La economía con ética de Amartya Sen

A pesar de ser una ciencia social la economía es percibida comúnmente como una disciplina (pre)destinada a un único propósito: elegir aquellos medios y técnicas que posibiliten emplear más eficientemente los recursos para obtener el máximo beneficio de los individuos.

Sin embargo, economistas como Amartya Sen, galardonado con el conocido como Premio Nobel de Economía en 1998, han dedicado gran parte de su vida a redescubrir y profundizar en las relaciones que existen entre ética y economía.

Así, como ejemplo de su vasta obra, en su libro Sobre ética y economía Sen nos recuerda que la economía desde sus orígenes, desde la época de Aristóteles, queda conectada con la ética en tanto que persigue fines humanos.

En palabras de Amartya Sen “la economía se interesa por las personas reales”, de modo que es ineludible que los economistas se hagan la pregunta socrática: “¿Cómo hay que vivir?”, pregunta que también es una motivación central para la ética.

Sin embargo, según este autor, aun reconociendo los logros del enfoque técnico, “la naturaleza de la economía moderna se ha visto empobrecida sustancialmente por el distanciamiento que existe entre la economía y la ética”. De hecho, Sen defiende que “la economía, tal y como ha evolucionado, puede hacerse más productiva prestando una atención mayor y más explícita a las consideraciones éticas que conforman el comportamiento y el juicio humanos”.

La teoría económica convencional sienta sus bases en el supuesto de que el individuo para su toma de decisiones presenta siempre un comportamiento racional, entendido, básicamente, como la maximización del propio interés. Pero para Sen esta interpretación egoísta de la racionalidad es muy limitada: “¿Por qué debe ser únicamente racional perseguir el propio interés excluyendo todo lo demás?”. La evidencia empírica nos ha demostrado que otras motivaciones diferentes del interés egoísta del individuo, como el deber, la lealtad y la buena voluntad, han conducido al éxito de algunas economías de libre mercado, como es el caso de Japón.

En suma, en sintonía con los escritos de Adam Smith, de finales del siglo XVIII, posteriormente malinterpretados por los economistas modernos, Amartya Sen defiende que la economía, sin dejar de lado la motivación de la maximización del propio interés, no ha de olvidar otras cualidades como la humanidad, la justicia, la generosidad, la bondad y el espíritu público.

Para leer más:

Sen, A.: Sobre ética y economía. Alianza editorial, Madrid, 2020.

Los ríos en la memoria del economista Amartya Sen

Bengala, la India.

El economista indio Amartya Sen nos cuenta en su libro de memorias Un hogar en el mundo cómo, tras el transcurrir de las décadas, le ha marcado para siempre el viaje que hiciera con su familia, siendo un niño, por el Padma y otros ríos de la India. 

Los días en barco que pasó por aquella red fluvial de Bengala atraparon su curiosidad infantil a la vez que le despertaron la emoción por un mundo natural que hasta entonces desconocía.

“Cuando estaba a punto de cumplir nueve años, mi padre me contó que estaba haciendo los arreglos para que pasáramos un mes de las vacaciones de verano en una casa flotante (con un pequeño motor) y recorriéramos una red fluvial. Pensé que se acercaba uno de los grandes acontecimientos de mi vida, y efectivamente así fue. Los días que pasamos en aquel barco que se movía lentamente fueron tan emocionantes como había esperado. Primero recorrimos el Padma, y después otros ríos, como el cautivadoramente manso Dhaleshwari y el magnífico Meghna. Todo era impresionante. Las plantas no solo se encontraban en los márgenes del río, sino también bajo la superficie del agua, eran lo más extraño que había visto en mi vida. Los pájaros que volaban en círculos sobre nuestra cabeza o se posaban en el barco me llamaban poderosamente la atención y podía alardear delante de Manju, que entonces tenía cinco años, de identificar a algunos por sus nombres. El sonido constante del agua se extendía a nuestro alrededor, completamente distinto al de nuestro tranquilo jardín de Daca. En los días ventosos, las olas rompían ruidosamente en los flancos del barco.

Entre los peces había especies que nunca había visto, y mi padre, que al parecer sabía todo sobre el tema, trataba de ayudarme a distinguir sus rasgos. También había pequeños delfines de río que se alimentaban de otros peces -en bengalí, el nombre es shushuk (el nombre científico: Platanista gangetica)-, eran negros y brillantes, subían a la superficie para respirar y después hacían largas inmersiones. Disfrutajba de su dinamismo y elegancia de lejos, no me animaba a acercarme por miedo a que confundieran los dedos de mis pies con algún pez desconocido”.

Para leer más:

Sen, A.: Un hogar en el mundo. Memorias. Ed. Taurus, Barcelona, 2021.