Formamos parte de una sociedad que tiende sepultar su relación ancestral con la naturaleza. En su afán de dominarla para su explotación utilitarista, el ser humano moderno es propenso a infravalorar el medio natural. Olvida que es parte intrínseca de la naturaleza, no sólo desde una dimensión ecológica, sino incluso desde un punto espiritual. Somos, en el fondo, almas bañadas de naturaleza primigenia.
La lectura reposada de la obra de escritor Herman Hesse (1877-1962), merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946, nos sigue aportando valiosas enseñanzas. Algunas de ellas parten de nuestra particular relación con la naturaleza, de la que tanto aprendía y a la que tanto agradecía, como vino a expresar en el siguiente pasaje extraído de su novela Demian:
“…ya desde niño me había gustado contemplar las formas extrañas de la naturaleza, no observándolas simplemente sino entregándome a su propia magia, a su profundo y barroco lenguaje. Las raíces largas y fosilizadas de los árboles, las vetas coloreadas de la piedra, las manchas de aceite flotando sobre el agua, las grietas en el cristal: todas estas cosas habían ejercido antaño una gran fascinación sobre mí, sobre todo, el agua y el fuego, el humo, las nubes, el polvo y, especialmente las manchas de colores que veía girar al cerrar los ojos”.
Para leer más:
Hermann Hesse: Demian. Alianza Editorial, Madrid, 2023.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres), que queda definido en los siguientes términos:
«Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica».
Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para:
Velar por la conservación de los bosques, humedales y ecosistemas montañosos.
Promover la gestión sostenible de todos los tipos de bosques y poner fin a la deforestación.
Luchar contra la desertificación y rehabilitar las tierras y los suelos degradados.
Proteger las especies amenazadas y evitar su extinción.
Poner fin a la caza furtiva y el tráfico de especies protegidas de flora y fauna.
Prevenir la introducción de especies exóticas invasoras.
Integrar los valores de los ecosistemas y la diversidad biológica en la planificación nacional y local, los procesos de desarrollo, las estrategias de reducción de la pobreza y la contabilidad.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2024 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Vida de ecosistemas terrestres, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En esta edición de 2024 para el cálculo del índice sintético del ODS15 se ha contado con los siguientes indicadores:
Área media protegida en sitios terrestres importantes para la biodiversidad (%).
Área media protegida en sitios de agua dulce importantes para la biodiversidad (%).
Índice de Lista Roja de supervivencia de especies (0-1, peor-mejor).
Deforestación permanente (% de área forestal, media de 3 años).
Deforestación importada (m2/hab.).
Esta selección de indicadores ha dejado sin evaluar, por carecerse de estadísticas, otros aspectos importantes del ODS15, como son la salud de los ecosistemas y el comercio de especies en peligro de extinción.
En términos generales, según los datos del Informe de 2024, el índice del ODS15 del mundo toma un valor de 57,3, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media (66,3) correspondiente a los 17 ODS en dicho año. Asimismo, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Vida de ecosistemas terrestres de la Agenda 2030 se presenta en color “rojo, lo que viene a significar que se enfrenta a grandes desafíos en la actualidad. Además, la tendencia del ODS15 viene siendo de estancamiento o de tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
En un análisis más detallado, el Informe de 2024 nos permite conocer las puntuaciones obtenidas para el índice del ODS15 de cada uno de los 167 países para los que se dispone de datos.
Así, como se recoge en el siguiente cuadro, los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de preservar la vida de los ecosistemas terrestres establecido en la Agenda 2030 son Bulgaria (94,4), Bielorrusia (92,5), República Checa (91,8), Guyana (91,7), Polonia (91,1), Letonia (91,0), Namibia (90,1), República Centroafricana (89,7), Croacia (88,3) y Moldavia (88,3).
El análisis realizado de los datos recogidos en el Informe de 2024 nos lleva a concluir que de un total de 167 países sólo tres presentan sus cinco indicadores del ODS15 en color verde, es decir, progresan satisfactoriamente para cumplir completamente con este objetivo de aquí a 2030: Bulgaria, Bielorrusia y República Checa.
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al estado de los ecosistemas terrestres la presentan Maldivas (29,6). A continuación, se encuentran también con las valoraciones más bajas en 2024 los países de Fiyi (32,2), Singapur (33,8), Yibuti (34,3), Mauricio (36,5), Islandia (36,7), Irak (38,3), Baréin (38,9), Malasia (39,2) y Bahamas (39,6).
