Evaluando la acción por el clima (ODS13) de la Agenda 2030

_Z0B4814

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS13 (Acción por el clima), que queda definido en los siguientes términos:

“Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos, reconociendo que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el principal foro intergubernamental internacional para negociar la respuesta mundial al cambio climático”

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas, como las siguientes, que están recogidas en la Agenda 2030:

  • Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales.
  • Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales.
  • Mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto a la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana.

El informe SDG Index and Dashboards Report 2018, elaborado por  SDSN y Bertelsmann Stiftung realiza, a través del empleo de indicadores, un esfuerzo de evaluación de los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS. Para dicha evaluación utiliza una metodología de índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de la Agenda 2030.

Los resultados obtenidos para el ODS13 (Acción por el clima) muestran que de los 156 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Yemen (95,9), Moldavia (95,8) y Costa de Marfil (95,6). Les siguen, a continuación, Camerún (94,8), Guinea (94,5), Hungría (94,1), Haití (93,5), Bután (93,4) y República del Congo (93,3). Todos ellos, a excepción de Hungría, son países con niveles bajo o bajo-medio de PIB per capita.

Cuadros_Países25Más_ODS13

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo de Acción por el clima corresponde a Australia (23,3), seguido de Emiratos Árabes (31,6), Catar (43,6) y Kuwait (43,8 ambos). Los cuatro pertenecen al grupo de países que disfrutan de altos niveles de PIB per capita.

Cuadros_Países25Menos_ODS13

Para más información:

2018 SDG Index and Dashboards

Anuncios

Evaluando la sostenibilidad de las ciudades y comunidades (ODS11)

_Z0B2299
Basilea, Suiza

En 2015 las Naciones Unidas puso en marca un ambicioso plan de carácter mundial: La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este documento establece compromisos que se concretan en un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que comprenden las tres dimensiones del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS11 dedicado a Ciudades y comunidades sostenibles.

En la Agenda 2030 el ODS11 queda definido en los siguientes términos:

“Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”

La consecución del ODS11 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes:

  • Asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales.
  • Proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público.
  • Aumentar la urbanización inclusiva y sostenible.
  • Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural.
  • Reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres.
  • Reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, con especial atención a la calidad del aire y la gestión de los residuos.
  • Proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles.

Para evaluar los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, disponemos de la amplia batería de indicadores empleados en el informe elaborado por  SDSN y Bertelsmann Stiftung: SDG Index and Dashboards Report 2018. Los resultados obtenidos en su edición de 2018 nos aproximan a conocer cuál es la situación de las ciudades y comunidades del planeta, país por país, y en qué grado se van alcanzando las metas establecidas en la Agenda 2030.

Para dicha evaluación se utiliza una metodología de índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS. Hay que tener en cuenta que en el caso del ODS11 el índice sintético se ha construido a partir únicamente de tres indicadores disponibles, que son los siguientes:

  • Concentración anual media de partículas de menos de 2,5 micrones de diámetro en zonas urbanas (mg/m3).
  • Porcentaje de población con acceso a agua potable.
  • Grado de satisfacción de la población con el transporte público.

Los resultados obtenidos para el ODS11 (Ciudades y comunidades sostenibles) concluyen que de los 156 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Suiza (97,3), Luxemburgo (95,4) y Singapur (94,9). Les siguen, a continuación, tres países del continente europeo: Reino Unido (91,2), Finlandia y Alemania (ambos 91,1). Todos ellos, no obstante, han de afrontar algunos retos si quieren cumplir con este objetivo de la Agenda 2030.

Cuadro_25Países más_ODS11

Por el contrario, el país con la situación relativa más desfavorable respecto al grado de sostenibilidad de sus ciudades y comunidades es Mauritania (26,4), seguido de República Centroafricana y Haití (32,0 ambos).

A continuación se sitúa un país de alta renta per cápita, Catar (35,7), seguido Liberia (35,9), Afganistán y Bangladesh (39,4 ambos), y Camerún (39,5).

