El uso circular de los materiales en la UE (2004-2022)

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La Comisión Europea adoptó en 2015 una Comunicación que daba pasos importantes en el camino hacia una economía más circular: «Cerrar el circulo: un plan de acción de la UE para la economía circular».

Con las medidas establecidas en dicho plan de acción se opta por una economía en la que se persiguen dos objetivos principales:

  1. Mantener durante el mayor tiempo posible el valor que poseen los productos, los materiales y los recursos, de modo que se ahorran materias primas al dejar de ser extraídas de la corteza terrestre.
  2. Reducir al mínimo posible la generación de todo tipo de residuos.

El cumplimiento de ambos objetivos facilitaría el desarrollo de una economía más eficiente en el uso de los recursos.

Para evaluar los avances alcanzados en la UE en su senda de fomento de la economía circular, se dispone, como indicador principal, de la tasa de uso de materiales circulares (tasa de circularidad), que elabora la Oficina Estadística de la UE (Eurostat)

Dicha tasa, expresada en porcentaje, mide la proporción de materiales recuperados y reintroducidos en la economía sobre el total de materiales con uso general. La tasa de circularidad define, por tanto, la relación que existe entre el uso circular de materiales y el uso general de materiales(*).

Un valor de tasa de circularidad más alto indica que hay más materiales secundarios que sustituyen materias primas extraíbles, evitando así los impactos ambientales que supone la extracción de dichos materiales finitos de la naturaleza para fabricar productos o generar energía.

De acuerdo con Eurostat, que recientemente (noviembre de 2023) ha revisado los datos de los últimos años, la tasa de circularidad en la UE-27 fue del 11,5% en 2022. Ello significa que del total de los recursos materiales que se utilizaron en la UE en dicho año el 11,5% provino de productos reciclados y materiales que han sido recuperados.

Es destacable, además, que el valor que toma la tasa de circularidad difiere de forma significativa según el tipo de materiales considerados. Así, en 2022 los metales son los materiales que toman la mayor tasa de circularidad (23,9%), seguidos por los minerales no metálicos (13,7%). Por el contrario, las menores tasas de circularidad corresponden a los combustibles fósiles (3,2%) y la biomasa (10,0%).

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2004-2022 la tasa de circularidad se ha incrementado en el conjunto de la UE-27 desde el 8,2% hasta el 11,5%. Ello supone, por tanto, un avance de 3,3 puntos porcentuales (p.p.) en dicho periodo de tiempo, es decir, menos de 2 décimas porcentuales por año desde 2004. Además, como se observa en el siguiente gráfico, la tasa de circularidad ha experimentado un estancamiento durante los últimos años que contrasta con los avances registrados a comienzos de la serie.

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Por países se constata que la tasa de circularidad presenta diferencias muy significativas en el seno de la UE. Así, en el último año 2022 los mayores porcentajes se registraron en Países Bajos (27,5%), Bélgica (22,2%), Francia (19,3%), Italia (18,7%) y Estonia (16,0%).

Por el contrario, las menores tasas de circularidad correspondieron a Finlandia (0,6%), Rumanía (1,4%), Irlanda (1,8%), Portugal (2,6%) y Grecia (3,1%).

Estas importantes divergencias entre los países de la UE-27 se deben, según Eurostat, a la cantidad de residuos que se recicla en cada país y a factores estructurales de las propias economías nacionales. Así, las economías que tienen mayores importaciones de materiales (incluyendo los combustibles fósiles) y mayores extracciones interiores de materiales (relacionadas con minería, construcción, etc.) son las que presentan menores tasas de circularidad.

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Además, la evolución de la tasa de circularidad dentro de la UE ha sido muy dispar, en particular durante 2010-2022, periodo para el que Eurostat ha publicado datos actualizados por países. Por un lado, destacan los mayores avances de Malta, cuya tasa de circularidad ha aumentado en 9,8 p.p., Bélgica (+8,6 p.p.), Italia (+7,2 p.p.), Austria (+7,0 p.p.) y Estonia (+6,9 p.p.). Por el contrario, siete países de la UE han retrocedido en su tasa de circularidad durante dicho periodo, presentando los mayores descensos Luxemburgo (-18,2 p.p.), Finlandia (-10,1 p.p.) y España (-3,3 p.p.).

