Siete respuestas a la situación del medio ambiente en Europa (2020)

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Como expresa la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) en su informe El medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2020, Europa ha logrado avances significativos durante las dos últimas décadas en el ámbito medioambiental. Sin embargo, nos advierte de que la UE no alcanzará un futuro próspero y sostenible dentro de los límites ecológicos del planeta si continúa con sus mismas tendencias medioambientales y económicas. Son múltiples los desafíos que los europeos tienen por delante en materia de medio ambiente y sostenibilidad, entre ellos, la contaminación atmosférica, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, que están vinculados intrínsecamente a las actividades económicas y los estilos de vida .

Ante los retos medioambientales en Europa el informe de AEMA identifica siete ámbitos importantes en los que es necesario que la política europea actúe a partir de ahora para facilitar durante los próximos diez años la transición hacia una economía hipocarbónica:

1. Aplicar al máximo todo el potencial de las políticas medioambientales vigentes.

Europa adolece de carencias en la aplicación de su política medioambiental. No ha conseguido aplicar en su totalidad su legislación vigente, lo que está suponiendo un coste estimado para la sociedad de 30-80 de euros billones al año. Es necesario fortalecer la aplicación de la política medioambiental europea vigente, mediante el aumento de la financiación, haciendo partícipes de la misma a empresas y ciudadanos, y mejorando la coordinación de las autoridades nacionales, regionales y locales.

Según AEMA es esencial una mejor integración de los objetivos medioambientales en todas las políticas sectoriales. Así, por ejemplo, en el sector agrícola, la integración de la variable ambiental en la Política Agrícola Común (PAC) ha dado frutos limitados, puesto que no ha evitado la pérdida continua de biodiversidad y la degradación medioambiental.

Desde un punto de vista más global, la integración de los objetivos medioambientales en la toma de decisiones económicas debiera plasmarse en el uso de una contabilidad ambiental y económica integrada y de indicadores de progreso social que van más allá del Producto Interior Bruto.

Finalmente, otro aspecto relacionado con la aplicación de las políticas es la necesidad de mejorar su coherencia para lograr mayores avances. Por ejemplo, tenemos unos objetivos ambiciosos en materia de energía limpia y cambio climático, pero, sin embargo, persisten aún importantes subsidios a la energía basada en combustibles fósiles.

2. Convertir la sostenibilidad en eje clave de todas las políticas.

El enfoque de marcos de políticas de largo plazo sistémicas permite la coherencia en el objetivo de la sostenibilidad para el conjunto de la economía. Tal enfoque se ha aplicado en sistemas clave como energía y movilidad, o en herramientas como las estrategias para una economía circular y baja en carbono. Este enfoque habría que extenderlo a otros sistemas como el de alimentación, productos químicos y usos del suelo.

3. Liderar la acción internacional hacia la sostenibilidad.

Los problemas medioambientales y de sostenibilidad globales necesitan respuestas globales, como ha quedado de manifiesto, por ejemplo, con los esfuerzos internacionales que han sido necesarios para alcanzar el Acuerdo de París sobre cambio climático.

Antes los retos medioambientales globales, la Unión Europea, gracias a su influencia económica y diplomática, puede desempeñar un papel de liderazgo a la hora de ponerlos en lo alto de la agenda internacional para hacerlos frente. Así, por ejemplo, la plena aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en la UE y el apoyo activo para su implementación en otras regiones pueden ser esenciales para propulsar transiciones de sostenibilidad a nivel internacional que, al mismo tiempo, se traducirán en resultados positivos para la propia UE.

4. Fomentar la innovación en el conjunto de la sociedad.

La transición hacia la sostenibilidad sigue requiriendo la aplicación de las políticas medioambientales y de acciones que fomenten la innovación, por ejemplo, mediante incentivos que fomenten las inversiones sostenibles. Pero, además, desde un enfoque sistémico la innovación requiere que las contribuciones desde los distintos ámbitos de la política (I+D, industria y otros sectores, educación, bienestar, comercio, empleo) sean coherentes.

