El estado del clima mundial (2025)

La vida de los sistemas humanos y naturales de la Tierra está estrechamente ligada al estado del clima. Gracias a informes periódicos sobre la situación climática del mundo, como los que elabora anualmente la Organización Mundial de Meteorología (OMM), podemos llegar a conocer de forma objetiva, mediante el tratamiento científico de una amplia batería de datos, en qué condiciones climáticas se encuentra nuestro planeta y evaluar las implicaciones de diversa índole que generan.

La Organización Mundial de Meteorología (OMM), en su último Informe “Estado del clima mundial 2025” (mayo de 2026), nos envía los siguientes ocho mensajes fundamentales:

1. La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera

Citando textualmente a la OMM, “el aumento de la concentración atmosférica de CO2 causado por las actividades humanas es el principal impulsor del cambio climático”. Este gas de efecto invernadero (GEI) alcanzó en 2024 el nivel más alto de los últimos dos millones de años. Además, en dicho año registró el mayor incremento anual desde que comenzaron las mediciones modernas en 1957.

Respecto a otros GEI, las concentraciones atmosféricas de metano y óxido nitroso alcanzaron en 2024 sus valores más altos en los últimos 800.00 años.

Los datos disponibles obtenidos en tiempo real apuntan que las concentraciones de estos tres gases (CO2, CH4 y NO2)) han continuado aumentando durante 2025.

2. La temperatura media mundial

Los registros de la temperatura media mundial cerca de la superficie de la Tierra, otro de los indicadores principales del cambio climático, apuntan que los últimos tres años han sido los tres más cálidos de los 176 años que conforman el registro de observación.

En 2025 la temperatura media mundial de la superficie superó en 1,43ºC ±0,13ºC la media del periodo 1850-1900, el valor utilizado para representar las condiciones preindustriales. Este año 2025 fue el segundo o tercer año más cálido de los 176 que conforman el registro de observación.

3. El contenido calorífico de los océanos

El 91% de la acumulación del exceso de energía de la Tierra es absorbida por los océanos. En 2025 el contenido calorífico de los océanos alcanzó su valor más alto desde hace 66 años, cuando empezaron los registros.

El contenido calorífico de los océanos de la Tierra ha marcado sucesivamente nuevos máximos durante los últimos nueve años.

4. El nivel medio del mar a escala mundial

En 2025 el nivel medio del mar a escala mundial se mantuvo en valores comparables a los de 2024, cuando se alcanzaron valores máximos desde que hay registros de altimetría por satélite (a partir de 1993). A finales de 2025 el nivel medio del mar se situaba unos 11 cm por encima del valor de enero de 1993.

El ritmo de aumento del nivel medio del mar se ha ido acelerando, de modo que desde 2012 supera el observado durante el periodo 1993-2011.

5. El pH medio de los océanos a escala mundial

La concentración en los océanos de las emisiones con origen humano de GEI altera la composición química de las aguas oceánicas, provocando su acidificación. El pH medio de la superficie oceánica a escala mundial se ha reducido durante los últimos 41 años.

6. El balance de masas de los glaciares

En año hidrológico 2024/2025 la cantidad de masa ganada o perdida (balance) de los glaciares se situó entre los cinco más negativos dentro del periodo 1950-2025 para el que se cuenta con registros.

Los glaciares de Islandia y de la costa del Pacífico de América del Norte registraron pérdidas excepcionales de masa en 2025.

7. La extensión media del hielo marino

El hielo marino del Ártico presentó en 2025 la extensión media anual más baja o la segunda más baja desde que hay registros (1979 hasta la actualidad).

Por su parte, la extensión media anual del hielo marino de la Antártida, que había mostrado un ligero aumento a largo plazo hasta 2015, ha descendido desde entonces de forma considerable. En 2025 llega a ser la tercera más baja, tras 2023 y 2024, desde que hay registros.

8. El desequilibrio de la Tierra

Finalmente, el desequilibrio energético de la tierra es un indicador climático que mide la rapidez con la que el calor retenido por las emisiones antropógenas de GEI se acumula en el sistema climático, provocando el aumento de la temperatura de los océanos, los continentes y la atmósfera, y la fusión del hielo.

El desequilibrio energético de la Tierra, es decir, la diferencia entre la cantidad de energía que la Tierra recibe del Sol y la cantidad de energía que la Tierra irradia de vuelta al espacio, no ha dejado de aumentar desde 1960, y ello se produce con una acumulación de calor que aumenta a una velocidad cada vez mayor.

