La participación de las energías renovables en la UE (2022)

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En el ámbito de las energías renovables, la Estrategia Europa 2020 y la Directiva 2009/28/CE del Parlamento Europeo y del Consejo dejaron fijado como objetivo estratégico que para el año 2020 el 20% del consumo final de energía de la UE debe tener su origen en fuentes renovables (eólica, solar, hidráulica, maremotriz, geotérmica, biomasa…). De este modo se persigue favorecer el desplazamiento del consumo de los combustibles fósiles que propician el calentamiento global.

Los últimos datos de Eurostat siguen confirmando que dicho objetivo del 20% se cumplió en el horizonte marcado de 2020. Así, en el año 2022 el consumo final de energía en la UE-27 ascendió a 989 millones de toneladas equivalentes de petróleo. De este total el 23,0% provino de fuentes de energías renovables, porcentaje que se ha venido incrementado de forma continuada desde el año 2004.

G_UE_2004_2022

En un análisis por países, entre 2004 y 2022 la participación de la energía de fuentes renovables en el consumo final de energía se ha incrementado en todos los Estados miembros. Los mayores avances relativos se han dado en Suecia (27,6 puntos porcentuales más) y Dinamarca (+26,8 p.p.), y los menores, en Croacia (+6,0 p.p) y Eslovenia (+6,6 p.p.), si bien estos dos últimos países ya partían en 2004 con altos porcentajes de introducción de renovables.

Asimismo, se sigue observando, de acuerdo con los últimos datos publicados por Eurostat, que persiste la disparidad en el grado de implantación de las energías renovables.

En 2022 Suecia, con el 66,0%, es el país con el mayor porcentaje de energía de fuentes renovables en su consumo final bruto energético. Le siguen, a cierta distancia, los mayores porcentajes de Finlandia (47,9%), Letonia (43,3%), Dinamarca (41,6%), Estonia (38,5%), Portugal (34,7%) y Austria (33,8%).

Por el contrario, las menores participaciones de energías renovables sobre el consumo energético final se registraron en Irlanda (13,1%), Malta (13,4%), Bélgica (13,8%), Luxemburgo (14,4%), Países Bajos (15,0%), Hungría (15,2%) y Polonia (16,9%).

G_Países_2022

De cara al futuro, los nuevos objetivos de lucha contra el cambio climático han conducido a la Unión a revisar su objetivo general de impulso de las fuentes de energía renovables acelerando su implantación. La Directiva (UE) 2023/2413 del Parlamento Europeo y del Consejo de 18 de octubre de 2023 establece que los Estados miembros velarán conjuntamente por que en el año 2030 la cuota de energía procedente de fuentes renovables sea de al menos el 42,5% del consumo final bruto de energía de la Unión, y deberán esforzarse por alcanzar el 45%. Este ambicioso objetivo implica que la cuota de las energías renovables ha registrar un crecimiento medio entre 2022 y 2030 de 2,7 p.p. cada año, lo que supone un ritmo muy superior al registrado en el decenio anterior (0,8 p.p.).

Para más información:

Eurostat

Directiva (UE) 2023/2413 del Parlamento Europeo y del Consejo de 18 de octubre de 2023

La producción de energía nuclear en la Unión Europea (1990-2022)

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La producción de energía nuclear en la Unión Europea (UE-27) ascendió en el año 2022 a 155,5 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep). Su destino principal es la generación de electricidad.

De acuerdo con los datos publicados por Eurostat, durante los años 1990-2022 la producción de energía nuclear se ha reducido un 17,6% en la UE.

En dicho periodo de tiempo cabe diferenciar dos fases. En un primer subperiodo (1990-2004) la producción de este tipo de energía traza una senda de continuo aumento hasta llegar a su nivel máximo de 240 millones de tep en el año 2004, es decir, se ha incrementado un 27,2%. A esta primera fase le sigue una segunda en la que se va recortando la producción de energía nuclear hasta alcanzar su valor mínimo en el año 2022.

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En un análisis por países, son trece los Estados miembros de la UE que tienen operativos reactores nucleares para la producción de energía.

En el año 2022 Francia continúa siendo, con diferencia, el mayor productor de energía nuclear de la Unión Europea. Su peso se ha situado durante todo el periodo (1990-2022) por encima del 39% del total de energía nuclear de la UE. De hecho, la participación francesa se ha incrementado desde el 43,0% en 1990 hasta el 49,4% en 2022.

