Una cita con César Manrique y el porvenir humano

Málaga_2018.01.15

Artista total, naturalista con conciencia crítica, activista comprometido con el porvenir humano, defensor de un progreso en armonía, amante de la vida… César Manrique (1919-1992) fue esto y mucho más.

En los años ochenta del siglo XX, Manrique expresó sus sentidas preocupaciones sobre el devenir de un mundo que transcurría a gran velocidad por las autopistas de los valores sin salida. Más de treinta años después, ya en el siglo XXI, los mismos problemas de entonces continúan rodando sin frenos.

“Creo que, si en este ocaso del siglo XX, el hombre no es capaz de poner en orden las enormes injusticias, si no es capaz de frenar la ambición desmedida de poder y riqueza, pienso que nuestra existencia se reducirá a una autodestrucción paulatina e inexorable”.

Para leer más:

César Manrique: Escrito en el fuego. Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1988.

Las aves, indicador de sostenibilidad

Pinzón común. Parque Nacional de Garajonay (Isla de La Gomera, España).

Las razones para procurar la conservación de la población de las aves, en particular las especies vulnerables, nativas y no invasoras, son diversas y confluyen en la necesaria defensa de la biodiversidad del planeta.

Además, gracias a la comunidad científica sabemos también que la presencia de aves es un buen indicador de la salud de los ecosistemas, de su diversidad e integridad.

La mayor o menor población de aves, así como su mayor o menor diversidad de especies, en un ecosistema determinado, nos permite conocer más sobre la calidad del propio ecosistema donde se alimentan, viven y respiran. En definitiva, las aves nos adelantan información valiosa sobre la calidad del medio ambiente y la sostenibilidad real de nuestro desarrollo.

Desde un enfoque cuantitativo, a nivel europeo Eurostat, la Oficina Europea de Estadística, elabora el Índice de Aves Comunes, que recoge las observaciones obtenidas en los 27 Estados miembros de la UE para un total de 168 especies de aves que viven en tierras de cultivo (39), en ecosistemas forestales (34) y en otros hábitats como parques y jardines (95).

En un análisis temporal, que comprende el periodo de 1990 a 2018, la evolución seguida por el Índice de Aves Comunes de la UE apunta hacia una continuada disminución de las poblaciones de aves durante las últimas décadas en la Unión Europea. Constatamos que el valor de dicho índice, que es igual a 100 en el año base de 2000, se ha reducido entre 1990 y 2018 desde 102,3 hasta 95,7, lo que supone una caída del 6,4%. Asimismo, la tendencia más reciente de este indicador apunta a un estancamiento de la población de aves comunes observadas durante el último decenio.

De forma complementaria al Índice de todas las Aves Comunes, Eurostat elabora otros dos índices compuestos referidos a 34 aves de bosques y 39 aves de tierras de cultivo. En el primer caso, la evolución del índice de aves comunes de bosques muestra que se ha producido un aumento del 3,8% durante el periodo 1990-2018. Por el contrario, la tendencia del índice de aves comunes de tierras de cultivo ha sido claramente descendente, habiéndose registrado una reducción del 28,3% en el periodo analizado.

En el ámbito de las aves, cabe recordar lo que ya expresaba la Directiva comunitaria relativa a la conservación de las aves silvestres en el año 2009:

«En el territorio europeo de los Estados miembros, una gran cantidad de especies de aves que viven normalmente en estado salvaje padecen de una regresión en su población, muy rápida en algunos casos, y dicha regresión constituye un grave peligro para la conservación del medio natural, en particular debido a la amenaza que supone para el equilibrio biológico».

Para más información:

Eurostat

Directiva 2009/147/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de noviembre de 2009, relativa a la conservación de las aves silvestres.

Una cita con la Selva de Doramas, en palabras de Viera y Clavijo

Hace varios siglos existía en la isla de Gran Canaria (Canarias) un gran bosque de laurisilva que se hizo célebre por albergar a Doramas, el gran guanarteme aborigen que hizo frente a los conquistadores, y por la exuberancia natural que en él se concentraba.

