El estado del clima mundial (2025)

La vida de los sistemas humanos y naturales de la Tierra está estrechamente ligada al estado del clima. Gracias a informes periódicos sobre la situación climática del mundo, como los que elabora anualmente la Organización Mundial de Meteorología (OMM), podemos llegar a conocer de forma objetiva, mediante el tratamiento científico de una amplia batería de datos, en qué condiciones climáticas se encuentra nuestro planeta y evaluar las implicaciones de diversa índole que generan.

La Organización Mundial de Meteorología (OMM), en su último Informe “Estado del clima mundial 2025” (mayo de 2026), nos envía los siguientes ocho mensajes fundamentales:

1. La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera

Citando textualmente a la OMM, “el aumento de la concentración atmosférica de CO2 causado por las actividades humanas es el principal impulsor del cambio climático”. Este gas de efecto invernadero (GEI) alcanzó en 2024 el nivel más alto de los últimos dos millones de años. Además, en dicho año registró el mayor incremento anual desde que comenzaron las mediciones modernas en 1957.

Respecto a otros GEI, las concentraciones atmosféricas de metano y óxido nitroso alcanzaron en 2024 sus valores más altos en los últimos 800.00 años.

Los datos disponibles obtenidos en tiempo real apuntan que las concentraciones de estos tres gases (CO2, CH4 y NO2)) han continuado aumentando durante 2025.

2. La temperatura media mundial

Los registros de la temperatura media mundial cerca de la superficie de la Tierra, otro de los indicadores principales del cambio climático, apuntan que los últimos tres años han sido los tres más cálidos de los 176 años que conforman el registro de observación.

En 2025 la temperatura media mundial de la superficie superó en 1,43ºC ±0,13ºC la media del periodo 1850-1900, el valor utilizado para representar las condiciones preindustriales. Este año 2025 fue el segundo o tercer año más cálido de los 176 que conforman el registro de observación.

3. El contenido calorífico de los océanos

El 91% de la acumulación del exceso de energía de la Tierra es absorbida por los océanos. En 2025 el contenido calorífico de los océanos alcanzó su valor más alto desde hace 66 años, cuando empezaron los registros.

El contenido calorífico de los océanos de la Tierra ha marcado sucesivamente nuevos máximos durante los últimos nueve años.

4. El nivel medio del mar a escala mundial

En 2025 el nivel medio del mar a escala mundial se mantuvo en valores comparables a los de 2024, cuando se alcanzaron valores máximos desde que hay registros de altimetría por satélite (a partir de 1993). A finales de 2025 el nivel medio del mar se situaba unos 11 cm por encima del valor de enero de 1993.

El ritmo de aumento del nivel medio del mar se ha ido acelerando, de modo que desde 2012 supera el observado durante el periodo 1993-2011.

5. El pH medio de los océanos a escala mundial

La concentración en los océanos de las emisiones con origen humano de GEI altera la composición química de las aguas oceánicas, provocando su acidificación. El pH medio de la superficie oceánica a escala mundial se ha reducido durante los últimos 41 años.

6. El balance de masas de los glaciares

En año hidrológico 2024/2025 la cantidad de masa ganada o perdida (balance) de los glaciares se situó entre los cinco más negativos dentro del periodo 1950-2025 para el que se cuenta con registros.

Los glaciares de Islandia y de la costa del Pacífico de América del Norte registraron pérdidas excepcionales de masa en 2025.

7. La extensión media del hielo marino

El hielo marino del Ártico presentó en 2025 la extensión media anual más baja o la segunda más baja desde que hay registros (1979 hasta la actualidad).

Por su parte, la extensión media anual del hielo marino de la Antártida, que había mostrado un ligero aumento a largo plazo hasta 2015, ha descendido desde entonces de forma considerable. En 2025 llega a ser la tercera más baja, tras 2023 y 2024, desde que hay registros.

8. El desequilibrio de la Tierra

Finalmente, el desequilibrio energético de la tierra es un indicador climático que mide la rapidez con la que el calor retenido por las emisiones antropógenas de GEI se acumula en el sistema climático, provocando el aumento de la temperatura de los océanos, los continentes y la atmósfera, y la fusión del hielo.

El desequilibrio energético de la Tierra, es decir, la diferencia entre la cantidad de energía que la Tierra recibe del Sol y la cantidad de energía que la Tierra irradia de vuelta al espacio, no ha dejado de aumentar desde 1960, y ello se produce con una acumulación de calor que aumenta a una velocidad cada vez mayor.

En 2025, el desequilibrio energético de la Tierra alcanzó su valor más alto desde hay registros de esta variable (año 1960).

En resumen, este diagnóstico de la situación del clima, que expone el Informe de la OMM, pone de relieve múltiples impactos (contaminación, calentamiento global, deshielos, incendios, sequías…) que están afectando a la biodiversidad de los ecosistemas naturales. Pero al mismo tiempo, también tiene serias implicaciones sobre la vida y la salud de los seres humanos que habitamos el planeta. Como subraya la OMM:

“Estos cambios rápidos y de gran escala en el sistema Tierra tienen efectos en cascada sobre los sistemas humanos y naturales, y contribuyen a la inseguridad alimentaria y al desplazamiento de poblaciones en contextos marcados por la confluencia de peligros, una gran vulnerabilidad y una capacidad de adaptación limitada».

