Evaluando el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible en 2026

En 2015 la ONU puso en marcha el ambicioso proyecto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, una estrategia de alcance mundial, cuyo compromiso se concreta en la consecución de diecisiete objetivos (17 ODS), que cubren las tres dimensiones principales del desarrollo sostenible: económica, social y medioambiental.

Para evaluar los progresos alcanzados en los 17 ODS, desde el año 2016 la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) viene publicando informes anuales que nos dan cuenta de cómo están avanzando los países del mundo en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible.

Con carácter genérico, la metodología utilizada en dichos informes permite disponer de un índice ODS que resume en un único valor las observaciones que muestra una amplia batería de indicadores de seguimiento (101 en la edición de 2026) seleccionados para medir la totalidad de los 17 ODS, a los cuales se les otorga igual importancia..

El índice ODS se presenta como un indicador sintético cuyo valor puede interpretarse como el porcentaje respecto al cumplimiento óptimo de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Puede, por tanto, oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación respecto al cumplimiento de los ODS, y 100, cuando el país se sitúa en la mejor posición respecto a su cumplimiento.

Con la edición de 2026 del Informe de Desarrollo Sostenible, se han podido evaluar, a través del índice ODS, los progresos en materia de desarrollo sostenible de un total de 167 países, dos más que en el informe anterior. Entre las conclusiones generales del Informe podemos destacar las siguientes:

  1. El índice ODS a nivel mundial toma un valor de 69,0, dos décimas más que el registrado en el Informe de 2025.
  2. Faltando menos de cuatro años para el final del horizonte de la Agenda 2030, a nivel global, con los ritmos actuales de avance ninguno de los 17 Objetivos está en camino de lograrse.
  3. El principal problema radica, afirma el Informe de 2026, en que los países aún no están organizados adecuadamente para lograr lo que se han propuesto. Como resultado, el progreso es demasiado lento y se está retrocediendo en muchos objetivos cruciales. Además, las guerras se extienden, el cambio climático se acelera y las normas del multilateralismo se encuentran bajo grave amenaza.
  4. En particular, están lejos de cumplirse, globalmente, los siguientes objetivos: ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles), ODS 14 (Vida submarina), ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres) y ODS 16 (Paz, justicia e instituciones sociales).
  5. Respecto a las metas de los ODS sólo el 16,5% está en vías de alcanzarse, a nivel mundial, para 2030.
  6. Las metas que presentan mayores retrasos estar relacionados con el ODS 2 y el ODS 16: prevalencia de la obesidad (ODS 2), agricultura productiva y sostenible (ODS 2), puntualidad de los procedimientos administrativos (ODS 16), libertad de prensa (ODS 16) y percepción de la corrupción (ODS 16).
  7. Por el contrario, las cinco metas con mayor progreso a nivel mundial son las siguientes: suscripciones a la banda ancha móvil (ODS 9), tasa de fecundidad adolescente (ODS 3), nuevas infecciones por VIH (ODS 3), uso de internet (ODS 9) y acceso a la electricidad (ODS 7).
  8. Las diferencias territoriales en el grado de consecución de los ODS continúan siendo amplias, con valores del Índice ODS 2026 que oscilan entre más de 80, en los países más avanzados, y menos de 50, en los países con peor desempeño.
  9. Los países europeos continúan liderando el Índice de los ODS. Son países, sin embargo, que se enfrentan aún a retos significativos en consumo y producción responsables, cambio climático, vida submarina y ecosistemas terrestres, como consecuencia de sus patrones de consumo insostenibles.
  10. Desde 2015, cuando nace la Agenda 2030, la región de Asia oriental y meridional es la que ha logrado mayores avances en los ODS. Los países de China e India han experimentado los mayores progresos del Índice ODS, ganando 14 y 18 posiciones, respectivamente. Este hecho contrasta con la clasificación de Rusia que se mantiene sin cambios y la de Estados Unidos que ha perdido cinco posiciones.
  11. Los países con los valores más bajos del Índice ODS siguen siendo países que se encuentran afectados por conflictos, problemas de seguridad, inestabilidad política y un limitado margen fiscal.

Fuente: SDSN: Sustainable Devolpment Report 2026.

En un análisis más detallado por países, el informe de 2026 nos revela que persisten las grandes diferencias respecto al grado de consecución de los objetivos de la Agenda 2030. De hecho, la brecha entre el país mejor situado y el situado en peor posición se ha ampliado (en dos puntos) respecto al año anterior, para cifrarse en 47,5 puntos.

Así, el país que presenta el mayor valor del índice ODS sigue siendo Finlandia (87,4), seguido de Suecia (86,37) y Dinamarca (85,7), que siguen mejorando su valoración. En años anteriores estos países también han ocupado las tres primeras posiciones. A continuación, les siguen otros Estados que presentan igualmente altos niveles de renta per cápita y pertenecen a Europa: Noruega (84,1), Alemania (84,0), Austria (83,9), Francia (83,4), Reino Unido (82,5), Islandia (82,3), Chequia (82,2) y Polonia (82,1).

