La dependencia de los combustibles fósiles en los países de la UE (1990-2019)

Al mismo tiempo, una menor dependencia del exterior de los combustibles fósiles se alinea con la sostenibilidad, al favorecer la transición hacia una economía basada en las energías renovables y baja en carbono.

Los objetivos de desarrollo sostenible y de lucha contra el cambio climático están estrechamente relacionados con el propósito de reducir el consumo de combustibles fósiles en sus diferentes tipos (petróleo, carbón, gas natural…).

Los últimos datos disponibles de la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) nos confirman que el grado de dependencia de los combustibles fósiles continúa siendo elevado en el seno de los países de la Unión Europea. En el promedio de la UE-27, en el año 2019 los combustibles fósiles representan el 71,5% de la energía bruta disponible.

No obstante, también se observa que durante las últimas tres décadas la hegemonía de estos combustibles contaminantes en la total ha seguido una tendencia descendente. Así, según el organismo estadístico europeo, entre 1990 y 2019 el conjunto de la UE-27 (sin Reino Unido) ha visto reducir el porcentaje de combustibles fósiles sobre la energía bruta disponible en 10,9 puntos, desde el 82,4% hasta el 71,5%. Dicho descenso viene explicado en gran medida por la creciente implantación de las energías renovables.

En un análisis por países, en el año 2019, 24 de los 27 Estados miembros de la Unión Europea tienen un grado de dependencia de los combustibles fósiles superior al 50% de su energía bruta disponible .

El país más dependiente energéticamente de los combustibles fósiles es el Estado insular de Malta, con un porcentaje sobre la energía bruta disponible del 96,7%. A continuación, le siguen Países Bajos (92,4%), Chipre (91,5%), Polonia (89,6%), Irlanda (88,9%) y Grecia (85,7%), entre otros.

Por el contrario, Suecia es el país comunitario con el menor grado de dependencia fósil, con el 31,8% de su energía disponible, seguido de Finlandia (42,8%) y Francia (49,6%). Estos tres países son los únicos de la UE que presentan porcentajes inferiores al 50%.

Considerando el conjunto del periodo 1990-2019, es de destacar que los 27 Estados de la UE han logrado reducir el consumo relativo de combustibles fósiles.

Las mayores disminuciones del peso de estos combustibles sobre el total de energía disponible se han dado en Estonia, Dinamarca, Rumanía y Letonia, con más de 20 p.p. de caídas en dicho periodo. En el otro extremo, los menores descensos de la participación energética de los combustibles fósiles se han registrado en Bélgica, Malta, España y Países Bajos, que sólo han rebajado entre 3 y 5 p.p la proporción de dichos combustibles durante 1990-2019.

Para más información:

Eurostat.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de los hogares de la UE (2010-2019)

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GIE) causantes, en gran medida, de la crisis climática actual que sufre el planeta proceden, principalmente, del desarrollo de diversas actividades económicas (industria manufacturera, producción de electricidad, agricultura, ganadería, transporte, construcción…). Además, no hay que olvidar que las actividades desarrolladas por los hogares también son fuente de emisión de GEI.

En el contexto de la Unión Europea (UE-27) las emisiones de GEI de los hogares representaron en 2019 el 19,8% de total de emisiones frente al 80,2% generado por las actividades de los diferentes sectores económicos.

Si analizamos en concreto las actividades realizadas dentro de los hogares (calefacción, aire acondicionado, cocina…) los datos apuntan a una paulatina mejoría de la eficiencia energética y a un menor empleo de los combustibles fósiles en la medida en que se constata que se han reducido los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera por los hogares durante los últimos años.

Así, de acuerdo con la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en la UE-27 dichas emisiones de GEI de los hogares han descendido desde las 406,5 toneladas de CO2 equivalente del año 2010 hasta las 299,1 de 2019. Ello supone, por tanto, una caída acumulada del 26,4%, lo que muestra el mejor comportamiento relativo de los hogares en comparación con la evolución del conjunto de las actividades que emiten GEI en la UE-27, cuya reducción fue del 12,8% en dicho periodo de 2010-2019.

Si analizamos la evolución de las emisiones de los hogares, en términos relativos, por habitante, en la UE-27 se emitieron 669 kg de CO2 equivalente per cápita en el año 2019. Este dato también apunta una mejoría respecto a 2010, cuando dicha ratio se cifró en 922 kg/habitante, de modo que se ha producido una reducción del 27,4% en dicho periodo.

