El parque de coches eléctricos en la Unión Europea (2013-2023)

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Una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y calentamiento global del planeta reside en el sector del transporte. Para hacer frente a este serio problema medioambiental y de salud la Unión Europea cuenta desde 2011 con la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible, conocido como Libro Blanco del transporte.

En su estrategia el Libro Blanco establece diez objetivos cuantificados para alcanzar «un sistema de transporte competitivo y sostenible», entre los que se encuentra el siguiente:

«Reducir a la mitad el uso de automóviles de «propulsión convencional» en el transporte urbano para 2030; eliminarlos progresivamente en las ciudades para 2050; lograr que la logística urbana de los principales centros urbanos en 2030 esté fundamentalmente libre de emisiones de CO2″.

Posteriormente, en diciembre de 2019 la Comisión Europea puso en marcha el Pacto Verde Europeo, un ambicioso proyecto que pretende alcanzar la neutralidad climática en la Unión antes del año 2050. Ello exige un amplio paquete de medidas que deben adoptar los Estados miembros, entre ellas las que afectan al sector de transporte. En este ámbito, la Estrategia de movilidad urbana y sostenible (2020) establece entre sus objetivos que “de aquí a 2030 al menos treinta millones de vehículos de emisión cero circularán por las carreteras europeas”. Además, para 2050 el objetivo marcado se eleva para perseguir que “prácticamente todos los automóviles, furgonetas, autobuses y los nuevos vehículos pesados serán de emisión cero”.

De esta forma la política común de transportes aboga por la progresiva implantación de los vehículos eléctricos en detrimento de los automóviles de propulsión convencional. Sin embargo, los avances alcanzados hasta la fecha se presentan claramente escasos.

Según Eurostat, en 2023 se contabilizó en la UE-27 un total de casi 4,5 millones coches eléctricos de pasajeros, constatándose desde una perspectiva temporal que el parque de estos vehículos ha seguido una senda de crecimiento continuado, desde los apenas 50.278 registrados en 2013.

G_UE_2013_2023

Durante este periodo 2013-2023, el crecimiento medio anual de coches eléctricos ha sido superior al registrado por el parque total de coches de pasajeros, de modo que ha aumentado su porcentaje de participación. Sin embargo, hay que resaltar que el número de este tipo de coches «sostenibles o menos contaminantes» tan sólo representa un 1,7% del total de coches de pasajeros en 2023, un porcentaje ciertamente exiguo que contrasta con los objetivos marcados por la Comisión Europea.

En un análisis por países se detectan diferencias relevantes respecto a la implantación de coches eléctricos, no existiendo ningún Estado miembro de la UE que registre un porcentaje de participación de estos vehículos superior al 8%.

En términos absolutos, en 2023 los mayores parques de coches eléctricos se encuentran en Alemania (1.408.681 vehículos), Francia (916.082) y Países Bajos (442.409), que concentran el 62% de parque total de estos vehículos de la Unión. Por el contrario, se registran los menores parques de coches eléctricos en países como Chipre, Malta, Estonia, Letonia, Croacia y Eslovaquia.

En términos relativos, los países que presentan las mayores ratios de vehículos eléctricos sobre el parque total de coches de pasajeros en 2023 son los siguientes: Dinamarca (7,1%), Suecia (5,9%), Luxemburgo (5,1%) y Países Bajos (5,0%).

G_UE_Países_2023

Para más información:

Eurostat

Comisión Europea: Libro Blanco del transporte, 2011.

Comisión Europea: Estrategia de movilidad sostenible e inteligente: encauzar el transporte europeo de cara al futuro, 2020.

Las energías renovables en el sector eléctrico de la UE (2004-2022)

Entre los objetivos principales de la política energética de la Unión Europea ha tomado especial protagonismo durante los últimos años el fomento del uso de las energías renovables. 

Como establece la Directiva (UE) 2018/2001 en su artículo 3.1, la Unión Europea tiene un compromiso vinculante para cumplir a más tardar en 2030 en relación con la cuota general de energía procedente de fuentes renovables en el consumo final de energía:

«Los Estados miembros velarán conjuntamente por que la cuota de energía procedente de fuentes renovables sea de al menos el 32% del consumo final bruto de energía de la UE en 2030».