En 2025, el desequilibrio energético de la Tierra alcanzó su valor más alto desde hay registros de esta variable (año 1960).

En resumen, este diagnóstico de la situación del clima, que expone el Informe de la OMM, pone de relieve múltiples impactos (contaminación, calentamiento global, deshielos, incendios, sequías…) que están afectando a la biodiversidad de los ecosistemas naturales. Pero al mismo tiempo, también tiene serias implicaciones sobre la vida y la salud de los seres humanos que habitamos el planeta. Como subraya la OMM:

“Estos cambios rápidos y de gran escala en el sistema Tierra tienen efectos en cascada sobre los sistemas humanos y naturales, y contribuyen a la inseguridad alimentaria y al desplazamiento de poblaciones en contextos marcados por la confluencia de peligros, una gran vulnerabilidad y una capacidad de adaptación limitada».

Para más información:

Organización Meteorológica Mundial (WMO). Estado del clima mundial 2025. (OMM-No 1391). Ginebra, 2026. ISBN: 978-92-63-11391-7.

Las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE (1990-2023)

El calentamiento global del planeta es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad, como así lo contempla la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en concreto en su ODS 13, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015.

Para encarar el desafío de la crisis climática se vuelve imperioso orientar hacia la sostenibilidad los sistemas económicos actuales basados en modos de producción y consumo que son el origen de cuantiosas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

En el marco de la Unión Europea, uno de los principales emisores de GEI del planeta, se han establecido compromisos de reducción de las emisiones de estos gases que requieren una evaluación continuada.

De acuerdo con la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), en el año 2023 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que produjo el conjunto de los 27 países de la UE se han cuantificado en 2.907 millones de toneladas (Mt) de CO2 equivalentes, incluyendo las emisiones netas del sector de “uso del suelo, cambio de uso del suelo y silvicultura” (LULUCF, en sus siglas en inglés) y la aviación internacional. Respecto al año anterior las emisiones, por tanto, experimentaron un descenso del 8,9%, continuando con la tendencia descendente mostrada en los últimos años, a excepción del repunte registrado en 2021 una vez sobrellevados los peores efectos de la contracción de la actividad que supuso la irrupción de la pandemia del COVID-19 en 2020.

En un análisis temporal más amplio, desde el año 1990, cuando los GEI generadores del cambio climático emitidos a la atmósfera por las actividades humanas ascendieron 4.635 Mt, se ha producido una reducción total de las emisiones del 37,3% en la UE. En términos absolutos, en 2023 se emitieron 1.728 Mt de CO2 equivalentes menos que en el año 1990.

En términos acumulados, durante el periodo 1990-2023 los países de la Unión Europea han enviado a la atmósfera un total de 132.398 millones de toneladas de CO2 equivalentes.

Como señala el informe de 2025 de la Agencia Europea del Medio Ambiente, (AEMA) las principales causas que explican que se hayan reducido las emisiones de GEI entre 1990 y 2023 en la UE son diversas: el aumento de la participación del uso de las energías renovables, el menor uso de los combustibles fósiles, mejoras en la eficiencia energética tanto en las empresas como en los hogares, cambios económicos estructurales y la recesión económica como la provocada por la pandemia.

En un análisis por sectores, según AEMA, las principales fuentes de emisiones de GEI son la energía (combustión y emisiones fugitivas), responsable del 81% del total de emisiones netas en 2023; la agricultura, con el 13 % del total, y la industria, con el 9%. Por su parte, el sector LULUCF representó el -7% de las emisiones netas de la UE en 2023.

Durante el periodo 1990-2023 la reducción de emisiones de GEI ha sido casi generalizada, con las significativas excepciones del transporte y la refrigeración y el aire acondicionado, donde las emisiones se incrementaron, y de la superficie forestal, donde las absorciones netas decrecieron, debido principalmente al envejecimiento de los bosques, el incremento de la tala y los efectos negativos del cambio climático.

Los mayores descensos de las emisiones se han observado en la industria manufacturera, la construcción, la producción de electricidad y calor, la producción de hierro y acero y la combustión residencial. Varios factores explican la disminución de las emisiones de GEI en el sector industrial: mejora de la eficiencia, menor intensidad de carbono, terciarización de la economía y una menor participación de las industrias con mayor consumo de energía, entre otros. Asimismo, la reducción de las emisiones procedentes de la producción de electricidad y calor se ha sustentado, principalmente, en la mejora de la eficiencia energética, en la transición hacia combustibles con menor intensidad de carbono y en el incremento sustancial del uso de fuentes de energía renovables. Por su parte, las importantes reducciones de emisiones en el sector residencial registradas durante el periodo 1990-2023 han sido impulsadas, entre otros factores, por las ganancias de eficiencia energética derivadas de mejores estándares de aislamiento en los edificios y por una combinación de combustibles con menor intensidad de carbono.