Para más información:

Organización Meteorológica Mundial (WMO). Estado del clima mundial 2025. (OMM-No 1391). Ginebra, 2026. ISBN: 978-92-63-11391-7.

Los impuestos ambientales en España (2008-2024)

La fiscalidad ambiental constituye un importante instrumento de política pública. Su objetivo principal es orientar la producción y el consumo hacia una asignación eficiente de los recursos naturales, fomentando comportamientos de los agentes económicos menos extractivos y no contaminantes. Con la adecuada aplicación de los impuestos ambientales es posible favorecer una mayor calidad del medioambiente, gravando, por ejemplo, las emisiones de CO2 a la atmósfera, la generación de residuos, los combustibles fósiles y el transporte no sostenible.

Dicho instrumento fiscal conlleva ingresos para las arcas públicas como resultado de la aplicación de un conjunto de impuestos ambientales, en un determinado territorio, que son definidos como “aquellos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medioambiente” (de acuerdo con la definición oficial que emplea el INE).

Organismos como la OCDE y la Comisión Europea se han manifestado partidarios de la extensión de la implantación de impuestos ambientales para mitigar el cambio climático y desincentivar modos de producción y consumo insostenibles. La política fiscal de los Estados debería, en consecuencia, tender a otorgar un mayor peso a la recaudación por la vía de este tipo de tributos.

En el caso de España, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos permiten conocer la importancia que las instituciones públicas otorga a la fiscalidad verde en este país. Según los datos avance del año 2024 la recaudación de los impuestos ambientales ascendió a 26.830 millones de euros. En términos relativos, dicha cuantía representa el 7,0% del total de impuestos de la economía española. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB) se situó en el 1,68% en 2024.

Los impuestos ambientales se suelen agrupar en tres grandes tipos. Destacan, en primer lugar, con diferencia, los impuestos sobre la energía, cuya recaudación concentra el 79,4% de la recaudación fiscal verde española. Se trata, principalmente, del Impuesto sobre Hidrocarburos y, a distancia, la imposición sobre la energía eléctrica.

Les siguen, en segundo lugar, los impuestos sobre el transporte, con el 12,0% de la recaudación de todos los impuestos ambientales en 2024, materializada a través de dos tributos básicos: el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica y el Impuesto Especial sobre Determinados Medios de Transporte.

Finalmente, el grupo de los impuestos sobre la contaminación y los recursos, entre los que figuran los impuestos sobre los envases de plástico y sobre los residuos, recauda el 8,5% restante de la recaudación de carácter ambiental en España.

Por sectores, en 2024 los hogares abonaron un total de 10.813 millones euros, esto es, el 40,3% de la recaudación ambiental total de España, frente al 59,7% que fue aportado por la actividad productiva.

La rama económica que abonó más impuestos ambientales en 2024 fue la Industria manufacturera, con el 33,7% de la recaudación total soportada por el tejido productivo. Les siguen las ramas de Transporte y almacenamiento (20,4%); Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (20,2%); Otros servicios (12,4%); Suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación (5,0%); Comercio (3,9%); Construcción (2,0%); Agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (1,6%) e Industrias extractivas (0,8%).

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2024 los impuestos ambientales han aumentado un 47,6%, al pasar de 18.179 a 26.830 millones de euros (en precios corrientes).

Por tipos de impuestos la recaudación ha sido desigual. Se han incrementado los ingresos procedentes de los impuestos sobre la contaminación y los recursos un 866,7% y, en menor medida, los de los impuestos sobre la energía (los de mayor peso), un 47,5%. Por el contrario, se ha reducido la recaudación de los impuestos sobre el transporte en un 7,7% durante dicho periodo.

En términos relativos, si analizamos la implantación de la fiscalidad verde en España, se concluye que la participación de los impuestos ambientales ha perdido peso sobre el total de impuestos de España durante el periodo 2008-2024

La recaudación ambiental ha pasado de representar el 8,10% de la recaudación total en 2008 al 7,00% en 2024. Como se aprecia en el siguiente gráfico, los impuestos ambientales han cedido protagonismo en la estructura fiscal española dibujando una tendencia de continuo descenso desde el año 2015 hasta 2022, que sólo se ha podido amortiguar en los dos últimos años.

Finalmente, como indicador complementario para conocer mejor la evolución de la importancia real de este tipo de impuestos en España, se ha calculado la presión fiscal ambiental, es decir, el porcentaje de la recaudación de los impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB). De este modo, se concluye que la recaudación fiscal ambiental sobre el PIB español ha aumentado desde el 1,63% en 2008 hasta alcanzar un máximo en el año 2015 (1,92%). A partir de entonces, se constata, año a año, una senda de marcado descenso, hasta finalmente llegar a registrar su valor mínimo en el año 2022, con un 1,50%. Durante los últimos dos años se observa una ligera recuperación de dicha ratio hasta cifrarse en el 1,68% en 2024, porcentaje que permanece aún lejos del registrado en 2019 (1,76%), año previo a la crisis sanitaria.

Para más información:

INE.