Posteriormente, la Directiva (UE) 2023/2413 revisó dicho objetivo para 2030, incrementándolo desde el 32% hasta un mínimo del 42,5%, con la aspiración de alcanzar el 45%.

Dicha cuota de energías renovables se calcula como la suma, por un lado, del consumo final bruto de electricidad generada por fuentes renovables y, por otro, del consumo final bruto de energía procedente de fuentes renovables en los sectores de calefacción y refrigeración y del transporte.

Para facilitar el cumplimiento del objetivo del 42,5% la UE se ha propuesto, en el ámbito de la generación de electricidad, reducir el empleo de los combustibles fósiles (petróleo, gas natural…), responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera que provocan el calentamiento global del planeta, para ser sustituidos por fuentes energéticas renovables (solar, eólica, hidráulica…).

Como expresa el Pacto Verde Europeo de 2019:

«Proseguir el proceso de descarbonización del sistema energético es esencial para la consecución de los objetivos climáticos de 2030 y 2050 (…) Ha de desarrollarse un sector eléctrico basado en gran medida en fuentes renovables, completado con un rápido proceso de eliminación del carbón y con la descarbonización del gas».

Los datos disponibles en Eurostat nos permiten evaluar la intensidad de los avances logrados en la introducción de las fuentes renovables en sector eléctrico de la UE desde 2004.

Según dicho organismo estadístico europeo, el porcentaje de consumo final bruto de electricidad procedente de fuentes renovables en la UE-27 ascendía en el año 2004 al 15,9% del total, porcentaje que ha ido aumentando paulatinamente en el transcurso de los años de forma ininterrumpida. En 2012 se logra que la cuarta parte de la electricidad consumida (el 25,1%) sea de origen renovable y en 2018, con un 32,1%, se llega a duplicar el porcentaje de 2004. 

G_Renovables_electricidad_UE_2004-2022

Finalmente, en el último año con datos disponibles, en 2022, la participación de las energías renovables alcanza el 41,2%, tras un año 2021 (37,7%), marcado por la crisis sanitaria del COVID-19, en el que el avance fue sólo de cuatro décimas porcentuales.

Por tipos de energías, según Eurostat la electricidad generada a partir de energías renovables procede principalmente de dos fuentes: energía eólica (37,5%) y energía hidráulica (29,9%), aportando entre ambas más de dos tercios del total. En tercer lugar, la energía solar, que es la fuente que ha tenido una implantación más rápida, participa con el 18,2%. Le siguen los biocombustibles sólidos (6,9%) y otras energías renovables (7,5%).

En un análisis por países, continúan apreciándose diferencias notables respecto al grado de implantación de la «electricidad verde».

En 2022 Suecia, con el 83,3%, fue el país de la UE-27 con el mayor porcentaje de participación de energías renovables en el consumo final bruto de electricidad. Le siguen Dinamarca (77,2%), Austria (74,7%), Portugal (61,0%), Croacia (55,5%), Letonia (53,3%) y España (50,9%), todos ellos con porcentajes superiores al 50%.

A continuación, otros países que también superan la media de la Unión Europea (41,2%) son Finlandia (47,9%), Alemania (47,6%), Rumanía (43,7%) y Grecia (42,4%).

G_Renovables_electricidad_países_UE-2022

Por el contrario, los menores porcentajes de implantación de las energías renovables en el sector eléctrico correspondieron en 2022 a Malta (10,1%), Hungría (15,3%), República Checa (15,5%), Luxemburgo (15,9%), Chipre (17,0%) y Bulgaria (20,2%).

Para más información:

Eurostat

La especie humana, el lobo y el microbio: una cita con Pedro Lezcano

La especie humana, en su afán de diferenciarse de los demás seres vivientes del planeta Tierra, ha decidido autodenominarse Homo Sapiens. Nos presentamos como seres racionales y superiores. Y, aun reconociendo que no somos perfectos, desde un punto de vista ético, para justificar nuestras imperfecciones hemos llegado a equipararnos, injustamente, con los lobos por la discutible amenaza que infunden estos animales allá por donde pisan.

