La sociedad buena de John K. Galbraith

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El economista John Kenneth Galbraith (1908-2006), en su obra Una sociedad mejor, propone las condiciones socioeconómicas que debe reunir una sociedad factible -que no perfecta- para que sea considerada como “sociedad buena”.

Galbraith admite que “en todos los países industrializados existe un firme compromiso con la economía de consumo -con los bienes y servicios de consumo- como fuente primordial de la satisfacción y el placer de los seres humanos y como la medida más visible de las consecuencias sociales”.

No obstante, este objetivo debe ser complementado, a su juicio, con otros igualmente necesarios. Con las siguientes palabras, sintetiza Galbraith lo que entiende por buena sociedad:

“Una buena sociedad tiene tres requisitos económicos estrechamente emparentados, cada uno de los cuales es una fuerza independiente. Está la necesidad de proporcionar los indispensables bienes y servicios de consumo. Está la necesidad de asegurar que esta producción y su uso y consumo no tenga un efecto contraproducente sobre el actual bienestar del conjunto de la sociedad. Los dos últimos de estos tres requisitos entran con frecuencia en conflicto con el primero, conflicto que se manifiesta con fuerza en la economía y en la política cotidianas. La referencia más habitual es el efecto sobre el medio ambiente. Aquí, en suma, están los tres temas en cuestión tal como los define una sociedad buena”.

Más adelante Galbraith nos recuerda algunos de los problemas medioambientales que soporta el mundo de hoy:

“Las manifestaciones de los deterioros contemporáneos son inquietantemente sabidas: la contaminación de la atmósfera y de las aguas, el considerable y creciente problema de la eliminación de la basura, el inmediato peligro para la salud que constituyen los productos y servicios que se administran, la contaminación visual derivada de la intrusión de las actividades de la producción y de las ventas, en especial la de las ventas al por menor, sobre el paisaje urbano y rural”.

Ante estas amenazas, Galbraith defiende la necesidad de proteger el medio ambiente, tal y como recogen las siguientes palabras:

“Deben protegerse los intereses generales de la comunidad lo mismo que también el clima y el bienestar del futuro, y debe haber preocupación por el agotamiento de los recursos. Puesto que hay que fabricar automóviles, proporcionarles combustible y conducirlos, y puesto que hay que suministrar y utilizar otros servicios y bienes de consumo similares, es esencial e inevitable un compromiso entre los actuales intereses financieros y los intereses públicos más generales. Por regla general, no obstante, este compromiso debe favorecer los intereses de la comunidad más amplia y los intereses de los por nacer”.

Para leer más:

John K. Galbraith (1996): Una sociedad mejor.

 

El valor del paisaje y su protección

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Parque Nacional Picos de Europa (España)

Si existe un patrimonio para el que es necesario no confundir valor y precio, ese es el paisaje.

Los países de Europa cuentan con un documento clave que, reconociendo el valor del paisaje, propone unas directrices básicas para su protección por parte de los Estados. Se trata del Convenio Europeo del Paisaje, hecho en Florencia el 20 de octubre de 2000.

Como punto de partida el citado Convenio establece en su artículo 1º la siguiente definición de paisaje:

“Cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción del factores naturales y/o humanos”.

Esta definición nos lleva a interpretar que el paisaje constituye un sustrato natural (geológico y biótico) que está expuesto a la acción del hombre. Al mismo tiempo, el paisaje toma una base tangible pero también otra intangible o subjetiva que depende de la percepción que tengamos de él.

Desde su Preámbulo en el Convenio Europeo del Paisaje se expresa claramente que el paisaje presenta unas especiales características, un valor intrínseco, que es necesario salvaguardar.

El paisaje se convierte en un patrimonio natural y cultural que contribuye a forjar la propia identidad de un pueblo.

Desempeña un papel importante de interés general en los campos cultural, ecológico, medioambiental y social, además de constituir un recurso que propicia la actividad económica y la creación de empleo.

Asimismo, el paisaje es un elemento importante para la calidad de vida de las poblaciones de todos los tipos de áreas: urbanas, rurales, degradadas, de gran calidad, de belleza excepcional y las más cotidianas. El paisaje contribuye, por tanto, al bienestar tanto individual como colectivo.

Por estas razones, y en aras de procurar un modelo de desarrollo sostenible que conjugue una relación equilibrada entre las necesidades sociales, económicas y medioambientales, se hace necesaria la salvaguarda de la calidad y diversidad de los paisajes europeos. Porque es ya una hecho constatado que los paisajes de Europa están experimentando transformaciones, en muchos casos aceleradas, como consecuencia de la evolución que están tomando las modernas técnicas de producción (agrícola, forestal, industrial…), el transporte, las infraestructuras, el turismo, y los cambios de la economía mundial, en general.