Por tipos, los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera son en su mayoría gases de dióxido de carbono (CO2), que representan el 78,0% del total de GEI de la UE en 2023. Las emisiones de estos gases CO2 (incluyendo LULUCF y aviación internacional) han disminuido entre 1990 y 2023 un 37,3%. También se han reducido durante el periodo las emisiones de otros GEI como metano (CH4), óxido nitroso (N2O), perfluorocarbonos (PFCs) y hexafluoruro de azufre (SF6). Por el contrario, se han incrementado de forma significativa las emisiones de los hidrofluorocarbonos (HFCs), gases que se emplean, entre otros usos, en refrigeración y aire acondicionado.

En un análisis por países, en el año 2023 dos tercios (el 66,9%) del total de emisiones de GEI de la UE-27 procedían de cinco países: Alemania (25,5%), Francia (11,7%), Italia (11,4%), Polonia (10,9%) y España (7,5%).

Durante el periodo 1990-2023 la mayoría de los países de la Unión han reducido sus emisiones de GEI, contabilizándose las disminuciones absolutas más importantes en Alemania (-547.752 Mt), Italia (-187.995), Francia (-185.193) y Rumanía (-172.960).

En términos porcentuales, entre 1990 y 2023 las mayores reducciones se han registrado en Rumanía (-75,1%), Lituania (-70,7%), Estonia (-63,2%), Eslovaquia (-56,1%) y Bulgaria (-55,0%).

Por el contrario, son cinco países de la Unión Europea los que han aumentado sus emisiones de GEI durante el periodo 1990-2023: Chipre (50,9%), Austria (15,7%), Suecia (11,0%), Letonia (7,9%) y Finlandia (7,5%).

De cara al futuro, la palpable realidad del calentamiento global sigue demandando a los países acelerar la senda de reducción de sus emisiones de GEI. En la actualidad los compromisos asumidos por la UE  apuntan que las emisiones han de disminuir al menos un 55% en 2030 respecto a 1990, con las vistas puestas en lograr una economía con neutralidad climática en el año 2050.

Para más información:

EEA: Annual European Union greenhouse gas inventory 1990–2023 and inventory report 2025

Eurostat

Las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE (1990-2021)

El calentamiento global del planeta es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad, como así lo contempla la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en concreto en su ODS 13, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015.

Para encarar el desafío de la crisis climática se vuelve imperioso orientar hacia la sostenibilidad los sistemas económicos actuales basados en modos de producción y consumo que son el origen de cuantiosas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

En el marco de la Unión Europea, uno de los principales emisores de GEI del planeta, se han establecido compromisos de reducción de las emisiones de estos gases que requieren una evaluación continuada.

De acuerdo con la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), en el año 2021 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que produjo el conjunto de los 27 países de la UE se han cuantificado en 3.311 millones de toneladas (Mt) de CO2 equivalentes, incluyendo las emisiones netas del sector de “uso del suelo, cambio de uso del suelo y silvicultura” (LULUCF, por sus siglas en inglés) y la aviación internacional. Respecto al año anterior las emisiones, por tanto, experimentaron un incremento del 6,2%. La recuperación económica registrada en 2021 viene a explicar este repunte, una vez sobrellevados los peores efectos de la contracción de la actividad que supuso la irrupción de la pandemia del COVID-19 en 2020.

En un análisis temporal más amplio, desde el año 1990, cuando los GEI generadores del cambio climático emitidos a la atmósfera por las actividades humanas ascendieron 4.712 Mt, se ha producido una reducción total de las emisiones del 29,5% en la UE. En términos absolutos, en 2021 se emitieron 1.401 Mt de CO2 equivalentes menos que en el año 1990.

En términos acumulados, durante el periodo 1990-2021 los países de la Unión Europea han enviado a la atmósfera un total de 129.097 millones de toneladas de CO2 equivalentes.

Como señala el informe de 2023 de la Agencia Europea del Medio Ambiente, las principales causas que explican que se hayan reducido las emisiones de GEI entre 1990 y 2021 en la UE son diversas: el aumento de la participación del uso de las energías renovables, el menor uso de los combustibles fósiles, mejoras en la eficiencia energética tanto en las empresas como en los hogares, cambios económicos estructurales y la recesión económica como la provocada por la pandemia.

