K. William Kapp y los costes ambientales de la economía abierta

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En 1976 el economista de origen alemán Karl William Kapp (1910-1976), uno de los inspiradores de la denominada ecología política, escribió el artículo The Open System Character of the Economy and its implications. En él defendió que todo sistema económico hay que entenderlo con su carácter abierto. Esto significa que no es aceptable concebir la producción y el consumo aisladamente del sistema ecológico. Lo contrario, considerar que la economía es un sistema cerrado independiente de otros sistemas, como el ecológico y el político e institucional, es perpetuar una equivocada percepción de la realidad, según Kapp.

Los sistemas económicos no son sistemas cerrados y autorregulados, sino sistemas abiertos que para su reproducción dependen de los recursos que extraen del medio físico, y en el que depositan residuos y contaminantes tras las actividades de producción, distribución y consumo.

En opinión de Kapp los costes sociales del crecimiento económico han estado largamente descuidados:

«La producción y el consumo ponen en movimiento procesos complejos que tienen graves consecuencias negativas sobre el medio ambiente físico y social y que ejercen un efecto inevitable en la distribución; estas interdependencias implican una forzosa transferencia de costes sociales «no pagados» que constituyen una redistribución secundaria del ingreso real primordial (pero no exclusivamente) para los miembros económicamente más débiles de la sociedad, así como también para las generaciones futuras».

A diferencia de los economistas neoclásicos, Kapp pensaba que el tratamiento de los costes medioambientales mediante una valoración monetaria es claramente insuficiente para corregir la medición del producto nacional. Dado que estamos ante sistemas económicos abiertos donde operan efectos acumulativos, es necesario volver a definir y formular los conceptos de costes y ganancias, así como los criterios de eficiencia y optimalidad económica.

Según Kapp debemos reconocer las limitaciones de la doctrina económica tradicional:

“…la crisis ambiental obliga a los economistas a reconocer las limitaciones de sus enfoques metodológicos y cognoscitivos, y a revisar los alcances de su ciencia. Los economistas clásicos –Adam Smith y sus sucesores- todavía podían pretender, con alguna justificación, que era posible entender los sistemas económicos como sistemas semicerrados porque, en su época, el aire, el agua, etc., eran, en cierto sentido, bienes ‘libres’ y porque estaban convencidos –equivocadamente- de que la acción racional –bajo condiciones competitivas- sólo tenía efectos sociales positivos. Esta creencia ha resultado ser una ilusión. Asirse a ella frente a la crisis ambiental solamente puede considerarse como un autoengaño y un fraude para los demás”.

Para leer más:

William Kapp: «El carácter de sistema abierto de la economía y sus implicaciones». Publicado en F. Aguilera y V. Alcántara (comp.): De la economía ambiental a la economía ecológica. Icaria, Barcelona, 1994.

[Publicado originalmente como K. William Kapp: «The Open System Character of the Economy and its implications» en Kurt Dopfer (ed.): Economics in the Future: Towards a New Paradigm, London, MacMillan, 1976].

 

Evaluando el cumplimiento de la estrategia Europa 2020

EUROPA,  5-13 nov. 2005. Brujas

En junio de 2010 el Consejo Europeo adoptó la estrategia Europa 2020, que vino a suceder a la estrategia de Lisboa. Con ella se establece el camino por el que la Unión Europea debe alcanzar unas metas cuantificables en materia de crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo para el año 2020.

En concreto la estrategia Europa 2020 establece las siguientes tres grandes prioridades:

  1. Crecimiento inteligente, a través del desarrollo de una economía basada en el conocimiento, investigación e innovación.
  2. Crecimiento sostenible, mediante de la promoción de mercados eficientes en recursos, verdes y competitivos.
  3. Crecimiento inclusivo, a través de políticas que fomenten la creación de empleo y la reducción de la pobreza.

Estas prioridades se plasman en objetivos clave circunscritos a cinco grandes áreas: empleo, investigación y desarrollo, cambio climático y energía, educación, y pobreza o exclusión social.