Hoy apenas nos quedan vestigios de aquella emblemática Selva de Doramas, que ha visto cómo los procesos continuados de deforestación la han ido menguando poco a poco.

Gracias al historiador y escritor canario José de Viera y Clavijo (1731-1813), conocemos algo más de lo que fue aquel bello y rico paraje natural, tal y como lo contemplaron hace unos 250 años sus ojos curiosos e ilustrados.

«Está situada esta célebre montaña de Doramas, llamada vulgarmente Oramas, en el término de Teror, distante poco más de cuatro leguas de la ciudad de Las Palmas. Su extensión es de casi seis millas. Muéstrase allí la naturaleza en toda su simplicidad, pero nunca tan rica, tan risueña ni tan agradable. Ésta parece su obra más exquisita por la diversidad y espesura de árboles robustos siempre verdes, descollados, rectos fértiles y frondosos. Jamás ha penetrado el sol el laberinto de sus ramas ni las yedras, hibalveras y zarzas se han desprendido de sus troncos. La gran copia de aguas claras y sumamente frías que en arroyos muy caudalosos cortan y bañan el terreno por diferentes parajes, especialmente en las que dicen madres de Moya, conservan un suelo siempre entapizado de hierbas medicinales y olorosas. El canto de los pájaros y el continuado vuelo de las aves que allí habitan en infinitas tropas dan un aspecto delicioso a toda la selva. Entre ella una imaginación poética y se verán por todas partes náyades, dríades, etc. Los paseos dilatados y planos parecen un esmero del arte y agradan más porque no lo son».

Para leer más:

José de Viera y Clavijo: Historia General de las Islas Canarias. Nivaria Ediciones, La Laguna, 2016. (Libro Segundo, capítulo 22: Descripción de la montaña de Doramas).

La felicidad humana en palabras de Tomás Moro

Entre las grandes aportaciones de Tomás Moro (1478-1535) se encuentran sus reflexiones sobre el complejo concepto de felicidad. El legado del pensador inglés pervive cinco siglos después, del que destaca su célebre obra Utopía.

Los habitantes de la república imaginaria que creó Tomás Moro viven en armonía porque han conseguido saber cuáles son las cosas que contribuyen a la felicidad humana.  En primer término, los utopienses se inclinan a pensar que el deleite del placer es lo que define la felicidad. Opinan que lo razonable es que los seres humanos busquen disfrutar de los placeres de la vida y eviten soportar el dolor “del que no esperas ningún fruto”.

Por placer entienden “todo movimiento y estado del cuerpo o del espíritu cuya vivencia en conformidad con la naturaleza deleita”. Pero, además, los habitantes de la república de Utopía han conseguido identificar qué placeres son los que conducen a la buena vida:

“Ahora bien, no piensan que la felicidad está en todo placer, sino en el bueno y honesto. Hacia él, como hacia el sumo bien, es arrastrada nuestra naturaleza por la virtud, única a la que la opinión contraria atribuye la felicidad.”

Para aprehender la felicidad humana hay que saber diferenciar los placeres verdaderos de los placeres adulterados, entre los que se encuentran la vanidad y la codicia:

“Qué decir de quienes acumulan riquezas para disfrutar no con el empleo de ese caudal sino con su sola contemplación?; ¿catan acaso el verdadero o son más bien burlados por un falso placer?”

En Utopía los placeres verdaderos que definen la felicidad pueden ser diversos, pudiéndose distinguir dos grandes categorías: los placeres del cuerpo y los placeres del espíritu.

En la categoría de los placeres del cuerpo figuran los que bañan los sentidos, como cuando recuperamos, con la comida y la bebida, el calor natural que hemos consumido, y la conservación de una buena salud, entendiendo en este caso el placer como ausencia del dolor de las enfermedades que no sufrimos.