Evolución de la superficie forestal en la UE (2015-2023)

Los bosques son fuente de múltiples beneficios. Son el hábitat natural de diversas especies de plantas y animales que hacen posible la vida en el planeta, a la vez que constituyen un valioso sustento para los humanos. Asimismo, la superficie forestal es un sumidero natural de carbono, contribuyendo a mitigar los impactos del cambio climático, y proporciona protección frente la erosión de los suelos y las lluvias torrenciales.

A pesar de estas ventajas bien conocidas de los bosques, en la actualidad continúan estando sujetos a importantes presiones, tales como la pérdida y degradación de sus hábitats, la introducción de especies invasoras, la contaminación, la deforestación, los incendios y el cambio climático.

El territorio de la Unión Europea cuenta con una superficie forestal de aproximadamente 1,61 millones de kilómetros cuadrados en 2023, que incluye muy diferentes tipos de bosques de acuerdo con la diversidad climática, los tipos de suelos, la topografía, etc. Gracias a la Directiva Habitats parte de los bosques de la UE, en torno al 27%, está sujeto a protección. Se ha llegado a evaluar su calidad y se ha concluido que sólo un 14% de estos bosques se encuentra en un estado de buena conservación.

Desde el punto cuantitativo, constituye un punto de especial interés, conocer, asimismo, cómo ha evolucionado la superficie forestal en la UE. Con datos disponibles desde 2015, según Eurostat, la superficie boscosa de la Unión ha venido aumentando lentamente, a un ritmo promedio de unas 4.000 km2 al año, con la excepción del año 2021 cuando experimentó una reducción de -0,1%. Para el conjunto del periodo 2015-2023, los bosques de la UE han incrementado su superficie en un 2,0% (+31.800 km2).

En términos relativos, como se observa en el siguiente gráfico, el porcentaje de superficie forestal sobre la superficie total de la UE27 ha aumentado desde el 38,3% en 2015 al 39,0% de 2022-23.

En un análisis por países, los Estados miembros de la UE que concentran la mayor superficie forestal son Suecia, con 279.330 km2 en 2023, Finlandia (225.100), España (190.725), Francia (177.170) y Alemania (114.884). Para el conjunto del periodo 2015-2023, 22 de los de los 27 países europeos han incrementado su superficie de bosques, mientras que cinco países (Suecia, Polonia, Eslovenia, Países Bajos y Chipre) la han reducido en mayor o menor medida.

En comparación con su superficie total, cinco de los 27 Estados miembros de la UE presentan una superficie forestal que excede la mitad de su territorio. En primer lugar, destacan dos países nórdicos: Finlandia, con el 66,5% de su superficie nacional, y Suecia, con el 62,4%. A continuación, les siguen Eslovenia (58,2%), Estonia (54,3%) y Letonia (53,4%).

Por el contrario, las menores proporciones de bosques respecto a su territorio corresponden a Malta (4,3%), Países Bajos (9,7%), Irlanda (11,8%), Dinamarca (15,5%) y Chipre (18,6%).

Para más información: Eurostat

Las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE (1990-2023)

El calentamiento global del planeta es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad, como así lo contempla la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en concreto en su ODS 13, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015.

Para encarar el desafío de la crisis climática se vuelve imperioso orientar hacia la sostenibilidad los sistemas económicos actuales basados en modos de producción y consumo que son el origen de cuantiosas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

En el marco de la Unión Europea, uno de los principales emisores de GEI del planeta, se han establecido compromisos de reducción de las emisiones de estos gases que requieren una evaluación continuada.

De acuerdo con la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), en el año 2023 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que produjo el conjunto de los 27 países de la UE se han cuantificado en 2.907 millones de toneladas (Mt) de CO2 equivalentes, incluyendo las emisiones netas del sector de “uso del suelo, cambio de uso del suelo y silvicultura” (LULUCF, en sus siglas en inglés) y la aviación internacional. Respecto al año anterior las emisiones, por tanto, experimentaron un descenso del 8,9%, continuando con la tendencia descendente mostrada en los últimos años, a excepción del repunte registrado en 2021 una vez sobrellevados los peores efectos de la contracción de la actividad que supuso la irrupción de la pandemia del COVID-19 en 2020.

En un análisis temporal más amplio, desde el año 1990, cuando los GEI generadores del cambio climático emitidos a la atmósfera por las actividades humanas ascendieron 4.635 Mt, se ha producido una reducción total de las emisiones del 37,3% en la UE. En términos absolutos, en 2023 se emitieron 1.728 Mt de CO2 equivalentes menos que en el año 1990.

En términos acumulados, durante el periodo 1990-2023 los países de la Unión Europea han enviado a la atmósfera un total de 132.398 millones de toneladas de CO2 equivalentes.

Como señala el informe de 2025 de la Agencia Europea del Medio Ambiente, (AEMA) las principales causas que explican que se hayan reducido las emisiones de GEI entre 1990 y 2023 en la UE son diversas: el aumento de la participación del uso de las energías renovables, el menor uso de los combustibles fósiles, mejoras en la eficiencia energética tanto en las empresas como en los hogares, cambios económicos estructurales y la recesión económica como la provocada por la pandemia.

En un análisis por sectores, según AEMA, las principales fuentes de emisiones de GEI son la energía (combustión y emisiones fugitivas), responsable del 81% del total de emisiones netas en 2023; la agricultura, con el 13 % del total, y la industria, con el 9%. Por su parte, el sector LULUCF representó el -7% de las emisiones netas de la UE en 2023.

