El parque de coches eléctricos en la Unión Europea (2013-2025)

Una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y calentamiento global del planeta reside en el sector del transporte. Para hacer frente a este serio problema medioambiental y de salud la Unión Europea cuenta desde 2011 con la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible, conocido como Libro Blanco del Transporte.

En su estrategia el Libro Blanco establece diez objetivos cuantificados para alcanzar «un sistema de transporte competitivo y sostenible», entre los que se encuentra el siguiente:

«Reducir a la mitad el uso de automóviles de «propulsión convencional» en el transporte urbano para 2030; eliminarlos progresivamente en las ciudades para 2050; lograr que la logística urbana de los principales centros urbanos en 2030 esté fundamentalmente libre de emisiones de CO2″.

Posteriormente, en diciembre de 2019 la Comisión Europea puso en marcha el Pacto Verde Europeo, un ambicioso proyecto que pretende alcanzar la neutralidad climática en la Unión antes del año 2050. Ello exige un amplio paquete de medidas que deben adoptar los Estados miembros, entre ellas las que afectan al sector de transporte. En este ámbito, la Estrategia de movilidad urbana y sostenible (2020) establece entre sus objetivos que “de aquí a 2030 al menos treinta millones de vehículos de emisión cero circularán por las carreteras europeas”. Además, para 2050 el objetivo marcado se eleva para perseguir que “prácticamente todos los automóviles, furgonetas, autobuses y los nuevos vehículos pesados serán de emisión cero”.

De esta forma la política común de transportes aboga por la progresiva implantación de los vehículos eléctricos en detrimento de los automóviles de propulsión convencional.

Según Eurostat, en el año 2013 el parque de coches eléctricos registrados en la Unión Europea ascendía a apenas 50.278. Desde entonces este tipo de vehículos ha seguido una tendencia de continuo crecimiento hasta alcanzar los casi 7,6 millones coches eléctricos de pasajeros en 2025, como puede observarse en el siguiente gráfico.

Sin embargo, los avances alcanzados hasta la fecha continúan siendo claramente insuficientes para cumplir con los objetivos de movilidad sostenible marcados por la Comisión Europea.

Durante este periodo 2013-2025 el crecimiento medio anual de coches eléctricos ha sido superior al registrado por el parque total de coches de pasajeros, de modo que ha aumentado su porcentaje de participación. Sin embargo, hay que resaltar que el número de este tipo de coches tan sólo representa un 2,9% del total de coches de pasajeros en 2025. Dicho porcentaje ascendería al 4,8% si incluimos además de los coches eléctricos los coches híbridos (que también emplean combustibles fósiles).

En un análisis por países se detectan diferencias relevantes respecto a la implantación de coches eléctricos, existiendo un solo Estado miembro de la UE que registra un porcentaje de participación de estos vehículos superior al 10%.

En términos absolutos, en 2025 los mayores parques de coches eléctricos se encuentran en Alemania (2,03 millones de vehículos) y Francia (1,54 millones), que concentran entre ambos el 47% del parque total de estos vehículos de la Unión. Por el contrario, se registran los menores parques de coches eléctricos en países como Chipre, Malta, Estonia, Croacia, Letonia y Eslovaquia.

En términos relativos, el país de la UE que presenta la mayor ratio de vehículos eléctricos sobre el parque nacional total de coches de pasajeros en 2025 es Dinamarca, con un porcentaje del 17,9%. Le siguen, a continuación, Luxemburgo (8,7%), Suecia (8,6%), Países Bajos (7,2%) y Bélgica (6,4%), con porcentajes que superan el 5%.

Para más información:

Eurostat

Comisión Europea: Libro Blanco del transporte, 2011.

Comisión Europea: Estrategia de movilidad sostenible e inteligente: encauzar el transporte europeo de cara al futuro, 2020.