Como se recoge en su artículo 3º el objetivo principal del Convenio Europeo del Paisaje es:

“promover la protección, gestión y ordenación de los paisajes, así como organizar la cooperación europea en ese campo”.

Se persigue, por tanto, no sólo reconocer el valor del paisaje sino emprender acciones para conservar y mantener sus aspectos más significativos, garantizar su mantenimiento, regularlo desde una perspectiva de desarrollo sostenible y mejorar, restaurar o crear aquellos paisajes que se requieran.

Más concretamente, en el capítulo II del Convenio, se establecen las medidas generales y específicas que han de aplicar los Estados europeos que suscriban el Convenio para la protección, gestión y ordenación de sus paisajes.

Las medidas generales (art. 5º) son las siguientes:

“a) reconocer jurídicamente los paisajes como elemento fundamental del entorno humano, expresión de la diversidad de su patrimonio común cultural y natural y como fundamento de su identidad;

b) definir y aplicar en materia de paisajes políticas destinadas a la protección, gestión y ordenación del paisaje mediante la adopción de las medidas contempladas en el artículo 6;

c) establecer procedimientos para la participación del público, las autoridades locales y regionales y otras partes interesadas en la formulación y aplicación de las políticas en materia de paisaje mencionadas en la anterior letra b);

d) integrar el paisaje en las políticas de ordenación territorial y urbanística y en sus políticas en materia cultural, medioambiental, agrícola, social y económica, así como en cualesquiera otras políticas que puedan tener un impacto directo o indirecto sobre el paisaje”.

Las medidas específicas (art. 6) pueden agruparse en cinco áreas:

A) Sensibilización.

“…incrementar la sensibilización de la sociedad civil, las organizaciones privadas y las autoridades públicas respecto al valor de los paisajes, su papel y su transformación”.

B) Formación y educación:

“a) formación de especialistas en la valoración de los paisajes e intervención en los mismos;

b) programas pluridisciplinares de formación en política, protección, gestión y ordenación de paisajes con destino a los profesionales de los sectores privado y público y a las asociaciones interesadas;

c) cursos escolares y universitarios que, en las disciplinas correspondientes, aborden los valores relacionados con los paisajes y las cuestiones relativas a su protección, gestión y ordenación”.

C) Identificación y calificación:

-identificar los paisajes en todo el territorio.

-analizar sus características y las fuerzas y presiones que los transforman.

-tomar nota de las transformaciones.

-calificar los paisajes así definidos, teniendo en cuenta sus valores particulares.

D) Objetivos de calidad paisajística:

“…definir los objetivos de calidad paisajística para los paisajes identificados y calificados, previa consulta al público…”

E) Aplicación:

“…establecer instrumentos de intervención destinados a la protección, gestión y/u ordenación del paisaje”.

 

Para más información:

Convenio Europeo del Paisaje, hecho en Florencia el 20 de octubre de 2000.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

K. William Kapp y los costes ambientales de la economía abierta

12. Chongqing_1. China

En 1976 el economista de origen alemán Karl William Kapp (1910-1976), uno de los inspiradores de la denominada ecología política, escribió el artículo The Open System Character of the Economy and its implications. En él defendió que todo sistema económico hay que entenderlo con su carácter abierto. Esto significa que no es aceptable concebir la producción y el consumo aisladamente del sistema ecológico. Lo contrario, considerar que la economía es un sistema cerrado independiente de otros sistemas, como el ecológico y el político e institucional, es perpetuar una equivocada percepción de la realidad, según Kapp.

Los sistemas económicos no son sistemas cerrados y autorregulados, sino sistemas abiertos que para su reproducción dependen de los recursos que extraen del medio físico, y en el que depositan residuos y contaminantes tras las actividades de producción, distribución y consumo.

En opinión de Kapp los costes sociales del crecimiento económico han estado largamente descuidados:

“La producción y el consumo ponen en movimiento procesos complejos que tienen graves consecuencias negativas sobre el medio ambiente físico y social y que ejercen un efecto inevitable en la distribución; estas interdependencias implican una forzosa transferencia de costes sociales “no pagados” que constituyen una redistribución secundaria del ingreso real primordial (pero no exclusivamente) para los miembros económicamente más débiles de la sociedad, así como también para las generaciones futuras”.