En el otro extremo, los menores índices de desarrollo sostenible los presentan, al igual que en las cuatro ediciones anteriores, tres países africanos de baja renta: Sudán del Sur (39,9), República Centroafricana (43,3) y Chad (43,9), que empeoran su valoración respecto a hace un año. Les siguen, a continuación, varios países principalmente también del continente africano, que anotan índices ODS no superiores a 50: Somalia (46,2), Yemen (47,8), República Democrática del Congo (48,3), Eritrea (48,7), Afganistán (48,8) y Níger (49,6).

Finalmente, dentro del amplio grupo intermedio de 119 países, cabe destacar, dado su peso económico y/o demográfico, a Estados Unidos, que ocupa la posición 45 en el ranking mundial del índice de desarrollo sostenible. Asimismo, en 2026, China se sitúa en la 49, la Federación Rusa ocupa la posición 51 y la India el puesto 94, siendo éste el único país de los cuatro que ha conseguido escalar posiciones (cinco) respecto al año anterior.

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2026

La generación de residuos municipales en la Unión Europea (1995-2024)

La generación de residuos es uno de los principales problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestra sociedad. Son múltiples los impactos que producen sobre los ecosistemas, en especial cuando no son objeto de una adecuada gestión. Además, conlleva, como es el caso por ejemplo de los envases y embalajes, la utilización de materiales y recursos naturales, que podrían haberse evitado, y el empleo de significativos recursos económicos para su correcto tratamiento posterior.

Por lo tanto, para avanzar en la senda del desarrollo sostenible, en materia de residuos es prioritario, incluso más que la reutilización y el reciclaje, procurar su no generación y, en todo caso, su minimización.

Son muy diversos los tipos de residuos que se generan tanto en la producción como el consumo de bienes y servicios por parte de los distintos agentes. Entre ellos se encuentran los denominados residuos municipales, que son los generados por los hogares y otras fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) cuya recogida compete a las autoridades locales.

El objetivo de hacer sostenible la producción y el consumo (ODS 12 de la Agenda 2030) exige un esfuerzo por parte de todos los agentes económicos para generar la menor cantidad posible de residuos. Si queremos conocer si la sociedad transita por la senda de la sostenibilidad, es de especial interés, entre otros ámbitos, realizar evaluaciones periódicas de la evolución que sigue la generación de residuos.

En el contexto europeo, para evaluar los progresos de los países de la Unión Europea (UE-27) en materia de generación de residuos municipales se dispone de los datos que publica  Eurostat. De acuerdo con dicho organismo estadístico, en el año 2024 se generó un total de 232 millones de toneladas de residuos municipales en la UE. Esta cantidad supone sólo una parte de la cuantía total de residuos generados por los diferentes agentes que actúan en las economías de los países de la UE, pero su análisis temporal nos aporta señales importantes sobre si los patrones de consumo se encaminan o alejan de la senda de la sostenibilidad.

Así, una primera conclusión general destacable que nos revela el análisis de los datos es que la generación de residuos municipales en la UE ha seguido una tendencia creciente desde 1995. Durante el periodo 1995-2024 la generación de residuos municipales en la UE ha aumentado un 17,4%, al pasar de 198 a 232 millones de toneladas.

Como se observa en el siguiente gráfico, la generación total de residuos municipales en la UE ha estado afectada por los diferentes ciclos de la economía. En etapas como la de la Gran Recesión (2008-2014) la caída de la producción y el consumo ha comportado una menor generación de residuos domésticos. No obstante, una vez que la economía entra en una fase de recuperación, a partir de 2015 la generación de residuos vuelve a tomar una senda claramente ascendente que prosiguió de forma ininterrumpida hasta 2021. Es de destacar asimismo que incluso en los años 2020-2021, especialmente afectados por los impactos sobre la economía de la crisis de la pandemia del COVID-19, la producción de residuos continuó aumentando. Posteriormente, se constatan dos años con sendas tasas de descensos que, sin embargo, se han visto interrumpidas en el último año de 2024, al incrementarse la generación de residuos un 1,5%.

Si analizamos la generación de residuos en términos relativos, esto es, en kilogramos de residuos generados por persona, se constata una evolución similar. En promedio un ciudadano comunitario generaba en el año 1995 un total de 467 kilogramos de residuos municipales. Casi tres décadas después, el valor de dicha ratio se ha incrementado, si bien con altibajos, hasta cifrarse en 517 kg per cápita en 2024. Por lo tanto, los datos indican que los patrones de consumo siguen sin reorientarse hacia la sostenibilidad, a pesar de los descensos puntuales registrados en los años 2022-2023.

En un análisis más detallado por países, se encuentran notables diferencias en el seno de la UE-27. En términos absolutos, los países que generan más residuos domésticos son Alemania (con el 23% del total de la UE), Francia (16%), Italia (12%) y España (10%). Estos cuatro países concentran, por tanto, el 60% del total frente al 40% restante que es generado por los otros 23 países miembros de la Unión.

