En toda transición hacia una economía sostenible, la energía constituye un sector estratégico. Son objetivos clave de una política energética sostenible el fomento de las energías renovables, la reducción de consumo de energía tanto primaria como final, la disminución de la dependencia exterior y el aumento de la eficiencia energética.
Respecto a este último objetivo, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un propósito explícito de su estrategia de desarrollo sostenible, que se alinea con el objetivo 7 (ODS 7 “Energía asequible y no contaminante”) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU.
Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.
Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible.
Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2024. Como primera conclusión destacable se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a los 10,0 en 2024. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2024 alcanzó a obtener 10,0 euros.
Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.
En el último año de 2024 el país de la Unión Europea con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 32,3 euros en pps por kgep, seguido de Rumanía (19,1), Luxemburgo (18,1), Dinamarca (17,5), Italia (16,2), Portugal (15,7), Alemania (15,3), España (13,9) y Austria (13,7), todos ellos con valores superiores a la media de la UE (13,5).
Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Finlandia (7,0), Malta (8,2), Estonia (9,6), Bélgica (9,7), Bulgaria (9,8) y Suecia (10,0).
La generación de residuos es uno de los principales problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestra sociedad. Son múltiples los impactos que producen sobre los ecosistemas, en especial cuando no son objeto de una adecuada gestión. Además, conlleva, como es el caso por ejemplo de los envases y embalajes, la utilización de materiales y recursos naturales, que podrían haberse evitado, y el empleo de significativos recursos económicos para su correcto tratamiento posterior.
Por lo tanto, para avanzar en la senda del desarrollo sostenible, en materia de residuos es prioritario, incluso más que la reutilización y el reciclaje, procurar su no generación y, en todo caso, su minimización.
Son muy diversos los tipos de residuos que se generan tanto en la producción como el consumo de bienes y servicios por parte de los distintos agentes. Entre ellos se encuentran los denominados residuos municipales, que son los generados por los hogares y otras fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) cuya recogida compete a las autoridades locales.
El objetivo de hacer sostenible la producción y el consumo (ODS 12 de la Agenda 2030) exige un esfuerzo por parte de todos los agentes económicos para generar la menor cantidad posible de residuos. Si queremos conocer si la sociedad transita por la senda de la sostenibilidad, es de especial interés, entre otros ámbitos, realizar evaluaciones periódicas de la evolución que sigue la generación de residuos.
En el contexto europeo, para evaluar los progresos de los países de la Unión Europea (UE-27) en materia de generación de residuos municipales se dispone de los datos que publica Eurostat. De acuerdo con dicho organismo estadístico, en el año 2024 se generó un total de 232 millones de toneladas de residuos municipales en la UE. Esta cantidad supone sólo una parte de la cuantía total de residuos generados por los diferentes agentes que actúan en las economías de los países de la UE, pero su análisis temporal nos aporta señales importantes sobre si los patrones de consumo se encaminan o alejan de la senda de la sostenibilidad.
Así, una primera conclusión general destacable que nos revela el análisis de los datos es que la generación de residuos municipales en la UE ha seguido una tendencia creciente desde 1995. Durante el periodo 1995-2024 la generación de residuos municipales en la UE ha aumentado un 17,4%, al pasar de 198 a 232 millones de toneladas.
Como se observa en el siguiente gráfico, la generación total de residuos municipales en la UE ha estado afectada por los diferentes ciclos de la economía. En etapas como la de la Gran Recesión (2008-2014) la caída de la producción y el consumo ha comportado una menor generación de residuos domésticos. No obstante, una vez que la economía entra en una fase de recuperación, a partir de 2015 la generación de residuos vuelve a tomar una senda claramente ascendente que prosiguió de forma ininterrumpida hasta 2021. Es de destacar asimismo que incluso en los años 2020-2021, especialmente afectados por los impactos sobre la economía de la crisis de la pandemia del COVID-19, la producción de residuos continuó aumentando. Posteriormente, se constatan dos años con sendas tasas de descensos que, sin embargo, se han visto interrumpidas en el último año de 2024, al incrementarse la generación de residuos un 1,5%.
