Las dos caras del progreso: una cita con José Luis Sampedro

La noción de progreso, al igual que otras como la de desarrollo, es susceptible de tener diversas significaciones. Sin embargo, en el ámbito económico ha predominado hasta nuestros días la visión técnica y material del progreso en detrimento de su acepción más humanista.

Como se expresa en unas líneas del escritor y economista español José Luis Sampedro (1917-2013), que quedaron recogidas en la obra Diccionario Sampedro, según tomemos el camino del avance técnico o el del perfeccionamiento humano, la evaluación que podamos hacer del progreso alcanzado por nuestra sociedad será bien diferente.

«Preguntémonos, para empezar: ¿De qué progreso hablamos? ¿Del de la persona o el de las cosas? Si consideramos este último, con la extraordinaria multiplicación de objetos nuevos y de sus aplicaciones, mediante el avance técnico, no cabe duda de que tendremos una visión positiva del progreso. Pero si pensamos en el perfeccionamiento interior de los seres humanos, nuestro juicio será mucho menos favorable».

Para leer más:

Lucas, O. (Ed.): Diccionario Sampedro. Debate Editorial, Madrid, 2016.

Naturaleza y alma: una cita con Hermann Hesse

_mg_6793

Formamos parte de una sociedad que tiende sepultar su relación ancestral con la naturaleza. En su afán de dominarla para su explotación utilitarista, el ser humano moderno es propenso a infravalorar el medio natural. Olvida que es parte intrínseca de la naturaleza, no sólo desde una dimensión ecológica, sino incluso desde un punto espiritual. Somos, en el fondo, almas bañadas de naturaleza primigenia.

La lectura reposada de la obra de escritor Herman Hesse (1877-1962), merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946, nos sigue aportando valiosas enseñanzas. Algunas de ellas parten de nuestra particular relación con la naturaleza, de la que tanto aprendía y a la que tanto agradecía, como vino a expresar en el siguiente pasaje extraído de su novela Demian:

“…ya desde niño me había gustado contemplar las formas extrañas de la naturaleza, no observándolas simplemente sino entregándome a su propia magia, a su profundo y barroco lenguaje. Las raíces largas y fosilizadas de los árboles, las vetas coloreadas de la piedra, las manchas de aceite flotando sobre el agua, las grietas en el cristal: todas estas cosas habían ejercido antaño una gran fascinación sobre mí, sobre todo, el agua y el fuego, el humo, las nubes, el polvo y, especialmente las manchas de colores que veía girar al cerrar los ojos”.

Para leer más:

Hermann Hesse: Demian. Alianza Editorial, Madrid, 2023.

El lenguaje de la naturaleza: una cita con Hermann Hesse

_MG_1424 1

Le debemos al escritor Herman Hesse (1877-1962), merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946, una extensa obra. De ella podemos extraer valiosas enseñanzas.

En su artículo Sobre mariposas, publicado en 1935, Hesse nos revela que existen pocos caminos ancestrales que puedan llevar al hombre a la felicidad o a la sabiduría. Uno de ellos es “el camino del asombro ante la naturaleza y de la atenta escucha de su lenguaje”. Empatizar con la naturaleza, tratando de sentir su bello lenguaje, nos aleja de la codicia y del afán de explotación que terminan por cegar al ser humano.

