Los bosques, sumideros naturales de gases de efecto invernadero en la UE

_MG_2484

Son múltiples las funciones que desempeñan los bosques. Constituyen los ecosistemas con mayor biodiversidad en tierra, llegando a acoger a más de la mitad de las especies del planeta. Los ecosistemas forestales atesoran una gran diversidad genética, que es fundamental para los avances de la ciencia y la salud de hombre. Además, los bosques nos proporcionan valiosos y variados recursos (madera, leña, carbón, plantas medicinales, alimentos…) a la vez que ayudan a regular la cantidad y la calidad del agua, facilitando su abastecimiento a buena parte de la población mundial.

También sabemos que los bosques son unos ejemplares sumideros naturales de CO2: absorben el dióxido de carbono presente en la atmósfera y lo incorporan a su biomasa a la vez que liberan oxígeno. Por lo tanto, desempeñan un papel fundamental para la calidad del aire y en la lucha contra el cambio climático. Respecto a esta última función de los bosques -su capacidad para mitigar los impactos que generan las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI)- los datos de Eurostat nos aportan una información relevante.

En la Unión Europea (UE-28) los bosques cubren una superficie de 182 millones de hectáreas, esto es, ocupan más del 40% de su superficie terrestre total. Los países con mayor superficie arbolada son Suecia (30,5 millones de hectáreas), España (27,6), Finlandia (23,0) y Francia (17,6). En términos relativos, las mayores proporciones de masas forestales respecto a su superficie se encuentran en Finlandia, Suecia, Eslovenia y Estonia.

Gracias a esta superficie forestal es posible reducir los gases contaminantes que se emiten cada año a la atmósfera. Así, en el año 2015 las emisiones de GEI ascendieron a 4.452 millones de toneladas de COequivalente. De este total los bosques de la UE absorbieron 417 millones, lo que corresponde a un 9,4% del total de emisiones de GEI. Dicho porcentaje de absorción de emisiones se ha venido incrementando a lo largo de los años, desde el 6,6% en 1990 y el 7,9% en 2000.

En un análisis por países, los Estados miembros de la UE que presentan los mayores porcentajes de absorción de emisiones de GEI por los bosques fueron en 2015 Suecia (83,5%), Finlandia (59,3%), Lituania (43,6%) y Eslovenia (34,9%), con porcentajes muy superiores a la media comunitaria (9,4%).

Gráfico_bosques_sum

Para más información:

Eurostat

 

 

Una cita con el arte y la naturaleza en la obra de Azorín

_Z0B2848

El escritor español José Martínez Ruiz, más conocido por Azorín (1873-1967), destacó, entre sus cualidades literarias, por su especial capacidad para convertir en imágenes vívidas sus sentidas descripciones del paisaje y de la naturaleza. El interés de Azorín por que la creación literaria beba de las emociones que emanan de la naturaleza queda al descubierto en las palabras pronunciadas por uno de los protagonistas de su obra La voluntad.

La escena transcurre durante una tarde gris y de incesante lluvia. Las horas pasan lentas, muy lentas. El maestro Yuste se encuentra en el despacho con su alumno Azorín. Esa tarde no han podido dar su habitual paseo y ambos personajes entablan una distendida conversación sobre cultura.

Yuste tras coger un libro del estante de su despacho afirma:

«-Lo que da la medida de un artista es su sentimiento de la naturaleza, del paisaje… Un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje… Es una emoción completamente, casi completamente moderna. En Francia sólo data de Rousseau y Bernardino de Saint-Pierre. En España, fuera de algún poeta primitivo, creo que sólo la ha sentido fray Luis de León en sus Nombres de Cristo… Pues bien: para mí, el paisaje es el grado más alto del arte literario… ¡Y qué pocos llegan a él!».

Para leer más:

Azorín (1902): La voluntad.

 

Una cita con Ildefonso Cerdá y el origen de la urbanización

_MG_6328

Al ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdá (1815-1876), considerado uno de los fundadores del urbanismo moderno, le debemos su célebre «Teoría general de la urbanización», fruto de largos años de investigación sobre nuestras ciudades.

