El hombre y la máquina en la sociedad moderna: una cita con Erich Fromm

La historia de la humanidad ha estado marcada en buena medida por el desarrollo tecnológico y la extensión de la mecanización.

En aras de su bienestar el hombre ha tendido a dirigir su imaginación e inteligencia hacia la fabricación de máquinas que faciliten su supervivencia y aumenten su calidad de vida, concebida con frecuencia como consumo de bienes materiales.  Sin embargo, no son despreciables los riesgos que entraña encomendar a la máquina una posición de supremacía dentro de la estructura social, económica y cultural en la que se desenvuelven nuestras vidas.

Aportaciones críticas como las del pensador alemán Erich Fromm (1900-1980) nos advierten de los peligros que la deriva mecanicista puede acarrear para una existencia de calidad del ser humano.

A diferencia del hombre primitivo que se valía de su observación y memoria propias para un aprendizaje consciente, el hombre cibernético de hoy confía cada vez más su felicidad a la máquina. Hemos evolucionado de tal modo que se ha intensificado nuestro distanciamiento de la naturaleza, al tiempo que reverenciamos un nuevo ídolo: la tecnología. Ello ha comportado, como nos sugiere Fromm, una priorización del “tener” en detrimento de la defensa del “ser”.

El hombre moderno se cree un ser poderoso porque con sus máquinas domina la naturaleza, pero en realidad se encuentra desamparado. Posee una relación tan simbiótica con el mundo de las máquinas que “sin ellas es un inválido”.

El siguiente pasaje de su obra Del tener al ser, escrita por Fromm hace medio siglo, nos empuja a reflexionar sobre verdades que hoy parecen incluso más evidentes que entonces, a la luz de los efectos de los últimos pasos que el desarrollo tecnológico nos planta ante nuestros ojos.

“Los ídolos, según decía la crítica profética, no eran más que trozos de madera o piedra, y su única fuerza era la que le transmitía el hombre, para recibir en devolución parte de ella. Las máquinas no son precisamente unos trozos de metal inútiles: en realidad, crean un mundo de cosas provechosas. El hombre depende realmente de ellas, pero, del mismo modo que ocurrió con los ídolos, él es quien las ha inventado, proyectado y construido. Las máquinas, como los ídolos, son producto de su imaginación técnica, que, emparejada con la ciencia, puede crear cosas de mucha utilidad material, pero que han llegado a dominarlo.

Prometeo trajo el fuego a los hombres para liberarlos del dominio de la naturaleza. En este momento de su historia, los hombres se han esclavizado a ese mismo fuego que había de liberarlos. El hombre de hoy, que lleva máscara de gigante, se ha convertido en un ser débil y desamparado, dependiente de las máquinas que “él” ha creado y, por tanto, de los dirigentes que aseguran el buen funcionamiento de la sociedad que produce la máquina, dependiente del buen funcionamiento de la economía, aterrorizado por el miedo a perder todas las ventajas, a ser “un hombre sin rango ni título”, a ser a secas, a tener que hacerse la pregunta: “¿Quién soy yo?”.

En resumen, el hombre moderno tiene muchas cosas y usa muchas cosas, pero es muy poca cosa. Sus sentimientos y sus pensamientos están atrofiados, como músculos sin emplear. Tiene tanto miedo a cualquier cambio social que toda perturbación del equilibrio significa para él caos o muerte: si no la muerte física, la muerte de su identidad.”

Para leer más:

Erich Fromm: Del tener al ser. Paidós, Barcelona, 2022.

La casa, nuestro hogar: una cita con Francesco Petrarca

Todas las personas para disfrutar de un nivel de vida adecuado tienen reconocido el derecho a la vivienda. Así lo postula desde hace 75 años la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948).

Ahora bien, la tenencia de una casa grande no nos garantiza el bienestar deseado. Así lo expresó, en el siglo XIV, Francesco Petrarca (1304-1374), poeta y precursor del pensamiento humanista, que con su obra De remediis utriusque fortune se ocupó “con todas las fuerzas de aliviar, y aun de extirpar, si fuese posible, las pasiones del alma, mías o de quienes lo lean”.

Con esta obra Petrarca propone diferentes remedios para aliviar los efectos de la mala fortuna, y también otros que nos ayuden a desengañarnos y a frenar la soberbia del alma cuando la suerte es favorable.