(*) El uso general de materiales se mide sumando el consumo agregado de materiales domésticos y el uso circular de materiales. El primero queda definido en las cuentas de flujos de materiales para toda la economía. Por su parte, el uso circular de materiales se aproxima por la cantidad de residuos reciclados en las plantas de recuperación doméstica, menos los residuos importados destinados a la recuperación, más los residuos exportados destinados a la recuperación en el extranjero.

Para más información:

Eurostat

Cuando la mar rima con naranjas

El poeta canario Pedro García Cabrera (1905-1981) nos confiesa que una copla popular muy escuchada en La Gomera, isla donde nació, le dejó una honda huella en su memoria.

Su obsesión por aquel canto tal vez se deba a que aúna en unos pocos versos dos elementos de la naturaleza bien diferentes que están cargados de gran simbolismo. Por un lado, el extenso y misterioso mar; por otro, el fruto tangible del naranjo, muchas veces deseado.

«A la mar fui por naranjas
cosa que la mar no tiene,
metí la mano en el agua:
la esperanza me mantiene»

(Copla popular)

El influjo de esta copla le sirvió a Pedro García Cabrera como punto de partida para escribir un sentido poemario que, precisamente, tituló La esperanza me mantiene.

La mar es pródiga en peces, pero inhóspita para el cultivo de naranjas, que son de tierra adentro. Sin embargo, los versos del poeta nos invitan a no desistir en la búsqueda de lo que parece imposible, a mantener viva la esperanza de alcanzar lo que anhelamos.

Traemos hasta aquí, como muestra representativa, uno de los diez poemas centrales, A la mar voy todavía, perteneciente al citado poemario publicado en 1959.

“Dime, tú, mar, ahora ¿a qué naranja
he de tender mi frente?
¿Debo arrancar de cuajo tus arenas,
golpear tus rumores,
esculpir tus espumas,
matar tus olas de gallina de oro
que sólo ponen huevos de esperanza?
La paz te he suplicado y me la niegas,
mi ternura te ofrezco y no la quieres.
Pero algo he de pedirte todavía:
que no hagas naufragar a mi palabra
ni apagar el amor que la mantiene.

Aún mi mano en la mar, así lo espero”.

Para leer más:

Pedro García Cabrera: Antología Poética. Centro de la Cultura Popular Canaria, 2005.

Pedro García Cabrera: Obras completas (vol. II). Gobierno de Canarias, 1987.

La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2022)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves efectos que generan sobre la salud y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución, en el conjunto de la UE y por países, desde 1990 hasta hoy.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, desde 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando reducirse un 64,4% hasta en 2022. En este último año 2022 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 386 millones de toneladas frente a 1.086 millones de 1990.

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Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable. Además, se constata que la producción de estos combustibles ha experimentado un repunte en los dos últimos años 2021-2022 tras descender significativamente en 2020 como consecuencia de los impactos de la pandemia de la COVID-19. Queda por ver, por tanto, si este repunte no prosigue en los próximos años y se retorna a la tendencia descendente anterior.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990, sólo seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual (sin Reino Unido) no producían carbón: Dinamarca, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. En el año 2022, más de tres décadas después, hay que añadir tres países al grupo de no productores: Irlanda, Croacia y Portugal.

En la actualidad, los dos mayores productores de carbón siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 144,3 millones de toneladas en 2022 (el 37,3% del total de la UE), y Polonia, con 116,3 millones (el 21,1% del total), seguidos por la República Checa (9,8%), Bulgaria (9,4%), Rumanía (4,7%), Grecia (3,5%) y Hungría (1,4%), principalmente.

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Durante el periodo 1990-2022, según la información estadística disponible de Eurostat, entre los actuales 18 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en Francia (-99,5%), España (-96,6%), Bélgica (-79,6%), Estonia (-78,0%), Italia (-77,3%), Grecia (-73,7%), Hungría (-73,0%), Alemania (-71,2%), Austria (-68,9%), Eslovaquia (-66,2%) y República Checa (-65,6%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-64,4%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 49,2% durante el periodo 1990-2022, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 30,1%.

En el otro extremo, es de destacar que tres países han seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea: Bulgaria, que produjo 36.308.752 toneladas en 2022, Suecia (1.115.000 toneladas) y Finlandia (843.000 toneladas, básicamente de coque de horno).

