Una cita con el amanecer en la obra de Goethe

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La célebre obra de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), Fausto, está plena de imágenes poéticas, de cuadros literarios, que invitan a ver, sentir y pensar, como en la siguiente escena:

El doctor Fausto, tendido en un césped florido y rodeado de espíritus con graciosas formas, invoca a la naturaleza mientras nace un nuevo día.

“El pulso de mi vida late con viva frescura, saludando suavemente al etéreo amanecer; tú, tierra, también has permanecido fiel esta noche y alientas reviviendo de nuevo, a mis pies, y empiezas ya a rodearme de alegría; mueves y animas una poderosa resolución de esforzarme constantemente hacia la existencia suprema… En el fulgor del amanecer ya está abierto el mundo, el bosque resuena con vida de mil voces; valle arriba y valle abajo se extiende el roce de la niebla, pero la claridad celeste se hunde hasta lo profundo, y los troncos y ramas, con fresca vida, brotan del abismo perfumado, donde dormían sumergidos; también colores y colores se desprenden del fondo, y las flores y hojas gotean perlas temblorosas: en torno de mí se va haciendo un paraíso.

¡Miraré a lo alto! Las gigantes cumbres de las montañas anuncian ya la hora más solemne; pueden gozar muy pronto de la luz eterna, que luego se inclinará hacía nosotros. Ahora las praderas verdes e inclinadas de la ladera reciben nuevo fulgor y claridad, que poco a poco va llegando hasta abajo -¡cómo surge!-, y, con dolor ya cegado, me vuelvo y me aparto, penetrado por el deslumbramiento de mis ojos”.

Para leer más:

Johann Wolfgang von Goethe (1832): Fausto.

 

Una cita con Fausto y el sol en la obra de Goethe

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En la magistral obra de Johann Wolfgang von Goethe, mientras pasean, el doctor Fausto conversa sobre sus pesares con su alumno Wagner. Durante la caminata le expresa los sentimientos que le inspiran la naturaleza y el astro sol que todo lo ilumina:

“¡Oh, feliz quien todavía puede esperar emerger de este mar del error! Lo que no se sabe podía servir, y lo que se sabe no se puede usar. Pero no estropeemos esta hora de hermosa felicidad con tal turbación de los sentidos. ¡Observa cómo en el fulgor del sol poniente refulgen las cabañas rodeadas de verdor! El sol se aleja y cede, el día se extingue; allá se va, a estimular nueva vida. ¡Oh, si unas alas me levantaran del suelo para acercarme cada vez más a él! En el eterno resplandor del ocaso vería a mis pies el mundo quieto, encendidas las cimas, tranquilos los valles, fluir el río de plata en el brillo de la corriente. No estorbaría a mi divino caminar la áspera montaña con todos sus barrancos; ya el mar, con sus tibias ensenadas, se abre ante mis ojos admirados. Pero el dios sol parece hundirse por fin; despierta solamente la nueva turbación; me apresuro a beber su luz eterna; tras de mí el día, y detrás de mí la noche; encima de mí el cielo, y debajo de mí las olas. Un hermoso sueño, mientras el sol se deshace. ¡Ay, a las alas del espíritu no se unirán tan fácilmente otras alas del cuerpo! Pero a todos les está dado que sus sentimientos les lleven a lo alto y hacia delante, cuando, sobre nosotros, perdida en el ámbito azul, canta la alondra su canción gorjeante ensanchando sus alas, y sobre llanuras y sobre mares la grulla vuelve hacia su patria”.

Para leer más:

Johann Wolfgang von Goethe (1832): Fausto.

Una cita con la primavera en la obra de Goethe

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La célebre obra Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832),  está plena de imágenes poéticas que invitan a ver, sentir y pensar. Las invocaciones a la belleza de la naturaleza también están presentes en escenas como la siguiente:

El protagonista, Fausto, ante la puerta de la ciudad, acompañado de su ayudante Wagner, hace un canto a la naturaleza y al comienzo de la primavera.

“El río y los arroyos se han liberado del hielo por la suave y vivificadora mirada de la primavera, en el valle verdea la dicha de la esperanza; el viejo invierno, en su debilidad, se retira a las ásperas montañas. Desde allí, volando, envía solamente impotente descarga de hielo en granos a trecho sobre la llanura verdeante; pero el sol no tolera nada blanco: por todas partes bulle el crecimiento y el esfuerzo, todo se quiere animar con colores; pero le faltan flores en este territorio, y en su lugar toma gente vestida de fiesta”.

Para leer más:

Johann Wolfgang von Goethe (1832): Fausto.