Durante el periodo 1990-2023 la reducción de emisiones de GEI ha sido casi generalizada, con las significativas excepciones del transporte y la refrigeración y el aire acondicionado, donde las emisiones se incrementaron, y de la superficie forestal, donde las absorciones netas decrecieron, debido principalmente al envejecimiento de los bosques, el incremento de la tala y los efectos negativos del cambio climático.

Los mayores descensos de las emisiones se han observado en la industria manufacturera, la construcción, la producción de electricidad y calor, la producción de hierro y acero y la combustión residencial. Varios factores explican la disminución de las emisiones de GEI en el sector industrial: mejora de la eficiencia, menor intensidad de carbono, terciarización de la economía y una menor participación de las industrias con mayor consumo de energía, entre otros. Asimismo, la reducción de las emisiones procedentes de la producción de electricidad y calor se ha sustentado, principalmente, en la mejora de la eficiencia energética, en la transición hacia combustibles con menor intensidad de carbono y en el incremento sustancial del uso de fuentes de energía renovables. Por su parte, las importantes reducciones de emisiones en el sector residencial registradas durante el periodo 1990-2023 han sido impulsadas, entre otros factores, por las ganancias de eficiencia energética derivadas de mejores estándares de aislamiento en los edificios y por una combinación de combustibles con menor intensidad de carbono.

Por tipos, los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera son en su mayoría gases de dióxido de carbono (CO2), que representan el 78,0% del total de GEI de la UE en 2023. Las emisiones de estos gases CO2 (incluyendo LULUCF y aviación internacional) han disminuido entre 1990 y 2023 un 37,3%. También se han reducido durante el periodo las emisiones de otros GEI como metano (CH4), óxido nitroso (N2O), perfluorocarbonos (PFCs) y hexafluoruro de azufre (SF6). Por el contrario, se han incrementado de forma significativa las emisiones de los hidrofluorocarbonos (HFCs), gases que se emplean, entre otros usos, en refrigeración y aire acondicionado.

En un análisis por países, en el año 2023 dos tercios (el 66,9%) del total de emisiones de GEI de la UE-27 procedían de cinco países: Alemania (25,5%), Francia (11,7%), Italia (11,4%), Polonia (10,9%) y España (7,5%).

Durante el periodo 1990-2023 la mayoría de los países de la Unión han reducido sus emisiones de GEI, contabilizándose las disminuciones absolutas más importantes en Alemania (-547.752 Mt), Italia (-187.995), Francia (-185.193) y Rumanía (-172.960).

En términos porcentuales, entre 1990 y 2023 las mayores reducciones se han registrado en Rumanía (-75,1%), Lituania (-70,7%), Estonia (-63,2%), Eslovaquia (-56,1%) y Bulgaria (-55,0%).

Por el contrario, son cinco países de la Unión Europea los que han aumentado sus emisiones de GEI durante el periodo 1990-2023: Chipre (50,9%), Austria (15,7%), Suecia (11,0%), Letonia (7,9%) y Finlandia (7,5%).

De cara al futuro, la palpable realidad del calentamiento global sigue demandando a los países acelerar la senda de reducción de sus emisiones de GEI. En la actualidad los compromisos asumidos por la UE  apuntan que las emisiones han de disminuir al menos un 55% en 2030 respecto a 1990, con las vistas puestas en lograr una economía con neutralidad climática en el año 2050.

Para más información:

EEA: Annual European Union greenhouse gas inventory 1990–2023 and inventory report 2025

Eurostat

Una evaluación del entorno y medioambiente en la calidad de vida de España (2024)

Uno de los aspectos básicos que determinan la calidad de vida de las personas es, sin duda, la situación de su entorno y medioambiente.

En el caso de España, disponemos del Indicador Multidimensional de Calidad de Vida (IMCV), que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata de un indicador sintético que se construye a partir de la agregación de un conjunto amplio pero limitado de indicadores individuales que cubren la evaluación de nueve dimensiones básicas relacionadas con la calidad de vida, entre las que se encuentra Entorno y medioambiente. Son las siguientes:

  1. Condiciones materiales de vida.
  2. Trabajo.
  3. Salud.
  4. Educación.
  5. Ocio y relaciones sociales.
  6. Seguridad física y personal.
  7. Gobernanza y derechos básicos.
  8. Entorno y medioambiente.
  9. Experiencia general de la vida.

Desde el punto de vista metodológico la evaluación de cada una de estas dimensiones comporta la selección de los indicadores disponibles más apropiados. En el caso de la dimensión Entorno y medioambiente el INE ha escogido para su evaluación indicadores que abarcan los siguientes ámbitos:

• Contaminación y ruidos:

-Población que sufre problemas de contaminación y otros problemas ambientales.

-Población que sufre problemas de ruidos producidos por vecinos o del exterior.

-Población urbana expuesta a contaminación del aire (micropartículas PM10, PM2,5).

• Acceso a zonas verdes y de recreo:

-Satisfacción con las zonas verdes y áreas recreativas.

• Entorno ambiental:

-Satisfacción con el entorno en que vive.

Los últimos datos desagregados del IMCV publicados por el INE, que corresponden al año 2024, permiten aproximarnos a evaluar la situación más actual de la dimensión Entorno y medioambiente en España y sus Comunidades y Ciudades Autónomas, así como conocer su evolución desde el año 2008.