Para más información:

Eurostat

La belleza de los árboles: una cita con José Saramago

En su obra Viaje a Portugal el escritor portugués José Saramago (1922-2010) nos invita a recorrer los diversos pueblos y ciudades del país lusitano para que descubramos, principalmente, toda la belleza de su patrimonio artístico.

Pero tampoco se olvida de que Portugal también atesora belleza en sus ecosistemas naturales. La mirada de Saramago queda atrapada en la armonía que desprenden los árboles, como cuando escribe el siguiente pasaje:

“Bello es siempre el verano, sin duda, con su sol, su playa, su parra de sombra, su refresco, pero qué dirá de este camino entre bosques donde la bruma se deshilacha o adensa, a veces ocultando el horizonte próximo, otras veces desgarrándose hacia un valle que parece no tener fin. Los árboles tienen todos los colores. Si alguno falta, o casi se esconde, es precisamente el verde, y, cuando aún se mantiene, está ya degradándose, adoptando el primer tono del amarillo, que comenzará por ser vivo en algunos casos, después surgen los matices terrosos, el castaño pálido, luego oscuro, a veces de un color de sangre viva o cuajada. Estos colores están en los árboles, cubren el suelo, son kilómetros gloriosos que al viajero le gustaría recorrer a pie…”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.

La dependencia energética exterior de la UE (1990-2021)

Procurar el máximo grado de soberanía energética se convierte en una cuestión cada vez más estratégica de la política energética de los países. Una baja dependencia de las importaciones contribuye a que las economías sean menos vulnerables a problemas de provisión de recursos energéticos y a imprevistas fluctuaciones alcistas de los precios que derivan, en última instancia, en un deterioro de la capacidad adquisitiva de la población y del saldo comercial del país importador, entre otros efectos.

Al mismo tiempo, una menor dependencia de las importaciones de productos energéticos (que son combustibles fósiles, principalmente) se alinea con la sostenibilidad, en tanto que de fomentarse en su lugar el empleo de energías renovables se apoya la transición hacia una economía baja en carbono.

Para evaluar el mayor o menor grado de soberanía energética, la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) publica el indicador de dependencia de las importaciones de energía que queda definido en los siguientes términos:

la proporción de las necesidades energéticas totales de un país satisfechas por las importaciones de otros países, esto es, el porcentaje de importaciones netas (importaciones menos exportaciones) sobre la energía bruta disponible.

De acuerdo con los datos disponibles de Eurostat, el consumo de energía en la UE continúa dependiendo en gran medida de su abastecimiento exterior. Entre 1990 y 2021 el conjunto de la UE ha visto aumentar su grado de dependencia energética desde el 50,0% hasta el 55,5%.

Como se observa en el siguiente gráfico la evolución seguida por el indicador de dependencia energética en la UE ha estado muy condicionada por la naturaleza del ciclo que atraviesa la economía, ya sea expansivo o contractivo. Durante los años de la Gran Recesión el valor del indicador de dependencia energética se redujo, interrumpiendo de forma clara la tendencia ascendente que venía registrando desde 1990, para, después, a partir de 2014, una vez pasados los años de crisis económica, retomar su senda creciente hasta alcanzar su máximo en 2019, con el 60,5%. Más recientemente con la irrupción de la pandemia del COVID-19, que conllevó fuertes impactos sociales y económicos, el grado de dependencia energética vuelve a retroceder. La contracción de la economía de la UE, en buena medida por las necesarias medidas de restricción a la actividad y la movilidad adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria, derivó en menores requerimientos energéticos que hicieron descender el grado de dependencia del exterior hasta el 57,5% en 2020 y el 55,5% en 2021.

Está por ver si en el 2022, con la finalización de la pandemia, el grado de dependencia energética de la UE retornó al crecimiento, sin olvidar, además, el nuevo contexto internacional derivado de los posteriores incrementos de los precios energéticos, a los que se unen los impactos de la guerra en Ucrania iniciada en marzo con la invasión rusa.

En un análisis por tipos, el petróleo y sus derivados, que son los productos energéticos más demandados, presentan la mayor tasa de dependencia exterior. En 2021 el 91,7% de su demanda ha tenido que ser importado de terceros países. Este porcentaje se redujo en 7 puntos respecto al año 2020, de modo que se vuelve inferior al 93,1% registrado en 1990.