El parque automovilístico de la Unión Europea (2013-2025)

La movilidad sostenible pasa por fomentar un sistema de transporte de personas en el que la cuota modal del vehículo privado por carretera tenga un menor protagonismo. Los impactos que se derivan del uso del coche privado son incuestionables: contaminación atmosférica, calentamiento global del planeta, congestión, accidentes de tráfico, deterioro de la salud física y mental, contaminación acústica, dependencia de combustibles fósiles, extracción de materiales, ocupación de suelo, generación de residuos, etc. Todos estos costes medioambientales y sociales no han sido valorados aún en su justa medida.

Para hacer frente a la insostenibilidad del transporte la Unión Europea aprobó en 2011 la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible, conocido como Libro Blanco del Transporte.

Como expresa este documento estratégico, es clave afrontar la gran dependencia actual del petróleo y sus derivados en el sector del transporte y transitar hacia una economía descarbonizada. Se hace necesario fomentar la movilidad sostenible, como ir a pie o en bicicleta, además de dar un mayor impulso al transporte público no contaminante.

Asimismo, el Libro Blanco establece, entre sus diez principales objetivos dirigidos a lograr “un sistema de transporte competitivo y sostenible”, que el uso de los automóviles de propulsión convencional en el transporte urbano habrá de verse reducido en un 50% en el año 2030, antes de su eliminación total en las ciudades en 2050:

“Reducir a la mitad el uso de automóviles de «propulsión convencional» en el transporte urbano para 2030; eliminarlos progresivamente en las ciudades para 2050; lograr que la logística urbana de los principales centros urbanos en 2030 esté fundamentalmente libre de emisiones de CO2”.

Sin embargo, según Eurostat, el parque automovilístico no ha hecho más que crecer en dentro de los límites físicos de la Unión Europea, a la vez que el peso de los vehículos eléctricos sobre el parque total sigue siendo marginal.

Centrándonos en los coches de pasajeros (turismos), que son el tipo de vehículos de mayor uso, como se observa en el siguiente gráfico, su número no ha abandonado la senda del crecimiento, bien al contrario.

Para el periodo 2013-2025 analizado, el número de turismos en la Unión Europea ha aumentado desde los 221,7 millones de turismos hasta los 263,8 millones, esto es, se ha producido un incremento acumulado del 19,0%. En otras palabras, el parque de coches ha crecido ininterrumpidamente cada año a un ritmo promedio del 1,4% desde 2013 en la Unión Europea.

Asimismo, hay que anotar que, paralelamente, no se ha llevado a cabo la deseada implantación de coches eléctricos que facilite la eliminación de los coches convencionales dependientes de los combustibles fósiles. En 2025 el parque de coches eléctricos se cuantifica en sólo 4,66 millones de unidades, es decir, apenas el 2,9% del parque total de turismos de la UE-27, según Eurostat.

La presión que genera el crecimiento del parque automovilístico es palpable tanto en términos poblacionales como territoriales.

Desde un enfoque demográfico, se constata que durante el periodo 2013-2025 analizado, el crecimiento del parque de coches de pasajeros ha sido superior al experimentado por la población en el seno de la Unión. Como se observa en el siguiente gráfico, si tomamos como base de referencia el año 2013, el parque de turismos presenta en el año 2025 un valor índice de 119,0, que supera el 102,0 registrado por la población.

Si empleamos la ratio de número de coches de pasajeros por 1.000 habitantes, se concluye que su tendencia ascendente ha sido imparable hasta la actualidad. Para el conjunto de la UE dicho indicador ha aumentado desde los 501 coches por 1.000 habitantes en 2013 hasta los 584 en 2025.

Desde una aproximación territorial, una primera evaluación de la presión del parque de coches sobre el territorio de la UE nos arroja que el número de coches por km2 se ha incrementado de 53 a 63 turismos entre 2013 y 2025.

Descendiendo a un análisis por países, en el año 2025 los países de la UE con mayor número de coches de pasajeros son Alemania (49,5 millones), Italia (41,8 mill.), Francia (40,0 mill.), España (27,3 mill.) y Polonia (23,2 mill.) Estos cinco países concentran el 69% del total de coches de la UE.

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2013-2025 todos los países de la UE han incrementado su parque automovilístico de turismos. El mayor crecimiento relativo se ha registrado en Rumanía (86,9%) y el menor, en Lituania (0,4%).

