El desarrollo sostenible en la Declaración de Río 1992

27. S. Juan y  S. Pedro Atitlán. S. Pedro La Laguna. Guatemala

Hace 25 años, en el año 1992, se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Esta Conferencia marcó un punto de inflexión en el camino hacia el desarrollo sostenible. Fue la Cumbre sobre medio ambiente que reunió a un mayor número de Estados para debatir sobre los principales retos medioambientales del planeta. A partir de Río 92 el concepto de desarrollo sostenible adquiere una proyección internacional hasta entonces desconocida.

Uno de sus principales frutos de la Conferencia fue la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Declaración de Río), un documento de referencia clave para establecer las bases operacionales del concepto de desarrollo sostenible. De su Preámbulo y 27 principios que lo componen pueden extraerse las siguientes ideas fundamentales:

La Tierra (Preámbulo).

Se reconoce “la naturaleza integral e interdependiente de la Tierra, nuestro hogar”.

Los seres humanos (Principio 1):

“Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza”.

Equidad intergeneracional (Principio 3):

“El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras”.

Protección medioambiental (Principio 4):

“A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo”.

Sostenibilidad (Principio 8).

“Para alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir y eliminar los sistemas de producción y consumo insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas”.

Criterio de precaución (Principio 15).

“Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberían aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”

Criterio de quien contamina, paga (Principio 16).

“Las autoridades nacionales deberían procurar fomentar la internacionalización de los costos ambientales y el uso de instrumentos económicos, teniendo en cuenta el criterio de que el que contamina debería, en principio, cargar con los costos de la contaminación, teniendo debidamente en cuenta el interés público sin distorsionar el comercio ni las inversiones internacionales”.

Junto con la Declaración de Río se aprobaron en la misma Conferencia otros tres documentos de especial interés: el Programa 21 (Agenda 21) y los Convenios sobre el Cambio Climático y sobre la Diversidad Biológica.

Para más información:

ONU: Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992.

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Dennis L. Meadows y los límites del crecimiento

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En 1972 se publica un importante informe dirigido por Dennis L. Meadows, Los límites del crecimiento, que alertaba sobre el advenimiento del colapso medioambiental.

La tesis central de esta obra -referente clave para avanzar hacia el desarrollo sostenible- es que la población y la producción mundiales no pueden seguir creciendo indefinidamente.

El problema principal que se analiza es la capacidad del planeta para hacer frente en el siglo XXI a las necesidades y modos de vida de una población mundial siempre creciente, que utiliza a tasas aceleradas los recursos naturales disponibles, causa daños irreparables al medio ambiente y pone en peligro el equilibrio ecológico global.  Todo ello fruto del empeño de perseguir la meta del crecimiento económico, que suele identificarse con la de bienestar.

Algunas de las ideas más relevantes recogidas en este informe de Meadows, que 45 años después aún cobran vigencia, son las siguientes:

“La ignorancia que prevalece en torno a los límites de la capacidad del planeta para absorber contaminantes debería ser una razón suficiente para tomar precauciones en cuanto a la descarga de las sustancias contaminantes. El peligro que se corre de alcanzar esos límites es especialmente grande porque entre la liberación de un contaminante en el medio ambiente y la aparición de su efecto negativo en el sistema ecológico suele haber un prolongado rezago”.

“No sabemos con precisión cuál es el límite superior de la capacidad del planeta para absorber un tipo determinado de contaminación, mucho menos la combinación de todos los tipos de contaminación que existen. No obstante, sabemos que existe un límite superior que en muchos medios locales ya ha sido rebasado”.

“Tan pronto como una sociedad reconoce que no puede maximizar todo para todos debe elegir. ¿Debería haber más gente o más riqueza, más naturaleza o más automóviles, más alimentos para los pobres o más servicios para los ricos? La esencia del proceso político reside en establecer las respuestas de la sociedad a preguntas como éstas; y aun así, muy pocos se percatan de que estas elecciones se hacen a diario, y menos aún se preguntan cuáles serían sus propias preferencias. La sociedad en estado de equilibrio tendrá que sopesar los sacrificios engendrados por un mundo  finito, no sólo considerando los valores humanos actuales, sino también las futuras generaciones”.

