El influjo de la Naturaleza: una cita con Claudio de la Torre

Con frecuencia el hombre moderno, en su apremiante quehacer de todos los días, se desliga, física y mentalmente, del medio natural. Consciente o inconscientemente lo ignora, lo elude, lo minusvalora o incluso lo degrada.

Sin embargo, cuando el ser humano es capaz de abrir todos sus sentidos a su entorno para disfrutar de la contemplación de la Naturaleza, algo empieza a cambiar en él. En ese momento el valor de lo natural (la belleza de un paisaje, la forma de una planta, el vuelo de un ave, el rumor del mar…) consigue penetrar en el espíritu de las personas.

Esto es lo que le sucedió al señor Alegre, el protagonista de la novela del escritor español Claudio de la Torre (1895-1973), titulada En la vida del señor Alegre, que fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1923.

«Nunca le pareció tan bello el largo paseo de las Delicias como en aquella tarde de junio, luminosa y templada, que siguió a la famosa noche de Antequera. Se dejaba arrastrar en su carruaje, casi recostado en su fondo mullido, contemplando la increíble transparencia de la hora, que fijaba y descubría ya, como un calco invisible, un lucero pequeñito, humedecido aún por las brumas diluidas de una nube. También los horizontes lucían más distantes sobre el campo abierto y llano, erizado tímidamente en la lejanía por los triángulos agudos de las colinas. El sol derramaba sobre los campos, sobre el paseo, sobre los chalets de la vereda sus aguas de oro viejo, entonando el paisaje entero, revistiéndolo de una alegre dignidad que iba a refugiarse, como en un guiño del paisaje, en los cristales cerrados de los hoteles, en las altas veletas bruñidas que agudizaban los torreones. Sobre las veletas, los aguiluchos se detenían, diminutos y atónitos, sin atreverse a acometer aquel incendio. Abajo, los árboles del paseo abrasaban sus ramas, voluptuosamente inmóviles, curadas ya por el fuego lejano. Todo parecía estacionarse, como por magia creadora, sin previa preparación visible, en un constante equilibrio de la tierra y el cielo, que serenaba, armoniosamente, el alma de Bright, como un inmenso crepúsculo. Bright no descubría, ni tan siquiera adivinaba, el influjo que el descanso de la Naturaleza ejercía siempre en su espíritu».

Para leer más:

De la Torre, C.: En la vida del señor Alegre. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2015.

La eficiencia en el consumo de materiales de la economía española (2008-2020)

049_MG_3233

Circunscribir el análisis de una economía, como la española, a la evolución monetaria de su Producto Interior Bruto es, sin duda, un enfoque muy limitante. Entre otras razones porque se ocultan los fundamentos físicos (agua, energía, materiales…) que hacen posibles todos los procesos de producción, consumo y distribución de bienes y servicios que generan los diferentes agentes económicos.

La existencia de una Contabilidad Medioambiental es una valiosa herramienta para conocer con qué intensidad una economía emplea los recursos materiales que proceden del medio natural para el desarrollo de todas sus actividades. Así, como expresa el Instituto Nacional de Estadística (INE), la Cuenta de flujos de materiales «muestra los inputs físicos de materiales que entran en el sistema económico nacional y los outputs a otras economías o al medio natural», expresados en unidades físicas (toneladas).

Los datos disponibles para la economía de España nos dan luz sobre cómo ha evolucionado este país durante el periodo 2008-2020 respecto al consumo y extracción de materiales, así como a la intensidad o productividad de los recursos (ecoeficiencia) en términos de PIB y número de habitantes.

A continuación se exponen los principales resultados obtenidos para los años 2008-2020 (con datos provisionales de 2020), periodo marcado por la Gran Recesión y, más recientemente, por la pandemia del COVID-19.

1. El consumo nacional de materiales, esto es, la cantidad total empleada directamente por la economía española, ascendió a 424,8 millones de toneladas en 2020. Ello supone una reducción del 47,7% respecto al año 2008 (811,9 Mt). La mayor parte de esta reducción se ha producido durante los años 2008-2013 de la Gran Recesión, a la que sigue otra etapa de mayor estabilidad.

2. El principal origen del consumo nacional de materiales es la extracción nacional, con 368,0 millones de toneladas en 2020, es decir, el 86,6% del total. Este porcentaje ha aumentado respecto al de 2008 (81,5%). El resto del consumo de materiales corresponde al balance comercial físico (importaciones menos exportaciones).

