Azorín y la felicidad de los artrópodos

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El escritor español José Martínez Ruiz, más conocido por Azorín (1873-1967), con su célebre obra La voluntadexpresó, a través de sus personajes, pensamientos, diálogos filosóficos, reflexiones políticas y sociales, emociones e impresiones poéticas… Entre este compendio de sensaciones, la naturaleza también tiene cabida.

La escena transcurre durante una calurosa tarde de verano antes de que se alcance el crepúsculo. El maestro Yuste y su alumno Azorín se encuentran sentados al borde de una balsa. Tras haber estado observando atentamente los ascensos y descensos de un coleóptero por las ramas de una de las matas junto a la balsa, Yuste le comenta a Azorín:

«-Decididamente, querido Azorín -ha dicho el maestro-, yo creo que los insectos, es decir, los artrópodos en general, son los seres más felices de la tierra. Ellos deben de creer, y con razón, que la tierra se ha fabricado para ellos. Ellos pueden gozar plenamente de la Naturaleza, cosa que no le pasa al hombre. Fíjate en que los insectos tienen vista múltiple, es decir, que no necesitan moverse para estar contemplando el paisaje en todas sus direcciones…; gozan de lo que podríamos llamar el paisaje integral. Además, hay insectos, como los díctidos, que nadan, vuelan y andan. ¡Qué placer dominar en estos tres elementos!… Ahí tienes en esa balsa esos seres, o sea los girinos, que están jovialmente patinando, corriendo sobre la superficie, trazando círculos, yendo, viniendo… ¿Puede darse una vida más feliz? ¡El mundo es de ellos! ¿Y cómo no han de creerlo así? Existen sobre un millón de especies de artrópodos, número enorme comparado con el de los vertebrados… ¿Cómo no han de estar convencidos de que la tierra se ha hecho para ellos?… ¡Yo los admiro!… Yo admiro las ambarinas escolopendras, buscadoras de la oscuridad; las arañas tejedoras, tan despiadadas, tan nietzscheanas; las libélulas, aristocráticas y volubles; los dorados cetonios que semejan voladoras piedras centelleantes; los anobios que corcan la madera y nos desazonan y nos desazonan por las noches, en las solitarias cámaras, con su cric-crac misterioso; los grillos poemáticos, cantores eternos en las augustas noches de verano… A todos, a todos yo los amo; yo los creo felices, sabios, dueños de la Naturaleza, gozadores de un inefable antropocentrismo… ¡Ellos son más dichosos que el hombre!»

Para leer más:

Azorín (1902): La voluntad.

 

Una cita sobre riqueza y naturaleza en la obra de Confucio

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Templo de Confucio. Suzhou, China

El filósofo y pensador chino Confucio (551-479 a.C.) se inspira en la naturaleza para expresar su idea de riqueza y felicidad con estas palabras:

«Quien busca alimentos crudos para comer, agua para beber y un brazo doblado como almohada encontrará felicidad sin buscarla. Cualquier idea de aceptar la riqueza y la posición por medios que están equivocados resulta tan lejana para mí como las nubes que se desplazan en el cielo».

 

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Confucio. Suzhou, China

Para leer más:

Confucio: Analectas.

La idea de desarrollo en la obra de Thomas R. Malthus

Con Thomas Robert Malthus (1766-1834) aparecen dos importantes obras en el seno de la escuela clásica: Ensayo sobre el principio de la población (1798) y Principios de Economía Política (1820).

En su Ensayo, la preocupación principal de Malthus es el «mejoramiento de la sociedad», por lo que investiga sobre «las causas que han impedido hasta ahora la evolución de la humanidad hacia la felicidad» para intentar suprimirlas total o parcialmente. Entre las muy diversas causas posibles, la investigación de este economista clásico se circunscribe en la citada obra a «la tendencia de toda vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los recursos disponibles para su subsistencia».

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En su empeño por demostrar que una de las causas principales que impiden el logro de la felicidad es el desmesurado crecimiento demográfico -que se produce de forma geométrica- frente al aumento tan sólo aritmético de la disponibilidad de alimentos en la sociedad, deja claro en su discurso que la felicidad humana está estrechamente vinculada a la posesión de bienes materiales y el acceso a ciertos servicios:

«… se ha necesitado una larga y penosa experiencia para llegar a determinar la conducta más favorable para la felicidad humana. La clase de alimento, y la manera de prepararlo más adecuada para los fines de la nutrición y para la satisfacción del paladar; el tratamiento y los remedios para diferentes enfermedades; los efectos perniciosos para la constitución humana de los terrenos bajos y pantanosos; la invención de los vestidos más convenientes y cómodos; la construcción de buenas casas: todas las ventajas de los placeres más extendidos que caracterizan a la vida civilizada no se señalaron inmediatamente a la atención del hombre, sino que fueron el lento resultado de la experiencia y de las advertencias recibidas por los repetidos fracasos».

Asimismo, Malthus fue partidario de fomentar dos medidas que permitirían el «mejoramiento de la sociedad» y, por tanto, la felicidad humana. En primer lugar, consideró beneficioso aumentar la proporción de la clase media en la sociedad y procurar una mayor difusión de los bienes de carácter superior (manufacturas de lujo) entre la gran masa del pueblo, si bien estuvo a favor de la supresión de las leyes de beneficencia. En segundo lugar, Malthus afirmó que la buena educación del pueblo reportará ventajas para el conjunto de la sociedad.

Con posterioridad, Malthus, en su obra Principios de Economía Política, investiga las causas que influyen en la creación de riqueza de las naciones. Este autor es consciente de que el concepto de riqueza -equivalente al de bienestar hoy- es escurridizo y que en su sentido amplio estaría compuesto por bienes materiales y bienes inmateriales (servicios profesionales, educación, cualidades morales e intelectuales, satisfacciones del ocio -arte, viajes, conversaciones agradables-) de difícil valoración económica. Sin embargo, si se desea que la Economía Política -escribe Malthus- sea una ciencia positiva ha de abarcar sólo aquellos objetos cuyo aumento o disminución puede calcularse. De esta forma concluye con su propia definición de riqueza:

«los objetos materiales, necesarios, útiles o agradables al hombre, que los individuos o naciones se apropian voluntariamente».

Entre las causas más directas que pueden favorecer la creación y el crecimiento de la riqueza de un país, Malthus afirma que están el ahorro para la acumulación de capital, la fertilidad de la tierra y los inventos que ahorran trabajo.

Para más información: 

Thomas Robert Malthus (1798): Ensayo sobre el principio de la población.

Thomas Robert Malthus (1820): Principios de Economía Política.