“Cada día que transcurre de crecimiento exponencial sostenido va acercando el sistema mundial a sus límites últimos de crecimiento. La decisión de no hacer nada aumenta el riesgo del colapso. No podemos decir con certeza cuánto tiempo puede la Humanidad aplazar el inicio de controles deliberados de su crecimiento, antes de que pierda la oportunidad de controlarlo. Sospechamos, con base en nuestro conocimiento actual acerca de las sustituciones físicas del planeta, que la fase de crecimiento ya no puede continuar cien años más. De nuevo, en virtud de rezagos en el sistema, si la sociedad global espera a que esos obstáculos se manifiesten claramente, habrá esperado demasiado.

“Si hay razones para preocuparse también las hay para abrigar esperanzas. Limitar deliberadamente el crecimiento sería difícil pero no imposible. La manera de proceder es bien clara y los pasos que exige, aunque son nuevos para la sociedad, se hallan al alcance de la capacidad humana. El hombre posee, por un breve momento en su historia, la más poderosa combinación de conocimientos, herramientas y recursos que el mundo haya conocido. Tiene todo lo que es físicamente  necesario para crear una forma totalmente nueva de sociedad humana -construida para durar muchas generaciones. Los dos ingredientes que le faltan son: un objetivo realista a largo plazo que pueda guiar a la Humanidad hacia la sociedad de equilibrio, y la voluntad para lograr ese objetivo. Sin este último y sin comprometerse a su consecución, los intereses de corto plazo generarán el crecimiento exponencial que inducirá al sistema mundial hacia los límites del planeta y hacia el colapso final. Con ese objetivo y con ese compromiso, la Humanidad podría ahora iniciar una transición controlada y ordenada del crecimiento hacia el equilibrio global”.

En suma se conviene que es necesario alterar esas tendencias de crecimiento de la producción material y población mundiales y trabajar por la transición hacia un estado de equilibrio ecológico y económico global.

Las principales conclusiones de este informe se resumen en las tres siguientes:

1. “Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolado descenso tanto de la población como de la capacidad industrial”.

2. “Es posible alterar estas tendencias de crecimiento y establecer una condición de estabilidad ecológica y económica que pueda mantenerse durante largo tiempo. El estado de equilibrio global puede diseñarse de manera que cada ser humano pueda satisfacer sus necesidades materiales básicas y gozar de igualdad de oportunidades para desarrollar su potencial particular”.

3. “Si los seres humanos deciden empeñar sus esfuerzos en el logro del segundo resultado en vez del primero, cuanto más pronto empiecen a trabajar en ese sentido, mayores serán las probabilidades de éxito”.

Para leer más:

Dennis L. Meadows et al. (1972): Los límites del crecimiento.

Economía y naturaleza: la nave espacial Tierra de K. E. Boulding

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Ha transcurrido más de medio siglo desde que el economista británico Kenneth Ewart Boulding (1910-1993) publicara sus primeros escritos en los que interrelacionaba economía y naturaleza.  En especial, su aportación más conocida, publicada en 1966, en la que comparó la economía de nuestro planeta con un sistema cerrado, que denominó de forma muy ilustrativa “nave espacial Tierra”, marcó un sólido antecedente teórico de lo que hoy entendemos por desarrollo sostenible.

En su célebre artículo de  1966, “The Economics of the Coming Spaceship Earth”, Kenneth E. Boulding antepone dos concepciones de la economía. La primera, que debiera pertenecer al pasado, concibe a la Tierra como un sistema abierto, derrochador y explotador, al que denomina “economía del cowboy:

“En la economía del cowboy el consumo se considera algo positivo y la producción también; el éxito de la economía se mide por el rendimiento de los factores de producción, una parte de los cuales es extraída en diferentes proporciones de las reservas de materias primas y objetos no económicos, mientras otra parte son residuos que se añaden a los sumideros”.