G_Consumo y Extracción_2008_2020

3. Por tipos de materiales extraídos en España, destaca el protagonismo que toman los minerales no metálicos (piedra caliza, yeso, arenas, grava…), que en el año 2008 representaban el 78,3% del total, si bien su peso se ha reducido hasta el 57,3% en 2020, en consonancia con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el declive del sector de la construcción.

A continuación se encuentra la extracción de biomasa (cereales, frutas, hortalizas, biomasa pastada…), cuya participación porcentual, en cambio, ha aumentado desde el 19,8% en 2008 hasta el 37,2% en 2020.

A distancia se sitúan los minerales metálicos (cobre, níquel…), cuyo peso se ha incrementado, desde el 0,3% hasta el 5,5%, y los combustibles fósiles (hulla, antracita, petróleo, gas natural licuado…) que, por el contrario, han perdido importancia relativa, desde el 1,6% al 0,04% en 2020.

G_Extracción_2008-2020

4. El balance comercial físico de la economía española fue de 56,5 millones de toneladas en 2020. Esta cifra es el resultado de unas importaciones de materiales (225,6 Mt) que superan a las exportaciones (168,8 Mt).

Durante el periodo analizado dicho balance comercial físico ha sido siempre deficitario, si bien lo ha sido cada vez menos como consecuencia de la dispar evolución mostrada por las importaciones, que han descendido un 18,3%, frente a las exportaciones de materiales, que han aumentado un 34,4% durante el periodo 2008-2020.

5. Si consideramos, para evaluar la ecoeficiencia, la intensidad del consumo de materiales en la economía española, en primer lugar, en términos de PIB, se observa que se ha reducido desde las 725,4 toneladas por millón de euros en 2008 hasta las 399,0 en 2020, habiéndose concentrado la mayor reducción en los primeros años del periodo (2008-2013), para a partir de entonces presentarse años de intensidad relativa en promedio más estable.

6. Complementariamente, analizando la intensidad del consumo nacional de materiales, medida en términos poblacionales, se observa que también ha descendido: desde las 17,7 toneladas por habitante en 2008 hasta las 9,0 en 2020.

7. El Input Directo de Materiales (IDM) constituye un indicador también relevante para aproximarnos a evaluar la senda hacia la sostenibilidad de una economía. Este indicador contabiliza la entrada directa de materiales en el sistema económico procedente del medio natural nacional y del resto del mundo, es decir, extracción nacional e importaciones, quedando expresado en términos de toneladas por millón de euros de PIB.

Así, para el periodo analizado se concluye que el IDM de la economía española se ha reducido desde las 837,6 toneladas por millón euros de PIB en 2008 hasta las 557,6 en 2020.

Como ha sucedido con el consumo nacional de materiales, el periodo de crisis económica que irrumpió en 2008 ha ido acompañado de un proceso de menor intensidad del empleo de los materiales requeridos por la economía. En el caso del IDM ha descendido un 33,4% durante el periodo 2008-2020, si bien a partir de 2013 ya no se observa una tendencia clara de ganancias de ecoeficiencia.

G_Indic. intensidad_2008-2020

8. Finalmente, los últimos datos provisionales disponibles apuntan que, durante el año 2020, marcado por los fuertes impactos de la pandemia del COVID-19, paralelamente a la brusca caída de la producción de bienes y servicios se ha producido también un descenso significativo del consumo de materiales.

Sin embargo, este «ahorro de materiales» ha sido proporcionalmente menor a la fuerte caída mostrada por el PIB, de modo que los dos indicadores de intensidad de materiales, CNM e IDM, han repuntado en 2020 respecto a 2019: 9,1% y 7,1%, respectivamente. Son resultados, por tanto, que nos alejan también de poder confirmar que la economía española se encuentra en un proceso cierto de desmaterialización y de mayor sostenibilidad.

Para más información:

INE: Cuenta de flujos de materiales (2008-2020)

La economía humanista de La isla de Aldous Huxley

En 2022 se cumplen noventa años desde que Aldous Huxley (1894-1963) sorprendió a los lectores con su obra Un mundo feliz (1932), una novela, en muchos aspectos profética, que nos advierte de los peligros del devenir de nuestra civilización abocada a la excesiva tecnificación y la desnaturalización del ser humano. Y se celebra también que hace sesenta años Huxley publicó otra gran creación literaria, La isla (1962), que nace como perfecto contrapunto de aquella popular obra. 

