Franz Kafka y la parábola del río

 

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Con el cuento de 1919, La edificación de la Muralla China, el escritor checo Franz Kafka (1883-1924) nos legó una parábola literaria inspirada en la naturaleza, que transmite una particular forma de afrontar las decisiones, a veces incomprensibles o inadecuadas, que toman los gobiernos.

Corrían los tiempos de la construcción de la Muralla China. Un lejano Emperador en su remoto despacho toma la decisión de que la Gran Muralla se llevase a cabo siguiendo un sistema de construcción parcial, es decir, que fuese construida en tramos de 500 metros de largo, discontinuos, por cuadrillas de 20 personas. Con ello se conseguía evitar el agotamiento y abandono de los trabajadores. Pero, como es evidente, una muralla que no es continua pierde toda su virtualidad defensiva.

Lo cierto es que en aquella época imperial existía en aquel país asiático una máxima secreta que se resumía en los siguientes términos: Trata de comprender con todas tus fuerzas las órdenes de la Dirección, pero sólo hasta cierto punto; luego, deja de meditar.

Dicha máxima se desarrolló en forma de parábola, que logró mucha difusión por todo el Imperio:

“Te acontecerá lo que al río en la primavera. El río crece, se hace más caudaloso, alimenta la tierra de sus riberas y guarda su propio carácter hasta penetrar en el mar que lo recibe hospitalariamente por eso. Trata de comprender hasta ese punto las órdenes de la Dirección. Pero otras veces el río anega sus riberas, pierde su forma, demora su curso, ensaya contra su destino la formación de pequeños mares tierra adentro, perjudica los campos, y, sin embargo, no puede mantener esa latitud, y acaba por volver a sus riberas y por secarse miserablemente cuando llega el verano. No quieras penetrar demasiado las órdenes de la Dirección”.

Para leer más:

Franz Kafka: La edificación de la Muralla China. Editorial Losada, Buenos Aires, 2004.

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Una cita con el río en la obra de Joseph Conrad

El literato inglés de origen polaco Joseph Conrad (1857-1924) narró como pocos la envolvente fuerza natural de un río: el río Congo. Traemos hasta aquí estas expresivas palabras pertenecientes a su reputada novela “El corazón de las tinieblas”:

“Remontar aquel río fue como retroceder hasta los orígenes más tempranos del mundo, cuando la vegetación dominaba la tierra y los grandes árboles eran los reyes. Una corriente vacía, un gran silencio, un bosque impenetrable. El aire era cálido, denso, pesado, lento. No había ninguna alegría en el brillo del sol. Los largos tramos del canal seguían corriendo, desiertos, hasta la penumbra de la ensombrecida lejanía. En bancos de arena plateados, hipopótamos y caimanes tomaban juntos el sol. Las aguas ensanchadas fluían a través de una aglomeración de islas boscosas; uno se perdía en aquel río como lo haría en un desierto, y se chocaba todo el día contra bajíos, tratando de encontrar el canal, hasta que uno se creía hechizado y aislado para siempre de todo lo que había conocido alguna vez…, en algún lugar…, muy lejos…, en otra existencia tal vez”.

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Casa donde en 1861 vivió Joseph Conrad. Varsovia, Polonia

Para leer más:

Joseph Conrad (1899): El corazón de las tinieblas.