Evaluando la productividad energética en la economía de la UE (2000-2024)

En toda transición hacia una economía sostenible, la energía constituye un sector estratégico. Son objetivos clave de una política energética sostenible el fomento de las energías renovables, la reducción de consumo de energía tanto primaria como final, la disminución de la dependencia exterior y el aumento de la eficiencia energética.

Respecto a este último objetivo, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un propósito explícito de su estrategia de desarrollo sostenible, que se alinea con el objetivo 7 (ODS 7 “Energía asequible y no contaminante”) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU.

Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible.

Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2024. Como primera conclusión destacable se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a los 10,0 en 2024. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2024 alcanzó a obtener 10,0 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2024 el país de la Unión Europea con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 32,3 euros en pps por kgep, seguido de Rumanía (19,1), Luxemburgo (18,1), Dinamarca (17,5), Italia (16,2), Portugal (15,7), Alemania (15,3), España (13,9) y Austria (13,7), todos ellos con valores superiores a la media de la UE (13,5).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Finlandia (7,0), Malta (8,2), Estonia (9,6), Bélgica (9,7), Bulgaria (9,8) y Suecia (10,0).

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Eurostat.

La generación de residuos municipales en la Unión Europea (1995-2024)

La generación de residuos es uno de los principales problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestra sociedad. Son múltiples los impactos que producen sobre los ecosistemas, en especial cuando no son objeto de una adecuada gestión. Además, conlleva, como es el caso por ejemplo de los envases y embalajes, la utilización de materiales y recursos naturales, que podrían haberse evitado, y el empleo de significativos recursos económicos para su correcto tratamiento posterior.

Por lo tanto, para avanzar en la senda del desarrollo sostenible, en materia de residuos es prioritario, incluso más que la reutilización y el reciclaje, procurar su no generación y, en todo caso, su minimización.

Son muy diversos los tipos de residuos que se generan tanto en la producción como el consumo de bienes y servicios por parte de los distintos agentes. Entre ellos se encuentran los denominados residuos municipales, que son los generados por los hogares y otras fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) cuya recogida compete a las autoridades locales.

El objetivo de hacer sostenible la producción y el consumo (ODS 12 de la Agenda 2030) exige un esfuerzo por parte de todos los agentes económicos para generar la menor cantidad posible de residuos. Si queremos conocer si la sociedad transita por la senda de la sostenibilidad, es de especial interés, entre otros ámbitos, realizar evaluaciones periódicas de la evolución que sigue la generación de residuos.

En el contexto europeo, para evaluar los progresos de los países de la Unión Europea (UE-27) en materia de generación de residuos municipales se dispone de los datos que publica  Eurostat. De acuerdo con dicho organismo estadístico, en el año 2024 se generó un total de 232 millones de toneladas de residuos municipales en la UE. Esta cantidad supone sólo una parte de la cuantía total de residuos generados por los diferentes agentes que actúan en las economías de los países de la UE, pero su análisis temporal nos aporta señales importantes sobre si los patrones de consumo se encaminan o alejan de la senda de la sostenibilidad.

Así, una primera conclusión general destacable que nos revela el análisis de los datos es que la generación de residuos municipales en la UE ha seguido una tendencia creciente desde 1995. Durante el periodo 1995-2024 la generación de residuos municipales en la UE ha aumentado un 17,4%, al pasar de 198 a 232 millones de toneladas.

Como se observa en el siguiente gráfico, la generación total de residuos municipales en la UE ha estado afectada por los diferentes ciclos de la economía. En etapas como la de la Gran Recesión (2008-2014) la caída de la producción y el consumo ha comportado una menor generación de residuos domésticos. No obstante, una vez que la economía entra en una fase de recuperación, a partir de 2015 la generación de residuos vuelve a tomar una senda claramente ascendente que prosiguió de forma ininterrumpida hasta 2021. Es de destacar asimismo que incluso en los años 2020-2021, especialmente afectados por los impactos sobre la economía de la crisis de la pandemia del COVID-19, la producción de residuos continuó aumentando. Posteriormente, se constatan dos años con sendas tasas de descensos que, sin embargo, se han visto interrumpidas en el último año de 2024, al incrementarse la generación de residuos un 1,5%.

