El gasto en protección medioambiental en España (2010-2020)

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Para garantizar la calidad y perdurabilidad de los ecosistemas y las especies se requieren políticas de prevención y cambios profundos en los modos de producción, consumo y distribución. Con el tiempo la protección del medio ambiente se ha convertido en una preocupación creciente de la sociedad.

La puesta en práctica de todas aquellas medidas que permitan preservar la calidad de nuestro medio ambiente implica necesariamente responder con medios económicos. Cabe preguntarse, por tanto, cuánto se gastan los países en la protección medioambiental a través de sus empresas, Administraciones Públicas y hogares, lo que permitirá aproximarnos a conocer en qué grado están comprometidos en proteger el medio ambiente.

En España, de acuerdo con los últimos datos avance del año 2020, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto total en protección medioambiental asciende a 19.160 millones de euros. Este gasto ha sido sufragado, con diferente proporción, por los siguientes sectores institucionales: el 48,0% por las Sociedades, el 35,5% por las Administraciones Públicas (e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares) y el 16,4% restante por los Hogares.

En dicho año 2020 el gasto en protección medioambiental se destinó a cinco grandes ámbitos de protección. En primer lugar, el 63,8% del gasto se concentró para financiar la gestión de residuos. Seguidamente, y a distancia, la gestión de aguas residuales recibió el 18,2% del gasto medioambiental.

Por lo tanto, en España más de ocho de cada diez euros del gasto destinado a la protección del medio ambiente se dedican a financiar la gestión de los residuos y las aguas residuales que generan las actividades de empresas, hogares y Administraciones Públicas. El 18,0% restante del gasto en protección medioambiental fue para un conjunto variado de ámbitos.

Como puede observarse en el siguiente Cuadro, el ámbito de protección del aire y del clima, protección y descontaminación de suelos, disminución de ruidos, etc. recibe el 7,3% del gasto medioambiental, y la I+D sobre medio ambiente se financia con el 6,2%.

En último lugar se sitúa el gasto en protección de la biodiversidad y el paisaje, que se cuantifica en 861 millones, esto es, el 4,5% del gasto medioambiental total.

C_INE_Gasto ámbitos_2020

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2010-2020, según los datos disponibles del INE, se constata que en España el gasto en protección medioambiental ha pasado de 18.639 a 19.160 millones de euros. Es decir, en una década el gasto dedicado a la protección medioambiental en este país ha aumentado solo un 2,8%.

G_Gasto 2010-2020

La irrupción de la crisis económica en 2008, que devino en Gran Recesión en los años posteriores, ha repercutido de forma palpable sobre las políticas medioambientales, al ver mermados sus recursos de financiación. El gasto medioambiental en España tocó fondo en el año 2014, cuando se cifró en 16.281 millones de euros, es decir, un 12,6% menos que en 2010. A partir de 2015 el gasto sigue una senda de recuperación hasta 2019, cuando se consolida un nivel  en euros que supera el anotado en el año 2010. Finalmente, en 2020 el inicio de la pandemia del COVID-19, que ha traído graves impactos sanitarios y socioeconómicos en todos los países, ha derivado también en un descenso del gasto destinado a la protección medioambiental, que en el caso de la economía española ha supuesto una reducción del 3,7% respecto a 2019.

Para el conjunto del periodo 2010-2020, el gasto en protección medioambiental, si bien se ha recuperado respecto al año 2010 en niveles (euros corrientes, sin descontar la inflación), no ha sido así en términos relativos, esto es, en comparación con la evolución de la economía.

Así, el porcentaje de gasto medioambiental sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado, se observa que se ha reducido desde el 1,74% de 2010 hasta el 1,71% de 2020. Es decir, la producción de bienes y servicios de la economía española se ha incrementado en mayor medida (o se ha reducido en menor medida, en los años de recesión) que lo ha hecho el gasto destinado a proteger el medio ambiente de los efectos nocivos de las actividades económicas.