Si analizamos la generación de residuos en términos relativos, esto es, en kilogramos de residuos generados por persona, se constata una evolución similar. En promedio un ciudadano comunitario generaba en el año 1995 un total de 467 kilogramos de residuos municipales. Casi tres décadas después, el valor de dicha ratio se ha incrementado, si bien con altibajos, hasta cifrarse en 517 kg per cápita en 2024. Por lo tanto, los datos indican que los patrones de consumo siguen sin reorientarse hacia la sostenibilidad, a pesar de los descensos puntuales registrados en los años 2022-2023.
En un análisis más detallado por países, se encuentran notables diferencias en el seno de la UE-27. En términos absolutos, los países que generan más residuos domésticos son Alemania (con el 23% del total de la UE), Francia (16%), Italia (12%) y España (10%). Estos cuatro países concentran, por tanto, el 60% del total frente al 40% restante que es generado por los otros 23 países miembros de la Unión.
Si consideramos la ratio de kilogramos de residuos generados por persona, las divergencias entre países siguen siendo muy marcadas. En el año 2024 la tasa del país con más generación de residuos fue 2,6 veces la del país con menos generación.
Así, con un promedio de 517 kilogramos per cápita de la UE en 2024, los Estados miembros con mayores ratios fueron Austria (782 kg/hab.), Dinamarca (755), Bélgica (699), Chipre (688) y Luxemburgo (681). Por el contrario, los Estados con menos residuos municipales generados per cápita fueron Rumanía (305), Estonia (375), Polonia (387), Hungría (414) y Suecia (427).
El grado de éxito de un país va más allá del valor de su PIB, indicador que se ha demostrado presenta serias limitaciones. En su lugar, existen enfoques alternativos a dicho indicador convencional, entre los que se encuentran los que proponen medidas de bienestar subjetivo o felicidad.
Así, desde 2012 Sustainable Development Solutions Network viene publicando anualmente el Informe de Felicidad Mundial, en el que se postula que el éxito de los países ha de ser evaluado principalmente por el nivel de felicidad de sus ciudadanos.
En concreto, la medida de felicidad recogida en estos informes se basa en tres indicadores principales sobre el bienestar subjetivo declarado por los ciudadanos encuestados: evaluaciones de vida (calidad de vida), emociones positivas (risa, disfrute, interés en aprender…) y emociones negativas (preocupación, tristeza, ira) en las experiencias diarias. La fuente principal para la obtención de esta información es la Encuesta Mundial Gallup.
Los datos empleados en el Informe de 2026 corresponden al promedio de los tres años precedentes, como en informes anteriores, comprendiendo en este caso el periodo 2023-2025.
Se valúa un total de 147 países del mundo para los que se contó con información estadística. Las puntuaciones resultantes están en función de las respuestas que han dado las personas encuestadas en cada país para que evalúen la calidad de sus vidas en una escala de 10 (mejor vida posible) a 0 (peor vida posible). Ello nos permite, finalmente, establecer un ranking mundial de países de mayor a menor nivel de felicidad.
Como se observa en el siguiente cuadro, Finlandia es el país con mayor nivel de felicidad (con una puntuación de 7,76), posición que ocupa por noveno año consecutivo, seguido por Islandia y Dinamarca (7,54 ambos). A continuación, también con valores superiores a 7,00, se encuentran Costa Rica, Suecia, Noruega, Países Bajos, Israel, Luxemburgo y Suiza. Es de destacar en esta edición 2026 del Informe, en particular, el avance experimentado por Costa Rica, único país latinoamericano del grupo de los diez más valorados, que aumenta dos posiciones para situarse en cuarta posición. Asimismo, Suiza entra a formar parte de dicho grupo al ganar tres posiciones en comparación con el año anterior.
En otro extremo, se concluye que los países menos felices se encuentran principalmente en los continentes africano, en mayor medida, y asiático, siendo con frecuencia países implicados en conflictos bélicos o próximos a ellos. La última posición en la medida de felicidad corresponde a Afganistán (1,45). Les siguen, a continuación, como países con los menores niveles de felicidad, Sierra Leona, Malaui, Zimbabue, Botsuana, Yemen, Líbano, República Democrática del Congo y Egipto, que no llegan a alcanzar una puntuación de 3,90.