Si consideramos la ratio de kilogramos de residuos generados por persona, las divergencias entre países siguen siendo muy marcadas. En el año 2024 la tasa del país con más generación de residuos fue 2,6 veces la del país con menos generación.

Así, con un promedio de 517 kilogramos per cápita de la UE en 2024, los Estados miembros con mayores ratios fueron Austria (782 kg/hab.), Dinamarca (755), Bélgica (699), Chipre (688) y Luxemburgo (681). Por el contrario, los Estados con menos residuos municipales generados per cápita fueron Rumanía (305), Estonia (375), Polonia (387), Hungría (414) y Suecia (427).

Para más información:

Eurostat

El reciclaje de residuos municipales en la Unión Europea (2000-2024)

Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es la gestión de los residuos producidos por la actividad humana.

Para alcanzar una buena gestión de residuos se ha de tener presente la aplicación del conocido principio de las 3R que prioriza la reducción a la reutilización y el reciclaje.

No siempre es posible evitar la generación de los residuos que proceden de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización directa. En estos casos, la respuesta de gestión ha de centrarse en promover el reciclaje de los residuos, antes que destinarlos a la incineración o a su depósito en vertederos.

En el marco de la Unión Europea, durante los últimos años la política medioambiental enfocada en la maximización del reciclaje ha tratado de consolidarse. Ello conlleva, principalmente, fomentar, entre otros objetivos, que todos los países de la Unión alcancen altas tasas de reciclaje de residuos municipales.

Dicho indicador queda definido, según Eurostat, como el porcentaje de residuos municipales generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) sobre el total de residuos generados. El reciclaje de este tipo de residuos comprende el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica. La disponibilidad de una estadística anual sobre esta ratio nos permite evaluar cómo de eficaz ha venido siendo la política comunitaria de reciclaje en el seno de la UE.

Así, de acuerdo con el organismo estadístico europeo, se constata, como primera conclusión general, que durante el periodo 2000-2024 la tasa de reciclaje de residuos municipales de la UE-27 ha mostrado de forma continuada una senda, en general, ascendente.

En el año 2000 se reciclaba el 27,3% de los residuos municipales generados en el conjunto de la Unión. Casi 25 años después, en el año 2024 dicha tasa de reciclaje asciende al 48,1%, como puede observarse en el siguiente gráfico.

Nótese, no obstante, que durante los últimos tres años la tasa de reciclaje ha interrumpido su senda ascendente para estancarse e incluso retroceder respecto a la registrada en 2021 (49,7%).

Siendo notable el progreso alcanzado en materia de reciclaje, los resultados obtenidos hasta la fecha no son del todo satisfactorios dadas las metas fijadas en la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea. Entre otros objetivos se establece expresamente que todos Estados miembros deberán para 2025 aumentar la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales hasta un mínimo del 55 % en peso, porcentaje que se incrementa hasta el 60% para 2030 y el 65% para 2035.

En un análisis por países se detectan diferencias muy marcadas de la tasa de reciclaje en el seno de la Unión.

En el año 2024, de los 27 Estados de la UE diez superaron la tasa media comunitaria (48,1%). La tasa de reciclaje más elevada la sigue ostentando, como en años anteriores, Alemania (66,9%). A continuación se encuentran Austria (62,8%), Eslovenia (62,4%), Países Bajos (58,0%), Luxemburgo (57,3%) y Bélgica (56,2%)

Por el contrario, los países europeos que presentaron las tasas de reciclaje más bajas son Rumanía (12,4%), Chipre (15,8%), Bulgaria (16,7%), Malta (16,7%) y Grecia (17,4%).

Hay que significar, asimismo, los notables progresos que han logrado algunos países europeos durante el periodo analizado. En el transcurso de los años 2000-2024 cabe destacar los mayores avances relativos alcanzados por países como Eslovenia, cuya tasa de reciclaje de residuos municipales ha aumentado desde el 6,0% en 2000 hasta el 62,4% en 2024 (la tercera más alta de la UE), Letonia (desde el 0,0% al 52,7%) y Lituania (desde el 0,0% al 52,5%). En el otro extremo, Austria ha visto retroceder en 0,6 puntos su tasa de reciclaje respecto al año 2000, si bien sigue ostentando una de las tasas más altas.

Para más información:

Eurostat

La pequeña huerta de Wangari Maathai

Wangari Maathai (1940-2011), conocida como La Mujer Árbol, fue una keniana que luchó por la defensa del medio ambiente y los derechos humanos. Fundadora del Movimiento Cinturón Verde, en 2004 recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

Nació en el seno de una familia humilde de la tribu kikuyu en la aldea de Ihithe, cuando Kenia era colonia británica. Allí, aprendió, desde su temprana niñez, a amar la naturaleza y las plantas. En la pequeña parcela donde se inició como agricultora precoz de la mano de su madre, experimentó con asombro el germinar de las semillas y el brotar de las plantas, cuyos frutos y flores invitaban a contemplar la llegada de pájaros, mariposas y abejas.