En términos relativos, la ratio de número de coches de pasajeros por 1.000 habitantes revela diferencias entre países. Los mayores valores se alcanzan en Italia (709), Finlandia (671), Chipre (670), Luxemburgo (668) y Polonia (639), que superan holgadamente la media de la UE (584). Por el contrario, las menores ratios de coches de pasajeros por 1.000 habitantes se registran en Letonia (435), Hungría (461), Rumanía (461), Irlanda (475) y Suecia (475).

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Eurostat

Comisión Europea: Libro Blanco del transporte, 2011.

La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2024)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves impactos que generan sobre la salud humana y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución desde 1990 hasta hoy tanto en el conjunto de la UE como en sus Estados miembros.

Así, se constata, en primer lugar, que desde el año 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando a reducirse un 74,5% hasta 2024. En este último año 2024 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 275 millones de toneladas frente a 1.086 millones de 1990.

Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable.

Como se observa en el siguiente gráfico, la producción de estos combustibles experimentó un repunte durante los años 2021-2022 tras haber descendido de forma significativa en 2020 como consecuencia de los impactos de la crisis sanitaria de la COVID-19. Sin embargo, se confirma que con posterioridad la producción de carbón inflexionó a la baja para retomar la senda descendente anterior.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990 sólo seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual no producían carbón: Dinamarca, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. En el año 2024, casi un cuarto de siglo después, hay que añadir cuatro países al grupo de no productores: Estonia, Irlanda, Croacia y Portugal.

En la actualidad, de los 16 países de la UE que continúan produciendo carbón, los dos mayores productores siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 104,1 millones de toneladas en 2024 (el 37,9% del total de la UE), y Polonia, con 92,8 millones (el 33,8% del total). Ambos concentran, por tanto, casi el 72% del carbón producido en la Unión. Les siguen Chequia (9,7%), Bulgaria (5,6%), Rumanía (4,6%), Grecia (2,4%) y Hungría (1,4%), principalmente.

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Durante el periodo 1990-2024, según la información estadística disponible de Eurostat, entre los actuales 16 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en Francia (-99,6%), España (-96,6%), Grecia (-87,3%), Italia (-82,6%), Hungría (-80,4%), Eslovaquia (-79,6%), Bélgica (-79,5%), Estonia (-78,0%), Alemania (-79,2%) y Chequia (-75,7%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-74,7%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 59,4% durante el periodo 1990-2024, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 33,8%.

En el otro extremo, es de destacar que un solo país, Finlandia, ha seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea. Su producción de carbón (básicamente de coque de horno) ascendió a 816.000 toneladas en 2024, es decir, un 67,6% más que en 1990.

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Eurostat

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (1990-2024)

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (UE-27) ascendió en el año 2024 a 154,9 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep). Su destino principal es la generación de electricidad.

De acuerdo con los datos publicados por Eurostat, durante los años 1990-2024 la producción de energía nuclear se ha reducido un 17,9% en la UE.

En dicho periodo de tiempo cabe diferenciar dos fases. En un primer subperiodo (1990-2004) la producción de este tipo de energía traza una senda de continuo aumento hasta llegar a su nivel máximo de 240 millones de tep en el año 2004, lo que supone un crecimiento acumulado del 27,2%. A esta primera fase le sigue una segunda en la que se va recortando la producción de energía nuclear hasta alcanzar sus valores mínimos en los últimos años de 2022-2024.

En un análisis por países, en 2024 son doce los Estados miembros de la UE que tienen operativos reactores nucleares para la producción de energía.

En el año 2024 Francia continúa siendo, con diferencia, el mayor productor de energía nuclear de la Unión Europea. Su peso se ha situado durante todo el periodo (1990-2024) siempre por encima del 43% del total de energía nuclear de la UE, llegando a alcanzar su máximo en este último año de 2024 (56,9% del total).