En un análisis por sectores, la reducción de emisiones de GEI ha sido casi generalizada, con las significativas excepciones del transporte y la refrigeración y aire acondicionado, donde las emisiones se incrementaron, y de la superficie forestal, donde las absorciones netas decrecieron, debido principalmente al envejecimiento de los bosques. Los mayores descensos de las emisiones se han observado en la industria manufacturera, la construcción, la producción de electricidad y calor, la producción de hierro y acero y la combustión residencial.

Por tipos, los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera son en su mayoría gases de dióxido de carbono (CO2), que representan el 80% del total de GEI de la UE en 2021. Las emisiones de estos gases CO2 (incluyendo LULUCF y aviación internacional) han disminuido entre 1990 y 2021 un 29%. También se han reducido durante el periodo las emisiones de otros GEI como metano (CH4), óxido nitroso (N2O), perfluorocarbonos (PFCs) y hexafluoruro de azufre (SF6). Por el contrario, se han incrementado las emisiones de los hidrofluorocarbonos (HFCs).

En un análisis por países, en el año 2021 dos tercios (el 67,0%) del total de emisiones de GEI de la UE-27 procedían de cinco países: Alemania (23,6%), Francia (12,3%), Italia (11,9%), Polonia (11,5%) y España (7,6%).

Durante el periodo 1990-2021 la mayoría de los países de la Unión han reducido sus emisiones de GEI, contabilizándose las disminuciones absolutas más importantes en Alemania (-516.725 Mt), Rumanía (-162.936), Italia (-127.191) y Francia (-124.883).

En términos porcentuales, entre 1990 y 2021 las mayores reducciones se han registrado en Suecia (-73,2%), Rumanía (-71,0%), Lituania (-66,7%), Estonia (-57,4%), Eslovaquia (-47,8%) y Bulgaria (-45,6%).

Por el contrario, son cuatro países de la Unión Europea los que han aumentado sus emisiones de GEI durante el periodo 1990-2021: Chipre (45,7%), Irlanda (12,8%), Finlandia (5,8%) y Austria (0,9%). Cabe destacar que el crecimiento de las emisiones de estos dos últimos países ha venido determinado por la evolución seguida por el sector LULUCF, principalmente en el caso de Finlandia, donde se volvió desfavorable, de modo que de contabilizarse las emisiones sin LULUCF habrían descendido un 32,6% en este país.

De cara al futuro, la palpable realidad del calentamiento global está demandando a los países acelerar la senda de reducción de sus emisiones de GEI. En la actualidad los compromisos asumidos por la UE  apuntan que las emisiones han de disminuir al menos un 55% en 2030 respecto a 1990, con las vistas puestas en lograr una economía con neutralidad climática en el año 2050.

Para más información:

EEA: Annual European Union greenhouse gas inventory 1990–2021 and inventory report 2023

Eurostat

Las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera (2018)

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Un nuevo informe de la Organización Mundial de Meteorología (OMM) nos advierte de que los niveles de gases de efecto invernadero (GEI), causantes del calentamiento global, no paran de crecer. Según el WMO Greenhouse Bulletin de noviembre de 2019, continúa la tendencia de crecimiento a largo plazo, desde el periodo preindustrial, de la concentración en la atmósfera de los principales GEI: dióxido de carbono, metano y óxido nitroso.

Dióxido de carbono

En 2018 la concentración en la atmósfera de dióxido de carbón, el principal GEI, alcanzó un nuevo máximo: las 407,8 partes por millón (ppm). Ello supuso un incremento medio anual de 2,3 ppm, similar al registrado en 2017 y ligeramente superior al crecimiento medio de los últimos diez años (2,26 ppm).

Respecto al nivel de 278 ppm registrado en el periodo preindustrial (anterior a 1750 ), la concentración de dióxido de carbono ha experimentado un crecimiento del 147%. Las causas de esta tendencia de crecimiento continuo se encuentran principalmente en las emisiones provenientes de la explotación de combustibles fósiles y de la producción de cemento, la deforestación y el cambio de otros usos del suelo, según la OMM.

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Fuente: Organización Mundial de Meteorología.