Les siguen, a distancia, las participaciones de España (que con un 9,8% del total en 2022 pasa a ser el segundo mayor productor), Suecia (8,0%), Bélgica (6,9%), Alemania (5,7%), República Checa (5,0%), Finlandia (3,9%), Bulgaria (2,8%), Eslovaquia (2,6%), Hungría (2,6%), Rumanía (1,8%), Eslovenia (0,9%) y los Países Bajos (0,6%).

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En cinco países (Francia, España, Suecia, Bélgica y Alemania,) se concentra, por tanto, el 80% de la producción total de energía nuclear de la Unión Europea en 2022.

G_Países UE27_nuclear_1990_2022

Desde una perspectiva temporal, es destacable la evolución diferenciada que se ha dado entre países durante el periodo 1990-2022. Así, Alemania ha decidido tomar el camino de reducir su producción de energía nuclear, hecho que empieza a observarse en el año 2007 siendo más palpable a partir de 2011. Entre 1990-2022 este país ha visto descender su producción de energía nuclear en un 77,4%, de modo que su peso sobre el total de la UE disminuye desde el 21,0% hasta el 5,7%.

Asimismo, Lituania, cuya producción energética nuclear representaba el 2,2% de la UE en 1990, decidió cesar esta actividad en 2009, de modo que anotó la mayor reducción relativa (-100%) en el periodo analizado.

Junto a estos dos países se une también Suecia, cuya producción de energía nuclear registró un descenso del 29,4% entre 1990-2022. Por su parte, Francia, el mayor productor, ha visto disminuir su producción de energía nuclear en un 5,2% en el periodo, como consecuencia del significativo descenso registrado en el último año. Y, finalmente, Bélgica también reduce su producción nuclear durante el periodo analizado, en este caso un -2,9%.

En sentido contrario, nueve países de la UE han incrementado su producción de energía nuclear durante los años 1990-2022. Los mayores aumentos se han registrado en la República Checa (+137,6) y Eslovaquia (+32,0%), seguidos de Finlandia (+23,4%), Bulgaria (+13,4%), Hungría (+12,7%), Eslovenia (+12,1%), España (+9,3%) y los Países Bajos (+6,9%), a los que habría que añadir Rumanía, que comenzó su producción en 1996.

Para más información:

Eurostat: Datos

La dependencia de los combustibles fósiles en los países de la UE (1990-2022)

Los objetivos de desarrollo sostenible y de lucha contra el cambio climático están estrechamente relacionados con el propósito de reducir el consumo de combustibles fósiles en sus diferentes tipos (petróleo, carbón, gas natural…).

Al mismo tiempo, una menor dependencia de los combustibles fósiles se alinea con la sostenibilidad, al favorecer la transición hacia una economía basada en las energías renovables y baja en carbono.

Los últimos datos disponibles de la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) nos confirman que el grado de dependencia de los combustibles fósiles continúa siendo muy elevado en el seno de los países de la Unión Europea.

En el año 2022 los combustibles fósiles representan el 70,9% de la energía bruta disponible de la UE-27.

Desde una perspectiva temporal, se observa que durante las últimas tres décadas la hegemonía de estos combustibles contaminantes en la energía total ha seguido una tendencia descendente. Así, según el organismo estadístico europeo, entre 1990 y 2022 el conjunto de la UE-27 (sin Reino Unido) ha visto reducir el porcentaje de combustibles fósiles sobre la energía bruta disponible en 11,5 puntos, desde el 82,4% hasta el 70,9%. Dicho descenso viene explicado en gran medida por la creciente implantación de las energías renovables.

Más recientemente, en los últimos tres años esta tendencia a la baja se ha visto afectada, en mayor o menor medida, por algunos acontecimientos excepcionales. En el año 2020 la irrupción de la pandemia del COVID-19, que conllevó fuertes impactos sociales y económicos, probablemente ha contribuido a intensificar puntualmente la caída de la participación de los combustibles fósiles (que ha pasado de 71,4% en 2019 a 69,8% en 2020). De hecho, superada la crisis sanitaria, y levantadas las restricciones a la actividad y la movilidad, la dependencia de los combustibles fósiles ha inflexionado al alza, hasta situarse en el 70,9% en 2022.

Además, en dicho el 2022, con la finalización de la pandemia y el repunte de la demanda de los requerimientos energéticos, se produjo un nuevo contexto internacional marcado por una tendencia alcista de los precios de las materias primas energéticas, que se vio agravada por los impactos de la invasión rusa de Ucrania iniciada en marzo.