Dentro de la categoría de los placeres del espíritu, Tomás Moro incluye los placeres de la inteligencia, la contemplación de la verdad, los buenos recuerdos y la segura esperanza:

“Al espíritu le adjudican el conocimiento y aquella dulzura que naciere de la contemplación de la verdad, a lo que se añade la grata memoria de una vida bien llevada y la esperanza sin vacilaciones en el bien futuro”.

Entre todos los placeres que comprenden la felicidad humana los utopienses conceden un mayor valor a los placeres del espíritu:

“Acogen, por tanto, en primer término los placeres del espíritu (pues los tienen por los primeros y principales de todos), la mayoría de los cuales creen que dimanan del ejercicio de las virtudes y de la conciencia de una vida buena”.

Para lograr la felicidad, estos placeres verdaderos del espíritu se complementan con la conservación de una salud buena y el cultivo de tres dones especiales que nos regala la naturaleza:

“La belleza, en cambio, la fortaleza, la agilidad, los cultivan gustosamente cual dones propios y agradables de la naturaleza. Hasta aquellos placeres que se perciben por los oídos, los ojos y las narices, que la naturaleza quiso fueran propios y peculiares del hombre (pues ningún otro género de animales admira la belleza y pulcritud del mundo, o se conmueve por la gracia de los olores si no es para la discriminación de alimento, ni distingue las distancias cónsonas y discordes entre sí de los sonidos), incluso éstos, digo, los persiguen como una especie de condimentos de la vida”.

Para leer más:

Tomás Moro: Utopía. Taurus, Barcelona, 2016.

Crecimiento o desarrollo: no es lo mismo

Cuando nos referimos al progreso de las sociedades no es poco frecuente leer y escuchar cómo se emplean de forma arbitraria los conceptos de desarrollo y crecimiento, a los que, en ocasiones, se les puede añadir el calificativo de sostenible.

Con el término crecimiento impera la lógica que defiende que el objetivo prioritario de toda sociedad es el crecimiento continuo de la producción de bienes y servicios, requisito para la creación de empleo y la satisfacción de las necesidades materiales de la población. En consecuencia, se relega a un segundo plano otros objetivos que pasan a ser subsidiarios: protección medioambiental, distribución de la renta, calidad de vida…. Bajo el paradigma del crecimiento, aún hegemónico, se concluye, por tanto, que sin crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) no puede existir progreso.

Por su parte, con el concepto de desarrollo el foco se fija en la calidad. El crecimiento del PIB no es garantía de progreso social, no nos conduce per se hacia una sociedad sin desempleo, saludable, equitativa, con calidad de vida y en armonía con el medio ambiente, que le da cobijo y sustento. Bien al contrario, la producción continuada de bienes, de todo tipo, se topa con serios límites y costes, tanto medioambientales como sociales.

Consciente o inconscientemente, se confunden dos ideas, dos visiones del progreso social bien diferentes. Porque crecer no es lo mismo que desarrollarse, como bien sintetizaron en el año 1992 los autores de Más allá de los límites del crecimiento:

«Ateniéndonos a la distinción del diccionario… Crecer significa incrementar el tamaño por la asimilación o acumulación de materiales. Desarrollar significa expandir o lograr la realización de potenciales de algo; alcanzar un estado de mayor completud, tamaño o mejoría. Cuando algo crece, se hace cuantitativamente más grande; cuando se desarrolla, se hace cualitativamente mejor o, al menos, diferente. El crecimiento cuantitativo y la mejoría cualitativa siguen leyes distintas. Nuestro planeta se desarrolla a lo largo del tiempo sin crecer. Nuestra economía, un subsistema de la tierra finita y sin crecimiento, debe eventualmente adaptarse a un patrón o modelo de desarrollo similar».

Para leer más:

Donella H. Meadows, Denis L. Meadows, Jorgen Randers: Más allá de los límites del crecimiento. El País Aguilar, Madrid, 1992.

Una cita con la ciudad utopiense de Tomás Moro

Torre de Londres (Inglaterra), donde fue preso y decapitado Tomás Moro en 1535.