Cuadro_25Países menos_ODS11

Para más información:

2018 SDG Index and Dashboards

Evaluando el objetivo energético (ODS7) de la Agenda 2030

20. Laguna azul_2016.03.08. Islandia
Central geotérmica, Islandia

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:

“Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar las siguientes medidas recogidas en la Agenda 2030:

  • Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos, de aquí a 2030.
  • Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas, de aquí a 2030.
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética, de aquí a 2030.
  • De aquí a 2030, aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
  • De aquí a 2030, ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.

Los resultados recogidos en el informe SDG Index and Dashboards Report 2018, elaborado por  SDSN y Bertelsmann Stiftung, nos muestran los progresos alcanzados por los países respecto al cumplimiento de los 17 ODS de la Agenda 2030.

En dicha evaluación se utiliza una metodología de índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

En el caso del ODS7 el índice sintético se ha construido a partir de los tres indicadores siguientes para los que se dispone de datos:

  • Porcentaje de población total que tiene acceso a electricidad.
  • Porcentaje de población total que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
  • Emisiones de CO2 de combustibles fósiles por producción de electricidad.

Los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) concluyen que de los 156 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (98,9), Suecia (97,7) y Noruega (97,4). Estos tres países de alto PIB per capita están en la senda de cumplir con este objetivo de la Agenda 2030 sin necesidad de afrontar mayores retos.

Les siguen, a continuación, en orden de puntuación Uruguay (94,9), Francia (94,6), Suiza (94,2), Finlandia (93,7), Armenia (93,6) y Nueva Zelanda (92,7), que también están cumpliendo favorablemente el ODS7, sin necesidad de retos adicionales que afrontar, a excepción de Francia ante el problema de las emisiones de CO2.

Cuadros_Países25Más_ODS7

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al objetivo energético de la Agenda 2030 la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano, que cuentan con un bajo PIB per capita, como son Liberia (0,0), Burundi (0,1), Chad (0,8), República Centroafricana (1,8), Malaui (2,1), Sierra Leona (2,2), Níger (2,3), Madagascar (4,2), Ruanda (5,9) y Uganda (6,2).

Cuadros_Países25Menos_ODS7

Para más información:

2018 SDG Index and Dashboards

¿Qué mide el Índice del Planeta Feliz?

10. R. B. Sta. Elena

El Índice del Planeta Feliz (IPF), elaborado por New Economics Foundation, persigue evaluar el nivel de bienestar sostenible global que presentan los países. Se postula como una medida alternativa al crecimiento del Producto Interior Bruto, ya que este objetivo, tan presente en la agenda de la mayoría de los gobiernos, adolece de serias carencias: no garantiza una vida mejor para todos; no refleja las desigualdades materiales; no valora correctamente aspectos importantes para las personas como son las relaciones sociales, la salud o el tiempo de ocio y, finalmente, ignora los límites físicos del planeta Tierra.

El IPF, como indicador del bienestar sostenible global de los países, se construye a partir de la combinación de cuatro elementos básicos que permiten conocer en qué medida los ciudadanos están usando de forma eficiente los recursos medioambientales para llevar una vida feliz y duradera. Son los siguientes:

Bienestar. El grado de satisfacción que sienten los ciudadanos con su vida.

Esperanza de vida. El número medio esperado de años de vida por habitante.

Desigualdad. Las desigualdades entre la gente de un país en términos de esperanza de vida y grado de bienestar.

Huella ecológica. El impacto medio que cada ciudadano produce sobre el medio ambiente.

Tenderán a tener los IPF más altos aquellos países en los que sus ciudadanos declaran tener un mayor grado de bienestar, en los que la esperanza de vida es mayor, en los que existen menos desigualdades y donde la huella ecológica por habitante es inferior.

Los resultados correspondientes al informe del año 2016, relativos a un total de 140 países del mundo para los se obtuvieron datos, reflejan una significativa diferencia entre el IPF más alto (44,7) y el más bajo (12,8).

En la primera posición se sitúa Costa Rica, que presenta un valor del IPF de 44,7. Con un nivel de bienestar y una esperanza de vida relativamente altos, que superan incluso a los de algunas naciones “ricas”, y una huella ecológica per cápita menor, Costa Rica ha conseguido mantener su destacada posición a lo largo del tiempo.