Les siguen, a distancia, las participaciones de España (que con un 9,2% del total en 2024 se sitúa como segundo mayor productor), Suecia (7,8%), Finlandia (4,9%), Bélgica (4,9%), Chequia (4,8%), Eslovaquia (3,0%), Bulgaria (2,7%), Hungría (2,6%), Rumanía (1,8%), Eslovenia (0,9%) y los Países Bajos (0,5%).

En seis países (Francia, España, Suecia, Finlandia, Bélgica y Chequia) se concentra, por tanto, el 88,5% de la producción total de energía nuclear de la Unión Europea.

Desde una perspectiva temporal, es destacable la evolución diferenciada que se ha dado entre países durante el periodo 1990-2024. Así, Alemania ha decidido tomar el camino de reducir su producción de energía nuclear, hecho que empieza a observarse en el año 2007, siendo más palpable a partir de 2011. Durante estos años Alemania ha pasado de ser el segundo mayor productor, con el 21% del total de la UE, a no contabilizar producción de energía nuclear en el último año 2024.

Por su parte, Lituania, cuya producción energética nuclear representaba el 2,4% de la UE en 1990, decidió cesar esta actividad en 2009, hecho que se mantiene hasta la actualidad.

Junto a estos dos países también han reducido su producción de energía nuclear durante el periodo 1990-2024 los siguientes Estados miembros: Bélgica (-31,8%), Suecia (-31,3%) y Países Bajos (-8,2%).

En sentido contrario, ocho países de la UE han incrementado su producción de energía nuclear durante los años 1990-2024. El mayor aumento se ha registrado en Chequia (+138,3), seguido de Finlandia (+54,3%), Eslovaquia (+50,3%), Eslovenia (+14,9%), Hungría (+14,4%), Francia (+8,8%), Bulgaria (+8,8%) y España (+1,5%), a los que habría que añadir Rumanía, que comenzó su producción en 1996.

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Eurostat: Datos

Evaluando la productividad energética en la economía de la UE (2000-2024)

En toda transición hacia una economía sostenible, la energía constituye un sector estratégico. Son objetivos clave de una política energética sostenible el fomento de las energías renovables, la reducción de consumo de energía tanto primaria como final, la disminución de la dependencia exterior y el aumento de la eficiencia energética.

Respecto a este último objetivo, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un propósito explícito de su estrategia de desarrollo sostenible, que se alinea con el objetivo 7 (ODS 7 “Energía asequible y no contaminante”) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU.

Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible.

Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2024. Como primera conclusión destacable se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a los 10,0 en 2024. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2024 alcanzó a obtener 10,0 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2024 el país de la Unión Europea con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 32,3 euros en pps por kgep, seguido de Rumanía (19,1), Luxemburgo (18,1), Dinamarca (17,5), Italia (16,2), Portugal (15,7), Alemania (15,3), España (13,9) y Austria (13,7), todos ellos con valores superiores a la media de la UE (13,5).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Finlandia (7,0), Malta (8,2), Estonia (9,6), Bélgica (9,7), Bulgaria (9,8) y Suecia (10,0).

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Eurostat.

La generación de residuos municipales en la Unión Europea (1995-2024)

La generación de residuos es uno de los principales problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestra sociedad. Son múltiples los impactos que producen sobre los ecosistemas, en especial cuando no son objeto de una adecuada gestión. Además, conlleva, como es el caso por ejemplo de los envases y embalajes, la utilización de materiales y recursos naturales, que podrían haberse evitado, y el empleo de significativos recursos económicos para su correcto tratamiento posterior.

Por lo tanto, para avanzar en la senda del desarrollo sostenible, en materia de residuos es prioritario, incluso más que la reutilización y el reciclaje, procurar su no generación y, en todo caso, su minimización.

Son muy diversos los tipos de residuos que se generan tanto en la producción como el consumo de bienes y servicios por parte de los distintos agentes. Entre ellos se encuentran los denominados residuos municipales, que son los generados por los hogares y otras fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) cuya recogida compete a las autoridades locales.

El objetivo de hacer sostenible la producción y el consumo (ODS 12 de la Agenda 2030) exige un esfuerzo por parte de todos los agentes económicos para generar la menor cantidad posible de residuos. Si queremos conocer si la sociedad transita por la senda de la sostenibilidad, es de especial interés, entre otros ámbitos, realizar evaluaciones periódicas de la evolución que sigue la generación de residuos.

