Evaluando el objetivo energético (ODS7) en 2026

Islandia

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:

«Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos«

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para de aquí a 2030:

  • Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
  • Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
  • Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
  • Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2026 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Energía asequible y no contaminante, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En el caso del ODS7 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 169 países:

  • Porcentaje de población que tiene acceso a electricidad.
  • Porcentaje de población que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
  • Emisiones de CO2 de la quema de combustibles fósiles para electricidad y calefacción por producción total de electricidad (MtCO2/TWh).
  • Participación de las energías renovables en consumo total de energía final (%).

En términos generales, según los datos del Informe de 2026, el índice del ODS7 del mundo toma un valor de 64,2, cifra que sigue situándose por debajo de la puntuación media (69,0) correspondiente a los 17 ODS en dicho año.

De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo energético de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos (color naranja), registrando una moderada tasa de crecimiento que es aún insuficiente para lograr su total cumplimiento en 2030.

En un análisis por países los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) muestran que de los 169 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (99,2), Suecia (99,1) y Noruega (99,0%). Les siguen, a continuación, Finlandia (95,8), Uruguay (95,8), Letonia (91,7), Brasil (91,5), Albania (88,8), Dinamarca (88,8) y Austria (88,0). Estos países, a excepción de Letonia, se encuentran en la senda de cumplir completamente con este objetivo energético de la Agenda 2030 sin necesidad hasta el momento de afrontar mayores retos.

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo energético la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano que cuentan con bajos niveles de renta per cápita, como son Chad (2,8), Sudán del Sur (12,3), Níger (14,9), República Centroafricana (16,6), Guinea-Bisáu (17,1), Benín (17,3), Burundi (17,9) y Sierra Leona (18,0).  Para todos ellos siguen existiendo grandes desafíos para alcanzar las metas energéticas del ODS7 de aquí a 2030.

Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que Estados Unidos ocupa la posición 52 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS7, seguido por China (68), la India (79) y Federación Rusa (87).

Finalmente, hay que remarcar que en el ODS7 persisten las grandes diferencias entre países, llegando a ser extremas entre el país mejor situado (Islandia, con 99,2) y el peor (Chad, con 2,8). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 47,5 puntos.

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2026.

La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2024)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves impactos que generan sobre la salud humana y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución desde 1990 hasta hoy tanto en el conjunto de la UE como en sus Estados miembros.

Así, se constata, en primer lugar, que desde el año 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando a reducirse un 74,5% hasta 2024. En este último año 2024 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 275 millones de toneladas frente a 1.086 millones de 1990.

Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable.

Como se observa en el siguiente gráfico, la producción de estos combustibles experimentó un repunte durante los años 2021-2022 tras haber descendido de forma significativa en 2020 como consecuencia de los impactos de la crisis sanitaria de la COVID-19. Sin embargo, se confirma que con posterioridad la producción de carbón inflexionó a la baja para retomar la senda descendente anterior.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990 sólo seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual no producían carbón: Dinamarca, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. En el año 2024, casi un cuarto de siglo después, hay que añadir cuatro países al grupo de no productores: Estonia, Irlanda, Croacia y Portugal.

En la actualidad, de los 16 países de la UE que continúan produciendo carbón, los dos mayores productores siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 104,1 millones de toneladas en 2024 (el 37,9% del total de la UE), y Polonia, con 92,8 millones (el 33,8% del total). Ambos concentran, por tanto, casi el 72% del carbón producido en la Unión. Les siguen Chequia (9,7%), Bulgaria (5,6%), Rumanía (4,6%), Grecia (2,4%) y Hungría (1,4%), principalmente.

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Durante el periodo 1990-2024, según la información estadística disponible de Eurostat, entre los actuales 16 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en Francia (-99,6%), España (-96,6%), Grecia (-87,3%), Italia (-82,6%), Hungría (-80,4%), Eslovaquia (-79,6%), Bélgica (-79,5%), Estonia (-78,0%), Alemania (-79,2%) y Chequia (-75,7%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-74,7%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 59,4% durante el periodo 1990-2024, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 33,8%.