Si analizamos la generación de residuos en términos relativos, esto es, en kilogramos de residuos generados por persona, se constata una evolución similar. En promedio un ciudadano comunitario generaba en el año 1995 un total de 467 kilogramos de residuos municipales. Casi tres décadas después, el valor de dicha ratio se ha incrementado, si bien con altibajos, hasta cifrarse en 517 kg per cápita en 2024. Por lo tanto, los datos indican que los patrones de consumo siguen sin reorientarse hacia la sostenibilidad, a pesar de los descensos puntuales registrados en los años 2022-2023.

En un análisis más detallado por países, se encuentran notables diferencias en el seno de la UE-27. En términos absolutos, los países que generan más residuos domésticos son Alemania (con el 23% del total de la UE), Francia (16%), Italia (12%) y España (10%). Estos cuatro países concentran, por tanto, el 60% del total frente al 40% restante que es generado por los otros 23 países miembros de la Unión.

Si consideramos la ratio de kilogramos de residuos generados por persona, las divergencias entre países siguen siendo muy marcadas. En el año 2024 la tasa del país con más generación de residuos fue 2,6 veces la del país con menos generación.

Así, con un promedio de 517 kilogramos per cápita de la UE en 2024, los Estados miembros con mayores ratios fueron Austria (782 kg/hab.), Dinamarca (755), Bélgica (699), Chipre (688) y Luxemburgo (681). Por el contrario, los Estados con menos residuos municipales generados per cápita fueron Rumanía (305), Estonia (375), Polonia (387), Hungría (414) y Suecia (427).

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Eurostat

El reciclaje de residuos municipales en la Unión Europea (2000-2024)

Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es la gestión de los residuos producidos por la actividad humana.

Para alcanzar una buena gestión de residuos se ha de tener presente la aplicación del conocido principio de las 3R que prioriza la reducción a la reutilización y el reciclaje.

No siempre es posible evitar la generación de los residuos que proceden de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización directa. En estos casos, la respuesta de gestión ha de centrarse en promover el reciclaje de los residuos, antes que destinarlos a la incineración o a su depósito en vertederos.

En el marco de la Unión Europea, durante los últimos años la política medioambiental enfocada en la maximización del reciclaje ha tratado de consolidarse. Ello conlleva, principalmente, fomentar, entre otros objetivos, que todos los países de la Unión alcancen altas tasas de reciclaje de residuos municipales.

Dicho indicador queda definido, según Eurostat, como el porcentaje de residuos municipales generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) sobre el total de residuos generados. El reciclaje de este tipo de residuos comprende el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica. La disponibilidad de una estadística anual sobre esta ratio nos permite evaluar cómo de eficaz ha venido siendo la política comunitaria de reciclaje en el seno de la UE.

Así, de acuerdo con el organismo estadístico europeo, se constata, como primera conclusión general, que durante el periodo 2000-2024 la tasa de reciclaje de residuos municipales de la UE-27 ha mostrado de forma continuada una senda, en general, ascendente.

En el año 2000 se reciclaba el 27,3% de los residuos municipales generados en el conjunto de la Unión. Casi 25 años después, en el año 2024 dicha tasa de reciclaje asciende al 48,1%, como puede observarse en el siguiente gráfico.

Nótese, no obstante, que durante los últimos tres años la tasa de reciclaje ha interrumpido su senda ascendente para estancarse e incluso retroceder respecto a la registrada en 2021 (49,7%).

Siendo notable el progreso alcanzado en materia de reciclaje, los resultados obtenidos hasta la fecha no son del todo satisfactorios dadas las metas fijadas en la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea. Entre otros objetivos se establece expresamente que todos Estados miembros deberán para 2025 aumentar la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales hasta un mínimo del 55 % en peso, porcentaje que se incrementa hasta el 60% para 2030 y el 65% para 2035.

En un análisis por países se detectan diferencias muy marcadas de la tasa de reciclaje en el seno de la Unión.

