Una cita de Ildefonso Cerdá sobre la necesidad de vivienda del ser humano

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El ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdá (1815-1876), considerado uno de los fundadores del urbanismo moderno, dedicó veinte años de su vida a su célebre «Teoría general de la urbanización», una intensa investigación sobre nuestras ciudades.

Como dejó patente desde sus primeras páginas, Cerdá, en su afán de conocer el origen primero de la urbanización, expresó que el hombre siempre ha tenido la necesidad imperiosa de proveerse de cobijo. La necesidad de albergue, de vivienda, es inherente al ser humano, viva donde viva.

«El hombre puede en circunstancias dadas prescindir y prescinde de sus vestidos; pero nunca ni en circunstancia alguna prescinde de un albergue. Hablad al salvaje de los trópicos de los vestidos del hombre civilizado, y recibirá con la rechifla del más soberano desdén vuestras palabras, cuyo objeto es para él una ridícula superfluidad; sin embargo, hablad a ese mismo hombre de nuestros albergues, y os responderá con la más formal gravedad, señalándoos con el dedo de su choza, como para manifestaros el orgullo que siente al poseerla. Y es que allí tiene, ni más ni menos que el más encopetado europeo, su familia, allí la guarece y se guarece contra las fieras y contra los elementos, allí va a ocultar sus pesares de su vida, allí va a disfrutar placeres inefables con sus hijos y su esposa, allí, en una palabra, está el complemento de su ser.

Pedidle a ese mismo hombre de las selvas que os acompañe en vuestra excursión y accederá gustoso a vuestra demanda, mientras no sea preciso perder de vista su morada, o hasta donde por lo menos crea fácil volver a encontrarla. Y esto quiere decir que el hombre salvaje siente, lo mismo y con más vehemencia aun que el civilizado, una afección invencible hacia la comarca donde tiene establecida su vivienda, de suerte que diríase que allí donde tiene su morada, tiene apegado su corazón, como si la vivienda formase parte de su misma existencia».

Para leer más:

Ildefonso Cerdá (1867): «Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona».

 

 

 

 

Los bosques, sumideros naturales de gases de efecto invernadero en la UE

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Son múltiples las funciones que desempeñan los bosques. Constituyen los ecosistemas con mayor biodiversidad en tierra, llegando a acoger a más de la mitad de las especies del planeta. Los ecosistemas forestales atesoran una gran diversidad genética, que es fundamental para los avances de la ciencia y la salud de hombre. Además, los bosques nos proporcionan valiosos y variados recursos (madera, leña, carbón, plantas medicinales, alimentos…) a la vez que ayudan a regular la cantidad y la calidad del agua, facilitando su abastecimiento a buena parte de la población mundial.

También sabemos que los bosques son unos ejemplares sumideros naturales de CO2: absorben el dióxido de carbono presente en la atmósfera y lo incorporan a su biomasa a la vez que liberan oxígeno. Por lo tanto, desempeñan un papel fundamental para la calidad del aire y en la lucha contra el cambio climático. Respecto a esta última función de los bosques -su capacidad para mitigar los impactos que generan las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI)- los datos de Eurostat nos aportan una información relevante.

En la Unión Europea (UE-28) los bosques cubren una superficie de 182 millones de hectáreas, esto es, ocupan más del 40% de su superficie terrestre total. Los países con mayor superficie arbolada son Suecia (30,5 millones de hectáreas), España (27,6), Finlandia (23,0) y Francia (17,6). En términos relativos, las mayores proporciones de masas forestales respecto a su superficie se encuentran en Finlandia, Suecia, Eslovenia y Estonia.

Gracias a esta superficie forestal es posible reducir los gases contaminantes que se emiten cada año a la atmósfera. Así, en el año 2015 las emisiones de GEI ascendieron a 4.452 millones de toneladas de COequivalente. De este total los bosques de la UE absorbieron 417 millones, lo que corresponde a un 9,4% del total de emisiones de GEI. Dicho porcentaje de absorción de emisiones se ha venido incrementando a lo largo de los años, desde el 6,6% en 1990 y el 7,9% en 2000.

En un análisis por países, los Estados miembros de la UE que presentan los mayores porcentajes de absorción de emisiones de GEI por los bosques fueron en 2015 Suecia (83,5%), Finlandia (59,3%), Lituania (43,6%) y Eslovenia (34,9%), con porcentajes muy superiores a la media comunitaria (9,4%).

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Para más información:

Eurostat

 

 

Una cita con el arte y la naturaleza en la obra de Azorín

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El escritor español José Martínez Ruiz, más conocido por Azorín (1873-1967), destacó, entre sus cualidades literarias, por su especial capacidad para convertir en imágenes vívidas sus sentidas descripciones del paisaje y de la naturaleza. El interés de Azorín por que la creación literaria beba de las emociones que emanan de la naturaleza queda al descubierto en las palabras pronunciadas por uno de los protagonistas de su obra La voluntad.

La escena transcurre durante una tarde gris y de incesante lluvia. Las horas pasan lentas, muy lentas. El maestro Yuste se encuentra en el despacho con su alumno Azorín. Esa tarde no han podido dar su habitual paseo y ambos personajes entablan una distendida conversación sobre cultura.

Yuste tras coger un libro del estante de su despacho afirma:

«-Lo que da la medida de un artista es su sentimiento de la naturaleza, del paisaje… Un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje… Es una emoción completamente, casi completamente moderna. En Francia sólo data de Rousseau y Bernardino de Saint-Pierre. En España, fuera de algún poeta primitivo, creo que sólo la ha sentido fray Luis de León en sus Nombres de Cristo… Pues bien: para mí, el paisaje es el grado más alto del arte literario… ¡Y qué pocos llegan a él!».

Para leer más:

Azorín (1902): La voluntad.

 

Una cita con Ildefonso Cerdá y el origen de la urbanización

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Al ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdá (1815-1876), considerado uno de los fundadores del urbanismo moderno, le debemos su célebre «Teoría general de la urbanización», fruto de largos años de investigación sobre nuestras ciudades.

Desde las primeras páginas de su magna obra, Cerdá quiso dejar bien claro cuál es el origen de la urbanización: la necesidad que siempre ha tenido el hombre de proveerse de cobijo. El ser humano necesita el albergue para la conservación de su existencia, porque es el albergue «la primera entre todas sus necesidades, la primera de sus aspiraciones, el primero de sus afanes». Se trata de una necesidad inherente a la naturaleza misma del hombre. Gracias a la casa, al albergue, conseguimos ese abrigo sólido que nos proteja y defienda ante amenazas externas.

«El hombre ha salido de las manos de la naturaleza débil y sin el menor abrigo, sin armas naturales para defenderse contra sus numerosos enemigos, sin tegumento alguno que le proteja contra las inclemencias de la atmósfera a que está incesantemente sujeto; y por consiguiente, aun antes que vestidos que cubran su desnudez, ha debido buscar un albergue donde guarecerse así de las fieras más fuertes y mejor armadas que él, como el furor de los elementos que no le era dado contrarrestar».

Alcanzada la protección, el amparo y la seguridad que le aporta el albergue, el hombre ya pudo empezar a desarrollar su inteligencia.

«Donde quiera que haya existido un hombre, ha habido para él un albergue; y donde quiera que ha habido un albergue, allí ha estado el origen, el primer elemento de la urbanización».

Para leer más:

Ildefonso Cerdá (1867): «Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona».