Los intereses públicos y privados en el progreso humano: una cita con José Luis Sampedro

En el quehacer habitual de toda sociedad intervienen para su sostenimiento y progreso múltiples agentes que, desempeñando funciones distintas, defienden objetivos dispares. En el camino hacia el desarrollo sostenible es esencial tener presente, además, que no se trata de un proceso armónico, sino que conlleva, con frecuencia, el encuentro de intereses que están en constante conflicto.

La primera gran diferenciación de intereses a considerar, como nos recuerda el economista español José Luis Sampedro (1917-2013) en su obra El mercado y la globalización (2002), es que en un sistema de mercado confluyen el poder de las empresas privadas y el del Estado. Las primeras priorizan el objetivo del máximo beneficio monetario, mientras que los poderes públicos, en aras del interés común, tienen como función principal velar por la defensa de todas las dimensiones, en muchos casos intangibles (educación, sanidad, medio ambiente, cohesión social…), que procuran el objetivo de progreso humano.

«Ante el enorme poder de las empresas y los grupos económicos en el sistema de mercado es preciso recordar que el interés privado y el interés público no tienen siempre los mismos objetivos, aunque coincidan en parte. Las empresas persiguen una prosperidad reflejada en las máximas ganancias posibles, mientras que el interés común busca fines más variados a los que muchas veces hay que sacrificar el beneficio económico; fines tales como la salud pública, la mejora de la sociedad mediante la educación, el respeto a la naturaleza, la observancia de ciertos valores inmateriales, el cultivo de actividades estéticas, la cohesión social y, sobre todo, el acatamiento de unas normas éticas de convivencia, entre otras manifestaciones del progreso humano».

Para leer más:

Sampedro, José Luis: El mercado y la globalización. Ediciones Destino, Madrid, 2003.

El mercado y la libertad: una cita con José Luis Sampedro

El mercado, ese lugar de encuentro entre vendedores que ofrecen sus mercancías y compradores que a cambio entregan su dinero para adquirirlas, es considerado como elemento fundamental para lograr el progreso de la sociedad. Además, el mercado llega a alzarse como institución social que garantiza el ejercicio de la libertad de los individuos.

Sin embargo, las fallas que encierra el mercado, donde la competencia perfecta es una irrealidad, no son suficientemente atendidas ni corregidas. Voces autorizadas como las del catedrático y economista humanista José Luis Sampedro (1917-2013), no siendo partidario de su abolición, nos hace reflexionar sobre la inconsistencia que supone equiparar el mercado con la libertad.

En su obra El mercado y la globalización (2002), Sampedro, con el rigor y la sencillez habituales de esta mente sabia, nos legó en unas pocas líneas ideas como la siguiente:

“Cuando, una vez más, alguien nos repita que ‘el mercado es la libertad’ invitémosle a practicar un sencillo experimento mental, consistente en imaginar que entra en un mercado a comprar pero no lleva dinero: constatará en el acto que no podrá comprar nada, que sin dinero no hay allí libertad, que la libertad de elegir la da el dinero”.

Para leer más:

Sampedro, José Luis: El mercado y la globalización. Ediciones Destino, Madrid, 2003.

Progreso y bienestar animal: una cita con José Luis Sampedro

El escritor español José Luis Sampedro (1917-2013) además de un reconocido literato fue Catedrático de Estructura Económica. A Sampedro siempre le preocupó el verdadero progreso de las sociedades, pero no identificándolo con el crecimiento de la producción de mercancías, el consumismo y la expansión incontrolada de la tecnología, sino con la calidad de vida de las personas, la reducción de la pobreza y el respeto a la naturaleza.

Aunando magistralmente con su prolífica pluma literatura y pensamiento económico, Sampedro nos legó entre su rica obra Un sitio para vivir (1955), una obra de teatro en la que el progreso social es imperfecto si no se tiene en cuenta la preservación de la naturaleza y el bienestar de los animales.

La acción de Un sitio para vivir transcurre en Isla Bonita, una supuesta colonia británica de las Antillas, donde “la vida es fácil y se goza sin prisa”. En la escena I se encuentran Mama Luana, la dueña de la única fonda de la Isla; su hija Nena y Augustus Farrell, un experto en Ingeniería Zootécnica destinado por la Administración colonial a Isla Bonita para dirigir una estación aclimatadora de cerdos.

Los tres personajes mantienen un sugerente diálogo sobre la idea de progreso y su relación con el bienestar de los animales.

FARRELL. ¡Conteste! ¿Cómo cría a sus cerdos tan lozanos, mientras que mis seis parejas se me murieron en menos de cuatro meses? ¿Cómo consigue lo que no logra la Estación Aclimatadora en Isla Bonita, Antillas Orientales?