Bajo esta concepción de la economía se descuidan “con asombrosa falta de visión” problemas graves, en tanto que se sigue pensando y actuando “como si la producción, el consumo, los flujos de recursos-residuos, y el PNB fueran la medida adecuada y suficiente del éxito económico”.

Frente a esta economía del cowboy, Boulding propone la economía cerrada del futuro, a la que denomina “economía del astronauta“:

“la Tierra se ha convertido en una única nave espacial, sin reservas ilimitadas de nada, debido a su extracción y a la contaminación, y en la que, por tanto, el hombre debe hallar su lugar en un sistema ecológico cíclico que sea capaz de una reproducción continua de formas materiales, aún cuando no pueda evitar la utilización de inputs de energía”.

En esta nueva concepción de la economía el objetivo no es aumentar el rendimiento:

“La medida fundamental del éxito de una economía no es en absoluto el consumo y la producción, sino la naturaleza, cantidad, calidad y complejidad del stock total de capital, incluyendo en dicho stock el estado de los cuerpos y las mentes humanas que componen el sistema. En la economía del astronauta, lo que nos preocupa primordialmente es la conservación de ese stock, y cualquier cambio tecnológico que consiga la conservación de un stock total dado con un nivel de actividad menor (esto es, con menos producción y menos consumo) es claramente un adelanto”.

Con la “economía del astronauta”, lo esencial, por tanto, es conservar, hacer perdurable las bases sobre las que se sustenta la sociedad, entre las que se encuentra el patrimonio natural. Lo importante no es consumir, gastar, ese patrimonio natural, sino conservarlo, hacerlo perdurable, mantener su valor. Es necesario, pues, priorizar el stock frente al flujo, el patrimonio frente al gasto.

De ahí que Boulding nos pregunte: “¿Qué es, por ejemplo, lo importante: comer o estar bien alimentado?”. A lo que el economista británico responde: “Me inclino a considerar como más importante el concepto de stock, es decir, a pensar que estar bien alimentado es más importante que comer”.

Fue un economista, asimismo, preocupado por el medio ambiente y la equidad intergeneracional:

“Puede objetarse, desde luego, que porqué preocuparnos de todo esto cuando la economía del astronauta queda todavía lejana (por lo menos, más allá de la esperanza de vida de cualquiera de nosotros), así que comamos, bebamos, gastemos, explotemos y contaminemos, y seamos felices como podamos, y que la posteridad se ocupe de la nave espacial Tierra”.

Para Boulding la preocupación por el porvenir de la humanidad es una cuestión incluso de identidad individual:

“La única respuesta a esto, en mi opinión, consiste en señalar que el bienestar del individuo depende de la medida en que pueda identificarse a sí mismo con los demás, y que la identidad individual más satisfactoria es la que hace al individuo sentirse parte de una comunidad no sólo espacial, sino también temporal, que se extiende desde el pasado hasta el futuro”.

Y, sin embargo, los hechos muestran que en muchos aspectos ese futuro ya está aquí. Somos testigos ya de problemas de agotamiento de recursos naturales y de generación de residuos y contaminación de la atmósfera:

“En realidad, la sombra de la futura nave espacial ya está proyectándose sobre nuestros espléndidos derroches. Aunque parezca extraño, el problema se presenta de modo más preocupante por el lado de la contaminación que por el agotamiento de los recursos. Los Ángeles se ha quedado sin aire, el lago Erie se ha convertido en una letrina, los océanos se están llenando de plomo y DDT, y la atmósfera puede convertirse en el mayor problema para el hombre en la próxima generación, dada la tasa a la que la estamos contaminando (…); y no se puede contemplar con indiferencia el ritmo actual de contaminación de todos los sumideros naturales, ya sean a la atmósfera, los lagos, o incluso los océanos”.

También es valiosa su clarividencia sobre el problema energético al que se enfrenta la sociedad:

“Los inmensos inputs de energía que hemos obtenido de los combustibles fósiles son estrictamente temporales. Hasta las previsiones más optimistas creen que la disponibilidad de combustibles fósiles fácilmente asequibles se agotará en cuestión de pocos siglos con las actuales tasas de consumo. Si el resto del mundo alcanzara los niveles americanos de consumo de energía, y sobre todo, si la población mundial continúa aumentando, el agotamiento de los combustibles fósiles será aún más rápido”.