A continuación se encuentran como países con mayor Índice del Planeta Feliz los siguientes: México (40,7), Colombia (40,7), Vanuatu (40,6), Vietnam (40,3), Panamá (39,5), Nicaragua (38,7), Bangladesh (38,4), Tailandia (37,3) y Ecuador (37,0).

IPF_25 más.

En el otro extremo se encuentran como países con los menores valores del IPF los siguientes: Chad (12,8), Luxemburgo (13,2), Togo (13,2), Benín (13,4), Mongolia (14,3), Costa de Marfil (14,4), Turkmenistán (14,6), Sierra Leona (15,3), Suazilandia (15,5) y Burundi (15,6).

IPF_25 menos.

Finalmente, es de destacar que países desarrollados como Reino Unido (puesto 34), Finlandia (37), Nueva Zelanda (38), Francia (44), Japón (58), Suecia (61) y Estados Unidos (108) se encuentren alejados de las primeras posiciones del Índice del Planeta Feliz. En todos ellos los valores relativos al componente de huella ecológica per cápita resultaron ser significativamente altos  (entre 4,9 y 8,2).

Para más información:

happyplanetindex.org

Happy Planet Index 2016. Methods Paper

La economía según Henry D. Thoreau

_Z0B6032

Para el escritor naturalista Henry D. Thoreau (1817-1862) la naturaleza llegó a ser la savia de su vida. Decepcionado por el devenir del mundo moderno se refugia durante más de dos años en la cabaña que construyó junto a la orilla de la laguna Walden, en Concord.

Fruto de esa vida asceta escribió su celebre obra “Walden o la vida en los bosques”. Este libro, que se convierte en el diario informal de un periodo trascendental de su existencia, queda estructurado en dieciocho capítulos, el primero de los cuales Thoreau lo titula “Economía”. Porque, como escribió en esas primeras páginas:

“La economía es un tema que puede ser tratado con ligereza, pero no puede ignorarse”.

De la lectura detenida de ese primer capítulo de Walden, pueden extraerse algunas ideas principales sobre lo que, según Thoreau, es y debiera ser la economía.

Economía del vivir.

Thoreau aboga por una economía que centre su atención en la vida real, en resolver los problemas de la gente. Por eso lamentaba el academicismo económico que se enseña en los colleges, encerrado en el mundo de las ideas y alejado de la realidad cotidiana.

“Hasta el estudiante pobre estudia y le es enseñado sólo economía política, mientras que esa economía del vivir, que es sinónimo de filosofía, ni siquiera es profesada sinceramente en nuestros colleges. Y la consecuencia es que, mientras que aquél lee a Adam Smith, a Ricardo y a Say, hace que su padre se endeude irremediablemente”.

Al igual que los colleges con su teórico método de enseñanza de la economía, otras “mejoras modernas” lo que realmente generan es mucha ilusión y poco progreso auténtico.

“Nuestros inventos suelen ser juguetes bonitos que distraen nuestra atención de cosas más serias”.

Bienes materiales.

Thoreau promulga una economía sencilla, orientada a las satisfacción de las necesidades básicas. La economía debería atender fundamentalmente lo que es “necesario para la vida”.

Para muchos seres vivos sólo existen dos cosas que son verdaderamente necesarias: la comida y el refugio, como es el caso del bisonte de la pradera que busca la hierba y el agua para alimentarse y el bosque para cobijarse.

Por lo que respecta a las necesidades del hombre, Thoreau expone:

“En cuanto al hombre, en estas latitudes pueden ser distribuidas en los siguientes apartados: Alimento, Habitación, Vestimenta y Calor, pues a menos que nos hayamos provisto de éstos no estamos preparados para abordar con libertad y probabilidades de éxito los verdaderos problemas de la vida”.

De acuerdo con sus vivencias personales, a estos bienes esenciales Thoreau añade otros:

“Mi propia experiencia me hace ver que ahora, en este país, algunas cosas: un cuchillo, un hacha, una azada, una carretilla, etc., y para el estudioso una lámpara, recado de escribir y acceso a algunos libros cuentan junto a lo necesario y pueden ser obtenidos a precio irrisorio”.