Es significativo que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS15, cifrándose una distancia de 65 puntos entre los países mejor y peor situados (Bulgaria y Maldivas, respectivamente). Dicha brecha es superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 48 puntos.
Finalmente, por su especial importancia económica y/o demográfica, cabe mencionar, en particular, a cuatro países: Federación Rusa que ocupa la posición 78 en el ranking mundial del índice del ODS15, Estados Unidos (122), China (152) y la India (154).
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos, el ODS12, se refiere a la producción y el consumo, quedando definido en la Agenda 2030 en estos términos:
«Garantizar modalidades de producción y consumo sostenibles»
La consecución del ODS12 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes recogidas en la Agenda 2030:
Lograr la gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales, de aquí a 2030.
De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.
De aquí a 2020, lograr la gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, y reducir significativamente su liberación a la atmósfera, el agua y el suelo a fin de minimizar sus efectos en la salud humana y el medio ambiente.
Reducir considerablemente la generación de residuos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización, de aquí a 2030.
Alentar a las empresas a que adopten prácticas sostenibles e incorporen información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes.
Promover prácticas de adquisición pública que sean sostenibles.
De aquí a 2030, asegurar que las personas de todo el mundo tengan la información y los conocimientos pertinentes para el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza.
Ayudar a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad científica y tecnológica para avanzar hacia un consumo y producción sostenibles.
Elaborar y aplicar instrumentos para lograr un turismo sostenible que cree empleo y promueva la cultura y los productos locales.
Racionalizar los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2024 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En esta edición de 2024 para el cálculo del índice sintético del ODS12 se ha contado con los siguientes indicadores:
Residuos sólidos municipales (kg/pers./día).
Residuos electrónicos (kg/pers.).
Contaminación del aire basada en la producción (AVAD/1.000 hab.).
Contaminación del aire asociada con las importaciones (AVAD/1.000 hab.).
Emisiones de nitrógeno basadas en la producción (kg/pers.).
Emisiones de nitrógeno asociadas con las importaciones (kg/pers.).
Exportaciones de residuos plásticos (kg/pers.).
Analizando los datos aportados en el Informe, se concluye, en primer lugar, que el índice del ODS12 del mundo toma un valor de 80,2, cifra que se sitúa 14 puntos por encima del valor medio correspondiente a los 17 ODS en dicho año. Asimismo, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Producción y consumo sostenibles de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos, registrando una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
Otra conclusión general que merece ser destacada, como se puso de manifiesto en Informes anteriores, es que existe una correlación inversa entre el nivel de desarrollo (medido tanto en renta per cápita como con el índice de los 17 ODS) y el grado de cumplimiento del ODS12.
La evaluación realizada a los 167 países para los que se dispone de información estadística nos sigue confirmando una evidencia clara: la prosperidad económica no está en sintonía con la sostenibilidad de los modos de producir y consumir. En otras palabras, son los países de renta alta (y también con mayor IDS general) los que menos están cumpliendo con el objetivo de Producción y consumo sostenibles. Por el contrario, los países “menos desarrollados” son los que están alcanzando dicho objetivo de la Agenda 2030.
En un análisis más detallado por países, los resultados obtenidos para el ODS12 muestran, como puede observarse en el siguiente cuadro, que los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles son países de bajo PIB per cápita localizados principalmente en África, tales como Lesoto (98,6), Sierra Leona (97,8), Mozambique (97,8), Malaui (97,6), Etiopía (97,5), Níger (97,3), República Democrática del Congo (97,3), Benín (97,2) y Madagascar (97,0).
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto a la sostenibilidad de la producción y el consumo la presentan países que mayoritariamente disfrutan de un alto PIB per cápita: Luxemburgo (27,7), Irlanda (34,0), Suiza (35,6), Dinamarca (36,6), Países Bajos (39,3), Estonia (41,2), Noruega (41,8), Bélgica (42,6), Austria (42,9) y Catar (44,9).
Hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS12, cifrándose una distancia de 71 puntos entre el país mejor valorado (Lesoto) y el peor situado (Luxemburgo). Dicha brecha es muy superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 46 puntos.
Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que la India ocupa la posición 85 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS12, seguido por Federación Rusa (104), China (109), y, a mayor distancia, Estados Unidos (137).
En 2015 las Naciones Unidas puso en marcha un ambicioso proyecto de alcance mundial: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este documento establece compromisos que se concretan en un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que abordan las tres dimensiones del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS11 dedicado a Ciudades y comunidades sostenibles.
En la Agenda 2030 el ODS11 queda definido en los siguientes términos:
«Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles»
La consecución del ODS11 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes:
Asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales.
Proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público.
Aumentar la urbanización inclusiva y sostenible.
Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural.
Reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres.
Reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, con especial atención a la calidad del aire y la gestión de los residuos.
Proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2024 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Ciudades y comunidades sostenibles, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En el caso del ODS11 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:
Porcentaje de población urbana que vive en barrios marginales.
Concentración media anual de partículas (PM2.5).
Porcentaje de población urbana con acceso a fuentes de agua potable mejoradas, canalizadas.
Porcentaje de población con acceso adecuado al transporte público en las ciudades.
En términos generales, según los datos del Informe de 2024, el índice del ODS11 del mundo toma un valor de 65,2, cifra similar a la puntuación media correspondiente a los 17 ODS en dicho año (66,3). De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Ciudades y comunidades sostenibles de la Agenda 2030, mostrado en color rojo, presenta en la actualidad grandes desafíos, presentando, además, una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
En un análisis por países,los resultados obtenidos correspondientes al ODS11 (Ciudades y comunidades sostenibles) concluyen que de los 167 países evaluados el mejor situado es Bahamas que, con una puntuación de 100, presenta el mayor valor del índice, es decir, el máximo cumplimiento del ODS11 de la Agenda 2030. Es necesario anotar que dicha puntuación resulta de los valores disponibles para sólo dos indicadores de los cuatro seleccionados, al igual que en caso de Brunéi (99,6), en segundo lugar.
Le siguen, a continuación, también con altas puntuaciones, Estonia (98,8),Finlandia (98,8), Luxemburgo (98,4), Nueva Zelanda (98,1) y Noruega (97,7). Este grupo de cinco países lo conforman los únicos que presentan sus cuatro indicadores del ODS11 en color «verde», es decir, progresan satisfactoriamente en el cumplimiento de este objetivo. A continuación se encuentran también con altas posiciones Francia (97,7), Reino Unido (97,6), Islandia (97,6), Malta (97,6) y España (97,5).
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al grado de sostenibilidad de las ciudades y comunidades recae sobre Nigeria (26,1) y Sudán del Sur (27,5). Les siguen, también con muy bajas puntuaciones, inferiores a 40, Bangladés (34,1), Afganistán (34,5), Níger (35,0), Chad (35,6), Pakistán (36,2), República Democrática del Congo (37,1), Haití (37,6), Benín (39,7) y Liberia (39,7). Para todos ellos, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el ODS11 permanece «en rojo», es decir, persisten grandes desafíos para su cumplimiento de aquí a 2030.
Por su especial importancia económica y/o demográfica, cabe mencionar, en particular, a cuatro países: Federación Rusa que ocupa la posición 43 en el ranking mundial del índice del ODS11, Estados Unidos (53), China (96) y la India (135). De ellos Estados Unidos y China han perdido posiciones respecto al año anterior (28 y 19 puestos, respectivamente).
Hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS11, cifrándose una distancia de 74 puntos entre los países mejor y peor situados. Dicha brecha es superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 46 puntos. Ello es especialmente llamativo si tenemos en cuenta que ambos índices (ODS11 y ODS general) presentan valores muy similares, según el Informe de 2024.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS13 (Acción por el clima), que queda definido en los siguientes términos:
«Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos, reconociendo que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el principal foro intergubernamental internacional para negociar la respuesta mundial al cambio climático»
Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes que están recogidas en la Agenda 2030:
Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales.
Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales.
Mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto a la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2024 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Acción por el clima, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En el caso del ODS13 se ha construido un índice sintético a partir de los tres indicadores siguientes que están disponiblespara un total de 167 países:
Emisiones de CO2 de la combustión de combustibles fósiles y producción de cemento (t CO2/cápita).
Emisiones de gases de efecto invernadero incorporadas en las importaciones de bienes y servicios (t CO2/cápita).