Metano

El metano constituye el segundo gas de efecto invernadero más importante. Sus concentraciones en la atmósfera alcanzaron en 2018 las 1.869 partes por mil millones (ppb), esto es, un nuevo máximo, al igual que lo sucedido con el dióxido de carbono. Su incremento de 2018 fue superior al registrado en 2017 y al crecimiento medio anotado durante el último decenio.

Respecto a los niveles preindustriales (722 ppb), la concentración de metano en la atmósfera ha experimentado un crecimiento del 259%, debido a las mayores emisiones procedentes de fuentes antropogénicas.

Del total de metano emitido a la atmósfera el 60% procede de la acción del hombre (ganadería, cultivo de arroz, explotación de combustibles fósiles, vertederos y quema de biomasa). El 40% restante del metano emitido proviene de fuentes naturales (humedales, termitas…).

Óxido nitroso

El tercer GEI que más contribuye al calentamiento global, el óxido nitroso, alcanzó en 2018 una concentración atmosférica de 331,1 partes por mil millones, lo que supone un aumento de 1,2 ppb, que supera al observado en 2017 y al crecimiento medio registrado en el último decenio.

En comparación con el nivel preindustrial (270 ppb) la concentración de óxido nitroso en la atmósfera ha experimentado un crecimiento del 123%.

Según la OMM las emisiones de óxido nitroso proceden en un 60% de fuentes naturales y en un 40% de fuentes antropogénicas (quema de biomasa, uso de fertililzanes, procesos industriales…). Las causas probables de los incrementos observados por la concentración de óxido nitroso en la atmósfera se encuentran en una extensión del uso de fertilizantes en la agricultura y en una mayor liberación de dicho gas de los suelos debido a un exceso de deposición de nitrógeno atmosférico relacionada con la contaminación atmosférica.

Para más información:

WMO GREENHOUSE BULLETIN. Nº 15, November 2019

El estado del clima mundial (2018)

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La Organización Mundial de Meteorología (OMM) nos informa periódicamente del estado del clima de nuestro planeta. Estas son algunas de las principales conclusiones recogidas en su último informe publicado en 2019:

  • La temperatura media mundial de 2018 fue aproximadamente 1ºC superior al valor de referencia de la era preindustrial (1850-1900).
  • El año 2018 fue el cuarto más cálido desde que se tienen registros.
  • Los últimos cuatro años (2015 a 2018) fueron los cuatro más cálidos del registro de temperaturas mundiales.
  • En 2018 las temperaturas fueron notablemente elevadas en el Ártico y en partes de Europa, Norte de África, Oriente Medio y el sur de Asia. También se registraron temperaturas acusadas en el suroeste de EE.UU., partes del este de Australia y Nueva Zelanda. Para Europa fue uno de los tres años más cálidos de los que se tiene constancia.
  • El contenido calorífico de los océanos se encuentra actualmente en un nivel sin precedentes. En 2018 alcanzó nuevos máximos hasta los 700 m de profundidad (datos desde 1955) y hasta 2.000 m de profundidad (datos desde 2005).
  • Como indicador del calentamiento global, en 2018 el nivel del mar, que sigue aumentando a un ritmo acelerado, marcó un nuevo récord.
  • En 2018 se produjeron 74 ciclones en el hemisferio norte, superando con creces la media a largo plazo de 63.

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Principales componentes del sistema climático e interacciones. Fuente: OMM.

Los impactos sobre la vida en la Tierra de estas tendencias climáticas son cada vez más palpables, como también lo es la influencia del origen antrópico. Según expresa la OMM, en 2018 los fenómenos meteorológicos y climáticos estuvieron detrás de la mayoría de los casi 62 millones de personas afectadas por peligros naturales (crecidas, sequías, huracanes…). Especial atención es necesario prestar al sector agrícola, muy expuesto a los fenómenos climáticos extremos, como las sequías, que agravan el problema del hambre y la malnutrición en el mundo, y en particular en África. A ello se suman los efectos medioambientales del calentamiento global que pone el peligro la biodiversidad de especies y la calidad de los ecosistemas.

Este diagnóstico de la situación del clima, que expone la OMM, no deja de ser preocupante ya que nos distancia del cumplimiento del Acuerdo de París de 2015 que pretende limitar el calentamiento global a 1,5 ºC o 2ºC por encima de los valores del periodo preindustrial. En consecuencia, los indicadores del estado actual del clima mundial siguen apuntalando la emergencia de actuar con determinación frente a la crisis climática que pone en peligro la vida en el planeta.

 

Para más información:

Organización Mundial de Meteorología: Declaración de la OMM sobre el estado del clima mundial en 2018.