Sigue existiendo, por tanto, una gran brecha entre los países más felices y menos felices del mundo, que llega a ser de 5,4 veces entre Finlandia y Afganistán, distancia que se recorta levemente respecto al año anterior (5,7 en 2025). De los 147 países evaluados, en 107 ha aumentado, en mayor o menor medida, la valoración de la felicidad realizada por los ciudadanos, en 36 países ha empeorado y en 4 permanece igual en comparación con la declarada en la edición anterior.
De acuerdo con la metodología empleada en el Informe las variaciones de las puntuaciones de felicidad registradas entre los países pueden venir explicadas por seis factores principales: el PIB per cápita, el apoyo social, la esperanza de vida saludable al nacer, la libertad para tomar decisiones de vida, la generosidad y la percepción de corrupción.
Como expresa la Estrategia de la UE para la biodiversidad de aquí a 2030 “la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas se encuentran entre las mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad ante la próxima década”.
Un magnífico indicador que nos alerta de cómo está evolucionando la calidad y cantidad de los ecosistemas naturales son las aves. Gracias a la comunidad científica sabemos que la presencia de aves es un buen semáforo de la salud de los ecosistemas, de su diversidad e integridad.
La mayor o menor población de aves, así como su mayor o menor diversidad de especies, en un ecosistema determinado, nos permite conocer más sobre la calidad del propio ecosistema donde se alimentan, viven y respiran. En definitiva, las aves nos adelantan información valiosa sobre la calidad del medio ambiente y la sostenibilidad real de las actuaciones que llevamos a cabo los humanos a la hora de producir, consumir y movernos.
En el contexto europeo, la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) viene publicando desde hace años el Índice de Aves Comunes, que nos informa de forma cuantitativa sobre cómo ha evolucionado la presencia de aves en Europa. Dicho índice recoge las observaciones obtenidas en los 27 Estados miembros de la UE para un total de 168 especies de aves que viven en tierras de cultivo (39), en ecosistemas forestales (34) y en otros hábitats como parques y jardines (95).
Se cuenta con un amplio horizonte temporal (1990-2024) para evaluar la tendencia de dicho Índice de Aves Comunes de la UE. Los resultados obtenidos hasta hoy apuntan que desde 1990 se ha producido una continuada disminución de las poblaciones de aves en la Unión Europea, lo que denota también un progresivo deterioro de los espacios naturales. Como se observa en el siguiente gráfico, dicho índice de aves ha descendido desde el valor 100,0 en el año base de 1990 hasta 82,8 en 2024, esto es, una caída del 17,2%
De forma complementaria al Índice de todas las Aves Comunes, Eurostat elabora otros dos índices compuestos. El primero, el índice de aves comunes de bosques, circunscrito a 34 especies, nos revela que se ha producido un descenso del 7,5% durante el periodo 1990-2024, al pasar de 100,0 a 92,5. Con este indicador se aprecia que sólo durante el último decenio se ha logrado una tendencia de recuperación parcial de estas aves tras los continuados descensos registrados hasta los años 2009-2013, cuando el índice registró sus valores mínimos.
Por su parte, el segundo índice, el índice de aves comunes de tierras de cultivo, que comprende 39 especies, presenta una evolución aún más preocupante, al presentar una tendencia significativamente descendente entre 1990 (100,0) y 2024 (58,7), lo que supone una reducción del 41,3% en el periodo analizado. Como afirma la propia Estrategia para la biodiversidad 2030 las aves de hábitats agrícolas son indicadores clave de la salud de los agroecosistemas y vitales para la producción agrícola y la seguridad alimentaria, concluyendo que “su alarmante disminución tiene que invertirse”, hecho que sigue sin producirse.
En el ámbito de las aves, cabe recordar asimismo lo que ya expresaba la Directiva comunitaria relativa a la conservación de las aves silvestres en el año 2009:
«En el territorio europeo de los Estados miembros, una gran cantidad de especies de aves que viven normalmente en estado salvaje padecen de una regresión en su población, muy rápida en algunos casos, y dicha regresión constituye un grave peligro para la conservación del medio natural, en particular debido a la amenaza que supone para el equilibrio biológico».
