Sorolla, el pintor que persigue «el natural»

 

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El pintor español Joaquín Sorolla (1863-1923) nos legó una fructífera obra en la que valoramos su maestría para mostrar espontaneidad, emotividad y la fugacidad de la luz en las escenas y los momentos que sus retinas captaban. Fue el pintor de la luz, el trabajador del natural.

Sorolla percibe en los colores de sus escenas del natural infinitos matices. En palabras del propio pintor «el color es todo en la vida».

Pero su amor a la pintura no puede entenderse sin su pasión por la naturaleza. Así lo reflejó por escrito en 1918 con estas palabras extraídas de las cartas personales que mantuvo con Clotilde García, su esposa:

«Yo lo que quisiera es no emocionarme tanto, porque después de unas horas como hoy, me siento deshecho, agotado, no puedo con tanto placer, no lo resisto como antes, es que la pintura cuando se siente es superior a todo; he dicho mal, es el natural lo que es hermoso».

 

Para más información:

Museo Sorolla

Sorolla. El color del mar

La Isla de El Hierro: referente de sostenibilidad con la Central Hidroeólica

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El Hierro es una pequeña isla atlántica perteneciente al archipiélago de las Islas Canarias (España). Su superficie asciende a unos 270 kilómetros cuadrados y en ella habitan unas 11.000 personas. Desde el año 2000 es Reserva de la Biosfera.

El Cabildo Insular de El Hierro, su gobierno insular, tiene en marcha un Plan de Desarrollo Sostenible (PDS 2007-2020) para la Isla. La meta principal que fija dicho Plan es hacer de El Hierro un territorio sostenible, que compatibilice la conservación del medio ambiente con el desarrollo económico.

Entre las prioridades establecidas en el PDS se pretende alcanzar que El Hierro sea «100% energías renovables», lo que ha conllevado la puesta en marcha de un proyecto estratégico: la Central Hidroeólica, que gestiona la empresa mixta Gorona del Viento.

Con esta Central se persigue que la demanda eléctrica de la Isla sea cubierta completamente con energías renovables. Se trata de un proyecto emblemático, pionero a nivel internacional, que busca la soberanía energética mediante un modelo integral de gestión energética hidroéléctrica-eólica. Permitirá sustituir el tradicional modelo eléctrico basado en una central térmica, dependiente de la importación de diésel, que emite a la atmósfera gases contaminantes y generadores del cambio climático.

La Central Hidroeólica de El Hierro es capaz de combinar dos recursos naturales renovables, el viento y el agua, para generar energía eléctrica que abastezca a toda la Isla. Está integrada básicamente por un parque eólico, un grupo de bombeo y una central hidroeléctrica.

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Parque eólico de la Central Hidroeólica de El Hierro

Por un lado, la gran disponibilidad de viento en la Isla permite contar con una fuente renovable y limpia para producir electricidad a través de la instalación de un parque eólico. Éste lo conforman actualmente cinco aerogeneradores.

Por otro lado, el obstáculo que supone la variabilidad en la disposición de viento para producir electricidad puede solventarse con el segundo gran pilar de la Central: la construcción de una infraestructura hidráulica que permite almacenar agua desalada (energía potencial) en un depósito superior situado a 700 metros sobre el nivel del mar, tras su previo bombeo. Cuando se produce escasez de viento, esa agua se desembalsará y se dejará caer hasta la Central hidroeléctrica, situada a nivel del mar, para producir electricidad a partir de las turbinas. Junto a dichas turbinas se encuentra un depósito inferior, que recoge el agua dulce caída y que se bombearía, con el excedente de energía, hasta el depósito superior para cerrar el ciclo.

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Depósito superior de la Central Hidroeólica de El Hierro

Asimismo, la central térmica existente, que hasta hoy era la principal fuente de suministro de electricidad, sólo entraría en funcionamiento en casos excepcionales o de emergencia cuando no haya agua y viento suficientes para producir la energía que demanda la población insular.

Se ha estimado que los beneficios ambientales principales de esta Central Hidroeólica son los siguientes:

-Un ahorro de consumo de diésel: 6.000 toneladas/año, esto es, unos 40.000 barriles de petróleo se dejarán de importar anualmente.

-Reducción de emisiones a la atmósfera: 18.700 tn/año de dióxido de carbono, 100 tn/año de dióxido de azufre y 400 tn/año de óxidos de nitrógeno.

-Mejora de la calidad del aire en la Isla.

Se trata de un proyecto complejo, que se ejecuta por etapas,  y que permitirá que la Isla de El Hierro avance en su objetivo de desarrollo sostenible. Esta experiencia puede convertirse en un referente de sostenibilidad para otros territorios insulares y no insulares.

