Los 16 principios de la Carta de la Tierra: asignatura pendiente

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Han transcurrido dos décadas desde que en marzo de 2000 fuera aprobada en la sede de la UNESCO en París la Carta de la Tierra. Es un documento, tan imprescindible como poco conocido, que está lleno de principios orientadores para la vida en armonía dentro de nuestro hogar común, el planeta Tierra.

En su preámbulo la Carta de la Tierra proclama que vivimos en un mundo cada vez más interdependiente y frágil, lo que comporta grandes riesgos y promesas. Nos recuerda, asimismo, que somos una sola familia humana con un destino común. Tenemos el deber de “unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura en paz”.

El contenido de la Carta de la Tierra abarca cuatro ámbitos de actuación: I) respeto y cuidado de la comunidad de la vida, II) integridad ecológica, III) justicia social y económica y IV) democracia, no violencia y paz. Estos cuatro ámbitos se desarrollan a través de la defensa de 16 principios básicos, que son los siguientes:

I. Respeto y cuidado de la comunidad de la vida

1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.

2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.

3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.

4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.

II. Integridad ecológica

5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.

6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y, cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.

7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.

8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.

III. Justicia social y económica

9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.

10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.

11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.

12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.

IV. Democracia, no violencia y paz

13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.

14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.

15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.

16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.

En suma, la Carta de la Tierra es un llamamiento a la transformación de la sociedad para hacerla más justa, pacífica y sostenible.

Para leer más:

Carta de la Tierra

Las palabras de gratitud de Albert Einstein hacia Copérnico

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Con motivo de la conmemoración de la muerte de Nicolás Copérnico, en diciembre de 1953 Albert Einstein pronunció unas sentidas palabras de gratitud hacia este ilustre científico en la Columbia University de Nueva York.

“Con regocijo y gratitud honramos hoy la memoria de un hombre que, más que ningún otro, contribuyó a la liberación de la mente esclavizada por las cadenas del dominio clerical y científico en Occidente.

Es verdad que en el período clásico griego algunos pensadores habían llegado a la convicción de que la Tierra no era el centro natural del universo. Pero esta visión del universo no logró obtener un reconocimiento real en la antigüedad. Aristóteles y la escuela griega de astronomía continuaron sustentando la concepción geocéntrica y casi nadie dudó de ella.

Una rara independencia de pensamiento, una gran intuición y también un profundo conocimiento de los hechos astronómicos -poco accesibles en aquellos tiempos- fueron necesarios para exponer la superioridad de la concepción heliocéntrica de un modo convincente. Esta verdadera proeza de Copérnico no sólo allanó la vía hacia la astronomía moderna, sino que también contribuyó a que operara un cambio decisivo en la actitud del hombre hacia el cosmos. Una vez que se hubo reconocido que la Tierra no era el centro del mundo, sino sólo uno de los más pequeños planetas, la ilusión del papel central del hombre se hizo insostenible. De ahí que Copérnico, merced a su trabajo y a la grandeza de su personalidad enseñara al hombre a ser modesto.

Ninguna nación debería arrogarse el derecho a sentirse orgullosa de que ese hombre hubiera surgido en su seno. El orgullo nacionalista es una mezquina debilidad que difícilmente podría justificarse ante un hombre dueño de la profunda independencia que caracterizó a Copérnico”.

Para leer más:

Albert Einstein: Mis ideas y opiniones. Antoni Bosch, Barcelona, 2011.