Sin desdeñar estos avances en la lucha contra el cambio climático, la realidad actual sigue siendo mejorable, presentándose aún importantes diferencias entre los países que conforman la Unión Europea.

En 2019 tres países excedían con mucho el promedio de emisiones de 669 kg de CO2 equivalente per cápita de la Unión Europea: Luxemburgo (1.662 kg/hab.), Bélgica (1.244) e Irlanda (1.236). A continuación, otros países que emitieron más del 25% del valor promedio europeo son Polonia, Países Bajos, República Checa y Alemania.

Por el contrario, los hogares de la UE que emitieron, con diferencia, menos GEI per cápita son los pertenecientes a Suecia (35 kg de CO2 equivalente/hab.) y Malta (96). Les sigue un grupo de nueve países que también destacan por presentar una ratio de emisiones que es menos de la mitad del promedio europeo: Finlandia, Portugal, Letonia, Bulgaria, Rumanía, Estonia, España y Lituania.

Finalmente, es de resaltar, desde un enfoque dinámico, que, durante el periodo analizado (2010-2019), 22 de los 27 países de la UE han conseguido reducir los GEI emitidos a la atmósfera por las actividades realizadas en las viviendas, significándose los mayores descensos porcentuales en Suecia (-62,8%), Finlandia (-47,8%) y Eslovenia (-44,9%).

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Eurostat

Evaluando la productividad energética en la economía de la UE (2000-2018)

En la transición hacia una economía sostenible un aspecto crucial es perseguir la eficiencia en el empleo de los recursos materiales y la energía. En este último ámbito, maximizar la eficiencia energética, además de la extensión de la implantación de las energías renovables, constituye un objetivo prioritario de la política medioambiental de la Unión Europea, como queda recogido en estrategias como la Estrategia Europa 2020.

Por tanto, para avanzar en eficiencia energética, facilitando la sostenibilidad de la economía, se hace necesario emplear menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la eficiencia energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB a precios constantes) y la energía bruta disponible para un año determinado.

Unos primeros resultados del análisis de la evolución del citado indicador durante el periodo 2000-2018 nos permiten concluir que la productividad energética en la UE-27 (sin Reino Unido) ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a 8,1 en 2018. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2018 alcanzó a obtener 8,1 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, teniendo en cuenta las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2018 el Estado de la UE-27 con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 18,7 euros en pps por kgep, seguido de Dinamarca (11,9), Rumanía (11,5), Italia (11,0), Luxemburgo (10,7) y Austria (10,1).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Malta (4,7), Estonia (5,0), Finlandia (5,3), Bulgaria (5,7), Bélgica (6,3) y República Checa (6,7).

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Eurostat.

La dependencia exterior de combustibles fósiles en los países de la UE (1990-2018)

Un aspecto estratégico de toda economía es procurar el máximo grado de soberanía energética, para hacerla menos vulnerable a problemas de provisión de recursos energéticos y a imprevistas fluctuaciones alcistas de los precios que repercutirán, en última instancia, sobre la capacidad adquisitiva de la población y el saldo comercial del país importador, entre otros efectos. Al mismo tiempo, una menor dependencia del exterior de los combustibles fósiles se alinea con la sostenibilidad, al favorecer la transición hacia una economía basada en las energías renovables y baja en carbono.

En el seno de la Unión Europea, aunque de forma aún insuficiente se han obtenido progresos en ámbitos como el de la implantación de las energías renovables y la intensidad energética de la economía. Sin embargo, aún sigue pesando mucho la presencia de combustibles fósiles y su dependencia del exterior.

Los últimos datos disponibles de la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) nos confirman que el grado de dependencia de las importaciones de combustibles fósiles continúa siendo elevado en los países de la UE, atendiendo al indicador de dependencia de importaciones energéticas que define dicho organismo estadístico como:

la proporción de las necesidades energéticas totales de un país satisfechas por las importaciones de otros países, esto es, el porcentaje de importaciones netas (importaciones menos exportaciones) sobre la energía bruta disponible.

Así, según Eurostat entre 1990 y 2018 el conjunto de la UE27 (sin Reino Unido) ha visto aumentar su grado de dependencia exterior de combustibles fósiles desde el 50,1% hasta el 58,2%.

En un análisis por países, 17 de los 27 Estados actuales de la Unión Europea tenían un grado de dependencia energética exterior superior al 50% de su energía bruta disponible en 2018.

Los países más dependientes energéticamente del exterior son tres pequeñas economías: Malta, con un porcentaje de importaciones sobre su energía bruta disponible del 97,8%, Luxemburgo (95,1%) y Chipre (92,5%). A continuación les siguen Bélgica (82,3%), Italia (76,3%), Portugal (75,6%), Lituania (74,2%), España (73,3%) y Grecia (70,7%), entre otros.

Por el contrario, los países con un grado de dependencia exterior menor son Estonia (0,7%), Dinamarca (23,7%), Rumanía (24,3%) y Suecia (29,2%).

Desde una perspectiva temporal durante el periodo 1990-2018 los tres Estados que más han aumentado su dependencia energética del exterior son Polonia (de 0,9% a 44,8%), los Países Bajos (de 23,7% a 59,7%) y República Checa (de 15,2% a 36,7%). En el otro extremo, tres países han destacado por ser los que han logrado reducir más durante el periodo 1990-2018 su dependencia de los combustibles que importan del exterior: Letonia (de 89,0% a 44,3%), Estonia (de 45,3% a 0,7%) y Bulgaria (de 63,4% a 36,4%).

Para más información:

Eurostat.

La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2019)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves efectos que generan sobre la salud y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución, en el conjunto de la UE y por países, desde 1990 hasta hoy.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, desde 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando reducirse un 61,9% hasta en 2019. En el año 2019 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 414 millones de toneladas frente a las 1.086 millones de 1990.

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Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990, 21 de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual (sin Reino Unido) producían carbón. Tres décadas después, en 2019, el número de países que producen carbón se había reducido a 17.

En la actualidad, los dos mayores productores de carbón siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 144,9 millones de toneladas en 2019 (el 35,0% del total de la UE), y Polonia, con 121,2 millones (el 29,3% del total), seguidos por la República Checa (10,5%), Bulgaria (6,9%), Grecia (6,5%), Rumanía (5,2%) y Hungría (1,9%), principalmente.

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Durante el periodo 1990-2019, según la información estadística disponible de Eurostat, Portugal y Croacia han dejado de producir carbón. Asimismo, en dicho periodo, entre los actuales 17 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en España (-97%), Francia (-85%), Bélgica (-81%), Italia (-73%), Alemania (-71%) y Austria (-68%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-62%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 47% durante el periodo 1990-2019, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 29,3%.

En el otro extremo, es de destacar los dos únicos países que han seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea. En 2019 Finlandia produjo un total de 873.000 toneladas (básicamente de coque de horno), esto es, un incremento del 79,3% respecto a 1990. Por su parte, Suecia produjo 1.105.000 toneladas de dichos combustibles, lo que supone un aumento, en este caso, del 0,9% en el periodo analizado.

Para más información:

Eurostat

Evaluando los objetivos en consumo de energías renovables en la UE (2018)

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El consumo final de energía en la UE-27 (sin Reino Unido) ascendió a 989,5 millones de toneladas equivalentes de petróleo en 2018, una cantidad que con una participación del 18,9% provino de fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidráulica, maremotriz, geotérmica, biomasa…).

Desde una perspectiva temporal, la participación de las energías renovables en el consumo final energético ha aumentado de forma continuada durante los últimos quince años y se mantiene en la senda de cumplir con el objetivo establecido en la Estrategia Europa 2020: el 20% del consumo final de energía total ha de provenir en el año 2020 de fuentes renovables. Para el año 2030 la UE ha acordado ampliar de dicho objetivo hasta al menos el 32%.

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En un análisis por países, se observan diferentes resultados, según los últimos datos publicados por Eurostat.

En 2018 Suecia, con el 54,6%, es el país con el mayor porcentaje de energía de fuentes renovables en su consumo final bruto de energía. Le siguen, a cierta distancia, los mayores porcentajes de Finlandia (41,2%), Letonia (40,3%), Dinamarca (36,1%), Austria (33,4%), Portugal (30,3%) y Estonia (30,0%).

Por el contrario, las menores participaciones de energías renovables sobre el consumo energético final se registraron en Países Bajos (7,4%), Malta (8,0%), Luxemburgo (9,1%), Bélgica (9,4%), Irlanda (11,1%), Polonia (11,3%) y Eslovaquia (11,9%).

