El cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (2018)

8. GYEONGJU_MT. NAMSAN

En 2015 la ONU puso en marcha un ambicioso proyecto: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Se trata de un plan de acción de alcance mundial, que se estructura en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que han de alcanzarse durante los próximos quince años.

Para evaluar los progresos en la consecución de los 17 ODS, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) y Bertelsmann Stiftung han publicado un extenso informe que recoge los resultados obtenidos por los 156 países del planeta para los que se ha contado con datos para la elaboración del índice ODS.

El índice ODS es un indicador global de desarrollo sostenible que toma un valor que oscila entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando el país se sitúa en la mejor posición respeto al cumplimiento de los 17 ODS.

En su edición de 2018 el informe del índice ODS aporta conclusiones generales que resultan relevantes:

  1. Ningún país está en la senda de alcanzar todos los objetivos de desarrollo sostenible en 2030.
  2. Los países de renta alta, que lideran el ranking del índice ODS, se encuentran rezagados en el cumplimiento de objetivos medioambientales como los de producción y consumo sostenibles (ODS 12), acción contra el cambio climático (ODS 13) y conservación de la biodiversidad marina (ODS 14).
  3. Los países de renta baja, que ocupan los puestos bajos del ranking del índice ODS, aunque han realizado avances significativos, aún presentan altas tasas de pobreza y grandes carencias de dotación de infraestructuras y servicios básicos (ODS 1-8).

En 2018 los países que presentan un mayor valor del índice de los ODS son Suecia (85,0), Dinamarca (84,6) y Finlandia (83,0). Les siguen otros países también de alta renta per cápita y del continente europeo: Alemania (82,3), Francia (81,2), Noruega (81,2), Suiza (80,1), Eslovenia (80,0), Austria (80,0) e Islandia (79,7)

25 países mayor ODS

En el otro extremo, cierran el ranking del índice ODS tres países del continente africano: República Centroafricana (37,7), Chad (42,8) y la República Democrática del Congo (43,4). Les siguen otros países también de baja renta per cápita, como son Madagascar (45,6), Yemen (45,7), Afganistán (46,2), Nigeria (47,5), Liberia (48,3), Níger (48,5) y Benín (49,0).

25 países menor ODS

Finalmente, en el amplio grupo de más de 100 países, comprendido entre los 25 con mayor índice ODS y los 25 con menor, cabe mencionar, dado su peso económico y/o demográfico, a Estados Unidos (en la posición 35), China (54), Federación Rusa (63) e India (112).

Para más información:

2018 SDG Index and Dashboards

Una cita con el jardín y la naturaleza de Hermann Hesse

6. Lyon

Al escritor Hermann Hesse (1877-1962), merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946, le debemos una extensa obra, traducida a múltiples idiomas. En esta ocasión nos detenemos en un fragmento de uno de los artículos que escribió en 1908 donde expresa su experiencia personal sobre la vida en el jardín.

«En la jardinería late algo de placer y orgullo creador; uno puede configurar un trocito de tierra a su gusto y antojo, puede producir para el verano sus frutos preferidos, sus colores preferidos, sus aromas preferidos. Se puede convertir un pequeño bancal, unos metros cuadros de suelo desnudo, en sinfonía de colores, en delicia visual y en minúsculo paraíso. Pero todo esto tiene sus estrictos límites. En fin de cuentas sólo podemos querer, con todos nuestros caprichos y nuestra fantasía, lo que la naturaleza quiere, y no hay más remedio que dejarla hacer. Y la naturaleza es inexorable. Se la puede camelar un poco, se la puede engañar en apariencia, pero luego reclama con tanto mayor rigor sus derechos».

Para leer más:

Hermann Hesse: «En el jardín». Artículo publicado en 1908 y compilado en el libro Pequeñas alegrías (2010).

Cuando don Quijote y Sancho vieron el mar

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Tras las muchas aventuras vividas por las extensas tierras de la Mancha, don Quijote y Sancho, los célebres personajes de Miguel de Cervantes (1547-1616), alcanzaron la playa de Barcelona la víspera de San Juan. Allí vieron por primera vez el mar.

