La fiscalidad ambiental en la UE

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La fiscalidad ambiental constituye un instrumento de política pública cuya utilidad viene justificada por sus implicaciones positivas tanto sobre la calidad del medio ambiente como sobre la eficiencia de la economía.

Dicho instrumento fiscal conlleva la recaudación derivada de la aplicación de un conjunto de impuestos ambientales en un territorio determinado, país o región. A los impuestos ambientales se los suele definir como aquellos impuestos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medio ambiente (SEEA 2012, UN et.al., 2012).

La fiscalidad verde viene, por tanto, a gravar principalmente las siguientes categorías ambientales: emisiones al aire, sustancias que reducen la capa de ozono, efluentes al agua, fuentes difusas de polución al agua, gestión de residuos, ruido, productos energéticos (gasolinas, carbón, gas, fuels, electricidad…), transporte y recursos  naturales (agua, bosques…).

Son diversas las ventajas que puede ofrecer una adecuada aplicación de la fiscalidad verde. Entre otras, podemos señalar las siguientes: a) favorece la eficiencia energética y el uso de las energías limpias (al gravar las energías fósiles), b) contribuye a un mayor empleo del transporte sostenible, c) fomenta la producción y el consumo de productos más respetuosos con el medio ambiente, d) reduce los impactos de la contaminación y los residuos sobre los ecosistemas, e) desincentiva el consumo de recursos naturales no renovables y f) refuerza la lucha contra el cambio climático.

Estos impuestos permiten que se aplique el principio de «quien contamina, paga», al internalizarse las externalidades negativas, es decir, al incorporarse al precio de los bienes los costes medioambientales que supone su producción/consumo. Se conforman, por tanto, como un incentivo para que productores y consumidores modifiquen su comportamiento, de modo que sea más respetuoso con el medio ambiente.

Organismos como la OCDE y la Comisión Europea se han manifestado partidarios de este instrumento económico y medioambiental recomendando su implantación. Así, en el marco de la Unión Europea, el Sexto Programa comunitario de acción en materia de Medio Ambiente (2002) recomendaba el empleo de impuestos sobre los recursos y sobre productos y procesos intensivos en residuos, con el fin de mitigar el cambio climático y fomentar una producción y consumo sostenibles.

Igualmente, la Estrategia Europa 2020 de la Comisión Europea aboga por una mayor aplicación de la fiscalidad verde:

«Los Estados miembros deberían más bien intentar desplazar la presión fiscal desde el trabajo a los impuestos sobre la energía y medioambientales como parte de un movimiento hacia unos regímenes fiscales verdes«.

En las dos últimas décadas se ha producido una tendencia general de aumento en el número y tipos de impuestos que gravan diferentes categorías del medio ambiente y la energía. Pero ¿cómo se ha comportado su recaudación? ¿Cómo ha evolucionado en el conjunto de la UE y por países la participación de los ingresos de los tributos ambientales respecto a la evolución que han seguido la recaudación total y la actividad económica?

Según Eurostat, en la UE-28 se recaudó en 2014 un total de 343.726 millones de euros en concepto de impuestos ambientales. De este total la mayor parte (el 76%) fueron ingresos por impuestos sobre la energía. Les siguen, a distancia, los impuestos sobre el transporte (20%) y sobre la contaminación y los recursos (4%).

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En términos relativos, los impuestos ambientales suponen el 6,35% de la recaudación total de la UE-28 en 2014. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB), asciende al 2,46%.

Desde una aproximación temporal, se comprueba cómo, a pesar de haber aumentado el número de impuestos ambientales, la presión fiscal ambiental se ha reducido durante el periodo 2004-2014, disminuyendo desde el 2,56% hasta el 2,46% en el último año. Ello significa, por tanto, que en dicho periodo la recaudación por impuestos ambientales ha evolucionado a un menor ritmo que lo ha hecho la actividad económica. No obstante, hay que diferenciar dos etapas: una primera (2004-2008), previa a la crisis económica, en la que dicha ratio ha descendido desde el 2,56% al 2,29%, y una segunda en la que se ha incrementado gradualmente año a año, si bien hasta un 2,46% que sigue siendo inferior al valor registrado en 2004.

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Finalmente, en un análisis por países son destacables las diferencias que se detectan dentro de la UE-28. Dinamarca es el país con el mayor porcentaje de recaudación por impuestos ambientales sobre el PIB (4,08% en 2014). Le siguen en importancia Eslovenia (3,89%), Croacia (3,86%), Grecia (3,68%), Italia (3,59%) y Países Bajos (3,36%).