Uno de los aspectos básicos que determinan la calidad de vida de las personas es, sin duda, la situación de su entorno y medioambiente.
En el caso de España, disponemos del Indicador Multidimensional de Calidad de Vida (IMCV), que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata de un indicador sintético que se construye a partir de la agregación de un conjunto amplio pero limitado de indicadores individuales que cubren la evaluación de nueve dimensiones básicas relacionadas con la calidad de vida, entre las que se encuentra Entorno y medioambiente. Son las siguientes:
Condiciones materiales de vida.
Trabajo.
Salud.
Educación.
Ocio y relaciones sociales.
Seguridad física y personal.
Gobernanza y derechos básicos.
Entorno y medioambiente.
Experiencia general de la vida.
Desde el punto de vista metodológico la evaluación de cada una de estas dimensiones comporta la selección de los indicadores disponibles más apropiados. En el caso de la dimensión Entorno y medioambiente el INE ha escogido para su evaluación indicadores que abarcan los siguientes ámbitos:
• Contaminación y ruidos:
-Población que sufre problemas de contaminación y otros problemas ambientales.
-Población que sufre problemas de ruidos producidos por vecinos o del exterior.
-Población urbana expuesta a contaminación del aire (micropartículas PM10, PM2,5).
• Acceso a zonas verdes y de recreo:
-Satisfacción con las zonas verdes y áreas recreativas.
• Entorno ambiental:
-Satisfacción con el entorno en que vive.
Los últimos datos desagregados del IMCV publicados por el INE, que corresponden al año 2024, permiten aproximarnos a evaluar la situación más actual de la dimensión Entorno y medioambiente en España y sus Comunidades y Ciudades Autónomas, así como conocer su evolución desde el año 2008.
De acuerdo con el IMCV, en 2024 el indicador de valoración de la dimensión Entorno y medioambiente en España se situó en 102,03 puntos, esto es, prácticamente igual que en el año anterior (102,00 en 2023). Asimismo, supera el nivel registrado por el índice general de calidad de vida (IMCV), que se situó en 101,47 en dicho año 2024 mejorando, en este caso, 0,23 puntos respecto a 2023.
Analizando las nueve dimensiones que comprenden el IMCV, el Entorno y medioambiente (102,03) es la quinta mejor valorada por la población española, tras Educación (110,11), Salud (103,29), Experiencia general de la vida (102,70) y Trabajo (102,34).
Desde un enfoque territorial, se detectan significativas diferencias en la valoración del Entorno y medioambiente, según la Comunidad Autónoma donde se resida. En 2024, los mayores valores de esa dimensión del IMCV general los presentan las Autonomías de Navarra, Cantabria y Castilla y León. Por el contrario, las menores valoraciones para el medio ambiente las otorgan los habitantes Ceuta, Melilla, Canarias y Galicia.
Desde una perspectiva temporal, el IMCV apunta que globalmente durante el periodo comprendido entre los años 2008 y 2024, la calidad de vida en España se ha incrementado, pasando de 100 a 101,47 puntos. Por su parte, la dimensión Entorno y medioambiente ha aumentado desde 100 a 102,03 puntos en dicho periodo.
Como se aprecia en el siguiente gráfico, durante el periodo 2008-2024 la valoración de la calidad del entorno y medioambiente ha pasado por diversas fases. Se registran unos primeros años de mejoría, a los que siguen otros de estancamiento y de repunte, que se ve interrumpido por la crisis sanitaria del COVID-19, pues provoca un significativo retroceso. A partir de 2023 se inicia un proceso de ligera recuperación que, sin embargo, no ha permitido que la población española retorne a la situación que tenía en 2019, año previo a la pandemia. Asimismo, se constata que la mejor valoración relativa de la dimensión Entorno y medioambiente respecto al IMCV ha tendido a estrecharse durante el periodo analizado (2008-2024).