De igual forma, vio con claridad el gran potencial que presentan las energías renovables:

“Hasta ahora, ciertamente, no hemos adelantado mucho en la tecnología para usar  la energía solar actual, pero hay grandes probabilidades de avances futuros”.

En definitiva, Kenneth E. Boulding concibió ya en 1966 la economía del planeta como un sistema cerrado. En su opinión la concepción de la economía abierta con recursos naturales ilimitados y abundantes -la denominada economía del cow-boy– ha de pertenecer al pasado. La realidad del sistema social mundial ha cambiado. La economía moderna posee unos recursos limitados, que hay que conservar, y unos espacios para la contaminación y los residuos, que son finitos.

Para leer más:

Kenneth E. Boulding (1966): “The Economics of the Coming Spaceship Earth”.

En español: La economía de la futura nave espacial Tierra.

La situación de los países ante los objetivos de desarrollo sostenible

En 2016 entró en vigor la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En ella se establecen los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), relativos a sus tres dimensiones (económica, social y medioambiental), que han de alcanzar los países del planeta en los próximos 15 años.

Para evaluar los progresos que realicen los países de aquí al año 2030 respecto al cumplimiento de los 17 ODS, es pertinente conocer el punto de partida en el que se encuentran. Esta labor queda recogida en el Informe de Índice y Paneles de los ODS, publicado en julio de 2016, que se ocupa de medir la situación en 2015 respecto a los ODS de los 149 países (el 77% de los 193 Estados miembros de la ONU) para los que se ha contado con datos suficientes.

La primera herramienta analítica empleada en el citado Informe es el Índice de los ODS. Se trata de un índice compuesto que se elabora a partir de uno o varios indicadores para cada uno de los 17 ODS. Pretende, por tanto, evaluar de forma sintética los diversos aspectos del desarrollo sostenible, tales como pobreza, seguridad alimentaria, salud, educación, igualdad de género, abastecimiento de agua y saneamiento, energía, inclusión social, acceso a infraestructuras básicas, consumo y producción sostenibles, cambio climático, océanos, ecosistemas terrestres, paz y seguridad.

Para cada país se obtiene una puntuación ajustada del Índice, que toma un valor comprendido entre 0 (el caso peor) y 100 y (el caso mejor). Ello permite conocer la distancia a la que se encuentra el país de conseguir el mejor resultado posible respecto al cumplimiento de los ODS previstos para 2030.

Del análisis de los principales resultados preliminares obtenidos para el Índice general de los ODS recogidos en el citado Informe, se concluye que son tres países escandinavos (Suecia, Dinamarca y Noruega) los que presentan una mejor situación para conseguir los valores óptimos de cumplimiento de los 17 ODS. Así, Suecia con una puntuación máxima de 84,5 se encuentra al 84,5% de conseguir el mejor resultado posible teniendo en cuenta los 17 ODS.

Se observa, asimismo, que son los países más ricos los que tienden a situarse en la parte más alta de la clasificación. Entre los países que más se acercan al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible predominan los países europeos, a los que se suman otros como Canadá, Japón, Singapur, Australia, Nueva Zelanda y EE.UU.

Grupo de los 50 países que más cumplen los ODSindice-50-paises_mejor

Por su parte, los países que más se alejan del cumplimiento de los ODS se corresponden con los más pobres del planeta, localizados principalmente en África y Asia. Es la República Centroafricana (26,1) el país que se encuentra a mayor distancia de obtener el valor óptimo de cumplimiento de los ODS, al que siguen Liberia y República Democrática del Congo.

Grupo de los 50 países que menos cumplen los ODSindice-50-paises_peor

Finalmente, dentro del grupo intermedio, que lo conforman 49 países, las puntuaciones sobre el cumplimiento de los ODS oscilan entre el 65,1 de Túnez y 53,8 de Sudáfrica. En este grupo se encuentran, además, países como Brasil (con la posición 54 sobre el total de 149), México (56), Marruecos (64), Ecuador (71), China (76), Arabia Saudí (85) e Indonesia (98), entre otros.