Para la evaluación del progreso de estos cinco capítulos temáticos se ha seleccionado un conjunto de indicadores, agrupados en nueve principales, que permiten evaluar cómo ha venido evolucionando el cumplimiento de la estrategia Europa 2020 desde el año base 2008 hasta la actualidad en cada uno de los Estados miembros y en la UE-28 en su conjunto.

La publicación «Smater, greener, more inclusive. Indicators to support the Europe 2020 strategy?» (edición de 2017) de Eurostat da a conocer cómo ha evolucionado el cumplimiento de dicha estrategia hasta la actualidad.

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Indicadores centrales de Europa 2020: valores objetivos y progreso desde 2008. Fuente: Eurostat

Las conclusiones más relevantes de dicho estudio se resumen en las siguientes:

-Se ha alcanzado un progreso significativo desde 2008 en materia de cambio climático y energía, reduciéndose las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de energía y aumentado el uso de fuentes de energías renovables.

-Se ha producido una evolución positiva en el área de educación, que se refleja en el incremento de la tasa de educación superior y en la reducción del número de alumnos que abandonan la educación y la formación.

-Por el contrario, la UE permanece aún a una distancia considerable para alcanzar en 2020 sus objetivos de inversión en I+D, de empleo y de mitigación de la pobreza.

En cifras en la tabla siguiente se recoge la evolución que han seguido desde 2008 hasta 2016 (o 2015, dependiendo de la disponibilidad) los indicadores seleccionados para evaluar el cumplimiento de la estrategia Europa 2020, confrontados con los valores-objetivo.

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Para más información:

Eurostat:  «Smater, greener, more inclusive. Indicators to support the Europe 2020 strategy?» (edición de 2017)

 

 

Más allá de los limites del crecimiento

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En 1972 se publicó el célebre informe dirigido por Dennis L. Meadows, Los límites del crecimiento, que alertaba sobre el advenimiento del colapso medioambiental del planeta en el transcurso de 100 años, si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la producción material y población mundiales.

Dos décadas después, la publicación Más allá de los límites del crecimiento (1992) de D. H. Meadows, D. L. Meadows y J. Randers, actualiza las conclusiones del informe de 1972, manteniendo vivo el gran reto del ser humano:

“Cómo lograr hacer una sociedad materialmente suficiente, socialmente equitativa y ecológicamente perdurable, más satisfactoria en términos humanos que la sociedad de nuestros días obsesionada por el crecimiento”.

El informe de 1992, elaborado por encargo del Club de Roma al igual que el de 1972, pone un mayor énfasis en que la tierra es finita y que el crecimiento de la población y la producción de mercancías no pueden continuar indefinidamente. El crecimiento se enfrenta a los límites físicos del planeta, límites como proveedor de flujos materiales y energía y límites como sumidero para absorber la contaminación y los residuos.

Se afirma que el sistema socioeconómico actual no es gestionable y que ha sobrepasado ya sus límites en muchos flujos de recursos y de contaminación, a pesar de las mejoras tecnológicas, las políticas medioambientales y la mayor sensibilización.

Para los autores de este informe es necesario, por tanto, cambiar las estructuras del sistema para hacerlo sostenible, poniendo más atención en la suficiencia, la equidad y la calidad de vida que en la cantidad de la producción.

Afirman que  “la forma actual de hacer las cosas es insostenible”. Además, “el futuro, para tener algún viso de viabilidad, debe empeñarse en retroceder, desacelerar, sanar.  No se puede poner fin a la pobreza por el desarrollo material indefinido; debe hacérsele frente mientras la economía material humana se contrae”.

Veinte años después, a la vista de los acontecimientos y del análisis de los datos globales recabados, el informe de Más allá de los límites del crecimiento deja establecidas las siguientes tres conclusiones:

1. La utilización humana de muchos recursos esenciales y la generación de muchos tipos de contaminantes han sobrepasado ya las tasas que son físicamente sostenibles. Sin reducciones significativas en los flujos de materiales y energía, habrá en las décadas venideras una incontrolada disminución per cápita de la producción de alimentos, el uso energético y la producción industrial.

