La dependencia energética exterior de la UE (1990-2021)

Procurar el máximo grado de soberanía energética se convierte en una cuestión cada vez más estratégica de la política energética de los países. Una baja dependencia de las importaciones contribuye a que las economías sean menos vulnerables a problemas de provisión de recursos energéticos y a imprevistas fluctuaciones alcistas de los precios que derivan, en última instancia, en un deterioro de la capacidad adquisitiva de la población y del saldo comercial del país importador, entre otros efectos.

Al mismo tiempo, una menor dependencia de las importaciones de productos energéticos (que son combustibles fósiles, principalmente) se alinea con la sostenibilidad, en tanto que de fomentarse en su lugar el empleo de energías renovables se apoya la transición hacia una economía baja en carbono.

Para evaluar el mayor o menor grado de soberanía energética, la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) publica el indicador de dependencia de las importaciones de energía que queda definido en los siguientes términos:

la proporción de las necesidades energéticas totales de un país satisfechas por las importaciones de otros países, esto es, el porcentaje de importaciones netas (importaciones menos exportaciones) sobre la energía bruta disponible.

De acuerdo con los datos disponibles de Eurostat, el consumo de energía en la UE continúa dependiendo en gran medida de su abastecimiento exterior. Entre 1990 y 2021 el conjunto de la UE ha visto aumentar su grado de dependencia energética desde el 50,0% hasta el 55,5%.

Como se observa en el siguiente gráfico la evolución seguida por el indicador de dependencia energética en la UE ha estado muy condicionada por la naturaleza del ciclo que atraviesa la economía, ya sea expansivo o contractivo. Durante los años de la Gran Recesión el valor del indicador de dependencia energética se redujo, interrumpiendo de forma clara la tendencia ascendente que venía registrando desde 1990, para, después, a partir de 2014, una vez pasados los años de crisis económica, retomar su senda creciente hasta alcanzar su máximo en 2019, con el 60,5%. Más recientemente con la irrupción de la pandemia del COVID-19, que conllevó fuertes impactos sociales y económicos, el grado de dependencia energética vuelve a retroceder. La contracción de la economía de la UE, en buena medida por las necesarias medidas de restricción a la actividad y la movilidad adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria, derivó en menores requerimientos energéticos que hicieron descender el grado de dependencia del exterior hasta el 57,5% en 2020 y el 55,5% en 2021.

Está por ver si en el 2022, con la finalización de la pandemia, el grado de dependencia energética de la UE retornó al crecimiento, sin olvidar, además, el nuevo contexto internacional derivado de los posteriores incrementos de los precios energéticos, a los que se unen los impactos de la guerra en Ucrania iniciada en marzo con la invasión rusa.

En un análisis por tipos, el petróleo y sus derivados, que son los productos energéticos más demandados, presentan la mayor tasa de dependencia exterior. En 2021 el 91,7% de su demanda ha tenido que ser importado de terceros países. Este porcentaje se redujo en 7 puntos respecto al año 2020, de modo que se vuelve inferior al 93,1% registrado en 1990.

A continuación, para el gas natural, el segundo producto energético más demandado, la tasa de dependencia exterior es del 83,4% en 2021. En este caso desciende sólo 0,2 p.p. respecto a 2020 y continúa siendo muy superior al 51,8% de 1990.

Respecto a los combustibles fósiles sólidos, el tercer producto energético más demandado, en 2021 el 37,5% de su consumo ha sido cubierto a través de importaciones. A diferencia de los anteriores productos energéticos, en 2021 aumentó la dependencia energética de los combustibles fósiles sólidos, hasta el 37,5%, casi dos puntos más que en 2020. Este porcentaje también supera el registrado en 1990 (18,7%).

Atendiendo a un análisis por países, los últimos datos disponibles de Eurostat nos confirman que el grado de dependencia de las importaciones de productos energéticos continúa siendo elevado en la mayoría de los países de la UE. Un total de 17 de los 27 Estados actuales de la Unión Europea tenían un grado de dependencia energética exterior superior al 50% de su energía bruta disponible en 2021.

Los países más dependientes energéticamente del exterior son tres pequeñas economías: Malta, con un porcentaje de importaciones netas sobre su energía bruta disponible del 97,1%, Luxemburgo (92,5%) y Chipre (89,5%). A continuación, les siguen Irlanda (77,0%), Grecia (73,8%), Italia (73,5%), Lituania (73,3%), Bélgica (70,8%) y España (69,1%), entre otros.

Por el contrario, los países con un grado de dependencia exterior menor son Estonia (1,4%), Suecia (21,0%), Rumanía (31,6%), Dinamarca (32,3%), Bulgaria (36,1%), Finlandia (38,0%) y Letonia (38,3%).