En el año 2024, de los 27 Estados de la UE diez superaron la tasa media comunitaria (48,1%). La tasa de reciclaje más elevada la sigue ostentando, como en años anteriores, Alemania (66,9%). A continuación se encuentran Austria (62,8%), Eslovenia (62,4%), Países Bajos (58,0%), Luxemburgo (57,3%) y Bélgica (56,2%)

Por el contrario, los países europeos que presentaron las tasas de reciclaje más bajas son Rumanía (12,4%), Chipre (15,8%), Bulgaria (16,7%), Malta (16,7%) y Grecia (17,4%).

Hay que significar, asimismo, los notables progresos que han logrado algunos países europeos durante el periodo analizado. En el transcurso de los años 2000-2024 cabe destacar los mayores avances relativos alcanzados por países como Eslovenia, cuya tasa de reciclaje de residuos municipales ha aumentado desde el 6,0% en 2000 hasta el 62,4% en 2024 (la tercera más alta de la UE), Letonia (desde el 0,0% al 52,7%) y Lituania (desde el 0,0% al 52,5%). En el otro extremo, Austria ha visto retroceder en 0,6 puntos su tasa de reciclaje respecto al año 2000, si bien sigue ostentando una de las tasas más altas.

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Eurostat

El consumo de energía final en la Unión Europea (2005-2024)

La Unión Europea en su hoja de ruta medioambiental y de lucha contra el cambio climático establece en sus Directivas comunitarias de eficiencia energética objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía, que han sido revisados en distintos momentos con el fin de impulsar la meta prioritaria de la eficiencia.

Para evaluar los avances en el cumplimiento de los compromisos asumidos en materia de eficiencia energética, se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía final. Este tipo de consumo energético se refiere a la energía total consumida por los usuarios finales (hogares, administración pública, agricultura, ganadería, pesca, industria, transporte, comercio y demás servicios). De acuerdo con la definición de Eurostat, excluye la energía utilizada por el sector energético, incluso para entregas y transformación.

La actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “Los Estados miembros garantizarán colectivamente una reducción del consumo de energía de al menos el 11,7 % en 2030 en comparación con las previsiones de la hipótesis de referencia de 2020, de modo que el consumo de energía final de la Unión no supere los 763 Mtep”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía final de la Unión Europea ascendió a 901 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,9% respecto al año anterior. Dicho consumo energético sigue siendo claramente superior al objetivo marcado para 2030, en concreto un 18,1% superior.

Desde una perspectiva temporal, en conjunto del periodo 2005-2024 el consumo de energía final de la UE ha registrado una reducción acumulada del 11,4%.

Como se observa en el siguiente gráfico, el consumo energético, que anteriormente había registrado una senda de crecimiento continuado, alcanzó su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep. Posteriormente, durante los años 2008-2014 marcados por la crisis económica de la Gran Recesión, el consumo energético inflexionó a la baja. No obstante, la reactivación de la economía europea supuso un retorno al incremento del consumo de energía, hasta verse contraído de forma significativa en 2020 con la irrupción de la pandemia del COVID-19. Las necesarias medidas restrictivas sobre la movilidad y la actividad económica para afrontar la crisis sanitaria en los países de la UE explican el atípico descenso del 7,9% del consumo de energía final en dicho año (892 Mtep en 2020). A partir de entonces el consumo de energía final, tras reactivarse en 2021 después de la fuerte contracción del año anterior, marca una nueva senda de moderación, que se ve interrumpida en 2024, de acuerdo con los últimos datos disponibles de Eurostat.

En un análisis por países, considerando el periodo 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía final se ha reducido en 20 de los 27 Estados miembros, mientras que en los 7 países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-22,3%), Luxemburgo (-21,2%), Países Bajos (-20,8%), Italia (-19,0%) y Francia (-16,2%). Por el contrario, los siguientes países han registrado incrementos acumulados del consumo de energía final durante los años 2005-2024: Malta (60,9%), Polonia (20,6%), Lituania (19,7%), Chipre (4,9%), Estonia (2,4%), Croacia (2,1%) y Bulgaria (1,2%).