Por el contrario, el país con menor presión fiscal ambiental es Lituania (1,70%), seguido de Eslovaquia (1,79%), España (1,85%), Luxemburgo (1,99%) y Alemania (2,oo%).

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Durante el periodo 2004-2014 la presión fiscal ambiental ha disminuido en la mayoría de los Estados miembros (18 de 28), permaneciendo igual en cuatro y aumentando en seis. El mayor avance se ha registrado en Grecia (+1,6  p.p.) y el mayor retroceso en Lituania y Luxemburgo (-1,0 p.p., ambos).

Para más información: 

Eurostat

Una cita sobre riqueza y naturaleza en la obra de Confucio

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Templo de Confucio. Suzhou, China

El filósofo y pensador chino Confucio (551-479 a.C.) se inspira en la naturaleza para expresar su idea de riqueza y felicidad con estas palabras:

«Quien busca alimentos crudos para comer, agua para beber y un brazo doblado como almohada encontrará felicidad sin buscarla. Cualquier idea de aceptar la riqueza y la posición por medios que están equivocados resulta tan lejana para mí como las nubes que se desplazan en el cielo».

 

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Confucio. Suzhou, China

Para leer más:

Confucio: Analectas.

La Declaración de Estocolmo de 1972

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Toda revisión histórica de la idea de «desarrollo sostenible» ha de remontarse al menos al año 1972. En 2017 se cumplen 45 años de un acontecimiento histórico de carácter mundial.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, constituye posiblemente el primer gran paso a nivel internacional en el reconocimiento de la importancia del medio ambiente en el desarrollo. La Declaración de Estocolmo resultante de dicha Conferencia, aprobada el 16 de junio de ese año, contiene 26 principios y un Plan de acción con 109 recomendaciones, y pretende servir de guía a los pueblos del mundo para preservar y mejorar el medio humano.

La Declaración de Estocolmo proclama desde sus primeras líneas que «el hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente». El bienestar del hombre descansa en dos aspectos del medio humano que son esenciales, el natural y el artificial.

Al mismo tiempo manifiesta que la evolución de la humanidad y de la ciencia y la tecnología han ido paralelas a una transformación «en una escala sin precedentes» del planeta Tierra. Por ambas razones la protección del medio ambiente es no sólo un «deseo urgente de los pueblos de todo el mundo» sino también «un deber de todos los gobiernos».

Entre los 26 principios de la Declaración de Estocolmo destacamos por su relación más directa con el medio ambiente y el desarrollo los siguientes:

Planificar los recursos naturales para las generaciones presentes y futuras:

«Los recursos naturales de la Tierra, incluidos el aire, el agua, la tierra, la flora y la fauna, y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras mediante una cuidadosa planificación u ordenación, según convenga» (Principio 2).

Sostenibilidad ambiental:

«Debe mantenerse y, siempre que sea posible, restaurarse o mejorarse la capacidad de la Tierra para producir recursos vitales renovables» (Principio 3).

Desarrollo económico y conservación:

«El hombre tiene la responsabilidad especial de preservar y administrar juiciosamente el patrimonio de la flora y fauna silvestres y su hábitat, que se encuentran actualmente en grave peligro por una combinación de factores adversos. En consecuencia, al planificar el desarrollo económico debe atribuirse importancia a la conservación de la naturaleza, incluidas la flora y la fauna silvestres» (Principio 4).

Preservar los recursos no renovables:

«Los recursos no renovables de la Tierra deben emplearse de forma que se evite el peligro de su futuro agotamiento y se asegure que toda la humanidad comparte los beneficios de tal empleo» (Principio 5).

Planificación integral del desarrollo:

«A fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar así las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población» (Principio 13).

La planificación como instrumentos indispensables:

«La planificación racional constituye un instrumento indispensable para conciliar las diferencias que puedan surgir entre las exigencias del desarrollo y la necesidad de proteger y mejorar el medio» (Principio 14).

Asimismo, la Conferencia sobre el Medio Humano de 1972 permitió el nacimiento en ese mismo año del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que vendrá a ser la institución medioambiental de la ONU hasta nuestros días.