En La isla Aldous Huxley nos plantea la realidad utópica del pequeño Estado insular donde sus habitantes encuentran la felicidad porque priorizan el amor a la vida.

La imaginaria isla asiática de Pala es conocida por su abundancia de yacimientos de petróleo, lo que la hace muy atractiva para las grandes compañías petrolíferas. Sin embargo, el Estado de Pala se resiste a la explotación extranjera de sus recursos, defendiendo otro modelo de desarrollo. De todo ello es testigo excepcional Will Farnaby, el protagonista principal de la obra, que logra llegar hasta Pala, “la isla prohibida, el lugar que ningún periodista había visitado nunca”.

A diferencia del mundo occidental, en Pala se ha optado por una economía humanista. A continuación, se exponen algunos de sus rasgos principales, propuestos por la mente reflexiva de Huxley a través de las palabras de los personajes que aparecen en la novela:

  • Eficiencia versus satisfacciones humanas

En la economía de Pala el objetivo prioritario no es perseguir la máxima eficiencia sino procurar la satisfacción de las necesidades de los seres humanos.

“…hemos preferido siempre adaptar nuestra economía y tecnología a los seres humanos, no nuestros seres humanos a la economía y tecnología de otros. Importamos lo que no podemos fabricar; pero fabricamos e importamos sólo lo que podemos permitirnos. Y lo que podemos permitirnos está limitado, no sólo por las libras, marcos y dólares que poseemos, sino también, y principalmente… principalmente -insistió- por nuestro deseo de ser felices, nuestra ambición de ser humanos”.

“…en Pala la máxima eficiencia no es el imperativo categórico que representa para ustedes. Ustedes piensan primero en obtener la producción más grande posible en el menor tiempo posible. Nosotros pensamos primero en los seres humanos y en sus satisfacciones (…) Si se trata de elegir entre la eficiencia mecánica y la satisfacción humana, elegimos la satisfacción”.

  • Distribución

En la isla de Pala se persigue frenar el aumento de las desigualdades entre las personas.

“Luego está nuestro sistema económico: no permite que nadie se vuelva más de cuatro o cinco veces más rico que el común de la gente. Eso significa que no tenemos capitanes de industria ni omnipotentes financieros. Más aún, no tenemos omnipotentes políticos o burócratas. Pala es una federación de unidades autónomas, de unidades geográficas, de unidades profesionales, de unidades económicas… de modo que hay espacio de sobra para la iniciativa en pequeña escala y para los dirigentes democráticos, pero no lo hay para dictador alguno al frente de un gobierno centralizado”.

  • Cooperativismo

La economía de Pala se distingue del capitalismo y del socialismo de Estado por su cooperativismo.

“En general hay cooperativismo. La agricultura palanesa ha sido siempre un asunto de terraplenado e irrigación. Pero el terraplenado y la irrigación exigieron esfuerzos conjuntos y los acuerdos amistosos. La competencia agresiva no es compatible con el cultivo del arroz en un país montañoso. A nuestro pueblo le resultó muy sencillo pasar de la ayuda mutua en una comunidad de aldea a las más modernas técnicas cooperativas de compra, venta, distribución de las ganancias y financiación”.

  • Trabajo

Frente a la excesiva especialización del trabajador y la idea de un trabajo para toda la vida en Pala se procura que las personas ejerzan diversos oficios. Ello les proporciona mayor autonomía, libertad y conocimiento pleno.

“-Hace veinte años -dijo el doctor Robert- trabajé un tiempo en la fundición de cobre. Después de lo cual probé el sabor del mar en un barco pesquero. Conocer todo tipo de trabajo: eso forma parte de la educación de todos nosotros. De esa manera se aprenden muchísimas cosas… sobre los trabajos, las organizaciones, sobre todo tipo de personas y de su manera de pensar”.

  • Sostenibilidad

La isla de Pala sienta las bases para lograr una economía sostenible, evitando la sobrepoblación y el sobreconsumo.

