El encuentro del principito con el mercader

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En 1943 vio la luz Le Petit Prince, la obra más conocida y traducida del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944).

El principito, el niño protagonista del relato, tras visitar seis planetas, llega en su viaje mágico hasta la Tierra. Allí se encuentra al mercader con el que mantiene un breve y extraño diálogo. Entrar en contacto con el mundo de los adultos hace, con frecuencia,  incompresible lo que no debería serlo.

-Buenos días -dijo el principito.

-Buenos días -dijo el mercader.

Era un mercader de píldoras especiales que aplacan la sed. Se toma una por semana y ya no se siente necesidad de beber.

-¿Por qué vendes eso? -dijo el principito.

-Es una gran economía de tiempo -dijo el mercader-. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

-Se hace lo que se quiere…

“Yo -se dijo el principito-, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría tranquilamente hacia una fuente…”

Para leer más:

Antoine de Saint-Exupéry: El Principito. Salamandra, Barcelona, 2019.

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El tiempo pétreo de José Saramago

Nerja_Cuevas_2018.01.17

Ante la difícil pregunta de qué es el tiempo, podríamos descender al interior de la tierra para buscar una respuesta. Allí la encontró José Saramago, entre las excepcionales gotas pétreas que se forman en esas cavernas y grutas ajenas a nuestra vida diaria.

“…una gota de agua se me dibuja en la memoria como una enorme perla suspensa, que, lentamente, va engrosándose; está a punto de caer, pero no cae, mientras la miro fascinado. Me rodea un fantástico amontonamiento de rocas. Estoy en el interior del mundo, cercado de estalactitas, de blancos manteles de piedras, de formaciones calcáreas que tienen apariencia de animales, de cabezas humanas, de secretos órganos del cuerpo, sumergido en una luz que, del verde al amarillo, se degrada de manera infinita.

La gota de agua recibe la luz de un foco lateral; es transparente como el aire, suspensa allí sobre una forma redonda que recuerda un bulbo vegetal. Caerá no sé cuándo desde una altura de seis centímetros y resbalará en la superficie lisa, dejando una infinitesimal película calcárea que hará más leve la próxima caída. Y como nos paramos a mirar la gota de agua, el guarda de Aracena dijo: ‘Dentro de doscientos años, estas dos piedras estarán juntas.’

Es ésta la paciencia del tiempo. En la gruta inmensa, el tiempo está aproximando dos piedras insignificantes y promete de aquí a doscientos años la silenciosa unión de ambas. En la hora en que escribo, avanzada la noche, la caverna está sin duda en una oscuridad profunda. Se oye el gotear de las aguas sueltas sobre los lagos sin peces, mientras, en silencio, la montaña vierte la gota lenta de la promesa.”

Para leer más:

José Saramago: Las maletas del viajero. Ediciones B, Barcelona, 1998. Incluye la crónica “El tiempo y la paciencia”.