A diferencia de los economistas neoclásicos, Kapp pensaba que el tratamiento de los costes medioambientales mediante una valoración monetaria es claramente insuficiente para corregir la medición del producto nacional. Dado que estamos ante sistemas económicos abiertos donde operan efectos acumulativos, es necesario volver a definir y formular los conceptos de costes y ganancias, así como los criterios de eficiencia y optimalidad económica.

Según Kapp debemos reconocer las limitaciones de la doctrina económica tradicional:

“…la crisis ambiental obliga a los economistas a reconocer las limitaciones de sus enfoques metodológicos y cognoscitivos, y a revisar los alcances de su ciencia. Los economistas clásicos –Adam Smith y sus sucesores- todavía podían pretender, con alguna justificación, que era posible entender los sistemas económicos como sistemas semicerrados porque, en su época, el aire, el agua, etc., eran, en cierto sentido, bienes ‘libres’ y porque estaban convencidos –equivocadamente- de que la acción racional –bajo condiciones competitivas- sólo tenía efectos sociales positivos. Esta creencia ha resultado ser una ilusión. Asirse a ella frente a la crisis ambiental solamente puede considerarse como un autoengaño y un fraude para los demás”.

Para leer más:

William Kapp: “El carácter de sistema abierto de la economía y sus implicaciones”. Publicado en F. Aguilera y V. Alcántara (comp.): De la economía ambiental a la economía ecológica. Icaria, Barcelona, 1994.

[Publicado originalmente como K. William Kapp: “The Open System Character of the Economy and its implications” en Kurt Dopfer (ed.): Economics in the Future: Towards a New Paradigm, London, MacMillan, 1976].

 

Evaluando el cumplimiento de la estrategia Europa 2020

EUROPA,  5-13 nov. 2005. Brujas

En junio de 2010 el Consejo Europeo adoptó la estrategia Europa 2020, que vino a suceder a la estrategia de Lisboa. Con ella se establece el camino por el que la Unión Europea debe alcanzar unas metas cuantificables en materia de crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo para el año 2020.

En concreto la estrategia Europa 2020 establece las siguientes tres grandes prioridades:

  1. Crecimiento inteligente, a través del desarrollo de una economía basada en el conocimiento, investigación e innovación.
  2. Crecimiento sostenible, mediante de la promoción de mercados eficientes en recursos, verdes y competitivos.
  3. Crecimiento inclusivo, a través de políticas que fomenten la creación de empleo y la reducción de la pobreza.

Estas prioridades se plasman en objetivos clave circunscritos a cinco grandes áreas: empleo, investigación y desarrollo, cambio climático y energía, educación, y pobreza o exclusión social.

Para la evaluación del progreso de estos cinco capítulos temáticos se ha seleccionado un conjunto de indicadores, agrupados en nueve principales, que permiten evaluar cómo ha venido evolucionando el cumplimiento de la estrategia Europa 2020 desde el año base 2008 hasta la actualidad en cada uno de los Estados miembros y en la UE-28 en su conjunto.

La publicación “Smater, greener, more inclusive. Indicators to support the Europe 2020 strategy?” (edición de 2017) de Eurostat da a conocer cómo ha evolucionado el cumplimiento de dicha estrategia hasta la actualidad.

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Indicadores centrales de Europa 2020: valores objetivos y progreso desde 2008. Fuente: Eurostat

Las conclusiones más relevantes de dicho estudio se resumen en las siguientes:

-Se ha alcanzado un progreso significativo desde 2008 en materia de cambio climático y energía, reduciéndose las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de energía y aumentado el uso de fuentes de energías renovables.

-Se ha producido una evolución positiva en el área de educación, que se refleja en el incremento de la tasa de educación superior y en la reducción del número de alumnos que abandonan la educación y la formación.

-Por el contrario, la UE permanece aún a una distancia considerable para alcanzar en 2020 sus objetivos de inversión en I+D, de empleo y de mitigación de la pobreza.

En cifras en la tabla siguiente se recoge la evolución que han seguido desde 2008 hasta 2016 (o 2015, dependiendo de la disponibilidad) los indicadores seleccionados para evaluar el cumplimiento de la estrategia Europa 2020, confrontados con los valores-objetivo.

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Para más información:

Eurostat:  “Smater, greener, more inclusive. Indicators to support the Europe 2020 strategy?” (edición de 2017)

 

 

Más allá de los limites del crecimiento

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En 1972 se publicó el célebre informe dirigido por Dennis L. Meadows, Los límites del crecimiento, que alertaba sobre el advenimiento del colapso medioambiental del planeta en el transcurso de 100 años, si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la producción material y población mundiales.