Como herramienta complementaria al Índice, los Paneles de los ODS representan los datos disponibles sobre el grado de cumplimiento de los 17 ODS empleando un esquema de códigos de color, de modo que los objetivos se resaltan en verde, amarillo o rojo. Un objetivo con color verde significa que el país está en buen camino para cumplirlo antes de 2030. Con el color amarillo se advierte de que para ese objetivo el país tiene desafíos significativos. Finalmente, el objetivo en rojo indica que el país tiene que superar los retos más graves.

Los resultados obtenidos nos dan luz sobre la agenda de acciones que tiene que implementar cada país. Así, por ejemplo, Suecia, que obtiene la puntuación máxima del Índice general (84,5), debe afrontar aún retos importantes en materia de cambio climático y conservación de ecosistemas terrestres.

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En el caso de España (con la posición nº 30) los mayores retos (objetivos “en rojo”) abarcan 9 de los 17 ODS.

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A modo de resumen, para el grupo de países de la OCDE, en promedio, obtienen una clasificación “en rojo” en más de un tercio de los objetivos. Los mayores retos se presentan en cambio climático, en conservación de los ecosistemas terrestres y marinos y en consumo y producción sostenibles.

Para leer más:

Índice y Paneles de los ODS, julio de 2016

La situación medioambiental del mundo hoy ante la Agenda 2030

El pasado 1 de enero de 2016 entró en vigor la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas. Se trata de un ambicioso plan de acción que persigue 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y 169 metas conexas que tienen como horizonte el año 2030.

Para avanzar por el camino del desarrollo sostenible se pretende integrar y conjugar las tres dimensiones que lo conforman: económica, social y medioambiental.

P. N. Oulanka, FInlandia

Sin duda para conocer el grado de cumplimiento de los objetivos marcados en la Agenda 2030 es esencial, en primer lugar, conocer cómo nos encontramos en la situación de partida, cómo está el planeta hoy desde el punto de vista económico, social y medioambiental. Es por ello que en julio de 2016 se publicó un primer informe de seguimiento de la Agenda 2030: el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2016.

A continuación exponemos las principales conclusiones recogidas en dicho Informe acerca de la situación actual del mundo respecto al medio ambiente y ante los siete ODS de carácter ambiental contenidos en la Agenda 2030.

Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad y la gestión del agua y el saneamiento para todos.

-El estrés por escasez de agua afecta a más de 2.000 millones de personas en el mundo.

-Se estima que 663 millones de personas todavía no cuentan con mejoras en el suministro de agua potable o usan aguas superficiales en 2015. Al menos 1.800 millones de personas estaban expuestas en 2012 a agua potable contaminada con materia fecal.

-Unas 2.4oo millones de personas no disponen de instalaciones de saneamiento adecuadas en 2015, de las cuales 946 millones no tienen instalación de saneamiento alguna, lo que constituye un riesgo para la salud pública y el medio ambiente.

Objetivo 7: Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos.

-Unas 1.100 millones de personas continúan sin acceso a energía eléctrica, incluyendo el 65% de la población de África subsahariana y el 70% en Oceanía, en 2012.

-Se estima que 3.000 millones de personas dependen de combustibles y tecnologías contaminantes para cocinar en 2014, el 40% de la población mundial.

-Las fuentes de energías renovables (que excluyen biocombustibles sólidos) aumentaron a una tasa del 4% anual entre 2010 y 2012. En 2014 el 60% de las nuevas capacidades de generación de energía fueron de fuentes renovables modernas.

-La intensidad energética (suministro energético primario total sobre el PIB) mejoró en un 1,3% por año entre 2000 y 2012. Aún así el progreso continúa solamente a dos tercios del ritmo requerido para duplicar la tasa mundial de aumento de eficiencia energética para el año 2030.

Objetivo 11: Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

-El crecimiento urbano descontrolado se puede encontrar en muchas regiones: Asia oriental y Oceanía tuvieron la mayor proporción entre consumo de tierra y crecimiento de población en el mundo entre los años 2000 y 2015.