«…y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones del oriente la faz de la blanca aurora, alegrando las yerbas y las flores, en lugar de alegrar el oído: aunque al mismo instante alegraron también el oído el son de muchas chirimías y atabales, ruido de cascabeles, ‘¡trapa, aparta, aparta!’ de corredores que, al parecer, de la ciudad salían. Dio lugar la aurora al sol, que, con rostro mayor que el de una rodela, por el más bajo horizonte poco a poco se iba levantando.

Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces de ellos no visto, parecioles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flámulas y gallardetes que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos».

Para leer más:

Miguel de Cervantes (1615): Segunda parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, capítulo LXI.

¿Qué mide el Índice del Planeta Feliz?

10. R. B. Sta. Elena

El Índice del Planeta Feliz (IPF), elaborado por New Economics Foundation, persigue evaluar el nivel de bienestar sostenible global que presentan los países. Se postula como una medida alternativa al crecimiento del Producto Interior Bruto, ya que este objetivo, tan presente en la agenda de la mayoría de los gobiernos, adolece de serias carencias: no garantiza una vida mejor para todos; no refleja las desigualdades materiales; no valora correctamente aspectos importantes para las personas como son las relaciones sociales, la salud o el tiempo de ocio y, finalmente, ignora los límites físicos del planeta Tierra.

El IPF, como indicador del bienestar sostenible global de los países, se construye a partir de la combinación de cuatro elementos básicos que permiten conocer en qué medida los ciudadanos están usando de forma eficiente los recursos medioambientales para llevar una vida feliz y duradera. Son los siguientes:

Bienestar. El grado de satisfacción que sienten los ciudadanos con su vida.

Esperanza de vida. El número medio esperado de años de vida por habitante.

Desigualdad. Las desigualdades entre la gente de un país en términos de esperanza de vida y grado de bienestar.

Huella ecológica. El impacto medio que cada ciudadano produce sobre el medio ambiente.

Tenderán a tener los IPF más altos aquellos países en los que sus ciudadanos declaran tener un mayor grado de bienestar, en los que la esperanza de vida es mayor, en los que existen menos desigualdades y donde la huella ecológica por habitante es inferior.

Los resultados correspondientes al informe del año 2016, relativos a un total de 140 países del mundo para los se obtuvieron datos, reflejan una significativa diferencia entre el IPF más alto (44,7) y el más bajo (12,8).

En la primera posición se sitúa Costa Rica, que presenta un valor del IPF de 44,7. Con un nivel de bienestar y una esperanza de vida relativamente altos, que superan incluso a los de algunas naciones «ricas», y una huella ecológica per cápita menor, Costa Rica ha conseguido mantener su destacada posición a lo largo del tiempo.

A continuación se encuentran como países con mayor Índice del Planeta Feliz los siguientes: México (40,7), Colombia (40,7), Vanuatu (40,6), Vietnam (40,3), Panamá (39,5), Nicaragua (38,7), Bangladesh (38,4), Tailandia (37,3) y Ecuador (37,0).

IPF_25 más.

En el otro extremo se encuentran como países con los menores valores del IPF los siguientes: Chad (12,8), Luxemburgo (13,2), Togo (13,2), Benín (13,4), Mongolia (14,3), Costa de Marfil (14,4), Turkmenistán (14,6), Sierra Leona (15,3), Suazilandia (15,5) y Burundi (15,6).

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Finalmente, es de destacar que países desarrollados como Reino Unido (puesto 34), Finlandia (37), Nueva Zelanda (38), Francia (44), Japón (58), Suecia (61) y Estados Unidos (108) se encuentren alejados de las primeras posiciones del Índice del Planeta Feliz. En todos ellos los valores relativos al componente de huella ecológica per cápita resultaron ser significativamente altos  (entre 4,9 y 8,2).

Para más información:

happyplanetindex.org

Happy Planet Index 2016. Methods Paper

Un cita con la luna de José Saramago

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En las noches oscuras de nuestro planeta, la luna, su satélite natural, logra iluminar los rincones de la naturaleza, y ser un motivo de creación para escritores como José Saramago:

«Me desperté cuando me llamó mi tío, con la noche aún encima. Me senté en el comedero y miré la puerta, con los ojos entornados por el sueño y por una luz inesperada. Salté al suelo y salí al corral, envolviendo de una claridad lechosa la noche y el paisaje. Donde daba la luna, todo era blanco y refulgente, todo lo demás quedaba envuelto en una espesa oscuridad. Y yo, que sólo tenía doce años, como ya queda dicho, adiviné que jamás volvería a ver una luna así. Por eso hoy me conmueve poco la luz de la luna: llevo una dentro de mí insuperable».