Desde las primeras páginas de su magna obra, Cerdá quiso dejar bien claro cuál es el origen de la urbanización: la necesidad que siempre ha tenido el hombre de proveerse de cobijo. El ser humano necesita el albergue para la conservación de su existencia, porque es el albergue «la primera entre todas sus necesidades, la primera de sus aspiraciones, el primero de sus afanes». Se trata de una necesidad inherente a la naturaleza misma del hombre. Gracias a la casa, al albergue, conseguimos ese abrigo sólido que nos proteja y defienda ante amenazas externas.

«El hombre ha salido de las manos de la naturaleza débil y sin el menor abrigo, sin armas naturales para defenderse contra sus numerosos enemigos, sin tegumento alguno que le proteja contra las inclemencias de la atmósfera a que está incesantemente sujeto; y por consiguiente, aun antes que vestidos que cubran su desnudez, ha debido buscar un albergue donde guarecerse así de las fieras más fuertes y mejor armadas que él, como el furor de los elementos que no le era dado contrarrestar».

Alcanzada la protección, el amparo y la seguridad que le aporta el albergue, el hombre ya pudo empezar a desarrollar su inteligencia.

«Donde quiera que haya existido un hombre, ha habido para él un albergue; y donde quiera que ha habido un albergue, allí ha estado el origen, el primer elemento de la urbanización».

Para leer más:

Ildefonso Cerdá (1867): «Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona».

 

 

 

 

El desarrollo sostenible en la Declaración del Milenio de 2000

_Z0B8522

Ante la entrada del nuevo siglo, en el año 2000 se aprobó en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York la Declaración del Milenio. Esta Declaración proclama que determinados valores fundamentales son esenciales para las relaciones internacionales del siglo XXI: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respecto de la naturaleza y la responsabilidad común.

En el año 2000 uno de los objetivos fundamentales en los que se puso el acento fue combatir la pobreza. Las Naciones del planeta se comprometieron entonces «reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de habitantes del planeta cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día y el de las personas que padezcan hambre».

Con la Declaración del Milenio también se consideró necesario continuar promoviendo el concepto de desarrollo sostenible y seguir incidiendo en aspectos fundamentales que ya fueron recogidos en Río 92, como son el valor intrínseco de la naturaleza, la gestión prudente de los recursos naturales y la necesidad de abandonar los modos insostenibles de producción y consumo. En concreto, la Declaración del Milenio proclama expresamente que:

«Es necesario actuar con prudencia en la gestión y ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme a los preceptos del desarrollo sostenible. Sólo así podremos conservar y transmitir a nuestros descendientes las inconmensurables riquezas que nos brinda la naturaleza. Es preciso modificar las actuales pautas insostenibles de producción y consumo en interés de nuestro bienestar futuro y en el de nuestros descendientes».

Para plasmar en acciones los seis valores fundamentales citados la Declaración formula una serie de objetivos clave y acciones. En materia de protección de la naturaleza se presenta una serie de objetivos y compromisos que quedan recogidos en los siguientes puntos:

21. No debemos escatimar esfuerzos por liberar a toda la humanidad, y ante todo a nuestros hijos y nietos, de la amenaza de vivir en un planeta irremediablemente dañado por las actividades del hombre, y cuyos recursos ya no alcancen para satisfacer sus necesidades.

22. Reafirmamos nuestro apoyo a los principios del desarrollo sostenible, incluidos los enunciados en el Programa 21, convenidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.