“Hay una regla que conviene por igual a las grandes casas y a las grandes ciudades, y es que no por ser grandes se vive mejor en ellas. Vivir bien no depende de grandes espacios, sino de lo feliz y agradablemente que los habites. A menudo sucede que en los palacios de los reyes habitan las angustias y las penas, mientras que en las chozas de los pobres hay paz y alegría. Si bastase el tamaño o el adorno de las casas, la más noble de todas las artes sería la arquitectura”.

Para leer más:

Francesco Petrarca: Remedios para la vida. Acantilado, Barcelona, 2023.

Los tesoros de la naturaleza: una cita con José Saramago

Con su obra Viaje a Portugal el escritor portugués José Saramago (1922-2010) nos ofrece una crónica personal de sus impresiones sobre el patrimonio artístico que descubre, o redescubre, al visitar los diversos pueblos y ciudades del país lusitano.

Pero la mirada de Saramago no se limita exclusivamente a la belleza artística o arquitectónica. El autor al llegar a Vila Real nos invita a apreciar con humildad otro tipo de tesoros, los que nos ofrece la naturaleza.

“Vuelve el viajero a Vila Real, y, ahora, sí, cumplirá el ritual. Lo primero será Mateus, el palacio del mayorazgo. Antes de entrar, hay que pasear por este jardín sin ninguna prisa. Por muchos y valiosos que sean los tesoros de dentro, soberbios seríamos si despreciáramos los de fuera, estos árboles que del espectro solar sólo han descuidado el azul, que lo dejan para uso del cielo; aquí están todos los matices del verde, del amarillo, del rojo, del castaño, rozando incluso las franjas del violeta. Son las artes del otoño, este frescor bajo los pies, esta maravillosa alegría de los ojos, y los lagos que la reflejan y multiplican. De repente, el viajero cree haber caído dentro de un caleidoscopio, viajero en el País de las Maravillas”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.

El reciclaje en la Unión Europea (2000-2021)

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Uno de los principales frentes de las políticas medioambientales es la gestión de los residuos producidos por la actividad humana.

Para alcanzar una buena gestión de residuos se ha de tener presente la aplicación del conocido principio de las 3R que prioriza la reducción a la reutilización y el reciclaje.

No siempre es posible evitar la generación de los residuos procedentes de nuestras actividades de producción y consumo, ni tampoco promover su reutilización. La respuesta de gestión ha de centrarse, pues, en estos casos, en maximizar el reciclaje.

En el marco de la UE el tratamiento de los residuos se ha venido consolidando, a la luz de la evolución que han seguido indicadores como la tasa de reciclaje de residuos municipales.

Dicho indicador queda definido, según Eurostat, como el porcentaje de residuos municipales generados por los hogares y por fuentes de residuos similares (comercio, oficinas e instituciones públicas) sobre el total de residuos generados. El reciclaje de este tipo de residuos comprende el reciclaje de materiales, el compostaje y la digestión anaeróbica.

En un análisis temporal amplio de los datos publicados por Eurostat, se observa que la tasa de reciclaje de residuos municipales de la UE-27 ha mostrado de forma continuada una senda en general ascendente durante el periodo 2000-2021.

En el año 2000 se reciclaba el 27,3% de los residuos municipales generados en el conjunto de la UE-27. Más dos décadas después, en el año 2021 dicha tasa de reciclaje asciende a 48,7%, como se observa en el siguiente gráfico.

G_UE27_Reciclaje_2000-2021

Nótese, no obstante, que en el último año 2021 la tasa de reciclaje ha retrocedido ligeramente (-0,2 puntos porcentuales), mostrando un comportamiento bien diferente al del año 2020, cuando aumentó 1,7 puntos. Siendo en ambos casos años marcados por los impactos de la pandemia del COVID-19, está por confirmar si se trata de un hecho puntual o si en los próximos años la tasa de reciclaje retomará su senda ascendente.

En un análisis por países se detectan diferencias muy marcadas en el seno de la Unión.

De los 27 Estados de la UE, nueve superaron en 2021 la tasa media comunitaria (48,7%). La tasa de reciclaje más elevada la sigue alcanzando Alemania (67,8%). A continuación se encuentran Austria (62,5%), Eslovenia (60,8%), Países Bajos (57,8%), Dinamarca (57,6%), Bélgica (55,5%), Luxemburgo (55,3%), Italia (51,9%) y Eslovaquia (48,9%).