Es también fundamental fomentar la innovación en los distintos sectores de la sociedad, para facilitar el surgimiento de nuevas formas de pensar y de vivir, más sostenibles. Se ha de estimular la creación de entornos adecuados para que administraciones públicas, emprendedores, investigadores y empresas propicien formas sostenibles de producir y consumir. Es necesario que la innovación favorezca nuevas prácticas sociales, tecnologías, modelos de negocio y soluciones basadas en la naturaleza que favorezcan la transición hacia la sostenibilidad.

5. Aumentar las inversiones y reorientar la financiación hacia la sostenibilidad.

Para AEMA es urgente priorizar y redigirir las inversiones hacia la sostenibilidad. Ciertamente la transición hacia una economía europea sostenible exige cuantiosas inversiones. Sin embargo, las ganancias para los europeos son también grandes, si tomamos en cuenta la degradación evitada a la naturaleza y la sociedad, así como las oportunidades económicas y sociales que se crean.

Se estima que la modernización y descarbonización de la economía de la UE requiere una inversión adicional en el sistema energético e infraestructura vinculada que alcanza los 175 a 290 billones de euros cada año. Esto, no obstante, conllevaría importantes beneficios para la salud, por ejemplo, reduciendo los problemas de salud relacionados con las partículas finas que se estiman en alrededor de 200.000 millones de euros al año. Asimismo, se calcula que la reducción de las importaciones de combustibles fósiles sea de 2-3 billones de euros en el periodo 2031-2050. El cambio de modelo energético hacia otro basado en fuentes renovables abre también nuevas oportunidades para los países europeos en los mercados mundiales de energía limpia.

Son diversos los instrumentos, y en distintos ámbitos, que pueden emplear las administraciones públicas para reorientar la inversión privada en la senda de la sostenibilidad: vivienda, contratación, sector financiero, infraestructuras verdes, impuestos y subsidios medioambientales, etc.

6. Gestionar los riesgos y garantizar una transición socialmente justa.

Los procesos de transición nunca son ciertos y con frecuencia producen consecuencias imprevistas y no deseadas. Por eso para el éxito de la transición hacia la sostenibilidad es necesario que las sociedades reconozcan la existencia de riegos y oportunidades, y sean capaces de fijar vías para gestionarlos.

Las políticas nacionales y comunitarias han de desempeñar un papel esencial para asegurar “transiciones socialmente justas” que garanticen que empresas, trabajadores y regiones afectadas negativamente por la transición hacia la sostenibilidad encuentren las respuestas adecuadas para que nadie quede atrás, para que los beneficios y los costes sean compartidos de forma justa en toda la sociedad.

7. Crear nuevos conocimientos vinculados con la acción hacia la sostenibilidad.

La transición hacia la sostenibilidad conlleva la toma continúa de decisiones políticas que, para que tengan buenos resultados, ha de basarse en el conocimiento completo de una realidad compleja y en acelerado cambio. Se hace necesario profundizar cada vez más en la comprensión de los sistemas que originan las presiones medioambientales y, al mismo tiempo, generar nuevos conocimientos que faciliten soluciones de sostenibilidad.

Por eso han de explorarse nuevas vías de conocimiento vinculadas con la acción hacia la sostenibilidad: aprovechar las principales oportunidades que ofrece la digitalización para la producción de conocimiento y la comunicación; potenciar los enfoques anticipadores y transdisciplinares para comprender la realidad; considerar el conocimiento basado en la práctica; desarrollar nuevas capacidades, competencias y estructuras institucionales, y fomentar la innovación social, por ejemplo para involucrar a las partes interesadas.

Para más información:

The European environment -state and outlook 2020

AEMA: El medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2020 (Resumen ejecutivo).

La situación del medio ambiente en Europa (2020)

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La visión general de la Unión Europea es Vivir bien, respetando los límites ecológicos del planeta, como quedó expresado en el Séptimo Programa de Acción en materia de Medio Ambiente, adoptado en 2013. Cabe preguntarse, por tanto, en materia medioambiental si la situación actual en la UE es coherente con esa visión.