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023

El consumo de energía primaria en la Unión Europea (2005-2024)

Frente a los grandes retos medioambientales y de lucha contra el cambio climático, la política energética cumple un papel fundamental. En el seno de la Unión Europea son diversas las medidas energéticas, con objetivos cuantificados, que se han establecido durante los últimos años, entre las que se encuentran las que se están llevado en el campo de la eficiencia.

Para evaluar los progresos en eficiencia energética se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía primaria, que se corresponde con la demanda de energía realizada por todos los sectores de un país, cuya procedencia son fuentes primarias: petróleo, gas natural, carbón, nuclear, renovables… De acuerdo con Eurostat incluye el consumo del propio sector energético, las pérdidas producidas durante la transformación (por ejemplo, de petróleo o gas a electricidad) y distribución de energía, así como el consumo de los usuarios finales. Quedan excluidos los consumos sin fines energéticos, como es el caso del petróleo que no es utilizado para combustión sino, por ejemplo, para la producción de plásticos.

Desde hace años sucesivas Directivas comunitarias vienen estableciendo y revisando objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía. Así, la Directiva 2012/27/UE determinó el objetivo de reducir un 20% el consumo total de energía primaria de la UE en 2020 respecto a su proyección base, esto es, no superar el nivel de 1.312 Mtep. Habiéndose cumplido dicho objetivo, la actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “los Estados miembros se esforzarán por contribuir colectivamente a que el objetivo orientativo de consumo de energía primaria de la Unión no supere los 992,5 Mtep en 2030”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía primaria de la Unión Europea ascendió a 1.209 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,2% respecto al año anterior. Ello hace que respecto al objetivo marcado para 2030, el consumo energético siga siendo significativamente alto, en concreto un 21,8% más.

Como puede observarse en el siguiente gráfico referido al periodo 2005-2024, el consumo de energía primaria, tras alcanzar su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep, durante los años 2008-2014 como consecuencia de la irrupción de la crisis económica de la Gran Recesión, mostró una tendencia marcadamente descendente. A continuación, con la reactivación de la economía el consumo de energía inflexionó al alza hasta amortiguarse en 2018. A partir de entonces el consumo energético ha tendido a moderarse, apoyado por los efectos de la irrupción de la pandemia del COVID-19, hasta mostrar el ligero incremento de 2024 ya comentado.

En un análisis por países, considerando el periodo de 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía primaria se ha reducido en 24 de los 27 Estados miembros, mientras que en los tres países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-30,6%), Alemania (-29,5%), Italia (-27,6%), Estonia (-23,5%), Luxemburgo (-23,5%), Francia (-22,3%) y Dinamarca (-20,1%), todos ellos con reducciones acumuladas superiores a la media de la UE (-19,3%). Por el contrario, los únicos países que han registrado incrementos de consumo energético durante el periodo 2005-2024 han sido Chipre (5,6%), Polonia (5,0%) y Malta (1,1%).

La evaluación de los resultados cuantificados hasta ahora descubre la necesidad creciente de que la política energética comunitaria fomente la aplicación de medidas más decididas y extensivas de ahorro energético por parte de todos los agentes económicos de la UE y sus Estados miembros. Ello permitiría mantener en vigor las perspectivas de que el consumo de energía primaria dibuje la senda descendente que se requiere, más aún en el contexto actual de crisis climática y medioambiental, de agotamiento y abastecimiento de combustibles fósiles y de falta de soberanía energética.

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023

Los bosques y los gases de efecto de gases de efecto invernadero en la UE (1990-2023)

Son múltiples las funciones que desempeñan los bosques. Constituyen los ecosistemas con mayor biodiversidad en tierra, llegando a acoger a más de la mitad de las especies del planeta. Los ecosistemas forestales atesoran una gran diversidad genética, que es fundamental para los avances de la ciencia y la salud de hombre. Además, los bosques nos proporcionan valiosos y variados recursos (madera, leña, carbón, plantas medicinales, alimentos…) a la vez que ayudan a regular la cantidad y la calidad del agua, facilitando su abastecimiento a buena parte de la población mundial.