En un análisis por países, en el año 2022, de los 27 Estados miembros de la Unión Europea 25 tienen un grado de dependencia de los combustibles fósiles superior al 50% de su energía bruta disponible.

El país más dependiente energéticamente de los combustibles fósiles es el Estado insular de Malta, con un porcentaje sobre la energía bruta disponible del 96,1%. A continuación, le siguen Chipre (89,3%), Países Bajos (87,6%), Irlanda (87,4%), Polonia (87,1%), Grecia (83,4%) y Alemania (80,3%), entre otros.

Por el contrario, Suecia es el país comunitario con el menor grado de dependencia fósil, con el 30,3% de su energía disponible, seguido de Finlandia (38,3%). Estos dos países son los únicos de la UE que presentan porcentajes inferiores al 50%.

Considerando el conjunto del periodo 1990-2022, es de destacar que los 27 Estados de la UE han logrado reducir el consumo relativo de combustibles fósiles.

Las mayores disminuciones del peso de estos combustibles sobre el total de energía disponible se han dado en Dinamarca, Estonia, Letonia, Rumanía, Finlandia, Eslovaquia y República Checa, con reducciones de más de 20,0 p.p. en dicho periodo. En el otro extremo, los menores descensos de la participación energética de los combustibles fósiles se han registrado en Malta, España y Bélgica, que sólo han rebajado entre 3 y 5 p.p. la proporción de dichos combustibles durante 1990-2022.

Para más información:

Eurostat.

La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2022)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves efectos que generan sobre la salud y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución, en el conjunto de la UE y por países, desde 1990 hasta hoy.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, desde 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando reducirse un 64,4% hasta en 2022. En este último año 2022 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 386 millones de toneladas frente a 1.086 millones de 1990.

G_Carbón UE27_1990-2022

Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable. Además, se constata que la producción de estos combustibles ha experimentado un repunte en los dos últimos años 2021-2022 tras descender significativamente en 2020 como consecuencia de los impactos de la pandemia de la COVID-19. Queda por ver, por tanto, si este repunte no prosigue en los próximos años y se retorna a la tendencia descendente anterior.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990, sólo seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual (sin Reino Unido) no producían carbón: Dinamarca, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. En el año 2022, más de tres décadas después, hay que añadir tres países al grupo de no productores: Irlanda, Croacia y Portugal.

En la actualidad, los dos mayores productores de carbón siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 144,3 millones de toneladas en 2022 (el 37,3% del total de la UE), y Polonia, con 116,3 millones (el 21,1% del total), seguidos por la República Checa (9,8%), Bulgaria (9,4%), Rumanía (4,7%), Grecia (3,5%) y Hungría (1,4%), principalmente.

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Durante el periodo 1990-2022, según la información estadística disponible de Eurostat, entre los actuales 18 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en Francia (-99,5%), España (-96,6%), Bélgica (-79,6%), Estonia (-78,0%), Italia (-77,3%), Grecia (-73,7%), Hungría (-73,0%), Alemania (-71,2%), Austria (-68,9%), Eslovaquia (-66,2%) y República Checa (-65,6%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-64,4%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 49,2% durante el periodo 1990-2022, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 30,1%.

En el otro extremo, es de destacar que tres países han seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea: Bulgaria, que produjo 36.308.752 toneladas en 2022, Suecia (1.115.000 toneladas) y Finlandia (843.000 toneladas, básicamente de coque de horno).

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Eurostat

La dependencia energética exterior de la UE (1990-2021)

Procurar el máximo grado de soberanía energética se convierte en una cuestión cada vez más estratégica de la política energética de los países. Una baja dependencia de las importaciones contribuye a que las economías sean menos vulnerables a problemas de provisión de recursos energéticos y a imprevistas fluctuaciones alcistas de los precios que derivan, en última instancia, en un deterioro de la capacidad adquisitiva de la población y del saldo comercial del país importador, entre otros efectos.

Al mismo tiempo, una menor dependencia de las importaciones de productos energéticos (que son combustibles fósiles, principalmente) se alinea con la sostenibilidad, en tanto que de fomentarse en su lugar el empleo de energías renovables se apoya la transición hacia una economía baja en carbono.

Para evaluar el mayor o menor grado de soberanía energética, la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) publica el indicador de dependencia de las importaciones de energía que queda definido en los siguientes términos:

la proporción de las necesidades energéticas totales de un país satisfechas por las importaciones de otros países, esto es, el porcentaje de importaciones netas (importaciones menos exportaciones) sobre la energía bruta disponible.