Por el contrario, los países europeos que presentan en 2021 las tasas de reciclaje más bajas son Rumanía (11,3%), Malta (13,6%), Chipre (15,3%) y Grecia (21,0%).

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Hay que significar, asimismo, los notables progresos que han logrado algunos países europeos durante los últimos años. En el transcurso del periodo 2000-2021 cabe destacar los mayores avances relativos alcanzados por Eslovenia, cuya tasa de reciclaje de residuos municipales ha aumentado desde el 6,0% en 2000 hasta el 60,8% en 2021 (la tercera más alta de la UE-27); por Lituania (desde el 0,0% al 44,3%, a pesar de haberse reducido en los últimos años), y por Letonia (de 0% a 44,1%). En el otro extremo, Austria, que ostenta la segunda posición, ha visto retroceder en 0,9 puntos su tasa de reciclaje respecto al año 2000.

Para más información:

Eurostat

E. F. Schumacher y «Lo pequeño es hermoso»: algunas enseñanzas 50 años después

Se cumplen 50 años desde que el economista y estadístico alemán Ernst Friedrich Schumacher (1911-1977) publicara en 1973 su célebre obra “Lo pequeño es hermoso”. Se trata de una colección de ensayos con los que el autor nos aporta un punto de vista bien diferente del pensamiento económico convencional.

Frente al crecimiento ilimitado y el materialismo a ultranza, la visión amplia y profunda del desarrollo económico que nos plantea Schumacher se centra en la verdadera felicidad de la gente y en la conservación de la naturaleza.

A continuación extraemos algunas de las enseñanzas contenidas en esta obra clásica de Schumacher que hoy siguen siendo útiles, si no más necesarias que nunca, para todo propósito de progreso basado en la sostenibilidad:

1. El problema de la producción.

Schumacher comienza su obra lanzándonos la siguiente pregunta: ¿“el problema de la producción” está resuelto? La respuesta que nos da es contundente.

En realidad, creer que el “problema de la producción” está solucionado es uno de los más funestos errores de nuestra época. La razón descansa en el hecho evidente de que el hombre no se siente parte de la naturaleza. El hombre moderno occidental se autodefine como un potencial agente dominador de la naturaleza, pues se considera dotado de poderes científicos y tecnológicos ilimitados que le crean la falsa ilusión de que la Tierra es inagotable. En la práctica, no le interesa la conservación del medio natural, pues lo trata como si fuera un flujo interminable de recursos.

Por tanto, el problema de la producción no está resuelto, porque se está consumiendo el “capital natural”, a un ritmo desmesurado en lugar de minimizar su uso. Un ejemplo de ello es progresivo agotamiento de los combustibles fósiles disponibles. En otras palabras, el sistema industrial moderno está consumiendo las bases mismas sobre las que se sustenta: la naturaleza de la que todos dependemos.

2. El crecimiento económico.

El crecimiento económico, nos expone el autor, no se ha transformado, en realidad, en un objetivo de permanente interés, sino más bien en “la obsesión de toda sociedad moderna”.

Estamos imbuidos de una cultura económica que considera que el camino para la paz y el bienestar es la autopista del crecimiento de la riqueza y del Producto Nacional Bruto. Contamos para ello con el apoyo de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, hemos entrado en un callejón sin salida aparente, por no preguntamos si tenemos suficiente para todos y qué debemos entender por suficiente, teniendo en cuenta que vivimos en un planeta que es estrictamente finito.

La idea de crecimiento económico ilimitado ha de ser cuestionada seriamente porque se topa con una doble limitación: la disponibilidad de recursos básicos y la capacidad del medio natural para absorber los impactos contaminantes de la actividad económica.

3. La mercancía.

Para la economía moderna su principal objeto de estudio es “la mercancía”. Ya sean mercancías renovables o no renovables, manufacturas o servicios, todas estas categorías de mercancías, cuyas diferencias cualitativas no se plantean, están sujetas a unos precios que buscan compradores.

Sin embargo, nos recuerda Schumacher, lo realmente importante es reconocer la existencia de otro tipo de “mercancías” que jamás aparecen en el mercado porque no han sido objeto de propiedad privada. Sin embargo, “son nada menos que un requisito esencial de la actividad humana, tales como el aire, el agua, la tierra, y de hecho, la estructura de la naturaleza viva”.