La cuestión de la evaluación del desarrollo de los países ha sido tradicionalmente estudiada desde un enfoque exclusivamente productivista. Aún hoy se continúa postulando que un mayor crecimiento de la actividad económica conlleva necesariamente más desarrollo y bienestar para la población. De esta forma, el indicador del Producto Interior Bruto (PIB) ha llegado a alzarse como el indicador primordial, soslayando las incuestionables limitaciones de esta variable si queremos conocer las reales condiciones de vida de las personas.
No obstante, con el tiempo, poco a poco, han venido apareciendo nuevas aproximaciones metodológicas de evaluación del desarrollo, entre ellas las que se centran en la calidad de vida de la población, empleando para ello un enfoque multidimensional que suele articularse a través del uso de una amplia batería de indicadores.
En el caso de España, disponemos del Indicador Multidimensional de Calidad de Vida(IMCV), que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata de un indicador sintético que se construye a partir de la agregación de un conjunto amplio pero limitado de indicadores individuales (actualmente 58), que cubren la evaluación de diversas dimensiones relacionadas con la calidad de vida (más allá de la dimensión material o monetaria) en España. En esencia el IMCV lo conforman nueve dimensiones básicas, a las que en su agregación se les otorga igual ponderación. Son las siguientes:
Condiciones materiales de vida.
Trabajo.
Salud.
Educación.
Ocio y relaciones sociales.
Seguridad física y personal.
Gobernanza y derechos básicos.
Entorno y medioambiente.
Experiencia general de la vida.
Con una periodicidad anual, los últimos datos publicados por el INE, que corresponden al año 2024, permiten aproximarnos a evaluar la situación más actual de la calidad de vida en España y sus Comunidades y Ciudades Autónomas, así como su evolución desde el año 2008.
De acuerdo con el IMCV, en 2024 la calidad de vida en España se situó en 101,47 puntos frente a los 101,20 del año anterior.
Analizando las nueve dimensiones que comprenden el IMCV, las más valoradas por la población española han sido Educación, Salud, Experiencia general de la vida, Trabajo y Entorno y medioambiente. Por el contrario, se sitúan por debajo de la puntuación media (101,47 puntos en 2024) las siguientes dimensiones: Ocio y relaciones sociales, Gobernanza y derechos básicos, Condiciones materiales de vida y Seguridad física y personal.
Desde un enfoque territorial, se detectan significativas diferencias en la calidad de vida de la población según la Comunidad Autónoma donde se resida. En 2024, los mayores valores del IMCV general los presentan las Autonomías de Navarra, La Rioja, País Vasco Cantabria y Aragón. Por el contrario, los menores niveles de calidad de vida se registran en Ceuta, Melilla, Canarias, Andalucía y Galicia.
Desde una perspectiva temporal, el IMCV nos apunta que globalmente durante el periodo comprendido entre los años 2008 y 2024, la calidad de vida en España se ha incrementado, pasando de 100 a 101,47 puntos.
No obstante, como se aprecia en el siguiente gráfico, se han registrado dos periodos durante los que la población española ha visto empeorar de forma más marcada su calidad de vida. Primeramente, durante la Gran Recesión, los impactos de esta gran crisis económica han hecho descender el IMCV en España, en particular durante los años 2009, 2010 y 2013.
Con posterioridad, en 2020 la irrupción de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19 ha lastrado la calidad de vida en España durante tres años (2020-2022), para a partir de 2023 detectarse una ligera recuperación. No obstante, los últimos datos de 2024 nos revelan que la población española aún no ha conseguido recuperar el nivel de calidad de vida que tenía en 2019, previo a la crisis sanitaria. Este hecho contrasta con la evolución seguida por el extendido indicador del PIB por habitante, cuyo valor en euros corrientes, supera en 2024 (32.633 euros) en un 22,6% el nivel registrado en 2019 (26.625 euros), tras haber llegado a contraerse un 10,4% anual en 2020.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres), que queda definido en los siguientes términos:
«Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica».
Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para:
Velar por la conservación de los bosques, humedales y ecosistemas montañosos.
Promover la gestión sostenible de todos los tipos de bosques y poner fin a la deforestación.
Luchar contra la desertificación y rehabilitar las tierras y los suelos degradados.