De acuerdo con el IMCV, en 2024 el indicador de valoración de la dimensión Entorno y medioambiente en España se situó en 102,03 puntos, esto es, prácticamente igual que en el año anterior (102,00 en 2023). Asimismo, supera el nivel registrado por el índice general de calidad de vida (IMCV), que se situó en 101,47 en dicho año 2024 mejorando, en este caso, 0,23 puntos respecto a 2023.

Analizando las nueve dimensiones que comprenden el IMCV, el Entorno y medioambiente (102,03) es la quinta mejor valorada por la población española, tras Educación (110,11), Salud (103,29), Experiencia general de la vida (102,70) y Trabajo (102,34).

Desde un enfoque territorial, se detectan significativas diferencias en la valoración del Entorno y medioambiente, según la Comunidad Autónoma donde se resida. En 2024, los mayores valores de esa dimensión del IMCV general los presentan las Autonomías de Navarra, Cantabria y Castilla y León. Por el contrario, las menores valoraciones para el medio ambiente las otorgan los habitantes Ceuta, Melilla, Canarias y Galicia.

Desde una perspectiva temporal, el IMCV apunta que globalmente durante el periodo comprendido entre los años 2008 y 2024, la calidad de vida en España se ha incrementado, pasando de 100 a 101,47 puntos. Por su parte, la dimensión Entorno y medioambiente ha aumentado desde 100 a 102,03 puntos en dicho periodo.

Como se aprecia en el siguiente gráfico, durante el periodo 2008-2024 la valoración de la calidad del entorno y medioambiente ha pasado por diversas fases. Se registran unos primeros años de mejoría, a los que siguen otros de estancamiento y de repunte, que se ve interrumpido por la crisis sanitaria del COVID-19, pues provoca un significativo retroceso. A partir de 2023 se inicia un proceso de ligera recuperación que, sin embargo, no ha permitido que la población española retorne a la situación que tenía en 2019, año previo a la pandemia. Asimismo, se constata que la mejor valoración relativa de la dimensión Entorno y medioambiente respecto al IMCV ha tendido a estrecharse durante el periodo analizado (2008-2024).

Para más información:

Instituto Nacional de Estadística.

El gasto en protección medioambiental en España (2010-2023)

Para garantizar la calidad y perdurabilidad de los ecosistemas y especies naturales se requieren cambios profundos en los modos de producción, consumo y distribución, y también la implementación de políticas decididas de prevención en distintos ámbitos ambientales. Con el tiempo la protección del medio ambiente se ha convertido en una preocupación creciente de la sociedad, a medida que los problemas medioambientales han venido aumentando en número e intensidad.

La puesta en práctica de todas aquellas medidas que permitan preservar la calidad de nuestro entorno natural implica necesariamente responder con medios económicos. Es pertinente, por tanto, preguntarse cuánto se gastan los países en la protección medioambiental a través de sus empresas, Administraciones Públicas y hogares, lo que permitirá, asimismo, aproximarnos a conocer en qué grado están comprometidos realmente en proteger el medio ambiente.

En España, de acuerdo con los últimos datos avance del año 2023, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto total en protección medioambiental asciende a 25.107 millones de euros. Este gasto ha sido sufragado, con diferente proporción, por los siguientes sectores institucionales: el 47,4% por las empresas, el 39,1% por las Administraciones Públicas (e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares) y el 13,5% restante por los hogares.

En dicho año 2023 el gasto en protección medioambiental se destinó a cinco grandes ámbitos de protección. En primer lugar, el 60,5% del gasto se concentró para financiar la gestión de residuos. Seguidamente, y a distancia, la gestión de aguas residuales recibió el 19,1% del gasto medioambiental.

Por lo tanto, en España ocho de cada diez euros (el 79,6%) del gasto total destinado a la protección del medio ambiente se dedican a financiar la gestión de los residuos y las aguas residuales que generan las actividades de empresas, hogares y Administraciones Públicas.

El 20,4% restante del gasto en protección medioambiental fue para un conjunto variado de ámbitos. El ámbito de protección del aire y del clima, protección y descontaminación de suelos, disminución de ruidos, etc. recibió el 9,6% del gasto medioambiental, y la I+D sobre medio ambiente se financió con el 5,6%. En último lugar, se encuentra el gasto en protección de la biodiversidad y el paisaje, que se cuantifica en 1.305 millones (el 5,2% del gasto medioambiental total) en 2023, siendo el ámbito que experimentó el mayor crecimiento anual (un 10% respecto a 2022).

Desde una perspectiva temporal, de acuerdo con los datos disponibles del INE, el gasto en protección medioambiental en España ha pasado de 18.661 millones de euros en 2010 a 25.107 millones en 2023. Ello supone un incremento acumulado del 34,5% en dicho periodo.

No obstante, como puede observarse en el siguiente gráfico, el gasto medioambiental, medido en euros corrientes, no ha seguido una tendencia de crecimiento lineal durante todo el periodo 2010-2023.