2. Esta disminución no es inevitable. Para evitarla son necesarios dos cambios. El primero es una revisión global de las políticas y prácticas que perpetúan el crecimiento del consumo material y de la población. El segundo es un incremento rápido y drástico de la eficiencia con la cual se utilizan los materiales y las energías.

3. Una sociedad sostenible es aún técnica y económicamente posible. Podría ser mucho más deseable que una sociedad que intenta resolver sus problemas por la constante expansión. La transición hacia una sociedad sostenible requiere un cuidadoso equilibrio entre objetivos a largo y corto plazo, y un énfasis mayor en la suficiencia, equidad y calidad de vida, que en la cantidad de la producción. Exige más que la productividad y más que la tecnología; requiere también madurez, compasión y sabiduría.

Los autores de Más allá del crecimiento afirman que la transición hacia un mundo sostenible es posible técnica y económicamente. Pero para ello es necesario “dejar de golpear los límites de la tierra” y superar ciertas barreras, que nos hemos autoimpuesto y que son innecesarias, en instituciones humanas, estados mentales, creencias y éticas.

“Tanta esperanza, tantas identidades personales, tanta moderna cultura industrial, se han construido sobre la premisa del perpetuo crecimiento material”.

Para leer más:

D. H. Meadows, D. L. Meadows y J. Randers (1992): Más allá de los límites del crecimiento.

Los derechos de la naturaleza en la Constitución ecuatoriana

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La Constitución de la República de Ecuador de 2008 se convierte en la primera Constitución del mundo que reconoce los derechos de la naturaleza. Ya en su Preámbulo establece:

«CELEBRANDO a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte y que es vital para nuestra existencia».

El capítulo séptimo, destinado a los Derechos de la naturaleza, lo conforman los siguientes cuatro artículos:

«Art. 71.– La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos.

Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza. Para aplicar e interpretar estos derechos se observarán los principios establecidos en la Constitución, en lo que proceda.

El Estado incentivará a las personas naturales y jurídicas, y a los colectivos, para que protejan la naturaleza, y promoverá el respeto a todos los elementos que forman un ecosistema.

Art. 72.- La naturaleza tiene derecho a la restauración. Esta restauración será independiente de la obligación que tienen el Estado y las personas naturales o jurídicas de indemnizar a los individuos y colectivos que dependan de los sistemas naturales afectados.

En los casos de impacto ambiental grave o permanente, incluidos los ocasionados por la explotación de los recursos naturales no renovables, el Estado establecerá los mecanismos más eficaces para alcanzar la restauración, y adoptará las medidas adecuadas para eliminar o mitigar las consecuencias ambientales nocivas.

Art. 73.- El Estado aplicará medidas de precaución y restricción para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales.

Se prohíbe la introducción de organismos y material orgánico e inorgánico que puedan alterar de manera definitiva el patrimonio genético nacional.

Art. 74.- Las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades tendrán derecho a beneficiarse del ambiente y de las riquezas naturales que les permitan el buen vivir.

Los servicios ambientales no serán susceptibles de apropiación; su producción, prestación, uso y aprovechamiento serán regulados por el Estado».

Asimismo, en el artículo 83 se recoge entre los deberes y responsabilidades de las ecuatorianas y los ecuatorianos, el siguiente:

«Respetar los derechos de la naturaleza, preservar un ambiente sano y utilizar los recursos naturales de modo racional, sustentable y sostenible».

 

Fuente: Constitución de la República de Ecuador 2008. (Decreto Legislativo, publicado en el Registro Oficial Nº 449 de 20 de octubre de 2008).