El pensamiento económico dominante, defensor del gigantismo y de la automatización, se muestra incapaz de resolver ninguno de los problemas de hoy: pobreza, frustración, alienación, tensión… Por eso, se hace necesario “un sistema totalmente nuevo de pensamiento, un sistema basado en la atención a la gente y no a las mercancías (¡las mercancías se cuidarán de sí mismas!)”

4. La educación.

La historia y la experiencia nos han demostrado que el factor clave del desarrollo económico proviene de la mente del hombre. Por eso, puede afirmarse que la educación es el más vital de los recursos.

El papel de la educación ha de ser, en primer lugar, la transmisión de valores. La educación en humanidades debe cobrar una posición prioritaria, puesto que lo que necesitamos es la comprensión de por qué las cosas son como son y qué es lo que debemos hacer con nuestras vidas. Se vuelve necesaria una educación en valores, ética, que permita clarificar nuestras convicciones centrales, porque se encuentran en desorden.

Sólo después, ya en un segundo plano, la educación comprendería, siendo también necesaria, la transmisión de conocimiento científico, el “saber cómo”.

5. La tierra.

La tierra, y con ella la naturaleza, se ha venido considerando un factor de producción que, como el trabajo y el capital, contribuye al crecimiento económico. Sin embargo, es mucho más que eso.

La agricultura, que depende de la fertilidad del suelo contenedor organismos vivos, no es equiparable a otras actividades económicas como la industria. La agricultura presenta un principio fundamental diferenciador: trata con la vida, con sustancias vivas.

A los animales se les asigna un valor económico por su utilidad (en la ganadería y agricultura…), pero no pueden ser equiparables a objetos o máquinas usándolos hasta acabar con ellos. En tanto que criaturas vivas tienen un valor metaeconómico.

La vida humana puede continuar sin la industria, pero no podría hacerlo sin agricultura. Por eso la tierra es, después de la gente, nuestro más preciado recurso.

6. La tecnología.

Desde hace ya varias décadas el mundo moderno ha sido modelado por la tecnología. Embarcados en una huida hacia adelante, en la que la tecnología se erige como la llave al anhelado progreso, hemos alcanzado un nivel tecnológico de tanta complejidad y sofisticación que nos ha alejado de lo esencial.

La tecnología moderna, cuyo objetivo debe ser aliviar al hombre de la carga del trabajo, ha tenido más éxito en privarlo de la clase de trabajo que él disfruta más, es decir, el trabajo creativo y útil que hacía con sus propias manos y cerebro, sin prisas y a su propio ritmo. El desarrollo tecnológico continúa siendo dirigido a lograr tamaños cada vez más grandes y velocidades cada vez más altas, desafiando las leyes de la armonía natural.

Necesitamos, por tanto, una tecnología diferente, una tecnología con rostro humano, lo que Schumacher denominó “tecnología intermedia”. Se trata de una tecnología que siendo muy superior a la tecnología primitiva es al mismo tiempo más simple, más barata y democrática que la supertecnología moderna de los ricos y poderosos.

Frente a la tecnología de la producción masiva hoy imperante, Schumacher propone, con la tecnología intermedia, una tecnología de la producción por las masas, que es respetuosa con la naturaleza y se adapta para servir a las personas en lugar de hacerlas sirvientes de las máquinas.

7. La energía.

Schumacher dedica también su atención a otro recurso fundamental para el desarrollo económico: la energía. Nos recuerda que su importancia es estratégica porque “si la energía falla, todo falla”.

En este ámbito expone que queda demostrado que los combustibles fósiles, generadores de contaminación del aire, se enfrentan a problemas de disponibilidad en unas pocas décadas. Asimismo, Schumacher subraya su gran preocupación por los peligros que entraña el desarrollo de la energía nuclear, ya que nos dirige hacia riesgos completamente nuevos e incalculables. La contaminación radioactiva del aire, el agua y el suelo que podría ocasionar la energía nuclear nos envuelve en un escenario en el que peligra la propia vida y la supervivencia humana. El problema no resuelto del almacenamiento de los residuos radioactivos invalida cualquier justificación del progreso por la vía de la extensión de más reactores nucleares.

Ante esta situación, se hace necesario que nuestras sociedades favorezcan un consumo no desmedido de la energía.

