El consumo de agua en España (2000-2018)

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El agua, un recurso imprescindible para la vida del ser humano, nos demanda un uso cada vez más eficiente. Sabemos, desde hace ya mucho tiempo, que los científicos nos vienen advirtiendo que el contrastado calentamiento global de la Tierra trae, entre otras consecuencias, mayores problemas de disponibilidad hídrica en muchos países del planeta.

En el contexto europeo, para el caso de España, país que no es ajeno al estrés hídrico, es de especial interés centrar la atención en cómo está siendo consumida el agua por los distintos actores económicos. Previamente hay que subrayar que en 2018 solo un 4,8% del agua captada procedió de desalación, siendo el origen principal el de las aguas superficiales (64,3%), seguido de las aguas subterráneas (30,9%).

Las estadísticas que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos permiten analizar cómo ha sido el consumo del agua suministrada a la red de abastecimiento público desde el año 2000.

Así, durante el periodo de 2000-2018 en España el volumen de agua suministrada a la red de abastecimiento público ha seguido, en general, una tendencia descendente, desde los 4.782 hectómetros cúbicos consumidos en 2000 hasta los 4.236 en 2018, esto es, una reducción del 11,4%. No obstante, como se observa en la siguiente gráfica, el consumo hídrico ha pasado por dos etapas bien diferenciadas según el ciclo económico. En un primer periodo (2000-2007), de expansión económica, se ha tendido a un mayor consumo de agua, llegando a casi alcanzar los 5.000 hm³. Posteriormente, en una segunda fase (2008-2018), cuando la economía atraviesa años marcados por las consecuencias de la llamada Gran Recesión, el consumo de agua se modera en España de forma continuada hasta registrar su mínimo en 2018.

Consumo total de agua_2000_2018

A la hora de aproximarnos a evaluar la eficiencia en el uso del agua no hay que desdeñar que una parte importante del agua suministrada a la red de abastecimiento son pérdidas. En España, según el INE, en 2018 se perdió un total de 653 hm³ de agua a causa de fugas, roturas y averías, es decir, un significativo 15,4% del total de agua suministrada a la red. Dicho porcentaje no es muy diferente al cuantificado en 2007, que se cifró en 15,9%. 

G_Pérdidas de agua_2007_2018

Si descontamos al volumen total de agua suministrada a la red dichas pérdidas reales por fugas más otras pérdidas de agua que no han sido registradas (volúmenes no medidos), se obtiene el total de agua registrada y distribuida, que en 2018 ascendió a 3.188 hm³, un 15,7% menos que en el año 2000.

Es de especial importancia evaluar cuáles son los consumidores finales del agua registrada y cómo han evolucionado sus consumos. Así, según el INE, el agua registrada en España toma como principal usuario a los hogares, que en 2018 consumieron el 71,2% del total. Le siguen, a continuación, la industria, con el 10,3% del total de agua registrada; los consumos municipales (9,0%); usos turísticos y recreativos (4,3%); servicios (comercio, transporte, oficinas…), con el 3,8%; agricultura y ganadería (0,7%) y construcción (0,6%).

Asimismo, desde un punto de vista temporal, los datos disponibles, correspondientes al periodo 2006-2018, indican que el volumen de agua consumida por los hogares se ha reducido un 13,2%. También han visto descender su consumo de agua durante dichos años los siguientes sectores: construcción (-60,0%), agricultura y ganadería (-57,1%), servicios (-39,2%), industria (-32,3%) y consumos municipales (-25,5%).

Finalmente, es significativo que el sector económico de usos turísticos y recreativos ha sido el único que ha incrementado el consumo de agua durante los años 2006-2018, en concreto un 8,4%.

C_Agua por usuario

Para más información:

INE: Estadística sobre el suministro y saneamiento del agua.

La lluvia: una cita con Ángel Guerra

Isla de La Graciosa (Canarias, España).

El agua es un bien especialmente preciado en aquellos hábitats donde la geografía impone su cruda aridez. La llegada de las lluvias puede cambiarlo todo, porque con ellas la vida tendría otro sustento, a la vez que invitarían a disfrutar de otros colores y olores.

El escritor Ángel Guerra (1874-1950), en su relato de 1907 titulado Al jallo, desarrolla la acción de sus personajes en la pequeña isla de La Graciosa (Canarias, España). Se trata de un territorio insular árido y sediento. De sus páginas extraemos el siguiente fragmento con el novelista concede a la lluvia el máximo protagonismo.

“Bien vendría la lluvia que se anunciaba. Fecundaría la tierra, daría pastos en abundancia y pronto llegarían los pastores al frente de sus rebaños. Además, la islilla perdería su aspecto desolado, de color rojizo la tierra, verdeando hermosamente transformada. Sobre todo, ¡con qué fruición todos olfateaban el vaho de la tierra mojada! Acostumbrados a la sedienta sequedad de los campos, durante años y años, no ya el esplendor de la hierba verdeante y fresca, sino el perfume acre y húmedo de la tierra que la lluvia refrescara, daba a sus rostros un viso de alegría y a sus espíritus un ímpetu de contento instintivo e inexplicable”.

Para leer más:

Ángel Guerra: La Lapa y otros relatos seleccionados. Ediciones Remotas, 2020.

Miguel de Unamuno y el valor del agua

Fuerteventura, 2009.02.21-24
Fuerteventura, Islas Canarias

La vida del escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936) pasó por un episodio de forzado confinamiento, como consecuencia de sus opiniones críticas a la Dictadura de Primo de Rivera. En el mes de febrero de 1924 tuvo que dejar su cátedra en la Universidad de Salamanca y cumplir la orden de destierro en la lejana, pobre y seca isla de Fuerteventura.