También sabemos que los bosques son unos valiosos sumideros naturales de CO2: absorben el dióxido de carbono presente en la atmósfera y lo incorporan a su biomasa a la vez que liberan oxígeno. Por lo tanto, desempeñan un papel fundamental para la calidad del aire y en la lucha contra el cambio climático. Respecto a esta última función de los bosques -su capacidad para mitigar los impactos que generan las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI)- los datos de Eurostat nos aportan una información relevante.

En la Unión Europea los bosques cubren una superficie 1,61 millones de kilómetros cuadrados en 2023, esto es, ocupan el 39,0% de su superficie total. Los países que concentran, en términos absolutos, mayor superficie forestal son Suecia, con 279.330 km2, Finlandia (225.100), España (190.725), Francia (177.170) y Alemania (114.884).

Gracias a la pervivencia de estos espacios arbolados es posible reducir los gases contaminantes que se emiten cada año a la atmósfera. Así, en el año 2023 las emisiones de GEI ascendieron a 3.106 millones de toneladas de COequivalente. De este total los bosques de la UE absorbieron unos 274 millones de toneladas, lo que representa un 8,8% del total de emisiones de GEI. 

Sin embargo, como se observa en el siguiente gráfico, las absorciones de GEI por los bosques de la UE han apuntando hacia una tendencia descendente desde 1990, año en el que la captura por estos sumideros naturales ascendía a 370,7 millones de toneladas, esto es, se ha producido una reducción del 26,1% en dicho periodo (1990-2023). Diversas son las causas que han provocado este descenso, entre las que cabe señalar la pérdida de impulso de los proyectos de forestación, el aumento de la mortalidad de los árboles y el incremento de la extracción de madera.

En un análisis por países, los bosques que más contribuyeron en 2023 a la captura de emisiones de GEI fueron los pertenecientes a Italia, con el 20,0% del total de las emisiones capturadas por la superficie forestal de la UE, Francia (18,6%), España (16,6%), Polonia (14,7%), Suecia (11,5%) y Rumania (10,5%).

Por el contrario, cinco países no han contribuido con sus bosques a la captura de carbono 2023, sino bien al contrario: Alemania, Austria, Finlandia, Letonia y Estonia.

Para más información:

Eurostat

 

 

Evolución de la superficie forestal en la UE (2015-2023)

Los bosques son fuente de múltiples beneficios. Son el hábitat natural de diversas especies de plantas y animales que hacen posible la vida en el planeta, a la vez que constituyen un valioso sustento para los humanos. Asimismo, la superficie forestal es un sumidero natural de carbono, contribuyendo a mitigar los impactos del cambio climático, y proporciona protección frente la erosión de los suelos y las lluvias torrenciales.

A pesar de estas ventajas bien conocidas de los bosques, en la actualidad continúan estando sujetos a importantes presiones, tales como la pérdida y degradación de sus hábitats, la introducción de especies invasoras, la contaminación, la deforestación, los incendios y el cambio climático.

El territorio de la Unión Europea cuenta con una superficie forestal de aproximadamente 1,61 millones de kilómetros cuadrados en 2023, que incluye muy diferentes tipos de bosques de acuerdo con la diversidad climática, los tipos de suelos, la topografía, etc. Gracias a la Directiva Habitats parte de los bosques de la UE, en torno al 27%, está sujeto a protección. Se ha llegado a evaluar su calidad y se ha concluido que sólo un 14% de estos bosques se encuentra en un estado de buena conservación.

Desde el punto cuantitativo, constituye un punto de especial interés, conocer, asimismo, cómo ha evolucionado la superficie forestal en la UE. Con datos disponibles desde 2015, según Eurostat, la superficie boscosa de la Unión ha venido aumentando lentamente, a un ritmo promedio de unas 4.000 km2 al año, con la excepción del año 2021 cuando experimentó una reducción de -0,1%. Para el conjunto del periodo 2015-2023, los bosques de la UE han incrementado su superficie en un 2,0% (+31.800 km2).

En términos relativos, como se observa en el siguiente gráfico, el porcentaje de superficie forestal sobre la superficie total de la UE27 ha aumentado desde el 38,3% en 2015 al 39,0% de 2022-23.