Traemos hasta aquí las palabras del escritor Pedro Lezcano (1920-2002) que, con su artículo literario Microbios, nos ofrece una reflexión crítica sobre el papel de la especie humana en su relación con el medio ambiente. Desde el punto de vista ecológico, para Lezcano, la vida del ser humano, dados sus crecientes impactos sobre los ecosistemas y las especies, realmente se aproximaría más a la del microbio que a la del lobo.

“Faltando a la verdad y a la modestia, la especie humana gusta situarse en la cúspide de la escala biológica. El hombre se proclama detentador de todos los derechos, racional exclusivo, favorito de la divinidad. En ocasiones el filósofo cuestiona tanta perfección llamándose a sí mismo “homini lupus”, como si el calumniado lobo fuera capaz, como el hombre, de practicar en su manada el expolio, la esclavitud y el exterminio.

Pero es fuera del campo de la ética social donde el hombre desmiente su mitológica superioridad. Es en la ecología donde la especie humana desciende, no ya al peldaño de la fiera con honesta hambre, sino al más ínfimo escalón zoológico de la naturaleza: al nivel del bacilo.

(…) Este abyecto y minúsculo ser vivo, en un alarde inconcebible de estupidez, enfanga, caseifica, infecta y asesina al único sostén de su propia vida. Y acaba sin remedio pereciendo con la putrefacción de su propia víctima.

Ignoramos si los bacilos destructores de su único medio ambiente también se llaman a sí mismos microbios racionales”.

Para leer más:

Lezcano, Pedro: Narraciones. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2016.

Evaluando la productividad energética en la economía de la UE (2000-2022)

En la transición hacia una economía sostenible un aspecto crucial a perseguir es la eficiencia energética. En el ámbito energético, junto al fomento de las energías renovables, el descenso del consumo de energía primaria y final y la reducción de la dependencia exterior, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un objetivo prioritario de su estrategia de desarrollo sostenible.

Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible.

Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2022. Como primera conclusión se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a los 9,3 en 2022. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2022 alcanzó a obtener 9,3 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2022 el país de la Unión Europea con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 28,8 euros en pps por kgep, seguido de Dinamarca (16,6), Rumanía (16,0), Luxemburgo (15,5), Italia (13,6), Portugal (12,3), Lituania (12,3), Austria (10,3), Alemania (12,2) y Croacia (11,9), todos ellos con valores superiores a la media de la UE (11,4).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Malta (6,4), Finlandia (6,6), Bulgaria (7,3), Estonia (7,8), República Checa (8,2), Bélgica (8,3), Eslovaquia (8,3) y Suecia (9,3), que anotaron valores inferiores a 10,0.

Para más información:

Eurostat.

El parque automovilístico de la Unión Europea (2012-2023)

Son incuestionables los diversos impactos (o «externalidades negativas» que diría la economía neoclásica) que acarrea el uso del coche privado: contaminación atmosférica, calentamiento global del planeta, congestión, accidentes de tráfico, deterioro de la salud física y mental, contaminación acústica, dependencia de combustibles fósiles, extracción de materiales, ocupación de suelo, generación de residuos, etc., cuyos costes medioambientales y sociales no han sido aún valorados en su justa medida.

Para hacer frente a la insostenibilidad del transporte la Unión Europea aprobó en 2011 la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible, conocido como Libro Blanco del transporte.

Como expresa este documento estratégico, es clave afrontar la gran dependencia actual del petróleo y sus derivados en el sector del transporte y transitar hacia una economía descarbonizada. Se hace necesario fomentar la movilidad sostenible, como ir a pie o en bicicleta, además de dar un mayor impulso al transporte público no contaminante.