Bienes inmateriales.

Según Thoreau ir mucho más allá en la posesión de bienes materiales provoca el aumento de los problemas de la vida y el alejamiento de la elevación humana. La abundancia de bienes materiales superfluos “enerva y destruye las naciones”.

“La mayoría de lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino obstáculo cierto para la elevación de la humanidad”.

Satisfechas las necesidades básicas para la vida, en lugar de perseguir la obtención de bienes superfluos, tenemos una alternativa: “aventurarse en la vida”

La vida de los sabios y antiguos filósofos chinos, hindúes, persas y griegos nos ha enseñado que, a pesar de su pobreza externa, lo importante es la riqueza interna.

“La tierra se revela apropiada para la semilla puesto que ésta ha proyectado su raicilla hacia abajo y puede elevar ahora su tallo con confianza. ¿Para qué ha enraizado el hombre tan firmemente en la tierra, si no para elevarse hacia los cielos en igual medida?”

Dinero.

También dedicó algunas palabras, como no podía ser de otra forma, a un elemento crucial de la economía: el dinero.

“Eso de dedicar la mejor parte de la vida a ganar dinero con objeto de disfrutar de una libertad cuestionable durante la peor parte de aquélla me recuerda a aquel inglés que se fue a la India a hacer fortuna para luego poder regresar a Inglaterra y vivir una vida de poeta”.

Tiempo.

La “economía de Thoreau” nos obliga a hacernos el siguiente planteamiento: ¿y si en lugar de maximizar la posesión de dinero nos ponemos como objetivo maximizar el buen uso del tiempo?

“En cualquier circunstancia, de noche o de día, siempre he tenido ansias de mejorar el momento y de hacerlo plenamente mío; de detenerme en la encrucijada de dos eternidades, el pasado y el futuro, que es precisamente el presente, y vivirlo al máximo”.

Trabajo.

Sobre el trabajo dos ideas principales pueden extraerse de las reflexiones de Thoreau.

En primer lugar, se cuestiona el verdadero valor que la sociedad moderna le da al trabajo:

“La mayoría de los hombres, incluso en este país relativamente libre, se afanan tanto por los puros artificios e innecesarias labores de la vida, que no les queda tiempo para cosechar sus mejores frutos. De tanto trabajar, los dedos se les han vuelto torpes y demasiado temblorosos. Realmente, el jornalero carece día tras día de respiro que dedicar a su integridad; no puede permitirse el lujo de trabar relación con los demás porque su trabajo se depreciaría en el mercado. No le cabe otra cosa que convertirse en máquina”.

En segundo lugar, postula no seguir ciegamente el principio de la división del trabajo. Thoreau se pregunta cuáles son los límites y el objeto de la división del trabajo. Es partidario de no rendirse totalmente a este principio y, en su lugar, practicar “el arte de vivir”.

Thoreau, que durante su estancia en Walden fue agrimensor, carpintero y jornalero diverso, encontró el goce y la motivación en lo que hacía.

“¿Cederemos siempre al carpintero el placer de construir?”

Equidad.

Gran observador del mundo que le rodea, Thoreau es testigo de las desigualdades sociales y de la pobreza que sufre buena parte de sus conciudadanos.

“…me basta con contemplar las chabolas que por doquier se alinean a lo largo del tendido férreo, ese último logro de nuestra civilización; otro tanto cabría decir ante la imagen que con ocasión de mis paseos cotidianos ofrecen a mis ojos tantos seres humanos hacinados en lóbregos cuchitriles, con la puerta abierta durante todo el invierno en ansiosa búsqueda de luz, sin provisión de leña a la vista o siquiera imaginable, donde jóvenes y viejos muestran el cuerpo contraído por el hábito de encogerse ante el frío y la miseria, y los miembros achatados de tanta y tanta escasez. En verdad que es de justicia el reparar en esa clase de hombres a cuyo trabajo se deben los logros que distinguen esta generación”.