G_Gasto s. PIB_ 2010-2020

La evolución que toma dicha ratio apunta que la importancia otorgada a las políticas medioambientales vía gasto ha presentado dos etapas diferenciadas. En un primer periodo 2010-2016, los gastos medioambientales han perdido presencia de forma continuada año tras año en relación con la evolución de la actividad económica. A esta etapa le sigue un periodo 2017-2020 bien diferente, donde el porcentaje de gastos medioambientales sobre el PIB se ha ido recuperando. Así todo, no se ha alcanzado aún el registro de 2010, a pesar de que persisten los acuciantes problemas medioambientales que preocupan a la sociedad y ponen en riesgo la perdurabilidad de los ecosistemas y especies de la geografía española.

Para más información:

INE: Cuentas Medioambientales.

La eficiencia en el consumo de materiales de la economía española (2008-2020)

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Circunscribir el análisis de una economía, como la española, a la evolución monetaria de su Producto Interior Bruto es, sin duda, un enfoque muy limitante. Entre otras razones porque se ocultan los fundamentos físicos (agua, energía, materiales…) que hacen posibles todos los procesos de producción, consumo y distribución de bienes y servicios que generan los diferentes agentes económicos.

La existencia de una Contabilidad Medioambiental es una valiosa herramienta para conocer con qué intensidad una economía emplea los recursos materiales que proceden del medio natural para el desarrollo de todas sus actividades. Así, como expresa el Instituto Nacional de Estadística (INE), la Cuenta de flujos de materiales «muestra los inputs físicos de materiales que entran en el sistema económico nacional y los outputs a otras economías o al medio natural», expresados en unidades físicas (toneladas).

Los datos disponibles para la economía de España nos dan luz sobre cómo ha evolucionado este país durante el periodo 2008-2020 respecto al consumo y extracción de materiales, así como a la intensidad o productividad de los recursos (ecoeficiencia) en términos de PIB y número de habitantes.

A continuación se exponen los principales resultados obtenidos para los años 2008-2020 (con datos provisionales de 2020), periodo marcado por la Gran Recesión y, más recientemente, por la pandemia del COVID-19.

1. El consumo nacional de materiales, esto es, la cantidad total empleada directamente por la economía española, ascendió a 424,8 millones de toneladas en 2020. Ello supone una reducción del 47,7% respecto al año 2008 (811,9 Mt). La mayor parte de esta reducción se ha producido durante los años 2008-2013 de la Gran Recesión, a la que sigue otra etapa de mayor estabilidad.

2. El principal origen del consumo nacional de materiales es la extracción nacional, con 368,0 millones de toneladas en 2020, es decir, el 86,6% del total. Este porcentaje ha aumentado respecto al de 2008 (81,5%). El resto del consumo de materiales corresponde al balance comercial físico (importaciones menos exportaciones).

G_Consumo y Extracción_2008_2020

3. Por tipos de materiales extraídos en España, destaca el protagonismo que toman los minerales no metálicos (piedra caliza, yeso, arenas, grava…), que en el año 2008 representaban el 78,3% del total, si bien su peso se ha reducido hasta el 57,3% en 2020, en consonancia con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el declive del sector de la construcción.

A continuación se encuentra la extracción de biomasa (cereales, frutas, hortalizas, biomasa pastada…), cuya participación porcentual, en cambio, ha aumentado desde el 19,8% en 2008 hasta el 37,2% en 2020.

A distancia se sitúan los minerales metálicos (cobre, níquel…), cuyo peso se ha incrementado, desde el 0,3% hasta el 5,5%, y los combustibles fósiles (hulla, antracita, petróleo, gas natural licuado…) que, por el contrario, han perdido importancia relativa, desde el 1,6% al 0,04% en 2020.

G_Extracción_2008-2020

4. El balance comercial físico de la economía española fue de 56,5 millones de toneladas en 2020. Esta cifra es el resultado de unas importaciones de materiales (225,6 Mt) que superan a las exportaciones (168,8 Mt).

Durante el periodo analizado dicho balance comercial físico ha sido siempre deficitario, si bien lo ha sido cada vez menos como consecuencia de la dispar evolución mostrada por las importaciones, que han descendido un 18,3%, frente a las exportaciones de materiales, que han aumentado un 34,4% durante el periodo 2008-2020.