Dos décadas después, la publicación Más allá de los límites del crecimiento (1992) de D. H. Meadows, D. L. Meadows y J. Randers, actualiza las conclusiones del informe de 1972, manteniendo vivo el gran reto del ser humano:

“Cómo lograr hacer una sociedad materialmente suficiente, socialmente equitativa y ecológicamente perdurable, más satisfactoria en términos humanos que la sociedad de nuestros días obsesionada por el crecimiento”.

El informe de 1992, elaborado por encargo del Club de Roma al igual que el de 1972, pone un mayor énfasis en que la tierra es finita y que el crecimiento de la población y la producción de mercancías no pueden continuar indefinidamente. El crecimiento se enfrenta a los límites físicos del planeta, límites como proveedor de flujos materiales y energía y límites como sumidero para absorber la contaminación y los residuos.

Se afirma que el sistema socioeconómico actual no es gestionable y que ha sobrepasado ya sus límites en muchos flujos de recursos y de contaminación, a pesar de las mejoras tecnológicas, las políticas medioambientales y la mayor sensibilización.

Para los autores de este informe es necesario, por tanto, cambiar las estructuras del sistema para hacerlo sostenible, poniendo más atención en la suficiencia, la equidad y la calidad de vida que en la cantidad de la producción.

Afirman que  “la forma actual de hacer las cosas es insostenible”. Además, “el futuro, para tener algún viso de viabilidad, debe empeñarse en retroceder, desacelerar, sanar.  No se puede poner fin a la pobreza por el desarrollo material indefinido; debe hacérsele frente mientras la economía material humana se contrae”.

Veinte años después, a la vista de los acontecimientos y del análisis de los datos globales recabados, el informe de Más allá de los límites del crecimiento deja establecidas las siguientes tres conclusiones:

1. La utilización humana de muchos recursos esenciales y la generación de muchos tipos de contaminantes han sobrepasado ya las tasas que son físicamente sostenibles. Sin reducciones significativas en los flujos de materiales y energía, habrá en las décadas venideras una incontrolada disminución per cápita de la producción de alimentos, el uso energético y la producción industrial.

2. Esta disminución no es inevitable. Para evitarla son necesarios dos cambios. El primero es una revisión global de las políticas y prácticas que perpetúan el crecimiento del consumo material y de la población. El segundo es un incremento rápido y drástico de la eficiencia con la cual se utilizan los materiales y las energías.

3. Una sociedad sostenible es aún técnica y económicamente posible. Podría ser mucho más deseable que una sociedad que intenta resolver sus problemas por la constante expansión. La transición hacia una sociedad sostenible requiere un cuidadoso equilibrio entre objetivos a largo y corto plazo, y un énfasis mayor en la suficiencia, equidad y calidad de vida, que en la cantidad de la producción. Exige más que la productividad y más que la tecnología; requiere también madurez, compasión y sabiduría.

Los autores de Más allá del crecimiento afirman que la transición hacia un mundo sostenible es posible técnica y económicamente. Pero para ello es necesario “dejar de golpear los límites de la tierra” y superar ciertas barreras, que nos hemos autoimpuesto y que son innecesarias, en instituciones humanas, estados mentales, creencias y éticas.

“Tanta esperanza, tantas identidades personales, tanta moderna cultura industrial, se han construido sobre la premisa del perpetuo crecimiento material”.

Para leer más:

D. H. Meadows, D. L. Meadows y J. Randers (1992): Más allá de los límites del crecimiento.

Los derechos de la naturaleza en la Constitución ecuatoriana

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La Constitución de la República de Ecuador de 2008 se convierte en la primera Constitución del mundo que reconoce los derechos de la naturaleza. Ya en su Preámbulo establece:

“CELEBRANDO a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte y que es vital para nuestra existencia”.

El capítulo séptimo, destinado a los Derechos de la naturaleza, lo conforman los siguientes cuatro artículos:

Art. 71.– La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos.

Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza. Para aplicar e interpretar estos derechos se observarán los principios establecidos en la Constitución, en lo que proceda.

El Estado incentivará a las personas naturales y jurídicas, y a los colectivos, para que protejan la naturaleza, y promoverá el respeto a todos los elementos que forman un ecosistema.

Art. 72.- La naturaleza tiene derecho a la restauración. Esta restauración será independiente de la obligación que tienen el Estado y las personas naturales o jurídicas de indemnizar a los individuos y colectivos que dependan de los sistemas naturales afectados.