En el contexto europeo, para evaluar los progresos de los países de la Unión Europea (UE-27) en materia de generación de residuos municipales se dispone de los datos que publica  Eurostat. De acuerdo con dicho organismo estadístico, en el año 2024 se generó un total de 232 millones de toneladas de residuos municipales en la UE. Esta cantidad supone sólo una parte de la cuantía total de residuos generados por los diferentes agentes que actúan en las economías de los países de la UE, pero su análisis temporal nos aporta señales importantes sobre si los patrones de consumo se encaminan o alejan de la senda de la sostenibilidad.

Así, una primera conclusión general destacable que nos revela el análisis de los datos es que la generación de residuos municipales en la UE ha seguido una tendencia creciente desde 1995. Durante el periodo 1995-2024 la generación de residuos municipales en la UE ha aumentado un 17,4%, al pasar de 198 a 232 millones de toneladas.

Como se observa en el siguiente gráfico, la generación total de residuos municipales en la UE ha estado afectada por los diferentes ciclos de la economía. En etapas como la de la Gran Recesión (2008-2014) la caída de la producción y el consumo ha comportado una menor generación de residuos domésticos. No obstante, una vez que la economía entra en una fase de recuperación, a partir de 2015 la generación de residuos vuelve a tomar una senda claramente ascendente que prosiguió de forma ininterrumpida hasta 2021. Es de destacar asimismo que incluso en los años 2020-2021, especialmente afectados por los impactos sobre la economía de la crisis de la pandemia del COVID-19, la producción de residuos continuó aumentando. Posteriormente, se constatan dos años con sendas tasas de descensos que, sin embargo, se han visto interrumpidas en el último año de 2024, al incrementarse la generación de residuos un 1,5%.

Si analizamos la generación de residuos en términos relativos, esto es, en kilogramos de residuos generados por persona, se constata una evolución similar. En promedio un ciudadano comunitario generaba en el año 1995 un total de 467 kilogramos de residuos municipales. Casi tres décadas después, el valor de dicha ratio se ha incrementado, si bien con altibajos, hasta cifrarse en 517 kg per cápita en 2024. Por lo tanto, los datos indican que los patrones de consumo siguen sin reorientarse hacia la sostenibilidad, a pesar de los descensos puntuales registrados en los años 2022-2023.

En un análisis más detallado por países, se encuentran notables diferencias en el seno de la UE-27. En términos absolutos, los países que generan más residuos domésticos son Alemania (con el 23% del total de la UE), Francia (16%), Italia (12%) y España (10%). Estos cuatro países concentran, por tanto, el 60% del total frente al 40% restante que es generado por los otros 23 países miembros de la Unión.

Si consideramos la ratio de kilogramos de residuos generados por persona, las divergencias entre países siguen siendo muy marcadas. En el año 2024 la tasa del país con más generación de residuos fue 2,6 veces la del país con menos generación.

Así, con un promedio de 517 kilogramos per cápita de la UE en 2024, los Estados miembros con mayores ratios fueron Austria (782 kg/hab.), Dinamarca (755), Bélgica (699), Chipre (688) y Luxemburgo (681). Por el contrario, los Estados con menos residuos municipales generados per cápita fueron Rumanía (305), Estonia (375), Polonia (387), Hungría (414) y Suecia (427).

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Eurostat

El reciclaje de residuos municipales en la Unión Europea (2000-2024)

Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es la gestión de los residuos producidos por la actividad humana.

Para alcanzar una buena gestión de residuos se ha de tener presente la aplicación del conocido principio de las 3R que prioriza la reducción a la reutilización y el reciclaje.

No siempre es posible evitar la generación de los residuos que proceden de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización directa. En estos casos, la respuesta de gestión ha de centrarse en promover el reciclaje de los residuos, antes que destinarlos a la incineración o a su depósito en vertederos.

