Oslo, Capital Verde Europea de 2019

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Oslo, Noruega

Con una población de unos 660.000 habitantes, la capital noruega de Oslo disfruta de una ubicación privilegiada en proximidad a la naturaleza, encontrándose rodeada por el fiordo Oslofjord y el Bosque de Marka protegido a nivel nacional.

Pero, en realidad, ha sido un conjunto de hechos y propuestas lo que ha permitido que Oslo haya recibido el reconocimiento de Capital Verde Europea 2019, un título que otorga cada año la Comisión Europea para premiar los esfuerzos de las ciudades en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible.

La propuesta de la capital noruega, así como las de trece ciudades europeas más, han tenido que pasar por un proceso técnico de evaluación que ha puntuado doce dimensiones medioambientales principales. En un ranking de 1 a 14, estas son las posiciones que obtuvo Oslo en cada una de las doce dimensiones que han sido valoradas a través de sus correspondientes indicadores:

1. Mitigación y adaptación al cambio climático. 1ª posición.
2. Transporte local. 1ª posición.
3. Áreas urbanas verdes que incorporan el uso sostenible del suelo. 2ª posición.
4. Naturaleza y biodiversidad. 1ª posición.
5. Calidad del aire ambiental. 1ª posición.
6. Calidad del ambiente acústico. 1ª posición.
7. Producción y gestión de residuos. 1ª posición.
8. Gestión del agua. 6ª posición.
9. Gestión de las aguas residuales. 7ª posición.
10. Eco-innovación y empleo sostenible. 1ª posición.
11. Rendimiento energético. 1ª posición.
12. Gestión medioambiental integrada. 1ª posición.

A continuación se exponen los avances medioambientales conseguidos y las propuestas sostenibles más relevantes a las que se ha comprometido la ciudad de Oslo, merecedora de la distinción europea:

  • En su lucha contra cambio climático, Oslo se ha propuesto unos objetivos ambiciosos: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990 hasta un 50% en 2020, un 95% en 2030 y, finalmente, llegar a ser neutral en el año 2050. Para ello cuenta con una estrategia integrada (Climate Budget) que consiste en 42 medidas que actúan en los ámbitos de la energía y el medio construido, los recursos y el transporte.
  • En materia de transporte, la ciudad de Oslo se ha convertido en la capital mundial del vehículo eléctrico, alcanzando en los últimos años los coches eléctricos e híbridos más del 30% de todas las ventas de coches nuevos. Para 2030 el 100% de la flota será de vehículos eléctricos. Asimismo, la ciudad ha aplicado medidas en apoyo del transporte público y la bicicleta, a la que se suman otras de aumento de tasas y eliminación de espacios para desalentar el uso del transporte privado.
  • Oslo conecta el uso sostenible del suelo a una visión de ciudad compacta, en la que se disponga de infraestructuras adecuadas y estén integrados aspectos como la movilidad, la gestión de las aguas pluviales y el ocio.
  • Respecto a naturaleza y biodiversidad, la ciudad cuenta con un número significativo de áreas protegidas local y nacionalmente. La población de Oslo es muy consciente del patrimonio natural con el que cuenta. Es de destacar la restauración ecológica llevada a cabo en la extensa red de vías fluviales de la ciudad.
  • En materia de calidad del aire, Oslo cuenta con planes para reducir los niveles de NOx, que incluyen, entre otras medidas, intervenciones en el tráfico rodado, la introducción de una zona de baja emisión y hacer toda la flota de transporte público libre de combustibles fósiles en 2020.
  • En producción y gestión de residuos, Oslo se ha comprometido a aumentar la tasa de reciclaje hasta el 50% en 2020. Se propone, asimismo, la transición hacia un enfoque de economía circular y unas estrategias de reducción de los residuos de alimentos y de consumo y contratación pública verde. La ciudad cuenta con un sistema de tratamiento de residuos altamente desarrollado e integrado (plantas de aprovechamiento energético, biogás, compostaje, clasificación y de residuos peligrosos).
  • En el ámbito energético, destaca la prohibición del combustible fósil en la calefacción de todos los edificios para el año 2020, reemplazándolo por energías renovables. Igualmente, es relevante la propuesta de electrificación masiva del transporte en la ciudad.

Oslo Key Performance Indicators EGCA 2019

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Fuente: Technical Assessment Synopsis Report ‐ European Green Capital Award 2019, RPS (2017).

Para más información:

EGCA Technical Assessment Synopsis Report – Award Cycle 2019

Green Capital 2019

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El progreso: más allá del PIB

4. Chambéry. Francia

En 2009 la Comisión de las Comunidades Europeas se pronunció sobre la inconveniencia  de descansar todo el peso de la evaluación del progreso de las sociedades en único indicador: el Producto Interior Bruto (PIB). Así se expresó mediante la Comunicación “Más allá del PIB. Evaluación del progreso en un mundo cambiante”.

