. La actividad turística deberá prever una evolución aceptable respecto a su incidencia sobre los recursos naturales, la biodiversidad y la capacidad de asimilación de los impactos y residuos producidos.

Respecto a la cultura local.

3. La actividad turística ha de considerar los efectos inducidos sobre el patrimonio cultural y los elementos, actividades y dinámicas tradicionales de las comunidades locales. El reconocimiento de estos factores locales y el apoyo a su identidad, cultura e intereses, deben ser referentes obligados en la formulación de las estrategias turísticas, especialmente en los países en vías de desarrollo.

Calidad de vida.

8. Toda opción de desarrollo turístico debe repercutir de forma efectiva en la mejora de la calidad de vida de la población y contemplar una incidencia e interrelación positiva respecto a la identidad sociocultural.

Planificación participativa.

9. Los gobiernos y autoridades competentes, con la participación de las ONGs y las comunidades locales, deberán acometer acciones orientadas a la planificación integrada del turismo como contribución al desarrollo sostenible.

Reparto equitativo de beneficios y cargas.

10. Reconociendo que la cohesión social y económica entre los pueblos del mundo es un principio fundamental del desarrollo sostenible, urge impulsar medidas que permitan un reparto más equitativo de los beneficios y cargas producidos por el turismo. Ello implica un cambio en los modelos de consumo y la introducción de métodos de fijación de precios que permitan la internacionalización de los costes medioambientales.

Por parte de los gobiernos y las organizaciones multilaterales urge reorientar las ayudas relacionadas con el turismo, en especial aquellas que impliquen efectos negativos sobre el medioambiente. En este marco, es necesario investigar en profundidad sobre la aplicación de instrumentos económicos, jurídicos y fiscales internacionalmente armónicos que aseguren el uso sostenible de los recursos en materia turística.

Para más información:

Carta Mundial del Turismo Sostenible (1995)

 

 

 

 

Globalidad y localidad según Carlos Fuentes

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El novelista Carlos Fuentes (1928-2012), atento observador de los acontecimientos más relevantes del siglo XX, dejó escrito en su obra En esto creo sus reflexiones sobre la era global. Nos propone que la economía global no soslaye la globalización de los derechos, que se acorten las brechas entre el Norte y el Sur. Y ello comporta, igualmente, afrontar a nivel local obligaciones compartidas.

“Desde esa nuestra América Latina, desde estas tierras feraces, bellas, dolientes, pisoteadas y acribilladas por sí mismas y por quienes codician, yo no lo sé, si su pobreza o su belleza, pedimos hoy, simplemente, globalizar no sólo el hecho, sino el derecho, elevar a derecho el comercio y la salud, la educación y el medio ambiente, el trabajo y la seguridad.

Que el Norte, en su propio beneficio, sepa, en la era global, distribuir beneficios y reducir cargas.

Que el Sur, en vez de reiterar una y otra vez su cuaderno de quejas, su ‘cahier de doléances’, sepa limpiar primero su propia casa, no exigirle al mundo lo que antes no nos demos a nosotros mismos: la soberanía de la libertad interna, la democracia y los derechos humanos, la respetabilidad de la justicia que destierra la corrupción, la impunidad y la cultura de la ilegalidad en nuestro propio suelo.

Y sólo entonces, a partir de todo ello, hagamos válida una globalidad de derechos y obligaciones compartidas, de acuerdo con la certeza de que no hay globalidad que valga sin localidad que sirva”.

Para leer más:

Carlos Fuentes (2002): En esto creo.