“Para empezar, jamás nos permitimos producir más hijos de los que podríamos alimentar, vestir, alojar y educar para convertirlos en algo que tuviera relación con la plena humanidad. Como no estamos sobrepoblados, tenemos abundancia. Pero aunque tenemos abundancia, hemos conseguido resistir a la tentación a que sucumbió Occidente: la tentación del sobreconsumo. No enfermamos de la coronaria tragando seis veces más grasas saturadas de las que necesitamos. No nos hipnotizamos hasta el punto de creer que dos receptores de televisión nos harán dos veces más dichosos que uno solo. Y por último no gastamos una cuarta parte de la producción nacional bruta para prepararnos para la tercera guerra mundial, ni para la hermanita de la guerra mundial, la guerra local número tres mil doscientos treinta y tres. Armamentos, deuda universal y obsolescencia planificada: ésos son los tres pilares de la prosperidad de Occidente. Si se suprimiese la guerra, la miseria y los usureros, ustedes se derrumbarían”.

  • Ecología

La importancia de la ecología se difunde en Pala desde los primeros años de la educación. Al mismo tiempo que se enseña a los niños a multiplicar y dividir se les imparte lecciones de ecología.

“Nunca le damos a un niño la posibilidad de imaginar que alguna cosa existe aislada. Le aclaramos desde el principio que todo lo viviente es relación. Le mostramos la relación en los bosques, en los campos, en los estanques y arroyos, en la aldea y en el campo que le rodea. Se la inculcamos”.

“En la naturaleza no existen pueblos elegidos ni tierras santas, ni revelaciones históricas únicas. La moral de la conservación no concede a nadie una excusa para sentirse superior ni para reclamar privilegios especiales. ‘No hagas a tu prójimo lo que no quieras que te hagan’ rige para nuestra forma de tratar todo tipo de vida en todas partes del mundo. Se nos permitirá vivir en este planeta sólo mientras tratemos a toda la naturaleza con compasión e inteligencia”.

  • Una sociedad más humana

En suma la economía de Pala está orientada a un estilo de vida y desarrollo que, sin ambiciones quiméricas, se mantenga enfocado en el firme propósito de que las personas vivan de forma armónica entre sí y con los demás seres vivientes, al tiempo que no pierdan su conciencia plena de humanos.

“…no nos hacen falta industrias pesadas que resulten más competitivas, ni armamentos más diabólicos, ni tenemos el menor deseo de explorar la cara visible de la luna. Sólo la modesta ambición de vivir como seres plenamente humanos, en armonía con el resto de la vida de esta isla, en esta latitud, en este planeta”.

Para leer más:

Huxley, A.: La isla. Edhasa, Barcelona, 2009.

El monte de Agua García, en palabras de René Vernau

Monte de Agua García, Isla de Tenerife.

El antropólogo francés René Vernau (1852-1938) consagró varios años de su vida al estudio de las Islas Canarias (España). Sus inquietudes científicas, en particular sobre el pasado aborigen de este archipiélago atlántico, fueron acompañadas de su gran capacidad de asombro ante la belleza natural que estas islas le ponían ante sus ojos durante sus largas marchas.

Con el siguiente pasaje de su obra Cinco años de estancia en las Islas Canarias, Vernau nos expresa sus vívidas sensaciones ante uno de los bosques más frondosos que se encontró cuando visitó la Isla de Tenerife hace ya más de un siglo: el monte de Agua García.

«Es, seguramente, una de las cosas más bellas que he visto en el archipiélago. Laureles, brezos arborescentes, mocanes, viñáticos (Persea indica), madroños y cien especies más forman una cúpula que no atraviesa nunca los rayos del sol. ¡Y qué árboles! Los madroños alcanzan los 20 metros de altura; con su tronco se hacen muebles muy buenos. Los laureles los sobrepasan en altura. Musgos, ranúnculos, siemprevivas, freseras, violetas e innumerables helechos crecen por todas partes a la sombra de estos grandes árboles. En medio de esta vegetación frondosa, una infinidad de pájaros deja oír su canto: son los mirlos, las palomas, los pinzones, entre ellos el tintillón (Fringilla tintillon), con sus bellos colores, las currucas, los canarios y muchos otros. En medio de este bosque nace un manantial de agua fresca, límpida, que va a fertilizar las tierras vecinas. Este lugar se deja de mala gana para ir a exponerse a los rayos ardientes del sol».

Para leer más:

René Vernau: Cinco años de estancia en las Islas Canarias. Ed. J. A.D. L., La Orotova, 1992 (4ª edición en español).