Según los últimos datos publicados, apenas dos años después de su puesta en marcha, en 2016 la Central Hidroeólica permitió abastecer a casi el 42% de la demanda eléctrica de El Hierro con energías renovables.

Para más información:

Cabildo de El Hierro.

Gorona del Viento El Hierro.

Una cita con el viento en la obra de Juan Rulfo

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El escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986) nos legó una obra literaria no muy profusa, pero de excelente calidad. Su estilo único para describir el paisaje y el paisanaje, la estrecha relación entre sus personajes y el territorio en que habitan, trabajan, deambulan, sufren… lo convierten en un referente universal de la literatura latinoamericana del siglo XX.

Conocido también como el «narrador del viento», recordamos con las siguientes líneas la descripción que hace del valle de Comala, en su obra «Pedro Páramo»:

«Los vientos siguieron soplando todos esos días. Esos vientos que habían traído las lluvias. La lluvia se había ido; pero el viento se quedó. Allá en los campos la milpa oreó su hojas y se acostó sobre los surcos para defenderse del viento. De día era pasadero; retorcía las yedras y hacía crujir las tejas en los tejados; pero de noche gemía, gemía largamente. Pabellones de nubes pasaban en silencio por el cielo como si caminaran rozando la tierra».

Y en otra de sus páginas de la misma obra «Pedro Páramo» leemos en boca de uno de sus personajes:

«Siento el lugar en que estoy y pienso…

Pienso cuando madrugaban los limones. En el viento de febrero que rompía los tallos de los helechos, antes que el abandono los secara; los limones maduros que llenaban con su olor el viejo patio.

El viento bajaba las montañas en las mañanas de febrero. Y las nubes se quedaban allá arriba en espera de que el tiempo bueno las hiciera bajar al valle; mientras tanto dejaban vacío el cielo azul, dejaban que la luz cayera en el juego del viento haciendo círculos sobre la tierra, removiendo el polvo y batiendo las ramas de los naranjos.

Y los gorriones reían; picoteaban las hojas que el aire hacia caer, y reían; dejaban sus plumas entre las espinas de las ramas y perseguían a las mariposas y reían. Era esa época».

Para leer más:

Juan Rulfo (1955): Pedro Páramo.

Los bosques y su propiedad en los países de la Unión Europea

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Laponia, Finlandia

En territorio de la Unión Europea existen aproximadamente 182 millones de hectáreas de bosques y otras superficies arboladas, es decir, el 42,8% de su superficie terrestre sin contar con las aguas interiores.

Por países 7 de los 28 Estados miembros de la UE-28 presentan una superficie forestal que excede la mitad de su territorio. En primer lugar, destacan dos países nórdicos: Finlandia, con el 75,7% de su superficie terrestre, y Suecia, con el 74,3%. A continuación, les siguen Eslovenia (63,1%), Estonia (56,5%), Letonia (55,8%), España (55,1%) y Portugal (54,1%).

En términos de extensión absoluta, los países de la UE-28 con mayor superficie arbolada en 2015 son Suecia (30,5 millones de hectáreas), España (27,6), Finlandia (23,0) y Francia (17,6).

Por el contrario, las menores proporciones de bosques y otras superficies arboladas respecto a su territorio corresponden a Malta (1,1%), Países Bajos (11,1%), Irlanda (11,7%), Reino Unido (13,0%) y Dinamarca (15,5%).

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Los datos disponibles sobre el régimen de propiedad de los bosques (año 2010) permiten concluir que existen grandes diferencias entre países. De media en la Unión Europea el 60,3% de los bosques son de propiedad privada. Superan dicha media diez países, entre los que sobresale Portugal (con el 97,0% de sus bosques bajo propiedad privada), seguido de Dinamarca (76,3%), Suecia (75,7%), Francia (75,3%), Eslovenia (74,7%) y Austria (74,2%), entre otros.

Por el contrario, entre los países donde los bosques son mayoritariamente de propiedad pública resaltan Bulgaria y Polonia. En Bulgaria sólo el 12,1% de sus bosques son privados y en Polonia, el 18,1%. Les siguen, con menores porcentajes de bosques en régimen de propiedad privada, Grecia (22,5%), República Checa (23,4%), Croacia (28,3%), Chipre (31,2%) y Rumanía (33,0%), entre otros.

