La Isla de El Hierro: referente de sostenibilidad con la Central Hidroeólica

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El Hierro es una pequeña isla atlántica perteneciente al archipiélago de las Islas Canarias (España). Su superficie asciende a unos 270 kilómetros cuadrados y en ella habitan unas 11.000 personas. Desde el año 2000 es Reserva de la Biosfera.

El Cabildo Insular de El Hierro, su gobierno insular, tiene en marcha un Plan de Desarrollo Sostenible (PDS 2007-2020) para la Isla. La meta principal que fija dicho Plan es hacer de El Hierro un territorio sostenible, que compatibilice la conservación del medio ambiente con el desarrollo económico.

Entre las prioridades establecidas en el PDS se pretende alcanzar que El Hierro sea «100% energías renovables», lo que ha conllevado la puesta en marcha de un proyecto estratégico: la Central Hidroeólica, que gestiona la empresa mixta Gorona del Viento.

Con esta Central se persigue que la demanda eléctrica de la Isla sea cubierta completamente con energías renovables. Se trata de un proyecto emblemático, pionero a nivel internacional, que busca la soberanía energética mediante un modelo integral de gestión energética hidroéléctrica-eólica. Permitirá sustituir el tradicional modelo eléctrico basado en una central térmica, dependiente de la importación de diésel, que emite a la atmósfera gases contaminantes y generadores del cambio climático.

La Central Hidroeólica de El Hierro es capaz de combinar dos recursos naturales renovables, el viento y el agua, para generar energía eléctrica que abastezca a toda la Isla. Está integrada básicamente por un parque eólico, un grupo de bombeo y una central hidroeléctrica.

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Parque eólico de la Central Hidroeólica de El Hierro

Por un lado, la gran disponibilidad de viento en la Isla permite contar con una fuente renovable y limpia para producir electricidad a través de la instalación de un parque eólico. Éste lo conforman actualmente cinco aerogeneradores.

Por otro lado, el obstáculo que supone la variabilidad en la disposición de viento para producir electricidad puede solventarse con el segundo gran pilar de la Central: la construcción de una infraestructura hidráulica que permite almacenar agua desalada (energía potencial) en un depósito superior situado a 700 metros sobre el nivel del mar, tras su previo bombeo. Cuando se produce escasez de viento, esa agua se desembalsará y se dejará caer hasta la Central hidroeléctrica, situada a nivel del mar, para producir electricidad a partir de las turbinas. Junto a dichas turbinas se encuentra un depósito inferior, que recoge el agua dulce caída y que se bombearía, con el excedente de energía, hasta el depósito superior para cerrar el ciclo.

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Depósito superior de la Central Hidroeólica de El Hierro

Asimismo, la central térmica existente, que hasta hoy era la principal fuente de suministro de electricidad, sólo entraría en funcionamiento en casos excepcionales o de emergencia cuando no haya agua y viento suficientes para producir la energía que demanda la población insular.

Se ha estimado que los beneficios ambientales principales de esta Central Hidroeólica son los siguientes:

-Un ahorro de consumo de diésel: 6.000 toneladas/año, esto es, unos 40.000 barriles de petróleo se dejarán de importar anualmente.

-Reducción de emisiones a la atmósfera: 18.700 tn/año de dióxido de carbono, 100 tn/año de dióxido de azufre y 400 tn/año de óxidos de nitrógeno.

-Mejora de la calidad del aire en la Isla.

Se trata de un proyecto complejo, que se ejecuta por etapas,  y que permitirá que la Isla de El Hierro avance en su objetivo de desarrollo sostenible. Esta experiencia puede convertirse en un referente de sostenibilidad para otros territorios insulares y no insulares.

Según los últimos datos publicados, apenas dos años después de su puesta en marcha, en 2016 la Central Hidroeólica permitió abastecer a casi el 42% de la demanda eléctrica de El Hierro con energías renovables.

Para más información:

Cabildo de El Hierro.

Gorona del Viento El Hierro.

El consumo de energías renovables en la Unión Europea

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El conjunto de Estados miembros de la Unión Europea ha efectuado un consumo final de energía en 2015 que ascendió a unos 1.120.000 ktoe (miles de toneladas equivalentes de petróleo). De esa cantidad el 16,7% provino de fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidráulica, maremotriz, geotérmica, biomasa…).