Fue sensible a la situación de escasez y  pobreza de su comunidad, que paradójicamente coexistía con los adelantos más modernos de la civilización.

“Mientras que la civilización ha ido mejorando nuestro hábitat, no ha hecho igual con los hombres que han de poblarlo”.

Bondad.

Thoreau, que confiesa que ha hecho poco en materia de filantropía, define una idea de bondad que difiere del tipo de caridad que los hombres practican con frecuencia en la sociedad.

Su propuesta es hacer el bien “sin especial intención”, de forma sincera, no corrompida, asegurándonos de que se presta al pobre la ayuda que verdaderamente necesita.

“Hay mil podando las ramas del mal por cada uno que se dedica a erradicarlo; y aun es posible que quien más tiempo y dinero vuelca en los necesitados sea quien por su modo de vida contribuye a la miseria que trata en vano de socorrer”.

Entregarnos a la bondad en su completitud:

“Quiero la flor y el fruto del hombre, que algo de su fragancia me sea impartida y que su madurez arome nuestras relaciones. Su bondad no debe ser parcial y transitoria sino un desbordamiento constante que nada le cueste y en el que no repare”.

Soberanía alimentaria.

Su vida retirada en la cabaña que se construyó en Walden lo llevó a practicar la soberanía alimentaria. Empezando por “el antiguo e indispensable arte de hacer pan” llegó a proveerse de su comida evitando todo tipo de comercio.

“Cualquier habitante de Nueva Inglaterra puede cosechar fácilmente todos los ingredientes de su pan en ese país de centeno y maíz, y así, no depender de mercados remotos y fluctuantes. Pero nos hemos alejado tanto de la sencillez y de la autonomía, que en Concord rara vez se encuentra maíz dulce fresco, ni en forma de harina, ni molido, ni como papilla ni en forma aun más basta, pues contados son los que saben de su utilidad. Los más de los granjeros se lo dan al ganado, adquieren en el comercio harina de trigo que no siendo más saludable que aquél les resulta mucho más cara. Yo vi que podía obtener fácilmente uno o dos bushels de centeno y maíz, pues el primero crecerá en la tierra más pobre y el segundo no reclama la mejor, y que podía molerlos en un molinillo de mano y pasarme sin arroz ni cerdos, y si necesitaba algún endulzante concentrado, la experiencia me ha demostrado que podía obtener una excelente melaza de calabaza o remolacha cuando no de unos pocos arces, que me lo darían más fácilmente aún, y mientras crecían, de varios sustitutos que no he nombrado”.

Naturaleza.

La economía sencilla que defiende Thoreau está en armonía con la Naturaleza; no despilfarra recursos a la vez que aprovecha de ella sus valiosos y gratuitos beneficios.

“Subrayaré, por cierto, que las cortinas me salen gratis, pues no tengo ningún curioso que evitar, fuera del sol y la luna, y me agrada que éstos me observen. La luna no agriará mi leche ni manchará mi carne, ni el sol dañará mis muebles ni decolorará mi alfombra; y si alguna vez resulta un amigo en exceso caluroso, me parece mejor economía retirarme tras de una cortina suministrada por la Naturaleza que el añadir un solo detalle más al interior de mi casa”.

En definitiva, Henty D. Thoreau, en Walden, nos propone una economía sencilla, sostenible, vital, solidaria, buena, autónoma, libre y sabia.

Para leer más:

Henry D. Thoreau (1854): Walden o la vida en los bosques.

Principales conclusiones de Río 92 para la sostenibilidad

8. Cañón de las Cataratas_Smolyan. Bulgaria

Se cumplen veinticinco años desde que se celebró en Río de Jainero la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (junio de 1992). Esta Conferencia marcó un importante punto de inflexión en el camino hacia el desarrollo sostenible. A partir de Río 92 el concepto de desarrollo sostenible adquiere una proyección internacional hasta entonces desconocida.

Analizando los principales documentos aprobados, de principios (Declaración de Río), de carácter programático (Agenda 21) y de carácter ejecutivo (Convenios sobre el Cambio Climático y sobre la Diversidad Biológica), destacamos las siguientes conclusiones más relevantes para la sostenibilidad del desarrollo:

1. Entre los grandes desafíos a los que ha de enfrentarse la humanidad en el siglo XXI se encuentra el continuo empeoramiento de los ecosistemas de los que depende nuestro bienestar.

