El divorcio entre el hombre y la naturaleza, en palabras de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019), defensor de una economía alternativa a la actualmente imperante, que prioriza el crecimiento, nos legó unas interesantes reflexiones sobre la necesidad de reorientar la educación hacia la solución de problemas concretos del mundo real.

Max-Neef nos propone una educación de la economía que procure la integración sinérgica entre el mundo humano y el mundo natural; una educación que tenga presente la importancia de conservar la integridad de la Tierra porque, a fin de cuentas, nuestro bienestar depende del bienestar de ella. La respuesta pasa por avanzar hacia el ineludible enfoque transdisciplinar.

“Todos los grandes problemas que estamos destinados a enfrentar en este nuevo siglo, tales como: disponibilidad de agua, migraciones forzosas, pobreza, violencia y  terrorismo, agotamiento de recursos, extinción de especies y de culturas, desastres ambientales, y otros, son todos el resultado del largamente mantenido divorcio entre lo humano y lo distinto a lo humano. Hoy nos toca pagar la cuenta de esa artificial pero poderosa discontinuidad impuesta por la revolución científica del siglo XVII. Pero hay algo más que, si adecuadamente tratado, puede servirnos para orientar nuestra acción. Todos los problemas enumerados son, además, indiscutiblemente transdisciplinarios. Vale decir, que ninguno de ellos puede ser abordado en plenitud a partir de disciplinas específicas e individuales”.

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

El desarrollo humano en los países del mundo

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Trondheim, Noruega.

Como alternativa al comúnmente utilizado indicador de Producto Interior Bruto per cápita, el enfoque del desarrollo humano nos da una aproximación más completa del verdadero desarrollo de los países.

El nivel de desarrollo de un país o región está condicionado no sólo por los ingresos de sus habitantes sino también por ámbitos tan importantes para el ser humano como la salud y la educación.

En esencia, el desarrollo humano lo conforman tres dimensiones básicas que son susceptibles de ser evaluadas a través de indicadores:

  1. Salud. Se toma como indicador para su evaluación la Esperanza de vida al nacer.
  2. Educación. Se evalúa a través de dos indicadores: Años de escolaridad esperados y Promedio de años de escolaridad.
  3. Nivel de vida. Para evaluar los progresos respecto a un nivel de vida decente se emplea como indicador la Renta Nacional Bruta per cápita (2011 PPP $).

A partir de estos cuatro indicadores se calculan los tres índices normalizados que corresponden a las dimensiones de salud, educación y nivel de vida, y con los que, aplicando la media geométrica, se construye el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

Desde 1990 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) viene publicando su Informe sobre Desarrollo Humano en el que analiza, sobre la base de datos empíricos, el nivel de desarrollo de los países del planeta. En la edición de 2019 de dicho informe se recogen los resultados del IDH, correspondiente a 2018, para un total de 189 países del mundo.

Dentro del grupo de países con mayor Índice de Desarrollo Humano se encuentra, en primer lugar, Noruega, con una puntuación de 0,954. Se trata de un país que, a pesar de no ser el de mayor renta per cápita del mundo, ya que toma la posición sexta en la dimensión de nivel de vida, logra alcanzar, dados los buenos resultados en salud y educación, el primer puesto en desarrollo humano. Como contraste, el Estado de Catar, cuyo alto nivel de renta per cápita (110.489 dólares) lo lleva a tomar la primera posición mundial, presenta un nivel de desarrollo humano (0,848) que lo relega a la posición 41, dada su peor situación relativa en los ámbitos de educación y salud.

Tras Noruega, le siguen con mayores puntuaciones del IDH Suiza, Irlanda, Alemania, Hong Kong (China SAR), Australia, Islandia, Suecia, Singapur y Países Bajos, todos ellos con un valor del IDH superior a 0,93. Cierra el grupo de los 25 países con mayor IDH España (0,893), cuya posición en nivel de desarrollo humano (25) es superior a la que toma en renta per cápita (33).

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En el otro extremo, se encuentra Níger con el menor nivel de desarrollo humano de los 189 países del mundo para los que se ha contado con datos. El valor de su IDH (0,377) es 2,5 veces inferior al de Noruega (0,954), el país con mayor nivel de desarrollo humano. La posición de Níger en desarrollo humano (189) es similar a la que ocupa en la dimensión de nivel de vida o renta per cápita (186).