Emisiones de CO2 incorporadas en las exportaciones de combustibles fósiles (kg/capita).
Analizando los datos aportados en el Informe, se concluye, en primer lugar, que el índice del ODS13 del mundo toma un valor de 87,3, cifra que se sitúa 21 puntos por encima del valor medio correspondiente a los 17 ODS en dicho año. No obstante, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Acción por el clima de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos, registrando una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.
Otra conclusión general que merece ser destacada, como se puso de manifiesto en Informes anteriores, es que existe una correlación inversa entre el nivel de desarrollo (medido tanto en rentaper cápita como con el índice de los 17 ODS) y el grado de cumplimiento del ODS13. En otras palabras, son los países de renta alta (y también con mayor IDS general) los que menos están cumpliendo con el objetivo de Acción por el clima. Por el contrario, los países “menos desarrollados” son los que están cumpliendo mejor el objetivo de Acción por el clima (ODS13) de la Agenda 2030.aíses “menos desarrollados” son los que están cumpliendo mejor el objetivo de Acción por el clima (ODS13) de la Agenda 2030.
No hay que olvidar, además, que la mayoría de los países “más desarrollados” generan impactos medioambientales negativos fuera de sus fronteras como consecuencia de sus altos niveles de producción y consumo, y a través del comercio internacional, que terminan afectando a otros países y al planeta en su conjunto.
En un análisis más detallado por países, los resultados obtenidos para el ODS13 (Acción por el clima) muestran que, de los 167 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Guinea-Bisáu (99,6) y Burundi (99,6). Les siguen, a continuación, Liberia (99,5), Madagascar (99,5), Níger (99,4), República Centroafricana (99,4), Etiopía (99,4), Sierra Leona (99,4), República Democrática del Congo (99,4), Uganda (99,2) y Sudán del Sur (99,2). Son todos ellos países del continente africano que poseen bajos niveles de renta.
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo de Acción por el clima corresponde a Catar (0,0), para el que el Informe de 2024 apunta valores nulos en los tres indicadores que componen el índice. Le siguen Brunéi (7,7), Emiratos Árabes (27,9), Australia (28,1), Baréin (32,2), Kuwait (33,0), Omán (35,8), Arabia Saudíta (37,2), Noruega (39,5), Trinidad y Tobago (42,0) y Países Bajos (46,5). Son países, en su gran mayoría, que destacan por disfrutar de altos niveles de renta.
Centrándonos en cuatro países que sobresalen por su peso económico y/o demográfico, el Informe de 2024 nos revela que Estados Unidos ocupa la posición 148 en el ranking mundial del índice del ODS13, que es mejorada por Federación Rusa (138), China (130) y la India (62).
Finalmente, es significativo señalar que las diferencias entre países son particularmente extremas en el ODS13, cifrándose una distancia de 99,6 puntos entre los dos países mejor situados (Guinea-Bisáu y Burundi) y el peor (Catar). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 46 puntos.
Le debemos al escritor Herman Hesse (1877-1962), merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946, una extensa obra. De ella podemos extraer valiosas enseñanzas.
En su artículo Sobre mariposas, publicado en 1935, Hesse nos revela que existen pocos caminos ancestrales que puedan llevar al hombre a la felicidad o a la sabiduría. Uno de ellos es “el camino del asombro ante la naturaleza y de la atenta escucha de su lenguaje”. Empatizar con la naturaleza, tratando de sentir su bello lenguaje, nos aleja de la codicia y del afán de explotación que terminan por cegar al ser humano.
«El asombro comienza y acaba en sí mismo, y sin embargo el asombro no es un camino estéril. El que yo me asombre ante un musgo, un cristal, una flor, un coleóptero dorado, o ante un cielo de nubes, un mar con el sereno y gigantesco respirar de sus mareas, un ala de mariposa con el orden de sus estrías cristalinas, el corte y las cenefas coloreadas de sus bordes, los múltiples caracteres y adornos de su dibujo y las infinitas, tenues y mágicas gradaciones y tonalidades de los colores… siempre que abordo con el ojo o con otro sentido corporal un trozo de naturaleza, si me siento atraído y encantado por él y me abro por un momento a su ser y a su revelación, en ese momento he olvidado toda esa zona ciega y codiciosa del ansia humana, y en lugar de pensar o imperar, en lugar de conquistar y explotar, de combatir u organizar, no hago otra cosa que “asombrarme” como Goethe, y con ese asombro no sólo me hago hermano de Goethe y demás poetas sabios, sino que me hago hermano de todo aquello que me asombra y que yo siento como mundo viviente: de la mariposa, del escarabajo, de la nube, del río y el monte, pues por la vía del asombro he escapado momentáneamente al mundo de las separaciones y he ingresado en el mundo de la unidad…».