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Para más información: Eurostat

Una cita con la laguna Walden de Henry D. Thoreau

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La estrecha comunión que el escritor naturalista Henry D. Thoreau (1817-1862) mantiene con la naturaleza nos la transmite en su célebre obra a través de la bella descripción que hace de la laguna Walden. Traemos hasta aquí las siguientes líneas:

«El paisaje de Walden es de escala humilde, aunque muy bello; no tiene nada de grandioso ni podría interesar mucho a quien lo haya frecuentado largo tiempo, o vivido junto a la ribera; sin embargo, esta laguna es tan notable por su profundidad y pureza, que merece una descripción particular. Es como un pozo limpio, verde oscuro, de acaso media milla de longitud y de milla y tres cuartos de circunferencia que cubre pues unas veinticinco hectáreas; un manantial eterno entre pinares y robledos, sin afluente ni aliviadero alguno visibles que no sean las nubes y la evaporación. Las colinas circundantes se alzan bruscamente de las aguas hasta alturas entre cuarenta y ochenta pies, y aunque por el este y algo más al sur alcanzan cotas de ciento cincuenta y cien pies, respectivamente, a una distancia de un cuarto y un tercio de milla están totalmente cubiertas de arbolado. En Concord el agua muestra siempre dos colores por lo menos, uno, de lejos, y otro, más exacto, de cerca. El primero depende sobre todo de la luz y concuerda con el cielo. En tiempo claro, en el estío, las aguas parecen azules a escasa distancia, sobre todo si están agitadas, mientras que desde lejos todo resulta igual. En tiempo tempestuoso, en cambio, se diría que se trata de pizarra oscura. Del mar se dice, sin embargo, que un día aparece azul y el otro verde sin que medie cambio alguno perceptible en la atmósfera. Yo he visto nuestro río, cuando la campaña estaba cubierta de nieve, y tanto el agua como el hielo eran tan verdes como la hierba misma. Algunos consideran que el azul ‘es color del agua pura, tanto en estado sólido como líquido’. Pero, al mirar directamente a lo hondo de nuestros caudales desde un bote se ve que son de muy diferentes colores. Walden aparece ora azul ora verde, incluso desde el mismo punto de observación».

Para leer más:

Henry D. Thoreau (1854): Walden o la vida en los bosques.

Los objetivos del Acuerdo de París por el clima

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París, Francia

La Conferencia de París sobre el Clima (COP21), celebrada en diciembre de 2015, supuso el primer acuerdo vinculante a nivel mundial sobre el cambio climático. Un total de 195 países firmaron dicho Acuerdo de París.

En COP21 se manifestó expresamente que «el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta». Por ello se hace necesaria una amplia cooperación internacional con el fin de acelerar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Asimismo, para luchar contra el cambio climático, se consideran especialmente importantes los siguientes aspectos, entre otros:

-Salvaguardar la seguridad alimentaria y acabar con el hambre y la vulnerabilidad de los sistemas de producción de alimentos ante los efectos del cambio climático.

-Conservar y aumentar los sumideros y reservorios de los gases de efecto invernadero.

-Garantizar la integridad de todos los ecosistemas, incluidos los océanos, y proteger la biodiversidad, o Madre Tierra para algunas culturas.

-La educación, la formación, la sensibilización y la participación pública.

-La adopción de estilos de vida y pautas de consumo y producción sostenibles.

El Acuerdo de París establece en su artículo 2 que tiene por objeto «reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza». Y para ello:

«a) Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático;

b) Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efectos invernaderos, de un modo que no comprometa la producción de alimentos;

c) Elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero».

El Acuerdo de París entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 tras lograrse que sea ratificado por al menos 55 países que representan el 55% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Para más información:

Acuerdo de París (2015)

Tres citas con la naturaleza y el hombre en la obra de Lao Tse

Las enseñanzas recogidas en Tao Te Ching o «Libro del Sendero», atribuido al filósofo chino Lao Tse (ca. s. V a.C.), se inspiran con frecuencia en las fuerzas naturales. Extraemos aquí tres citas en las que se plasma la búsqueda de la armonía a través de la identificación del hombre con la naturaleza.

El hombre y las fuerzas de la naturaleza:

«Sé como las fuerzas de la naturaleza.

cuando sopla el viento, sólo hay viento;

cuando llueve, sólo hay lluvia;

cuando pasan las nubes, brilla el sol».

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Templo taoísta de los Ocho Inmortales. Xi’an, China.

La moderación y la naturaleza:

«La marca de un hombre moderado

es que no se aferra a sus ideas.

Tolerante como el cielo,

omnipresente como la luz del sol,

firme como un árbol al viento,

sin un destino a la vista

y haciendo uso de todo,

la vida ocurre y le trae su camino».

Los hombres y las plantas:

«Los hombres nacen suaves y blandos;

muertos, son rígidos y duros.