De acuerdo con los datos disponibles de Eurostat, el consumo de energía en la UE continúa dependiendo en gran medida de su abastecimiento exterior. Entre 1990 y 2021 el conjunto de la UE ha visto aumentar su grado de dependencia energética desde el 50,0% hasta el 55,5%.

Como se observa en el siguiente gráfico la evolución seguida por el indicador de dependencia energética en la UE ha estado muy condicionada por la naturaleza del ciclo que atraviesa la economía, ya sea expansivo o contractivo. Durante los años de la Gran Recesión el valor del indicador de dependencia energética se redujo, interrumpiendo de forma clara la tendencia ascendente que venía registrando desde 1990, para, después, a partir de 2014, una vez pasados los años de crisis económica, retomar su senda creciente hasta alcanzar su máximo en 2019, con el 60,5%. Más recientemente con la irrupción de la pandemia del COVID-19, que conllevó fuertes impactos sociales y económicos, el grado de dependencia energética vuelve a retroceder. La contracción de la economía de la UE, en buena medida por las necesarias medidas de restricción a la actividad y la movilidad adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria, derivó en menores requerimientos energéticos que hicieron descender el grado de dependencia del exterior hasta el 57,5% en 2020 y el 55,5% en 2021.

Está por ver si en el 2022, con la finalización de la pandemia, el grado de dependencia energética de la UE retornó al crecimiento, sin olvidar, además, el nuevo contexto internacional derivado de los posteriores incrementos de los precios energéticos, a los que se unen los impactos de la guerra en Ucrania iniciada en marzo con la invasión rusa.

En un análisis por tipos, el petróleo y sus derivados, que son los productos energéticos más demandados, presentan la mayor tasa de dependencia exterior. En 2021 el 91,7% de su demanda ha tenido que ser importado de terceros países. Este porcentaje se redujo en 7 puntos respecto al año 2020, de modo que se vuelve inferior al 93,1% registrado en 1990.

A continuación, para el gas natural, el segundo producto energético más demandado, la tasa de dependencia exterior es del 83,4% en 2021. En este caso desciende sólo 0,2 p.p. respecto a 2020 y continúa siendo muy superior al 51,8% de 1990.

Respecto a los combustibles fósiles sólidos, el tercer producto energético más demandado, en 2021 el 37,5% de su consumo ha sido cubierto a través de importaciones. A diferencia de los anteriores productos energéticos, en 2021 aumentó la dependencia energética de los combustibles fósiles sólidos, hasta el 37,5%, casi dos puntos más que en 2020. Este porcentaje también supera el registrado en 1990 (18,7%).

Atendiendo a un análisis por países, los últimos datos disponibles de Eurostat nos confirman que el grado de dependencia de las importaciones de productos energéticos continúa siendo elevado en la mayoría de los países de la UE. Un total de 17 de los 27 Estados actuales de la Unión Europea tenían un grado de dependencia energética exterior superior al 50% de su energía bruta disponible en 2021.

Los países más dependientes energéticamente del exterior son tres pequeñas economías: Malta, con un porcentaje de importaciones netas sobre su energía bruta disponible del 97,1%, Luxemburgo (92,5%) y Chipre (89,5%). A continuación, les siguen Irlanda (77,0%), Grecia (73,8%), Italia (73,5%), Lituania (73,3%), Bélgica (70,8%) y España (69,1%), entre otros.

Por el contrario, los países con un grado de dependencia exterior menor son Estonia (1,4%), Suecia (21,0%), Rumanía (31,6%), Dinamarca (32,3%), Bulgaria (36,1%), Finlandia (38,0%) y Letonia (38,3%).

Desde una perspectiva temporal amplia, que abarca el periodo 1990-2021, los Estados que más han aumentado su tasa de dependencia energética exterior han sido Polonia (de 0,9% a 40,4%), Países Bajos (de 23,7% a 58,4%) y República Checa (de 15,2% a 40,0%). En sentido contrario, tres países han destacado por ser los que han logrado reducir más su dependencia energética exterior durante el periodo analizado: Letonia (de 89,0% a 38,3%), Estonia (de 41,0% a 1,4%) y Bulgaria (de 63,4% a 36,1%).