Proteger las especies amenazadas y evitar su extinción.
Poner fin a la caza furtiva y el tráfico de especies protegidas de flora y fauna.
Prevenir la introducción de especies exóticas invasoras.
Integrar los valores de los ecosistemas y la diversidad biológica en la planificación nacional y local, los procesos de desarrollo, las estrategias de reducción de la pobreza y la contabilidad.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Vida de ecosistemas terrestres, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En esta edición de 2025, al igual que en la anterior, para el cálculo del índice sintético del ODS15 se ha contado con los siguientes indicadores:
Área media protegida en sitios terrestres importantes para la biodiversidad (%).
Área media protegida en sitios de agua dulce importantes para la biodiversidad (%).
Índice de Lista Roja de supervivencia de especies (0-1, peor-mejor).
Deforestación permanente (% de área forestal, media de 3 años).
Deforestación importada (m2/hab.).
Esta selección de indicadores ha dejado sin evaluar, por carecerse de estadísticas, otros aspectos importantes del ODS15, como son la salud de los ecosistemas y el comercio de especies en peligro de extinción.
En términos generales, según los datos del Informe de 2025, el índice del ODS15 del mundo toma un valor de 57,7, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media (68,6) correspondiente a los 17 ODS en dicho año.
Asimismo, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Vida de ecosistemas terrestres de la Agenda 2030 se presenta en color “rojo, lo que viene a significar que se enfrenta a grandes desafíos en la actualidad. Además, la tendencia del ODS15 viene siendo de estancamiento o de tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
En un análisis más detallado, el Informe de 2025 nos permite conocer las puntuaciones obtenidas para el índice delODS15 de cada uno de los 167 países para los que se dispone de datos.
Así, como se recoge en el siguiente cuadro, los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de preservar la vida de los ecosistemas terrestres establecido en la Agenda 2030 son Bulgaria (94,4), Bielorrusia (92,5), Chequia (92,0), Guyana (91,5), Polonia (91,1), Letonia (91,0), República Centroafricana (89,7), Croacia (88,3), Moldavia (88,2) y Namibia (87,9).
El análisis realizado de los datos recogidos en el Informe de 2025 nos lleva a concluir que de un total de 167 países sólo cinco presentan sus cinco indicadores del ODS15 en color verde, es decir, progresan satisfactoriamente para cumplir completamente con este objetivo de aquí a 2030: Bulgaria, Bielorrusia, Chequia, Polonia y Namibia.
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al estado de los ecosistemas terrestres la presenta Singapur (31,9). A continuación, se encuentran también con las valoraciones más bajas en 2025 los países de Fiyi (33,2), Yibuti (34,5), Mauricio (36,5), Islandia (36,7), Irak (38,4), Bahamas (38,5), Baréin (39,2), Malasia (41,3) e Israel (41,4).
Es significativo que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS15, cifrándose una distancia de 62,5 puntos entre los países mejor y peor situados (Bulgaria y Singapur, respectivamente). Dicha brecha es superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.
Finalmente, por su especial importancia económica y/o demográfica, cabe mencionar, en particular, a cuatro países: Federación Rusa que ocupa la posición 81 en el ranking mundial del índice del ODS15, Estados Unidos (117), China (154) y la India (155).
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:
«Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos«
Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para de aquí a 2030:
Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Energía asequible y no contaminante, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En el caso del ODS7 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:
Porcentaje de población que tiene acceso a electricidad.
Porcentaje de población que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
Emisiones de CO2 de la quema de combustibles fósiles para electricidad y calefacción por producción total de electricidad (MtCO2/TWh).
Participación de las energías renovables en consumo total de energía final (%).
En términos generales, según los datos del Informe de 2025, el índice del ODS7 del mundo toma un valor de 64,5, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media (68,6) correspondiente a los 17 ODS en dicho año.
De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo energético de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos (color naranja), registrando una moderada tasa de crecimiento que es aún insuficiente para lograr su total cumplimiento en 2030.