El informe que elabora cada cinco años la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) constituye la evaluación más completa que existe sobre la situación del medio ambiente en Europa. Por eso resultan especialmente importantes las conclusiones reunidas en su último informe El medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2020. Además de aportarnos una información exhaustiva y actualizada sobre la situación medioambiental de Europa en sus múltiples ámbitos (biodiversidad, agua, suelo, cambio climático, contaminación, residuos, etc.), este informe de evaluación nos permite conocer el grado de cumplimiento que está alcanzando la Unión Europea respecto a sus objetivos medioambientales para 2020 y 2030, con las vistas puestas en una economía sostenible e hipocarbónica para 2050.

En el ámbito medioambiental, como en muchos otros, la situación de Europa no es ajena a la situación que atraviesa el mundo. Nos hallamos, hoy por hoy, en un planeta donde el 75% del medio ambiente terrestre y el 40% del marino se encuentran gravemente alterados, según AEMA. Además, el cambio climático, procedente de las actividades humanas que producen emisiones de gases de efecto invernadero, es una seria amenaza para la vida. Los datos científicos nos alertan de que la sexta extinción masiva de biodiversidad ya está en curso.

Ante esta situación global, Europa no puede abstraerse, porque contribuye a ella más que muchas zonas de otros continentes. Como es conocido, sus sistemas de producción y consumo dependen en buena medida de recursos extraídos o utilizados en otras partes del mundo.

Los retos medioambientales en Europa

El informe de 2020 de AEMA subraya que Europa ha logrado avances significativos durante las dos últimas décadas. Así, destaca, por ejemplo, las reducciones registradas por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), los progresos logrados en la lucha contra la contaminación del agua y del aire y la introducción de políticas de reducción del plástico y de fomento de la economía circular.

Sin embargo, a pesar de los logros conseguidos, AEMA nos advierte de que Europa no alcanzará un futuro próspero y sostenible dentro de los límites ecológicos del planeta si continúa con sus mismas tendencias medioambientales y económicas. En realidad, la situación del medio ambiente no ha mejorado desde el anterior informe de 2015 sino que ha empeorado.

A modo de síntesis se presentan a continuación los principales rasgos y retos medioambientales que definen la situación actual del medio ambiente en Europa:

  • La contaminación atmosférica continúa afectando a la biodiversidad y los ecosistemas.
  • Persisten niveles excesivos de nitrógeno que afectan al 62% de la superficie de los ecosistemas de Europa.
  • Siguen muy presentes los efectos del cambio climático en la biodiversidad y los ecosistemas.
  • La agricultura, la pesca, el transporte y la producción de energía siguen causando pérdida de biodiversidad, extracción de recursos y emisiones nocivas.
  • No se está en vías de cumplir con el objetivo global de detener la pérdida de biodiversidad para 2020.
  • Es probable que no se alcance el objetivo de un estado ecológico adecuado para todas las masas de agua para 2020.
  • La mayoría de los objetivos fijados para 2020 no se van a alcanzar, especialmente en materia de biodiversidad, si bien todavía existe una oportunidad de lograr las metas a largo plazo para 2030 y 2050.
  • La fragmentación del paisaje sigue aumentando, perjudicando a los hábitats y a la biodiversidad.
  • El ritmo de los avances se ha frenado en ámbitos como los de emisiones de GEI, emisiones industriales, generación de residuos, eficiencia energética y cuota de energías renovables.
  • Se vuelve difícil el cumplimiento de los objetivos de eficiencia energética fijados para 2020.
  • El ritmo de progreso actual no será suficiente para cumplir los objetivos climáticos y energéticos para 2030 y 2050.
  • Han aumentado las emisiones nocivas procedentes del transporte y la agricultura.
  • La producción y el consumo de productos químicos peligrosos se han mantenido estables.
  • No se ha logrado una integración medioambiental que aborde las presiones medioambientales de los sectores económicos.
  • No se ha avanzado en la protección a los europeos de los riesgos medioambientales para la salud y el bienestar, como la contaminación atmosférica y el ruido.
  • La exposición a partículas finas es responsable de unas 400.000 muertes prematuras al año en Europa.

