Liubliana, Capital Verde Europea 2016

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Liubliana, Eslovenia.

La ciudad de Liubliana, capital de Eslovenia, puede ser considerada como referente para otras urbes por sus avances hacia la sostenibilidad. Así lo ha reconocido la Comisión Europea, distinguiéndola con el título de Capital Verde Europea 2016.

Con una población de unos 290.000 habitantes, Liubliana cuenta con el 75% de su territorio (unos 275 km2) que es verde, incluyendo zonas agrícolas, forestales y acuáticas. Su PIB per cápita es un 43% superior al de la media del país.

Doce ciudades se presentaron para ser distinguidas como Capital Verde Europea 2016, un título que otorga cada año la Comisión Europea para premiar los esfuerzos de las ciudades en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible. De las doce urbes candidatas quedaron como finalistas cinco: Essen (Alemania), Liubliana (Eslovenia), Nimega (Países Bajos), Oslo (Noruega) y Umea (Suecia).

La capital eslovena resultó ser la premiada con el galardón de Capital Verde Europea 2016, al obtener la mayor puntuación global sobre la base de una serie de indicadores que permiten evaluar doce ámbitos medioambientales:

1. Cambio climático: mitigación y adaptación.
2. Transporte local.
3. Áreas urbanas verdes que incorporan el uso sostenible del suelo.
4. Naturaleza y biodiversidad.
5. Calidad del aire ambiental.
6. Calidad del ambiente acústico.
7. Producción y gestión de residuos.
8. Gestión del agua.
9. Gestión de las aguas residuales.
10. Eco-innovación y empleo sostenible.
11. Rendimiento energético.
12. Gestión medioambiental integrada.

El jurado destacó de Liubliana la significativa transformación hacia la sostenibilidad experimentada por la ciudad durante los 10 a 15 años anteriores, en especial en las siguientes áreas:

Transporte local

En materia de transporte, la ciudad de Liubliana ha centrado su acción en mejorar el transporte público, la peatonalización en el centro urbano y las redes de bicicleta, frente al dominio del coche privado, cuyo peso en la movilidad de los habitantes del centro urbano se ha reducido del 47% al 19% entre 2003 y 2013. Para 2020 Liubliana se ha propuesto que cada uno de los tres modos de transporte (público, tráfico no motorizado y vehículos privados) tenga por igual una participación de un tercio del transporte total de la ciudad.

Protección de áreas verdes

En la última década se han llevado a cabo en Liubliana numerosas medidas urbanas verdes, incluida la plantación de más de 2.000 árboles, la construcción de cinco parques y la revitalización de los terraplenes del río Sava.

Tratamiento de residuos

Se encuentra entre las primeras ciudades con mayor tasa de recogida selectiva de residuos de Europa. Cuenta con un Centro Regional de Tratamiento de Residuos, provisto de un sistema moderno de tratamiento para residuos orgánicos y mixtos. La ciudad se ha comprometido a perseguir el objetivo de cero residuos y a usar como recurso los residuos reciclados.

Tratamiento de aguas residuales

La ciudad cuenta con una planta de tratamiento mecánico-biológico para las aguas residuales. El biogás producido en el proceso es empleado como energía en la misma planta.

Intercambio de experiencias.

Liubliana ha sido reconocida como ciudad ejemplar por compartir sus experiencias y soluciones en la gestión de desastres naturales durante la crisis de las inundaciones acaecidas en la región de los Balcanes.

Gestión medioambiental integrada

La ciudad tiene aprobada desde 2007 su estrategia «Visión de Liubliana 2025: ciudad sostenible». Muchos departamentos y servicios de la administración local tienen sistemas de gestión medioambiental certificada. El 70% de las compras públicas son ecológicas.

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Para más información:

Green Capital 2016

Una cita con el jefe indígena Seattle y el valor del aire

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El jefe indígena Seattle (Si’ahl en su propia lengua, el lushootseed) pronunció un célebre discurso en 1854 (recreado por Ted Perry en 1970) defendiendo la integridad de su tierra ante el gobernador norteamericano Stevens que visitaba la zona con intención de comprarla.