Desde una perspectiva temporal se constata que dicha participación de las energías renovables ha aumentado durante la última década y se encuentra en la senda de alcanzar el objetivo establecido en la Estrategia Europa 2020, que establece un porcentaje del 20% de energía de fuentes renovables sobre el consumo final de energía para el año 2020. Con posterioridad, se ha acordado en el seno de la UE-28 la ampliación de dicho objetivo hasta al menos el 27% para el año 2030.

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Si realizamos un análisis por países, se observan diferentes resultados, según los últimos datos disponibles de Eurostat.

En 2015 Suecia, con el 53,9%, es el país con el mayor porcentaje de energía de fuentes renovables en su consumo final bruto de energía. Le siguen, a distancia, Finlandia (39,3%), Letonia (37,6%), Austria (33,0%) y Dinamarca (30,8%). También han alcanzado el objetivo global del 20% los Estados miembros de Croacia, Estonia, Portugal, Lituania, Rumanía y Eslovenia, si bien hay que anotar que se han establecido objetivos individualizados para cada país. Así, por ejemplo, para Suecia su objetivo a alcanzar en el año 2020 es el 49% frente al 10% establecido para Malta.

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En el otro extremo, los menores pesos de energías renovables sobre el consumo energético se presentan en Luxemburgo y Malta (ambos, el 5%), Países Bajos (5,8%), Bélgica (7,9%), Reino Unido (8,2%), Irlanda (9,2%) y Chipre (9,4%).

Entre 2004 y 2015 la participación de la energía de fuentes renovables en el consumo final de energía creció en todos los países. Los mayores avances se han dado en Dinamarca (15,9 puntos porcentuales más), Suecia (15,2 p.p.) e Italia (11,2 p.p).

Para más información:

Eurostat

La dependencia de los combustibles fósiles de la Unión Europea

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La actividad económica desarrollada en el conjunto de Estados miembros de la Unión Europea ha requerido un consumo interior bruto de energía que en 2015 ascendió a 1.626 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep). Desde una perspectiva temporal se ha observado un ligero descenso del 2,5% respecto al consumo de energía registrado en 1990 (1.668 Mtep), habiéndose  marcado su máximo en el año 2006 (con 1.840 Mtep).

El origen del consumo de energía procede de fuentes renovables (solar, eólica, hidráulica…), y de fuentes no renovables. Estas últimas, bajo el término genérico de combustibles fósiles, comprenden el carbón, el petróleo, el gas natural y los residuos no renovables, cuya combustión es el origen aproximadamente del 80% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero y CO2 de origen humano que causan el calentamiento global. Es de especial interés, por tanto, conocer cuál el grado dependencia energética de los combustibles fósiles y cómo ha evolucionado durante los últimos años.

Según los últimos datos disponibles de Eurostat, en 2015 el 73% del consumo energético proviene de combustibles fósiles. Es una cifra notoriamente elevada que, no obstante, alcanzaba el 83% en el año 1990.

Si realizamos un análisis por países de la UE-28, se constata que en 1990 sólo un Estado miembro conseguía que menos del 50% de su consumo energético provenga de combustibles fósiles: Suecia, con el 39%. En el otro extremo, países como Estonia, Chipre y Malta dependían en su totalidad de dichos combustibles.

Década y media más tarde, en el año 2015, la gran mayoría de países de la UE seguía siendo dependiente de los combustibles fósiles. Sólo tres Estados muestran una dependencia de los combustibles fósiles menor del 50%: Suecia (30%), Finlandia (46%) y Francia (49%). Por su parte, la mayor participación de consumo de combustibles fósiles se presenta en Chipre (94%), Países Bajos (93%), Irlanda (92%) y Polonia (91%).

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Otro aspecto de interés es conocer el grado de soberanía energética con que cuentan los países. Así, se confirma que el grado de dependencia de las importaciones de combustibles fósiles sigue siendo elevado en el seno de la UE. De hecho, a pesar de que se ha reducido, como vimos, el consumo de estos combustibles, el grado de dependencia del exterior se ha incrementado: desde el 53% en 1990 hasta el 73% en 2015.

Entre 1990 y 2015 la mayoría de los Estados miembros de la UE ha visto reducir su soberanía energética respecto a los combustibles fósiles. Destacan en 2015 como países con menor dependencia energética exterior Dinamarca, Estonia, Rumanía y Polonia.

Para más información:

Eurostat