«El asombro comienza y acaba en sí mismo, y sin embargo el asombro no es un camino estéril. El que yo me asombre ante un musgo, un cristal, una flor, un coleóptero dorado, o ante un cielo de nubes, un mar con el sereno y gigantesco respirar de sus mareas, un ala de mariposa con el orden de sus estrías cristalinas, el corte y las cenefas coloreadas de sus bordes, los múltiples caracteres y adornos de su dibujo y las infinitas, tenues y mágicas gradaciones y tonalidades de los colores… siempre que abordo con el ojo o con otro sentido corporal un trozo de naturaleza, si me siento atraído y encantado por él y me abro por un momento a su ser y a su revelación, en ese momento he olvidado toda esa zona ciega y codiciosa del ansia humana, y en lugar de pensar o imperar, en lugar de conquistar y explotar, de combatir u organizar, no hago otra cosa que “asombrarme” como Goethe, y con ese asombro no sólo me hago hermano de Goethe y demás poetas sabios, sino que me hago hermano de todo aquello que me asombra y que yo siento como mundo viviente: de la mariposa, del escarabajo, de la nube, del río y el monte, pues por la vía del asombro he escapado momentáneamente al mundo de las separaciones y he ingresado en el mundo de la unidad…».

Para leer más:

Hermann Hesse: Pequeñas alegrías. Alianza Editorial, Madrid, 2010.

La belleza de los corales: una cita con R. M. Ballantyne

El aumento de la concentración de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas natural, carbón) está provocando múltiples impactos sobre la naturaleza. Uno de ellos es la afectación a los corales marinos del mundo.

Estos peculiares animales se encuentran amenazados por el aumento de las temperaturas de las aguas del mar que dificulta la reproducción de las microalgas de las que se alimentan, pudiendo provocar su decoloración y posterior muerte. Asimismo, las crecientes concentraciones de dióxido de carbono que existen en la atmósfera también se manifiestan en los océanos, a través del aumento de la acidez de los mares que termina impactando sobre las estructuras de carbonato cálcico de los corales.

Los arrecifes coralinos son ecosistemas que cumplen una función importante como lugares de alta biodiversidad que contribuyen a preservar la vida en la Tierra. Su conservación está más que justificada desde el punto de vista ecológico. Pero, además, existen razones de otro tipo, como las que nos infunde el escritor británico Robert Michael Ballantyne (1825-1894) en su novela La isla de Coral:

“No olvidaré la sorpresa y admiración que me causó el fondo de aquellas aguas. Como ya he dicho antes, el agua dentro del arrecife estaba tan serena como en un lago, y como no había viento estaba tan transparente que se veía perfectamente el fondo a veinte o veinticinco metros de profundidad. Al bucear Jack y yo en las aguas poco hondas, esperábamos encontrar arenas y piedras, pero, en vez de ser así, nos hallamos con lo que realmente parecía un jardín encantado. Todo el fondo del lago, como habíamos empezado a llamar a las serenas aguas del lecho del arrecife, estaba cubierto de corales de todos los tamaños, formas y colores. Unos parecían grandes hongos, otros semejaban la cabeza de un hombre con su cuello, pero la especie más común era un coral que formaba ramas de preciosos colores, rosa pálido unas, y otras de blanco puro. Entre ellos crecían grandes cantidades de algas de los matices más hermosos que se puedan imaginar y de formas encantadoras, y entre los floridos lechos de este jardín submarino nadaban innumerables peces, azules, rojos, amarillos, verdes y rayados, que no se espantaban al vernos”.

Para leer más:

R. M. Ballantyne: La isla de Coral. Zenda-Edhasa, Barcelona, 2022.

El cocodrilo: una cita con Dostoievski

Un animal como el cocodrilo puede inspirar a escritores para que la lectura de su obra nos adentre en un mundo de enseñanzas sobre la condición humana y los valores de una sociedad. 

El mejor ejemplo es el del novelista ruso Fiódor Dostoievski (1821-1881) que en 1865 publicó El cocodrilo, un relato lleno de humor satírico en el que el autor nos adelanta la crisis que atraviesa la sociedad rusa de su época ante el advenimiento de los nuevos principios económicos del sistema capitalista que se extiende por Europa.

En el desarrollo de este cuento de Dostoievski, el cocodrilo, que es considerado como un “pérfido monstruo”, se convierte en toda una novedad en Rusia, gracias a que su dueño, un alemán, lo había traído para su exhibición comercial, bajo entrada de 25 kopeks, en un local de El Pasaje en San Petersburgo.