23. Decidimos, por consiguiente, adoptar una nueva ética de conservación y resguardo en todas nuestras actividades relacionadas con el medio ambiente y, como primer paso en ese sentido, convenimos en lo siguiente:

  • Hacer todo lo posible por que el Protocolo de Kyoto entre en vigor, de ser posible antes del décimo aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en el año 2002, e iniciar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Intensificar nuestros esfuerzos colectivos en pro de la ordenación, la conservación y el desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo.
  • Insistir en que se apliquen cabalmente el Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África.
  • Poner fin a la explotación insostenible de los recursos hídricos, formulando estrategias de ordenación de esos recursos en los planos regional, nacional y local, que promuevan un acceso equitativo y un abastecimiento adecuado.
  • Intensificar la cooperación con miras a reducir el número y los efectos de los desastres naturales y de los desastres provocados por el hombre.
  • Garantizar el libre acceso a la información sobre la secuencia del genoma humano.

 

Para más información:

ONU: Declaración del Milenio de 2000

La idea de bienestar según Amartya K. Sen

7. Manyara-2_2009.12.05. Tanzania

A diferencia de la corriente principal de la economía neoclásica del bienestar, que se apoya en la idea originaria de la utilidad individual entendida como resultante de la mayor o menor posesión de bienes de mercado, economistas como Amartya K. Sen expresan que tal razonamiento conlleva serios inconvenientes.

Sen se pregunta si es correcto concebir el bienestar como utilidad tal y como hace el pensamiento económico neoclásico. Para ello, expone, desde un primer momento, que existen básicamente tres interpretaciones diferentes del concepto de utilidad:

a) como felicidad

b) como satisfacción del deseo

c) como elección.

En los tres casos nos encontramos, según este economista, con importantes dificultades para lograr la comparabilidad interpersonal del bienestar de dos personas así como para cuantificar la utilidad o satisfacción que obtiene un individuo cuando consume un bien o un servicio. Rechaza, por ello, la pretensión de que la utilidad sea representativa del bienestar.

En su lugar, la contribución de Amartya K. Sen se fundamenta en que “la característica esencial del bienestar es la capacidad para conseguir realizaciones valiosas”, esto es, se concibe “el bienestar en términos de vectores de realización y de la capacidad para conseguirlos”.

El bienestar hay que relacionarlo, por tanto, no ya con la posesión de bienes sino con las realizaciones y la capacidad para llevar a cabo aquellas realizaciones (p. e., andar, ver, leer, estar sano o nutrido) que la persona desea libremente.

Para leer más:

Amartya K. Sen (1985): “Well-being, Agency and Freedom: The Dewey Lectures 1984″. (Conferencias de Dewey de 1984, publicadas en castellano en Amartya K. Sen: Bienestar, justicia y mercado. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1997).

 

Una cita sobre las ciudades en la obra de Ildefonso Cerdá

_Z0B0463

El ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdá (1815-1876), considerado uno de los fundadores del urbanismo moderno, tomó la determinación en 1849 de destinar todo su tiempo y todas sus energías a los estudios de la urbanización.

En su afán de dar con la causa primordial del «malestar profundo que las sociedades modernas sienten en su seno», Cerdá se dedicó durante veinte años, guiado por una afición y curiosidad irresistibles, a estudiar la sociedad urbana. Los resultados de sus investigaciones quedaron recogidos en su célebre obra «Teoría general de la urbanización», de la que extraemos el siguiente párrafo, contenido en el Proemio, dedicado a nuestras ciudades:

«Nuestras ciudades no son obra de la generación presente, ni de la que la ha precedido, ni del siglo actual ni del pasado, ni de la civilización que levanta hoy su cabeza, ni de la que ante ella se inclina y humilla y anonada; sino que es la obra perseverante y continuada de muchas generaciones, de muchos siglos, de muchas civilizaciones, son como esos monumentos históricos en que cada generación, cada siglo, cada civilización ha ido poniendo al pasar una nueva piedra, piedra que no ha sido puesta al capricho, sino con intención deliberada, puesto que en cada una de esas heterogéneas sobreposiciones vienen representadas y como grafiadas las necesidades, las inclinaciones, las tendencias de cada generación, de cada siglo, de cada civilización, así como los medios empleados para dejarlas satisfechas. Son como las capas de las formaciones geológicas, cada una de las cuales representa exactamente a los ojos del sabio el verdadero estado de la naturaleza en la época de su formación».