A continuación, para el gas natural, el segundo producto energético más demandado, la tasa de dependencia exterior es del 83,4% en 2021. En este caso desciende sólo 0,2 p.p. respecto a 2020 y continúa siendo muy superior al 51,8% de 1990.

Respecto a los combustibles fósiles sólidos, el tercer producto energético más demandado, en 2021 el 37,5% de su consumo ha sido cubierto a través de importaciones. A diferencia de los anteriores productos energéticos, en 2021 aumentó la dependencia energética de los combustibles fósiles sólidos, hasta el 37,5%, casi dos puntos más que en 2020. Este porcentaje también supera el registrado en 1990 (18,7%).

Atendiendo a un análisis por países, los últimos datos disponibles de Eurostat nos confirman que el grado de dependencia de las importaciones de productos energéticos continúa siendo elevado en la mayoría de los países de la UE. Un total de 17 de los 27 Estados actuales de la Unión Europea tenían un grado de dependencia energética exterior superior al 50% de su energía bruta disponible en 2021.

Los países más dependientes energéticamente del exterior son tres pequeñas economías: Malta, con un porcentaje de importaciones netas sobre su energía bruta disponible del 97,1%, Luxemburgo (92,5%) y Chipre (89,5%). A continuación, les siguen Irlanda (77,0%), Grecia (73,8%), Italia (73,5%), Lituania (73,3%), Bélgica (70,8%) y España (69,1%), entre otros.

Por el contrario, los países con un grado de dependencia exterior menor son Estonia (1,4%), Suecia (21,0%), Rumanía (31,6%), Dinamarca (32,3%), Bulgaria (36,1%), Finlandia (38,0%) y Letonia (38,3%).

Desde una perspectiva temporal amplia, que abarca el periodo 1990-2021, los Estados que más han aumentado su tasa de dependencia energética exterior han sido Polonia (de 0,9% a 40,4%), Países Bajos (de 23,7% a 58,4%) y República Checa (de 15,2% a 40,0%). En sentido contrario, tres países han destacado por ser los que han logrado reducir más su dependencia energética exterior durante el periodo analizado: Letonia (de 89,0% a 38,3%), Estonia (de 41,0% a 1,4%) y Bulgaria (de 63,4% a 36,1%).

Para más información:

Eurostat.

La Declaración Universal de Derechos Humanos: 75 años hacia el progreso social

Se cumplen 75 años desde que el 10 de octubre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas en París proclamara la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Se trata de un documento histórico que establece por vez primera los derechos humanos fundamentales que deben garantizarse en todos los pueblos y países del mundo.

De entre los Considerandos recogidos en el Preámbulo de la Declaración destacamos dos ideas fundamentales:

1. Todas las personas formamos parte de la gran familia humana que se mueve por los valores supremos de la libertad, la justicia y la paz. Todas ellas, por igual, gozamos del reconocimiento de una dignidad intrínseca y de unos derechos inalienables.

2. El propósito de todos países firmantes de promover el progreso social y elevar el nivel de vida de sus habitantes.

Tras el Preámbulo la Declaración Universal de Derechos Humanos establece en sus 30 artículos cuáles son esos derechos fundamentales que los seres humanos tienen reconocidos independientemente de su condición. Son derechos inalienables que posee toda persona sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, posición económica, nacimiento, etc.

Así, en este documento de Naciones Unidas quedan reconocidos derechos y libertades como los siguientes: el derecho a la vida y a la seguridad, la prohibición de la esclavitud y la tortura, el derecho a un juicio justo, la presunción de inocencia, el derecho a circular libremente, el derecho a buscar asilo, la libertad de opinión y de expresión, la libertad de reunión y de asociación pacíficas, el derecho a participar en el gobierno, el derecho a la propiedad individual y colectiva, el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, etc.

Junto a estos derechos de carácter civil, para la promoción del progreso social de los pueblos la Declaración reconoce que los seres humanos poseen también derechos fundamentales de naturaleza socioeconómica. Son derechos que aún hoy conservan su plena validez y siguen demandando una incondicional defensa 75 años después de su reconocimiento. Entre ellos merecen especial atención los recogidos en los siguientes seis artículos por ser esenciales para todo propósito de bienestar social y desarrollo sostenible:

Artículo 22:

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener (…) la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23:

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24:

Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25. 1:

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidad, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientemente de su voluntad.