Wangari Maathai y el monte Kenia

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Wangari Maathai (1940-2011), conocida como La Mujer Árbol, fue una keniana que luchó por la defensa del medio ambiente y los derechos humanos. Fundó el Movimiento Cinturón Verde y en 2004 recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

De orígenes muy humildes, nació en el seno de una familia de la tribu kikuyu en la aldea de Ihithe,  cuando Kenia era colonia británica. Para los kikuyu Dios moraba en el monte Kenia, la segunda cima más alta de África, que la propia Wangari Maathai describió con estas memorables palabras:

«Todo lo bueno tenía su origen allí: las lluvias abundantes, los ríos, las corrientes y el agua cristalina. Ya fuera para rezar, enterrar a sus muertos o realizar sacrificios, los kikuyu se volvían hacia el monte Kenia y, cuando construían sus hogares, se aseguraban de que las puertas estuvieran orientadas hacia allí. La gente creía que, mientras el monte fuera monte, Dios estaría con ellos y nunca les faltaría de nada. Las nubes que con frecuencia cubrían el monte solían ser señal de lluvia inminente, y siempre y cuando siguiera lloviendo, a la gente no le faltaría la comida, el ganado podría alimentarse y todos vivirían en paz.

Lamentablemente, hoy en día estas creencias y tradiciones han desaparecido casi por completo (…) Tras los misioneros llegaron los comerciantes y administradores que introdujeron de forma generalizada nuevos métodos para explotar nuestros ricos recursos naturales: la tala, la deforestación de nuestros territorios, la plantación de nuevas especies de árboles, la caza y la implantación de la agricultura comercial. Los lugares sagrados perdieron su santidad y fueron explotados al tiempo que los nativos se volvían cada vez más insensibles a la destrucción, que aceptaban como una señal de progreso».

El día que Wangari Maathai recibió la noticia de que era distinguida con el Premio Nobel lo celebró plantando un tulípero del Gabón y acordándose del monte Kenia:

«Entonces clavé la vista en el monte Kenia, mi fuente de inspiración, y la de tantas generaciones antes que la mía, y reflexioné sobre lo maravilloso que era encontrarme en aquel momento en aquel lugar, celebrando una noticia histórica con la montaña de fondo. Ya se sabe que la montaña es algo tímida y que su cima suele aparecer cubierta por un manto de nubes. Aquel día estaba oculta. Y aunque a mi alrededor el sol bañaba el paisaje, la montaña se escondía. Me esforcé por verla, la busque con los ojos y con el corazón, mientras recordaba las muchas veces que me he preguntado si lograría sobrevivir a los daños que estamos causando. Seguí buscándola y llegué a la conclusión de que la montaña estaba festejando la noticia conmigo: seguro que el Comité Nobel también había percibido la llamada de la naturaleza. La miré fijamente y sentí que, con toda probabilidad, estaba llorando de alegría y escondía sus lágrimas tras un velo de nubes blancas. En ese instante tuve la sensación de estar pisando suelo sagrado».

Para leer más:

Wangari Maathai: Con la cabeza bien alta. Editorial Lumen, Barcelona, 2007.

Dennis L. Meadows y los límites del crecimiento

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En 1972 se publica un importante informe dirigido por Dennis L. Meadows, Los límites del crecimiento, que alertaba sobre el advenimiento del colapso medioambiental.

La tesis central de esta obra -referente clave para avanzar hacia el desarrollo sostenible- es que la población y la producción mundiales no pueden seguir creciendo indefinidamente.

El problema principal que se analiza es la capacidad del planeta para hacer frente en el siglo XXI a las necesidades y modos de vida de una población mundial siempre creciente, que utiliza a tasas aceleradas los recursos naturales disponibles, causa daños irreparables al medio ambiente y pone en peligro el equilibrio ecológico global.  Todo ello fruto del empeño de perseguir la meta del crecimiento económico, que suele identificarse con la de bienestar.

Algunas de las ideas más relevantes recogidas en este informe de Meadows, que 45 años después aún cobran vigencia, son las siguientes:

«La ignorancia que prevalece en torno a los límites de la capacidad del planeta para absorber contaminantes debería ser una razón suficiente para tomar precauciones en cuanto a la descarga de las sustancias contaminantes. El peligro que se corre de alcanzar esos límites es especialmente grande porque entre la liberación de un contaminante en el medio ambiente y la aparición de su efecto negativo en el sistema ecológico suele haber un prolongado rezago».

«No sabemos con precisión cuál es el límite superior de la capacidad del planeta para absorber un tipo determinado de contaminación, mucho menos la combinación de todos los tipos de contaminación que existen. No obstante, sabemos que existe un límite superior que en muchos medios locales ya ha sido rebasado».