En su célebre obra Utopía, el pensador inglés Tomás Moro (1478-1535) describe una república insular ideal en la que sus habitantes eran felices ya que respiraban «un grado de civilización y humanismo que supera ahora casi al resto de los mortales».

En la república de Utopía existen, junto con su capital Amauroto, un total de 54 ciudades, «todas espaciosas y magníficas». En ellas sus habitantes gozan de un estilo de vida que, al no propiciar la codicia y la soberbia, impide que existan la pobreza y la inequidad.

«Toda ciudad está dividida en cuatro partes iguales. En el centro de cada una de las partes hay un mercado para todo. Se depositan allí, en casas especiales, los productos de cada familia, y se reparte cada especie por separado en almacenes. A ellos acude el padre de familia a buscar lo que él y los suyos necesitan, y sin dinero, sin ninguna compensación en absoluto, retira lo que buscare. ¿Por qué se le habrá de negar nada, si sobra de todo y no reina temor alguno de que alguien quiera recabar más de lo que es preciso? Pues, ¿por qué razón pensar que pedirá cosas innecesarias quien tiene por cierto que nunca le ha de faltar nada? Efectivamente, lo que vuelve ávido y rapaz es, en el reino todo de los vivientes, el temor a la privación, o, en el hombre, la sola soberbia, que tiene a gloria el sobrepujar a los demás en la ostentación de lo superfluo, tipo este de vicio que no tiene absolutamente ninguna cabida en las instituciones de los utopienses».

Para leer más:

Tomás Moro: Utopía. Taurus, Barcelona, 2016.

Las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE (1990-2018)

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que generan los países de la UE-27 se han cuantificado en 3.764 millones de toneladas de CO2 equivalentes en el año 2018. Ello supone un descenso del -2,3% respecto a 2017, por lo que se retoma la senda descendente que se vio interrumpida en 2015 y 2017 cuando las emisiones registraron incrementos del 1,4% y 0,7%, respectivamente.

En un análisis temporal más amplio, se constata que desde el año 1990, cuando los GEI generadores del cambio climático emitidos a la atmósfera ascendieron 4.958 millones de toneladas, se ha producido una reducción total de las emisiones del 22,5% en el conjunto de la UE.

Las principales causas que explican la reducción de las emisiones de GEI  en la UE son diversas: el aumento de la participación del uso de las energías renovables, el menor uso de los combustibles fósiles, mejoras en la eficiencia energética, cambios económicos estructurales y la recesión económica, como señala el informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente.

En un análisis por sectores, la reducción de emisiones de GEI ha sido casi generalizada, con la significativa excepción del transporte y la refrigeración y aire acondicionado. Los mayores descensos se han observado en la industria manufacturera, la construcción, la producción de electricidad y calor, la producción de hierro y acero y la combustión residencial.

Los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera son en su mayoría gases de dióxido de carbono (CO2), que representan el 81,2% del total de GEI de la UE-27 en 2018. Las emisiones de estos gases CO2 han disminuido entre 1990 y 2018 un 21,1%%. También se han reducido las emisiones de otros GEI como el metano (CH4), óxido nitroso (N2O), perfluorocarbono (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). Por el contrario, se han incrementado las emisiones de hidrofluorocarbono (HFC) y de trifluoruro de nitrógeno (NF3).

En un análisis por países, en el año 2018 dos tercios (el 65,8%) del total de emisiones de GEI de la UE-27 procedían de cinco países: Alemania (22,8%), Francia (11,8%), Italia (11,4%), Polonia (11,0%) y España (8,9%).

Durante el periodo 1990-2018 la mayoría de los países de la Unión han reducido sus emisiones de GEI, contabilizándose las disminuciones absolutas más importantes en los dos Estados miembros más emisores, Alemania (391.090 Mt menos) y Francia (103.511), y en Rumanía (131.879).

En términos porcentuales, entre 1990 y 2018 las mayores reducciones se han registrado en Lituania (-57,8%), Letonia (-55,5%), Rumanía (-53,2%) y Estonia (-50,4%).