La irrupción de la crisis económica en 2008, que devino en Gran Recesión en los años posteriores, ha repercutido de forma palpable sobre las políticas medioambientales que han visto restringidos sus recursos de financiación. El gasto medioambiental en España tocó fondo en el año 2014, cuando se cifró en 16.041 millones de euros, es decir, un 14% menos que en 2010. A partir de 2015 el gasto sigue una senda de recuperación que se mantiene hasta 2019, cuando se consolida un nivel en euros que supera el anotado en el año 2010. Sin embargo, en 2020 el inicio de la pandemia del COVID-19, que ha traído graves impactos sanitarios y socioeconómicos en todos los países, ha derivado también en un descenso del gasto destinado a la protección medioambiental. A continuación, durante los dos siguientes años la política medioambiental parece retomar un mayor impulso, a la luz de los incrementos, inusitados hasta entonces, que registra el gasto en protección medioambiental. Finalmente, en 2023 el gasto medioambiental amortigua su tasa de crecimiento hasta situarse, con datos de avance, en el 1,7% anual.

Hay que matizar que para tener una visión más real de la evolución del gasto de protección medioambiental (que es medido en euros corrientes) en España es pertinente analizarlo en términos relativos, esto es, en comparación con la evolución de la actividad económica. Para ello, el indicador habitualmente empleado es el de porcentaje de gasto de protección medioambiental sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado.

Así, para conjunto del periodo 2010-2023, se concluye que el porcentaje de gasto medioambiental sobre el PIB en España se ha reducido desde el 1,73% en 2010 hasta el 1,67% en 2023. Es decir, el gasto destinado a proteger el medio ambiente de los efectos nocivos de las actividades económicas se ha incrementado en menor medida que el valor de la producción de bienes y servicios de la economía española.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, la evolución que toma dicha ratio apunta que la importancia otorgada a las políticas medioambientales vía gasto ha pasado por etapas diferenciadas. En un primer periodo 2010-2016, los gastos medioambientales han perdido presencia de forma continuada año tras año en relación con la evolución de la actividad económica. A esta etapa le sigue un periodo 2017-2022 bien diferente, donde el porcentaje de gastos medioambientales sobre el PIB se ha ido recuperando, hasta conseguir sobrepasar el porcentaje que se había registrado en el año 2010. Sin embargo, los últimos datos disponibles indican que en último año de 2023 la ratio de gasto de protección medioambiental ha experimentado un significativo retroceso, a pesar de la persistencia de los acuciantes problemas medioambientales que preocupan a la sociedad y ponen en riesgo la perdurabilidad de los ecosistemas y especies de la geografía española.

Para más información:

INE: Cuentas Medioambientales.

Ejecutivos y naturaleza: una cita con Pedro Lezcano

En el seno de la sociedad moderna, que tiende a equiparar éxito con maximización de beneficios y acumulación de riqueza, se ha desarrollado un estilo de vida cada vez más urbano en el que la aceleración y el dinero alcanzan a penetrar en la población como elementos intrínsecos de su día a día. La contrapartida de este modelo de vida competitivo es que ha llevado a que un segmento más o menos amplio de la colectividad se haya distanciado de la naturaleza y no llegue nunca a experimentar lo que significa el contacto con las plantas y los animales, siquiera los domésticos.

Traemos hasta aquí las palabras del escritor Pedro Lezcano (1920-2002) que, con su artículo literario Ejecutivos, nos ofrece una reflexión crítica sobre el modo de vida actual, representado por este grupo de la sociedad, para el que la insensibilidad con la naturaleza, y también con sus semejantes, puede llegar a dominarlo.

Hay personas que pasan por la vida sin aprenderse el nombre de los árboles, sin escuchar el trino de un pájaro en su casa, sin conocer la grata compañía de un animal amigo.

Muchos ejecutivos importantes ignoran o desdeñan la ternura de un animal doméstico que ama a los niños de la casa más tiernamente que su propio padre. Como dioses de altísimos Olimpos, jamás se arrodillaron en su vida para jugar con un cachorro.

Nunca conocerán que hay otros seres vivos que dedican su vida a buscar la caricia, a celebrar con gestos la alegría de otros, a entristecerse por la pena de quienes les rodean.

Aquel que haya pasado por la vida tan insensiblemente como un glaciar humano, difícilmente pudo amar al hombre y sus desdichas, y en mínima porción se amó a sí mismo, puesto que despreció la amistad de los más fieles amantes de la Tierra”.

Para leer más:

Lezcano, Pedro: Narraciones. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2016.

Los impuestos ambientales en España (2008-2023)

La fiscalidad ambiental constituye un importante instrumento de política pública. Su objetivo principal es orientar la producción y el consumo hacia una asignación eficiente de los recursos naturales, fomentando comportamientos de los agentes económicos menos extractivos y no contaminantes. Con la adecuada aplicación de los impuestos ambientales es posible favorecer una mayor calidad del medioambiente, gravando, por ejemplo, las emisiones de CO2 a la atmósfera, la generación de residuos, los combustibles fósiles y el transporte no sostenible.

Dicho instrumento fiscal conlleva ingresos para las arcas públicas como resultado de la aplicación de un conjunto de impuestos ambientales, en un determinado territorio, que son definidos como “aquellos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medioambiente” (de acuerdo con la definición oficial que emplea el INE).

Organismos como la OCDE y la Comisión Europea se han manifestado partidarios de la extensión de la aplicación de impuestos ambientales para mitigar el cambio climático y desincentivar la producción y consumo insostenibles. La política fiscal de los Estados debería, en consecuencia, tender a otorgar un mayor peso a la recaudación por la vía de este tipo de tributos.