5. Si consideramos, para evaluar la ecoeficiencia, la intensidad del consumo de materiales en la economía española, en primer lugar, en términos de PIB, se observa que se ha reducido desde las 725,4 toneladas por millón de euros en 2008 hasta las 399,0 en 2020, habiéndose concentrado la mayor reducción en los primeros años del periodo (2008-2013), para a partir de entonces presentarse años de intensidad relativa en promedio más estable.

6. Complementariamente, analizando la intensidad del consumo nacional de materiales, medida en términos poblacionales, se observa que también ha descendido: desde las 17,7 toneladas por habitante en 2008 hasta las 9,0 en 2020.

7. El Input Directo de Materiales (IDM) constituye un indicador también relevante para aproximarnos a evaluar la senda hacia la sostenibilidad de una economía. Este indicador contabiliza la entrada directa de materiales en el sistema económico procedente del medio natural nacional y del resto del mundo, es decir, extracción nacional e importaciones, quedando expresado en términos de toneladas por millón de euros de PIB.

Así, para el periodo analizado se concluye que el IDM de la economía española se ha reducido desde las 837,6 toneladas por millón euros de PIB en 2008 hasta las 557,6 en 2020.

Como ha sucedido con el consumo nacional de materiales, el periodo de crisis económica que irrumpió en 2008 ha ido acompañado de un proceso de menor intensidad del empleo de los materiales requeridos por la economía. En el caso del IDM ha descendido un 33,4% durante el periodo 2008-2020, si bien a partir de 2013 ya no se observa una tendencia clara de ganancias de ecoeficiencia.

G_Indic. intensidad_2008-2020

8. Finalmente, los últimos datos provisionales disponibles apuntan que, durante el año 2020, marcado por los fuertes impactos de la pandemia del COVID-19, paralelamente a la brusca caída de la producción de bienes y servicios se ha producido también un descenso significativo del consumo de materiales.

Sin embargo, este «ahorro de materiales» ha sido proporcionalmente menor a la fuerte caída mostrada por el PIB, de modo que los dos indicadores de intensidad de materiales, CNM e IDM, han repuntado en 2020 respecto a 2019: 9,1% y 7,1%, respectivamente. Son resultados, por tanto, que nos alejan también de poder confirmar que la economía española se encuentra en un proceso cierto de desmaterialización y de mayor sostenibilidad.

Para más información:

INE: Cuenta de flujos de materiales (2008-2020)

Las emisiones de gases de efecto invernadero de la economía española (2008-2020)

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La economía española sigue siendo muy dependiente de los combustibles fósiles, de modo que no es neutral ante la crisis climática que atraviesa nuestra planeta. Según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), España emitió a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI) por un total de 274,5 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2020. 

Por tipos de gases, el 77,7% de todas las emisiones generadas en 2020 en España corresponden a dióxido de carbono, al que sigue el metano (14,0%), óxido nitroso (6,4%) y otros GEI (1,9%).

Por origen económico de las emisiones, la actividad que ha emitido más GEI a la atmósfera ha sido la industria manufacturera que, con 70,9 millones de toneladas de CO2 emitidas en 2020, concentra el 25,8% del total de GEI. Asimismo, el 83% del total de emisiones de gases de efecto invernadero generadas dentro de este sector económico durante 2020 procedió de cuatro ramas de actividad principales: 1) Fabricación de otros productos minerales no metálicos; 2) Coquerías y refino de petróleo; 3) Metalurgia, fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones, y 4) Industria química.

Tras la industria manufacturera le siguen como fuentes de emisión más importantes el consumo final de los hogares, con el 20,9% del total de GEI; la agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (18,2%); el suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (16,2%); transporte y almacenamiento (11,9%); otros servicios (5,2%); construcción (1,1%) e industrias extractivas (0,6%).

GEI 2020_por origen_España

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2020 en España las emisiones totales de GEI han presentado una tendencia descendente. A pesar de los incrementos registrados en los años 2014, 2015 y 2017, para el conjunto del periodo analizado las emisiones se han reducido un 34,6%, al pasar de 419,8 millones de toneladas de 2008 a 274,6 millones de 2020.