Para más información:

Programa de las Naciones Unidades para el Medio Ambiente

Una cita con el río en la obra de Joseph Conrad

El literato inglés de origen polaco Joseph Conrad (1857-1924) narró como pocos la envolvente fuerza natural de un río: el río Congo. Traemos hasta aquí estas expresivas palabras pertenecientes a su reputada novela «El corazón de las tinieblas»:

«Remontar aquel río fue como retroceder hasta los orígenes más tempranos del mundo, cuando la vegetación dominaba la tierra y los grandes árboles eran los reyes. Una corriente vacía, un gran silencio, un bosque impenetrable. El aire era cálido, denso, pesado, lento. No había ninguna alegría en el brillo del sol. Los largos tramos del canal seguían corriendo, desiertos, hasta la penumbra de la ensombrecida lejanía. En bancos de arena plateados, hipopótamos y caimanes tomaban juntos el sol. Las aguas ensanchadas fluían a través de una aglomeración de islas boscosas; uno se perdía en aquel río como lo haría en un desierto, y se chocaba todo el día contra bajíos, tratando de encontrar el canal, hasta que uno se creía hechizado y aislado para siempre de todo lo que había conocido alguna vez…, en algún lugar…, muy lejos…, en otra existencia tal vez».

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Casa donde en 1861 vivió Joseph Conrad. Varsovia, Polonia

Para leer más:

Joseph Conrad (1899): El corazón de las tinieblas.

La situación de los países ante los objetivos de desarrollo sostenible

En 2016 entró en vigor la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En ella se establecen los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), relativos a sus tres dimensiones (económica, social y medioambiental), que han de alcanzar los países del planeta en los próximos 15 años.

Para evaluar los progresos que realicen los países de aquí al año 2030 respecto al cumplimiento de los 17 ODS, es pertinente conocer el punto de partida en el que se encuentran. Esta labor queda recogida en el Informe de Índice y Paneles de los ODS, publicado en julio de 2016, que se ocupa de medir la situación en 2015 respecto a los ODS de los 149 países (el 77% de los 193 Estados miembros de la ONU) para los que se ha contado con datos suficientes.

La primera herramienta analítica empleada en el citado Informe es el Índice de los ODS. Se trata de un índice compuesto que se elabora a partir de uno o varios indicadores para cada uno de los 17 ODS. Pretende, por tanto, evaluar de forma sintética los diversos aspectos del desarrollo sostenible, tales como pobreza, seguridad alimentaria, salud, educación, igualdad de género, abastecimiento de agua y saneamiento, energía, inclusión social, acceso a infraestructuras básicas, consumo y producción sostenibles, cambio climático, océanos, ecosistemas terrestres, paz y seguridad.

Para cada país se obtiene una puntuación ajustada del Índice, que toma un valor comprendido entre 0 (el caso peor) y 100 y (el caso mejor). Ello permite conocer la distancia a la que se encuentra el país de conseguir el mejor resultado posible respecto al cumplimiento de los ODS previstos para 2030.

Del análisis de los principales resultados preliminares obtenidos para el Índice general de los ODS recogidos en el citado Informe, se concluye que son tres países escandinavos (Suecia, Dinamarca y Noruega) los que presentan una mejor situación para conseguir los valores óptimos de cumplimiento de los 17 ODS. Así, Suecia con una puntuación máxima de 84,5 se encuentra al 84,5% de conseguir el mejor resultado posible teniendo en cuenta los 17 ODS.

Se observa, asimismo, que son los países más ricos los que tienden a situarse en la parte más alta de la clasificación. Entre los países que más se acercan al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible predominan los países europeos, a los que se suman otros como Canadá, Japón, Singapur, Australia, Nueva Zelanda y EE.UU.

Grupo de los 50 países que más cumplen los ODSindice-50-paises_mejor

Por su parte, los países que más se alejan del cumplimiento de los ODS se corresponden con los más pobres del planeta, localizados principalmente en África y Asia. Es la República Centroafricana (26,1) el país que se encuentra a mayor distancia de obtener el valor óptimo de cumplimiento de los ODS, al que siguen Liberia y República Democrática del Congo.

Grupo de los 50 países que menos cumplen los ODSindice-50-paises_peor

Finalmente, dentro del grupo intermedio, que lo conforman 49 países, las puntuaciones sobre el cumplimiento de los ODS oscilan entre el 65,1 de Túnez y 53,8 de Sudáfrica. En este grupo se encuentran, además, países como Brasil (con la posición 54 sobre el total de 149), México (56), Marruecos (64), Ecuador (71), China (76), Arabia Saudí (85) e Indonesia (98), entre otros.