En el otro extremo, es de destacar que un solo país, Finlandia, ha seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea. Su producción de carbón (básicamente de coque de horno) ascendió a 816.000 toneladas en 2024, es decir, un 67,6% más que en 1990.

Para más información:

Eurostat

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (1990-2024)

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (UE-27) ascendió en el año 2024 a 154,9 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep). Su destino principal es la generación de electricidad.

De acuerdo con los datos publicados por Eurostat, durante los años 1990-2024 la producción de energía nuclear se ha reducido un 17,9% en la UE.

En dicho periodo de tiempo cabe diferenciar dos fases. En un primer subperiodo (1990-2004) la producción de este tipo de energía traza una senda de continuo aumento hasta llegar a su nivel máximo de 240 millones de tep en el año 2004, lo que supone un crecimiento acumulado del 27,2%. A esta primera fase le sigue una segunda en la que se va recortando la producción de energía nuclear hasta alcanzar sus valores mínimos en los últimos años de 2022-2024.

En un análisis por países, en 2024 son doce los Estados miembros de la UE que tienen operativos reactores nucleares para la producción de energía.

En el año 2024 Francia continúa siendo, con diferencia, el mayor productor de energía nuclear de la Unión Europea. Su peso se ha situado durante todo el periodo (1990-2024) siempre por encima del 43% del total de energía nuclear de la UE, llegando a alcanzar su máximo en este último año de 2024 (56,9% del total).

Les siguen, a distancia, las participaciones de España (que con un 9,2% del total en 2024 se sitúa como segundo mayor productor), Suecia (7,8%), Finlandia (4,9%), Bélgica (4,9%), Chequia (4,8%), Eslovaquia (3,0%), Bulgaria (2,7%), Hungría (2,6%), Rumanía (1,8%), Eslovenia (0,9%) y los Países Bajos (0,5%).

En seis países (Francia, España, Suecia, Finlandia, Bélgica y Chequia) se concentra, por tanto, el 88,5% de la producción total de energía nuclear de la Unión Europea.

Desde una perspectiva temporal, es destacable la evolución diferenciada que se ha dado entre países durante el periodo 1990-2024. Así, Alemania ha decidido tomar el camino de reducir su producción de energía nuclear, hecho que empieza a observarse en el año 2007, siendo más palpable a partir de 2011. Durante estos años Alemania ha pasado de ser el segundo mayor productor, con el 21% del total de la UE, a no contabilizar producción de energía nuclear en el último año 2024.

Por su parte, Lituania, cuya producción energética nuclear representaba el 2,4% de la UE en 1990, decidió cesar esta actividad en 2009, hecho que se mantiene hasta la actualidad.

Junto a estos dos países también han reducido su producción de energía nuclear durante el periodo 1990-2024 los siguientes Estados miembros: Bélgica (-31,8%), Suecia (-31,3%) y Países Bajos (-8,2%).

En sentido contrario, ocho países de la UE han incrementado su producción de energía nuclear durante los años 1990-2024. El mayor aumento se ha registrado en Chequia (+138,3), seguido de Finlandia (+54,3%), Eslovaquia (+50,3%), Eslovenia (+14,9%), Hungría (+14,4%), Francia (+8,8%), Bulgaria (+8,8%) y España (+1,5%), a los que habría que añadir Rumanía, que comenzó su producción en 1996.

Para más información:

Eurostat: Datos

Evaluando la productividad energética en la economía de la UE (2000-2024)

En toda transición hacia una economía sostenible, la energía constituye un sector estratégico. Son objetivos clave de una política energética sostenible el fomento de las energías renovables, la reducción de consumo de energía tanto primaria como final, la disminución de la dependencia exterior y el aumento de la eficiencia energética.

Respecto a este último objetivo, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un propósito explícito de su estrategia de desarrollo sostenible, que se alinea con el objetivo 7 (ODS 7 “Energía asequible y no contaminante”) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU.

Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible.

Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2024. Como primera conclusión destacable se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a los 10,0 en 2024. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2024 alcanzó a obtener 10,0 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2024 el país de la Unión Europea con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 32,3 euros en pps por kgep, seguido de Rumanía (19,1), Luxemburgo (18,1), Dinamarca (17,5), Italia (16,2), Portugal (15,7), Alemania (15,3), España (13,9) y Austria (13,7), todos ellos con valores superiores a la media de la UE (13,5).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Finlandia (7,0), Malta (8,2), Estonia (9,6), Bélgica (9,7), Bulgaria (9,8) y Suecia (10,0).

Para más información:

Eurostat.

El consumo de energía final en la Unión Europea (2005-2024)

La Unión Europea en su hoja de ruta medioambiental y de lucha contra el cambio climático establece en sus Directivas comunitarias de eficiencia energética objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía, que han sido revisados en distintos momentos con el fin de impulsar la meta prioritaria de la eficiencia.

Para evaluar los avances en el cumplimiento de los compromisos asumidos en materia de eficiencia energética, se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía final. Este tipo de consumo energético se refiere a la energía total consumida por los usuarios finales (hogares, administración pública, agricultura, ganadería, pesca, industria, transporte, comercio y demás servicios). De acuerdo con la definición de Eurostat, excluye la energía utilizada por el sector energético, incluso para entregas y transformación.

La actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “Los Estados miembros garantizarán colectivamente una reducción del consumo de energía de al menos el 11,7 % en 2030 en comparación con las previsiones de la hipótesis de referencia de 2020, de modo que el consumo de energía final de la Unión no supere los 763 Mtep”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía final de la Unión Europea ascendió a 901 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,9% respecto al año anterior. Dicho consumo energético sigue siendo claramente superior al objetivo marcado para 2030, en concreto un 18,1% superior.

Desde una perspectiva temporal, en conjunto del periodo 2005-2024 el consumo de energía final de la UE ha registrado una reducción acumulada del 11,4%.

Como se observa en el siguiente gráfico, el consumo energético, que anteriormente había registrado una senda de crecimiento continuado, alcanzó su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep. Posteriormente, durante los años 2008-2014 marcados por la crisis económica de la Gran Recesión, el consumo energético inflexionó a la baja. No obstante, la reactivación de la economía europea supuso un retorno al incremento del consumo de energía, hasta verse contraído de forma significativa en 2020 con la irrupción de la pandemia del COVID-19. Las necesarias medidas restrictivas sobre la movilidad y la actividad económica para afrontar la crisis sanitaria en los países de la UE explican el atípico descenso del 7,9% del consumo de energía final en dicho año (892 Mtep en 2020). A partir de entonces el consumo de energía final, tras reactivarse en 2021 después de la fuerte contracción del año anterior, marca una nueva senda de moderación, que se ve interrumpida en 2024, de acuerdo con los últimos datos disponibles de Eurostat.

En un análisis por países, considerando el periodo 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía final se ha reducido en 20 de los 27 Estados miembros, mientras que en los 7 países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-22,3%), Luxemburgo (-21,2%), Países Bajos (-20,8%), Italia (-19,0%) y Francia (-16,2%). Por el contrario, los siguientes países han registrado incrementos acumulados del consumo de energía final durante los años 2005-2024: Malta (60,9%), Polonia (20,6%), Lituania (19,7%), Chipre (4,9%), Estonia (2,4%), Croacia (2,1%) y Bulgaria (1,2%).

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023

El consumo de energía primaria en la Unión Europea (2005-2024)

Frente a los grandes retos medioambientales y de lucha contra el cambio climático, la política energética cumple un papel fundamental. En el seno de la Unión Europea son diversas las medidas energéticas, con objetivos cuantificados, que se han establecido durante los últimos años, entre las que se encuentran las que se están llevado en el campo de la eficiencia.