En el marco de la Unión Europea, durante los últimos años la política medioambiental enfocada en la maximización del reciclaje ha tratado de consolidarse. Ello conlleva, principalmente, fomentar, entre otros objetivos, que todos los países de la Unión alcancen altas tasas de reciclaje de residuos municipales.

Dicho indicador queda definido, según Eurostat, como el porcentaje de residuos municipales generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) sobre el total de residuos generados. El reciclaje de este tipo de residuos comprende el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica. La disponibilidad de una estadística anual sobre esta ratio nos permite evaluar cómo de eficaz ha venido siendo la política comunitaria de reciclaje en el seno de la UE.

Así, de acuerdo con el organismo estadístico europeo, se constata, como primera conclusión general, que durante el periodo 2000-2024 la tasa de reciclaje de residuos municipales de la UE-27 ha mostrado de forma continuada una senda, en general, ascendente.

En el año 2000 se reciclaba el 27,3% de los residuos municipales generados en el conjunto de la Unión. Casi 25 años después, en el año 2024 dicha tasa de reciclaje asciende al 48,1%, como puede observarse en el siguiente gráfico.

Nótese, no obstante, que durante los últimos tres años la tasa de reciclaje ha interrumpido su senda ascendente para estancarse e incluso retroceder respecto a la registrada en 2021 (49,7%).

Siendo notable el progreso alcanzado en materia de reciclaje, los resultados obtenidos hasta la fecha no son del todo satisfactorios dadas las metas fijadas en la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea. Entre otros objetivos se establece expresamente que todos Estados miembros deberán para 2025 aumentar la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales hasta un mínimo del 55 % en peso, porcentaje que se incrementa hasta el 60% para 2030 y el 65% para 2035.

En un análisis por países se detectan diferencias muy marcadas de la tasa de reciclaje en el seno de la Unión.

En el año 2024, de los 27 Estados de la UE diez superaron la tasa media comunitaria (48,1%). La tasa de reciclaje más elevada la sigue ostentando, como en años anteriores, Alemania (66,9%). A continuación se encuentran Austria (62,8%), Eslovenia (62,4%), Países Bajos (58,0%), Luxemburgo (57,3%) y Bélgica (56,2%)

Por el contrario, los países europeos que presentaron las tasas de reciclaje más bajas son Rumanía (12,4%), Chipre (15,8%), Bulgaria (16,7%), Malta (16,7%) y Grecia (17,4%).

Hay que significar, asimismo, los notables progresos que han logrado algunos países europeos durante el periodo analizado. En el transcurso de los años 2000-2024 cabe destacar los mayores avances relativos alcanzados por países como Eslovenia, cuya tasa de reciclaje de residuos municipales ha aumentado desde el 6,0% en 2000 hasta el 62,4% en 2024 (la tercera más alta de la UE), Letonia (desde el 0,0% al 52,7%) y Lituania (desde el 0,0% al 52,5%). En el otro extremo, Austria ha visto retroceder en 0,6 puntos su tasa de reciclaje respecto al año 2000, si bien sigue ostentando una de las tasas más altas.

Para más información:

Eurostat

El consumo de energía final en la Unión Europea (2005-2024)

La Unión Europea en su hoja de ruta medioambiental y de lucha contra el cambio climático establece en sus Directivas comunitarias de eficiencia energética objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía, que han sido revisados en distintos momentos con el fin de impulsar la meta prioritaria de la eficiencia.

Para evaluar los avances en el cumplimiento de los compromisos asumidos en materia de eficiencia energética, se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía final. Este tipo de consumo energético se refiere a la energía total consumida por los usuarios finales (hogares, administración pública, agricultura, ganadería, pesca, industria, transporte, comercio y demás servicios). De acuerdo con la definición de Eurostat, excluye la energía utilizada por el sector energético, incluso para entregas y transformación.

La actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “Los Estados miembros garantizarán colectivamente una reducción del consumo de energía de al menos el 11,7 % en 2030 en comparación con las previsiones de la hipótesis de referencia de 2020, de modo que el consumo de energía final de la Unión no supere los 763 Mtep”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía final de la Unión Europea ascendió a 901 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,9% respecto al año anterior. Dicho consumo energético sigue siendo claramente superior al objetivo marcado para 2030, en concreto un 18,1% superior.