Para más información:

Eurostat.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de los hogares de la UE (2010-2021)

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GIE) causantes, en gran medida, de la crisis climática actual que sufre el planeta proceden, principalmente, del desarrollo de diversas actividades económicas (industria manufacturera, producción de electricidad, agricultura, ganadería, transporte, construcción…). Sin embargo, no hay que olvidar que las actividades desarrolladas por los hogares también son fuente de emisión de GEI.

En el contexto de la Unión Europea (UE-27) las emisiones de GEI de todas las actividades realizadas por los hogares (calefacción refrigeración, transporte…) representan el 20,5% del total de emisiones en 2021 frente al 79,5% generado por las actividades de los diferentes sectores económicos.

Si analizamos en concreto las actividades de calefacción y refrigeración realizadas dentro de los hogares (que suponen el 44% de sus emisiones), los datos apuntan a un descenso de las emisiones de GEI en el horizonte temporal 2010-2021, lo que viene explicado en gran medida por mejoras de eficiencia energética y el menor empleo de los combustibles fósiles

Así, de acuerdo con la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en la UE-27 dichas emisiones de GEI de los hogares han descendido desde los 403,1 millones de toneladas de CO2 equivalente del año 2010 hasta los 327,4 millones de 2021. Ello supone, por tanto, una caída acumulada del 18,8%, que supera la registrada por el conjunto de las actividades que emiten GEI en la UE, esto es, un -17,5% en dicho periodo de 2010-2021.

No obstante, como se advierte de la tendencia dibujada en el siguiente gráfico, los últimos dos años rompen con la evolución de mejoría registrada hasta 2019. Como es conocido, los años 2020 y 2021 estuvieron marcados por la pandemia del COVID-19, con múltiples impactos para la vida y movilidad de las personas y el desarrollo de las actividades económicas.

Los resultados del análisis de la evolución de las emisiones generadas por los hogares en sus actividades de calefacción y refrigeración, en términos relativos, es decir, por habitante, nos constatan igualmente una reducción durante la última década.

En año 2021 los hogares de la UE emitieron a la atmósfera 732,7 kg de CO2 equivalente per cápita. Este dato mejora respecto a 2010, cuando dicha ratio se cifró en 913,4 kg/habitante, de modo que se ha producido una reducción del 19,8% en dicho periodo. No obstante, los datos más recientes apuntan, al igual que en términos absolutos, que durante el periodo de la crisis sanitaria (2020-2021) la situación ha empeorado: las emisiones per cápita sobrepasan en un 4,6% las registradas en 2019 (700,4 kg de CO2 equivalente).

Por tanto, el estado de las emisiones de GEI de los hogares sigue presentando un amplio margen de mejora en el actual marco de lucha contra el cambio climático. Además, persisten importantes diferencias entre los países que conforman la Unión Europea persisten.

En 2021 tres países excedían con mucho el promedio de emisiones de 733 kg de CO2 equivalente per cápita de la Unión Europea: Luxemburgo (1.636 kg/hab.), Bélgica (1.400) e Irlanda (1.3476). A continuación, otros países que emitieron más que el valor promedio comunitario son Países Bajos, Alemania, Polonia, Hungría, Italia, República Checa y Austria.

Por el contrario, los hogares de la UE que en 2021 emitieron, con diferencia, menos GEI per cápita son los pertenecientes a Suecia (26 kg de CO2 equivalente/hab.). Le sigue un grupo de once países que también destacan por presentar una ratio de emisiones que es menos de la mitad del promedio de la UE: Portugal, Malta, Finlandia, Estonia, Letonia, Bulgaria, Dinamarca, Rumanía, España, Lituania y Croacia.

Finalmente, es de resaltar, desde un enfoque dinámico, que, durante el periodo analizado (2010-2021), 23 de los 27 países de la UE han conseguido reducir los GEI emitidos a la atmósfera por las actividades de calefacción y refrigeración realizadas en las viviendas, significándose los mayores descensos porcentuales en Suecia (-72,1%), Finlandia (-56,2%) y Dinamarca (-51,3%) frente los mayores incrementos en Rumanía (32,7%), Bulgaria (15,9%) y Lituania (11,8%).

Para más información:

Eurostat

La superficie de paneles solares térmicos instalados en la UE (1990-2021)

La Unión Europea, para intentar hacer frente a la dependencia energética de los combustibles fósiles y cumplir con sus compromisos climáticos, ha venido desarrollando durante las últimas décadas una política de fomento de las energías renovables. Entre éstas se encuentra la energía solar, cuya superficie instalada ha aumentado de forma continuada desde 1990.