«Tan pronto como una sociedad reconoce que no puede maximizar todo para todos debe elegir. ¿Debería haber más gente o más riqueza, más naturaleza o más automóviles, más alimentos para los pobres o más servicios para los ricos? La esencia del proceso político reside en establecer las respuestas de la sociedad a preguntas como éstas; y aun así, muy pocos se percatan de que estas elecciones se hacen a diario, y menos aún se preguntan cuáles serían sus propias preferencias. La sociedad en estado de equilibrio tendrá que sopesar los sacrificios engendrados por un mundo  finito, no sólo considerando los valores humanos actuales, sino también las futuras generaciones».

«Cada día que transcurre de crecimiento exponencial sostenido va acercando el sistema mundial a sus límites últimos de crecimiento. La decisión de no hacer nada aumenta el riesgo del colapso. No podemos decir con certeza cuánto tiempo puede la Humanidad aplazar el inicio de controles deliberados de su crecimiento, antes de que pierda la oportunidad de controlarlo. Sospechamos, con base en nuestro conocimiento actual acerca de las sustituciones físicas del planeta, que la fase de crecimiento ya no puede continuar cien años más. De nuevo, en virtud de rezagos en el sistema, si la sociedad global espera a que esos obstáculos se manifiesten claramente, habrá esperado demasiado.

«Si hay razones para preocuparse también las hay para abrigar esperanzas. Limitar deliberadamente el crecimiento sería difícil pero no imposible. La manera de proceder es bien clara y los pasos que exige, aunque son nuevos para la sociedad, se hallan al alcance de la capacidad humana. El hombre posee, por un breve momento en su historia, la más poderosa combinación de conocimientos, herramientas y recursos que el mundo haya conocido. Tiene todo lo que es físicamente  necesario para crear una forma totalmente nueva de sociedad humana -construida para durar muchas generaciones. Los dos ingredientes que le faltan son: un objetivo realista a largo plazo que pueda guiar a la Humanidad hacia la sociedad de equilibrio, y la voluntad para lograr ese objetivo. Sin este último y sin comprometerse a su consecución, los intereses de corto plazo generarán el crecimiento exponencial que inducirá al sistema mundial hacia los límites del planeta y hacia el colapso final. Con ese objetivo y con ese compromiso, la Humanidad podría ahora iniciar una transición controlada y ordenada del crecimiento hacia el equilibrio global».

En suma se conviene que es necesario alterar esas tendencias de crecimiento de la producción material y población mundiales y trabajar por la transición hacia un estado de equilibrio ecológico y económico global.

Las principales conclusiones de este informe se resumen en las tres siguientes:

1. «Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolado descenso tanto de la población como de la capacidad industrial».

2. «Es posible alterar estas tendencias de crecimiento y establecer una condición de estabilidad ecológica y económica que pueda mantenerse durante largo tiempo. El estado de equilibrio global puede diseñarse de manera que cada ser humano pueda satisfacer sus necesidades materiales básicas y gozar de igualdad de oportunidades para desarrollar su potencial particular».

3. «Si los seres humanos deciden empeñar sus esfuerzos en el logro del segundo resultado en vez del primero, cuanto más pronto empiecen a trabajar en ese sentido, mayores serán las probabilidades de éxito».

Para leer más:

Dennis L. Meadows et al. (1972): Los límites del crecimiento.

La Isla de El Hierro: referente de sostenibilidad con la Central Hidroeólica

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El Hierro es una pequeña isla atlántica perteneciente al archipiélago de las Islas Canarias (España). Su superficie asciende a unos 270 kilómetros cuadrados y en ella habitan unas 11.000 personas. Desde el año 2000 es Reserva de la Biosfera.

El Cabildo Insular de El Hierro, su gobierno insular, tiene en marcha un Plan de Desarrollo Sostenible (PDS 2007-2020) para la Isla. La meta principal que fija dicho Plan es hacer de El Hierro un territorio sostenible, que compatibilice la conservación del medio ambiente con el desarrollo económico.