En un análisis por países, los Estados miembros de la UE que concentran la mayor superficie forestal son Suecia, con 279.330 km2 en 2023, Finlandia (225.100), España (190.725), Francia (177.170) y Alemania (114.884). Para el conjunto del periodo 2015-2023, 22 de los de los 27 países europeos han incrementado su superficie de bosques, mientras que cinco países (Suecia, Polonia, Eslovenia, Países Bajos y Chipre) la han reducido en mayor o menor medida.

En comparación con su superficie total, cinco de los 27 Estados miembros de la UE presentan una superficie forestal que excede la mitad de su territorio. En primer lugar, destacan dos países nórdicos: Finlandia, con el 66,5% de su superficie nacional, y Suecia, con el 62,4%. A continuación, les siguen Eslovenia (58,2%), Estonia (54,3%) y Letonia (53,4%).

Por el contrario, las menores proporciones de bosques respecto a su territorio corresponden a Malta (4,3%), Países Bajos (9,7%), Irlanda (11,8%), Dinamarca (15,5%) y Chipre (18,6%).

Para más información: Eurostat

La evolución de las aves en la UE (1990-2024)

Como expresa la Estrategia de la UE para la biodiversidad de aquí a 2030 “la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas se encuentran entre las mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad ante la próxima década”.

Un magnífico indicador que nos alerta de cómo está evolucionando la calidad y cantidad de los ecosistemas naturales son las aves. Gracias a la comunidad científica sabemos que la presencia de aves es un buen semáforo de la salud de los ecosistemas, de su diversidad e integridad.

La mayor o menor población de aves, así como su mayor o menor diversidad de especies, en un ecosistema determinado, nos permite conocer más sobre la calidad del propio ecosistema donde se alimentan, viven y respiran. En definitiva, las aves nos adelantan información valiosa sobre la calidad del medio ambiente y la sostenibilidad real de las actuaciones que llevamos a cabo los humanos a la hora de producir, consumir y movernos.

En el contexto europeo, la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) viene publicando desde hace años el Índice de Aves Comunes, que nos informa de forma cuantitativa sobre cómo ha evolucionado la presencia de aves en Europa. Dicho índice recoge las observaciones obtenidas en los 27 Estados miembros de la UE para un total de 168 especies de aves que viven en tierras de cultivo (39), en ecosistemas forestales (34) y en otros hábitats como parques y jardines (95).

Se cuenta con un amplio horizonte temporal (1990-2024) para evaluar la tendencia de dicho Índice de Aves Comunes de la UE. Los resultados obtenidos hasta hoy apuntan que desde 1990 se ha producido una continuada disminución de las poblaciones de aves en la Unión Europea, lo que denota también un progresivo deterioro de los espacios naturales. Como se observa en el siguiente gráfico, dicho índice de aves ha descendido desde el valor 100,0 en el año base de 1990 hasta 82,8 en 2024, esto es, una caída del 17,2%

De forma complementaria al Índice de todas las Aves Comunes, Eurostat elabora otros dos índices compuestos. El primero, el índice de aves comunes de bosques, circunscrito a 34 especies, nos revela que se ha producido un descenso del 7,5% durante el periodo 1990-2024, al pasar de 100,0 a 92,5. Con este indicador se aprecia que sólo durante el último decenio se ha logrado una tendencia de recuperación parcial de estas aves tras los continuados descensos registrados hasta los años 2009-2013, cuando el índice registró sus valores mínimos.

Por su parte, el segundo índice, el índice de aves comunes de tierras de cultivo, que comprende 39 especies, presenta una evolución aún más preocupante, al presentar una tendencia significativamente descendente entre 1990 (100,0) y 2024 (58,7), lo que supone una reducción del 41,3% en el periodo analizado. Como afirma la propia Estrategia para la biodiversidad 2030 las aves de hábitats agrícolas son indicadores clave de la salud de los agroecosistemas y vitales para la producción agrícola y la seguridad alimentaria, concluyendo que “su alarmante disminución tiene que invertirse”, hecho que sigue sin producirse.

