El mar, en el verso de Fernando González

El escritor español Fernando González Rodríguez (1901-1972), originario de las Islas Canarias, nos ha dejado un legado poético, de múltiple adscripción estética, que hasta fechas recientes ha atravesado un relativo olvido. Este “exquisito poeta”, en palabras de Azorín, desde su primera juventud ha escrito admirables versos que se nutren de la naturaleza insular.

Antes de partir hacia Madrid en 1922, el joven poeta publica su primer libro, Las canciones del alba (1918), en el que incluye un poema dedicado al mar, el océano Atlántico que baña su espíritu y tanto añorará durante su estancia en aquella populosa ciudad. Se trata de Canción del mar, con la que su autor nos transmite el placer que siente al escuchar la belleza que irradian las fuerzas sonoras de las olas.

“Oh, mar poderoso, de fuerzas potentes y enormes empujes
que has visto los siglos pasar para siempre con la loca violencia.
¡Oh, tú que sostienes eterno combate, y, sonoro, crujes
contra los peñascos que, débiles, quieren domar tu potencia!

¡Oh, titán que llevas sobre tus costados mil embarcaciones!
¡Ante tu presencia reviven historias de tiempos pasados!
¡Hoy, sobre las aguas que un día surcaron civilizaciones,
se hunden, en la lucha de vida o de muerte, los acorazados!

El bravo marino del puño de acero y el brazo desnudo,
te envía en su canto de frágiles notas, su ardiente saludo,
que vibra entre el trueno tremendo que lanza, soberbio, el turbión.

¡Yo también te envío mi canto gallardo de versos sonoros!
¡Oh mar, más preciado, por tu omnipotencia, que regios tesoros,
yo estoy en tu orilla oyendo, extasiado, tu enorme canción!”.

Para leer más:

Fernando González: Poesía completa. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2021.

Del mar mi casa: una cita con el verso de Manuel Padorno

El poeta Manuel Padorno (1933-2002), originario de las Islas Canarias (España), nos legó una obra creativa que abandera como pocos esa conjunción de mar y luz que caracterizan a su archipiélago atlántico.

Mar y luz son dos elementos de la naturaleza que Padorno sintió profundamente como propios, pues los percibía desde la casa canaria donde habitó, a un paso de la arena de la playa que sus pies descalzos pisaban cada día.

SEXTINA del mar mi casa

Cuando bajo a la playa cada día 

curvado recipiente, el oleaje

invisible del mar, luz transparente

ocupa el exterior, vaso de luz;

la mirada se adentra por la playa

a contemplar aquel incendio azul.



Al abrir los cristales el azul

invadirá mi casa, blanco día

el espacio que media entre la playa

y el horizonte, bulle el oleaje

entre los muros, casa de la luz

la misma playa: el vaso transparente.



Y mi ventana, sima transparente

me deja ver el mar, la luz azul

pero también el árbol de la luz

(que no se ve) bullente, claro día

encima de mi casa el oleaje

de la celeste abovedada playa.



Piso el cristal tendido de la playa

en donde vivo, espejo transparente

contra los muros bate el oleaje,

luna del mediodía el techo azul,

alto cielo estrellado, pasa el día

invisibles gaviotas de la luz.



Cuando miro las llamas de la luz,

oh claridad del día de la playa,

mientras bajo descalzo cada día

a la arena, de fuego transparente

todo germina en la llanura azul

sobre la orilla dulce del oleaje.



Habitación azul del oleaje,

adentro del cristal fluye la luz,

invisible fermenta el día azul

acabado a las puertas de la playa

donde mi casa alberga transparente

la llamarada viva cada día.



En Punta Brava crece el día azul,

en la playa invisible, transparente

reside el oleaje de la luz.

Para leer más:

Manuel Padorno: Éxtasis [1973-1993]. Pre-Textos, Valencia, 1993.

La oda al océano Atlántico de Tomás Morales

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Retrato de Tomás Morales, por Nicolás Massieu y Matos

Desde la antigüedad el mar ha sido fuente de inspiración para la creatividad artística. El poeta español Tomás Morales (1884-1921), originario de las Islas Canarias, inicia con estos versos su Oda al Atlántico que escribió hace un siglo.

«El mar: el gran amigo de mis sueños, el fuerte

titán de hombros cerúleos e inenarrable encanto:

en esta hora, la hora más noble de mi suerte,

vuelve a hendir mis pulmones y a enardecer mi canto…

El alma en carne viva va hacia ti, mar augusto,

¡Atlántico sonoro! Con ánimo robusto,

quiere hoy mi voz de nuevo solemnizar tu brío.

Sedme, Musas, propicias al logro de mi empeño:

¡mar azul de mi Patria, mar de Ensueño,

mar de mi Infancia y de mi Juventud… mar Mío!»

 

Para leer más:

Morales, Tomás: Las Rosas de Hércules. Ediciones Cátedra, Madrid, 2011.