Entre las prioridades establecidas en el PDS se pretende alcanzar que El Hierro sea «100% energías renovables», lo que ha conllevado la puesta en marcha de un proyecto estratégico: la Central Hidroeólica, que gestiona la empresa mixta Gorona del Viento.

Con esta Central se persigue que la demanda eléctrica de la Isla sea cubierta completamente con energías renovables. Se trata de un proyecto emblemático, pionero a nivel internacional, que busca la soberanía energética mediante un modelo integral de gestión energética hidroéléctrica-eólica. Permitirá sustituir el tradicional modelo eléctrico basado en una central térmica, dependiente de la importación de diésel, que emite a la atmósfera gases contaminantes y generadores del cambio climático.

La Central Hidroeólica de El Hierro es capaz de combinar dos recursos naturales renovables, el viento y el agua, para generar energía eléctrica que abastezca a toda la Isla. Está integrada básicamente por un parque eólico, un grupo de bombeo y una central hidroeléctrica.

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Parque eólico de la Central Hidroeólica de El Hierro

Por un lado, la gran disponibilidad de viento en la Isla permite contar con una fuente renovable y limpia para producir electricidad a través de la instalación de un parque eólico. Éste lo conforman actualmente cinco aerogeneradores.

Por otro lado, el obstáculo que supone la variabilidad en la disposición de viento para producir electricidad puede solventarse con el segundo gran pilar de la Central: la construcción de una infraestructura hidráulica que permite almacenar agua desalada (energía potencial) en un depósito superior situado a 700 metros sobre el nivel del mar, tras su previo bombeo. Cuando se produce escasez de viento, esa agua se desembalsará y se dejará caer hasta la Central hidroeléctrica, situada a nivel del mar, para producir electricidad a partir de las turbinas. Junto a dichas turbinas se encuentra un depósito inferior, que recoge el agua dulce caída y que se bombearía, con el excedente de energía, hasta el depósito superior para cerrar el ciclo.

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Depósito superior de la Central Hidroeólica de El Hierro

Asimismo, la central térmica existente, que hasta hoy era la principal fuente de suministro de electricidad, sólo entraría en funcionamiento en casos excepcionales o de emergencia cuando no haya agua y viento suficientes para producir la energía que demanda la población insular.

Se ha estimado que los beneficios ambientales principales de esta Central Hidroeólica son los siguientes:

-Un ahorro de consumo de diésel: 6.000 toneladas/año, esto es, unos 40.000 barriles de petróleo se dejarán de importar anualmente.

-Reducción de emisiones a la atmósfera: 18.700 tn/año de dióxido de carbono, 100 tn/año de dióxido de azufre y 400 tn/año de óxidos de nitrógeno.

-Mejora de la calidad del aire en la Isla.

Se trata de un proyecto complejo, que se ejecuta por etapas,  y que permitirá que la Isla de El Hierro avance en su objetivo de desarrollo sostenible. Esta experiencia puede convertirse en un referente de sostenibilidad para otros territorios insulares y no insulares.

Según los últimos datos publicados, apenas dos años después de su puesta en marcha, en 2016 la Central Hidroeólica permitió abastecer a casi el 42% de la demanda eléctrica de El Hierro con energías renovables.

Para más información:

Cabildo de El Hierro.

Gorona del Viento El Hierro.

Los objetivos del Acuerdo de París por el clima

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París, Francia

La Conferencia de París sobre el Clima (COP21), celebrada en diciembre de 2015, supuso el primer acuerdo vinculante a nivel mundial sobre el cambio climático. Un total de 195 países firmaron dicho Acuerdo de París.

En COP21 se manifestó expresamente que «el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta». Por ello se hace necesaria una amplia cooperación internacional con el fin de acelerar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Asimismo, para luchar contra el cambio climático, se consideran especialmente importantes los siguientes aspectos, entre otros:

-Salvaguardar la seguridad alimentaria y acabar con el hambre y la vulnerabilidad de los sistemas de producción de alimentos ante los efectos del cambio climático.

-Conservar y aumentar los sumideros y reservorios de los gases de efecto invernadero.