Las plantas nacen flexibles y tiernas;

muertas, son quebradizas y secas».

Para leer más: 

Lao Tse: Tao Te Ching. Alianza Editorial, Madrid, 2016.

Economía y naturaleza: la nave espacial Tierra de K. E. Boulding

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Ha transcurrido más de medio siglo desde que el economista británico Kenneth Ewart Boulding (1910-1993) publicara sus primeros escritos en los que interrelacionaba economía y naturaleza.  En especial, su aportación más conocida, publicada en 1966, en la que comparó la economía de nuestro planeta con un sistema cerrado, que denominó de forma muy ilustrativa «nave espacial Tierra», marcó un sólido antecedente teórico de lo que hoy entendemos por desarrollo sostenible.

En su célebre artículo de  1966, «The Economics of the Coming Spaceship Earth», Kenneth E. Boulding antepone dos concepciones de la economía. La primera, que debiera pertenecer al pasado, concibe a la Tierra como un sistema abierto, derrochador y explotador, al que denomina «economía del cowboy«:

«En la economía del cowboy el consumo se considera algo positivo y la producción también; el éxito de la economía se mide por el rendimiento de los factores de producción, una parte de los cuales es extraída en diferentes proporciones de las reservas de materias primas y objetos no económicos, mientras otra parte son residuos que se añaden a los sumideros».

Bajo esta concepción de la economía se descuidan «con asombrosa falta de visión» problemas graves, en tanto que se sigue pensando y actuando «como si la producción, el consumo, los flujos de recursos-residuos, y el PNB fueran la medida adecuada y suficiente del éxito económico».

Frente a esta economía del cowboy, Boulding propone la economía cerrada del futuro, a la que denomina «economía del astronauta«:

«la Tierra se ha convertido en una única nave espacial, sin reservas ilimitadas de nada, debido a su extracción y a la contaminación, y en la que, por tanto, el hombre debe hallar su lugar en un sistema ecológico cíclico que sea capaz de una reproducción continua de formas materiales, aún cuando no pueda evitar la utilización de inputs de energía».

En esta nueva concepción de la economía el objetivo no es aumentar el rendimiento:

«La medida fundamental del éxito de una economía no es en absoluto el consumo y la producción, sino la naturaleza, cantidad, calidad y complejidad del stock total de capital, incluyendo en dicho stock el estado de los cuerpos y las mentes humanas que componen el sistema. En la economía del astronauta, lo que nos preocupa primordialmente es la conservación de ese stock, y cualquier cambio tecnológico que consiga la conservación de un stock total dado con un nivel de actividad menor (esto es, con menos producción y menos consumo) es claramente un adelanto».

Con la «economía del astronauta», lo esencial, por tanto, es conservar, hacer perdurable las bases sobre las que se sustenta la sociedad, entre las que se encuentra el patrimonio natural. Lo importante no es consumir, gastar, ese patrimonio natural, sino conservarlo, hacerlo perdurable, mantener su valor. Es necesario, pues, priorizar el stock frente al flujo, el patrimonio frente al gasto.

De ahí que Boulding nos pregunte: «¿Qué es, por ejemplo, lo importante: comer o estar bien alimentado?». A lo que el economista británico responde: «Me inclino a considerar como más importante el concepto de stock, es decir, a pensar que estar bien alimentado es más importante que comer».

Fue un economista, asimismo, preocupado por el medio ambiente y la equidad intergeneracional:

«Puede objetarse, desde luego, que porqué preocuparnos de todo esto cuando la economía del astronauta queda todavía lejana (por lo menos, más allá de la esperanza de vida de cualquiera de nosotros), así que comamos, bebamos, gastemos, explotemos y contaminemos, y seamos felices como podamos, y que la posteridad se ocupe de la nave espacial Tierra».

Para Boulding la preocupación por el porvenir de la humanidad es una cuestión incluso de identidad individual:

«La única respuesta a esto, en mi opinión, consiste en señalar que el bienestar del individuo depende de la medida en que pueda identificarse a sí mismo con los demás, y que la identidad individual más satisfactoria es la que hace al individuo sentirse parte de una comunidad no sólo espacial, sino también temporal, que se extiende desde el pasado hasta el futuro».