Las sabias palabras que el jefe Seattle dirigió a aquel ilustre forastero nos recuerdan no sólo el auténtico valor de la tierra sino también del aire que respiramos, y compartimos. A fin de cuentas, el aire nos permite, al igual que a los demás seres vivos, la existencia sobre la faz de la tierra.

«El aire es muy valioso para el hombre de piel roja, porque todos los seres compartimos el mismo aliento: los animales, los árboles y las personas, todos compartimos el mismo aliento. Al hombre blanco no le importa el aire maloliente que respira. Como quien lleva sufriendo muchos días, ya no se da cuenta del hedor. Pero si os vendemos la tierra, tenéis que recordar que el aire es muy valioso para nosotros, como los árboles y los animales. El viento brinda al ser humano su primer aliento y recibe su último suspiro. Y si os vendemos la tierra, la mantendréis íntegra y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda ir a saborear el viento dulcificado por las flores de los prados».

Para leer más:

Si’ahl/Ted Perry: Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Akiara books, Barcelona, 2019.

Evaluando los objetivos en consumo de energías renovables en la UE (2018)

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El consumo final de energía en la UE-27 (sin Reino Unido) ascendió a 989,5 millones de toneladas equivalentes de petróleo en 2018, una cantidad que con una participación del 18,9% provino de fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidráulica, maremotriz, geotérmica, biomasa…).

Desde una perspectiva temporal, la participación de las energías renovables en el consumo final energético ha aumentado de forma continuada durante los últimos quince años y se mantiene en la senda de cumplir con el objetivo establecido en la Estrategia Europa 2020: el 20% del consumo final de energía total ha de provenir en el año 2020 de fuentes renovables. Para el año 2030 la UE ha acordado ampliar de dicho objetivo hasta al menos el 32%.

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En un análisis por países, se observan diferentes resultados, según los últimos datos publicados por Eurostat.

En 2018 Suecia, con el 54,6%, es el país con el mayor porcentaje de energía de fuentes renovables en su consumo final bruto de energía. Le siguen, a cierta distancia, los mayores porcentajes de Finlandia (41,2%), Letonia (40,3%), Dinamarca (36,1%), Austria (33,4%), Portugal (30,3%) y Estonia (30,0%).

Por el contrario, las menores participaciones de energías renovables sobre el consumo energético final se registraron en Países Bajos (7,4%), Malta (8,0%), Luxemburgo (9,1%), Bélgica (9,4%), Irlanda (11,1%), Polonia (11,3%) y Eslovaquia (11,9%).

Si bien el objetivo del 20% para el año 2020 se ha establecido para el conjunto de la UE, cada país ha de cumplir un objetivo individualizado, que varía entre el 49% de Suecia y el 10% establecido para Malta.

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Doce de los 27 países de la UE (sin Reino Unido) ya han cumplido en 2018 con sus objetivos individualizados para 2020 de participación de energías renovables en su consumo energético final, destacando Croacia (con 8 p.p. más que su objetivo), Dinamarca (6,1 p.p. más), Suecia (5,6 p.p. más), Estonia (5,0 p.p.), Bulgaria (4,5 p.p.) y Finlandia (3,2 p.p.).

En el otro extremo, quince países han de seguir haciendo esfuerzos para cumplir con sus compromisos de consumo de energías renovables. Los países más rezagados respecto a sus objetivos para 2020 son Países Bajos (6,6 p.p menos que su objetivo), Francia (6,4 p.p. menos), Irlanda (4,9 p.p. menos) y Eslovenia (3,9 p.p.).

Entre 2004 y 2018 la participación de la energía de fuentes renovables en el consumo final de energía se ha incrementado en todos los países. Los mayores avances se han dado en Dinamarca (21,3 puntos porcentuales más), Suecia (16,0 p.p.) y Finlandia (11,2 p.p).

Para más información:

Eurostat

El divorcio entre el hombre y la naturaleza, en palabras de Max-Neef

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El economista chileno Manfred Max-Neef (1932-2019), defensor de una economía alternativa a la actualmente imperante, que prioriza el crecimiento, nos legó unas interesantes reflexiones sobre la necesidad de reorientar la educación hacia la solución de problemas concretos del mundo real.