Artículo 26.1:

Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental (…)

Artículo 27.1:

Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

En suma, son todos ellos derechos socioeconómicos fundamentales que, habiendo sido reconocidos en 1948, su defensa permanece como una necesidad ineludible para procurar el progreso social. El bienestar social no es posible si los seres humanos no tienen garantizados sus derechos al trabajo y el descanso, a la alimentación y la vivienda, a la asistencia médica y los servicios sociales, a la educación y la cultura…

Siendo el estado actual del planeta bien diferente al de hace 75 años, no cabe duda que otro derecho fundamental universal llama a la puerta: el derecho de todo ser humano a un medio ambiente sano y sostenible.

Esta ausencia en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 fue abordada, inicialmente, en la Declaración de Estocolmo (1972) de Naciones Unidas que en su Principio 1 afirma que el ser humano tiene el derecho a disfrutar de condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad. Pero no ha sido hasta el 26 julio de 2022 cuando mediante Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas se reconoce expresamente “el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible como un derecho humano”.

Para leer más:

Declaración Universal de Derechos Humanos (1948)

El amor a los pájaros: una cita con José Saramago

El escritor portugués José Saramago (1922-2010), reconocido con el premio Nobel de Literatura en 1998, nos transmite en su libro Viaje a Portugal la realidad cultural y artística de su país natal, que redescubrió entre los años 1979 y 1980 tras decidir visitarlo de extremo a extremo.

Viaje a Portugal es principalmente una crónica de viaje en la que el autor deja reflejadas sus impresiones sobre la belleza del patrimonio artístico que atesoran las ciudades y pueblos lusitanos. Pero el viajero no fue ajeno a otra clase de belleza: la belleza de los diversos ecosistemas naturales por los que transitó durante su largo periplo personal. Y tampoco pudo eludir su amor por los animales, como cuando tuvo lugar su visita a la villa de Borba que recoge el siguiente pasaje:

“Al viajero, decididamente, le gusta Borba. Será por el sol, por esta luz matinal, será por la blancura de las casas (¿quién ha dicho que el blanco no es un color, sino la ausencia de él?), será por todo eso, y por lo demás, que es el trazado de las calles, la gente que por ellas anda, no sería preciso más para un sincero afecto, cuando, de pronto, ve el viajero en una tapia, la más extraordinaria declaración de amor, un letrero que decía: PROHIBIDO DESTRUIR LOS NIDOS. MULTA 100$00.

Hay que convenir en que merece todos los loores una villa donde públicamente se declara que el rigor de la ley caerá sobre los malvados que derriben las moradas de los pájaros. De las golondrinas, para ser más riguroso. Puesto que el letrero está en una tapia que precisamente usan las golondrinas para construir sus nidos, se entiende que la protección sólo a ellas cubre. Lo demás pájaros, bribones, algo bellacos y nada dados a confianzas humanas, hacen sus nidos en los árboles, fuera de la villa, y se sujetan a los azares de la guerra. Pero ya es excelente que una tribu del pueblo alado tenga la ley a su favor. Yendo así, poco a poco acabarán las leyes por defender a las aves todas y a los hombres todos, excepto, claro está o no merecerían el nombre de leyes, a los nocivos de un lado y otro. Probablemente por efecto del calor, el viajero no está en uno de sus días de mayor claridad, pero espera que lo entiendan”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de los hogares de la UE (2010-2021)

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GIE) causantes, en gran medida, de la crisis climática actual que sufre el planeta proceden, principalmente, del desarrollo de diversas actividades económicas (industria manufacturera, producción de electricidad, agricultura, ganadería, transporte, construcción…). Sin embargo, no hay que olvidar que las actividades desarrolladas por los hogares también son fuente de emisión de GEI.

En el contexto de la Unión Europea (UE-27) las emisiones de GEI de todas las actividades realizadas por los hogares (calefacción refrigeración, transporte…) representan el 20,5% del total de emisiones en 2021 frente al 79,5% generado por las actividades de los diferentes sectores económicos.