8. La economía de la permanencia.

Schumacher nos propone sentar las bases de una nueva economía: “la economía de la permanencia”. El crecimiento económico seguiría siendo posible siempre que vaya dirigido hacia un objetivo limitado; nunca ha de potenciarse el crecimiento ilimitado y generalizado. En palabras de autor “la permanencia es incompatible con una actitud depredadora” de los recursos de la Tierra.

En lugar de procurar el fomento y la expansión de las necesidades, debemos tratar de minimizarlas. Hay que evitar toda tentación de permitir que nuestros lujos terminen convirtiéndose en necesidades. En una economía de la permanencia se requiere un análisis sistemático de nuestras necesidades para encontrar la forma de simplificarlas y reducirlas.

Al mismo tiempo, si el hombre moderno consiguiera no sucumbir a la codicia, se acercaría al camino de la inteligencia, la felicidad, la serenidad y la tranquilidad.

Es apremiante desarrollar un nuevo estilo de vida pensado para la permanencia, con métodos de producción nuevos y pautas de consumo diferentes que respondan a las necesidades reales de la gente y respeten el equilibrio ecológico. Para ello contamos con buenos ejemplos: la bioagricultura, la tecnología con rostro humano, nuevas formas de propiedad común…

Para leer más:

E. F. Schumacher: Lo pequeño es hermoso. Ediciones Akal, Madrid, 2011.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de la economía española (2008-2022)

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La economía española sigue siendo muy dependiente de los combustibles fósiles, de modo que no es neutral ante la crisis climática que atraviesa nuestro planeta. Según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), España emitió a la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI) por un total de 304,4 millones de toneladas de CO2 equivalente (tCO2e) en 2022. 

Por tipos de gases, el 81,4% de todas las emisiones generadas en 2022 en España corresponden a dióxido de carbono, al que siguen metano (13,3%), óxido nitroso (3,3%) y otros GEI (2,0%).

Por origen económico de las emisiones, la actividad que ha emitido más GEI a la atmósfera ha sido la industria manufacturera que, con 74,4 millones de tCO2e emitidas en 2022, concentra el 24,4% del total de GEI. Asimismo, el 80% del total de emisiones de gases de efecto invernadero generadas dentro de este sector económico durante 2022 procedió de cuatro ramas de actividad principales: 1) Fabricación de otros productos minerales no metálicos, 2) Coquerías y refino de petróleo, 3) Industria química y 4) Metalurgia, fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones.

Tras la industria manufacturera le siguen como fuentes de emisión más importantes el consumo final de los hogares, con el 22,7% del total de GEI; el suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (18,1%); la agricultura, ganadería, selvicultura y pesca (14,6%); transporte y almacenamiento (14,1%); otros servicios (4,9%); industrias extractivas (0,6%) y construcción (0,5%).

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Desde una perspectiva temporal, desde 2008, primer año disponible de la serie en España las emisiones totales de GEI han presentado una tendencia descendente, si bien con altibajos. Para el conjunto del periodo analizado (2008-2022) las emisiones se han reducido un 26,9%, al pasar de 416,6 millones de toneladas en 2008 a 304,4 millones en 2022.

GEI 2008-2022_España

Por ramas de actividad, las reducciones de emisiones de GEI más destacadas se han producido en términos porcentuales en las industrias extractivas (con escaso peso), que anotaron un descenso del 65,0% durante el periodo 2008-2022. Por el contrario, el sector primario ha incrementado sus emisiones de GEI en un 0,4% durante los años 2008-2022, esto es, 178 mil tCO2e más.

En términos absolutos, las mayores reducciones de emisiones se han anotado en la rama de suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua (54,0 millones de tCO2e menos) y en la industria manufacturera (-32,7 millones).

Como se observa en el siguiente gráfico, el periodo 2008-2022 se salda con una reducción de emisiones de GEI (-26,9%) frente a un crecimiento de la actividad de la economía española, medida en términos de PIB real, del 6,6%. Por lo tanto, puede argüirse que, para dicho periodo, existe divergencia entre ambas variables. Sin embargo, ello no nos permite concluir que existe un proceso de desacoplamiento entre producción y emisiones de GEI, ya que éstas siguen estando muy condicionadas por la naturaleza expansiva o contractiva del ciclo económico.