-Se estima que la contaminación ambiental del aire (en exteriores) tanto en ciudades como en zonas rurales fue la causa de 3,7 millones de muertes prematuras en 2012.

-En 2014 alrededor de la mitad de la población urbana mundial estaba expuesta a niveles de contaminación del aire al menos 2,5 veces mayores a las normas establecidas por la OMS.

Objetivo 12: Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.

-La huella material por unidad del PIB (cantidad de materia prima utilizada) ha disminuido entre 2000 y 2010 en las regiones desarrolladas como resultado de una mayor eficiencia en los procesos industriales, al pasar de 25,9 kg por unidad de producto a 23,6 kg en dicho periodo.

-La huella material en las regiones desarrolladas (23,6 kg por unidad de PIB) se situó en 2010 muy por encima de los 14,5 kg por unidad de producto de las regiones en desarrollo.

-La huella material en las regiones en desarrollo ha aumentado de los 11,8 kg por unidad de PIB a los 14,5 kg entre 2000 y 2010. Los minerales no metálicos mostraron el mayor aumento (de 5,3 a 6,9 kg por unidad de PIB).

-El consumo nacional de materiales per cápita en las regiones desarrolladas (15,3 tn per cápita fue un 72% más alto que en las regiones en desarrollo (8,9 tn) en 2010.

Objetivo 13: Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

-En abril de 2016, 175 Estados miembros firmaron el Acuerdo de París que prepara el terreno para una ambiciosa acción mundial por el clima para asegurar que la temperatura del planeta no aumente más de 2ºC.

-Muchos de los desastres naturales se ven exacerbados por el cambio climático y están aumentando en frecuencia e intensidad. En promedio 83.000 personas murieron y 211 millones se vieron afectadas cada año como resultado de desastres naturales ocurridos entre los años 200o y 2013.

-En 2015 solo 83 países informaron contar con disposiciones legislativas y/o normativas establecidas para gestionar el riesgo de desastres.

Objetivo 14: Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.

-El 37% de la población mundial habitaba en comunidades costeras en 2010.

-La proporción de poblaciones marinas de peces a nivel mundial dentro de niveles biológicamente sostenibles disminuyó del 90% en 1974 al 69% en 2013 y parece haberse estabilizado en los últimos años.

-En 2014 el 8,4% del ambiente marino bajo jurisdicción nacional (hasta 200 millas náuticas desde la costa) estaba bajo protección.

-Entre 2000 y 2016 la proporción de áreas clave de biodiversidad marina que estaban completamente cubiertas por zonas protegidas aumentó de 15% a 19%.

-Los cinco grandes ecosistemas marinos en mayor riesgo de eutrofización costera (exceso de nutrientes en el agua, que provoca por falta de oxígeno la muerte animal) son la Bahía de Bengala, el Mar de China oriental, el Golfo de México, la plataforma del norte de Brasil y el Mar de China meridional. Estas áreas proporcionaban en 2010 servicios derivados de los ecosistemas para una población costera de 781 millones de personas.

Objetivo 15: Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

-Continúa la pérdida neta de superficie forestal. Se contabilizó en 3,3 millones de hectáreas anuales durante el periodo 2010-2015, cifra inferior a la pérdida neta producida en la década de 1990 (7,3 millones de hectáreas).

-En el periodo 2000-2016 ha aumentado el porcentaje de áreas que están cubiertas completamente por zonas protegidas: las áreas clave de biodiversidad terrestres (de 16,5% a 19,3%), interiores de agua dulce (de 13,8% a 16,6%) y de montañas (de 18,1% a 20,1%).

-En 2015 más de 23.000 especies de plantas, hongos y animales enfrentaban una alta probabilidad de extinción. Las actividades humanas están causando la extinción de especies a tasas tres veces más altas que las normales en toda la historia de la Tierra.

-Desde 1999 se han denunciado al menos 7.000 especies de animales y plantas por tráfico ilegal, lo que afecta a 120 países.

Fuente: ONU: Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2016