Para leer más:

Ildefonso Cerdá (1867): «Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona».

El reciclaje en la Unión Europea durante el periodo 2007-2016

_Z0B2143

Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es el de la gestión de los residuos que genera la actividad humana. Aplicando el principio de las 3R (reducir, reutilizar y reciclar), cuando no es posible evitar la generación de los residuos procedentes de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización, la respuesta ha de centrarse en maximizar el reciclaje.

Durante los últimos años el tratamiento de los residuos mediante el reciclaje se ha venido consolidando en Europa, como lo expresan los últimos datos disponibles sobre residuos municipales, es decir, aquellos que son generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas). El reciclaje de este tipo de residuos abarca el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica.

Según Eurostat,  en la UE-28 la tasa de reciclaje de residuos municipales, es decir, el porcentaje de dichos residuos generados que son reciclados, ha mostrado de forma continuada una senda ascendente durante el periodo 2007-2016 .

En 2007 se reciclaban en la UE-28 unas 91,4 millones de toneladas de residuos municipales, es decir, el 35,0% de los residuos municipales generados. Diez años después, en 2016, cuando se reciclaron unas 112 millones de toneladas, la tasa de reciclaje se había incrementado hasta el 45,6%.

GF_UE_2007-16

En materia de reciclaje se aprecian, no obstante, marcadas diferencias por países en el seno de la UE-28.

De los 28 Estados de la UE, diez superaron en 2016 la tasa media comunitaria (45,6%). Las mayores tasas de reciclaje se registraron, en primer lugar, en Alemania (66,1%), seguida de Austria (57,6%), Finlandia (54,9%), Eslovenia (54,1%), Bélgica (53,5%) y Países Bajos (53,1%).

Por el contrario, los países europeos que presentan en 2016 las menores tasas fueron Malta (7,1%), Rumanía (13,3%), Grecia (17,0%) y Chipre (17,2%).

GF_países_2016

Hay que destacar, asimismo, los significativos avances que han realizado algunos países europeos durante los últimos años. En el transcurso del periodo 2007-2016 los mayores incrementos en la tasa de reciclaje de residuos municipales se han dado en Lituania (desde una tasa del 7,5% a otra del 48,0%) y Polonia (del 7,7% al 44,0%).  Por el contrario, Bélgica, Grecia, Austria y España han reducido su tasa de reciclaje durante el periodo 2007-2016, si bien en no más de 3,5 puntos porcentuales, .

Para más información:

Eurostat

 

Una cita con el amanecer en la obra de Goethe

_Z0B6488

La célebre obra de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), Fausto, está plena de imágenes poéticas, de cuadros literarios, que invitan a ver, sentir y pensar, como en la siguiente escena:

El doctor Fausto, tendido en un césped florido y rodeado de espíritus con graciosas formas, invoca a la naturaleza mientras nace un nuevo día.

“El pulso de mi vida late con viva frescura, saludando suavemente al etéreo amanecer; tú, tierra, también has permanecido fiel esta noche y alientas reviviendo de nuevo, a mis pies, y empiezas ya a rodearme de alegría; mueves y animas una poderosa resolución de esforzarme constantemente hacia la existencia suprema… En el fulgor del amanecer ya está abierto el mundo, el bosque resuena con vida de mil voces; valle arriba y valle abajo se extiende el roce de la niebla, pero la claridad celeste se hunde hasta lo profundo, y los troncos y ramas, con fresca vida, brotan del abismo perfumado, donde dormían sumergidos; también colores y colores se desprenden del fondo, y las flores y hojas gotean perlas temblorosas: en torno de mí se va haciendo un paraíso.

¡Miraré a lo alto! Las gigantes cumbres de las montañas anuncian ya la hora más solemne; pueden gozar muy pronto de la luz eterna, que luego se inclinará hacía nosotros. Ahora las praderas verdes e inclinadas de la ladera reciben nuevo fulgor y claridad, que poco a poco va llegando hasta abajo -¡cómo surge!-, y, con dolor ya cegado, me vuelvo y me aparto, penetrado por el deslumbramiento de mis ojos”.