GEI y PIB_España_2008-2022

Así, en el año 2020, que estuvo marcado por la pandemia del COVID-19, la menor actividad económica que supuso la crisis sanitaria ha traído consigo una reducción de los GEI emitidos a la atmósfera. La fuerte contracción del PIB real de España del 11,2% en 2020 conllevó, al mismo tiempo, un descenso inédito de las emisiones de GEI del 13,9%.  Posteriormente, durante los siguientes años, cuando se produce la reactivación de la economía española las emisiones de GEI inflexionaron al alza. En cifras, se registraron crecimientos del PIB del 6,4% en 2021 y 5,8% en 2022, en tanto que las emisiones aumentaron un 6,6% y 3,1%, respectivamente.

Por tanto, estos datos nos muestran al menos dos hechos importantes. En primer lugar, la ratio de emisiones de GEI por unidad de producto ha mejorado durante el periodo 2008-2022. Y, en segundo lugar, se constata que se han registrado años (como 2011, 2012 y 2017) en los que dicha ratio ha empeorado y también otros (2020-2022) en los que se ha estabilizado, de modo que no se han contabilizado avances en la descarbonización de la economía española.

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En suma, sigue existiendo una clara correlación entre la producción de bienes y servicios y las emisiones de GEI, que provocan el calentamiento global, lo que refuerza la necesidad de impulsar medidas más ambiciosas para contener los modos de producción y consumo actuales, que se mantienen aún en niveles insostenibles, para convertirlos en modos no dependientes de los combustibles fósiles.

Para más información:

INE: Cuenta de emisiones a la atmósfera

El uso circular de los materiales en la UE (2004-2022)

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La Comisión Europea adoptó en 2015 una Comunicación que daba pasos importantes en el camino hacia una economía más circular: «Cerrar el circulo: un plan de acción de la UE para la economía circular».

Con las medidas establecidas en dicho plan de acción se opta por una economía en la que se persiguen dos objetivos principales:

  1. Mantener durante el mayor tiempo posible el valor que poseen los productos, los materiales y los recursos, de modo que se ahorran materias primas al dejar de ser extraídas de la corteza terrestre.
  2. Reducir al mínimo posible la generación de todo tipo de residuos.

El cumplimiento de ambos objetivos facilitaría el desarrollo de una economía más eficiente en el uso de los recursos.

Para evaluar los avances alcanzados en la UE en su senda de fomento de la economía circular, se dispone, como indicador principal, de la tasa de uso de materiales circulares (tasa de circularidad), que elabora la Oficina Estadística de la UE (Eurostat)

Dicha tasa, expresada en porcentaje, mide la proporción de materiales recuperados y reintroducidos en la economía sobre el total de materiales con uso general. La tasa de circularidad define, por tanto, la relación que existe entre el uso circular de materiales y el uso general de materiales(*).

Un valor de tasa de circularidad más alto indica que hay más materiales secundarios que sustituyen materias primas extraíbles, evitando así los impactos ambientales que supone la extracción de dichos materiales finitos de la naturaleza para fabricar productos o generar energía.

De acuerdo con Eurostat, que recientemente (noviembre de 2023) ha revisado los datos de los últimos años, la tasa de circularidad en la UE-27 fue del 11,5% en 2022. Ello significa que del total de los recursos materiales que se utilizaron en la UE en dicho año el 11,5% provino de productos reciclados y materiales que han sido recuperados.

Es destacable, además, que el valor que toma la tasa de circularidad difiere de forma significativa según el tipo de materiales considerados. Así, en 2022 los metales son los materiales que toman la mayor tasa de circularidad (23,9%), seguidos por los minerales no metálicos (13,7%). Por el contrario, las menores tasas de circularidad corresponden a los combustibles fósiles (3,2%) y la biomasa (10,0%).

Desde una perspectiva temporal, durante el periodo 2004-2022 la tasa de circularidad se ha incrementado en el conjunto de la UE-27 desde el 8,2% hasta el 11,5%. Ello supone, por tanto, un avance de 3,3 puntos porcentuales (p.p.) en dicho periodo de tiempo, es decir, menos de 2 décimas porcentuales por año desde 2004. Además, como se observa en el siguiente gráfico, la tasa de circularidad ha experimentado un estancamiento durante los últimos años que contrasta con los avances registrados a comienzos de la serie.

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Por países se constata que la tasa de circularidad presenta diferencias muy significativas en el seno de la UE. Así, en el último año 2022 los mayores porcentajes se registraron en Países Bajos (27,5%), Bélgica (22,2%), Francia (19,3%), Italia (18,7%) y Estonia (16,0%).