Si bien el objetivo del 20% para el año 2020 se ha establecido para el conjunto de la UE, cada país ha de cumplir un objetivo individualizado, que varía entre el 49% de Suecia y el 10% establecido para Malta.

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Doce de los 27 países de la UE (sin Reino Unido) ya han cumplido en 2018 con sus objetivos individualizados para 2020 de participación de energías renovables en su consumo energético final, destacando Croacia (con 8 p.p. más que su objetivo), Dinamarca (6,1 p.p. más), Suecia (5,6 p.p. más), Estonia (5,0 p.p.), Bulgaria (4,5 p.p.) y Finlandia (3,2 p.p.).

En el otro extremo, quince países han de seguir haciendo esfuerzos para cumplir con sus compromisos de consumo de energías renovables. Los países más rezagados respecto a sus objetivos para 2020 son Países Bajos (6,6 p.p menos que su objetivo), Francia (6,4 p.p. menos), Irlanda (4,9 p.p. menos) y Eslovenia (3,9 p.p.).

Entre 2004 y 2018 la participación de la energía de fuentes renovables en el consumo final de energía se ha incrementado en todos los países. Los mayores avances se han dado en Dinamarca (21,3 puntos porcentuales más), Suecia (16,0 p.p.) y Finlandia (11,2 p.p).

Para más información:

Eurostat

El transporte y las energías renovables en la Unión Europea

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La Unión Europea a través de la Comunicación de la Comisión, de 10 de enero de 2007, “Programa de trabajo de la energía renovable – Las energías renovables en el siglo XXI: Construcción de un futuro más sostenible” estableció como objetivo para el sector del transporte que en 2020 el 10% de la energía consumida proceda de fuentes de energía renovables (biocarburantes, hidrógeno, biometano…). Dicho compromiso del 10% es extensible a todos los países de la UE-28 por igual.

Más de diez años después de aprobarse la Comunicación de la Comisión estamos en condiciones de analizar los posibles avances y el grado de cumplimiento del objetivo asumido.

De acuerdo con los datos disponibles elaborados por Eurostat, en la UE-28 el porcentaje de energía consumida en el transporte procedente de fuentes renovables ascendía en 2007 al 3,1%. Tres años antes, en 2004, era apenas del 1,4%.

Si analizamos el periodo 2004-2017, dicha participación de la cuota de energía renovable en el transporte ha tomado una senda ascendente año a año, con la excepción de 2011 cuando se redujo, hasta alcanzar en 2017 el 7,6%, esto es, más del doble que en 2007 (3,1%). No obstante, con el horizonte puesto en 2020 aún queda un importante camino por recorrer para cumplir con el objetivo del 10% marcado.

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Si realizamos un análisis por países, se observan diferentes avances, según los últimos datos disponibles de Eurostat.

En 2017 Suecia, con el 38,6%, fue, con diferencia, el país de la UE-28 con el mayor porcentaje de participación de energía de fuentes renovables en el transporte sobre el consumo final bruto de energía. Le siguen, a distancia, Finlandia (18,8%), Austria (9,7%), Francia (9,1%) y Portugal (7,9%). Todos estos países muestran porcentajes superiores a la media de la UE-28 (7,6%), si bien sólo dos, Suecia y Finlandia, han alcanzado ya el objetivo del 10% programado para el año 2020, y otros dos, Austria y Francia, están cerca de alcanzarlo.

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En el otro extremo, los menores porcentajes de implantación de las energías renovables en el transporte correspondieron a Estonia (0,4%), Croacia (1,2%), Letonia (2,5%), Chipre (2,6%) y Eslovenia (2,7%).

La mayoría de los países, un total de 17, presentan porcentajes de entre el 5% y el 8%.

Entre 2004 y 2017 la participación de la energía de fuentes renovables en el transporte se incrementó en todos los países. Los mayores avances se han dado en Suecia (32,3 puntos porcentuales más), Finlandia (17,8 p.p.) y Francia (7,7 p.p).