GEI 2008-2020_España

Por ramas de actividad, las reducciones de emisiones de GEI más destacadas se han producido en términos porcentuales en las industrias extractivas, con un descenso del 68,6% durante el periodo 2008-2020, y en el suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (-58,8%). Por el contrario, el sector primario ha incrementado sus emisiones de GEI en un 6,6% durante los años 2008-2020, esto es, 3,1 millones de toneladas de CO2 más.

En términos absolutos, las mayores reducciones de emisiones se han anotado en la rama de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (63,4 millones de toneladas de CO2 menos) y en la industria manufacturera (-37,4 millones).

Es de especial importancia conocer si la economía española se encuentra inmersa en el necesario proceso de desacoplamiento entre producción y emisiones de GEI. Del análisis de los datos publicados hasta la fecha por el INE, se concluye que durante el periodo 2008-2020 la reducción del 34,6% experimentada por las emisiones de GEI ha sido en paralelo al descenso registrado por economía española, cuyo PIB real se ha reducido un 4,9% en dicho periodo. Por lo tanto, el descenso de la actividad económica ha conllevado una disminución, de mayor intensidad, de las emisiones de GEI.

GEI y PIB_España

No hay que olvidar que el año 2020 estuvo marcado por la pandemia del COVID-19, cuyos impactos sociales son incalculables. Desde el punto de vista medioambiental, la menor actividad económica que supuso la crisis sanitaria se ha traducido en una reducción de las emisiones de GEI. En el caso de España la fuerte contracción del PIB real del 10,8% en 2020 conllevó, al mismo tiempo, un descenso inédito de las emisiones de GEI a la atmósfera del 15,6%. Nótese que en el año anterior (2019), cuando el PIB de España se incrementó un 2,1%, las emisiones de GEI solo se redujeron un 5,2%.

Por tanto, estos datos nos muestran al menos dos hechos importantes. En primer lugar, que la ratio de emisiones de GEI por unidad de producto ha mejorado durante el periodo 2008-2020, si bien se han registrado años (como 2011, 2012 y 2017) en los que  dicha ratio ha empeorado. Y, en segundo lugar, se constata que sigue existiendo una clara correlación entre la producción de bienes y servicios y las emisiones de GEI, que provocan el calentamiento global.

Nos queda por comprobar si, finalmente, el proceso de desacoplamiento entre PIB y emisiones se consolida en los próximos años, siendo imprescindible para ello el impulso de medidas más ambiciosas para contener los modos de producción y consumo actuales, que se mantienen aún en niveles insostenibles, para convertirlos en modos no dependientes de los combustibles fósiles.

GEI_España_ratio_2008_2020

Para más información:

INE: Cuenta de emisiones a la atmósfera

El destino de la energía de la economía española (2014-2019)

El análisis de una economía quedaría incompleto si se circunscribe al enfoque que se centra en la cuantificación monetaria de su PIB. Porque no hay producción, consumo y distribución posibles si no se dispone de recursos materiales y energéticos.

En el caso de la economía española la Cuenta de los Flujos Físicos de la Energía, que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), con datos para el periodo 2014-2019, nos permite conocer, además de su origen, cuál es el destino de la energía de España y cómo ha evolucionado su composición por sectores durante el periodo 2014-2019.

De acuerdo con el INE, en el último año de 2019 el total de flujos energéticos de España ascendió a 19.907.400 terajulios (TJ), esto es, un 6,8% más que en 2014.

Analizando la composición del destino de la oferta energética de España en 2019, se concluye que el principal destinatario es el conjunto de ramas de actividad que conforman la economía española, que concentró el 58,3% de la energía total. A continuación, un 25,2% de los flujos energéticos lo recibe el medioambiente, en forma de pérdidas de energía (calor disipado) como resultado de los procesos productivos y las actividades de consumo final. El tercer destino de la energía, con un 8,8% del total, es el exterior vía exportaciones de bienes energéticos a otros países. Por su parte, los hogares españoles, como consumidores de productos energéticos, emplearon el 6,5% de la energía. El 1,2% restante de los flujos energéticos de 2019 corresponden a variación de existencias y ajustes.