Según la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), en la UE-27 la superficie total de paneles solares térmicos, que aprovechan la energía solar principalmente para calentar agua, ascendió en el año 1990 a 3,64 millones de metros cuadrados, de modo que llega a casi triplicarse diez años después (10,76 millones en 2000). Es en la primera década del siglo XX cuando se produce el mayor avance en la implantación de la energía solar en Europa, llegándose a contabilizar un total de 34,43 millones de m2 en 2010. Los datos más recientes apuntan que en 2021 hay un total de 57 millones de m2 de paneles solares térmicos instalados en el conjunto de los veintisiete países de la Unión Europea, es decir, 15,7 veces la cantidad registrada en 1990.

Si realizamos un análisis por países, es destacable el papel prioritario que ha venido tomando la política de implantación de energías renovables en Alemania. En este país se contabiliza en 2021 una superficie de 21,79 millones de m2 de paneles solares térmicos instalados, cifra que contrasta con los apenas 348.000 m2 registrados en 1990, que ya era superada por países como Grecia, Francia y Austria.

Es a partir del año 1999 cuando Alemania se convierte, con diferencia, en el país de la UE con mayor superficie de este tipo de captadores solares instalados. En el último año de 2021 el país germano llega a concentrar el 38,2% de la superficie total de paneles solares de la UE.

Tras Alemania le siguen, a distancia, en el año 2021 los siguientes países: Grecia (con el 9,1 % del total de la UE-27), Austria (8,4%), Italia (8,2%), España (7,6%), Francia (6,1%) y Polonia (5,6 %), con pesos relativos superiores al 5%.

Durante el presente siglo XXI Alemania es el país que ha alcanzado un mayor avance en la instalación de este tipo de energías renovables, con un aumento de su participación en la UE de 8,0 puntos porcentuales entre los años 2000 y 2021. Por el contrario, es en Grecia donde se ha registrado una mayor pérdida de su peso relativo en la UE durante dicho periodo (18,3 puntos menos), si bien se mantiene como el segundo país con mayor superficie de energía solar instalada.

En el otro extremo, en los países bálticos de Estonia, Lituania y Letonia la presencia de paneles solares térmicos es nula o marginal. A ellos les siguen con bajos porcentajes de participación Malta, Luxemburgo y Finlandia (los tres con pesos relativos que no superan el 0,2 % del total de la UE en 2021).

Para más información:

Eurostat

La productividad energética en la economía de la UE (2000-2020)

En la transición hacia una economía sostenible un aspecto crucial a perseguir es la eficiencia energética. En el ámbito energético, junto al fomento de las energías renovables, el descenso del consumo de energía primaria y final y la reducción de la dependencia exterior, la eficiencia en el uso de la energía constituye para la Unión Europea un objetivo prioritario de su estrategia de desarrollo sostenible.

Avanzar en eficiencia energética significa aumentar la productividad, esto es, facilitar la sostenibilidad de la economía en tanto que se emplea menos energía por unidad de producto o lo que es lo mismo obtener más producción de bienes y servicios con la misma cantidad de energía.

Un indicador que nos aproxima a evaluar la productividad energética en la UE es el que publica la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). En concreto, se dispone del indicador de productividad energética, que queda definido por la división entre el Producto Interior Bruto (PIB, a precios constantes de 2010) y la energía bruta disponible para un año determinado.

Los datos estadísticos publicados hasta hoy nos permiten analizar cómo ha evolucionado la productividad energética de la economía comunitaria durante el periodo 2000-2020. Como primera conclusión se constata que la productividad energética en la UE-27 ha seguido una tendencia ascendente, al pasar de los 6,3 euros por kgep en 2000 a 8,6 en 2020. Es decir, si en el año 2000 por cada kilogramo equivalente de petróleo la economía de la UE produjo 6,3 euros de PIB, en el año 2020 alcanzó a obtener 8,6 euros.

Para un análisis comparativo por países, empleamos el indicador de Producto Interior Bruto en paridad de poder de compra (PIB pps) por kilogramo equivalente de petróleo (kgep). Este indicador, al igual que el anterior, nos mide la productividad energética por unidad de producción en una economía, si bien, en este caso, ajustando el PIB por las variaciones de precios nacionales.