Para más información:

Eurostat

El consumo de energía en la Unión Europea (1990-2017)

 

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La eficiencia energética constituye uno de los principales compromisos asumidos por la Unión Europea (UE-28) en su hoja de ruta medioambiental y de lucha contra el cambio climático. En concreto, como establecen las actuales Directivas comunitarias de eficiencia energética, la UE-28 ha asumido objetivos cuantificados de reducción de consumo de energía del 20% en 2020 y del 32,5% en 2030 respecto a sus proyecciones de base.

Pero ¿se están produciendo avances en el cumplimiento de dichos objetivos energéticos?

En materia de consumo de energía primaria, esto es, la demanda total de energía de un país, excluyendo todo consumo sin fines energéticos, los objetivos para 2020 son de no más de 1.483 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep)  y de no más de 1.273 Mtep para 2030 en el conjunto de la UE-28.

Los últimos datos publicados por Eurostat apuntan que el consumo total de energía primaria fue de 1.561 Mtep en 2017. Ello supone, por tanto, que dicho consumo de la UE  se encuentra distanciado un 5,3% del objetivo de eficiencia energética de 2020 y un 22,6% del objetivo de 2030.

Como se observa en el siguiente gráfico referido al periodo 1990-2017, el consumo de energía primaria, que se cifró en 1.568 Mtep en 1990, ha seguido en general una senda de crecimiento continuado hasta alcanzar su máximo en el año 2006, con 1.729 Mtep. A partir de entonces, con la irrupción de la crisis económica, el consumo energético inflexióno a la baja, para registrar su mínimo en el año 2014, con 1.511 Mtep, esto es, un 1,9% por encima del objetivo para 2020. Sin embargo, en los tres últimos años, la UE ha mostrado retrocesos en el cumplimiento de sus objetivos energéticos, en tanto que el consumo de energía primaria ha mostrado en promedio tasas de crecimientos anuales del 1,1%. De esta forma, el consumo de energía primaria ascendió a 1.561 Mtep, prácticamente la misma cifra que en 1990.

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Los datos revelan, por tanto, que con la reciente reactivación de la economía europea el consumo de energía ha vuelto a incrementarse, poniéndose en entredicho el deseable desacoplamiento entre consumo energético y crecimiento económico.

En un análisis por países, para el conjunto del periodo 1990-2017, en 16 de los 28 Estados el consumo de energía primaria se ha incrementado. Los mayores aumentos porcentuales se han registrado en Chipre (58,5%), España (52,2%), Portugal (50,7%), Irlanda (49,5%) y Austria (37,3%).

G_UE_Países_Consumo Energía primaria

Por el contrario, en 12 Estados se ha reducido (o mantenido, en el caso de Portugal) el consumo de energía primaria durante el periodo 1990-2017. Los mayores descensos relativos los anotaron Lituania (-59,8%), Rumanía (-48,1%), Letonia (-43,2%), Estonia (-40,0%) y Bulgaria (-31,6%).

El otro gran objetivo de eficiencia energética está relacionado con el consumo de energía final, esto es, el consumo realizado por los usuarios finales -agricultura, industria, transporte, servicios, hogares-, excluyendo el consumo del propio sector energético. Los compromisos comunitarios de eficiencia establecen que el consumo de energía final en el conjunto de la UE-28 no debe superar los 1.086 Mtep en 2020 y los 956 Mtep en 2030.

Los últimos datos de 2017 apuntan que el consumo total de energía final ascendió a 1.122 Mtep, lo que indica que se desvía un 3,3% y un 17,4% de los objetivos para 2020 y 2030, respectivamente.

Como se observa en el siguiente gráfico, durante el periodo 1990-2017 la evolución del consumo de energía final, al igual que la energía primaria, ha estado muy condicionado por la evolución económica.  En el año 1990 se contabilizó un consumo energético total de 1.088 Mtep, al que siguieron años de descensos hasta alcanzarse un registro mínimo en 1994 de 1.064 Mtep. Con posterioridad se dibujó una senda alcista, con su máximo de 1.195 Mtep en 2006, que se se vio interrumpida con la gran crisis económica. Los siguientes años 2007-2014 de ciclo económico bajista son años de mejoras de la eficiencia energética. No obstante, ya en los últimos años 2014-2017 del periodo analizado, el consumo de energía final, al igual que la primaria,  inflexiona al alza, retrocediéndose, por tanto, en términos de eficiencia energética.