En un análisis por países los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) muestran que de los 167 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (99,2) y Suecia (99,1). Les siguen, a continuación, Noruega (98,9), Finlandia (96,0), Uruguay (95,5), Letonia (90,4), Brasil (90,3) y Dinamarca (89,1). Estos países, a excepción de Letonia, se encuentran en la senda de cumplir completamente con este objetivo energético de la Agenda 2030 sin necesidad hasta el momento de afrontar mayores retos.
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo energético la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano que cuentan con bajos niveles de renta per cápita, como son Chad (2,6), Sudán del Sur (13,6), Níger (15,1), Burundi (16,6), Sierra Leona (17,5), República Centroafricana (18,4) y Guinea-Bisáu (20,7). Para todos ellos siguen existiendo grandes desafíos para alcanzar las metas energéticas del ODS7 de aquí a 2030.
Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que Estados Unidos ocupa la posición 54 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS7, seguido por China (76), la India (87) y Federación Rusa (88).
Finalmente, hay que remarcar que en el ODS7 las diferencias entre países continúan siendo considerables, llegando a ser extremas entre el país mejor situado (Islandia, con 99,2) y el peor (Chad, con 2,6). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos, el ODS12, se refiere a la producción y el consumo, quedando definido en la Agenda 2030 en estos términos:
«Garantizar modalidades de producción y consumo sostenibles»
La consecución del ODS12 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes recogidas en la Agenda 2030:
Lograr la gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales, de aquí a 2030.
De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.
De aquí a 2020, lograr la gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, y reducir significativamente su liberación a la atmósfera, el agua y el suelo a fin de minimizar sus efectos en la salud humana y el medio ambiente.
Reducir considerablemente la generación de residuos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización, de aquí a 2030.
Alentar a las empresas a que adopten prácticas sostenibles e incorporen información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes.
Promover prácticas de adquisición pública que sean sostenibles.
De aquí a 2030, asegurar que las personas de todo el mundo tengan la información y los conocimientos pertinentes para el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza.
Ayudar a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad científica y tecnológica para avanzar hacia un consumo y producción sostenibles.
Elaborar y aplicar instrumentos para lograr un turismo sostenible que cree empleo y promueva la cultura y los productos locales.
Racionalizar los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En esta edición de 2025 para el cálculo del índice sintético del ODS12 se ha contado con los siguientes indicadores:
Residuos sólidos municipales (kg/pers./día).
Residuos electrónicos (kg/pers.).
Contaminación del aire basada en la producción (AVAD/1.000 hab.).
Contaminación del aire asociada con las importaciones (AVAD/1.000 hab.).
Emisiones de nitrógeno basadas en la producción (kg/pers.).
Emisiones de nitrógeno asociadas con las importaciones (kg/pers.).
Exportaciones de residuos plásticos (kg/pers.).
Analizando los datos aportados en el Informe, se concluye, en primer lugar, que el índice del ODS12 del mundo toma un valor de 79,7, cifra que se sitúa 11 puntos por encima del valor medio correspondiente a los 17 ODS en dicho año. Asimismo, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Producción y consumo sostenibles de la Agenda 2030 sigue presentando en la actualidad, al igual que un año antes, retos significativos, registrando una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
Otra conclusión general que merece ser destacada, como se puso de manifiesto en Informes anteriores, es que existe una correlación inversa entre el nivel de desarrollo (medido tanto en renta per cápita como con el índice de los 17 ODS) y el grado de cumplimiento del ODS12.
La evaluación realizada a los 167 países para los que se dispone de información estadística nos sigue confirmando una evidencia clara: la prosperidad económica no está en sintonía con la sostenibilidad de los modos de producir y consumir. En otras palabras, son los países de renta alta (y también con mayor IDS general) los que menos están cumpliendo con el objetivo de Producción y consumo sostenibles. Por el contrario, los países “menos desarrollados” son los que están alcanzando dicho objetivo de la Agenda 2030.
En un análisis más detallado por países, los resultados obtenidos para el ODS12 muestran, como puede observarse en el siguiente cuadro, que los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles son países de bajo PIB per cápita localizados principalmente en África, tales como Lesoto (98,3), Mozambique (97,6), Sierra Leona (97,6), República Democrática del Congo (97,4), Malaui (97,3), Liberia (97,2), Etiopía (97,1), Madagascar (96,6) y Burundi (96,5).