Asimismo, la estrategia del Libro Blanco establece entre sus objetivos que el uso de los automóviles de propulsión convencional en el transporte urbano habrá de verse reducido en un 50% en el año 2030, antes de su eliminación total en las ciudades en 2050.

Sin embargo, según los datos disponibles de Eurostat, el parque automovilístico no ha hecho más que crecer dentro de los límites físicos de los 4,2 millones de km2 de la UE-27.

Centrándonos en los coches de pasajeros, que son el tipo de vehículos de mayor uso, su número no ha abandonado la senda del continuo crecimiento. Si en 2012 existía un total de 219,5 millones de turismos, en 2023 el parque de estos vehículos ascendió a 256,5 millones, es decir, se ha producido un incremento acumulado del 16,9% en dicho periodo. En otras palabras: el parque de coches ha aumentado ininterrumpidamente cada año a un ritmo promedio del 1,4% desde 2012 en la Unión Europea.

Asimismo, hay que anotar que, paralelamente, no se ha llevado a cabo la deseada implantación de coches eléctricos que facilite la eliminación de los coches convencionales dependientes de los combustibles fósiles. En 2023 el parque de coches eléctricos se cuantifica en sólo 4,5 millones de unidades, es decir, apenas el 1,7% del parque total de turismos de la UE-27.

La presión que genera el crecimiento del parque automovilístico es palpable tanto en términos demográficos como territoriales.

En el primer caso, se constata que durante el último decenio el crecimiento del parque de coches de pasajeros ha sido superior al experimentado por la población en el seno de la Unión. Como se observa en el siguiente gráfico, si tomamos como base de referencia el año 2012, el parque de turismos presenta en el año 2023 un valor índice de 116,9, que supera el 101,9 registrado por la población.

Si empleamos la ratio de número de coches de pasajeros por 1.000 habitantes, se concluye que su tendencia ascendente ha sido imparable hasta la actualidad. Para el conjunto de la UE dicho indicador ha aumentado desde los 490 coches por 1.000 habitantes en 2012 hasta los 571 en 2023.

En el segundo caso, una primera evaluación de la presión del parque de coches sobre el territorio de la UE nos arroja que el número de coches por km2 se ha incrementado de 52 a 61 entre 2012 y 2023.

Descendiendo a un análisis por países, en el año 2023 los países de la UE con mayor número de coches de pasajeros son Alemania (49,1 millones), Italia (40,9 mill.), Francia (39,5 mill.), España (26,8 mill.) y Polonia (22,0 mill.) Estos cinco países concentran, por tanto, el 70% del total de coches de la UE.

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2012-2023 en todos los países de la UE se ha incrementado el parque automovilístico de turismos, a excepción de Lituania, donde se ha reducido un 6,0%.

En términos relativos, la ratio de número de coches de pasajeros por 1.000 habitantes revela diferencias entre países. Los mayores valores se alcanzan en Italia (694), Luxemburgo (675), Chipre (665), Finlandia (664) y Estonia (630), que superan holgadamente la media de la UE (571). Por el contrario, los menores parques de coches de pasajeros por 1.000 habitantes se registran en Letonia (418), Rumanía (425), Hungría (435), Irlanda (453) y Bulgaria (466).

Para más información:

Eurostat

Comisión Europea: Libro Blanco del transporte, 2011

Progreso y bienestar animal: una cita con José Luis Sampedro

El escritor español José Luis Sampedro (1917-2013) además de un reconocido literato fue Catedrático de Estructura Económica. A Sampedro siempre le preocupó el verdadero progreso de las sociedades, pero no identificándolo con el crecimiento de la producción de mercancías, el consumismo y la expansión incontrolada de la tecnología, sino con la calidad de vida de las personas, la reducción de la pobreza y el respeto a la naturaleza.

Aunando magistralmente con su prolífica pluma literatura y pensamiento económico, Sampedro nos legó entre su rica obra Un sitio para vivir (1955), una obra de teatro en la que el progreso social es imperfecto si no se tiene en cuenta la preservación de la naturaleza y el bienestar de los animales.