Como herramienta complementaria al Índice, los Paneles de los ODS representan los datos disponibles sobre el grado de cumplimiento de los 17 ODS empleando un esquema de códigos de color, de modo que los objetivos se resaltan en verde, amarillo o rojo. Un objetivo con color verde significa que el país está en buen camino para cumplirlo antes de 2030. Con el color amarillo se advierte de que para ese objetivo el país tiene desafíos significativos. Finalmente, el objetivo en rojo indica que el país tiene que superar los retos más graves.

Los resultados obtenidos nos dan luz sobre la agenda de acciones que tiene que implementar cada país. Así, por ejemplo, Suecia, que obtiene la puntuación máxima del Índice general (84,5), debe afrontar aún retos importantes en materia de cambio climático y conservación de ecosistemas terrestres.

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En el caso de España (con la posición nº 30) los mayores retos (objetivos «en rojo») abarcan 9 de los 17 ODS.

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A modo de resumen, para el grupo de países de la OCDE, en promedio, obtienen una clasificación «en rojo» en más de un tercio de los objetivos. Los mayores retos se presentan en cambio climático, en conservación de los ecosistemas terrestres y marinos y en consumo y producción sostenibles.

Para leer más:

Índice y Paneles de los ODS, julio de 2016

La mercancía y el dinero según Carlos Marx

Berlín, Alemania
Carlos Marx. Berlín, Alemania

Carlos Marx (1818-1883) en su pretensión de dar con la ley de desarrollo de la sociedad de producción capitalista comienza su obra principal, El Capital, afirmando que:

«la riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma elemental«.

Su investigación sobre el funcionamiento del sistema capitalista toma como punto de partida, por tanto, el análisis de la mercancía. A partir de su teoría del valor este economista vino a afirmar que:

«por ser todas las mercancías, consideradas como valores, trabajo humano materializado, y por tanto conmensurables de por sí, es por lo que todos sus valores pueden medirse en la misma mercancía específica y ésta convertirse en su medida común de valor, o sea en dinero. El dinero, como medida de valores, es la forma o manifestación necesaria de la medida inmanente de valor de las mercancías: el tiempo de trabajo«.

Y continúa Carlos Marx expresando que:

«el enigma del fetiche dinero no es, por tanto, más que el enigma del fetiche mercancía, que cobra en el dinero una forma visible y fascinadora».

Para leer más:

Carlos Marx (1867): El Capital.

Una cita de F. Chopin sobre música y naturaleza

Muchos de los grandes genios de la cultura se inspiran en la naturaleza para desarrollar su obra creativa. Uno de esos genios fue Fryderyk Chopin (1810-1849). De él se decía que su música fluye como el agua.

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F. Chopin. Varsovia, Polonia

Compuso principalmente obras para piano como Polonesas, Mazurcas, Preludios, Estudios, Nocturnos, Valses, Canciones… Algunas llevan títulos que aluden a la naturaleza como «Primavera»o «El triste río».

Inspiradora es la descripción que el propio Chopin hace del rubato, recurso musical que tanto utilizó en sus composiciones musicales:

«La mano derecha puede desviarse del compás, pero la mano acompañante ha de tocar con apego a él. Imaginemos un árbol con sus ramas agitadas por el viento: el tronco es el compás inflexible, las hojas que se mueven son las inflexiones melódicas».

 

Para más información:

The Fryderyk Chopin Institute

 

 

 

El grado de satisfacción con la calidad del aire de los ciudadanos europeos

La calidad de vida en las ciudades depende de diversos factores, tales como las dotaciones de infraestructuras y equipamientos, las oportunidades de empleo, la situación de la vivienda, la seguridad y el estado del medio ambiente. Por lo que se refiere a este último la calidad del aire es, sin duda, un aspecto básico del bienestar en una ciudad.

Pero, ¿están los habitantes de las ciudades europeas satisfechos con el aire que respiran? ¿Se constatan progresos en este ámbito?

Centrándonos en las 28 ciudades capitales de la UE, los últimos Eurobarómetros permiten obtener conclusiones relevantes.

Así, en 2015 las urbes con mayor calidad del aire según sus ciudadanos son Helsinki, Viena y Dublín. En las tres el 88% de la población declara que está muy satisfecha o bastante satisfecha con la calidad del aire donde residen.

Helsinki, Finlandia
Helsinki, Finlandia

Les siguen, a continuación, las ciudades de Luxemburgo (83%), Estocolmo (77%), Liubliana (76%) y Tallin (75%).