«Mi madre me cedió un pedazo de tierra de unos cinco metros cuadrados y me instruyó en la plantación y el cuidado de los cultivos. En la estación de lluvias, siempre me decía» No holgazanees cuando llueve. Aprovecha para plantar algo». Y así lo hacía. Cuando llegaba la lluvia, plantaba boniatos, judías, maíz y mijo. Como mi parcela era tan pequeña y yo plantaba al inicio del ciclo de cultivo, pasaba mucho tiempo contemplando el germinar de las semillas. A veces, la impaciencia me hacía desenterrarlas para ver en qué fase estaban. ‘No, no y no -decía entonces mi madre-. No saques las semillas de la tierra. Debes dejar que hagan su trabajo a solas. Pronto asomarán los brotes’. Y para mi sorpresa así sucedía.

Al principio el maíz produce unas borlas, lo cual me parecía milagroso. ‘¿Pero de dónde sale esto?’, solía preguntarme. Después se formaban las mazorcas y con ellas llegaban también los pájaros. Me gustaba mirar los pájaros mientras intentaban comerse mi maíz, ¡aunque en ocasiones tenía que cubrir las mazorcas para impedir que se lo terminaran! Cuando mis judías daban su flor, llegaban las abejas y las mariposas. Y como mis plantas eran las primeras en brotar, eran también las primeras en recibir la visita de esos insectos. Recuerdo que entonces corría entusiasmada a contarle a mi madre lo que sucedía en mi pequeña huerta y, aunque ella no sabía nada sobre la polinización, me decía que la presencia de mariposas y abejas indicaba que mis plantas estaban creciendo como debían y que pronto darían su fruto».

Para leer más:

Wangari Maathai: Con la cabeza bien alta. Editorial Lumen, Barcelona, 2007.

La evolución de las aves en la UE (1990-2024)

Como expresa la Estrategia de la UE para la biodiversidad de aquí a 2030 “la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas se encuentran entre las mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad ante la próxima década”.

Un magnífico indicador que nos alerta de cómo está evolucionando la calidad y cantidad de los ecosistemas naturales son las aves. Gracias a la comunidad científica sabemos que la presencia de aves es un buen semáforo de la salud de los ecosistemas, de su diversidad e integridad.

La mayor o menor población de aves, así como su mayor o menor diversidad de especies, en un ecosistema determinado, nos permite conocer más sobre la calidad del propio ecosistema donde se alimentan, viven y respiran. En definitiva, las aves nos adelantan información valiosa sobre la calidad del medio ambiente y la sostenibilidad real de las actuaciones que llevamos a cabo los humanos a la hora de producir, consumir y movernos.

En el contexto europeo, la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) viene publicando desde hace años el Índice de Aves Comunes, que nos informa de forma cuantitativa sobre cómo ha evolucionado la presencia de aves en Europa. Dicho índice recoge las observaciones obtenidas en los 27 Estados miembros de la UE para un total de 168 especies de aves que viven en tierras de cultivo (39), en ecosistemas forestales (34) y en otros hábitats como parques y jardines (95).

Se cuenta con un amplio horizonte temporal (1990-2024) para evaluar la tendencia de dicho Índice de Aves Comunes de la UE. Los resultados obtenidos hasta hoy apuntan que desde 1990 se ha producido una continuada disminución de las poblaciones de aves en la Unión Europea, lo que denota también un progresivo deterioro de los espacios naturales. Como se observa en el siguiente gráfico, dicho índice de aves ha descendido desde el valor 100,0 en el año base de 1990 hasta 82,8 en 2024, esto es, una caída del 17,2%

De forma complementaria al Índice de todas las Aves Comunes, Eurostat elabora otros dos índices compuestos. El primero, el índice de aves comunes de bosques, circunscrito a 34 especies, nos revela que se ha producido un descenso del 7,5% durante el periodo 1990-2024, al pasar de 100,0 a 92,5. Con este indicador se aprecia que sólo durante el último decenio se ha logrado una tendencia de recuperación parcial de estas aves tras los continuados descensos registrados hasta los años 2009-2013, cuando el índice registró sus valores mínimos.

Por su parte, el segundo índice, el índice de aves comunes de tierras de cultivo, que comprende 39 especies, presenta una evolución aún más preocupante, al presentar una tendencia significativamente descendente entre 1990 (100,0) y 2024 (58,7), lo que supone una reducción del 41,3% en el periodo analizado. Como afirma la propia Estrategia para la biodiversidad 2030 las aves de hábitats agrícolas son indicadores clave de la salud de los agroecosistemas y vitales para la producción agrícola y la seguridad alimentaria, concluyendo que “su alarmante disminución tiene que invertirse”, hecho que sigue sin producirse.