Le siguen, dentro del grupo de países con menor IDH, República Centroafricana, Chad, Sudán del Sur, Burundi, Malí, Eritrea, Burkina Faso, Sierra Leona, Mozambique y República Democrática del Congo, todos ellos del continente africano, con un valor del IDH inferior a 0,460.

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Para más información:

UNDP: Human Development Report 2019.

Una cita con el jefe indígena Seattle y la madre tierra

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El jefe indígena Seattle (Si’ahl en su propia lengua, el lushootseed) pronunció un célebre discurso en 1854 (recreado por Ted Perry en 1970), defendiendo la integridad de su tierra, ante el gobernador norteamericano Stevens que visitaba la zona para materializar sus pretensiones de comprarla.

Las sabias palabras del jefe Seattle nos recuerdan que la tierra no pertenece a los hombres sino al contrario. Todos los seres vivos formamos una red única que mantiene un delicado equilibrio que es necesario preservar.

“Si os vendemos esta tierra, ahora pondré esta condición: debéis enseñar a vuestros hijos que la tierra bajo sus pies responde más cariñosamente a nuestros pasos que a los vuestros, porque está llena de las vidas de nuestros parientes. Enseñad a vuestros hijos lo que hemos estado enseñando a los nuestros, que la tierra es nuestra madre.

Lo que acontece a la tierra, acontece a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen al suelo, están escupiendo sobre sí mismos. Esto sabemos. La tierra no pertenece al hombre blanco, sino que el hombre blanco pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todas las cosas están conectadas, como la sangre que une a nuestra familia. Si matamos a las serpientes, los ratones se multiplicarán y destruirán nuestro maíz. Toda las cosas están conectadas. Lo que acontece a la tierra, acontece a los hijos y las hijas de la tierra. El hombre no tejió la red de la vida; solo es uno de sus hilos. Todo lo que le hace a la red, se lo hace a sí mismo”.

Para leer más:

Si’ahl/Ted Perry: Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Akiara books, Barcelona, 2019.

 

La economía del bien común: tres ideas centrales

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Ante los síntomas de la crisis general del sistema económico capitalista (desempleo, desigualdad, hambrunas, cambio climático, crisis democrática y de valores…), en octubre de 2010 nace una alternativa: el modelo de economía del bien común, que es presentado por el economista austriaco Christian Felber. Esta alternativa al capitalismo de mercado y a la economía planificada se sustenta en las tres ideas centrales siguientes:

1. Quiere resolver la contradicción de valores entre economía y sociedad, incentivando y premiando en la primera los mismos comportamientos y valores que tienen éxito en las relaciones humanas: honestidad, empatía, confianza, estima, cooperación, compromiso con la naturaleza, solidaridad, voluntad de compartir.

2. El objetivo que nuestras constituciones prevén para la economía -el bien común- debe implantarse en el orden económico legal de forma consecuente. De la misma manera, el dinero, el capital y el beneficio financiero deben ocupar su lugar de meros medios económicos para conseguir el fin. Entonces, el orden económico cumplirá el espíritu de las constituciones.

3. El éxito económico deja de medirse por recursos para medirse por objetivos. Con vistas a poner este reajuste de “fines y medios” en práctica, la economía del bien común está desarrollando el “Producto del Bien Común”, para medir el éxito de una economía nacional; el “Balance del Bien Común”, para medir el éxito de una empresa, y el “Examen del Bien Común”, para saber si una inversión concreta contribuye al fin de la economía o la contradice. En la economía del bien común, todo el sistema de incentivos inherente a una economía de mercado debe alinearse con estos resultados y rendimientos éticos en lugar de con los resultados monetarios, según el lema: “Con ética al éxito”.

Para leer más:

Christian Felber: La economía del bien común. Ediciones Deusto, Barcelona, 2015.

 

Una cita con Miguel Delibes: el hereje y su caballo

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El escritor español Miguel Delibes (1920-2010) nos narra en su gran obra El hereje la vida de Cipriano Salcedo, que estuvo marcada por su fecha de nacimiento, coincidente con un acontecimiento histórico: en el año 1517 Martín Lutero fija sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg, hecho que desencadenaría el cisma de la Iglesia Romana de Occidente.