Durante el destierro su fructífera pluma le sirvió para plasmar sus impresiones personales sobre esta isla canaria y su gente. Y lo hizo creativamente en forma de sonetos, como este que traemos hasta aquí, con el que consigue transmitirnos el verdadero valor del agua.

   «¡Agua, agua, agua! Tal es la magua
que oprime el pecho de esta gente pobre;
agua, Señor, aunque sea salobre:
¿para qué tierra, si les falta el agua?

   No hay caudal que soporte una piragua
ni hay que esperar que Dios milagros obre,
ni el sediento mortal la fuerza cobre
con que el trabajo la riqueza fragua.

   Y les ciñe la mar, ¡pesada broma
del Supremo Poder! Agua a la vista,
sin que traiga verdura la paloma;

   hecho el cielo de nubes una pista
y cada nube hermética redoma;
¿hay quien la sed junto a la mar resista?»

Ya en prosa Unamuno nos dejó estas palabras:

«Fuerteventura es una isla hoy pobre, muy pobre, que puede enriquecerse si logra alumbrar agua; pero rica, riquísima en la nobleza de sus habitantes, los majoreros -que así se llaman-, y en la maravilla de su clima».

Para leer más:

Miguel de Unamuno: De Fuerteventura a París. Diario íntimo de confinamiento y destierro vertido en sonetos. Viceconsejería de Cultura y Deportes. Gobierno de Canarias, 1989.

Garoé, el mítico árbol de El Hierro, en la obra de Viera y Clavijo

Camino Árbol Garoé_2015.04.02. El Hierro

Hace más de 400  existió en la pequeña isla de El Hierro (Canarias) un árbol mítico al que sus habitantes, los bimbaches, llamaron Garoé. El secreto que encerró este árbol estaba estrechamente relacionado con su gran capacidad para abastecer de agua a la población isleña. Cómo se producía dicha proeza natural es una cuestión que conocemos varios siglos después gracias a los escritos de los historiadores.

Uno de esos testimonios históricos que confirman la existencia de este árbol santo al que tanto veneraban los isleños es el texto procedente de la pluma de Juan de Abreu Galindo tras haber visitado el lugar, que recogió el ilustrado Viera y Clavijo en su célebre Historia General de las Islas Canarias.

«El lugar y término donde está este árbol se llama Tigulahe y es una cañada que va por el valle arriba desde la mar a dar a un frontón de risco, donde está nacido el árbol santo, que dicen llamarse en su lengua Garoé, el cual por tantos años se ha conservado sano, entero y fresco; cuyas hojas destilan tanta y continua agua, que da de beber a la isla toda, habiendo proveído la naturaleza esta milagrosa fuente a la sequedad. Y necesidad de la misma tierra. Está de la mar como legua y media y no se sabe qué especie de árbol sea, mas que quieren decir es tilo, sin que de su especie haya otro árbol allí. El tronco tiene de circuito y grosor doce palmos, y de ancho cuatro palmo, y de alto tiene cuarenta desde el pie hasta lo más alto, y la copa en redondo ciento veinte pies de torno. Las ramas muy extendidas y coposas, muy altas de la tierra. Su fruta es como bellota con su capillo, y fruto como piñón, gustoso al comer, aromático, aunque más blando. Jamás pierde este árbol la hoja, la cual es como la hoja de laurel, aunque más grande, ancha y encorvada, con verdor perpetuo; porque la hoja que se seca se cae luego, y queda siempre la verde. Está abrazada a este árbol una zarza que coge y cierra muchas de sus ramas. Cerca de este árbol, en su contorno, hay algunas hayas, brezos y zarzas. Desde su tronco o planta a la parte del norte están dos tanques o pilas grandes, cada una de ellas de veinte pies de cuadrado y de hondura de diez y seis palmos, hechas de piedra tosca que las divide, para que gastada el agua del uno se puede limpiar, sin que le estorbe el agua del otro.

La manera que tiene de destilar el agua este árbol santo o Garoé, es que todos los días por la mañana se levanta una nube o niebla de la mar cerca de este valle, la cual va subiendo con el viento sur o levante por la marina la cañada arriba hasta dar en el frontón; y, como halla allí a este árbol espeso de muchas hojas, asiéntase en él la nube o niebla y recógela en sí y se va deshaciendo y destilando el agua que recogió; y lo mismo hacen los brezos que están en aquel contorno cerca del árbol, sino que, tienen la hoja más diminuta, no recogen tanta agua como el tilo, que es muy ancha, y esa que recogen también la aprovechan, aunque es poca, que solo se hace caudal del agua que destila el Garoé, la cual es bastante a dar para los vecinos y ganados, juntamente con la que queda del invierno, recogida por los charcos de los barrancos; y, cuando el año es de muchos levantes, hay aquel año mayor copia de agua, porque con este viento levante son mayores las nieblas y las destilaciones más abundantes. Cógense cada día más de veinte botas de agua».

Transcurría el año 1610 cuando, escribe Viera y Clavijo, «un recio huracán robó a los herreños y a todas las Canarias aquella preciosa posesión». Pero nos queda en la memoria la constatación de que «la bebida de los antiguos herreños corría en cierto modo por cuenta de una providencia poco común, y que isleños circunvecinos debían mirarlos como a unos hombres favorecidos por la naturaleza».

Camino Árbol Garoé_2015.04.02. El Hierro

Para leer más:

José de Viera y Clavijo (1772): Historia General de las Islas Canarias. (Libro Segundo, capítulo 7: Digresión sobre el árbol de El Hierro).