Para leer más:

José Saramago: Las maletas del viajero. Ediciones B, Barcelona, 1998. (Incluye la crónica Y también aquellos días).

 

La evolución de la superficie de paneles solares térmicos instalados en la UE

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Una de las fuentes de energía renovable que ha venido ganando peso en las economías más avanzadas es la solar. En la Unión Europea, la superficie instalada de paneles solares térmicos, que aprovechan la energía solar principalmente para calentar agua, aún con un gran potencial de desarrollo, ha aumentado durante los últimos años de forma continuada.

Según los datos proporcionados por Eurostat, la superficie total de paneles solares términos ascendió en 1990 a 3,87 millones de metros cuadrados, a 11,05 millones en 2000 y a 35,54 millones en 2010. Los datos más recientes de 2016 apuntan que en el conjunto de la UE-28 hay un total de 50,07 millones de metros cuadrados de paneles solares instalados.

Si realizamos un análisis por países, se concluye que en 2016 los Estados miembros que concentran la mayores proporciones de superficie de paneles solares térmicos de la UE son Alemania (con el 38,2 % del total), Austria (10,4 %), Grecia (8,9 %), Italia (7,8 %), España (7,6 %), Francia (4,4 %) y Polonia (4,0 %). Entre estos países destacan durante 2000-2016 el aumento de la importancia relativa registrado por Alemania (de 8,8 puntos porcentuales) y la pérdida observada en Grecia (de 17,7 puntos).

En el otro extremo, en países como Estonia, Letonia y Lituania la presencia de paneles solares térmicos es nula, siendo los únicos países de la UE en los que no ha aumentado la superficie de paneles desde 1990. A ellos les siguen con bajos porcentajes de participación Finlandia, Luxemburgo y Malta (los tres, con 0,1 % del total de la UE en 2016).

Para más información:

Eurostat

La educación y la naturaleza para Wangari Maathai

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La keniana Wangari Maathai (1940-2011) luchó por la defensa del medio ambiente y los derechos humanos, por lo que fue reconocida en 2004 con el Premio Nobel de la Paz. Su mayor legado es posiblemente la existencia hasta hoy del Movimiento Cinturón Verde.

Firme defensora de los árboles, promulgó una educación apegada a la tierra.

«Aun teniendo estudios superiores, jamás se me hizo extraño trabajar con las manos, a menudo de rodillas, junto a aquellas mujeres campesinas. Durante los años ochenta y noventa, hubo políticos y otros personajes públicos que trataron de ridiculizarme por ello; sin embargo, yo jamás di ninguna importancia a aquellas críticas. Además, las mujeres valoraban que estuviera dispuesta a trabajar con ellas para mejorar sus vidas y el medio ambiente. A fin de cuentas, yo también era hija de aquella tierra.

La educación, para que realmente sirva de algo, no debe alejar a la gente de la tierra sino enseñarle a respetarla, puesto que la gente con educación está en disposición de entender lo mucho que hay en juego. El futuro del planeta es un asunto que nos concierne a todos y debemos hacer cuanto esté en nuestras manos por protegerlo. Como les dije a los arboricultores y a las mujeres, nadie necesita un diploma para plantar un árbol».

Para leer más:

Wangari Maathai: Con la cabeza bien alta. Editorial Lumen, Barcelona, 2007.

El «Mensaje a los hombres» de Pino Ojeda

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En 1954 la poeta y pintora Pino Ojeda (1916-2002) publicó Como el fruto en el árbol. En este poemario, que pone alas a sus experiencias vitales, la naturaleza se presenta como un tema esencial. Fruto de su exploración personal y del mundo lanza su mensaje poético a los seres humanos.

«Yo no sé por qué los hombres, cuando caminan por la tierra y los bosques
van rumiando silenciosos sus pequeñas, bajas preocupaciones.
Ellos deberían dejar sus agrias, difíciles conciencias,
en la primera vuelta del camino donde la civilización se expresa.
Allí sobre la dura y cementada superficie gris que habla de dolor,
de sangre interminable.