Desde una perspectiva temporal amplia, que abarca el periodo 1990-2021, los Estados que más han aumentado su tasa de dependencia energética exterior han sido Polonia (de 0,9% a 40,4%), Países Bajos (de 23,7% a 58,4%) y República Checa (de 15,2% a 40,0%). En sentido contrario, tres países han destacado por ser los que han logrado reducir más su dependencia energética exterior durante el periodo analizado: Letonia (de 89,0% a 38,3%), Estonia (de 41,0% a 1,4%) y Bulgaria (de 63,4% a 36,1%).

Para más información:

Eurostat.

La Declaración Universal de Derechos Humanos: 75 años hacia el progreso social

Se cumplen 75 años desde que el 10 de octubre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas en París proclamara la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Se trata de un documento histórico que establece por vez primera los derechos humanos fundamentales que deben garantizarse en todos los pueblos y países del mundo.

De entre los Considerandos recogidos en el Preámbulo de la Declaración destacamos dos ideas fundamentales:

1. Todas las personas formamos parte de la gran familia humana que se mueve por los valores supremos de la libertad, la justicia y la paz. Todas ellas, por igual, gozamos del reconocimiento de una dignidad intrínseca y de unos derechos inalienables.

2. El propósito de todos países firmantes de promover el progreso social y elevar el nivel de vida de sus habitantes.

Tras el Preámbulo la Declaración Universal de Derechos Humanos establece en sus 30 artículos cuáles son esos derechos fundamentales que los seres humanos tienen reconocidos independientemente de su condición. Son derechos inalienables que posee toda persona sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, posición económica, nacimiento, etc.

Así, en este documento de Naciones Unidas quedan reconocidos derechos y libertades como los siguientes: el derecho a la vida y a la seguridad, la prohibición de la esclavitud y la tortura, el derecho a un juicio justo, la presunción de inocencia, el derecho a circular libremente, el derecho a buscar asilo, la libertad de opinión y de expresión, la libertad de reunión y de asociación pacíficas, el derecho a participar en el gobierno, el derecho a la propiedad individual y colectiva, el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, etc.

Junto a estos derechos de carácter civil, para la promoción del progreso social de los pueblos la Declaración reconoce que los seres humanos poseen también derechos fundamentales de naturaleza socioeconómica. Son derechos que aún hoy conservan su plena validez y siguen demandando una incondicional defensa 75 años después de su reconocimiento. Entre ellos merecen especial atención los recogidos en los siguientes seis artículos por ser esenciales para todo propósito de bienestar social y desarrollo sostenible:

Artículo 22:

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener (…) la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23:

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24:

Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25. 1:

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidad, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientemente de su voluntad.

Artículo 26.1:

Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental (…)

Artículo 27.1:

Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

En suma, son todos ellos derechos socioeconómicos fundamentales que, habiendo sido reconocidos en 1948, su defensa permanece como una necesidad ineludible para procurar el progreso social. El bienestar social no es posible si los seres humanos no tienen garantizados sus derechos al trabajo y el descanso, a la alimentación y la vivienda, a la asistencia médica y los servicios sociales, a la educación y la cultura…

Siendo el estado actual del planeta bien diferente al de hace 75 años, no cabe duda que otro derecho fundamental universal llama a la puerta: el derecho de todo ser humano a un medio ambiente sano y sostenible.

Esta ausencia en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 fue abordada, inicialmente, en la Declaración de Estocolmo (1972) de Naciones Unidas que en su Principio 1 afirma que el ser humano tiene el derecho a disfrutar de condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad. Pero no ha sido hasta el 26 julio de 2022 cuando mediante Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas se reconoce expresamente “el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible como un derecho humano”.

Para leer más:

Declaración Universal de Derechos Humanos (1948)

El amor a los pájaros: una cita con José Saramago

El escritor portugués José Saramago (1922-2010), reconocido con el premio Nobel de Literatura en 1998, nos transmite en su libro Viaje a Portugal la realidad cultural y artística de su país natal, que redescubrió entre los años 1979 y 1980 tras decidir visitarlo de extremo a extremo.

Viaje a Portugal es principalmente una crónica de viaje en la que el autor deja reflejadas sus impresiones sobre la belleza del patrimonio artístico que atesoran las ciudades y pueblos lusitanos. Pero el viajero no fue ajeno a otra clase de belleza: la belleza de los diversos ecosistemas naturales por los que transitó durante su largo periplo personal. Y tampoco pudo eludir su amor por los animales, como cuando tuvo lugar su visita a la villa de Borba que recoge el siguiente pasaje:

“Al viajero, decididamente, le gusta Borba. Será por el sol, por esta luz matinal, será por la blancura de las casas (¿quién ha dicho que el blanco no es un color, sino la ausencia de él?), será por todo eso, y por lo demás, que es el trazado de las calles, la gente que por ellas anda, no sería preciso más para un sincero afecto, cuando, de pronto, ve el viajero en una tapia, la más extraordinaria declaración de amor, un letrero que decía: PROHIBIDO DESTRUIR LOS NIDOS. MULTA 100$00.