En su apresurada huida rumbo a la frontera, el hereje Cipriano contó con la valiosa ayuda de su caballo Pispás. Con él pensaba hacer veinticuatro leguas y finalmente hizo veintisiete. Un día antes de abandonarlo, para evitar su completa extenuación, y hacerse con otro caballo, Salcedo y Pispás se hallaban por Quintana del Puente.

“Se desvió del camino en Quintana del Puente. Al fondo, a la izquierda, en la falda de la colina, se iniciaba la moheda y, en los bajos, un mar de cereal, todavía fresco, cabeceaba suavemente con la brisa. En algunos puntos clareaban las cebadas y, al pie del cerro, antes de alcanzar el monte, divisó una pequeña braña, fresca, de un verde tierno. El agua transparente manaba en abundancia del venero y se derramaba por el prado. Acercó a Pispás y le dejo beber hasta saciarse. El agua iba borrando las espumas blancas de sus belfos mientras su lomo dejaba de temblar. Cuando le vio satisfecho se internó con él en la espesura. Los gazapillos de las camadas de primavera correteaban alarmados en todas direcciones y desaparecían en los vivares. A media ladera, Cipriano descabalgó, quitó la silla a Pispás y lo dejó pastando libre, en el claro”.

Para leer más:

Miguel Delibes: El hereje. Austral, Barcelona, 2010.

Una cita con Tomás Moro: la equidad en Utopía

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En Utopía, la república imaginada por Tomás Moro (1478-1535) en el siglo XVI, la sociedad está organizada de tal forma que el principio de equidad está muy presente. Los habitantes de Utopía viven felices. Todos los utopienses “tienen abundancia de todo gracias a que se reparte equitativamente”.

“Quisiera en este punto que alguien se atreva a comparar con esta equidad la justicia de las otras gentes, entre las cuales así me muera si hallo algún vestigio siquiera de justicia y de equidad. Porque, ¿qué justicia es que un noble, o un orífice, o un usurero, o, en fin, uno cualquiera de esos que no hacen nada absolutamente o que, si lo hacen, es de tal jaez que no resulta mayormente necesario para la república, consigan a base de ocio o de un negocio superfluo una vida suntuosa y espléndida, mientras, de otro lado, un azacán, un cochero, un artesano, un agricultor, con un trabajo tan grande y tan continuo que apenas lo soportan las bestias de carga, tan necesario que sin él no podría una república durar ni un año siquiera, logran, sin embargo, un sustento tan cicatero, llevan una vida tan mísera que hiciera parecer mucho mejor la condición de las bestias de carga, que no tienen un trabajo tan asiduo ni un sustento mucho peor (y para ellas hasta más delicado), ni desde luego, temor alguno del futuro?

Para leer más:

Tomás Moro: Utopía. Taurus, Barcelona, 2016.

 

 

Una cita con Tomás Moro: la felicidad en Utopía

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Con su célebre obra Utopía, el pensador inglés Tomás Moro (1478-1535) nos dejó escrito cómo podría ser la organización de esa sociedad ideal en la que sus habitantes vivieran felices.

Dicha sociedad tendría que alcanzar un alto grado de civilización y humanismo. Por eso los habitantes de la república de Utopía emplean adecuadamente su tiempo, de modo que el pesado trabajo corporal ocupe una jornada de no más de seis horas diarias, lo que permite destinar más tiempo a las letras y las artes, o a cualquier otra actividad libremente elegida que fomente el cultivo del espíritu.

“Al estar todos empleados en oficios útiles y ser menos los trabajos que éstos deparan, se procede en ocasiones, cuando la provisión de todos los bienes ya es abundante, a sacar a una multitud inmensa a reparar las vías públicas (si hay alguna que esté deteriorada); muchísimas veces incluso, cuando ni siquiera hay necesidad de un servicio de este tipo, ordenan menos horas de trabajo público. Pues los magistrados no ocupan a los ciudadanos contra su voluntad en trabajos excusados, siempre y cuando la creación de la república tiene como fin primordial precisamente éste: en la medida que lo permiten las necesidades públicas, asegurar a los ciudadanos el máximo de tiempo para la libertad, y cultivo del espíritu, cobrándolo de la servidumbre corporal. Pues en esto piensan que estriba la felicidad de la vida”.

Para leer más:

Tomás Moro: Utopía. Taurus, Barcelona, 2016.