Desde una perspectiva temporal, cabe destacar que durante el periodo 2014-2019 la energía que ha recibido el conjunto de ramas de actividad de la economía española se ha incrementado un 8,9%, esto es, más que la media (6,8%), al pasar de 10,65 millones a 11,60 millones de TJ.

Por su parte, el sector de los hogares ha visto aumentar el consumo de productos energéticos durante el periodo, en este caso, un 4,1% (menos que la media), pasando de 1,25 millones a 1,30 millones de TJ.

Las pérdidas de energía también se han intensificado, en este caso un 5,0%, desde 4,79 millones de TJ en 2014 a 5,02 millones en 2019.

Por el contrario, las exportaciones energéticas de la economía española han descendido un 4,6% (de 1,83 millones a 1,75 millones de TJ).

G_Origen energía España

Centrando el análisis en el principal destino de la energía (el conjunto de ramas económicas, que recibe el 58,3% de la energía en 2019), resulta la siguiente distribución por grandes sectores económicos: Industria manufacturera (48,9%), Industria no manufacturera (38,1%), Servicios (8,9%), Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (3,3%) y Construcción (0,9%).

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Finalmente, en un análisis más detallado, se identifican como las ramas de actividad más consumidoras de energía de la economía española en 2019 las siguientes:

  1. Coquerías y refino de petróleo: 4,67 millones de TJ en 2019, es decir, el 40,3% de la energía total destinada a las ramas económicas. El consumo de energía de esta rama ha experimentado un incremento del 11,0% durante el periodo 2014-2019.
  2. Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado: 3,52 millones de TJ (el 30,4% de la energía). Su consumo energético ha aumentado un 6,5% durante el periodo.
  3. Industrias extractivas: 666.876 TJ (el 5,7% de la energía). El consumo de energía en esta rama se ha reducido un 8,5% entre 2014 y 2019.
  4. Transporte terrestre y por tubería: 406.247 TJ en 2019 (el 3,5% de la energía), esto es, se ha incrementado un 14,5% respecto a 2014.
  5. Industria química: 391.506 TJ (el 3,4% de la energía), con un incremento del 18,8% durante el periodo 2014-2019.
  6. Transporte aéreo: 211.858 TJ, que representa el 1,8% de la energía destinada al tejido productivo de la economía española. En este caso, los flujos de energía que ha recibido esta rama del transporte se han acrecentado un 42,3% durante el periodo analizado.

Para más información:

Instituto Nacional de Estadística

Los impuestos ambientales en España (2008-2019)

La fiscalidad verde constituye un importante instrumento de política pública cuyo objetivo principal es orientar la producción y el consumo hacia una asignación eficiente de los recursos naturales, fomentando comportamientos de los agentes económicos menos extractivos y no contaminantes. Con la adecuada aplicación de impuestos ambientales es posible favorecer una mayor calidad del medioambiente, gravando, por ejemplo, las emisiones de CO2 a la atmósfera, la generación de residuos, los combustibles fósiles y el transporte no sostenible.

Dicho instrumento fiscal conlleva ingresos para las arcas públicas como resultado de la aplicación de diferentes tipos de impuestos ambientales, en un determinado territorio, que son definidos como “aquellos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medioambiente” (de acuerdo con la definición oficial que emplea el INE).

Organismos como la OCDE y la Comisión Europea se han manifestado partidarios de la extensión de la aplicación de impuestos ambientales para mitigar el cambio climático y desincentivar la producción y consumo insostenibles. La política fiscal de los Estados debería, en consecuencia, tender a otorgar un mayor peso a la recaudación por la vía de este tipo de tributos.

En España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los datos avance del año 2019 muestran que la recaudación de los impuestos ambientales ascendió a 22.050 millones de euros. En términos relativos, dicha cuantía representa el 7,9% del total de impuestos de la economía española. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB) se situó en el 1,77% en 2019.

Por tipos de impuestos ambientales, destacan, con diferencia, los impuestos sobre la energía, con el 82,2% del total. Les siguen los impuestos sobre el transporte, con el 13,4%, y, en tercer lugar, los impuestos sobre la contaminación y los recursos, con el 4,4% restante.