Un día, por accidente, el animal engulle completamente a un visitante, Iván Matveich, lo que provocará diversidad de reacciones. Entre ellas la de su amigo y acompañante que, desesperado, acudirá al despacho de Timotei Seminoch para solicitarle consejo antes de que Iván se asfixie allí dentro. Sin embargo, el apoyo que esperaba recibir del compañero de trabajo será, en realidad, una fría respuesta economicista: “Pero lo que hay tener presente, ante todo, es que el cocodrilo es una propiedad y que, por tanto, anda por medio el principio económico. ¡El principio económico es lo primero!”.

Más adelante, Timotei Seminoch, el colega del desafortunado accidentado, refuerza su postura con las siguientes palabras:

“Que qué hemos de hacer por Iván Matveich? ¡Pues si todo lo que acabo de decir se refiere a él! Estamos haciendo cuanto podemos por atraernos capitales extranjeros, y apenas cuando la fortuna del dueño del cocodrilo ha aumentado el doble en razón del percance de Iván Matveich, ¿quiere usted que le abramos la barriga a su bicho? ¿Es eso lo que dicta el sentido común? A mi juicio, Iván Matveich, a fuer de buen patriota, debe alegrase y enorgullecerse de haber podido duplicar, con sólo su intervención, el valor de un cocodrilo extranjero. ¿Qué digo duplicar? ¡Triplicar! Visto el éxito logrado por el dueño de ese cocodrilo, no tardará en venir otro con otro cocodrilo y luego otro con dos o tres. Alrededor de ellos se agruparán los capitales, y ahí tiene usted el comienzo de una burguesía. Todo cuanto hagamos para fomentar este movimiento será poco”.

Chéjov, Dostoievski, Gógol, Gorki, Korolenko, Pushkin, Tolstói: Cuentos rusos clásicos. Ediciones Akal, Madrid, 2023.

El limonero de Antonio Machado

_1200851

El poeta español Antonio Machado (1875-1939) nos legó una extensa obra de singular calidad. De ella podemos extraer versos que evocan los años de su infancia en la casa de Sevilla donde nació.

Aquella casa gozaba de un huerto y un patio donde Machado respiraba campo y naturaleza, dejándoles una profunda huella en su memoria: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero”.

A este árbol de “frutos de oro”, que tenía como compañera inseparable “la fuente limpia”, le dedica Antonio Machado el poema VII de Soledades, su primer libro publicado en 1903.

   El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
                  Es una tarde clara,
casi de primavera,
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja;
alguna sombra sobre el banco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
   En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
   Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
   Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
   Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
   Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.

Para leer más:

Antonio Machado: Poesías completas. Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1998.

Girasoles, en el verso de Gutiérrez Albelo

El poeta Emeterio Gutiérrez Albelo (1904-1969), originario de las Islas Canarias (España), publicó en 1930 Campanario de la primavera, su primera obra.

Se trata de un libro de poemas que rompe con el modernismo y se acerca a las vanguardias artísticas. Este poemario, que reúne colorismo, sensualidad y momentos evocadores, destila también compromiso con la vida y la naturaleza.

Traemos hasta aquí estos versos dedicados a los girasoles:

GIRASOLES

-Decidme qué hora es,
áureos relojes de la primavera.

Para leer más:

Emeterio Gutiérrez Albelo: Campanario, Romanticismo y Enigma del invitado. Gobierno de Canarias, Madrid, 1989.

La laguna de Venecia: una cita con Hermann Hesse

_Z0B4711

Le debemos al escritor Hermann Hesse (1877-1962), merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946, una extensa obra, traducida a múltiples idiomas. Entre ella se encuentran unas notas de su primer viaje a Italia, en la primavera del año 1900, donde confiesa su gran admiración por Venecia.