Max-Neef nos propone una educación de la economía que procure la integración sinérgica entre el mundo humano y el mundo natural; una educación que tenga presente la importancia de conservar la integridad de la Tierra porque, a fin de cuentas, nuestro bienestar depende del bienestar de ella. La respuesta pasa por avanzar hacia el ineludible enfoque transdisciplinar.

«Todos los grandes problemas que estamos destinados a enfrentar en este nuevo siglo, tales como: disponibilidad de agua, migraciones forzosas, pobreza, violencia y  terrorismo, agotamiento de recursos, extinción de especies y de culturas, desastres ambientales, y otros, son todos el resultado del largamente mantenido divorcio entre lo humano y lo distinto a lo humano. Hoy nos toca pagar la cuenta de esa artificial pero poderosa discontinuidad impuesta por la revolución científica del siglo XVII. Pero hay algo más que, si adecuadamente tratado, puede servirnos para orientar nuestra acción. Todos los problemas enumerados son, además, indiscutiblemente transdisciplinarios. Vale decir, que ninguno de ellos puede ser abordado en plenitud a partir de disciplinas específicas e individuales».

Para leer más:

Manfred Max-Neef: Economía herética. Icaria, Barcelona, 2017.

El desarrollo humano en los países del mundo

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Trondheim, Noruega.

Como alternativa al comúnmente utilizado indicador de Producto Interior Bruto per cápita, el enfoque del desarrollo humano nos da una aproximación más completa del verdadero desarrollo de los países.

El nivel de desarrollo de un país o región está condicionado no sólo por los ingresos de sus habitantes sino también por ámbitos tan importantes para el ser humano como la salud y la educación.

En esencia, el desarrollo humano lo conforman tres dimensiones básicas que son susceptibles de ser evaluadas a través de indicadores:

  1. Salud. Se toma como indicador para su evaluación la Esperanza de vida al nacer.
  2. Educación. Se evalúa a través de dos indicadores: Años de escolaridad esperados y Promedio de años de escolaridad.
  3. Nivel de vida. Para evaluar los progresos respecto a un nivel de vida decente se emplea como indicador la Renta Nacional Bruta per cápita (2011 PPP $).

A partir de estos cuatro indicadores se calculan los tres índices normalizados que corresponden a las dimensiones de salud, educación y nivel de vida, y con los que, aplicando la media geométrica, se construye el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

Desde 1990 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) viene publicando su Informe sobre Desarrollo Humano en el que analiza, sobre la base de datos empíricos, el nivel de desarrollo de los países del planeta. En la edición de 2019 de dicho informe se recogen los resultados del IDH, correspondiente a 2018, para un total de 189 países del mundo.

Dentro del grupo de países con mayor Índice de Desarrollo Humano se encuentra, en primer lugar, Noruega, con una puntuación de 0,954. Se trata de un país que, a pesar de no ser el de mayor renta per cápita del mundo, ya que toma la posición sexta en la dimensión de nivel de vida, logra alcanzar, dados los buenos resultados en salud y educación, el primer puesto en desarrollo humano. Como contraste, el Estado de Catar, cuyo alto nivel de renta per cápita (110.489 dólares) lo lleva a tomar la primera posición mundial, presenta un nivel de desarrollo humano (0,848) que lo relega a la posición 41, dada su peor situación relativa en los ámbitos de educación y salud.

Tras Noruega, le siguen con mayores puntuaciones del IDH Suiza, Irlanda, Alemania, Hong Kong (China SAR), Australia, Islandia, Suecia, Singapur y Países Bajos, todos ellos con un valor del IDH superior a 0,93. Cierra el grupo de los 25 países con mayor IDH España (0,893), cuya posición en nivel de desarrollo humano (25) es superior a la que toma en renta per cápita (33).

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En el otro extremo, se encuentra Níger con el menor nivel de desarrollo humano de los 189 países del mundo para los que se ha contado con datos. El valor de su IDH (0,377) es 2,5 veces inferior al de Noruega (0,954), el país con mayor nivel de desarrollo humano. La posición de Níger en desarrollo humano (189) es similar a la que ocupa en la dimensión de nivel de vida o renta per cápita (186).