Por ramas de actividad y hogares, fueron los hogares los que abonaron más impuestos ambientales en 2019, en concreto, unos 11.801 millones euros, esto es, el 53,5% del total, frente al 46,5% que fue pagado por la actividad productiva.

Respecto a la actividad productiva, las ramas económicas que pagaron más impuestos ambientales fueron Transporte y almacenamiento, con el 15,5% del total, e Industria manufacturera (9,8%). Les siguen las ramas de Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y agua (6,9%); Otros servicios (6,3%); Comercio (4,5%); Construcción (1,9%); Industrias extractivas (0,8%) y Agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (0,8%).

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2019 los impuestos ambientales han aumentado un 21,3%, al pasar de 18.179 a 22.050 millones de euros (en precios corrientes).

Por tipos de impuestos dicho crecimiento ha resultado ser desigual. Se han incrementado los ingresos de los impuestos sobre la contaminación y los recursos un 311,4% y, en menor medida, los de los impuestos sobre la energía (los de mayor peso), un 25,4%. Por el contrario, se ha reducido la recaudación de los impuestos sobre el transporte en un 15,2% durante dicho periodo.

Finalmente, para conocer mejor la evolución de la importancia real de la fiscalidad ambiental en España, es de especial interés analizar la recaudación en términos relativos, es decir, sobre la evolución de la actividad económica (PIB). De este modo, se observa que la recaudación fiscal ambiental sobre el PIB ha aumentado desde el 1,64% en 2008 hasta el 1,77% en 2019. No obstante, hay que hacer constar que en 2015 dicho indicador llegó a alcanzar el 1,93% para, a continuación, entrar en una tendencia de continuo descenso, año tras año, que perdura hasta la actualidad.

Para más información:

INE.

El gasto en protección medioambiental en España (2018)

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La protección del medio ambiente se ha convertido durante los últimos años en una preocupación creciente de la sociedad. Para garantizar la calidad y perdurabilidad de los ecosistemas y las especies se requieren políticas de prevención y cambios profundos en los modos de producción, consumo y distribución.

Poner en práctica todas las medidas que permitan preservar la calidad de nuestro medio ambiente implica responder con medios económicos suficientes que lo hagan posible. Pero ¿cuánto se gastan los países en la protección medioambiental?

En España, de acuerdo con los últimos datos del año 2018, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto total en protección medioambiental asciende a 18.729 millones de euros. Este gasto ha sido sufragado, con diferente proporción, por los siguientes sectores institucionales: el 47,3% por las Sociedades, el 35,2% por las Administraciones Públicas (e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares) y el 17,5% restante por los Hogares.

En 2018 el gasto en protección medioambiental se destinó a cinco grandes ámbitos de protección. En primer lugar, el 61,8% del gasto se concentró para financiar la gestión de residuos. Seguidamente, y a distancia, la gestión de aguas residuales recibió el 19,3% del gasto medioambiental.

Por lo tanto, en España ocho de cada diez euros del gasto destinado a la protección del medio ambiente se dedican a financiar la gestión de los residuos y las aguas residuales que generan las actividades de empresas, hogares y Administraciones Públicas. El 18,9% restante del gasto en protección medioambiental fue para un conjunto variado de ámbitos.

Como puede observarse en el siguiente Cuadro, el ámbito de protección del aire y del clima, protección y descontaminación de suelos, disminución de ruidos, etc. recibe el 7,1% del gasto medioambiental, y la I+D sobre medio ambiente se financia con el 6,5%.

En último lugar se encuentra el gasto en protección de la biodiversidad y el paisaje, que se cuantifica en 1.005 millones, esto es, el 5,4% del gasto medioambiental total.

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Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2010-2018, según los datos disponibles publicados por el INE, se constata que en España el gasto en protección medioambiental ha pasado de 18.639 a 18.729 millones de euros, es decir, se ha incrementado apenas un 0,5%.

G_Gasto 2010-2018

La irrupción de la crisis económica en 2008, que devino en Gran Recesión en los años posteriores, ha repercutido de forma palpable sobre las políticas medioambientales, al ver mermados sus recursos de financiación. El gasto medioambiental en España tocó fondo en el año 2014 cuando se cifró en 16.281 millones de euros, es decir, un 12,6% menos que en 2010. A partir de 2015 el gasto sigue una senda de recuperación hasta situarse, como apuntamos, algo por encima del nivel, en euros, registrado en el año 2010.

El gasto en protección medioambiental, si bien se ha recuperado respecto al año 2010 en niveles (euros corrientes, sin descontar la inflación), no ha sido así en términos relativos, esto es, en comparación con la evolución de la economía.

Si tomamos como ratio el porcentaje de gasto medioambiental sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado, vemos que se ha reducido desde el 1,74% de 2010 hasta el 1,56% de 2018. Es decir, la producción de bienes y servicios de la economía española se ha incrementado en mayor medida (o se ha reducido en menor medida, en los años de recesión) que lo ha hecho el gasto destinado a la protección del medio ambiente.

G_Gasto s. PIB_ 2010-2018

En este caso, la evolución que toma dicha ratio parece apuntar que aún persiste una importante brecha respecto al año 2010 para que las políticas y acciones de protección medioambiental recuperen siquiera la importancia que tenían en el pasado. Para ello su financiación no debería desacoplarse de los acuciantes problemas medioambientales que preocupan a la sociedad y ponen en riesgo la perdurabilidad de los ecosistemas y especies de la geografía española.

Para más información:

INE: Cuentas Medioambientales.

España y las emisiones de gases de efecto invernadero (2008-2018)

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La economía española, muy dependiente de los combustibles fósiles, no es neutra ante la crisis climática que atraviesa nuestra planeta. Según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes a 2018, ha emitido a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI) que han ascendido a un total de 340,7 millones de toneladas de CO2 equivalentes. 

Por tipos de gases, el 83,3% de todas las emisiones generadas en 2018 en España corresponden a dióxido de carbono, seguido del metano (9,8%), óxido nitroso (5,3%) y otros GEI (1,6%).

Por origen económico de las emisiones, la actividad que ha emitido más GEI a la atmósfera ha sido la industria manufacturera (fabricación productos minerales no metálicos, refino de petróleo, metalurgia, etc.) que, con 81,3 millones de toneladas de CO2, concentra el 23,9% del total. Le siguen el consumo final de los hogares, con el 21,0%; la industria no manufacturera (energía, agua, etc.), con el 20,9%; transporte y almacenamiento, con el 15,1%, y el sector primario (agricultura, ganadería, selvicultura y pesca), con el 14,2%. Finalmente, las demás actividades económicas, pertenecientes a los sectores servicios y construcción, han emitido el 5% restante de GEI en 2018.

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2008-2018 en España las emisiones totales de GEI han presentado una tendencia descendente. A pesar de los incrementos registrados en los años 2011, 2014, 2015 y 2017, para el conjunto del periodo analizado las emisiones se han reducido un 18,5%, al pasar de las 417,9 millones de toneladas de 2008 a las 340,7 millones de 2018.

G_GEI_2008-2018

Por ramas de actividad, las reducciones de emisiones de GEI más destacadas se han producido en el subsector no manufacturero, con un descenso del 32,5% durante el periodo 2008-2018, seguido de la industria manufacturera (-25,8%). A continuación, las actividades de transporte y almacenamiento han permitido una reducción de sus emisiones del -10,5%, y el consumo de los hogares, del -4,6%. Por el contrario, el sector primario ha incrementado sus emisiones de GEI en un 8,4% durante los años 2008-2018.

Es de especial importancia conocer si la economía española se encuentra inmersa en el necesario proceso de desacoplamiento entre producción y emisiones de GEI. Del análisis de los registros publicados por el INE, se observa que durante el periodo 2008-2018 la reducción del 18,5% experimentada por las emisiones de GEI ha sido posible a pesar del incremento del 4,5% registrado por el PIB real, lo cual apunta a una tendencia de desacoplamiento de la economía española. No obstante, persisten aún dudas sobre si se ha alcanzado la consolidación de este proceso, ya que se siguen produciendo incrementos del PIB acompañados de aumentos de las emisiones. Así, en 2017 la economía española vio aumentar su PIB en un 2,9%, tasa de crecimiento que fue superada por la de las emisiones de GEI (4,3%). Por el contrario, en el pasado año 2018 se invirtió la tendencia: +2,4% de PIB frente a -2,3% de GEI.