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto a la sostenibilidad de la producción y el consumo la presentan países que mayoritariamente disfrutan de un alto PIB per cápita: Luxemburgo (31,8), Irlanda (35,5), Catar (40,0), Dinamarca (41,7), Suiza (42,2), Estonia (43,6), Países Bajos (44,6), Lituania (46,9) y Singapur (47,0).
Hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS12, cifrándose una distancia de 66,5 puntos entre el país mejor valorado (Lesoto) y el peor situado (Luxemburgo). Dicha brecha es muy superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.
Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que la India ocupa la posición 83 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS12, seguido por Federación Rusa (102), China (103) y, a mayor distancia, Estados Unidos (135).
En 2015 las Naciones Unidas puso en marcha un ambicioso proyecto de alcance mundial: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este documento establece compromisos que se concretan en un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que abordan las tres dimensiones del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS11 dedicado a Ciudades y comunidades sostenibles.
En la Agenda 2030 el ODS11 queda definido en los siguientes términos:
«Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles»
La consecución del ODS11 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes:
Asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales.
Proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público.
Aumentar la urbanización inclusiva y sostenible.
Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural.
Reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres.
Reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, con especial atención a la calidad del aire y la gestión de los residuos.
Proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2024 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Ciudades y comunidades sostenibles, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En el caso del ODS11 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:
Porcentaje de población urbana que vive en barrios marginales.
Concentración media anual de partículas (PM2.5).
Porcentaje de población urbana con acceso a fuentes de agua potable mejoradas, canalizadas.
Porcentaje de población con acceso adecuado al transporte público en las ciudades.
En términos generales, analizados los datos que acompañan al Informe de 2025, el índice del ODS11 del mundo toma un valor de 65,9, cifra inferior a la puntuación media correspondiente a los 17 ODS en dicho año (68,6), encontrándose, junto con otros cuatro ODS, poca probabilidad de llegar a cumplirse en el horizonte de la Agenda 2030.
De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo ODS11 de Ciudades y comunidades sostenibles, mostrado en color rojo, presenta en la actualidad grandes desafíos, presentando, además, una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
En un análisis por países,los resultados obtenidoscorrespondientes al ODS11 concluyen que de los 167 países evaluados en 2025 el mejor situado es Bahamas que,con una puntuación de 100, presenta el mayor valor del índice, es decir, el máximo cumplimiento del ODS11 de la Agenda 2030. Es necesario anotar que dicha puntuación resulta de los valores disponibles para sólo dos indicadores de los cuatro seleccionados.
Le siguen, a continuación, también con altas puntuaciones, Estonia (98,9),Luxemburgo (98,9), Finlandia (98,8), Francia (98,3), España (98,1), Nueva Zelanda (98,1), Reino Unido (98,1), Suiza (97,9) y Brunéi (97,8) y Bélgica (97,8), principalmente. Nueva Zelanda, destaca, además, por ser el único país de los 167 que presenta los cuatro indicadores que miden el ODS11 en color «verde», es decir, progresan satisfactoriamente en el cumplimiento de este objetivo.
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al grado de sostenibilidad de las ciudades y comunidades recae, un año más, sobre Nigeria (28,9) y Sudán del Sur (29,3). Les siguen, también con muy bajas puntuaciones, inferiores a 40, Bangladés (32,9), Chad (33,6), Afganistán (34,4), Pakistán (37,0), Haití (37,4), Níger (37,5), República Democrática del Congo (38,1) y República Centroafricana (39,5). Para todos ellos, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el ODS11 permanece «en rojo», es decir, persisten grandes desafíos para su cumplimiento de aquí a 2030.
Por su especial importancia económica y/o demográfica, cabe mencionar, en particular, a cuatro países: Federación Rusa que ocupa la posición 36 en el ranking mundial del índice del ODS11, Estados Unidos (55), China (91) y la India (126). De ellos únicamente Estados Unidos ha perdido posiciones (dos) respecto al año anterior.
Finalmente, hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS11, cifrándose una distancia de 71,1 puntos entre los países mejor y peor situados. Dicha brecha es muy superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.