Ante esta preocupante situación, con su informe de 2020, AEMA insta a países, dirigentes y responsables políticos europeos a ampliar y acelerar radicalmente las políticas y acciones con el fin de evitar daños irreversibles.

El mensaje es claro: la trayectoria del medio ambiente y el clima es insostenible, y está vinculada al sistema actual de producción y consumo. Éste debe ser modificado cuanto antes porque se nos está acabando el tiempo para dar respuestas adecuadas que consigan invertir la tendencia.

“Quizá el factor más importante que subyace a los desafíos persistentes de Europa en materia de medio ambiente y sostenibilidad es que están vinculados intrínsecamente a las actividades económicas y los estilos de vida, en particular a los sistemas sociales que proporcionan a los europeos necesidades tales como la alimentación, la energía y la movilidad”.

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AEMA: El medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2020 (Resumen ejecutivo).

Para más información:

The European environment -state and outlook 2020

AEMA: El medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2020 (Resumen ejecutivo).

El gasto en protección medioambiental en España

Doñana Sur_2013.06.21

La protección del medio ambiente se ha convertido durante los últimos años en una preocupación creciente de la sociedad. Para garantizar la calidad y perdurabilidad de los ecosistemas y las especies se requieren políticas de prevención y cambios profundos en los modos de producción, consumo y distribución.

Poner en práctica todas las medidas que permitan preservar la calidad de nuestro medio ambiente implica responder con medios económicos suficientes que lo hagan posible. Pero ¿cuánto se gastan los países en la protección medioambiental?

En España, de acuerdo con los últimos datos del año 2018, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto total en protección medioambiental asciende a 18.729 millones de euros. Este gasto ha sido sufragado, con diferente proporción, por los siguientes sectores institucionales: el 47,3% por las Sociedades, el 35,2% por las Administraciones Públicas (e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares) y el 17,5% restante por los Hogares.

En 2018 el gasto en protección medioambiental se destinó a cinco grandes ámbitos de protección. En primer lugar, el 61,8% del gasto se concentró para financiar la gestión de residuos. Seguidamente, y a distancia, la gestión de aguas residuales recibió el 19,3% del gasto medioambiental.

Por lo tanto, en España ocho de cada diez euros del gasto destinado a la protección del medio ambiente se dedican a financiar la gestión de los residuos y las aguas residuales que generan las actividades de empresas, hogares y Administraciones Públicas. El 18,9% restante del gasto en protección medioambiental fue para un conjunto variado de ámbitos.

Como puede observarse en el siguiente Cuadro, el ámbito de protección del aire y del clima, protección y descontaminación de suelos, disminución de ruidos, etc. recibe el 7,1% del gasto medioambiental, y la I+D sobre medio ambiente se financia con el 6,5%.

En último lugar se encuentra el gasto en protección de la biodiversidad y el paisaje, que se cuantifica en 1.005 millones, esto es, el 5,4% del gasto medioambiental total.

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Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2010-2018, según los datos disponibles publicados por el INE, se constata que en España el gasto en protección medioambiental ha pasado de 18.639 a 18.729 millones de euros, es decir, se ha incrementado apenas un 0,5%.

G_Gasto 2010-2018

La irrupción de la crisis económica en 2008, que devino en Gran Recesión en los años posteriores, ha repercutido de forma palpable sobre las políticas medioambientales, al ver mermados sus recursos de financiación. El gasto medioambiental en España tocó fondo en el año 2014 cuando se cifró en 16.281 millones de euros, es decir, un 12,6% menos que en 2010. A partir de 2015 el gasto sigue una senda de recuperación hasta situarse, como apuntamos, algo por encima del nivel, en euros, registrado en el año 2010.