2. Se expresa el compromiso de luchar por el desarrollo sostenible. La protección del medio ambiente ha de ser una parte integrante del proceso de desarrollo de una sociedad.

3. Para alcanzar el desarrollo sostenible los Estados deben reducir y eliminar los sistemas de producción y consumo insostenibles, que son las principales causas del deterioro del medio ambiente.

4. Se han de promover modalidades de consumo y producción que reduzcan las tensiones sobre el medio ambiente al mismo tiempo que se satisfagan las necesidades básicas de la humanidad. Se han de considerar fórmulas que permitan compatibilizar el crecimiento económico con la reducción del uso de energía, materiales y de recursos naturales y con la mínima generación de residuos.

5. Hay que prestar especial atención a recursos críticos como el agua y la tierra, y a factores ambientales como el estado de los ecosistemas y la diversidad biológica.

6. La diversidad biológica presenta un valor intrínseco. Es importante para el mantenimiento de los sistemas necesarios para la vida, por lo que su conservación es un objetivo común de toda la humanidad. Se hace necesaria una utilización sostenible de la biodiversidad y evitar las causas de su reducción.

7. Se reconoce expresamente que las actividades humanas, principalmente de los países desarrollados, están haciendo aumentar sustancialmente las concentraciones de gases de efecto invernadero, lo que provocará un calentamiento adicional de la superficie y el clima de la Tierra, con potenciales consecuencias adversas para los ecosistemas naturales y la humanidad.

8. Debe procurarse la aplicación amplia del principio de precaución, principalmente cuando, en situaciones de falta de certeza científica, exista un peligro de daño grave o irreversible del medio ambiente.

9. Desde el punto de vista metodológico, se expresa la necesidad de fomentar la utilización de indicadores de desarrollo sostenible y de los sistemas de contabilidad ecológica y económica integrada, considerados estos últimos un complemento de los sistemas tradicionales de contabilidad nacional.

Para más información:

ONU (1992):

 

El desarrollo sostenible en la Declaración de Río 1992

27. S. Juan y  S. Pedro Atitlán. S. Pedro La Laguna. Guatemala

Hace 25 años, en el año 1992, se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Esta Conferencia marcó un punto de inflexión en el camino hacia el desarrollo sostenible. Fue la Cumbre sobre medio ambiente que reunió a un mayor número de Estados para debatir sobre los principales retos medioambientales del planeta. A partir de Río 92 el concepto de desarrollo sostenible adquiere una proyección internacional hasta entonces desconocida.

Uno de sus principales frutos de la Conferencia fue la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Declaración de Río), un documento de referencia clave para establecer las bases operacionales del concepto de desarrollo sostenible. De su Preámbulo y 27 principios que lo componen pueden extraerse las siguientes ideas fundamentales:

La Tierra (Preámbulo).

Se reconoce “la naturaleza integral e interdependiente de la Tierra, nuestro hogar”.

Los seres humanos (Principio 1):

“Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza”.

Equidad intergeneracional (Principio 3):

“El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras”.

Protección medioambiental (Principio 4):

“A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo”.

Sostenibilidad (Principio 8).

“Para alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir y eliminar los sistemas de producción y consumo insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas”.

Criterio de precaución (Principio 15).

“Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberían aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”

Criterio de quien contamina, paga (Principio 16).

“Las autoridades nacionales deberían procurar fomentar la internacionalización de los costos ambientales y el uso de instrumentos económicos, teniendo en cuenta el criterio de que el que contamina debería, en principio, cargar con los costos de la contaminación, teniendo debidamente en cuenta el interés público sin distorsionar el comercio ni las inversiones internacionales”.

Junto con la Declaración de Río se aprobaron en la misma Conferencia otros tres documentos de especial interés: el Programa 21 (Agenda 21) y los Convenios sobre el Cambio Climático y sobre la Diversidad Biológica.

Para más información:

ONU: Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992.