Y, sin embargo, los hechos muestran que en muchos aspectos ese futuro ya está aquí. Somos testigos ya de problemas de agotamiento de recursos naturales y de generación de residuos y contaminación de la atmósfera:

«En realidad, la sombra de la futura nave espacial ya está proyectándose sobre nuestros espléndidos derroches. Aunque parezca extraño, el problema se presenta de modo más preocupante por el lado de la contaminación que por el agotamiento de los recursos. Los Ángeles se ha quedado sin aire, el lago Erie se ha convertido en una letrina, los océanos se están llenando de plomo y DDT, y la atmósfera puede convertirse en el mayor problema para el hombre en la próxima generación, dada la tasa a la que la estamos contaminando (…); y no se puede contemplar con indiferencia el ritmo actual de contaminación de todos los sumideros naturales, ya sean a la atmósfera, los lagos, o incluso los océanos».

También es valiosa su clarividencia sobre el problema energético al que se enfrenta la sociedad:

«Los inmensos inputs de energía que hemos obtenido de los combustibles fósiles son estrictamente temporales. Hasta las previsiones más optimistas creen que la disponibilidad de combustibles fósiles fácilmente asequibles se agotará en cuestión de pocos siglos con las actuales tasas de consumo. Si el resto del mundo alcanzara los niveles americanos de consumo de energía, y sobre todo, si la población mundial continúa aumentando, el agotamiento de los combustibles fósiles será aún más rápido».

De igual forma, vio con claridad el gran potencial que presentan las energías renovables:

«Hasta ahora, ciertamente, no hemos adelantado mucho en la tecnología para usar  la energía solar actual, pero hay grandes probabilidades de avances futuros».

En definitiva, Kenneth E. Boulding concibió ya en 1966 la economía del planeta como un sistema cerrado. En su opinión la concepción de la economía abierta con recursos naturales ilimitados y abundantes -la denominada economía del cow-boy– ha de pertenecer al pasado. La realidad del sistema social mundial ha cambiado. La economía moderna posee unos recursos limitados, que hay que conservar, y unos espacios para la contaminación y los residuos, que son finitos.

Para leer más:

Kenneth E. Boulding (1966): «The Economics of the Coming Spaceship Earth».

En español: La economía de la futura nave espacial Tierra.

El canto a la palmera de Miguel Hernández

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En 1933 el poeta español Miguel Hernández (1910-1942) publicó este poema con el que, a modo de acertijo para el lector, canta a la palmera de su tierra natal para convertirla en la protagonista.

«ANDA, columna; ten un desenlace

de surtidor. Principia por espuela.

Pon a la luna un tirabuzón. Hace

el camello más alto de canela

Resuelta en claustro viento esbelto pace,

oasis de beldad a toda vela

con gargantillas de oro en la garganta:

fundada en ti se iza la sierpe, y canta».

Para leer más:

Miguel Hernández (1933): Perito en lunas

El consumo de energías renovables en la Unión Europea

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El conjunto de Estados miembros de la Unión Europea ha efectuado un consumo final de energía en 2015 que ascendió a unos 1.120.000 ktoe (miles de toneladas equivalentes de petróleo). De esa cantidad el 16,7% provino de fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidráulica, maremotriz, geotérmica, biomasa…).

Desde una perspectiva temporal se constata que dicha participación de las energías renovables ha aumentado durante la última década y se encuentra en la senda de alcanzar el objetivo establecido en la Estrategia Europa 2020, que establece un porcentaje del 20% de energía de fuentes renovables sobre el consumo final de energía para el año 2020. Con posterioridad, se ha acordado en el seno de la UE-28 la ampliación de dicho objetivo hasta al menos el 27% para el año 2030.

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Si realizamos un análisis por países, se observan diferentes resultados, según los últimos datos disponibles de Eurostat.

En 2015 Suecia, con el 53,9%, es el país con el mayor porcentaje de energía de fuentes renovables en su consumo final bruto de energía. Le siguen, a distancia, Finlandia (39,3%), Letonia (37,6%), Austria (33,0%) y Dinamarca (30,8%). También han alcanzado el objetivo global del 20% los Estados miembros de Croacia, Estonia, Portugal, Lituania, Rumanía y Eslovenia, si bien hay que anotar que se han establecido objetivos individualizados para cada país. Así, por ejemplo, para Suecia su objetivo a alcanzar en el año 2020 es el 49% frente al 10% establecido para Malta.

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En el otro extremo, los menores pesos de energías renovables sobre el consumo energético se presentan en Luxemburgo y Malta (ambos, el 5%), Países Bajos (5,8%), Bélgica (7,9%), Reino Unido (8,2%), Irlanda (9,2%) y Chipre (9,4%).

Entre 2004 y 2015 la participación de la energía de fuentes renovables en el consumo final de energía creció en todos los países. Los mayores avances se han dado en Dinamarca (15,9 puntos porcentuales más), Suecia (15,2 p.p.) e Italia (11,2 p.p).

Para más información:

Eurostat