Por el contrario, las menores tasas de circularidad correspondieron a Finlandia (0,6%), Rumanía (1,4%), Irlanda (1,8%), Portugal (2,6%) y Grecia (3,1%).

Estas importantes divergencias entre los países de la UE-27 se deben, según Eurostat, a la cantidad de residuos que se recicla en cada país y a factores estructurales de las propias economías nacionales. Así, las economías que tienen mayores importaciones de materiales (incluyendo los combustibles fósiles) y mayores extracciones interiores de materiales (relacionadas con minería, construcción, etc.) son las que presentan menores tasas de circularidad.

G_Tasa circularidad_Países UE_2022

Además, la evolución de la tasa de circularidad dentro de la UE ha sido muy dispar, en particular durante 2010-2022, periodo para el que Eurostat ha publicado datos actualizados por países. Por un lado, destacan los mayores avances de Malta, cuya tasa de circularidad ha aumentado en 9,8 p.p., Bélgica (+8,6 p.p.), Italia (+7,2 p.p.), Austria (+7,0 p.p.) y Estonia (+6,9 p.p.). Por el contrario, siete países de la UE han retrocedido en su tasa de circularidad durante dicho periodo, presentando los mayores descensos Luxemburgo (-18,2 p.p.), Finlandia (-10,1 p.p.) y España (-3,3 p.p.).

(*) El uso general de materiales se mide sumando el consumo agregado de materiales domésticos y el uso circular de materiales. El primero queda definido en las cuentas de flujos de materiales para toda la economía. Por su parte, el uso circular de materiales se aproxima por la cantidad de residuos reciclados en las plantas de recuperación doméstica, menos los residuos importados destinados a la recuperación, más los residuos exportados destinados a la recuperación en el extranjero.

Para más información:

Eurostat

Cuando la mar rima con naranjas

El poeta canario Pedro García Cabrera (1905-1981) nos confiesa que una copla popular muy escuchada en La Gomera, isla donde nació, le dejó una honda huella en su memoria.

Su obsesión por aquel canto tal vez se deba a que aúna en unos pocos versos dos elementos de la naturaleza bien diferentes que están cargados de gran simbolismo. Por un lado, el extenso y misterioso mar; por otro, el fruto tangible del naranjo, muchas veces deseado.

«A la mar fui por naranjas
cosa que la mar no tiene,
metí la mano en el agua:
la esperanza me mantiene»

(Copla popular)

El influjo de esta copla le sirvió a Pedro García Cabrera como punto de partida para escribir un sentido poemario que, precisamente, tituló La esperanza me mantiene.

La mar es pródiga en peces, pero inhóspita para el cultivo de naranjas, que son de tierra adentro. Sin embargo, los versos del poeta nos invitan a no desistir en la búsqueda de lo que parece imposible, a mantener viva la esperanza de alcanzar lo que anhelamos.

Traemos hasta aquí, como muestra representativa, uno de los diez poemas centrales, A la mar voy todavía, perteneciente al citado poemario publicado en 1959.

“Dime, tú, mar, ahora ¿a qué naranja
he de tender mi frente?
¿Debo arrancar de cuajo tus arenas,
golpear tus rumores,
esculpir tus espumas,
matar tus olas de gallina de oro
que sólo ponen huevos de esperanza?
La paz te he suplicado y me la niegas,
mi ternura te ofrezco y no la quieres.
Pero algo he de pedirte todavía:
que no hagas naufragar a mi palabra
ni apagar el amor que la mantiene.

Aún mi mano en la mar, así lo espero”.

Para leer más:

Pedro García Cabrera: Antología Poética. Centro de la Cultura Popular Canaria, 2005.

Pedro García Cabrera: Obras completas (vol. II). Gobierno de Canarias, 1987.

La producción de carbón en la Unión Europea (1990-2022)

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La producción de energía en la Unión Europea proviene de distintas fuentes. Entre ellas, las que tienen un origen no renovable, como son el petróleo y el carbón, requieren una atención especial por su agotamiento y por los graves efectos que generan sobre la salud y el calentamiento global del planeta.