Para leer más:
Hermann Hesse: Pequeñas alegrías. Alianza Editorial, Madrid, 2010.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:
«Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos«
Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para de aquí a 2030:
Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.
Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.
La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2024 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Energía asequible y no contaminante, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.
En el caso del ODS7 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:
Porcentaje de población que tiene acceso a electricidad.
Porcentaje de población que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
Emisiones de CO2 de la quema de combustibles fósiles para electricidad y calefacción por producción total de electricidad.
Participación de las energías renovables en consumo total de energía final.
En términos generales, según los datos del Informe de 2024, el índice del ODS7 del mundo toma un valor de 63,4, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media correspondiente a los 17 ODS en dicho año. De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo energético de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos, registrando una tasa de crecimiento que es aún insuficiente para lograr su total cumplimiento en 2030.
En un análisis por países los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) muestran que de los 167 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (99,2) y Suecia (99,1). Les siguen, a continuación, Noruega (98,8), Uruguay (97,7), Finlandia (94,2), Brasil (91,8) y Dinamarca (89,0). Estos países se encuentran, según el índice empleado, en la senda de cumplir con este objetivo de la Agenda 2030 sin necesidad hasta el momento de afrontar mayores retos.
Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo energético la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano que cuentan con bajos niveles de renta per cápita, como son Chad (2,1), Burkina Faso (5,2), Níger (11,4), Benín (12,1), Sudán del Sur (12,5), Burundi (15,8), Sierra Leona (16,4), Guinea-Bisáu (18,6) y República Centroafricana (20,5). Para todos ellos siguen existiendo grandes desafíos para alcanzar las metas energéticas del ODS7 de aquí a 2030.
Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que Estados Unidos ocupa la posición 52 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS7, seguido por China (82), India (92) y Federación Rusa (105).
Finalmente, hay que remarcar que en el ODS7 las diferencias entre países continúan siendo considerables, llegando a ser extremas entre el país mejor situado (Islandia, con 99,2) y el peor (Chad, con 2,1). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 46 puntos.
En 2015 la ONU puso en marcha el ambicioso proyecto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Se trata de una estrategia de alcance mundial, cuyo compromiso se concreta en lograr, durante la presente década, diecisiete objetivos de desarrollo sostenible (17 ODS), que cubren las tres dimensiones del desarrollo: económica, social y medioambiental.
Para evaluar los progresos en la consecución de los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) viene publicando desde el año 2016 diferentes informes periódicos que tratan de evaluar cómo están avanzando los países del mundo en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible.
Con carácter genérico, la metodología utilizada permite disponer de un índice ODS que resume en un único valor los resultados mostrados por la amplia batería de indicadores recabados (98 en la edición de 2024) para medir la totalidad de los 17 ODS, a los cuales se les otorga igual importancia.
El índice ODS es, en definitiva, un indicador sintético de desarrollo sostenible, cuyo valor puede oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación respecto al cumplimiento de los objetivos de la Agenda 2030, y 100, cuando el país se sitúa en la mejor posición respecto a su cumplimiento.
Con la edición de 2024 del Informe de Desarrollo Sostenible, se han podido evaluar, a través del índice ODS, los progresos en materia de desarrollo sostenible de un total de 167 países, uno más que en el informe anterior. Entre las conclusiones generales del Informe podemos destacar las siguientes:
A nivel mundial el cumplimento de los ODS siguen estancados desde el año 2020. Incluso antes de la irrupción de la crisis sanitaria del COVID-19 los avances en desarrollo sostenible marcaban un ritmo demasiado lento.
De continuar con el mismo ritmo de progreso de la Agenda observado desde 2015 ninguno de los 17 ODS se podrá alcanzar para 2030.
Se estima que, en promedio, sólo alrededor del 16% de las metas de los ODS está en camino de alcanzarse a nivel mundial para 2030. El 84% restante muestra un progreso limitado (insuficiente para alcanzar la meta de 2030) o incluso un retroceso.