En el último año de 2020 el Estado de la UE-27 con mayor productividad energética de su economía ha sido Irlanda, con 22,4 euros en pps por kgep, seguido de Dinamarca (14,3), Rumanía (12,9), Luxemburgo (12,5), Italia (11,6), Alemania (10,7), Portugal (10,7), Austria (10,3) y España, todos ellos con valores superiores a la media de la UE (9,7).

Por el contrario, como países con menor productividad energética figuran Malta (5,1), Finlandia (5,8), Bulgaria (6,4), Eslovaquia (7,0), Estonia (7,0), Bélgica (7,1) y República Checa (7,4), que anotaron valores inferiores a 8,0.

Para más información:

Eurostat.

La dependencia energética exterior de la UE (1990-2020)

Procurar el máximo grado de soberanía energética se convierte en una cuestión cada vez más estratégica de la política energética de los países. Una baja dependencia de las importaciones contribuye a que las economías sean menos vulnerables a problemas de provisión de recursos energéticos y a imprevistas fluctuaciones alcistas de los precios que derivan, en última instancia, en un deterioro de la capacidad adquisitiva de la población y del saldo comercial del país importador, entre otros efectos. Al mismo tiempo, una menor dependencia de las importaciones de productos energéticos (que son combustibles fósiles, principalmente) se alinea con la sostenibilidad, en tanto que de fomentarse en su lugar el empleo de energías renovables se apoya la transición hacia una economía baja en carbono.

Para evaluar el mayor o menor grado de soberanía energética, la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) publica el indicador de dependencia de las importaciones de energía que queda definido en los siguientes términos:

la proporción de las necesidades energéticas totales de un país satisfechas por las importaciones de otros países, esto es, el porcentaje de importaciones netas (importaciones menos exportaciones) sobre la energía bruta disponible.

De acuerdo con los datos disponibles de Eurostat, el consumo de energía en la UE continúa dependiendo en gran medida de su abastecimiento exterior. Entre 1990 y 2020 el conjunto de la UE ha visto aumentar su grado de dependencia energética desde el 50,0% hasta el 57,5%.

Como se observa en el siguiente gráfico, la evolución seguida por el indicador de dependencia energética en la UE ha estado muy condicionada por la naturaleza del ciclo que atraviesa la economía, ya sea expansivo o contractivo. Durante los años de la Gran Recesión el valor del indicador de dependencia energética se redujo, interrumpiendo de forma clara la tendencia ascendente que venía registrando desde 1990, para, después, a partir de 2014, una vez pasados los años de crisis económica, retomar su senda creciente. Más recientemente, en el último año 2020, con la irrupción de la pandemia del COVID-19, el grado de dependencia energética vuelve a retroceder, unos tres puntos porcentuales respecto a 2019, como consecuencia de las medidas de restricciones a la actividad y movilidad adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria.

En un análisis por tipos, el petróleo y sus derivados, que son los productos energéticos más demandados, presentan la mayor tasa de dependencia exterior. En 2020 el 97% de su demanda ha tenido que ser importado de terceros países, porcentaje que supera el 93,1% registrado en 1990.

A continuación, para el gas natural, el segundo producto energético más demandado, la tasa de dependencia exterior es del 83,6% en 2020, muy superior a la que tenía en 1990 (51,8%).

Respecto a los combustibles fósiles sólidos, el tercer producto energético más demandado, en 2020 el 35,8% de su consumo ha sido cubierto a través de importaciones. Este porcentaje también supera el registrado en 1990 (18,7%).

Atendiendo a un análisis por países, los últimos datos disponibles de Eurostat nos confirman que el grado de dependencia de las importaciones de productos energéticos continúa siendo elevado en la mayoría de los países de la UE. Un total de 17 de los 27 Estados actuales de la Unión Europea tenían un grado de dependencia energética exterior superior al 50% de su energía bruta disponible en 2020.

Los países más dependientes energéticamente del exterior son tres pequeñas economías: Malta, con un porcentaje de importaciones netas sobre su energía bruta disponible del 97,6%, Chipre (93,1%) y Luxemburgo (92,5%). A continuación les siguen Grecia (81,4%), Bélgica (78,1%), Lituania (74,9%), Italia (73,5%) e Irlanda (71,3%), entre otros.