El gasto en protección medioambiental, si bien se ha recuperado respecto al año 2010 en niveles (euros corrientes, sin descontar la inflación), no ha sido así en términos relativos, esto es, en comparación con la evolución de la economía.

Si tomamos como ratio el porcentaje de gasto medioambiental sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado, vemos que se ha reducido desde el 1,74% de 2010 hasta el 1,56% de 2018. Es decir, la producción de bienes y servicios de la economía española se ha incrementado en mayor medida (o se ha reducido en menor medida, en los años de recesión) que lo ha hecho el gasto destinado a la protección del medio ambiente.

G_Gasto s. PIB_ 2010-2018

En este caso, la evolución que toma dicha ratio parece apuntar que aún persiste una importante brecha respecto al año 2010 para que las políticas y acciones de protección medioambiental recuperen siquiera la importancia que tenían en el pasado. Para ello su financiación no debería desacoplarse de los acuciantes problemas medioambientales que preocupan a la sociedad y ponen en riesgo la perdurabilidad de los ecosistemas y especies de la geografía española.

Para más información:

INE: Cuentas Medioambientales.

Los 16 principios de la Carta de la Tierra: asignatura pendiente

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Han transcurrido dos décadas desde que en marzo de 2000 fuera aprobada en la sede de la UNESCO en París la Carta de la Tierra. Es un documento, tan imprescindible como poco conocido, que está lleno de principios orientadores para la vida en armonía dentro de nuestro hogar común, el planeta Tierra.

En su preámbulo la Carta de la Tierra proclama que vivimos en un mundo cada vez más interdependiente y frágil, lo que comporta grandes riesgos y promesas. Nos recuerda, asimismo, que somos una sola familia humana con un destino común. Tenemos el deber de “unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura en paz”.

El contenido de la Carta de la Tierra abarca cuatro ámbitos de actuación: I) respeto y cuidado de la comunidad de la vida, II) integridad ecológica, III) justicia social y económica y IV) democracia, no violencia y paz. Estos cuatro ámbitos se desarrollan a través de la defensa de 16 principios básicos, que son los siguientes:

I. Respeto y cuidado de la comunidad de la vida

1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.

2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.

3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.

4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.

II. Integridad ecológica

5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.

6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y, cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.

7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.

8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.

III. Justicia social y económica

9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.

10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.

11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.

12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.

IV. Democracia, no violencia y paz

13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.

14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.

15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.

16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.

En suma, la Carta de la Tierra es un llamamiento a la transformación de la sociedad para hacerla más justa, pacífica y sostenible.

Para leer más:

Carta de la Tierra

Evaluando los objetivos en consumo de energías renovables en la UE (2018)

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El consumo final de energía en la UE-27 (sin Reino Unido) ascendió a 989,5 millones de toneladas equivalentes de petróleo en 2018, una cantidad que con una participación del 18,9% provino de fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidráulica, maremotriz, geotérmica, biomasa…).

Desde una perspectiva temporal, la participación de las energías renovables en el consumo final energético ha aumentado de forma continuada durante los últimos quince años y se mantiene en la senda de cumplir con el objetivo establecido en la Estrategia Europa 2020: el 20% del consumo final de energía total ha de provenir en el año 2020 de fuentes renovables. Para el año 2030 la UE ha acordado ampliar de dicho objetivo hasta al menos el 32%.

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En un análisis por países, se observan diferentes resultados, según los últimos datos publicados por Eurostat.

En 2018 Suecia, con el 54,6%, es el país con el mayor porcentaje de energía de fuentes renovables en su consumo final bruto de energía. Le siguen, a cierta distancia, los mayores porcentajes de Finlandia (41,2%), Letonia (40,3%), Dinamarca (36,1%), Austria (33,4%), Portugal (30,3%) y Estonia (30,0%).

