El canto a la palmera de Miguel de Unamuno

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Isla de Fuerteventura

En la lejana isla canaria de Fuerteventura, el escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936) se vio forzado a pasar en 1924 unos meses de confinamiento por imperativo de la Dictadura de Primo de Rivera. A esta “sufrida y descarnada” isla le dedicó varios poemas con los que evoca el sentir y el vivir en una tierra donde, además de la mar y el agua, la palmera también se convierte en protagonista de sus sonetos.

   Es una antorcha al aire esta palmera,
verde llama que busca al sol desnudo
para beberle sangre; en cada nudo
de su tronco cuajó una primavera.

   Sin bretes ni eslabones, altanera
y erguida, pisa el yermo seco y rudo,
para la miel del cielo es un embudo
la copa de sus venas, sin madera.

   No se retuerce ni se quiebra al suelo;
no hay sombra en su follaje, es luz cuajada
que en ofrenda de amor se alarga al cielo,

   la sangre de un volcán que enamorada
del padre Sol se revistió de anhelo
se ofrece, columna, a su morada.

Para leer más:

Miguel de Unamuno: De Fuerteventura a París. Diario íntimo de confinamiento y destierro vertido en sonetos. Viceconsejería de Cultura y Deportes. Gobierno de Canarias, 1989.