Para evaluar los progresos en eficiencia energética se dispone, entre otros, del indicador del consumo de energía primaria, que se corresponde con la demanda de energía realizada por todos los sectores de un país, cuya procedencia son fuentes primarias: petróleo, gas natural, carbón, nuclear, renovables… De acuerdo con Eurostat incluye el consumo del propio sector energético, las pérdidas producidas durante la transformación (por ejemplo, de petróleo o gas a electricidad) y distribución de energía, así como el consumo de los usuarios finales. Quedan excluidos los consumos sin fines energéticos, como es el caso del petróleo que no es utilizado para combustión sino, por ejemplo, para la producción de plásticos.

Desde hace años sucesivas Directivas comunitarias vienen estableciendo y revisando objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía. Así, la Directiva 2012/27/UE determinó el objetivo de reducir un 20% el consumo total de energía primaria de la UE en 2020 respecto a su proyección base, esto es, no superar el nivel de 1.312 Mtep. Habiéndose cumplido dicho objetivo, la actual Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023 ha fijado que “los Estados miembros se esforzarán por contribuir colectivamente a que el objetivo orientativo de consumo de energía primaria de la Unión no supere los 992,5 Mtep en 2030”.

Analizando los últimos datos publicados por Eurostat, se concluye que el consumo total de energía primaria de la Unión Europea ascendió a 1.209 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) en 2024, de modo que aumentó un 0,2% respecto al año anterior. Ello hace que respecto al objetivo marcado para 2030, el consumo energético siga siendo significativamente alto, en concreto un 21,8% más.

Como puede observarse en el siguiente gráfico referido al periodo 2005-2024, el consumo de energía primaria, tras alcanzar su nivel máximo en el año 2006, con 1.511 Mtep, durante los años 2008-2014 como consecuencia de la irrupción de la crisis económica de la Gran Recesión, mostró una tendencia marcadamente descendente. A continuación, con la reactivación de la economía el consumo de energía inflexionó al alza hasta amortiguarse en 2018. A partir de entonces el consumo energético ha tendido a moderarse, apoyado por los efectos de la irrupción de la pandemia del COVID-19, hasta mostrar el ligero incremento de 2024 ya comentado.

En un análisis por países, considerando el periodo de 2005-2024, se concluye que en el seno de la Unión Europea el consumo de energía primaria se ha reducido en 24 de los 27 Estados miembros, mientras que en los tres países restantes se ha incrementado.

Así, los mayores descensos porcentuales se han anotado en Grecia (-30,6%), Alemania (-29,5%), Italia (-27,6%), Estonia (-23,5%), Luxemburgo (-23,5%), Francia (-22,3%) y Dinamarca (-20,1%), todos ellos con reducciones acumuladas superiores a la media de la UE (-19,3%). Por el contrario, los únicos países que han registrado incrementos de consumo energético durante el periodo 2005-2024 han sido Chipre (5,6%), Polonia (5,0%) y Malta (1,1%).

La evaluación de los resultados cuantificados hasta ahora descubre la necesidad creciente de que la política energética comunitaria fomente la aplicación de medidas más decididas y extensivas de ahorro energético por parte de todos los agentes económicos de la UE y sus Estados miembros. Ello permitiría mantener en vigor las perspectivas de que el consumo de energía primaria dibuje la senda descendente que se requiere, más aún en el contexto actual de crisis climática y medioambiental, de agotamiento y abastecimiento de combustibles fósiles y de falta de soberanía energética.

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/1791 del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de septiembre de 2023

La dependencia de los combustibles fósiles en los países de la UE (1990-2024)

Los objetivos de desarrollo sostenible y de lucha contra el cambio climático están estrechamente relacionados con el propósito de reducir el consumo de combustibles fósiles en sus diferentes tipos (petróleo, carbón, gas natural…).

Al mismo tiempo, una menor dependencia de los combustibles fósiles se alinea con la sostenibilidad, al favorecer la transición hacia una economía basada en las energías renovables y baja en carbono.

Los últimos datos disponibles de la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) nos confirman que el grado de dependencia de los combustibles fósiles continúa siendo muy elevado en el seno de los países de la Unión Europea. En el año 2024 los combustibles fósiles representan el 67,7% de la energía bruta disponible de la UE-27.