Los hombres no deberían llevarse al bosque, a la tierra,
sus pesadillas nocturnas,
sus agobiadoras, durísimas contiendas.
Ellos podrían llevar arriba la misma sencilla mirada,
el mismo sencillo gesto de los seres que van a encontrarse.
Solo una mirada sin pasado, sin ayer, sin retorno.
¡Si los hombres se dieran cuenta de estas pequeñas cosas
y subieran a lo alto libres de ellos mismos,
libres de sus pobres, ligeras ansias!
Si ellos supieran rezar sin voces, dentro de sí, detenidamente, sin prisas
Si ellos lograran dejar en las ciudades
-llenas de polvo, de ruidos y fiesta-,
sus pobres, mentidas palabras.
Encontrarían allá arriba el brazo que les rodeara calladamente la espalda.
Encontrarían la voz que perdieron con el primer desperezo de hombres
Encontrarían, sí, como partiendo de su propia carne,
el camino que olvidaron cuando sus pobres corazones aprendieron
a maldecir en silencio».

Para leer más:

Pino Ojeda: Obra poética. Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2016.

Una cita de José de Viera y Clavijo sobre las Islas Canarias

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Al historiador y escritor José de Viera y Clavijo (1731-1813), máximo exponente de la Ilustración canaria, le debemos una amplia obra, entre la que destaca Historia General de las Islas Canarias.

Viera, en su propósito de conocer el origen y la etimología de las Islas Canarias, conocidas también como Afortunadas, reúne descripciones geográficas del Archipiélago, como la que hizo el rey Juba II y que conservó Plinio, el célebre naturalista.

«Que las Afortunadas no estaban muy distantes de las islas Purpurarias. Que la primera se llamaba Ombrios, y no tenía vestigios de edificios, sino un estanque en los montes y ciertos árboles a manera de férulas que, exprimidos, daban los de color oscuro un agua amarga, y los más blancos un agua muy grata al paladar. Que otra isla se llamaba Junonia y tenía una casilla de piedra. Que inmediata a ésta había otra isla menor del mismo nombre. Que después estaba la isla de Capraria, llena de unos  lagartos grandes. Que en frente de ellos quedaba la Nivaria, nombrada así por estar casi siempre nebulosa, a causa de su continua nieve. Que a corta distancia se veía la isla de Canaria, llamada así por la multitud de perros de extraña grandeza, de los cuales se le llevaron dos a Juba. Que aquí se reconocían monumentos de algunos edificios. En fin, que todas estas islas abundaban en todo género de frutas y aves, en palmas que producen dátiles, en piñas de pino, en miel, y que en sus riachuelos se cogía el junco de que se hacía papel y se criaban ciertos peces llamados silurios, etcétera».

Para leer más:

José de Viera y Clavijo (1772): Historia General de las Islas Canarias. (Libro Primero, capítulo 18: Opiniones sobre el origen y etimología del nombre de Canaria).

La economía según Henry D. Thoreau

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Para el escritor naturalista Henry D. Thoreau (1817-1862) la naturaleza llegó a ser la savia de su vida. Decepcionado por el devenir del mundo moderno se refugia durante más de dos años en la cabaña que construyó junto a la orilla de la laguna Walden, en Concord.

Fruto de esa vida asceta escribió su celebre obra «Walden o la vida en los bosques». Este libro, que se convierte en el diario informal de un periodo trascendental de su existencia, queda estructurado en dieciocho capítulos, el primero de los cuales Thoreau lo titula «Economía». Porque, como escribió en esas primeras páginas:

«La economía es un tema que puede ser tratado con ligereza, pero no puede ignorarse».

De la lectura detenida de ese primer capítulo de Walden, pueden extraerse algunas ideas principales sobre lo que, según Thoreau, es y debiera ser la economía.

Economía del vivir.

Thoreau aboga por una economía que centre su atención en la vida real, en resolver los problemas de la gente. Por eso lamentaba el academicismo económico que se enseña en los colleges, encerrado en el mundo de las ideas y alejado de la realidad cotidiana.

«Hasta el estudiante pobre estudia y le es enseñado sólo economía política, mientras que esa economía del vivir, que es sinónimo de filosofía, ni siquiera es profesada sinceramente en nuestros colleges. Y la consecuencia es que, mientras que aquél lee a Adam Smith, a Ricardo y a Say, hace que su padre se endeude irremediablemente».

Al igual que los colleges con su teórico método de enseñanza de la economía, otras «mejoras modernas» lo que realmente generan es mucha ilusión y poco progreso auténtico.