Si analizamos en concreto las actividades de calefacción y refrigeración realizadas dentro de los hogares (que suponen el 44% de sus emisiones), los datos apuntan a un descenso de las emisiones de GEI en el horizonte temporal 2010-2021, lo que viene explicado en gran medida por mejoras de eficiencia energética y el menor empleo de los combustibles fósiles

Así, de acuerdo con la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en la UE-27 dichas emisiones de GEI de los hogares han descendido desde los 403,1 millones de toneladas de CO2 equivalente del año 2010 hasta los 327,4 millones de 2021. Ello supone, por tanto, una caída acumulada del 18,8%, que supera la registrada por el conjunto de las actividades que emiten GEI en la UE, esto es, un -17,5% en dicho periodo de 2010-2021.

No obstante, como se advierte de la tendencia dibujada en el siguiente gráfico, los últimos dos años rompen con la evolución de mejoría registrada hasta 2019. Como es conocido, los años 2020 y 2021 estuvieron marcados por la pandemia del COVID-19, con múltiples impactos para la vida y movilidad de las personas y el desarrollo de las actividades económicas.

Los resultados del análisis de la evolución de las emisiones generadas por los hogares en sus actividades de calefacción y refrigeración, en términos relativos, es decir, por habitante, nos constatan igualmente una reducción durante la última década.

En año 2021 los hogares de la UE emitieron a la atmósfera 732,7 kg de CO2 equivalente per cápita. Este dato mejora respecto a 2010, cuando dicha ratio se cifró en 913,4 kg/habitante, de modo que se ha producido una reducción del 19,8% en dicho periodo. No obstante, los datos más recientes apuntan, al igual que en términos absolutos, que durante el periodo de la crisis sanitaria (2020-2021) la situación ha empeorado: las emisiones per cápita sobrepasan en un 4,6% las registradas en 2019 (700,4 kg de CO2 equivalente).

Por tanto, el estado de las emisiones de GEI de los hogares sigue presentando un amplio margen de mejora en el actual marco de lucha contra el cambio climático. Además, persisten importantes diferencias entre los países que conforman la Unión Europea persisten.

En 2021 tres países excedían con mucho el promedio de emisiones de 733 kg de CO2 equivalente per cápita de la Unión Europea: Luxemburgo (1.636 kg/hab.), Bélgica (1.400) e Irlanda (1.3476). A continuación, otros países que emitieron más que el valor promedio comunitario son Países Bajos, Alemania, Polonia, Hungría, Italia, República Checa y Austria.

Por el contrario, los hogares de la UE que en 2021 emitieron, con diferencia, menos GEI per cápita son los pertenecientes a Suecia (26 kg de CO2 equivalente/hab.). Le sigue un grupo de once países que también destacan por presentar una ratio de emisiones que es menos de la mitad del promedio de la UE: Portugal, Malta, Finlandia, Estonia, Letonia, Bulgaria, Dinamarca, Rumanía, España, Lituania y Croacia.

Finalmente, es de resaltar, desde un enfoque dinámico, que, durante el periodo analizado (2010-2021), 23 de los 27 países de la UE han conseguido reducir los GEI emitidos a la atmósfera por las actividades de calefacción y refrigeración realizadas en las viviendas, significándose los mayores descensos porcentuales en Suecia (-72,1%), Finlandia (-56,2%) y Dinamarca (-51,3%) frente los mayores incrementos en Rumanía (32,7%), Bulgaria (15,9%) y Lituania (11,8%).

Para más información:

Eurostat

El sermón a los peces de José Saramago

Río Douro

El escritor portugués José Saramago (1922-2010), reconocido con el premio Nobel de Literatura en 1998, nos descubre en su libro Viaje a Portugal una crónica personal de la realidad, principalmente cultural y artística, de aquel país que recorrió de extremo a extremo entre 1979 y 1980.

Comienza este viaje particular de una forma singular. Cruzando la línea divisoria que separa España de Portugal, el viajero se detiene “sobre las aguas oscuras y profundas, entre los altos escarpes que van doblando los ecos”, para predicar un sermón especial. Va dirigido a los peces del río, de los que los seres humanos podemos aprehender un ejemplo de fraternidad, a la vez que nos hacen recordar que la naturaleza no entiende de aduanas ni barreras fronterizas.