Le siguen, dentro del grupo de países con menor IDH, República Centroafricana, Chad, Sudán del Sur, Burundi, Malí, Eritrea, Burkina Faso, Sierra Leona, Mozambique y República Democrática del Congo, todos ellos del continente africano, con un valor del IDH inferior a 0,460.

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Para más información:

UNDP: Human Development Report 2019.

Una cita con el jefe indígena Seattle y la madre tierra

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El jefe indígena Seattle (Si’ahl en su propia lengua, el lushootseed) pronunció un célebre discurso en 1854 (recreado por Ted Perry en 1970), defendiendo la integridad de su tierra, ante el gobernador norteamericano Stevens que visitaba la zona para materializar sus pretensiones de comprarla.

Las sabias palabras del jefe Seattle nos recuerdan que la tierra no pertenece a los hombres sino al contrario. Todos los seres vivos formamos una red única que mantiene un delicado equilibrio que es necesario preservar.

«Si os vendemos esta tierra, ahora pondré esta condición: debéis enseñar a vuestros hijos que la tierra bajo sus pies responde más cariñosamente a nuestros pasos que a los vuestros, porque está llena de las vidas de nuestros parientes. Enseñad a vuestros hijos lo que hemos estado enseñando a los nuestros, que la tierra es nuestra madre.

Lo que acontece a la tierra, acontece a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen al suelo, están escupiendo sobre sí mismos. Esto sabemos. La tierra no pertenece al hombre blanco, sino que el hombre blanco pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todas las cosas están conectadas, como la sangre que une a nuestra familia. Si matamos a las serpientes, los ratones se multiplicarán y destruirán nuestro maíz. Toda las cosas están conectadas. Lo que acontece a la tierra, acontece a los hijos y las hijas de la tierra. El hombre no tejió la red de la vida; solo es uno de sus hilos. Todo lo que le hace a la red, se lo hace a sí mismo».

Para leer más:

Si’ahl/Ted Perry: Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Akiara books, Barcelona, 2019.

 

La economía del bien común: tres ideas centrales

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Ante los síntomas de la crisis general del sistema económico capitalista (desempleo, desigualdad, hambrunas, cambio climático, crisis democrática y de valores…), en octubre de 2010 nace una alternativa: el modelo de economía del bien común, que es presentado por el economista austriaco Christian Felber. Esta alternativa al capitalismo de mercado y a la economía planificada se sustenta en las tres ideas centrales siguientes:

1. Quiere resolver la contradicción de valores entre economía y sociedad, incentivando y premiando en la primera los mismos comportamientos y valores que tienen éxito en las relaciones humanas: honestidad, empatía, confianza, estima, cooperación, compromiso con la naturaleza, solidaridad, voluntad de compartir.

2. El objetivo que nuestras constituciones prevén para la economía -el bien común- debe implantarse en el orden económico legal de forma consecuente. De la misma manera, el dinero, el capital y el beneficio financiero deben ocupar su lugar de meros medios económicos para conseguir el fin. Entonces, el orden económico cumplirá el espíritu de las constituciones.

3. El éxito económico deja de medirse por recursos para medirse por objetivos. Con vistas a poner este reajuste de «fines y medios» en práctica, la economía del bien común está desarrollando el «Producto del Bien Común», para medir el éxito de una economía nacional; el «Balance del Bien Común», para medir el éxito de una empresa, y el «Examen del Bien Común», para saber si una inversión concreta contribuye al fin de la economía o la contradice. En la economía del bien común, todo el sistema de incentivos inherente a una economía de mercado debe alinearse con estos resultados y rendimientos éticos en lugar de con los resultados monetarios, según el lema: «Con ética al éxito».

Para leer más:

Christian Felber: La economía del bien común. Ediciones Deusto, Barcelona, 2015.

 

Una cita con Miguel Delibes: el hereje y su caballo

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El escritor español Miguel Delibes (1920-2010) nos narra en su gran obra El hereje la vida de Cipriano Salcedo, que estuvo marcada por su fecha de nacimiento, coincidente con un acontecimiento histórico: en el año 1517 Martín Lutero fija sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg, hecho que desencadenaría el cisma de la Iglesia Romana de Occidente.