Desde una perspectiva temporal, en conjunto del periodo 2005-2024 el consumo de energía final de la UE ha registrado una reducción acumulada del 11,4%.

Como se observa en el siguiente gráfico, el consumo energético, que anteriormente había registrado una senda de crecimiento continuado, alcanzó su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep. Posteriormente, durante los años 2008-2014 marcados por la crisis económica de la Gran Recesión, el consumo energético inflexionó a la baja. No obstante, la reactivación de la economía europea supuso un retorno al incremento del consumo de energía, hasta verse contraído de forma significativa en 2020 con la irrupción de la pandemia del COVID-19. Las necesarias medidas restrictivas sobre la movilidad y la actividad económica para afrontar la crisis sanitaria en los países de la UE explican el atípico descenso del 7,9% del consumo de energía final en dicho año (892 Mtep en 2020). A partir de entonces el consumo de energía final, tras reactivarse en 2021 después de la fuerte contracción del año anterior, marca una nueva senda de moderación, que se ve interrumpida en 2024, de acuerdo con los últimos datos disponibles de Eurostat.

En un análisis por países, considerando el periodo 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía final se ha reducido en 20 de los 27 Estados miembros, mientras que en los 7 países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-22,3%), Luxemburgo (-21,2%), Países Bajos (-20,8%), Italia (-19,0%) y Francia (-16,2%). Por el contrario, los siguientes países han registrado incrementos acumulados del consumo de energía final durante los años 2005-2024: Malta (60,9%), Polonia (20,6%), Lituania (19,7%), Chipre (4,9%), Estonia (2,4%), Croacia (2,1%) y Bulgaria (1,2%).

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023

El consumo de energía primaria en la Unión Europea (2005-2024)

Frente a los grandes retos medioambientales y de lucha contra el cambio climático, la política energética cumple un papel fundamental. En el seno de la Unión Europea son diversas las medidas energéticas, con objetivos cuantificados, que se han establecido durante los últimos años, entre las que se encuentran las que se están llevado en el campo de la eficiencia.

Para evaluar los progresos en eficiencia energética se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía primaria, que se corresponde con la demanda de energía realizada por todos los sectores de un país, cuya procedencia son fuentes primarias: petróleo, gas natural, carbón, nuclear, renovables… De acuerdo con Eurostat incluye el consumo del propio sector energético, las pérdidas producidas durante la transformación (por ejemplo, de petróleo o gas a electricidad) y distribución de energía, así como el consumo de los usuarios finales. Quedan excluidos los consumos sin fines energéticos, como es el caso del petróleo que no es utilizado para combustión sino, por ejemplo, para la producción de plásticos.

Desde hace años sucesivas Directivas comunitarias vienen estableciendo y revisando objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía. Así, la Directiva 2012/27/UE determinó el objetivo de reducir un 20% el consumo total de energía primaria de la UE en 2020 respecto a su proyección base, esto es, no superar el nivel de 1.312 Mtep. Habiéndose cumplido dicho objetivo, la actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “los Estados miembros se esforzarán por contribuir colectivamente a que el objetivo orientativo de consumo de energía primaria de la Unión no supere los 992,5 Mtep en 2030”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía primaria de la Unión Europea ascendió a 1.209 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,2% respecto al año anterior. Ello hace que respecto al objetivo marcado para 2030, el consumo energético siga siendo significativamente alto, en concreto un 21,8% más.

Como puede observarse en el siguiente gráfico referido al periodo 2005-2024, el consumo de energía primaria, tras alcanzar su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep, durante los años 2008-2014 como consecuencia de la irrupción de la crisis económica de la Gran Recesión, mostró una tendencia marcadamente descendente. A continuación, con la reactivación de la economía el consumo de energía inflexionó al alza hasta amortiguarse en 2018. A partir de entonces el consumo energético ha tendido a moderarse, apoyado por los efectos de la irrupción de la pandemia del COVID-19, hasta mostrar el ligero incremento de 2024 ya comentado.