En los casos de impacto ambiental grave o permanente, incluidos los ocasionados por la explotación de los recursos naturales no renovables, el Estado establecerá los mecanismos más eficaces para alcanzar la restauración, y adoptará las medidas adecuadas para eliminar o mitigar las consecuencias ambientales nocivas.

Art. 73.- El Estado aplicará medidas de precaución y restricción para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales.

Se prohíbe la introducción de organismos y material orgánico e inorgánico que puedan alterar de manera definitiva el patrimonio genético nacional.

Art. 74.- Las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades tendrán derecho a beneficiarse del ambiente y de las riquezas naturales que les permitan el buen vivir.

Los servicios ambientales no serán susceptibles de apropiación; su producción, prestación, uso y aprovechamiento serán regulados por el Estado”.

Asimismo, en el artículo 83 se recoge entre los deberes y responsabilidades de las ecuatorianas y los ecuatorianos, el siguiente:

“Respetar los derechos de la naturaleza, preservar un ambiente sano y utilizar los recursos naturales de modo racional, sustentable y sostenible”.

 

Fuente: Constitución de la República de Ecuador 2008. (Decreto Legislativo, publicado en el Registro Oficial Nº 449 de 20 de octubre de 2008).

Wangari Maathai y el monte Kenia

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Wangari Maathai (1940-2011), conocida como La Mujer Árbol, fue una keniana que luchó por la defensa del medio ambiente y los derechos humanos. Fundó el Movimiento Cinturón Verde y en 2004 recibió el Premio Nobel de la Paz por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

De orígenes muy humildes, nació en el seno de una familia de la tribu kikuyu en la aldea de Ihithe,  cuando Kenia era colonia británica. Para los kikuyu Dios moraba en el monte Kenia, la segunda cima más alta de África, que la propia Wangari Maathai describió con estas memorables palabras:

“Todo lo bueno tenía su origen allí: las lluvias abundantes, los ríos, las corrientes y el agua cristalina. Ya fuera para rezar, enterrar a sus muertos o realizar sacrificios, los kikuyu se volvían hacia el monte Kenia y, cuando construían sus hogares, se aseguraban de que las puertas estuvieran orientadas hacia allí. La gente creía que, mientras el monte fuera monte, Dios estaría con ellos y nunca les faltaría de nada. Las nubes que con frecuencia cubrían el monte solían ser señal de lluvia inminente, y siempre y cuando siguiera lloviendo, a la gente no le faltaría la comida, el ganado podría alimentarse y todos vivirían en paz.

Lamentablemente, hoy en día estas creencias y tradiciones han desaparecido casi por completo (…) Tras los misioneros llegaron los comerciantes y administradores que introdujeron de forma generalizada nuevos métodos para explotar nuestros ricos recursos naturales: la tala, la deforestación de nuestros territorios, la plantación de nuevas especies de árboles, la caza y la implantación de la agricultura comercial. Los lugares sagrados perdieron su santidad y fueron explotados al tiempo que los nativos se volvían cada vez más insensibles a la destrucción, que aceptaban como una señal de progreso”.

El día que Wangari Maathai recibió la noticia de que era distinguida con el Premio Nobel lo celebró plantando un tulípero del Gabón y acordándose del monte Kenia:

“Entonces clavé la vista en el monte Kenia, mi fuente de inspiración, y la de tantas generaciones antes que la mía, y reflexioné sobre lo maravilloso que era encontrarme en aquel momento en aquel lugar, celebrando una noticia histórica con la montaña de fondo. Ya se sabe que la montaña es algo tímida y que su cima suele aparecer cubierta por un manto de nubes. Aquel día estaba oculta. Y aunque a mi alrededor el sol bañaba el paisaje, la montaña se escondía. Me esforcé por verla, la busque con los ojos y con el corazón, mientras recordaba las muchas veces que me he preguntado si lograría sobrevivir a los daños que estamos causando. Seguí buscándola y llegué a la conclusión de que la montaña estaba festejando la noticia conmigo: seguro que el Comité Nobel también había percibido la llamada de la naturaleza. La miré fijamente y sentí que, con toda probabilidad, estaba llorando de alegría y escondía sus lágrimas tras un velo de nubes blancas. En ese instante tuve la sensación de estar pisando suelo sagrado”.

Para leer más:

Wangari Maathai: Con la cabeza bien alta. Editorial Lumen, Barcelona, 2007.