En el caso de España, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos permiten conocer la importancia que las instituciones públicas otorga a la fiscalidad verde en este país. Según los datos avance del año 2023 la recaudación de los impuestos ambientales ascendió a 22.880 millones de euros. En términos relativos, dicha cuantía representa el 6,5% del total de impuestos de la economía española. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB) se situó en el 1,53% en 2023.

Los impuestos ambientales se suelen agrupar en tres grandes tipos. Destacan, en primer lugar, con diferencia, los impuestos sobre la energía, cuya recaudación concentra el 77,5% de la recaudación fiscal verde española. Se trata, principalmente, del Impuesto sobre Hidrocarburos.

Les siguen, en segundo lugar, los impuestos sobre el transporte, con el 13,7% de la recaudación de todos los impuestos ambientales en 2023, materializada a través de dos tributos básicos: el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica y el Impuesto Especial sobre Determinados Medios de Transporte.

Finalmente, el grupo de los impuestos sobre la contaminación y los recursos, recauda el 8,8% restante de la recaudación de carácter ambiental en España.

Por sectores, en 2023 los hogares abonaron un total de 9.795 millones euros, esto es, el 42,8% de la recaudación ambiental total de España, frente al 57,2% que fue aportado por la actividad productiva.

Respecto a la actividad productiva, la rama económica que abonó más impuestos ambientales en 2023 fue Industria manufacturera, con el 20,3% del total. Les siguen las ramas de Transporte y almacenamiento (14,5%); Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (9,2%); Otros servicios (6,0%); Comercio (2,6%); Construcción (1,8%); Suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación (1,1%); Agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (1,0%) e Industrias extractivas (0,5%).

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2023 los impuestos ambientales han aumentado un 15,9%, al pasar de 18.179 a 22.880 millones de euros (en precios corrientes).

Por tipos de impuestos la recaudación ha sido desigual. Se han incrementado los ingresos procedentes de los impuestos sobre la contaminación y los recursos un 753,2% y, en menor medida, los de los impuestos sobre la energía (los de mayor peso), un 22,7%. Por el contrario, se ha reducido la recaudación de los impuestos sobre el transporte en un 10,3% durante dicho periodo.

En términos relativos, si analizamos la participación de los impuestos ambientales, se observa que han perdido peso sobre el total de impuestos de España durante el periodo 2008-2023

La recaudación ambiental ha pasado de representar el 8,10% de la recaudación total en 2008 al 6,50% en 2023. De hecho, como se aprecia en el siguiente gráfico, los impuestos ambientales han perdido protagonismo en la estructura fiscal española, dibujando una tendencia de continuo descenso desde el año 2015 hasta 2022, que sólo se ha podido amortiguar en el último año de 2023.

Finalmente, como indicador complementario para conocer mejor la evolución de la importancia real de este tipo de impuestos en España, se ha calculado la presión fiscal ambiental, es decir, el porcentaje de la recaudación de los impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB). De este modo, se concluye que la recaudación fiscal ambiental sobre el PIB español ha aumentado desde el 1,63% en 2008 hasta alcanzar un máximo en el año 2015. A partir de entonces, se constata, año a año, una senda de marcado descenso, hasta finalmente llegar a registrar su valor mínimo en el año 2022, con un 1,50%, que apenas se recupera en 2023.

Para más información:

INE.

La especie humana, el lobo y el microbio: una cita con Pedro Lezcano

La especie humana, en su afán de diferenciarse de los demás seres vivientes del planeta Tierra, ha decidido autodenominarse Homo Sapiens. Nos presentamos como seres racionales y superiores. Y, aun reconociendo que no somos perfectos, desde un punto de vista ético, para justificar nuestras imperfecciones hemos llegado a equipararnos, injustamente, con los lobos por la discutible amenaza que infunden estos animales allá por donde pisan.

Traemos hasta aquí las palabras del escritor Pedro Lezcano (1920-2002) que, con su artículo literario Microbios, nos ofrece una reflexión crítica sobre el papel de la especie humana en su relación con el medio ambiente. Desde el punto de vista ecológico, para Lezcano, la vida del ser humano, dados sus crecientes impactos sobre los ecosistemas y las especies, realmente se aproximaría más a la del microbio que a la del lobo.

“Faltando a la verdad y a la modestia, la especie humana gusta situarse en la cúspide de la escala biológica. El hombre se proclama detentador de todos los derechos, racional exclusivo, favorito de la divinidad. En ocasiones el filósofo cuestiona tanta perfección llamándose a sí mismo “homini lupus”, como si el calumniado lobo fuera capaz, como el hombre, de practicar en su manada el expolio, la esclavitud y el exterminio.

Pero es fuera del campo de la ética social donde el hombre desmiente su mitológica superioridad. Es en la ecología donde la especie humana desciende, no ya al peldaño de la fiera con honesta hambre, sino al más ínfimo escalón zoológico de la naturaleza: al nivel del bacilo.

(…) Este abyecto y minúsculo ser vivo, en un alarde inconcebible de estupidez, enfanga, caseifica, infecta y asesina al único sostén de su propia vida. Y acaba sin remedio pereciendo con la putrefacción de su propia víctima.