En el ámbito de las aves, cabe recordar asimismo lo que ya expresaba la Directiva comunitaria relativa a la conservación de las aves silvestres en el año 2009:

«En el territorio europeo de los Estados miembros, una gran cantidad de especies de aves que viven normalmente en estado salvaje padecen de una regresión en su población, muy rápida en algunos casos, y dicha regresión constituye un grave peligro para la conservación del medio natural, en particular debido a la amenaza que supone para el equilibrio biológico».

Para más información:

Eurostat

Directiva 2009/147/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de noviembre de 2009, relativa a la conservación de las aves silvestres

Estrategia de la UE para la biodiversidad de aquí a 2030

Las emisiones de gases de efecto invernadero de la economía española (2008-2024)

 

La economía española sigue siendo muy dependiente de los combustibles fósiles, cuyo uso que propicia el calentamiento global, de modo que no ha alcanzado ser neutral ante la crisis climática que atraviesa nuestro planeta. Según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 España emitió a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI) por un total de 279,9 millones de toneladas de CO2 equivalente (tCO2e). 

Por tipos de gases, el 80,5% de todas las emisiones generadas en España correspondieron a dióxido de carbono. Le sigue, en orden de importancia, el metano (14,4%), el óxido nitroso (3,4%) y otros GEI (1,7%).

Por origen económico de las emisiones, la actividad que ha emitido más GEI a la atmósfera sigue siendo la industria manufacturera que, con 66,7 millones de toneladas de CO2 equivalente emitidas en 2024, concentra el 23,8% del total de GEI. Asimismo, el 79,8% del total de GEI emitidos dentro de este subsector económico durante 2024 procedió de cuatro ramas de actividad principales: 1) Fabricación de otros productos minerales no metálicos, 2) Coquerías y refino de petróleo, 3) Industria química y 4) Metalurgia, fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones.

Tras la industria manufacturera le siguen como fuentes de emisión más importantes el consumo final de los hogares, con el 22,9% del total de GEI; la agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (16,6%); transporte y almacenamiento (13,9%); suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (8,9%); otros servicios (6,4%), suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación (5,5%), construcción (1,3%) e industrias extractivas (0,6%). 

Desde una perspectiva temporal, desde 2008, primer año disponible de la serie, en España las emisiones totales de GEI han presentado una tendencia descendente, si bien con altibajos. Para el conjunto del periodo analizado (2008-2024) las emisiones se han reducido un 32,4%, al pasar de 414,06 millones de toneladas en 2008 a 279,9 millones en 2024.

Por subsectores de actividad, durante el periodo 2008-2024 las reducciones de emisiones de GEI más destacadas se han producido en términos porcentuales en el subsector de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua, que anotó, un descenso del 63,1%, seguido de la industria manufacturera (-38,4%). Por el contrario, el sector primario ha incrementado sus emisiones de GEI en un 4,2% durante los años 2008-2024. Por su parte, los hogares han visto disminuir sus emisiones en un 16,8% en dicho periodo.

Como se observa en el siguiente gráfico, el periodo 2008-2024 se salda con una reducción de emisiones de GEI (-32,4%) frente a un crecimiento de la actividad de la economía española, medida en términos de PIB real, del 14,7%. Puede argüirse, por lo tanto, que para dicho periodo ha existido divergencia entre ambas variables. Sin embargo, ello no nos permite concluir que se ha alcanzado el deseado proceso de desacoplamiento entre producción de bienes y servicios y emisiones de GEI, ya que éstas han mostrado una evolución que ha estado muy condicionada por la naturaleza expansiva o contractiva del ciclo económico, si bien en menor medida durante los dos últimos años.

Así, en el año 2020, que estuvo marcado por la pandemia del COVID-19, la menor actividad económica que supuso la crisis sanitaria ha traído consigo una reducción de los GEI emitidos a la atmósfera. La fuerte contracción del PIB real de España del 10,9% en 2020 conllevó, al mismo tiempo, un descenso inédito de las emisiones de GEI del 14,3%.  Posteriormente, cuando se produce la reactivación de la economía española las emisiones de GEI inflexionaron al alza. En cifras, se registraron crecimientos del PIB del 6,7% en 2021 y 6,4% en 2022, en tanto que las emisiones aumentaron un 7,1% y 3,1%, respectivamente. Solamente durante los años 2023 y 2024 los datos (provisionales) del INE nos apuntan una relación inversa entre ambas variables.

En definitiva, cabe concluir que la ratio de emisiones de GEI por unidad de producto ha mejorado durante el periodo 2008-2024, a pesar de que se han registrado años (como 2011, 2012 y 2017) en los que dicha ratio ha empeorado. Nos queda por confirmar si la comentada mejoría registrada en los dos últimos años se termina consolidando, a la par que las políticas de reducción de la dependencia de los combustibles fósiles de la economía española toman en el medio plazo un mayor impulso.