Respecto al carbón los datos disponibles de Eurostat sobre la producción total de combustibles fósiles sólidos, que comprende carbón duro, carbón marrón (lignito) y productos derivados del carbón, nos permiten analizar cuál ha sido su evolución, en el conjunto de la UE y por países, desde 1990 hasta hoy.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, desde 1990 la producción de estos combustibles fósiles sólidos ha seguido una tendencia de descenso casi continuado, llegando reducirse un 64,4% hasta en 2022. En este último año 2022 la producción total de carbón y sus derivados ascendió en la Unión Europea (UE-27) a 386 millones de toneladas frente a 1.086 millones de 1990.

G_Carbón UE27_1990-2022

Estos resultados están en concordancia con los compromisos asumidos por la política medioambiental europea de ir reduciendo las fuentes energéticas contaminantes y desencadenantes de la crisis climática para transitar hacia una economía baja en carbono. No obstante, aún queda un importante camino por recorrer hasta la total sustitución de esta fuente de energía por otras de naturaleza renovable. Además, se constata que la producción de estos combustibles ha experimentado un repunte en los dos últimos años 2021-2022 tras descender significativamente en 2020 como consecuencia de los impactos de la pandemia de la COVID-19. Queda por ver, por tanto, si este repunte no prosigue en los próximos años y se retorna a la tendencia descendente anterior.

En un análisis por países, según Eurostat, en el año 1990, sólo seis de los 27 Estados miembros de la Unión Europea actual (sin Reino Unido) no producían carbón: Dinamarca, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta. En el año 2022, más de tres décadas después, hay que añadir tres países al grupo de no productores: Irlanda, Croacia y Portugal.

En la actualidad, los dos mayores productores de carbón siguen siendo, al igual que en 1990, Alemania, con 144,3 millones de toneladas en 2022 (el 37,3% del total de la UE), y Polonia, con 116,3 millones (el 21,1% del total), seguidos por la República Checa (9,8%), Bulgaria (9,4%), Rumanía (4,7%), Grecia (3,5%) y Hungría (1,4%), principalmente.

G_Carbón_Países_1990 y 2022

Durante el periodo 1990-2022, según la información estadística disponible de Eurostat, entre los actuales 18 países productores de carbón, las mayores reducciones porcentuales de producción se han registrado en Francia (-99,5%), España (-96,6%), Bélgica (-79,6%), Estonia (-78,0%), Italia (-77,3%), Grecia (-73,7%), Hungría (-73,0%), Alemania (-71,2%), Austria (-68,9%), Eslovaquia (-66,2%) y República Checa (-65,6%), que superaron la reducción media de la UE-27 (-64,4%).

En el caso de Polonia, el segundo mayor productor de carbón, su producción se ha contraído un 49,2% durante el periodo 1990-2022, en menor medida que el conjunto de la UE, por lo que su participación en el cómputo total de producción de carbón europeo ha aumentado desde el 21,1% al 30,1%.

En el otro extremo, es de destacar que tres países han seguido la tendencia contraria de reducir o cancelar la producción de combustibles fósiles sólidos en la Unión Europea: Bulgaria, que produjo 36.308.752 toneladas en 2022, Suecia (1.115.000 toneladas) y Finlandia (843.000 toneladas, básicamente de coque de horno).

Para más información:

Eurostat

La belleza de los árboles: una cita con José Saramago

En su obra Viaje a Portugal el escritor portugués José Saramago (1922-2010) nos invita a recorrer los diversos pueblos y ciudades del país lusitano para que descubramos, principalmente, toda la belleza de su patrimonio artístico.

Pero tampoco se olvida de que Portugal también atesora belleza en sus ecosistemas naturales. La mirada de Saramago queda atrapada en la armonía que desprenden los árboles, como cuando escribe el siguiente pasaje:

“Bello es siempre el verano, sin duda, con su sol, su playa, su parra de sombra, su refresco, pero qué dirá de este camino entre bosques donde la bruma se deshilacha o adensa, a veces ocultando el horizonte próximo, otras veces desgarrándose hacia un valle que parece no tener fin. Los árboles tienen todos los colores. Si alguno falta, o casi se esconde, es precisamente el verde, y, cuando aún se mantiene, está ya degradándose, adoptando el primer tono del amarillo, que comenzará por ser vivo en algunos casos, después surgen los matices terrosos, el castaño pálido, luego oscuro, a veces de un color de sangre viva o cuajada. Estos colores están en los árboles, cubren el suelo, son kilómetros gloriosos que al viajero le gustaría recorrer a pie…”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.