Ignoramos si los bacilos destructores de su único medio ambiente también se llaman a sí mismos microbios racionales”.

Para leer más:

Lezcano, Pedro: Narraciones. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2016.

El gasto en protección medioambiental en España (2010-2022)

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Para garantizar la calidad y perdurabilidad de los ecosistemas y las especies se requieren políticas de prevención y cambios profundos en los modos de producción, consumo y distribución. Con el tiempo la protección del medio ambiente se ha convertido en una preocupación creciente de la sociedad.

La puesta en práctica de todas aquellas medidas que permitan preservar la calidad de nuestro entorno natural implica necesariamente responder con medios económicos. Cabe preguntarse, por tanto, cuánto se gastan los países en la protección medioambiental a través de sus empresas, Administraciones Públicas y hogares, lo que permitirá aproximarnos a conocer en qué grado están comprometidos en proteger el medio ambiente.

En España, de acuerdo con los últimos datos avance del año 2022, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto total en protección medioambiental asciende a 24.813 millones de euros. Este gasto ha sido sufragado, con diferente proporción, por los siguientes sectores institucionales: el 52,0% por las Sociedades, el 34,5% por las Administraciones Públicas (e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares) y el 13,5% restante por los Hogares.

En dicho año 2022 el gasto en protección medioambiental se destinó a cinco grandes ámbitos de protección. En primer lugar, el 62,3% del gasto se concentró para financiar la gestión de residuos. Seguidamente, y a distancia, la gestión de aguas residuales recibió el 18,8% del gasto medioambiental.

Por lo tanto, en España más de ocho de cada diez euros (el 81,2%) del gasto total destinado a la protección del medio ambiente se dedican a financiar la gestión de los residuos y las aguas residuales que generan las actividades de empresas, hogares y Administraciones Públicas.

El 18,8% restante del gasto en protección medioambiental fue para un conjunto variado de ámbitos. El ámbito de protección del aire y del clima, protección y descontaminación de suelos, disminución de ruidos, etc. recibe el 8,9% del gasto medioambiental, y la I+D sobre medio ambiente se financia con el 5,2%. En último lugar se sitúa el gasto en protección de la biodiversidad y el paisaje, que se cuantifica en 1.168 millones, esto es, el 4,7% del gasto medioambiental total.

C_INE_Gasto ámbitos_2022

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2010-2022, según los datos disponibles del INE, en España el gasto en protección medioambiental ha pasado de 18.661 a 24.813 millones de euros, es decir, un incremento acumulado del 33%. Nótese, no obstante, como puede observarse en el siguiente gráfico, que la mayor parte de este incremento se ha producido en los dos últimos años, no observándose avances destacables hasta el año 2020.

G_Gasto 2010-2022

La irrupción de la crisis económica en 2008, que devino en Gran Recesión en los años posteriores, ha repercutido de forma palpable sobre las políticas medioambientales, al ver mermados sus recursos de financiación. El gasto medioambiental en España tocó fondo en el año 2014, cuando se cifró en 16.307 millones de euros, es decir, un 12,6% menos que en 2010. A partir de 2015 el gasto sigue una senda de recuperación que se mantiene hasta 2019, cuando se consolida un nivel en euros que supera el anotado en el año 2010. Sin embargo, en 2020 el inicio de la pandemia del COVID-19, que ha traído graves impactos sanitarios y socioeconómicos en todos los países, ha derivado también en un descenso del gasto destinado a la protección medioambiental, que en el caso de la economía española ha supuesto una reducción del 1,5% respecto a 2019.
Finalmente, durante los dos siguientes años la política medioambiental parece retomar un mayor impulso, a la luz de los incrementos, inusitados hasta entonces, que registra el gasto en protección medioambiental, con tasas de crecimiento del 11% en 2021 y 16% en 2022.

Para tener una visión más real del gasto (que es medido en euros corrientes), es pertinente analizar su evolución en términos relativos, esto es, en comparación con la evolución de la economía. En estos casos, el indicador habitualmente empleado es el de porcentaje de gasto de protección medioambiental sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado,

Así, para conjunto del periodo 2010-2022, se concluye que el porcentaje de gasto medioambiental sobre el PIB ha aumentado desde el 1,74% en 2010 hasta el 1,84% en 2022. Es decir, el gasto destinado a proteger el medio ambiente de los efectos nocivos de las actividades económicas se ha incrementado en mayor medida que el valor de la producción de bienes y servicios de la economía española.

G_Gasto s. PIB_ 2010-2022

La evolución que toma dicha ratio apunta que la importancia otorgada a las políticas medioambientales vía gasto ha pasado por etapas diferenciadas. En un primer periodo 2010-2016, los gastos medioambientales han perdido presencia de forma continuada año tras año en relación con la evolución de la actividad económica. A esta etapa le sigue un periodo 2017-2022 bien diferente, donde el porcentaje de gastos medioambientales sobre el PIB se ha ido recuperando. Así todo, hay que esperar hasta el año 2021 para que el valor de este indicador de gasto medioambiental consiga sobrepasar el porcentaje que se había registrado en el año 2010, a pesar de la persistencia de los acuciantes problemas medioambientales que preocupan a la sociedad y ponen en riesgo la perdurabilidad de los ecosistemas y especies de la geografía española.

Para más información:

INE: Cuentas Medioambientales.