Para más información:

INE: Cuenta de emisiones a la atmósfera

Evaluando el estado de los ecosistemas terrestres (ODS15) en 2025

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres), que queda definido en los siguientes términos:

«Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica».

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para:

  • Velar por la conservación de los bosques, humedales y ecosistemas montañosos.
  • Promover la gestión sostenible de todos los tipos de bosques y poner fin a la deforestación.
  • Luchar contra la desertificación y rehabilitar las tierras y los suelos degradados.
  • Proteger las especies amenazadas y evitar su extinción.
  • Poner fin a la caza furtiva y el tráfico de especies protegidas de flora y fauna.
  • Prevenir la introducción de especies exóticas invasoras.
  • Integrar los valores de los ecosistemas y la diversidad biológica en la planificación nacional y local, los procesos de desarrollo, las estrategias de reducción de la pobreza y la contabilidad.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Vida de ecosistemas terrestres, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En esta edición de 2025, al igual que en la anterior, para el cálculo del índice sintético del ODS15 se ha contado con los siguientes indicadores:

  • Área media protegida en sitios terrestres importantes para la biodiversidad (%).
  • Área media protegida en sitios de agua dulce importantes para la biodiversidad (%).
  • Índice de Lista Roja de supervivencia de especies (0-1, peor-mejor).
  • Deforestación permanente (% de área forestal, media de 3 años).
  • Deforestación importada (m2/hab.).

Esta selección de indicadores ha dejado sin evaluar, por carecerse de estadísticas, otros aspectos importantes del ODS15, como son la salud de los ecosistemas y el comercio de especies en peligro de extinción.

En términos generales, según los datos del Informe de 2025, el índice del ODS15 del mundo toma un valor de 57,7, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media (68,6) correspondiente a los 17 ODS en dicho año.

Asimismo, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Vida de ecosistemas terrestres de la Agenda 2030 se presenta en color “rojo, lo que viene a significar que se enfrenta a grandes desafíos en la actualidad. Además, la tendencia del ODS15 viene siendo de estancamiento o de tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.

En un análisis más detallado, el Informe de 2025 nos permite conocer las puntuaciones obtenidas para el índice del ODS15 de cada uno de los 167 países para los que se dispone de datos.

Así, como se recoge en el siguiente cuadro, los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de preservar la vida de los ecosistemas terrestres establecido en la Agenda 2030 son Bulgaria (94,4), Bielorrusia (92,5), Chequia (92,0), Guyana (91,5), Polonia (91,1), Letonia (91,0), República Centroafricana (89,7), Croacia (88,3), Moldavia (88,2) y Namibia (87,9).

El análisis realizado de los datos recogidos en el Informe de 2025 nos lleva a concluir que de un total de 167 países sólo cinco presentan sus cinco indicadores del ODS15 en color verde, es decir, progresan satisfactoriamente para cumplir completamente con este objetivo de aquí a 2030: Bulgaria, Bielorrusia, Chequia, Polonia y Namibia.

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al estado de los ecosistemas terrestres la presenta Singapur (31,9). A continuación, se encuentran también con las valoraciones más bajas en 2025 los países de Fiyi (33,2), Yibuti (34,5), Mauricio (36,5), Islandia (36,7), Irak (38,4), Bahamas (38,5), Baréin (39,2), Malasia (41,3) e Israel (41,4).

Es significativo que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS15, cifrándose una distancia de 62,5 puntos entre los países mejor y peor situados (Bulgaria y Singapur, respectivamente). Dicha brecha es superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.

Finalmente, por su especial importancia económica y/o demográfica, cabe mencionar, en particular, a cuatro países: Federación Rusa que ocupa la posición 81 en el ranking mundial del índice del ODS15, Estados Unidos (117), China (154) y la India (155).

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2025.

 

Evaluando el objetivo energético (ODS7) en 2025

Islandia

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS7 (Energía asequible y no contaminante), que queda definido en los siguientes términos:

«Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos«

Este objetivo compromete a los países del planeta a adoptar medidas para de aquí a 2030:

  • Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
  • Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
  • Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias.
  • Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Energía asequible y no contaminante, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En el caso del ODS7 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:

  • Porcentaje de población que tiene acceso a electricidad.
  • Porcentaje de población que utiliza para cocinar combustibles y tecnologías limpios.
  • Emisiones de CO2 de la quema de combustibles fósiles para electricidad y calefacción por producción total de electricidad (MtCO2/TWh).
  • Participación de las energías renovables en consumo total de energía final (%).

En términos generales, según los datos del Informe de 2025, el índice del ODS7 del mundo toma un valor de 64,5, cifra que se sitúa por debajo de la puntuación media (68,6) correspondiente a los 17 ODS en dicho año.

De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo energético de la Agenda 2030 presenta en la actualidad retos significativos (color naranja), registrando una moderada tasa de crecimiento que es aún insuficiente para lograr su total cumplimiento en 2030.