En el ámbito de las aves, cabe recordar asimismo lo que ya expresaba la Directiva comunitaria relativa a la conservación de las aves silvestres en el año 2009:

«En el territorio europeo de los Estados miembros, una gran cantidad de especies de aves que viven normalmente en estado salvaje padecen de una regresión en su población, muy rápida en algunos casos, y dicha regresión constituye un grave peligro para la conservación del medio natural, en particular debido a la amenaza que supone para el equilibrio biológico».

Para más información:

Eurostat

Directiva 2009/147/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de noviembre de 2009, relativa a la conservación de las aves silvestres

Estrategia de la UE para la biodiversidad de aquí a 2030

La dependencia de los combustibles fósiles en los países de la UE (1990-2024)

Los objetivos de desarrollo sostenible y de lucha contra el cambio climático están estrechamente relacionados con el propósito de reducir el consumo de combustibles fósiles en sus diferentes tipos (petróleo, carbón, gas natural…).

Al mismo tiempo, una menor dependencia de los combustibles fósiles se alinea con la sostenibilidad, al favorecer la transición hacia una economía basada en las energías renovables y baja en carbono.

Los últimos datos disponibles de la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) nos confirman que el grado de dependencia de los combustibles fósiles continúa siendo muy elevado en el seno de los países de la Unión Europea. En el año 2024 los combustibles fósiles representan el 67,7% de la energía bruta disponible de la UE-27.

Desde una perspectiva temporal, se observa, no obstante, que durante las últimas tres décadas la hegemonía de estos combustibles contaminantes en la energía total ha seguido una tendencia descendente. Así, según el organismo estadístico europeo, entre 1990 y 2024 el conjunto de la UE-27 ha visto reducir el porcentaje de combustibles fósiles sobre la energía bruta disponible en 14,6 puntos, desde el 82,4% hasta el 67,7%. Dicho descenso viene explicado en gran medida por la creciente implantación de las energías renovables.

Durante el último lustro cabe significar, particularmente, que con la irrupción de la pandemia del COVID-19, que conllevó fuertes impactos sociales y económicos, la participación de combustibles fósiles experimentó una significativa disminución, al pasar de 71,3% en 2019 a 69,7% en 2020. Sin embargo, superada la crisis sanitaria, y levantadas las restricciones a la actividad y la movilidad, la dependencia de los combustibles fósiles inflexionó al alza, hasta situarse en el 70,9% en 2022. En dicho año 2022, con la finalización de la pandemia y el repunte de la demanda de los requerimientos energéticos, se produjo además un nuevo contexto internacional marcado por una tendencia alcista de los precios de las materias primas energéticas, que se vio agravada por los impactos de la invasión rusa de Ucrania iniciada en marzo. Finalmente, durante los dos años posteriores dicha ratio parece retornar a la tendencia de paulatino descenso que venía mostrando en el largo plazo, para situarse en el 67,7% en 2024.

En un análisis por países, en el año 2024, de los 27 Estados miembros de la Unión Europea 24 tienen un grado de dependencia de los combustibles fósiles superior al 50% de su energía bruta disponible.

Los países más dependientes energéticamente de los combustibles fósiles son los Estados insulares de Chipre (99,0%) y Malta (94,9%), con porcentajes sobre la energía bruta disponible superiores al 90%. A continuación, les siguen Países Bajos (85,9%), Polonia (84,8%), Irlanda (82,9%), Grecia (81,6%) y Alemania (79,3%), entre otros.

Por el contrario, Suecia es el país comunitario con el menor grado de dependencia fósil, con el 32,0% de su energía disponible, seguido de Finlandia (34,1%) y Francia (45,2%). Estos tres países son los únicos de la UE que presentan porcentajes inferiores al 50%.

Considerando el conjunto del periodo 1990-2024, es de destacar que los 27 Estados de la UE han logrado reducir el consumo relativo de combustibles fósiles.

Las mayores disminuciones del peso de estos combustibles sobre el total de energía disponible se han dado en Estonia, Dinamarca, Letonia, Finlandia, Rumanía, Chequia, Bulgaria y Eslovaquia, con reducciones de más de 20,0 p.p. en dicho periodo. En el otro extremo, los menores descensos de la dependencia energética de los combustibles fósiles se han registrado en Chipre, Bélgica, Malta y España.