Por el contrario, son cinco los países de la Unión Europea los que han aumentado sus emisiones de CO2 durante el periodo 1990-2018: Chipre (55,0%), España (15,5%), Portugal (15,0%), Irlanda (9,9%) y, en menor medida, Austria (0,6%).

De cara al futuro, los últimos objetivos asumidos por la UE en el Pacto Verde Europeo apuntan a proseguir por la senda de continuada reducción de las emisiones de GEI, de modo que se alcance una disminución de al menos un 50% en 2030 y se logre la neutralidad climática en 2050.

Para más información:

EEA: Annual European Union greenhouse gas inventory 1990–2018 and inventory report 2020

Eurostat

La paloma de María Zambrano

La escritora María Zambrano (1904-1991), en su obra filosófico-poética Claros del bosque, se inspira en la naturaleza animal para expresar con acierto sus pensamientos acerca de conceptos tan abstractos como el ser y el alma.

Para la filósofa Zambrano el ser permanece escondido y obliga a que nos preguntemos a nosotros mismos acerca de él. Por el contrario, el alma tiende a salir, a moverse libremente, como lo hace una paloma.

«De condición alada y dada a partir, se conduce como una paloma. Vuelve siempre, hasta que un día se va llevándose al ser donde estuvo alojada. Y así se sigue ante este suceso a la espera de que vuelva o de que se haya posado en algún lugar de donde no tenga ya que partir, hecha al fin una con el ser que se llevó consigo. Y que este irse haya sido para ella la vuelta definitiva al lugar de su origen, hacia el que se andaba escapando tan tenazmente. Obstinada la paloma, ¿cómo se la podría convencer de nada? Parece saber algo que no comunica, que, siendo tan afín con la palabra, nunca dice. No puede decirse ella así misma. Cuando falta, todo puede seguir lo mismo en el ser abandonado. Mas el ser que la ha perdido se queda quieto, fijo, en prisión. Y ningún signo que de ella no venga le sirve para orientarse. Ya que lo propio de la prisión es que priva, al que en ella cae, de toda orientación».

Para leer más:

María Zambrano: Claros del bosque. Alianza Editorial, Madrid, 2019.

El Pacto Verde Europeo de 2019

El Pacto Verde Europeo (PVE) nació en 2019 con una Comunicación de la Comisión Europea. Se concibe como un gran pacto que pretende promover la asociación de los ciudadanos, la sociedad civil, las autoridades públicas (nacionales, regionales y locales) y todos los sectores económicos con las instituciones comunitarias para dar respuesta a los desafíos del clima y medio ambiente que tiene ante sí la Unión Europea.

Desde sus primeras líneas el PVE pone de manifiesto la urgente necesidad de actuar. Y reconoce expresamente que:

«La atmósfera se está calentando, y el clima cambia de año en año. De los ocho millones de especies del planeta, un millón está en riesgo de extinción. Estamos contaminando y destruyendo los bosques y los océanos»

El Pacto Verde persigue afrontar los desafíos del clima y del medio ambiente, poniendo las bases para transformar la economía y la sociedad de la UE en la senda de la sostenibilidad. Como objetivo prioritario se establece alcanzar una UE neutra en emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) en 2050. Dicha transición, en la que se encuentran implicados todos los sectores económicos y a la que contribuirán todas las políticas comunitarias, habrá de ser, además, justa e integradora.

Para hacer realidad sus objetivos, el PVE presenta una hoja de ruta inicial con las medidas clave a aplicar en ocho ámbitos básicos de actuación: clima, energía, industria, construcción, movilidad, sistema alimentario, ecosistemas y biodiversidad, y contaminación y sustancias tóxicas.

1. Clima

Con las vistas puestas en una Unión Europea que alcance la neutralidad climática en 2050, las políticas comunitarias han de ir dirigidas a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, que en 2030 deberán haberse reducido al menos un 50%. Ello implica llevar a cabo la aprobación de nuevas leyes como la primera “Ley del Clima” europea y reformas como la revisión de la Directiva sobre fiscalidad de la energía. Es de especial importancia garantizar una tarificación eficaz del carbono en todos los sectores económicos y que el precio de las importaciones refleje su verdadero contenido de carbono.