NENA. (Sirviéndole un vaso.) Vaya, beba un trago, señor Farrell.

FARRELL. ¡Basta de tragos! ¡Quiero saber! Diga, ¿cómo organiza usted la crianza?

MAMA LUANA. ¡Organizar! ¡Bah!

FARRELL. Yo tengo rascaderos impregnados con desinfectantes, piensos científicos supervitaminizados, un patio cubierto con toldos durante las horas de excesiva radiación solar… Pero los cerdos se mueren, mama Luana. Uno tras otro, hasta el último… ¡Dígame el secreto!

MAMA LUANA. ¡Si no hay secreto! Abro el corral por la mañana y los animalitos se van al bosque. Al oscurecer vuelven, gruñen en la puerta, les abro y cierro. Y hasta el día siguiente.

FARRELL. ¡Siempre el mismo cuento!

NENA. Es la verdad, señor Farrell.

Para leer más:

Sampedro, José Luis: Un sitio para vivir. Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2024.

Las dos caras del progreso: una cita con José Luis Sampedro

La noción de progreso, al igual que otras como la de desarrollo, es susceptible de tener diversas significaciones. Sin embargo, en el ámbito económico ha predominado hasta nuestros días la visión técnica y material del progreso en detrimento de su acepción más humanista.

Como se expresa en unas líneas del escritor y economista español José Luis Sampedro (1917-2013), que quedaron recogidas en la obra Diccionario Sampedro, según tomemos el camino del avance técnico o el del perfeccionamiento humano, la evaluación que podamos hacer del progreso alcanzado por nuestra sociedad será bien diferente.

«Preguntémonos, para empezar: ¿De qué progreso hablamos? ¿Del de la persona o el de las cosas? Si consideramos este último, con la extraordinaria multiplicación de objetos nuevos y de sus aplicaciones, mediante el avance técnico, no cabe duda de que tendremos una visión positiva del progreso. Pero si pensamos en el perfeccionamiento interior de los seres humanos, nuestro juicio será mucho menos favorable».

Para leer más:

Lucas, O. (Ed.): Diccionario Sampedro. Debate Editorial, Madrid, 2016.

La economía humanista de La isla de Aldous Huxley

En 2022 se cumplen noventa años desde que Aldous Huxley (1894-1963) sorprendió a los lectores con su obra Un mundo feliz (1932), una novela, en muchos aspectos profética, que nos advierte de los peligros del devenir de nuestra civilización abocada a la excesiva tecnificación y la desnaturalización del ser humano. Y se celebra también que hace sesenta años Huxley publicó otra gran creación literaria, La isla (1962), que nace como perfecto contrapunto de aquella popular obra. 

En La isla Aldous Huxley nos plantea la realidad utópica del pequeño Estado insular donde sus habitantes encuentran la felicidad porque priorizan el amor a la vida.

La imaginaria isla asiática de Pala es conocida por su abundancia de yacimientos de petróleo, lo que la hace muy atractiva para las grandes compañías petrolíferas. Sin embargo, el Estado de Pala se resiste a la explotación extranjera de sus recursos, defendiendo otro modelo de desarrollo. De todo ello es testigo excepcional Will Farnaby, el protagonista principal de la obra, que logra llegar hasta Pala, “la isla prohibida, el lugar que ningún periodista había visitado nunca”.

A diferencia del mundo occidental, en Pala se ha optado por una economía humanista. A continuación, se exponen algunos de sus rasgos principales, propuestos por la mente reflexiva de Huxley a través de las palabras de los personajes que aparecen en la novela:

  • Eficiencia versus satisfacciones humanas

En la economía de Pala el objetivo prioritario no es perseguir la máxima eficiencia sino procurar la satisfacción de las necesidades de los seres humanos.

“…hemos preferido siempre adaptar nuestra economía y tecnología a los seres humanos, no nuestros seres humanos a la economía y tecnología de otros. Importamos lo que no podemos fabricar; pero fabricamos e importamos sólo lo que podemos permitirnos. Y lo que podemos permitirnos está limitado, no sólo por las libras, marcos y dólares que poseemos, sino también, y principalmente… principalmente -insistió- por nuestro deseo de ser felices, nuestra ambición de ser humanos”.

“…en Pala la máxima eficiencia no es el imperativo categórico que representa para ustedes. Ustedes piensan primero en obtener la producción más grande posible en el menor tiempo posible. Nosotros pensamos primero en los seres humanos y en sus satisfacciones (…) Si se trata de elegir entre la eficiencia mecánica y la satisfacción humana, elegimos la satisfacción”.