Esta ciudad italiana, contemplada desde el campanille de San Giorgio Maggiore, es capaz de producir en el visitante neófito y diligente un hechizo singular. En palabras de Hesse la contemplación de la belleza que desprende Venecia, al reunir en un mismo espacio naturaleza y arte, provocan en el observador atento sentimientos de creatividad y felicidad. Son motivos más que suficientes para procurar la preservación de esta urbe singular.

«Nunca se reveló la laguna de Venecia a mis ojos tan espléndidamente como una tarde de mayo que dediqué exclusivamente a su contemplación. No conozco nada más encantador que las horas en que un maravilloso trozo de la naturaleza o de arte se ofrece por vez primera a los ojos claro y transparente, de suerte que la atenta contemplación pueda seguir de modo inmediato y sobre huellas recientes al espíritu creador de la belleza. Paisajes, nubes, imágenes a cuya vera solemos transitar con inconsciente gozo, nos descubren en tales momentos, de pronto en forma sorpresiva, la idea creadora que late y actúa en ellos. Entonces le es dado al contemplador diligente y ejercitado tomar parte, en feliz visión e intelección, en esa misma obra generadora, de tal modo que él mismo experimenta ante el objeto bello el sentimiento creativo. Se trata exactamente del mismo sentimiento de felicidad que produce un libro o una música en el instante de la plena comprensión; entonces la obra de arte es propiedad tuya y tú mismo eres el creador».

Para leer más:

Hermann Hesse: Pequeñas alegrías. Alianza Editorial, Madrid, 2010.

.

El lago, ojo natural: una cita con Henry D. Thoreau

_Z0B5556b

El escritor naturalista Henry David Thoreau (1817-1862) llegó a vivir durante más de dos años en una cabaña junto a la orilla de la laguna Walden. Fruto de aquellas vivencias en contacto directo con la naturaleza escribió su célebre obra Walden o la vida en los bosques.

La maestría literaria de Thoreau apoyada en su cuidada observación naturalista ha hecho posible que hoy contemos con magistrales descripciones, como la del siguiente pasaje donde con unas pocas palabras exalta la belleza que puede ofrecer un lago.

«Un lago es uno de los rasgos más bellos y expresivos de un paisaje. Es el ojo de la tierra; y en mirándose en él descubre el observador la profundidad de su propia naturaleza. Los árboles acuáticos de la orilla son las finas pestañas que lo enmarcan, y las frondosas colinas y acantilados en torno, sus prominentes cejas»

Para leer más:

Henry D. Thoreau: Walden o la vida en los bosques. Editorial Juventud, Barcelona, 2010.

La casa, nuestro hogar: una cita con Francesco Petrarca

Todas las personas para disfrutar de un nivel de vida adecuado tienen reconocido el derecho a la vivienda. Así lo postula desde hace 75 años la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948).

Ahora bien, la tenencia de una casa grande no nos garantiza el bienestar deseado. Así lo expresó, en el siglo XIV, Francesco Petrarca (1304-1374), poeta y precursor del pensamiento humanista, que con su obra De remediis utriusque fortune se ocupó “con todas las fuerzas de aliviar, y aun de extirpar, si fuese posible, las pasiones del alma, mías o de quienes lo lean”.

Con esta obra Petrarca propone diferentes remedios para aliviar los efectos de la mala fortuna, y también otros que nos ayuden a desengañarnos y a frenar la soberbia del alma cuando la suerte es favorable.

“Hay una regla que conviene por igual a las grandes casas y a las grandes ciudades, y es que no por ser grandes se vive mejor en ellas. Vivir bien no depende de grandes espacios, sino de lo feliz y agradablemente que los habites. A menudo sucede que en los palacios de los reyes habitan las angustias y las penas, mientras que en las chozas de los pobres hay paz y alegría. Si bastase el tamaño o el adorno de las casas, la más noble de todas las artes sería la arquitectura”.

Para leer más:

Francesco Petrarca: Remedios para la vida. Acantilado, Barcelona, 2023.