Para leer más:

Johann Wolfgang von Goethe (1832): Fausto.

 

El desarrollo sostenible en la Declaración de Johannesburgo de 2002

_Z0B4074

 

En 2002, diez años después de Río 92 y treinta años desde Estocolmo 1972, las Naciones Unidas celebran en Johannesburgo (Sudáfrica) la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. Con esta Cumbre los Estados en ella representados reafirman su compromiso en pro del desarrollo sostenible y se comprometen a verificar regularmente los avances hacia los objetivos y metas de desarrollo sostenible.

Uno de los resultados de dicha Cumbre fue la conocida Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible, que consta de 37 principios, de los cuales destacamos aquí los siguientes:

Las generaciones futuras:

«…actuemos de manera tal que ellos [los niños] puedan heredar un mundo libre de las indignidades y los ultrajes que engendran la pobreza, la degradación ambiental y el desarrollo insostenible» (Principio 3).

El desarrollo sostenible:

«…promover y fortalecer, en los planos local, nacional, regional y mundial, el desarrollo económico, desarrollo social y la protección ambiental, pilares interdependientes y sinérgicos del desarrollo sostenible» (Principio 5).

Los objetivos primordiales:

«…la erradicación de la pobreza, la modificación de pautas insostenibles de producción y consumo y la protección y ordenación de la base de recursos naturales para el desarrollo social y económico son objetivos primordiales y requisitos fundamentales de un desarrollo sostenible» (Principio 11).

El deterioro del medio ambiente:

«El medio ambiente mundial sigue deteriorándose. Continúa la pérdida de biodiversidad; siguen agotándose las poblaciones de peces; la desertificación avanza cobrándose cada vez más tierras fértiles; ya se hacen evidentes los efectos adversos del cambio del clima; los desastres naturales son más frecuentes y más devastadores, y los países en desarrollo se han vuelto más vulnerables, en tanto que la contaminación del aire, el agua y los mares sigue privando a millones de seres humanos de una vida digna» (Principio 13).

Los servicios básicos:

«…aumentar rápidamente el acceso a los servicios básicos, como el suministro de agua potable, el saneamiento, una vivienda adecuada, la energía, la atención de la salud, la seguridad alimentaria y la protección de la biodiversidad» (Principio 18).

Los medios:

«…la sociedad mundial tiene los medios y los recursos para responder a los retos de la erradicación de la pobreza y el logro del desarrollo sostenible que enfrenta toda la humanidad. Unidos redoblaremos nuestros esfuerzos para que esos recursos disponibles sean aprovechados en beneficio de todos» (Principio 21).

La unión:

«…aunar esfuerzos, resueltos a salvar nuestro planeta, promover el desarrollo humano y lograr la prosperidad y la paz universales». (Principio 35).

 

Con el fin de poner en práctica los compromisos asumidos se aprueba también en Johannesburgo el Plan de Aplicación de las Decisiones de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. Este Plan, que consolida los principios de la Declaración de Río, la aplicación del Programa 21 y su plan de ejecución, y la Declaración del Milenio, entre otros documentos, expone un listado de objetivos de carácter medioambiental en diversas áreas (energía, recursos hídricos, residuos, productos químicos, diversidad biológica, océanos, zonas costeras, cambio climático, desertificación, bosques…).

Otro de los aspectos en lo que se incide en Johannesburgo 2002 es en la necesaria integración medioambiental en todas las actividades económicas (turismo, agricultura, transporte, etc.).

Asimismo, se aboga por reforzar la aplicación del Programa 21, que fue uno de los principales resultados de Río 92.