2. Energía

En el sector de la energía el Pacto Verde propone proseguir con su proceso de descarbonización dado que de él proviene el 75% de las emisiones de GEI. Es prioritario para ello fomentar la eficiencia energética y un sector eléctrico basado en las energías renovables. Asimismo, el PVE presta atención a la aplicación de otras medidas igualmente necesarias: presentación de los planes nacionales de energía y clima, una estrategia de integración sectorial inteligente, la descarbonización del sector del gas, una estrategia en materia de energía eólica marina, la modernización de las infraestructuras energéticas y una respuesta al riesgo de pobreza energética de los hogares.

3. Industria

La industria europea es muy dependiente de la extracción de materiales, a la vez que sigue generando importantes emisiones de GEI y una gran cantidad de residuos. En cifras, en la actualidad la industria genera aún el 20% de las emisiones de GEI y únicamente el 12% de los materiales que utiliza son materiales reciclados. Con el PVE se persigue la transición de la actual industria basada en una economía lineal hacia otra de economía circular, donde se prioriza la reducción y reutilización de los materiales. Asimismo, el PVE pone el foco en las industrias de gran consumo energético (acero, química, cemento…), que es necesario descarbonizar y modernizar, y en las industrias que hacen un uso intensivo de recursos (textil, construcción, electrónica, plásticos…). El plan de acción de la economía circular habrá de incluir medidas que fomenten la producción de bienes reutilizables, duraderos y reparables, y medidas que pongan coto a la obsolescencia programada, entre otras.

4. Construcción

La construcción, utilización y renovación de edificios supone una cantidad considerable de energía y recursos minerales (arena, grava, cemento…). En la UE el 40% del consumo de energía corresponde a los edificios, lo que obliga, ante los objetivos marcados en materia de eficiencia energética y clima, a aplicar una política decidida de renovación de edificios tanto públicos como privados. El PVE defiende medidas encaminadas a la renovación energética de escuelas y hospitales, y también de viviendas sociales para ayudar a las personas con dificultades para pagar su factura energética.

5. Movilidad

En la UE el transporte representa el 25% de las emisiones de GEI, porcentaje que sigue creciendo. Para alcanzar el objetivo de neutralidad climática es necesario que dichas emisiones se reduzcan un 90% de aquí a 2050. El PVE anuncia una estrategia de movilidad sostenible e inteligente. Las medidas propuestas van dirigidas a impulsar el transporte multimodal, que priorice el transporte por ferrocarril y acuático frente al transporte por carretera; a hacer desaparecer las subvenciones a los combustibles fósiles, y a intensificar la producción y utilización de combustibles alternativos sostenibles, con el despliegue de puntos públicos de recarga y repostaje para los vehículos de emisión cero y baja emisión. La mejora del transporte público y la adopción de normas más estrictas para las emisiones de contaminantes atmosféricos de los vehículos con motor de combustión son otras de las medidas anunciadas en el PVE.

6. Sistema alimentario

Se propone la elaboración de la Estrategia “de la granja a la mesa” que establecerá, entre otras, las siguientes medidas: el fomento de alimentos sostenibles, una orientación “ecologizante” de la políticas agrícola y pesquera comunes que contribuya a los objetivos climáticos, la protección del medio ambiente y la preservación de la biodiversidad; la reducción del uso de plaguicidas, abonos y antibióticos; el aumento de la superficie dedicada a la agricultura ecológica; la reducción del impacto medioambiental del sector de la transformación alimentaria y del sector minorista; el fomento del consumo de alimentos sostenibles y saludables, y la reducción del despilfarro de alimentos.