Desde una perspectiva temporal, se observa, no obstante, que durante las últimas tres décadas la hegemonía de estos combustibles contaminantes en la energía total ha seguido una tendencia descendente. Así, según el organismo estadístico europeo, entre 1990 y 2024 el conjunto de la UE-27 ha visto reducir el porcentaje de combustibles fósiles sobre la energía bruta disponible en 14,6 puntos, desde el 82,4% hasta el 67,7%. Dicho descenso viene explicado en gran medida por la creciente implantación de las energías renovables.

Durante el último lustro cabe significar, particularmente, que con la irrupción de la pandemia del COVID-19, que conllevó fuertes impactos sociales y económicos, la participación de combustibles fósiles experimentó una significativa disminución, al pasar de 71,3% en 2019 a 69,7% en 2020. Sin embargo, superada la crisis sanitaria, y levantadas las restricciones a la actividad y la movilidad, la dependencia de los combustibles fósiles inflexionó al alza, hasta situarse en el 70,9% en 2022. En dicho año 2022, con la finalización de la pandemia y el repunte de la demanda de los requerimientos energéticos, se produjo además un nuevo contexto internacional marcado por una tendencia alcista de los precios de las materias primas energéticas, que se vio agravada por los impactos de la invasión rusa de Ucrania iniciada en marzo. Finalmente, durante los dos años posteriores dicha ratio parece retornar a la tendencia de paulatino descenso que venía mostrando en el largo plazo, para situarse en el 67,7% en 2024.

En un análisis por países, en el año 2024, de los 27 Estados miembros de la Unión Europea 24 tienen un grado de dependencia de los combustibles fósiles superior al 50% de su energía bruta disponible.

Los países más dependientes energéticamente de los combustibles fósiles son los Estados insulares de Chipre (99,0%) y Malta (94,9%), con porcentajes sobre la energía bruta disponible superiores al 90%. A continuación, les siguen Países Bajos (85,9%), Polonia (84,8%), Irlanda (82,9%), Grecia (81,6%) y Alemania (79,3%), entre otros.

Por el contrario, Suecia es el país comunitario con el menor grado de dependencia fósil, con el 32,0% de su energía disponible, seguido de Finlandia (34,1%) y Francia (45,2%). Estos tres países son los únicos de la UE que presentan porcentajes inferiores al 50%.

Considerando el conjunto del periodo 1990-2024, es de destacar que los 27 Estados de la UE han logrado reducir el consumo relativo de combustibles fósiles.

Las mayores disminuciones del peso de estos combustibles sobre el total de energía disponible se han dado en Estonia, Dinamarca, Letonia, Finlandia, Rumanía, Chequia, Bulgaria y Eslovaquia, con reducciones de más de 20,0 p.p. en dicho periodo. En el otro extremo, los menores descensos de la dependencia energética de los combustibles fósiles se han registrado en Chipre, Bélgica, Malta y España.

Para más información:

Eurostat.

Las energías renovables en el sector eléctrico de la UE (2004-2024)

Entre los objetivos principales de la política energética de la Unión Europea ha tomado especial protagonismo durante los últimos años el fomento del uso de las energías renovables. 

Como establece la Directiva (UE) 2018/2001 en su artículo 3.1, la Unión Europea tiene un compromiso vinculante para cumplir a más tardar en 2030 en relación con la cuota general de energía procedente de fuentes renovables en el consumo final de energía:

«Los Estados miembros velarán conjuntamente por que la cuota de energía procedente de fuentes renovables sea de al menos el 32% del consumo final bruto de energía de la UE en 2030».

Posteriormente, la Directiva (UE) 2023/2413 revisó dicho objetivo para 2030, incrementándolo desde el 32% hasta un mínimo del 42,5%, con la aspiración de alcanzar el 45%.

Dicha cuota de energías renovables se calcula como la suma, por un lado, del consumo final bruto de electricidad generada por fuentes renovables y, por otro, del consumo final bruto de energía procedente de fuentes renovables en los sectores de calefacción y refrigeración y del transporte.