«Nuestros inventos suelen ser juguetes bonitos que distraen nuestra atención de cosas más serias».

Bienes materiales.

Thoreau promulga una economía sencilla, orientada a las satisfacción de las necesidades básicas. La economía debería atender fundamentalmente lo que es «necesario para la vida».

Para muchos seres vivos sólo existen dos cosas que son verdaderamente necesarias: la comida y el refugio, como es el caso del bisonte de la pradera que busca la hierba y el agua para alimentarse y el bosque para cobijarse.

Por lo que respecta a las necesidades del hombre, Thoreau expone:

«En cuanto al hombre, en estas latitudes pueden ser distribuidas en los siguientes apartados: Alimento, Habitación, Vestimenta y Calor, pues a menos que nos hayamos provisto de éstos no estamos preparados para abordar con libertad y probabilidades de éxito los verdaderos problemas de la vida».

De acuerdo con sus vivencias personales, a estos bienes esenciales Thoreau añade otros:

«Mi propia experiencia me hace ver que ahora, en este país, algunas cosas: un cuchillo, un hacha, una azada, una carretilla, etc., y para el estudioso una lámpara, recado de escribir y acceso a algunos libros cuentan junto a lo necesario y pueden ser obtenidos a precio irrisorio».

Bienes inmateriales.

Según Thoreau ir mucho más allá en la posesión de bienes materiales provoca el aumento de los problemas de la vida y el alejamiento de la elevación humana. La abundancia de bienes materiales superfluos «enerva y destruye las naciones».

«La mayoría de lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino obstáculo cierto para la elevación de la humanidad».

Satisfechas las necesidades básicas para la vida, en lugar de perseguir la obtención de bienes superfluos, tenemos una alternativa: «aventurarse en la vida»

La vida de los sabios y antiguos filósofos chinos, hindúes, persas y griegos nos ha enseñado que, a pesar de su pobreza externa, lo importante es la riqueza interna.

«La tierra se revela apropiada para la semilla puesto que ésta ha proyectado su raicilla hacia abajo y puede elevar ahora su tallo con confianza. ¿Para qué ha enraizado el hombre tan firmemente en la tierra, si no para elevarse hacia los cielos en igual medida?»

Dinero.

También dedicó algunas palabras, como no podía ser de otra forma, a un elemento crucial de la economía: el dinero.

«Eso de dedicar la mejor parte de la vida a ganar dinero con objeto de disfrutar de una libertad cuestionable durante la peor parte de aquélla me recuerda a aquel inglés que se fue a la India a hacer fortuna para luego poder regresar a Inglaterra y vivir una vida de poeta».

Tiempo.

La «economía de Thoreau» nos obliga a hacernos el siguiente planteamiento: ¿y si en lugar de maximizar la posesión de dinero nos ponemos como objetivo maximizar el buen uso del tiempo?

«En cualquier circunstancia, de noche o de día, siempre he tenido ansias de mejorar el momento y de hacerlo plenamente mío; de detenerme en la encrucijada de dos eternidades, el pasado y el futuro, que es precisamente el presente, y vivirlo al máximo».

Trabajo.

Sobre el trabajo dos ideas principales pueden extraerse de las reflexiones de Thoreau.

En primer lugar, se cuestiona el verdadero valor que la sociedad moderna le da al trabajo:

«La mayoría de los hombres, incluso en este país relativamente libre, se afanan tanto por los puros artificios e innecesarias labores de la vida, que no les queda tiempo para cosechar sus mejores frutos. De tanto trabajar, los dedos se les han vuelto torpes y demasiado temblorosos. Realmente, el jornalero carece día tras día de respiro que dedicar a su integridad; no puede permitirse el lujo de trabar relación con los demás porque su trabajo se depreciaría en el mercado. No le cabe otra cosa que convertirse en máquina».

En segundo lugar, postula no seguir ciegamente el principio de la división del trabajo. Thoreau se pregunta cuáles son los límites y el objeto de la división del trabajo. Es partidario de no rendirse totalmente a este principio y, en su lugar, practicar «el arte de vivir».

Thoreau, que durante su estancia en Walden fue agrimensor, carpintero y jornalero diverso, encontró el goce y la motivación en lo que hacía.

«¿Cederemos siempre al carpintero el placer de construir?»

