Una cita con Miguel Delibes: el hereje y su caballo

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El escritor español Miguel Delibes (1920-2010) nos narra en su gran obra El hereje la vida de Cipriano Salcedo, que estuvo marcada por su fecha de nacimiento, coincidente con un acontecimiento histórico: en el año 1517 Martín Lutero fija sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg, hecho que desencadenaría el cisma de la Iglesia Romana de Occidente.

En su apresurada huida rumbo a la frontera, el hereje Cipriano contó con la valiosa ayuda de su caballo Pispás. Con él pensaba hacer veinticuatro leguas y finalmente hizo veintisiete. Un día antes de abandonarlo, para evitar su completa extenuación, y hacerse con otro caballo, Salcedo y Pispás se hallaban por Quintana del Puente.

“Se desvió del camino en Quintana del Puente. Al fondo, a la izquierda, en la falda de la colina, se iniciaba la moheda y, en los bajos, un mar de cereal, todavía fresco, cabeceaba suavemente con la brisa. En algunos puntos clareaban las cebadas y, al pie del cerro, antes de alcanzar el monte, divisó una pequeña braña, fresca, de un verde tierno. El agua transparente manaba en abundancia del venero y se derramaba por el prado. Acercó a Pispás y le dejo beber hasta saciarse. El agua iba borrando las espumas blancas de sus belfos mientras su lomo dejaba de temblar. Cuando le vio satisfecho se internó con él en la espesura. Los gazapillos de las camadas de primavera correteaban alarmados en todas direcciones y desaparecían en los vivares. A media ladera, Cipriano descabalgó, quitó la silla a Pispás y lo dejó pastando libre, en el claro”.

Para leer más:

Miguel Delibes: El hereje. Austral, Barcelona, 2010.

¿Importa realmente la extinción de especies?

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Durante el diálogo que mantienen sobre la situación medioambiental del planeta Tierra, un padre le pregunta a su hijo por la importancia de la extinción de especies. El primero se llama Miguel Delibes, el reputado novelista español, académico y Premio Cervantes de Literatura; el segundo, Miguel Delibes de Castro, reconocido científico, gran conocedor de los problemas ecológicos y Premio Nacional de Medio Ambiente.

“-Pero ¿no crees que ante problemas tan graves como el calentamiento de la Tierra, la escasez de agua dulce o el agujero de ozono, la extinción de unas cuantas especies tal vez no resulte demasiado preocupante? Nuestros coetáneos pueden lamentar que desaparezcan los osos pandas, pero una vez perdidos nadie va a echarlos de menos, y en cambio sí que sufrirán en sus carnes, cada día, la sed, la violencia de los tornados o la subida del nivel de mar.

-Entenderlo así es comprensible desde una perspectiva humana, pero radicalmente equivocado. Supongamos que mientras volamos en avión a once kilómetros de altura nos anuncian que está a punto de agotarse el combustible y que se han soltado algunos remaches del aparato. Probablemente la mayoría de los pasajeros se preocupará casi exclusivamente de la primera información, pues quedarse sin queroseno en pleno vuelo parece un peligro inmediato e irreparable. Al fin y al cabo, pueden pensar, ¿qué nos importan en estos momentos dramáticos unas tuercas de más o de menos? Pero es una cuestión de plazos y de proporciones. Si las tuercas y los remaches que se sueltan son tantos que algunas piezas esenciales del aparato se caen o dejan de funcionar, llegará un momento en que la segunda amenaza será tan grave, o más, que la primera. Los animales, las plantas, los hongos y los microorganismos, todo eso que hoy se conoce con el nombre de biodiversidad, son como las tuercas y los tornillos de la maquinaria de la vida. Trillones de individuos de millones de especies, interactuando de múltiples maneras entre sí y con el soporte físico de la Tierra, hacen que las condiciones del Planeta sean favorables para la vida, de tal manera que su ausencia pone en peligro nuestra propia supervivencia. Aunque no te lo parezca, es un problema gravísimo”.

Miguel Delibes de Castro, citando al conocido científico Edward Wilson, nos recuerda que se están extinguiendo muchísimas especies, a un ritmo de 27.000 especies cada año,  lo que supone 72 diarias y 3 cada hora.

Para leer más:

Miguel Delibes y Miguel Delibes de Castro (2005): La Tierra herida. ¿Qué mundo heredarán nuestros hijos.