En un análisis por países, considerando el periodo de 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía primaria se ha reducido en 24 de los 27 Estados miembros, mientras que en los tres países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-30,6%), Alemania (-29,5%), Italia (-27,6%), Estonia (-23,5%), Luxemburgo (-23,5%), Francia (-22,3%) y Dinamarca (-20,1%), todos ellos con reducciones acumuladas superiores a la media de la UE (-19,3%). Por el contrario, los únicos países que han registrado incrementos de consumo energético durante el periodo 2005-2024 han sido Chipre (5,6%), Polonia (5,0%) y Malta (1,1%).

La evaluación de los resultados cuantificados hasta ahora descubre la necesidad creciente de que la política energética comunitaria fomente la aplicación de medidas más decididas y extensivas de ahorro energético por parte de todos los agentes económicos de la UE y sus Estados miembros. Ello permitiría mantener en vigor las perspectivas de que el consumo de energía primaria dibuje la senda descendente que se requiere, más aún en el contexto actual de crisis climática y medioambiental, de agotamiento y abastecimiento de combustibles fósiles y de falta de soberanía energética.

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023

Los bosques y los gases de efecto invernadero en la UE (1990-2023)

Son múltiples las funciones que desempeñan los bosques. Constituyen los ecosistemas con mayor biodiversidad en tierra, llegando a acoger a más de la mitad de las especies del planeta. Los ecosistemas forestales atesoran una gran diversidad genética, que es fundamental para los avances de la ciencia y la salud de hombre. Además, los bosques nos proporcionan valiosos y variados recursos (madera, leña, carbón, plantas medicinales, alimentos…) a la vez que ayudan a regular la cantidad y la calidad del agua, facilitando su abastecimiento a buena parte de la población mundial.

También sabemos que los bosques son unos valiosos sumideros naturales de CO2: absorben el dióxido de carbono presente en la atmósfera y lo incorporan a su biomasa a la vez que liberan oxígeno. Por lo tanto, desempeñan un papel fundamental para la calidad del aire y en la lucha contra el cambio climático. Respecto a esta última función de los bosques -su capacidad para mitigar los impactos que generan las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI)- los datos de Eurostat nos aportan una información relevante.

En la Unión Europea los bosques cubren una superficie 1,61 millones de kilómetros cuadrados en 2023, esto es, ocupan el 39,0% de su superficie total. Los países que concentran, en términos absolutos, mayor superficie forestal son Suecia, con 279.330 km2, Finlandia (225.100), España (190.725), Francia (177.170) y Alemania (114.884).

Gracias a la pervivencia de estos espacios arbolados es posible reducir los gases contaminantes que se emiten cada año a la atmósfera. Así, en el año 2023 las emisiones de GEI ascendieron a 3.106 millones de toneladas de CO2 equivalente. De este total los bosques de la UE absorbieron unos 274 millones de toneladas, lo que representa un 8,8% del total de emisiones de GEI. 

Sin embargo, como se observa en el siguiente gráfico, las absorciones de GEI por los bosques de la UE han apuntando hacia una tendencia descendente desde 1990, año en el que la captura por estos sumideros naturales ascendía a 370,7 millones de toneladas, esto es, se ha producido una reducción del 26,1% en dicho periodo (1990-2023). Diversas son las causas que han provocado este descenso, entre las que cabe señalar la pérdida de impulso de los proyectos de forestación, el aumento de la mortalidad de los árboles y el incremento de la extracción de madera.

En un análisis por países, los bosques que más contribuyeron en 2023 a la captura de emisiones de GEI fueron los pertenecientes a Italia, con el 20,0% del total de las emisiones capturadas por la superficie forestal de la UE, Francia (18,6%), España (16,6%), Polonia (14,7%), Suecia (11,5%) y Rumania (10,5%).

Por el contrario, cinco países no han contribuido con sus bosques a la captura de carbono 2023, sino bien al contrario: Alemania, Austria, Finlandia, Letonia y Estonia.

Para más información:

Eurostat