“Venid acá, peces, vosotros, los de la margen derecha, que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es la lengua en que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes y sellos para entrar y salir. Aquí estoy yo, mirándoos desde lo alto de este embalse, y vosotros a mí, peces que vivís en esas confundidas aguas, que tan pronto estáis en una orilla como en otra, en gran hermandad de peces que unos a otros sólo se comen por necesidad de hambre y no por enfados de patria. Me dais vosotros, peces, una clara lección, ojalá no la olvide yo al segundo paso de este viaje mío a Portugal, a saber: que de tierra en tierra deberé prestar mucha atención a lo que sea igual y a lo que sea diferente, aunque dejando a salvo, que humano es y entre vosotros igualmente se practica, las preferencias y las simpatías de este viajero, que no está ligado a obligaciones de amor universal, ni nadie le ha pedido que lo esté. De vosotros, en fin, me despido, peces, hasta un día; seguid a lo vuestro mientras no asomen por ahí pescadores, nadad felices, y deseadme buen viaje, adiós, adiós”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.

Los economistas ante la crisis ecológica: una cita con Georgescu-Roegen

Se cumple medio siglo desde que el economista y matemático Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994) escribiera, con la colaboración de otros reconocidos economistas, un texto que formó parte de un manifiesto más amplio, impulsado con motivo de la primera Conferencia Mundial de Naciones Unidades sobre Medio Ambiente (la Cumbre de Estocolmo de 1972). En dicho texto Georgescu-Roegen nos advertía de que “la evolución de nuestra morada en la Tierra se aproxima a una crisis de cuya resolución puede depender la supervivencia de la humanidad”.

La producción de bienes y servicios se ha venido considerando fuente prioritaria de beneficios para la sociedad. Sin embargo, también ha conllevado costes que no dejan de ser cada vez más evidentes. El persistente crecimiento económico agota irrevocablemente nuestro stock finito de materias primas y energía. Al mismo tiempo se constata que se está sobrepasando la capacidad, igualmente finita, que tiene nuestro ecosistema para absorber los residuos y la contaminación generados en los procesos económicos.

Según Georgescu-Roegen la situación ecológica es de tal gravedad que la tarea del economista, como la de científicos y planificadores de otras áreas del conocimiento, no debe quedar al margen. El economista de hoy ha de tener una visión más amplia, debe dejar de aislar su dominio de otras ramas de la sabiduría.

Los costes ecológicos de los procesos económicos actuales sobre las generaciones futuras encierra un importante problema ético que el economista como gestor y planificador de recursos no puede eludir. Asimismo, la imposibilidad material de procurar el crecimiento económico perpetuo en un planeta que es finito nos aboca a pensar más en la satisfacción de las necesidades humanas reales que en perseguir la maximización de la producción y el consumo.

En suma, la nueva economía que defiende Georgescu-Roegen sostiene como metas la supervivencia y la justica, a las que quedan supeditados la producción y el consumo:

“Es necesaria una nueva economía cuya finalidad sea la administración de los recursos y lograr un control racional sobre el desarrollo y las aplicaciones tecnológicas de modo que sirvan a las necesidades humanas reales, más que a la expansión de los beneficios, la guerra o el prestigio nacional. Es necesaria una economía de la supervivencia, o más aún, de la esperanza -una teoría y una visión de una economía global basada en la justicia, que haga posible la distribución equitativa de la riqueza de la Tierra entre la población, tanto actual como futura-. Está claro que no podemos seguir considerando útil la separación de la economía nacional de sus relaciones con el sistema global más amplio. Pero los economistas pueden hacer algo más que medir y describir las complejas relaciones entre entidades económicas; podemos trabajar activamente por un nuevo orden de prioridades que trascienda los estrechos intereses de la soberanía nacional y que en vez de a ellos sirva a los intereses de la comunidad mundial. Debemos reemplazar el ideal del crecimiento, que ha servido como sustitutivo de la distribución equitativa de la riqueza, por una visión más humana en la que la producción y el consumo estén subordinados a las metas de la supervivencia y la justicia”.

Para leer más:

Nicholas Georgescu-Roegen: Ensayos bioeconómicos. (Edición de Óscar Carpintero). Catarata, Madrid, 2021.