Por el contrario, las menores participaciones de energías renovables sobre el consumo energético final se registraron en Países Bajos (7,4%), Malta (8,0%), Luxemburgo (9,1%), Bélgica (9,4%), Irlanda (11,1%), Polonia (11,3%) y Eslovaquia (11,9%).

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Si bien el objetivo del 20% para el año 2020 se ha establecido para el conjunto de la UE, cada país ha de cumplir un objetivo individualizado, que varía entre el 49% de Suecia y el 10% establecido para Malta.

Doce de los 27 países de la UE (sin Reino Unido) ya han cumplido en 2018 con sus objetivos individualizados para 2020 de participación de energías renovables en su consumo energético final, destacando Croacia (con 8 p.p. más que su objetivo), Dinamarca (6,1 p.p. más), Suecia (5,6 p.p. más), Estonia (5,0 p.p.), Bulgaria (4,5 p.p.) y Finlandia (3,2 p.p.).

En el otro extremo, quince países han de seguir haciendo esfuerzos para cumplir con sus compromisos de consumo de energías renovables. Los países más rezagados respecto a sus objetivos para 2020 son Países Bajos (6,6 p.p menos que su objetivo), Francia (6,4 p.p. menos), Irlanda (4,9 p.p. menos) y Eslovenia (3,9 p.p.).

Entre 2004 y 2018 la participación de la energía de fuentes renovables en el consumo final de energía se ha incrementado en todos los países. Los mayores avances se han dado en Dinamarca (21,3 puntos porcentuales más), Suecia (16,0 p.p.) y Finlandia (11,2 p.p).

Para más información:

Eurostat

El desarrollo humano en los países del mundo

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Trondheim, Noruega.

Como alternativa al comúnmente utilizado indicador de Producto Interior Bruto per cápita, el enfoque del desarrollo humano nos da una aproximación más completa del verdadero desarrollo de los países.

El nivel de desarrollo de un país o región está condicionado no sólo por los ingresos de sus habitantes sino también por ámbitos tan importantes para el ser humano como la salud y la educación.

En esencia, el desarrollo humano lo conforman tres dimensiones básicas que son susceptibles de ser evaluadas a través de indicadores:

  1. Salud. Se toma como indicador para su evaluación la Esperanza de vida al nacer.
  2. Educación. Se evalúa a través de dos indicadores: Años de escolaridad esperados y Promedio de años de escolaridad.
  3. Nivel de vida. Para evaluar los progresos respecto a un nivel de vida decente se emplea como indicador la Renta Nacional Bruta per cápita (2011 PPP $).

A partir de estos cuatro indicadores se calculan los tres índices normalizados que corresponden a las dimensiones de salud, educación y nivel de vida, y con los que, aplicando la media geométrica, se construye el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

Desde 1990 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) viene publicando su Informe sobre Desarrollo Humano en el que analiza, sobre la base de datos empíricos, el nivel de desarrollo de los países del planeta. En la edición de 2019 de dicho informe se recogen los resultados del IDH, correspondiente a 2018, para un total de 189 países del mundo.

Dentro del grupo de países con mayor Índice de Desarrollo Humano se encuentra, en primer lugar, Noruega, con una puntuación de 0,954. Se trata de un país que, a pesar de no ser el de mayor renta per cápita del mundo, ya que toma la posición sexta en la dimensión de nivel de vida, logra alcanzar, dados los buenos resultados en salud y educación, el primer puesto en desarrollo humano. Como contraste, el Estado de Catar, cuyo alto nivel de renta per cápita (110.489 dólares) lo lleva a tomar la primera posición mundial, presenta un nivel de desarrollo humano (0,848) que lo relega a la posición 41, dada su peor situación relativa en los ámbitos de educación y salud.

Tras Noruega, le siguen con mayores puntuaciones del IDH Suiza, Irlanda, Alemania, Hong Kong (China SAR), Australia, Islandia, Suecia, Singapur y Países Bajos, todos ellos con un valor del IDH superior a 0,93. Cierra el grupo de los 25 países con mayor IDH España (0,893), cuya posición en nivel de desarrollo humano (25) es superior a la que toma en renta per cápita (33).