Para más información:

Eurostat.

Las energías renovables en el sector eléctrico de la UE (2004-2024)

Entre los objetivos principales de la política energética de la Unión Europea ha tomado especial protagonismo durante los últimos años el fomento del uso de las energías renovables. 

Como establece la Directiva (UE) 2018/2001 en su artículo 3.1, la Unión Europea tiene un compromiso vinculante para cumplir a más tardar en 2030 en relación con la cuota general de energía procedente de fuentes renovables en el consumo final de energía:

«Los Estados miembros velarán conjuntamente por que la cuota de energía procedente de fuentes renovables sea de al menos el 32% del consumo final bruto de energía de la UE en 2030».

Posteriormente, la Directiva (UE) 2023/2413 revisó dicho objetivo para 2030, incrementándolo desde el 32% hasta un mínimo del 42,5%, con la aspiración de alcanzar el 45%.

Dicha cuota de energías renovables se calcula como la suma, por un lado, del consumo final bruto de electricidad generada por fuentes renovables y, por otro, del consumo final bruto de energía procedente de fuentes renovables en los sectores de calefacción y refrigeración y del transporte.

Para facilitar el cumplimiento del objetivo del 42,5% la UE se ha propuesto, en el ámbito de la generación de electricidad, reducir el empleo de los combustibles fósiles (petróleo, gas natural…), responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera que provocan el calentamiento global del planeta, para ser sustituidos por fuentes energéticas renovables (solar, eólica, hidráulica…).

Como expresa el Pacto Verde Europeo de 2019:

«Proseguir el proceso de descarbonización del sistema energético es esencial para la consecución de los objetivos climáticos de 2030 y 2050 (…) Ha de desarrollarse un sector eléctrico basado en gran medida en fuentes renovables, completado con un rápido proceso de eliminación del carbón y con la descarbonización del gas».

Los datos disponibles en Eurostat nos permiten evaluar la intensidad de los avances logrados en la introducción de las fuentes renovables en sector eléctrico de la UE desde 2004.

Según dicho organismo estadístico europeo, el porcentaje de consumo final bruto de electricidad procedente de fuentes renovables en la UE-27 ascendía en el año 2004 al 15,9% del total, porcentaje que ha ido aumentando paulatinamente en el transcurso de los años de forma ininterrumpida. En el año 2012 se logra que la cuarta parte de la electricidad consumida (el 25,1%) sea de origen renovable y en 2018, con un 32,1%, se llega a duplicar el porcentaje de 2004. 

Tras un año 2021, marcado por la crisis sanitaria del COVID-19, en el que la participación de las energías renovables (37,8%) sólo avanza cuatro décimas porcentuales, dicha ratio retoma su ritmo ascendente hasta situarse en el último de 2024 en el 47,5%.

Por tipos de energías, según Eurostat la electricidad generada a partir de energías renovables procede principalmente de dos fuentes: energía eólica (38,0%) y energía hidráulica (26,4%), aportando entre ambas casi dos tercios del total. En tercer lugar, la energía solar, que es la fuente que ha tenido una implantación más rápida, participa con el 23,4%. Le siguen los biocombustibles sólidos (5,8%) y otras energías renovables (6,1%).

En un análisis por países, continúan apreciándose diferencias notables respecto al grado de implantación de la «electricidad verde».

En 2024 Austria, con el 90,1%, fue el país de la UE-27 con el mayor porcentaje de participación de energías renovables en el consumo final bruto de electricidad. Le siguen Suecia (88,1%), Dinamarca (79,7%), Portugal (65,8%), España (59,7%) y Croacia (58,0%). A continuación, otros países que también superan el 50%, y la media europea (47,5%), son Letonia (55,5%), Finlandia (54,3%), Alemania (54,1%), Grecia (51,2%) y Países Bajos (50,5%).

Por el contrario, los menores porcentajes de implantación de las energías renovables en el sector eléctrico correspondieron en 2024 a Malta (10,7%), Chequia (17,9%), Luxemburgo (20,5%), Hungría (24,1%), Chipre (24,1%) y Eslovaquia (24,9%).

Para más información:

Eurostat