Equidad.

Gran observador del mundo que le rodea, Thoreau es testigo de las desigualdades sociales y de la pobreza que sufre buena parte de sus conciudadanos.

«…me basta con contemplar las chabolas que por doquier se alinean a lo largo del tendido férreo, ese último logro de nuestra civilización; otro tanto cabría decir ante la imagen que con ocasión de mis paseos cotidianos ofrecen a mis ojos tantos seres humanos hacinados en lóbregos cuchitriles, con la puerta abierta durante todo el invierno en ansiosa búsqueda de luz, sin provisión de leña a la vista o siquiera imaginable, donde jóvenes y viejos muestran el cuerpo contraído por el hábito de encogerse ante el frío y la miseria, y los miembros achatados de tanta y tanta escasez. En verdad que es de justicia el reparar en esa clase de hombres a cuyo trabajo se deben los logros que distinguen esta generación».

Fue sensible a la situación de escasez y  pobreza de su comunidad, que paradójicamente coexistía con los adelantos más modernos de la civilización.

«Mientras que la civilización ha ido mejorando nuestro hábitat, no ha hecho igual con los hombres que han de poblarlo».

Bondad.

Thoreau, que confiesa que ha hecho poco en materia de filantropía, define una idea de bondad que difiere del tipo de caridad que los hombres practican con frecuencia en la sociedad.

Su propuesta es hacer el bien «sin especial intención», de forma sincera, no corrompida, asegurándonos de que se presta al pobre la ayuda que verdaderamente necesita.

«Hay mil podando las ramas del mal por cada uno que se dedica a erradicarlo; y aun es posible que quien más tiempo y dinero vuelca en los necesitados sea quien por su modo de vida contribuye a la miseria que trata en vano de socorrer».

Entregarnos a la bondad en su completitud:

«Quiero la flor y el fruto del hombre, que algo de su fragancia me sea impartida y que su madurez arome nuestras relaciones. Su bondad no debe ser parcial y transitoria sino un desbordamiento constante que nada le cueste y en el que no repare».

Soberanía alimentaria.

Su vida retirada en la cabaña que se construyó en Walden lo llevó a practicar la soberanía alimentaria. Empezando por «el antiguo e indispensable arte de hacer pan» llegó a proveerse de su comida evitando todo tipo de comercio.

«Cualquier habitante de Nueva Inglaterra puede cosechar fácilmente todos los ingredientes de su pan en ese país de centeno y maíz, y así, no depender de mercados remotos y fluctuantes. Pero nos hemos alejado tanto de la sencillez y de la autonomía, que en Concord rara vez se encuentra maíz dulce fresco, ni en forma de harina, ni molido, ni como papilla ni en forma aun más basta, pues contados son los que saben de su utilidad. Los más de los granjeros se lo dan al ganado, adquieren en el comercio harina de trigo que no siendo más saludable que aquél les resulta mucho más cara. Yo vi que podía obtener fácilmente uno o dos bushels de centeno y maíz, pues el primero crecerá en la tierra más pobre y el segundo no reclama la mejor, y que podía molerlos en un molinillo de mano y pasarme sin arroz ni cerdos, y si necesitaba algún endulzante concentrado, la experiencia me ha demostrado que podía obtener una excelente melaza de calabaza o remolacha cuando no de unos pocos arces, que me lo darían más fácilmente aún, y mientras crecían, de varios sustitutos que no he nombrado».

Naturaleza.

La economía sencilla que defiende Thoreau está en armonía con la Naturaleza; no despilfarra recursos a la vez que aprovecha de ella sus valiosos y gratuitos beneficios.

«Subrayaré, por cierto, que las cortinas me salen gratis, pues no tengo ningún curioso que evitar, fuera del sol y la luna, y me agrada que éstos me observen. La luna no agriará mi leche ni manchará mi carne, ni el sol dañará mis muebles ni decolorará mi alfombra; y si alguna vez resulta un amigo en exceso caluroso, me parece mejor economía retirarme tras de una cortina suministrada por la Naturaleza que el añadir un solo detalle más al interior de mi casa».

En definitiva, Henty D. Thoreau, en Walden, nos propone una economía sencilla, sostenible, vital, solidaria, buena, autónoma, libre y sabia.

Para leer más:

Henry D. Thoreau (1854): Walden o la vida en los bosques.