Para facilitar el cumplimiento del objetivo del 42,5% la UE se ha propuesto, en el ámbito de la generación de electricidad, reducir el empleo de los combustibles fósiles (petróleo, gas natural…), responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera que provocan el calentamiento global del planeta, para ser sustituidos por fuentes energéticas renovables (solar, eólica, hidráulica…).

Como expresa el Pacto Verde Europeo de 2019:

«Proseguir el proceso de descarbonización del sistema energético es esencial para la consecución de los objetivos climáticos de 2030 y 2050 (…) Ha de desarrollarse un sector eléctrico basado en gran medida en fuentes renovables, completado con un rápido proceso de eliminación del carbón y con la descarbonización del gas».

Los datos disponibles en Eurostat nos permiten evaluar la intensidad de los avances logrados en la introducción de las fuentes renovables en sector eléctrico de la UE desde 2004.

Según dicho organismo estadístico europeo, el porcentaje de consumo final bruto de electricidad procedente de fuentes renovables en la UE-27 ascendía en el año 2004 al 15,9% del total, porcentaje que ha ido aumentando paulatinamente en el transcurso de los años de forma ininterrumpida. En el año 2012 se logra que la cuarta parte de la electricidad consumida (el 25,1%) sea de origen renovable y en 2018, con un 32,1%, se llega a duplicar el porcentaje de 2004. 

Tras un año 2021, marcado por la crisis sanitaria del COVID-19, en el que la participación de las energías renovables (37,8%) sólo avanza cuatro décimas porcentuales, dicha ratio retoma su ritmo ascendente hasta situarse en el último de 2024 en el 47,5%.

Por tipos de energías, según Eurostat la electricidad generada a partir de energías renovables procede principalmente de dos fuentes: energía eólica (38,0%) y energía hidráulica (26,4%), aportando entre ambas casi dos tercios del total. En tercer lugar, la energía solar, que es la fuente que ha tenido una implantación más rápida, participa con el 23,4%. Le siguen los biocombustibles sólidos (5,8%) y otras energías renovables (6,1%).

En un análisis por países, continúan apreciándose diferencias notables respecto al grado de implantación de la «electricidad verde».

En 2024 Austria, con el 90,1%, fue el país de la UE-27 con el mayor porcentaje de participación de energías renovables en el consumo final bruto de electricidad. Le siguen Suecia (88,1%), Dinamarca (79,7%), Portugal (65,8%), España (59,7%) y Croacia (58,0%). A continuación, otros países que también superan el 50%, y la media europea (47,5%), son Letonia (55,5%), Finlandia (54,3%), Alemania (54,1%), Grecia (51,2%) y Países Bajos (50,5%).

Por el contrario, los menores porcentajes de implantación de las energías renovables en el sector eléctrico correspondieron en 2024 a Malta (10,7%), Chequia (17,9%), Luxemburgo (20,5%), Hungría (24,1%), Chipre (24,1%) y Eslovaquia (24,9%).

Para más información:

Eurostat

La superficie de paneles solares térmicos instalados en la UE (1990-2023)

La Unión Europea, para intentar hacer frente a la dependencia energética de los combustibles fósiles y cumplir con sus compromisos climáticos, ha venido desarrollando durante las últimas décadas una política de fomento de las energías renovables. Entre éstas se encuentra la energía solar, térmica y fotovoltaica, cuya superficie instalada ha aumentado de forma continuada desde 1990.

Según la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), en la UE-27 la superficie total de paneles solares térmicos, que aprovechan la energía solar principalmente para calentar agua, ascendió en el año 1990 a 3,64 millones de metros cuadrados, de modo que casi se triplicó diez años después (10,76 millones en 2000). Es en la primera década del siglo XX cuando se produce el mayor avance en la implantación de la energía solar en Europa, llegándose a contabilizar un total de 34,43 millones de m2 en 2010. Los datos más recientes apuntan que en 2023 hay un total de 59,65 millones de m2 de paneles solares térmicos instalados en el conjunto de los veintisiete países de la Unión Europea, es decir, 16,4 veces la cantidad registrada en 1990.