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En el otro extremo, se encuentra Níger con el menor nivel de desarrollo humano de los 189 países del mundo para los que se ha contado con datos. El valor de su IDH (0,377) es 2,5 veces inferior al de Noruega (0,954), el país con mayor nivel de desarrollo humano. La posición de Níger en desarrollo humano (189) es similar a la que ocupa en la dimensión de nivel de vida o renta per cápita (186).

Le siguen, dentro del grupo de países con menor IDH, República Centroafricana, Chad, Sudán del Sur, Burundi, Malí, Eritrea, Burkina Faso, Sierra Leona, Mozambique y República Democrática del Congo, todos ellos del continente africano, con un valor del IDH inferior a 0,460.

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Para más información:

UNDP: Human Development Report 2019.

Las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera (2018)

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Un nuevo informe de la Organización Mundial de Meteorología (OMM) nos advierte de que los niveles de gases de efecto invernadero (GEI), causantes del calentamiento global, no paran de crecer. Según el WMO Greenhouse Bulletin de noviembre de 2019, continúa la tendencia de crecimiento a largo plazo, desde el periodo preindustrial, de la concentración en la atmósfera de los principales GEI: dióxido de carbono, metano y óxido nitroso.

Dióxido de carbono

En 2018 la concentración en la atmósfera de dióxido de carbón, el principal GEI, alcanzó un nuevo máximo: las 407,8 partes por millón (ppm). Ello supuso un incremento medio anual de 2,3 ppm, similar al registrado en 2017 y ligeramente superior al crecimiento medio de los últimos diez años (2,26 ppm).

Respecto al nivel de 278 ppm registrado en el periodo preindustrial (anterior a 1750 ), la concentración de dióxido de carbono ha experimentado un crecimiento del 147%. Las causas de esta tendencia de crecimiento continuo se encuentran principalmente en las emisiones provenientes de la explotación de combustibles fósiles y de la producción de cemento, la deforestación y el cambio de otros usos del suelo, según la OMM.

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Fuente: Organización Mundial de Meteorología.

Metano

El metano constituye el segundo gas de efecto invernadero más importante. Sus concentraciones en la atmósfera alcanzaron en 2018 las 1.869 partes por mil millones (ppb), esto es, un nuevo máximo, al igual que lo sucedido con el dióxido de carbono. Su incremento de 2018 fue superior al registrado en 2017 y al crecimiento medio anotado durante el último decenio.

Respecto a los niveles preindustriales (722 ppb), la concentración de metano en la atmósfera ha experimentado un crecimiento del 259%, debido a las mayores emisiones procedentes de fuentes antropogénicas.

Del total de metano emitido a la atmósfera el 60% procede de la acción del hombre (ganadería, cultivo de arroz, explotación de combustibles fósiles, vertederos y quema de biomasa). El 40% restante del metano emitido proviene de fuentes naturales (humedales, termitas…).

Óxido nitroso

El tercer GEI que más contribuye al calentamiento global, el óxido nitroso, alcanzó en 2018 una concentración atmosférica de 331,1 partes por mil millones, lo que supone un aumento de 1,2 ppb, que supera al observado en 2017 y al crecimiento medio registrado en el último decenio.

En comparación con el nivel preindustrial (270 ppb) la concentración de óxido nitroso en la atmósfera ha experimentado un crecimiento del 123%.

Según la OMM las emisiones de óxido nitroso proceden en un 60% de fuentes naturales y en un 40% de fuentes antropogénicas (quema de biomasa, uso de fertililzanes, procesos industriales…). Las causas probables de los incrementos observados por la concentración de óxido nitroso en la atmósfera se encuentran en una extensión del uso de fertilizantes en la agricultura y en una mayor liberación de dicho gas de los suelos debido a un exceso de deposición de nitrógeno atmosférico relacionada con la contaminación atmosférica.

Para más información:

WMO GREENHOUSE BULLETIN. Nº 15, November 2019