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En un análisis por países, en 18 de los 28 Estados de la UE el consumo de energía final se ha incrementado durante el periodo 1990-2017. Los mayores aumentos porcentuales se han observado en Malta (82,4%), Chipre (68,2%), Irlanda (60,2%), España (47,0%) y Austria (46,9%).

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En el otro extremo, 10 Estados comunitarios han reducido su consumo de energía final, esto es, han aumentado su eficiencia energética, en el periodo 1990-2017. Los mayores descensos relativos se han registrado en Rumanía (-47,6%), Estonia (-47,4%), Lituania (-44,7%), Bulgaria (-38,9%) y Letonia (-37,4%).

 

Para más información:

Eurostat

Directiva 2012/27 UE de eficiencia energética

Directiva (UE) 2018/2002 de eficiencia energética revisada

Evaluando el objetivo energético (ODS7) de la Agenda 2030

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Central geotérmica, Islandia

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:

“Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar las siguientes medidas recogidas en la Agenda 2030:

  • Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos, de aquí a 2030.
  • Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas, de aquí a 2030.
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética, de aquí a 2030.
  • De aquí a 2030, aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
  • De aquí a 2030, ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.

Los resultados recogidos en el informe SDG Index and Dashboards Report 2018, elaborado por  SDSN y Bertelsmann Stiftung, nos muestran los progresos alcanzados por los países respecto al cumplimiento de los 17 ODS de la Agenda 2030.

En dicha evaluación se utiliza una metodología de índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

En el caso del ODS7 el índice sintético se ha construido a partir de los tres indicadores siguientes para los que se dispone de datos:

  • Porcentaje de población total que tiene acceso a electricidad.
  • Porcentaje de población total que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
  • Emisiones de CO2 de combustibles fósiles por producción de electricidad.

Los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) concluyen que de los 156 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (98,9), Suecia (97,7) y Noruega (97,4). Estos tres países de alto PIB per capita están en la senda de cumplir con este objetivo de la Agenda 2030 sin necesidad de afrontar mayores retos.

Les siguen, a continuación, en orden de puntuación Uruguay (94,9), Francia (94,6), Suiza (94,2), Finlandia (93,7), Armenia (93,6) y Nueva Zelanda (92,7), que también están cumpliendo favorablemente el ODS7, sin necesidad de retos adicionales que afrontar, a excepción de Francia ante el problema de las emisiones de CO2.

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Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al objetivo energético de la Agenda 2030 la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano, que cuentan con un bajo PIB per capita, como son Liberia (0,0), Burundi (0,1), Chad (0,8), República Centroafricana (1,8), Malaui (2,1), Sierra Leona (2,2), Níger (2,3), Madagascar (4,2), Ruanda (5,9) y Uganda (6,2).

Cuadros_Países25Menos_ODS7

Para más información:

2018 SDG Index and Dashboards

La evolución de la superficie de paneles solares instalados en la UE

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Una de las fuentes de energía renovable que ha venido ganando peso en las economías más avanzadas es la solar. En la Unión Europea, la superficie instalada de paneles solares, aún con un gran potencial de desarrollo, ha aumentado durante los últimos años de forma continuada.

Según los datos proporcionados por Eurostat, la superficie total de paneles solares ascendió en 1990 a 3,87 millones de metros cuadrados, a 11,05 millones en 2000 y a 35,54 millones en 2010. Los datos más recientes de 2016 apuntan que en el conjunto de la UE-28 hay un total de 50,07 millones de metros cuadrados de paneles solares instalados.

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Si realizamos un análisis por países, se concluye que en 2016 los Estados miembros que concentran la mayores proporciones de superficie de paneles solares de la UE son Alemania (con el 38,2 % del total), Austria (10,4 %), Grecia (8,9 %), Italia (7,8 %), España (7,6 %), Francia (4,4 %) y Polonia (4,0 %). Entre estos países destacan durante 2000-2016 el aumento de la importancia relativa registrado por Alemania (de 8,8 puntos porcentuales) y la pérdida observada en Grecia (de 17,7 puntos).

En el otro extremo, en países como Estonia, Letonia y Lituania la presencia de paneles solares es nula, siendo los únicos países de la UE en los que no ha aumentado la superficie de paneles solares desde 1990. A ellos les siguen con bajos porcentajes de participación Finlandia, Luxemburgo y Malta (los tres, con 0,1 % del total de la UE en 2016).

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Para más información:

Eurostat