Si realizamos un análisis por países, es destacable el papel prioritario que ha venido tomando en la política medioambiental la implantación de energías renovables en Alemania. En este país se contabiliza en 2023 una superficie de 22,4 millones de m2 de paneles solares térmicos instalados, cifra que contrasta con los apenas 348.000 m2 registrados en 1990, cifra que ya superaban Grecia, Francia y Austria.

Es a partir del año 1999 cuando Alemania se convierte, con diferencia, en el país de la UE con mayor superficie de este tipo de captadores solares instalados. En el último año de 2023 el país germano llega a concentrar el 37,5% de la superficie total de paneles solares térmicos de la UE.

Tras Alemania le siguen, a distancia, en el año 2023 los siguientes países: Grecia (con el 9,6 % del total de la UE-27), Italia (8,6%), Austria (7,7 %), España (7,6%), Francia (7,2%) y Polonia (5,1%), todos ellos con pesos relativos superiores al 5%.

Durante el presente siglo XXI Alemania es el país que ha alcanzado un mayor avance en la instalación de este tipo de energías renovables, con un aumento de su participación en la UE de 7,3 puntos porcentuales entre los años 2000 y 2023. Por el contrario, es en Grecia donde se ha registrado una mayor pérdida de su peso relativo en la UE durante dicho periodo (17,7 puntos menos), si bien permanece como el segundo país con mayor superficie de energía solar térmica instalada.

En el otro extremo, en los países bálticos de Estonia, Lituania y Letonia la presencia de captadores solares térmicos es nula o marginal. A ellos les siguen con bajos porcentajes de participación Malta, Luxemburgo, Finlandia, Eslovenia y Rumanía (los cinco con pesos relativos que no alcanzan el 0,5 % del total de la UE en 2023).

Para más información:

Eurostat

Evaluando el objetivo energético (ODS7) en 2025

Islandia

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:

«Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos«

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para de aquí a 2030:

  • Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
  • Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
  • Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
  • Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Energía asequible y no contaminante, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En el caso del ODS7 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:

  • Porcentaje de población que tiene acceso a electricidad.
  • Porcentaje de población que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
  • Emisiones de CO2 de la quema de combustibles fósiles para electricidad y calefacción por producción total de electricidad (MtCO2/TWh).
  • Participación de las energías renovables en consumo total de energía final (%).

En términos generales, según los datos del Informe de 2025, el índice del ODS7 del mundo toma un valor de 64,5, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media (68,6) correspondiente a los 17 ODS en dicho año.

De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo energético de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos (color naranja), registrando una moderada tasa de crecimiento que es aún insuficiente para lograr su total cumplimiento en 2030.

En un análisis por países los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) muestran que de los 167 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (99,2) y Suecia (99,1). Les siguen, a continuación, Noruega (98,9), Finlandia (96,0), Uruguay (95,5), Letonia (90,4), Brasil (90,3) y Dinamarca (89,1). Estos países, a excepción de Letonia, se encuentran en la senda de cumplir completamente con este objetivo energético de la Agenda 2030 sin necesidad hasta el momento de afrontar mayores retos.

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo energético la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano que cuentan con bajos niveles de renta per cápita, como son Chad (2,6), Sudán del Sur (13,6), Níger (15,1), Burundi (16,6), Sierra Leona (17,5), República Centroafricana (18,4) y Guinea-Bisáu (20,7). Para todos ellos siguen existiendo grandes desafíos para alcanzar las metas energéticas del ODS7 de aquí a 2030.

Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que Estados Unidos ocupa la posición 54 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS7, seguido por China (76), la India (87) y Federación Rusa (88).

Finalmente, hay que remarcar que en el ODS7 las diferencias entre países continúan siendo considerables, llegando a ser extremas entre el país mejor situado (Islandia, con 99,2) y el peor (Chad, con 2,6). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2025.