En un análisis por países los resultados obtenidos para el ODS7 (Energía asequible y no contaminante) muestran que de los 167 países para los que se dispone de datos, los mejor situados en el cumplimiento de dicho objetivo son Islandia (99,2) y Suecia (99,1). Les siguen, a continuación, Noruega (98,9), Finlandia (96,0), Uruguay (95,5), Letonia (90,4), Brasil (90,3) y Dinamarca (89,1). Estos países, a excepción de Letonia, se encuentran en la senda de cumplir completamente con este objetivo energético de la Agenda 2030 sin necesidad hasta el momento de afrontar mayores retos.

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al cumplimiento del objetivo energético la presenta un amplio grupo de países pertenecientes al continente africano que cuentan con bajos niveles de renta per cápita, como son Chad (2,6), Sudán del Sur (13,6), Níger (15,1), Burundi (16,6), Sierra Leona (17,5), República Centroafricana (18,4) y Guinea-Bisáu (20,7). Para todos ellos siguen existiendo grandes desafíos para alcanzar las metas energéticas del ODS7 de aquí a 2030.

Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que Estados Unidos ocupa la posición 54 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS7, seguido por China (76), la India (87) y Federación Rusa (88).

Finalmente, hay que remarcar que en el ODS7 las diferencias entre países continúan siendo considerables, llegando a ser extremas entre el país mejor situado (Islandia, con 99,2) y el peor (Chad, con 2,6). Dicha brecha es muy superior a la que existe con el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2025.

Evaluando la sostenibilidad de la producción y el consumo (ODS12) en 2025

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos, el ODS12, se refiere a la producción y el consumo, quedando definido en la Agenda 2030 en estos términos:

«Garantizar modalidades de producción y consumo sostenibles»

La consecución del ODS12 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes recogidas en la Agenda 2030:

  • Lograr la gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales, de aquí a 2030.
  • De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.
  • De aquí a 2020, lograr la gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, y reducir significativamente su liberación a la atmósfera, el agua y el suelo a fin de minimizar sus efectos en la salud humana y el medio ambiente.
  • Reducir considerablemente la generación de residuos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización, de aquí a 2030.
  • Alentar a las empresas a que adopten prácticas sostenibles e incorporen información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes.
  • Promover prácticas de adquisición pública que sean sostenibles.
  • De aquí a 2030, asegurar que las personas de todo el mundo tengan la información y los conocimientos pertinentes para el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza.
  • Ayudar a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad científica y tecnológica para avanzar hacia un consumo y producción sostenibles.
  • Elaborar y aplicar instrumentos para lograr un turismo sostenible que cree empleo y promueva la cultura y los productos locales.
  • Racionalizar los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En esta edición de 2025 para el cálculo del índice sintético del ODS12 se ha contado con los siguientes indicadores:

  • Residuos sólidos municipales (kg/pers./día).
  • Residuos electrónicos (kg/pers.).
  • Contaminación del aire basada en la producción (AVAD/1.000 hab.).
  • Contaminación del aire asociada con las importaciones (AVAD/1.000 hab.).
  • Emisiones de nitrógeno basadas en la producción (kg/pers.).
  • Emisiones de nitrógeno asociadas con las importaciones (kg/pers.).
  • Exportaciones de residuos plásticos (kg/pers.).

Analizando los datos aportados en el Informe, se concluye, en primer lugar, que el índice del ODS12 del mundo toma un valor de 79,7, cifra que se sitúa 11 puntos por encima del valor medio correspondiente a los 17 ODS en dicho año. Asimismo, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo de Producción y consumo sostenibles de la Agenda 2030 sigue presentando en la actualidad, al igual que un año antes, retos significativos, registrando una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.

Otra conclusión general que merece ser destacada, como se puso de manifiesto en Informes anteriores, es que existe una correlación inversa entre el nivel de desarrollo (medido tanto en renta per cápita como con el índice de los 17 ODS) y el grado de cumplimiento del ODS12.

La evaluación realizada a los 167 países para los que se dispone de información estadística nos sigue confirmando una evidencia clara: la prosperidad económica no está en sintonía con la sostenibilidad de los modos de producir y consumir. En otras palabras, son los países de renta alta (y también con mayor IDS general) los que menos están cumpliendo con el objetivo de Producción y consumo sostenibles. Por el contrario, los países “menos desarrollados” son los que están alcanzando dicho objetivo de la Agenda 2030.

En un análisis más detallado por países, los resultados obtenidos para el ODS12 muestran, como puede observarse en el siguiente cuadro, que los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles son países de bajo PIB per cápita localizados principalmente en África, tales como Lesoto (98,3), Mozambique (97,6), Sierra Leona (97,6), República Democrática del Congo (97,4), Malaui (97,3), Liberia (97,2), Etiopía (97,1), Madagascar (96,6) y Burundi (96,5).