En su apresurada huida rumbo a la frontera, el hereje Cipriano contó con la valiosa ayuda de su caballo Pispás. Con él pensaba hacer veinticuatro leguas y finalmente hizo veintisiete. Un día antes de abandonarlo, para evitar su completa extenuación, y hacerse con otro caballo, Salcedo y Pispás se hallaban por Quintana del Puente.

“Se desvió del camino en Quintana del Puente. Al fondo, a la izquierda, en la falda de la colina, se iniciaba la moheda y, en los bajos, un mar de cereal, todavía fresco, cabeceaba suavemente con la brisa. En algunos puntos clareaban las cebadas y, al pie del cerro, antes de alcanzar el monte, divisó una pequeña braña, fresca, de un verde tierno. El agua transparente manaba en abundancia del venero y se derramaba por el prado. Acercó a Pispás y le dejo beber hasta saciarse. El agua iba borrando las espumas blancas de sus belfos mientras su lomo dejaba de temblar. Cuando le vio satisfecho se internó con él en la espesura. Los gazapillos de las camadas de primavera correteaban alarmados en todas direcciones y desaparecían en los vivares. A media ladera, Cipriano descabalgó, quitó la silla a Pispás y lo dejó pastando libre, en el claro”.

Para leer más:

Miguel Delibes: El hereje. Austral, Barcelona, 2010.

Una cita con Tomás Moro: la equidad en Utopía

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En Utopía, la república imaginada por Tomás Moro (1478-1535) en el siglo XVI, la sociedad está organizada de tal forma que el principio de equidad está muy presente. Los habitantes de Utopía viven felices. Todos los utopienses «tienen abundancia de todo gracias a que se reparte equitativamente».

«Quisiera en este punto que alguien se atreva a comparar con esta equidad la justicia de las otras gentes, entre las cuales así me muera si hallo algún vestigio siquiera de justicia y de equidad. Porque, ¿qué justicia es que un noble, o un orífice, o un usurero, o, en fin, uno cualquiera de esos que no hacen nada absolutamente o que, si lo hacen, es de tal jaez que no resulta mayormente necesario para la república, consigan a base de ocio o de un negocio superfluo una vida suntuosa y espléndida, mientras, de otro lado, un azacán, un cochero, un artesano, un agricultor, con un trabajo tan grande y tan continuo que apenas lo soportan las bestias de carga, tan necesario que sin él no podría una república durar ni un año siquiera, logran, sin embargo, un sustento tan cicatero, llevan una vida tan mísera que hiciera parecer mucho mejor la condición de las bestias de carga, que no tienen un trabajo tan asiduo ni un sustento mucho peor (y para ellas hasta más delicado), ni desde luego, temor alguno del futuro?

Para leer más:

Tomás Moro: Utopía. Taurus, Barcelona, 2016.

 

 

Una cita con Tomás Moro: la felicidad en Utopía

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Con su célebre obra Utopía, el pensador inglés Tomás Moro (1478-1535) nos dejó escrito cómo podría ser la organización de esa sociedad ideal en la que sus habitantes vivieran felices.

Dicha sociedad tendría que alcanzar un alto grado de civilización y humanismo. Por eso los habitantes de la república de Utopía emplean adecuadamente su tiempo, de modo que el pesado trabajo corporal ocupe una jornada de no más de seis horas diarias, lo que permite destinar más tiempo a las letras y las artes, o a cualquier otra actividad libremente elegida que fomente el cultivo del espíritu.

«Al estar todos empleados en oficios útiles y ser menos los trabajos que éstos deparan, se procede en ocasiones, cuando la provisión de todos los bienes ya es abundante, a sacar a una multitud inmensa a reparar las vías públicas (si hay alguna que esté deteriorada); muchísimas veces incluso, cuando ni siquiera hay necesidad de un servicio de este tipo, ordenan menos horas de trabajo público. Pues los magistrados no ocupan a los ciudadanos contra su voluntad en trabajos excusados, siempre y cuando la creación de la república tiene como fin primordial precisamente éste: en la medida que lo permiten las necesidades públicas, asegurar a los ciudadanos el máximo de tiempo para la libertad, y cultivo del espíritu, cobrándolo de la servidumbre corporal. Pues en esto piensan que estriba la felicidad de la vida».

Para leer más:

Tomás Moro: Utopía. Taurus, Barcelona, 2016.