7. Ecosistemas y biodiversidad

El PVE aboga por la aprobación de la Estrategia sobre Biodiversidad para lograr detener la pérdida de especies y espacios protegidos de la UE. Las medidas necesarias para frenar la pérdida de biodiversidad deberán ir dirigidas, entre otros objetivos, a incrementar y mejorar la Red Natura 2000, mejorar los ecosistemas dañados, aumentar la biodiversidad en las ciudades, mejorar y aumentar la superficie forestal para luchar contra la crisis climática, gestionar de forma sostenible los recursos acuáticos y marinos, y aprovechar el potencial de las energías renovables marinas.

8. Contaminación y sustancias tóxicas

El PVE recoge la preocupación por la contaminación, en todas sus formas, y la aspiración de disponer de un entorno exento de sustancias tóxicas. Es vital conseguir restablecer las funciones naturales de las aguas tanto subterráneas como superficiales, evitando la contaminación por exceso de nutrientes y contaminantes como los microplásticos y las sustancias químicas. Respecto a la contaminación del aire, se propone revisar las normas sobre calidad para conseguir un aire más puro. Se revisarán, asimismo, las medidas de la UE para hacer frente a la contaminación producida por las grandes instalaciones industriales. Finalmente, el PVE expresa que se contará con una estrategia para abordar el problema de las sustancias químicas peligrosas presentes en los productos.

Conclusiones

Para la puesta en práctica de todas estas medidas y alcanzar los ambiciosos objetivos de la UE, el Pacto Verde Europeo afirma que se requiere disponer de una “inversión considerable”. La Comisión Europea ha estimado que, en principio, serán necesarios unos 260.000 millones de euros al año (aproximadamente el 1,5% del PIB de 2018) para alcanzar los objetivos actuales en materia de clima y energía para 2030. No obstante, dicha estimación no incluye otras inversiones necesarias en materia de adaptación al cambio climático y biodiversidad ni los costes sociales de la transición y los costes de la inacción.

A modo de conclusión la Comunicación de la Comisión Europea finaliza expresando que:

“El Pacto Verde Europeo da paso a una nueva estrategia de crecimiento para la UE. Sustenta la transición de la UE hacia una sociedad equitativa y próspera que responda a los desafíos del cambio climático y la degradación del medio ambiente, mejorando la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras”.

Siendo imprescindibles muchos de los objetivos y medidas planteados por el Pacto Verde Europeo, surgen, sin embargo, tras su lectura, al menos dos dudas sobre su exitosa consecución. La suficiencia de los recursos económicos estimados para hacer tal profunda transformación es la primera. Una segunda duda a despejar que se nos plantea es si el aclamado objetivo del crecimiento económico puede llegar a ser compatible con el desacoplamiento del uso de los recursos y la conservación de la biodiversidad. En otras palabras, si no habremos confundido una vez más crecimiento con desarrollo, si es sostenible seguir creciendo en un planeta con límites.

Para más información:

Comunicación de la Comisión Europea COM(2019) 640 final, de 11 de diciembre de 2019

Gusano o araña: la naturaleza en la fábula de Tomás de Iriarte

En 1782 el escritor ilustrado Tomás de Iriarte (1750-1791), originario de las Islas Canarias, publicó sus célebres Fábulas literarias. Son relatos en verso con los que el autor hace de los animales los protagonistas humanizados de su obra, para crear una literatura con mensaje moralista y educador.

Entre dichas fábulas se encuentra El Gusano de seda y la Araña. Con esta breve fábula Tomás de Iriarte nos invita a aprender de las enseñanzas de la naturaleza, en concreto a través del diálogo que entablan dos pequeños animales que laboran, a su modo, sus particulares hilos:

   Trabajando un Gusano su capullo,
la Araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo:
-¿Qué dice de mi tela el seor Gusano?
Esta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada a mediodía.
¡Mire qué sutil es, mire qué bella!…
El Gusano con sorna respondía:
-¡Usted tiene razón, así sale ella!

Y, como toda fábula, la del gusano de seda y la araña no está exenta de su propia moraleja:

Se ha de considerar la calidad de la obra,
y no el tiempo que se ha tardado en hacerla.

Para leer más:

Tomás de Iriarte: Fabulas literarias. Espasa, Madrid, 2011.