La mayoría de los objetivos que se encuentran lejos de cumplirse están relacionados con los sistemas alimentarios, la biodiversidad, el uso sostenible de la tierra, la paz y las instituciones fuertes.
El ODS 2 (Hambre cero) es el único objetivo que ninguno de los 193 países integrantes de la ONU ha cumplido o está en camino de cumplir, debido a la desnutrición, la obesidad, la agricultura insostenible y/o las dietas insostenibles (o una combinación de ellos).
Las diferencias entre grupos de países se han ampliado. Desde 2020 la puntuación media del índice de los ODS de los países ricos ha mejorado ligeramente (+0,3 puntos), mientras que se ha estancado en los países pobres (+0,1 puntos).
Un año más los países europeos, en particular los países nórdicos, encabezan el índice ODS. Sin embargo, estos países se enfrentan a desafíos importantes, especialmente el ODS2 (Hambre cero), el ODS12 (Producción y consumo responsables), el ODS13 (Acción por el clima) y el ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres).
Los países con menor índice ODS tienden a ser aquellos que se encuentran afectados por conflictos militares, problemas de seguridad e inestabilidad política o socieconómica.
El informe concluye que el desarrollo sostenible continúa siendo un reto de inversión a largo plazo. La reforma de la arquitectura financiera mundial se vuelve más urgente que nunca.
Fuente: SDSN: Sustainable Devolpment Report 2024.
En un análisis más detallado por países, el informe de 2024 nos revela que persisten las grandes diferencias respecto al grado de consecución de los objetivos de la Agenda 2030.
Así, los tres países que presentan un mayor valor del índice ODS son Finlandia (86,4), Suecia (85,7) yDinamarca (85,0). En años anteriores estos países también han ocupado las tres primeras posiciones. A continuación, les siguen otros Estados que presentan igualmente altos niveles de renta per cápita y pertenecen a Europa: Alemania (83,4), Francia (82,8), Austria (82,5), Noruega (82,2), Croacia (82,2), Reino Unido (81,2), Polonia (81,7), Eslovenia (81,3) y República Checa (81,3).
En el otro extremo, los menores índices de desarrollo sostenible los presentan, al igual que en las dos ediciones anteriores, tres países africanos de baja renta: Sudán del Sur (40,1), República Centroafricana (44,2) y Chad (45,1). Les siguen, a continuación, varios países principalmente también del continente africano, que anotan índices ODS no superiores a 50: Somalia (45,4), Yemen (46,9), Afganistán (48,2), República Democrática del Congo (48,7) y Níger (49,9).
Finalmente, dentro del amplio grupo intermedio de 117 países, cabe destacar, dado su peso económico y/o demográfico, a Estados Unidos, que ocupa la posición 49 en el ranking mundial del índice de desarrollo sostenible. Asimismo, en 2024 la Federación Rusa ocupa la posición 56, China se sitúa en la 68 y la India en la 109.
Viene siendo habitual que la evaluación del desarrollo de los países se vincule fundamentalmente al análisis de la evolución de la variable del PIB (Producto Interior Bruto), a pesar de conocerse que éste de lo que realmente nos informa es del valor monetario de todos los bienes y servicios de mercado producidos en una economía.
Contamos, no obstante, con otros enfoques e indicadores diferentes al tradicional PIB, no tan conocidos, que se aproximan de forma más realista a evaluar el progreso de las sociedades y la calidad de vida de sus ciudadanos. Uno de estos indicadores es el de satisfacción general con la vida, cuya valoración la otorgan los propios ciudadanos de acuerdo con su percepción personal revelada a través de encuestas.
La medida de satisfacción general con la vida es un indicador de bienestar subjetivo que suele comprender la valoración de tres aspectos: la satisfacción con la vida (apreciación cognitiva), los afectos (los sentimientos o estados emocionales de una persona, positivos o negativos) y la eudemonía (la sensación de tener propósito en la vida y una buena estabilidad sicológica).
En el contexto europeo, contamos con los datos que publica la Oficina Europea de Estadística de la UE (Eurostat) que nos permite conocer la valoración que tienen los ciudadanos de la UE sobre la satisfacción general de sus vidas.