La acción de Un sitio para vivir transcurre en Isla Bonita, una supuesta colonia británica de las Antillas, donde “la vida es fácil y se goza sin prisa”. En la escena I se encuentran Mama Luana, la dueña de la única fonda de la Isla; su hija Nena y Augustus Farrell, un experto en Ingeniería Zootécnica destinado por la Administración colonial a Isla Bonita para dirigir una estación aclimatadora de cerdos.

Los tres personajes mantienen un sugerente diálogo sobre la idea de progreso y su relación con el bienestar de los animales.

FARRELL. ¡Conteste! ¿Cómo cría a sus cerdos tan lozanos, mientras que mis seis parejas se me murieron en menos de cuatro meses? ¿Cómo consigue lo que no logra la Estación Aclimatadora en Isla Bonita, Antillas Orientales?

NENA. (Sirviéndole un vaso.) Vaya, beba un trago, señor Farrell.

FARRELL. ¡Basta de tragos! ¡Quiero saber! Diga, ¿cómo organiza usted la crianza?

MAMA LUANA. ¡Organizar! ¡Bah!

FARRELL. Yo tengo rascaderos impregnados con desinfectantes, piensos científicos supervitaminizados, un patio cubierto con toldos durante las horas de excesiva radiación solar… Pero los cerdos se mueren, mama Luana. Uno tras otro, hasta el último… ¡Dígame el secreto!

MAMA LUANA. ¡Si no hay secreto! Abro el corral por la mañana y los animalitos se van al bosque. Al oscurecer vuelven, gruñen en la puerta, les abro y cierro. Y hasta el día siguiente.

FARRELL. ¡Siempre el mismo cuento!

NENA. Es la verdad, señor Farrell.

Para leer más:

Sampedro, José Luis: Un sitio para vivir. Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2024.

El gasto en protección medioambiental en España (2010-2022)

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Para garantizar la calidad y perdurabilidad de los ecosistemas y las especies se requieren políticas de prevención y cambios profundos en los modos de producción, consumo y distribución. Con el tiempo la protección del medio ambiente se ha convertido en una preocupación creciente de la sociedad.

La puesta en práctica de todas aquellas medidas que permitan preservar la calidad de nuestro entorno natural implica necesariamente responder con medios económicos. Cabe preguntarse, por tanto, cuánto se gastan los países en la protección medioambiental a través de sus empresas, Administraciones Públicas y hogares, lo que permitirá aproximarnos a conocer en qué grado están comprometidos en proteger el medio ambiente.

En España, de acuerdo con los últimos datos avance del año 2022, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto total en protección medioambiental asciende a 24.813 millones de euros. Este gasto ha sido sufragado, con diferente proporción, por los siguientes sectores institucionales: el 52,0% por las Sociedades, el 34,5% por las Administraciones Públicas (e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares) y el 13,5% restante por los Hogares.

En dicho año 2022 el gasto en protección medioambiental se destinó a cinco grandes ámbitos de protección. En primer lugar, el 62,3% del gasto se concentró para financiar la gestión de residuos. Seguidamente, y a distancia, la gestión de aguas residuales recibió el 18,8% del gasto medioambiental.

Por lo tanto, en España más de ocho de cada diez euros (el 81,2%) del gasto total destinado a la protección del medio ambiente se dedican a financiar la gestión de los residuos y las aguas residuales que generan las actividades de empresas, hogares y Administraciones Públicas.

El 18,8% restante del gasto en protección medioambiental fue para un conjunto variado de ámbitos. El ámbito de protección del aire y del clima, protección y descontaminación de suelos, disminución de ruidos, etc. recibe el 8,9% del gasto medioambiental, y la I+D sobre medio ambiente se financia con el 5,2%. En último lugar se sitúa el gasto en protección de la biodiversidad y el paisaje, que se cuantifica en 1.168 millones, esto es, el 4,7% del gasto medioambiental total.

C_INE_Gasto ámbitos_2022

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2010-2022, según los datos disponibles del INE, en España el gasto en protección medioambiental ha pasado de 18.661 a 24.813 millones de euros, es decir, un incremento acumulado del 33%. Nótese, no obstante, como puede observarse en el siguiente gráfico, que la mayor parte de este incremento se ha producido en los dos últimos años, no observándose avances destacables hasta el año 2020.

G_Gasto 2010-2022

La irrupción de la crisis económica en 2008, que devino en Gran Recesión en los años posteriores, ha repercutido de forma palpable sobre las políticas medioambientales, al ver mermados sus recursos de financiación. El gasto medioambiental en España tocó fondo en el año 2014, cuando se cifró en 16.307 millones de euros, es decir, un 12,6% menos que en 2010. A partir de 2015 el gasto sigue una senda de recuperación que se mantiene hasta 2019, cuando se consolida un nivel en euros que supera el anotado en el año 2010. Sin embargo, en 2020 el inicio de la pandemia del COVID-19, que ha traído graves impactos sanitarios y socioeconómicos en todos los países, ha derivado también en un descenso del gasto destinado a la protección medioambiental, que en el caso de la economía española ha supuesto una reducción del 1,5% respecto a 2019.
Finalmente, durante los dos siguientes años la política medioambiental parece retomar un mayor impulso, a la luz de los incrementos, inusitados hasta entonces, que registra el gasto en protección medioambiental, con tasas de crecimiento del 11% en 2021 y 16% en 2022.

Para tener una visión más real del gasto (que es medido en euros corrientes), es pertinente analizar su evolución en términos relativos, esto es, en comparación con la evolución de la economía. En estos casos, el indicador habitualmente empleado es el de porcentaje de gasto de protección medioambiental sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a precios de mercado,

Así, para conjunto del periodo 2010-2022, se concluye que el porcentaje de gasto medioambiental sobre el PIB ha aumentado desde el 1,74% en 2010 hasta el 1,84% en 2022. Es decir, el gasto destinado a proteger el medio ambiente de los efectos nocivos de las actividades económicas se ha incrementado en mayor medida que el valor de la producción de bienes y servicios de la economía española.

G_Gasto s. PIB_ 2010-2022

La evolución que toma dicha ratio apunta que la importancia otorgada a las políticas medioambientales vía gasto ha pasado por etapas diferenciadas. En un primer periodo 2010-2016, los gastos medioambientales han perdido presencia de forma continuada año tras año en relación con la evolución de la actividad económica. A esta etapa le sigue un periodo 2017-2022 bien diferente, donde el porcentaje de gastos medioambientales sobre el PIB se ha ido recuperando. Así todo, hay que esperar hasta el año 2021 para que el valor de este indicador de gasto medioambiental consiga sobrepasar el porcentaje que se había registrado en el año 2010, a pesar de la persistencia de los acuciantes problemas medioambientales que preocupan a la sociedad y ponen en riesgo la perdurabilidad de los ecosistemas y especies de la geografía española.

Para más información:

INE: Cuentas Medioambientales.

El consumo de agua en España (2000-2022)

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Desde hace ya varias décadas los científicos nos vienen advirtiendo de que con el calentamiento global de la Tierra la disponibilidad de recursos hídricos se está convirtiendo en un problema creciente en cada vez más países del mundo. Esta nueva realidad nos demanda que hagamos un uso más eficiente y responsable del agua, recurso imprescindible para la vida.

En el contexto europeo, España es un país que no es ajeno al estrés hídrico. Por ello es de especial interés analizar cómo se está distribuyendo y consumiendo el agua, teniendo en cuenta que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), del total de agua captada para el consumo en el año 2022 el 66,4% provino de aguas superficiales, el 24,3% fue de origen subterráneo y el 9,3% restante procedió de otro tipo de aguas (desaladas del mar o salobres).

Las estadísticas que elabora el INE nos permiten también conocer la evolución del consumo del agua suministrada a la red de abastecimiento público desde el año 2000.