Por el contrario, las ciudades donde los ciudadanos están más descontentos con la calidad del aire que respiran son Bucarest (28%), Sofía (22%), París (30%), Madrid (31%) y Roma (32%). En todas ellas solamente menos de un tercio de sus habitantes está muy satisfecho o bastante satisfecho  con el aire  de sus ciudades o, lo que es lo mismo, más de dos tercios está bastante insatisfecho o no del todo satisfecho.

Analizando el periodo 2012-2015, de las 28 ciudades capitales de la UE, 19 han mejorado en calidad del aire, 6 han empeorado y 3 se han mantenido, según las respuestas aportadas por sus ciudadanos.

Respecto a las ciudades donde sus habitantes perciben que ha aumentado más la calidad del aire entre 2012 y 2015 se sitúan en las primeras posiciones Praga, Liubliana y Tallin.

En el otro extremo durante los últimos años ha disminuido con mayor intensidad la satisfacción con la calidad del aire de los ciudadanos de las grandes urbes de París y Londres.

Finalmente, se mantiene entre 2012 y 2015 la misma percepción de la calidad del aire en las ciudades de La Valeta, Bruselas y Riga.

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Para más información:

Eurostat: Eurobarómetros, 2012 y 2015.

La idea de riqueza en la obra de David Ricardo

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Uno de los grandes economistas de la escuela clásica, David Ricardo (1772-1823), se ocupó, en su célebre obra Principios de economía política y tributación (1817), del crecimiento económico a largo plazo de las naciones.

En su análisis retoma de Adam Smith la distinción entre valor en cambio y valor en uso para diferenciar sus conceptos de valor y de riqueza:

«la riqueza difiere esencialmente del valor, ya que éste depende no de la abundancia sino de la facilidad o dificultad de la producción (…) todas las cosas suben o bajan de valor en proporción a la facilidad o dificultad con que se producen, o, en otras palabras, en relación con la cantidad de trabajo empleado en su producción».

David Ricardo centró su investigación en el especial papel que desempeñaba la agricultura en el conjunto de la economía de su época así como en la distribución del producto entre terratenientes, capitalistas y trabajadores. Según las condiciones que presentara la agricultura podría derivarse una mayor o menor tasa de beneficios de la economía, motor, en última instancia, del mayor o menor crecimiento económico de una nación.

En palabras del propio Ricardo:

«El producto de la tierra -todo lo que se obtiene de su superficie mediante la aplicación aunada del trabajo, la maquinaria y del capital- se reparte entre tres clases de la comunidad, a saber: el propietario de la tierra, el dueño del capital necesario para su cultivo, y los trabajadores por cuya actividad se cultiva. Pero en distintas formas de sociedad, las proporciones del producto total de la tierra que serán imputadas a cada una de estas tres clases, bajo los nombres de renta, utilidad y salarios, serán esencialmente diferentes, dependiendo principalmente de la fertilidad real del suelo, de la acumulación de capital y de población, y de la habilidad, del ingenio y de los instrumentos utilizados en la agricultura».

Comparte con la corriente principal de la economía clásica el temor por la llegada del «estado estacionario», aquella situación en la que la acumulación de capital se detendría imposibilitando la generación de riqueza y el aumento del producto de la nación, llegando a amenazar el propio bienestar de la población. La tierra presenta rendimientos decrecientes y en una situación de crecimiento de la población los salarios y los precios de los alimentos aumentarían, mientras que descendería la tasa de beneficios de la agricultura y por tanto también la acumulación de capital en toda la economía. Esta nueva situación haría que la población se reajuste, tendiéndose en este proceso al estado estacionario.

Para leer más:

David Ricardo (1817): Principios de economía política y tributación.

Una cita con la naturaleza en la obra de Hemann Hesse

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«Lo visible es expresión, la naturaleza es imagen, lenguaje y jeroglífico en color. Actualmente, a pesar de una ciencia natural altamente desarrollada, no estamos bien formados para lo que es la auténtica visión, y nos encontramos más bien en pie de guerra con la naturaleza. Otros tiempos, tal vez todos los tiempos, todas las épocas anteriores a la conquista de la tierra por la técnica y la industria, han poseído una sensibilidad y un entendimiento para el lenguaje mágico de la naturaleza y han sabido interpretarla en una forma más pura e inocente que nosotros. Esta sensibilidad no era una actitud sentimental, la relación sentimental del hombre con la naturaleza es de fecha bastante reciente, y tal vez haya nacido sólo de nuestra mala conciencia frente a la naturaleza».

Fuente: Hermann Hesse: «Sobre mariposas». Artículo publicado en 1935 y compilado en el libro Pequeñas alegrías (2010).