El PIB es un agregado macroeconómico que cuantifica en términos monetarios el valor añadido que generan las actividades económicas que se realizan en un país o región durante un periodo de tiempo. Desde su creación en 1934 por Simon Kuznets, el PIB ha llegado a considerarse como el indicador por excelencia para conocer el progreso y el desarrollo de las sociedades.

Aunque el propio Kuznets advertía de las importantes limitaciones del PIB como indicador para medir el bienestar, estos inconvenientes se han dejado en un segundo plano y se ha conferido al PIB la máxima atención. De este modo se ha terminado aceptando que el objetivo prioritario de toda sociedad es procurar maximizar el crecimiento económico. En palabras de la propia Comisión:

“… por su concepción y propósito, no puede confiarse en él como referencia en todos los asuntos de debate político. De manera especial, el PIB no mide la sostenibilidad medioambiental o la inclusión social, y hay que tener en cuenta estas limitaciones cuando se utiliza en análisis y debates sobre las políticas”.

De hecho no es ocasional que los ciudadanos sientan, por ejemplo, que, a pesar de que el PIB esté creciendo, su renta disponible y los servicios públicos disminuyen. Al igual que la tasa de desempleo o la inflación, el PIB es un “indicador resumen” de cuestiones importantes para la sociedad. “Sin embargo, su objetivo no es reflejar dónde nos encontramos en relación a asuntos tales como el medio ambiente o las desigualdades”.

Ante esta situación, la Comisión plantea en su Comunicación la necesidad de avanzar en el empleo de otros indicadores que permitan evaluar mejor el progreso de las sociedades. Estas son sus principales propuestas:

Medio ambiente.

-Elaboración de un indicador de presión ambiental, que refleje “la contaminación y otros efectos nocivos para el medio ambiente dentro del territorio de la UE para evaluar los resultados de los esfuerzos de protección medioambiental”. Este indicador comprenderá las principales preocupaciones de la política medioambiental: cambio climático y energía, naturaleza y biodiversidad, contaminación atmosférica y salud, uso y contaminación del agua, residuos y utilización de recursos.

-Desarrollar un indicador global sobre la calidad medioambiental.

-Establecer indicadores que reflejen el impacto medioambiental fuera del territorio de la UE.

Calidad de vida y bienestar.

-Indicadores sobre la renta, los servicios públicos, la salud, el ocio, la riqueza, la movilidad, entorno limpio…

Distribución y desigualdades

En palabras de la Comisión:

“…la distribución es un tema que provoca una atención creciente. Por ejemplo, puede ocurrir que el PIB per cápita esté aumentando y, pese a ello, el número de personas en riesgo de pobreza aumente también. (…) Las políticas que afectan a la cohesión social tienen que medir tanto las desigualdades como datos agregados tales como el PIB o el PIB per cápita”.

-Indicadores sobre las disparidades de renta y en particular sobre la situación en la parte inferior de la escala de ingresos.

-Indicadores de educación, salud, esperanza de vida y varios aspectos no monetarios de la exclusión social.

-Indicadores sobre la igualdad de acceso a una vivienda de calidad, el transporte y otros servicios de infraestructuras que son esenciales para participar activamente en la sociedad.

Desarrollo sostenible.

-Elaboración de un cuadro de indicadores de desarrollo sostenible.

Tiene como objetivo clave respetar los límites de los recursos naturales del planeta, es decir, la capacidad finita de la naturaleza para proporcionar recursos renovables y para absorber contaminantes. En este cuadro, por tanto, se determinan y actualizan los valores umbrales de la sostenibilidad medioambiental.

Contabilidad económica, social y ambiental integrada.

Las estadísticas macroeconómicas de la UE, de las que se derivan indicadores como el PIB, se basan en el Sistema Europeo de Cuentas. La contabilidad económica deberá completarse e integrarse con la contabilidad social y ambiental:

“Como base para la elaboración coherente de políticas, se necesita una estructura de datos que incluya de forma sistemática temas medioambientales y sociales junto con los económicos”.

Respecto a la integración de la contabilidad económica y ambiental, la Comisión pretende avanzar en los siguientes ámbitos:

-Cuentas de flujo físico sobre las emisiones a la atmósfera (emisiones de gases de efecto invernadero) y sobre el consumo de materiales.

-Cuentas monetarias sobre la protección, los gastos y los impuestos ambientales.

-Cuentas ambientales físicas en relación con el consumo de energía y la producción y tratamiento de residuos.

-Cuentas monetarias para las subvenciones relacionadas con el medio ambiente.

-Cuentas ambientales relacionadas con el patrimonio natural (bosques, peces…).

-Valoración monetaria de los costes del daño medioambiental causado o que se haya evitado.

Para más información:

Comisión de las Comunidades Europeas: COM(2009) 433 final