Así, partiendo de una escala comprendida entre 0 (muy insatisfecho) y 10 (muy satisfecho), los últimos resultados correspondientes al año 2022 nos revelan que los ciudadanos de la UE valoran, en promedio, con 7,1 puntos su satisfacción general con la vida.
En una comparativa temporal, los datos publicados nos constatan que ha disminuido la satisfacción general con la vida de los ciudadanos comunitarios entre 2018 y 2022, al reducirse su puntuación media de 7,3 a 7,1 entre dichos años.
En análisis por países, los resultados obtenidos en 2022 expresan también que existen divergencias respecto la valoración de la satisfacción general con la vida entre los veintisiete Estados miembros.
Así, los países con mayor grado de satisfacción general con la vida en 2022 son Finlandia (7,9) y Austria (7,9), seguidos de Rumanía (7,7), Países Bajos (7,7), Eslovenia (7,6), Dinamarca (7,6) y Bélgica (7,6).
En el extremo contrario, los menores niveles de satisfacción general con la vida los declaran en 2022 los ciudadanos de Bulgaria (5,6), Alemania (6,5), Grecia (6,7), Croacia (6,8) y Letonia (6,8).
Desde una aproximación temporal, respecto al año 2018 cuatro países destacan por haber aumentado su satisfacción general con la vida en 2022: Lituania (+0,7 puntos), Croacia (+0,5), Hungría (+0,4) y Eslovenia (+0,4), según los últimos datos de Eurostat. Por el contrario, se han registrado las mayores pérdidas de satisfacción con la vida en dos países: Alemania (-0,9 puntos) e Irlanda (-0,7).
Los resultados obtenidos nos muestran asimismo un hecho importante: que un país tenga un alto PIB per cápita no es determinante para que su población disfrute de un alto grado de satisfacción con la vida.
En países como Rumanía y Polonia, que tienen un PIB per cápita (pps) inferior a la media de la UE (un -25% y un -20%, respectivamente, en 2022), sus ciudadanos declaran unos niveles de satisfacción con la vida que superan claramente la media de la UE. En el otro extremo, de acuerdo también con Eurostat, en Alemania, un país cuyo PIB per cápita (pps) supera en un 17% el promedio de la UE, sus ciudadanos son, tras los de Bulgaria, los que menor puntuación han dado a la satisfacción general con la vida en el año 2022.
El desarrollo perdurable de una sociedad requiere que se aferre a unos sólidos valores humanos. El afán desmedido de poseer dinero y atesorar riquezas es un camino sin salida que la evidencia nos ha demostrado que a la postre sólo conduce al deterioro de la convivencia y a la degradación de la naturaleza.
El célebre escritor ruso León Tolstói (1828-1910) nos legó el cuento El amo y el sirviente que, publicado en 1895, ha sobrevivido al tiempo descubriéndonos aspectos de la mentalidad del hombre moderno que siguen estando muy vigentes.
El punto de partida que mueve la trama de este relato clásico no es otro que la codicia que domina el comportamiento de uno de sus protagonistas, el comerciante Basilio Andreievich. Su mayor objetivo vital es ganar mucho dinero. Por eso emprende un precipitado viaje, al que arrastra a su sirviente Nikita, para ir a comprar en la finca vecina un bosquecito a un precio muy ventajoso.
No tenía deseos de dormir. Estaba acostado y meditaba: pensaba siempre en lo mismo, en lo que representaba el único fin, sentido, alegría y orgullo de su existencia; en cuánto dinero había ganado y cuándo podría aún ganar; cuánto habrían ganado otras personas que conocía y cuánto tendrían; de qué modo lo habían ganado y de qué modo él mismo, al igual que aquellas, podría todavía ganar. La compra del bosquecito Gorachkinsky era para él un asunto de mucha importancia. Esperaba ganar en este asunto quizá diez mil rublos. Y empezó mentalmente a calcular el valor del bosquecito contando cada árbol en la extensión de dos hectáreas.
‘El roble será para los palos de los trineos, el maderaje se venderá por sí solo. Y la leña de treinta sallens cabe en una hectárea’, se decía a sí mismo. ‘De cada hectárea, en el peor de los casos, me quedarán doscientos sallens, cincuenta y seis hectáreas, cincuenta y seis centenas, cincuenta y seis décimas y cincuenta y seis quintas…’