Por el contrario, los países con un grado de dependencia exterior menor son Estonia (10,5%), Rumanía (28,2%), Suecia (33,5%), Bulgaria (35,9%) y República Checa (38,9%)

Desde una perspectiva temporal amplia, que abarca las tres últimas décadas (1990-2020), los Estados que más han aumentado su tasa de dependencia energética exterior han sido Países Bajos (de 23,7% a 68,1%), Polonia (de 0,9% a 42,8%) y República Checa (de 15,2% a 38,9%). En sentido contrario, tres países han destacado por ser los que han logrado reducir más su dependencia energética exterior durante el periodo analizado: Letonia (de 89,0% a 45,5%), Estonia (de 41,0% a 10,5%) y Bulgaria (de 63,4% a 37,9%).

Para más información:

Eurostat.

El transporte y las energías renovables en la Unión Europea (2004-2020)

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La Unión Europea estableció en la Comunicación de la Comisión, de 10 de enero de 2007 («Programa de trabajo de la energía renovable – Las energías renovables en el siglo XXI: Construcción de un futuro más sostenible») como objetivo para el sector del transporte que en el año 2020 el 10% de la energía consumida proceda de fuentes de energía renovables.

El propósito de la UE es, por tanto, potenciar que la energía consumida por el sector del transporte provenga de biocombustibles líquidos, hidrógeno, biometano y electricidad verde (a partir de energías renovables como la eólica, solar e hidráulica), en lugar de los tradicionales combustibles fósiles.

Atendiendo a los últimos datos disponibles elaborados por la Oficina Estadística de la UE (Eurostat), estamos en condiciones de realizar una primera evaluación del grado de cumplimiento de los objetivos marcados en la Comunicación de la Comisión en este ámbito, quince años después de su aprobación.

Según dicho organismo estadístico europeo, en el año 2004 el porcentaje de energía consumida en el sector del transporte procedente de fuentes renovables en la UE-27 ascendía al 1,6%, porcentaje muy alejado del objetivo del 10% marcado para 2020.

Durante el periodo 2004-2020, la participación de la cuota de energía renovable en el transporte, que partió de un registro muy bajo, ha tomado una senda ascendente año a año, con la excepción de 2011 cuando se redujo. Finalmente, los últimos datos publicados nos indican que la UE como conjunto ha logrado que en 2020 el 10,2% del consumo final de energía en el sector del transporte proceda de energías renovables. De este modo se logra cumplir con el compromiso del objetivo del 10% marcado para dicho año.

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No obstante, dicho cumplimiento del objetivo necesita ser matizado. Antes de 2020, esto es, durante el periodo 2004-2019 la participación de las energías renovables en el sector del transporte aumentó a un ritmo de 0,5 p.p. al año. Por lo tanto, resulta un hecho extraordinario que en 2020 dicha cuota de participación haya aumentado en 1,4 p.p. respecto a 2019, permitiendo superar el objetivo del 10%.

Muy posiblemente estos resultados favorables vienen explicados en buena parte por tratarse de un año 2020 muy marcado por los efectos de la crisis del COVID-19. En dicho año las necesarias medidas de restricción de la movilidad y la actividad aplicadas en Europa para frenar la pandemia tuvieron su reflejo en una caída brusca del consumo de energía. De acuerdo también con los últimos datos de Eurostat, el consumo total de energía en la UE se redujo un 6% en 2020 respecto al año anterior, descenso que fue muy superior en el sector del transporte (-13%).

Además, en un análisis por países, cabe destacar que se observan diferencias importantes en el grado del cumplimiento de los objetivos, según los datos disponibles de Eurostat. Recordemos que el compromiso del 10% para 2020 es extensible a cada uno de los Estados miembros de la UE-27 por igual.

Así, en 2020 Suecia, con el 31,9%, fue, con diferencia, el país de la UE-27 con el mayor porcentaje de participación de energía de fuentes renovables en el transporte sobre el consumo final bruto de energía. Le siguen, a distancia, los siguientes países que también han conseguido alcanzar el objetivo del 10% programado para el año 2020: Finlandia (13,4%), los Países Bajos (12,6%), Luxemburgo (12,6%), Estonia (12,2%), Hungría (11,6%), Bélgica (11,0%), Eslovenia (10,9%), Italia (10,7%), Malta (10,6%), Austria (10,3%) e Irlanda (10,2%)

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En el otro extremo, los menores porcentajes de implantación de las energías renovables en el transporte correspondieron en 2020 a Grecia (5,3%), Lituania (5,5%), Polonia (6,6%), Croacia (6,6%) y Letonia (6,7%).

En suma, la mayoría de los países, un total de 15, presentaron porcentajes inferiores al objetivo del 10% marcado por la Unión Europea para el año 2020.

Para más información:

Eurostat