G_PIB y GEI

Para más información:

INE: Cuenta de emisiones a la atmósfera

Los flujos de materiales de la economía española (2008-2016)

_MG_0806

La Contabilidad Medioambiental es una fuente valiosa para conocer cómo una economía emplea los recursos materiales que proceden del medio natural para sus actividades de producción, consumo y distribución. Así, como expresa el Instituto Nacional de Estadística (INE), la Cuenta de flujos de materiales «muestra los inputs físicos de materiales que entran en el sistema económico nacional y los outputs a otras economías o al medio natural en unidades físicas (toneladas)».

Los datos disponibles para España elaborados por el INE permiten analizar cómo ha evolucionado este país durante el periodo 2008-2016 respecto al consumo y extracción de materiales así como a la productividad de los recursos (eco-eficiencia) en términos de PIB y número de habitantes.

A continuación se exponen los principales resultados obtenidos para los años 2008-2016 (con datos provisionales de 2016), periodo marcado por la grave crisis económica.

El consumo nacional de materiales, esto es, la cantidad total usada directamente por la economía española, ascendió a 402,8 millones de toneladas. Ello supone, por tanto, una reducción del 50,4% respecto al año 2008.

La intensidad del consumo de materiales, en términos de PIB, ha descendido desde las 133,0 toneladas de 2008 hasta las 66,9 de 2016.

El consumo nacional de materiales por habitante se cifró en 8,7 toneladas en 2016, inferior a las 17,7 toneladas de 2008.

El principal componente del consumo nacional de materiales es la extracción nacional, con 330,7 millones de toneladas en 2016, es decir, el 82,1% del total. Este porcentaje ha aumentado ligeramente respecto al de 2008 (81,5%).

Por tipos de materiales extraídos en España, destaca el protagonismo que toman los minerales no metálicos (piedra caliza, yeso, arenas, grava…), que en el año 2008 representaban el 78,3% del total, si bien su peso se ha reducido hasta el 55,1% en 2016. A continuación se encuentra la extracción de biomasa (cereales, frutas, hortalizas, biomasa pastada…), cuyo porcentaje, en cambio, ha aumentado desde el 19,8% hasta 40,3% en el periodo analizado. A distancia se sitúan los minerales metálicos (cobre, níquel…), cuyo peso se ha incrementado, desde el 0,3% hasta el 4,1%, y los combustibles fósiles (hulla, antracita, petróleo, gas natural licuado…) que, por el contrario, han perdido importancia relativa, desde el 1,6% al 0,4% en 2016.

G_Extracción

Por su parte, el balance comercial físico fue de 72,1 millones de toneladas en 2016. Esta cifra es el resultado de unas importaciones que ascendieron a 257,5 millones de toneladas frente a los 185,4 millones de las exportaciones. El balance comercial físico ha experimentado, por tanto, una reducción del 52,1% respecto al año 2008. Hay que destacar, asimismo, la dispar evolución que siguieron las importaciones, que descendieron un 6,7%, y las exportaciones de materiales, que aumentaron un 47,6% durante el periodo.

Finalmente, el input directo de materiales (IDM) constituye también un indicador relevante como aproximación a evaluar el camino hacia la sostenibilidad de una economía. Como expresa el INE, el IDM «registra como recursos la entrada directa de materiales en el sistema económico procedente del medio natural nacional y del resto del mundo, es decir, extracción nacional e importaciones». Así, el IDM, en términos de toneladas de materiales empleados por unidad de PIB, tomó en España un valor de 531,9 en 2016 frente a las 836,5 toneladas registradas en 2008. El impacto de la crisis económica, por consiguiente, también se ha visto reflejado en este indicador al reducirse un 36,4% en dicho periodo, si bien en menor cuantía que el consumo nacional de materiales (-49,7%), que excluye las exportaciones del IDM.

G_Indic. intensidad

Para más información:

INE: Cuenta de flujos de materiales (2008-2016)