-Garantizar la integridad de todos los ecosistemas, incluidos los océanos, y proteger la biodiversidad, o Madre Tierra para algunas culturas.

-La educación, la formación, la sensibilización y la participación pública.

-La adopción de estilos de vida y pautas de consumo y producción sostenibles.

El Acuerdo de París establece en su artículo 2 que tiene por objeto «reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza». Y para ello:

«a) Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático;

b) Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efectos invernaderos, de un modo que no comprometa la producción de alimentos;

c) Elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero».

El Acuerdo de París entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 tras lograrse que sea ratificado por al menos 55 países que representan el 55% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Para más información:

Acuerdo de París (2015)

E. J. Mishan y los costes del desarrollo

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Shanghai, China

El economista británico Edward J. Mishan (1917-2014) afirmaba en 1969, con su obra «Growth: the price we pay», que existen serias dudas de que haya una relación positiva clara entre bienestar social y desarrollo económico. Para este autor, que no se identificaba con la escuela de pensamiento económico convencional, los economistas, por lo general, no se preguntan en voz alta si el desarrollo material en Occidente está aumentando globalmente la felicidad de la humanidad.

El «desbocado» mundo moderno en que vivimos ha evolucionado, con su rápido e implacable progreso técnico, generando unos costes sociales que se vuelven excesivos en muchos ámbitos.

Mientras, los ciudadanos nos encontramos continuamente distraídos por «las maravillas de la técnica», de modo que no tenemos «ninguna noción de la amplitud y gravedad de la situación».

Para Mishan el crecimiento económico tiene unos costes sociales -que llamó efectos de rebosamiento– que «se distinguen por cuanto, injustificadamente, no son introducidos en el cálculo desde un comienzo». Entre dichos costes destaca los siguientes:

-La congestión del tráfico en nuestras ciudades.

-La limitada soberanía del consumidor.

-Las pérdidas de tiempo y la ansiedad que genera en el consumidor la creciente producción de mercancías.

-El «cosmopolitismo uniforme».

-La destrucción de la variedad que provoca el progreso tecnológico.

-Los daños al medio ambiente.

En concreto, respecto a los costes medioambientales que conlleva el crecimiento económico, este autor resalta los siguientes:

«(…) la erosión del campo; el afeamiento de nuestras ciudades costeras; la polución de la atmósfera y de los ríos mediante los desperdicios químicos; la acumulación de petróleo en las aguas de nuestras costas; el envenenamiento de nuestras playas por las aguas residuales; la destrucción de la vida silvestre por el uso indiscriminado de los insecticidas; el cambio del sistema de cría de los animales en el campo, al sistema de granjas industriales; y, lo que resulta evidente para todo quien tenga ojos para ver, la irreflexiva destrucción de una rica herencia de bellezas naturales, una herencia que no podrá restaurarse en vida de nuestra generación».

Para Mishan, pues, las principales fuentes del bienestar social no han de buscarse en el crecimiento económico per se, sino en una forma más selectiva de desarrollo. A modo de ejemplo, expone las siguientes sentencias:

«Resulta perfectamente posible arreglar las cosas de forma que se produzcan muchos menos bienes superfluos y, en cambio, se pueda disfrutar de un mayor tiempo libre».

«Podemos reducir la publicidad en los periódicos y, a cambio, conservar nuestros bosques».

«Podemos decidir reducir la lucha por la competencia y optar por una vida más fácil y reposada».

«Devolver la tranquilidad y dignidad a nuestras ciudades y hacer posible que la gente pueda vagar sin verse molestada por el tráfico y pueda gozar de nuevo del encanto de los pueblos y ciudades históricos».

«(…) Preservar para la posteridad aquellos recursos naturales limitados que, en ausencia de una legislación prohibitiva o en ausencia de controles, seguirían siendo deteriorados y malgastados».

Para leer más:

E. J. Mishan (1969): Growth: the price we pay. (En español: E. J. Mishan: Los costes del desarrollo económico. Oikos-tau, Barcelona, 1989, 2ª edición).