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto a la sostenibilidad de la producción y el consumo la presentan países que mayoritariamente disfrutan de un alto PIB per cápita: Luxemburgo (31,8), Irlanda (35,5), Catar (40,0), Dinamarca (41,7), Suiza (42,2), Estonia (43,6), Países Bajos (44,6), Lituania (46,9) y Singapur (47,0).

Hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS12, cifrándose una distancia de 66,5 puntos entre el país mejor valorado (Lesoto) y el peor situado (Luxemburgo). Dicha brecha es muy superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.

Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que la India ocupa la posición 83 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS12, seguido por Federación Rusa (102), China (103) y, a mayor distancia, Estados Unidos (135).

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2025.

Evaluando la sostenibilidad de las ciudades (ODS11) en 2025

En 2015 las Naciones Unidas puso en marcha un ambicioso proyecto de alcance mundial: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este documento establece compromisos que se concretan en un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que abordan las tres dimensiones del desarrollo: social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos es el ODS11 dedicado a Ciudades y comunidades sostenibles.

En la Agenda 2030 el ODS11 queda definido en los siguientes términos:

«Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles»

La consecución del ODS11 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes:

  • Asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales.
  • Proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público.
  • Aumentar la urbanización inclusiva y sostenible.
  • Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural.
  • Reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres.
  • Reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, con especial atención a la calidad del aire y la gestión de los residuos.
  • Proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países del mundo respecto a los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) ha venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2016. Su metodología utiliza índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

La edición del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 de SDSN nos revela de forma aproximada cuál es la situación más actual del cumplimiento del objetivo de Ciudades y comunidades sostenibles, país por país, y en qué grado se va alcanzando ante el horizonte temporal fijado para 2030.

En el caso del ODS11 se ha construido un índice sintético a partir de los cuatro indicadores siguientes, que están disponibles para un total de 167 países:

  • Porcentaje de población urbana que vive en barrios marginales.
  • Concentración media anual de partículas (PM2.5).
  • Porcentaje de población urbana con acceso a fuentes de agua potable mejoradas, canalizadas.
  • Porcentaje de población con acceso adecuado al transporte público en las ciudades.

En términos generales, analizados los datos que acompañan al Informe de 2025, el índice del ODS11 del mundo toma un valor de 65,9, cifra inferior a la puntuación media correspondiente a los 17 ODS en dicho año (68,6), encontrándose, junto con otros cuatro ODS, poca probabilidad de llegar a cumplirse en el horizonte de la Agenda 2030.

De acuerdo con el Panel de control de los ODS, el objetivo ODS11 de Ciudades y comunidades sostenibles, mostrado en color rojo, presenta en la actualidad grandes desafíos, presentando, además, una tendencia de estancamiento o tasas de crecimientos muy por debajo de las necesarias para lograr su total cumplimiento en 2030.

En un análisis por países, los resultados obtenidoscorrespondientes al ODS11 concluyen que de los 167 países evaluados en 2025 el mejor situado es Bahamas que,con una puntuación de 100, presenta el mayor valor del índice, es decir, el máximo cumplimiento del ODS11 de la Agenda 2030. Es necesario anotar que dicha puntuación resulta de los valores disponibles para sólo dos indicadores de los cuatro seleccionados.

Le siguen, a continuación, también con altas puntuaciones, Estonia (98,9), Luxemburgo (98,9), Finlandia (98,8), Francia (98,3), España (98,1), Nueva Zelanda (98,1), Reino Unido (98,1), Suiza (97,9) y Brunéi (97,8) y Bélgica (97,8), principalmente. Nueva Zelanda, destaca, además, por ser el único país de los 167 que presenta los cuatro indicadores que miden el ODS11 en color «verde», es decir, progresan satisfactoriamente en el cumplimiento de este objetivo.

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto al grado de sostenibilidad de las ciudades y comunidades recae, un año más, sobre Nigeria (28,9) y Sudán del Sur (29,3). Les siguen, también con muy bajas puntuaciones, inferiores a 40, Bangladés (32,9), Chad (33,6), Afganistán (34,4), Pakistán (37,0), Haití (37,4), Níger (37,5), República Democrática del Congo (38,1) y República Centroafricana (39,5). Para todos ellos, de acuerdo con el Panel de control de los ODS, el ODS11 permanece «en rojo», es decir, persisten grandes desafíos para su cumplimiento de aquí a 2030.

Por su especial importancia económica y/o demográfica, cabe mencionar, en particular, a cuatro países: Federación Rusa que ocupa la posición 36 en el ranking mundial del índice del ODS11, Estados Unidos (55), China (91) y la India (126). De ellos únicamente Estados Unidos ha perdido posiciones (dos) respecto al año anterior.

Finalmente, hay que destacar que las diferencias entre países son particularmente grandes en el ODS11, cifrándose una distancia de 71,1 puntos entre los países mejor y peor situados. Dicha brecha es muy superior a la que existe si utilizamos el índice general de los 17 ODS, que se cuantifica en 45,5 puntos.

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2025.