  • Distribución

En la isla de Pala se persigue frenar el aumento de las desigualdades entre las personas.

“Luego está nuestro sistema económico: no permite que nadie se vuelva más de cuatro o cinco veces más rico que el común de la gente. Eso significa que no tenemos capitanes de industria ni omnipotentes financieros. Más aún, no tenemos omnipotentes políticos o burócratas. Pala es una federación de unidades autónomas, de unidades geográficas, de unidades profesionales, de unidades económicas… de modo que hay espacio de sobra para la iniciativa en pequeña escala y para los dirigentes democráticos, pero no lo hay para dictador alguno al frente de un gobierno centralizado”.

  • Cooperativismo

La economía de Pala se distingue del capitalismo y del socialismo de Estado por su cooperativismo.

“En general hay cooperativismo. La agricultura palanesa ha sido siempre un asunto de terraplenado e irrigación. Pero el terraplenado y la irrigación exigieron esfuerzos conjuntos y los acuerdos amistosos. La competencia agresiva no es compatible con el cultivo del arroz en un país montañoso. A nuestro pueblo le resultó muy sencillo pasar de la ayuda mutua en una comunidad de aldea a las más modernas técnicas cooperativas de compra, venta, distribución de las ganancias y financiación”.

  • Trabajo

Frente a la excesiva especialización del trabajador y la idea de un trabajo para toda la vida en Pala se procura que las personas ejerzan diversos oficios. Ello les proporciona mayor autonomía, libertad y conocimiento pleno.

“-Hace veinte años -dijo el doctor Robert- trabajé un tiempo en la fundición de cobre. Después de lo cual probé el sabor del mar en un barco pesquero. Conocer todo tipo de trabajo: eso forma parte de la educación de todos nosotros. De esa manera se aprenden muchísimas cosas… sobre los trabajos, las organizaciones, sobre todo tipo de personas y de su manera de pensar”.

  • Sostenibilidad

La isla de Pala sienta las bases para lograr una economía sostenible, evitando la sobrepoblación y el sobreconsumo.

“Para empezar, jamás nos permitimos producir más hijos de los que podríamos alimentar, vestir, alojar y educar para convertirlos en algo que tuviera relación con la plena humanidad. Como no estamos sobrepoblados, tenemos abundancia. Pero aunque tenemos abundancia, hemos conseguido resistir a la tentación a que sucumbió Occidente: la tentación del sobreconsumo. No enfermamos de la coronaria tragando seis veces más grasas saturadas de las que necesitamos. No nos hipnotizamos hasta el punto de creer que dos receptores de televisión nos harán dos veces más dichosos que uno solo. Y por último no gastamos una cuarta parte de la producción nacional bruta para prepararnos para la tercera guerra mundial, ni para la hermanita de la guerra mundial, la guerra local número tres mil doscientos treinta y tres. Armamentos, deuda universal y obsolescencia planificada: ésos son los tres pilares de la prosperidad de Occidente. Si se suprimiese la guerra, la miseria y los usureros, ustedes se derrumbarían”.

  • Ecología

La importancia de la ecología se difunde en Pala desde los primeros años de la educación. Al mismo tiempo que se enseña a los niños a multiplicar y dividir se les imparte lecciones de ecología.

“Nunca le damos a un niño la posibilidad de imaginar que alguna cosa existe aislada. Le aclaramos desde el principio que todo lo viviente es relación. Le mostramos la relación en los bosques, en los campos, en los estanques y arroyos, en la aldea y en el campo que le rodea. Se la inculcamos”.

“En la naturaleza no existen pueblos elegidos ni tierras santas, ni revelaciones históricas únicas. La moral de la conservación no concede a nadie una excusa para sentirse superior ni para reclamar privilegios especiales. ‘No hagas a tu prójimo lo que no quieras que te hagan’ rige para nuestra forma de tratar todo tipo de vida en todas partes del mundo. Se nos permitirá vivir en este planeta sólo mientras tratemos a toda la naturaleza con compasión e inteligencia”.

  • Una sociedad más humana

En suma la economía de Pala está orientada a un estilo de vida y desarrollo que, sin ambiciones quiméricas, se mantenga enfocado en el firme propósito de que las personas vivan de forma armónica entre sí y con los demás seres vivientes, al tiempo que no pierdan su conciencia plena de humanos.

“…no nos hacen falta industrias pesadas que resulten más competitivas, ni armamentos más diabólicos, ni tenemos el menor deseo de explorar la cara visible de la luna. Sólo la modesta ambición de vivir como seres plenamente humanos, en armonía con el resto de la vida de esta isla, en esta latitud, en este planeta”.

Para leer más:

Huxley, A.: La isla. Edhasa, Barcelona, 2009.