Así, durante el periodo de 2000-2022 en España el volumen de agua suministrada a la red de abastecimiento público ha seguido, en general, una tendencia descendente, desde los 4.782 hectómetros cúbicos consumidos en 2000 hasta los 4.252 en 2022, esto es, una reducción del 11,1%. No obstante, como se observa en la siguiente gráfica, el consumo hídrico ha pasado por etapas bien diferenciadas según el ciclo económico. En un primer periodo (2000-2007), de expansión económica, se ha tendido a un mayor consumo de agua, llegando a casi alcanzar los 5.000 hm³. Posteriormente, en una segunda fase (2008-2018), cuando la economía atraviesa años marcados por las consecuencias de la llamada Gran Recesión, el consumo de agua se modera en España de forma continuada hasta registrar su mínimo en 2018. Finalmente, durante el periodo comprendido por las dos últimas encuestas, se inicia una nueva senda ligeramente ascendente en el consumo de agua, anotándose crecimientos del 0,2% tanto en 2020 como en 2022.

G_Consumo total de agua_2000_2022

Cuando evaluamos la eficiencia en el uso del agua hay que enfatizar que una parte importante del agua suministrada a la red de abastecimiento siguen siendo pérdidas. En España, según el INE, en 2022 se perdió un total de 695 hm³ de agua a causa de fugas, roturas y averías, cifra que repunta un 6,7% respecto a la de 2020. En términos relativos, dichas pérdidas reales de agua representan un significativo 16,3% del total de agua suministrada a la red en 2022, porcentaje que supera el registrado en el año 2007, que se cifró en 15,9%. 

G_Pérdidas de agua_2007_2022

Si descontamos al volumen total de agua suministrada a la red dichas pérdidas reales (por fugas, roturas y averías) más las pérdidas aparentes (volúmenes de agua no medidos), se concluye que el total de agua registrada y distribuida ascendió a 3.152 hm³ en 2022, es decir, un 16,7% menos que en el año 2000.

Otro punto de especial interés es conocer cuáles son los consumidores finales del agua registrada y cómo han evolucionado sus consumos. De acuerdo con los datos del INE, el agua registrada en España tiene como principal usuario los hogares, cuyo consumo concentró el 69,7% del total en 2022. Le siguen, a continuación, la industria, con el 11,8% del total de agua registrada; los consumos municipales (9,1%); los usos turísticos y recreativos (4,2%); otros servicios (comercio, transporte, oficinas…), con el 3,9%; la agricultura y ganadería (0,9%) y la construcción (0,4%). En comparación con 2006, han ganado peso en el consumo total de agua registrada dos grupos de usuarios: los hogares y los usos turísticos y recreativos.

C_Agua por usuarios_2022

Desde una perspectiva temporal, durante periodo 2006-2022 el volumen de agua consumida por los hogares se ha reducido un 15,4% (descenso inferior a la media). También han visto disminuir su consumo de agua durante dichos años los siguientes sectores: construcción (-74,0%), agricultura y ganadería (-48,3%), otros servicios (-37,2%), industria (-22,9%) y consumos municipales (-25,1%). Finalmente, es significativo destacar también que la actividad económica de usos turísticos y recreativos ha sido la única que ha incrementado el consumo de agua durante los años 2006-2022, en concreto un 5,5%.

Para más información:

INE: Estadística sobre el suministro y saneamiento del agua.

Las dos caras del progreso: una cita con José Luis Sampedro

La noción de progreso, al igual que otras como la de desarrollo, es susceptible de tener diversas significaciones. Sin embargo, en el ámbito económico ha predominado hasta nuestros días la visión técnica y material del progreso en detrimento de su acepción más humanista.

Como se expresa en unas líneas del escritor y economista español José Luis Sampedro (1917-2013), que quedaron recogidas en la obra Diccionario Sampedro, según tomemos el camino del avance técnico o el del perfeccionamiento humano, la evaluación que podamos hacer del progreso alcanzado por nuestra sociedad será bien diferente.

«Preguntémonos, para empezar: ¿De qué progreso hablamos? ¿Del de la persona o el de las cosas? Si consideramos este último, con la extraordinaria multiplicación de objetos nuevos y de sus aplicaciones, mediante el avance técnico, no cabe duda de que tendremos una visión positiva del progreso. Pero si pensamos en el perfeccionamiento interior de los seres humanos, nuestro juicio será mucho menos favorable».