Los compromisos medioambientales de la Nueva Agenda Urbana (Hábitat III)

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Ciudad de Quito, Ecuador

En octubre de 2016 se celebró en Quito (Ecuador) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III). Tras las Conferencias de Vancouver en 1976 (Hábitat I) y Estambul en 1996 (Hábitat II), en Quito (2016) la comunidad internacional proyecta una Nueva Agenda Urbana de alcance mundial para los próximos años.  Con ella se pretende revitalizar el compromiso en favor de la vivienda y el desarrollo urbano sostenible.

En materia medioambiental, la Nueva Agenda Urbana establece como guía el siguiente principio:

«Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, promoviendo el uso de la energía no contaminante y el uso sostenible de la tierra y los recursos en el desarrollo urbano; protegiendo los ecosistemas y la diversidad biológica, entre otras cosas alentando la adopción de estilos de vida saludables en armonía con la naturaleza; alentando modalidades de consumo y producción sostenibles; fortaleciendo la resiliencia urbana; reduciendo los riesgos de desastre; y mitigando el cambio climático y poniendo en práctica medidas de adaptación a este».

Entre los compromisos medioambientales recogidos en la Nueva Agenda Urbana destacamos los siguientes:

  • Facilitar la ordenación sostenible de los recursos naturales en las ciudades y los asentamientos humanos.
  • Adoptar un enfoque sobre ciudades inteligentes en el que se aprovechen energías y tecnologías no contaminantes.
  • Incrementar la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático y los desastres (inundaciones, sequías…).
  • Mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, la salud física y mental y la calidad del aire en los hogares y el ambiente.
  • Reducir el ruido y promover ciudades y paisajes urbanos que sean atractivos y habitables.
  • Priorizar la conservación de especies endémicas.
  • Prestar especial atención a las zonas urbanas donde existen deltas fluviales, costas y otras áreas especialmente vulnerables desde el punto de vista ambiental.
  • Preservar y promover la función social y ecológica de las tierras, incluidas las zonas costeras que dan apoyo a las ciudades.
  • Fomentar soluciones que garanticen pautas de consumo y producción sostenibles.
  • Mantener unas densidades y una compacidad urbanas adecuadas para prevenir y contener el crecimiento incontrolado.
  • Promover el uso sostenible de la tierra y prevenir la pérdida de tierras productivas y ecosistemas frágiles e importantes.
  • Apoyar la prestación local de bienes y servicios básicos y aprovechar la proximidad de los recursos (energía, agua, alimentos y materiales).
  • Favorecer la gestión sostenible de los recursos (tierra, agua dulce, océanos, energía, materiales, bosques, alimentos).
  • Fomentar la reducción al mínimo de los residuos y contaminantes y luchar por lograr una transición hacia una economía circular.
  • Aplicar procesos de planificación urbana y territorial y prácticas de gestión y planificación integradas de los recursos hídricos, teniendo en cuenta la continuidad entre las zonas urbanas y las rurales.
  • Promover la conservación y la utilización sostenible del agua.
  • Favorecer la gestión racional de los desechos, mediante su reducción, reutilización y reciclaje, así como la reducción de la contaminación marina.
  • Alentar modos de construcción sostenibles, edificios eficaces desde el punto de vista energético y fuentes de energía renovables.
  • Fortalecer la resiliencia de las ciudades y los asentamientos humanos, mediante la adopción y aplicación de políticas y planes integrados, con un enfoque holístico.
  • Promover el desarrollo de infraestructuras resilientes y eficientes en el uso de los recursos.
  • Reducir los riesgos y los efectos de los desastres, mediante la rehabilitación y la mejora de los barrios marginales y asentamientos informales.
  • Promover la acción por el clima, incluida la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos.

La Nueva Agenda Urbana tendrá un seguimiento y examen periódicos. Para ello se realizará un informe cada cuatro años en el que se recoja un análisis cualitativo y cuantitativo de los progresos alcanzados así como de las dificultades encontradas durante su ejecución. Asimismo, dicho proceso de seguimiento y evaluación deberá tener vínculos efectivos con el de la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible, a fin de asegurar la coordinación y coherencia  en su aplicación.

Para leer más: Hábitat III