Como en Cumbres anteriores se deja constancia nuevamente de la necesidad de modificar los modos de producir y consumir, que siguen siendo insostenibles. Textualmente, se expresa que «para lograr el desarrollo sostenible a nivel mundial es indispensable introducir cambios fundamentales en la forma en que producen y consumen las sociedades». Para contribuir a la modificación de estos patrones de producción y consumo imperantes, se propone la elaboración de planes nacionales y regionales de diez años de duración. De esta forma se aumentaría la eficiencia y la sostenibilidad de la utilización de recursos y los procesos de producción, y se reduciría la degradación de los recursos, la contaminación y los residuos, procurándose la desvinculación entre crecimiento económico y degradación del medio ambiente.

 

Para más información:

ONU: Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible (2002)

La idea de progreso en «El camino» de Miguel Delibes

IMG_5264

La lectura de «El camino», la célebre novela de Miguel Delibes (1920-2010), nos hace reflexionar sobre la idea de progreso. En el mundo moderno de hoy el objetivo de progresar ha quedado con frecuencia vinculado exclusivamente a la idea de vivir en las ciudades. Frente a esta inflexible aproximación del concepto de progreso, Delibes se plantea, haciendo uso de su talento literario, la necesidad de reivindicar la vida en los pueblos, el valor de la naturaleza y una civilización rural.

El protagonista de «El camino» es Daniel, el Mochuelo, un muchacho de once años que se siente a gusto en su aldea, pues le permite disfrutar de las virtudes naturales del valle y de las correrías que comparte con sus amigos Roque, el Moñigo, y Germán, el Tiñoso. Sin embargo, el padre de Daniel, el Mochuelo, deseaba que su hijo fuera algo más que él, que trabajaba como quesero. Por eso había tomado la decisión de enviarlo a la ciudad para que estudie el bachillerato. Esta decisión supuso para Daniel muchas dudas; en el fondo presentía que ese no era su camino.

A continuación traemos hasta aquí tres extractos de la novela con los que Delibes describe lo que siente Daniel, el Mochuelo, por la naturaleza, frente a lo que pensaba que iba a ser la ciudad que le esperaba, y unas reflexiones finales ante la inminente despedida de su pueblo natal.

La naturaleza.

«Le gustaba al Mochuelo sentir sobre sí la quietud serena y reposada del valle, contemplar el conglomerado de prados, divididos en parcelas y salpicados de caseríos dispersos. Y, de vez en cuando, las manchas oscuras y espesas de los bosques de castaños o la tonalidad clara y mate de las aglomeraciones de eucaliptos. A lo lejos, por todas partes, las montañas, que según la estación y el clima, alteraban su contextura, pasando de una extraña ingravidez vegetal a una solidez densa, mineral y plomiza en los días oscuros».

La ciudad.

«Seguramente en la ciudad se pierde mucho el tiempo -pensaba el Mochuelo- y, a fin de cuentas, habrá quien, al cabo de catorce años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa. El caso era trabajar y afanarse en las cosas inútiles y poco prácticas».

La despedida.

«A Daniel, el Mochuelo, le dolía esta despedida como nunca sospechara. Él no tenía la culpa de ser un sentimental. Ni de que el valle estuviera ligado a él de aquella manera absorbente y dolorosa. No le interesaba el progreso. El progreso, en verdad, no le importaba un ardite. Y, en cambio, le  importaban los trenes diminutos en la distancia y los caseríos blancos y los prados y los maizales parcelados; y la Poza del Inglés, y la gruesa y enloquecida corriente del Chorro; y el corro de bolos; y los tañidos de las campanas parroquiales; y el gato de la Guindilla; y el agrio olor de las encellas sucias; y la formación pausada y solemne y plástica de una boñiga; y el rincón melancólico y salvaje donde su amigo Germán, el Tiñoso, dormía el sueño eterno; y el chillido reiterado y monótono de los sapos bajo las piedras en las noches húmedas; y las pecas de la Uca-uca y los movimientos lentos de su madre en los quehaceres domésticos; y la entrega confiada y dócil de los pececillos del río; y tantas y tantas otras cosas del valle. Sin embargo, todo había de dejarlo por el progreso».

Para leer más:

Miguel Delibes (1950): El camino.