Para leer más:

Lucas, O. (Ed.): Diccionario Sampedro. Debate Editorial, Madrid, 2016.

El reciclaje en la Unión Europea (2000-2022)

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Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es la gestión de los residuos producidos por la actividad humana.

Para alcanzar una buena gestión de residuos se ha de tener presente la aplicación del conocido principio de las 3R que prioriza la reducción a la reutilización y el reciclaje.

No siempre es posible evitar la generación de los residuos procedentes de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización directa. En estos casos, la respuesta de gestión ha de centrarse en promover el reciclaje de los residuos, antes que destinarlos a la incineración o depositarlos en vertederos.

En el marco de la Unión Europea, durante los últimos años la política medioambiental enfocada en la maximización del reciclaje ha perseguido su consolidación. Ello conlleva fomentar, entre otros objetivos cuantificables, que todos los países de la Unión alcancen altas tasas de reciclaje de residuos municipales.

Dicho indicador queda definido, según Eurostat, como el porcentaje de residuos municipales generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) sobre el total de residuos generados. El reciclaje de este tipo de residuos comprende el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica.

Para evaluar los resultados obtenidos por la política comunitaria de reciclaje, se dispone de la estadística que anualmente publica Eurostat en el ámbito de los residuos. Así, de acuerdo con el organismo europeo, durante el periodo 2000-2022, la tasa de reciclaje de residuos municipales de la UE-27 ha mostrado de forma continuada una senda, en general, ascendente.

En el año 2000 se reciclaba el 27,3% de los residuos municipales generados en el conjunto de la Unión. Más de dos décadas después, en el año 2022 dicha tasa de reciclaje asciende a 48,6%, como se observa en el siguiente gráfico.

G_UE27_Reciclaje_2000-2022

Nótese, no obstante, que en el último año 2022 la tasa de reciclaje ha retrocedido (-1,2 puntos porcentuales) respecto al año anterior, contrastando con el aumento registrado en 2021 (+1,1 puntos porcentuales). En todo caso, hay que advertir de que estos últimos resultados son datos estimativos y aún no definitivos.

Siendo notable el progreso alcanzado en materia de reciclaje, los resultados obtenidos hasta la fecha no son del todo satisfactorios dados los más que probables incumplimientos de las metas fijadas. La Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea establece expresamente como objetivos a alcanzar por todos los Estados miembros tasas de reciclaje de residuos municipales del 50% para 2020 y del 55% para 2025.

En un análisis por países se detectan diferencias muy marcadas de la tasa de reciclaje en el seno de la Unión.

De los 27 Estados de la UE, nueve superaron en 2022 la tasa media comunitaria (48,6%). La tasa de reciclaje más elevada la sigue ostentando, como en años anteriores, Alemania (69,1%). A continuación se encuentran Eslovenia (62,6%), Austria (62,5%), Países Bajos (57,5%), Luxemburgo (54,6%), Bélgica (52,7%), Dinamarca (52,3%), Italia (51,9%) y Eslovaquia (49,5%).

Por el contrario, los países europeos que presentan en 2022 las tasas de reciclaje más bajas son Rumanía (12,1%), Malta (12,2%), Chipre (14,8%) y Grecia (17,5%).

G_Países_Reciclaje_2022

Hay que significar, asimismo, los notables progresos que han logrado algunos países europeos durante los últimos años. En el transcurso del periodo 2000-2022 cabe destacar los mayores avances relativos alcanzados por países como Eslovenia, cuya tasa de reciclaje de residuos municipales ha aumentado desde el 6,0% en 2000 hasta el 62,6% en 2022 (la segunda más alta de la UE-27), y Lituania (desde el 0,0% al 48,4%). En el otro extremo, Austria ha visto retroceder en 0,9 puntos su tasa de reciclaje respecto al año 2000, si bien sigue ostentando una de las tasas más altas.

Para más información:

Eurostat