Hay que convenir en que merece todos los loores una villa donde públicamente se declara que el rigor de la ley caerá sobre los malvados que derriben las moradas de los pájaros. De las golondrinas, para ser más riguroso. Puesto que el letrero está en una tapia que precisamente usan las golondrinas para construir sus nidos, se entiende que la protección sólo a ellas cubre. Lo demás pájaros, bribones, algo bellacos y nada dados a confianzas humanas, hacen sus nidos en los árboles, fuera de la villa, y se sujetan a los azares de la guerra. Pero ya es excelente que una tribu del pueblo alado tenga la ley a su favor. Yendo así, poco a poco acabarán las leyes por defender a las aves todas y a los hombres todos, excepto, claro está o no merecerían el nombre de leyes, a los nocivos de un lado y otro. Probablemente por efecto del calor, el viajero no está en uno de sus días de mayor claridad, pero espera que lo entiendan”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de los hogares de la UE (2010-2021)

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GIE) causantes, en gran medida, de la crisis climática actual que sufre el planeta proceden, principalmente, del desarrollo de diversas actividades económicas (industria manufacturera, producción de electricidad, agricultura, ganadería, transporte, construcción…). Sin embargo, no hay que olvidar que las actividades desarrolladas por los hogares también son fuente de emisión de GEI.

En el contexto de la Unión Europea (UE-27) las emisiones de GEI de todas las actividades realizadas por los hogares (calefacción refrigeración, transporte…) representan el 20,5% del total de emisiones en 2021 frente al 79,5% generado por las actividades de los diferentes sectores económicos.

Si analizamos en concreto las actividades de calefacción y refrigeración realizadas dentro de los hogares (que suponen el 44% de sus emisiones), los datos apuntan a un descenso de las emisiones de GEI en el horizonte temporal 2010-2021, lo que viene explicado en gran medida por mejoras de eficiencia energética y el menor empleo de los combustibles fósiles

Así, de acuerdo con la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en la UE-27 dichas emisiones de GEI de los hogares han descendido desde los 403,1 millones de toneladas de CO2 equivalente del año 2010 hasta los 327,4 millones de 2021. Ello supone, por tanto, una caída acumulada del 18,8%, que supera la registrada por el conjunto de las actividades que emiten GEI en la UE, esto es, un -17,5% en dicho periodo de 2010-2021.

No obstante, como se advierte de la tendencia dibujada en el siguiente gráfico, los últimos dos años rompen con la evolución de mejoría registrada hasta 2019. Como es conocido, los años 2020 y 2021 estuvieron marcados por la pandemia del COVID-19, con múltiples impactos para la vida y movilidad de las personas y el desarrollo de las actividades económicas.

Los resultados del análisis de la evolución de las emisiones generadas por los hogares en sus actividades de calefacción y refrigeración, en términos relativos, es decir, por habitante, nos constatan igualmente una reducción durante la última década.

En año 2021 los hogares de la UE emitieron a la atmósfera 732,7 kg de CO2 equivalente per cápita. Este dato mejora respecto a 2010, cuando dicha ratio se cifró en 913,4 kg/habitante, de modo que se ha producido una reducción del 19,8% en dicho periodo. No obstante, los datos más recientes apuntan, al igual que en términos absolutos, que durante el periodo de la crisis sanitaria (2020-2021) la situación ha empeorado: las emisiones per cápita sobrepasan en un 4,6% las registradas en 2019 (700,4 kg de CO2 equivalente).

Por tanto, el estado de las emisiones de GEI de los hogares sigue presentando un amplio margen de mejora en el actual marco de lucha contra el cambio climático. Además, persisten importantes diferencias entre los países que conforman la Unión Europea persisten.

En 2021 tres países excedían con mucho el promedio de emisiones de 733 kg de CO2 equivalente per cápita de la Unión Europea: Luxemburgo (1.636 kg/hab.), Bélgica (1.400) e Irlanda (1.3476). A continuación, otros países que emitieron más que el valor promedio comunitario son Países Bajos, Alemania, Polonia, Hungría, Italia, República Checa y Austria.

Por el contrario, los hogares de la UE que en 2021 emitieron, con diferencia, menos GEI per cápita son los pertenecientes a Suecia (26 kg de CO2 equivalente/hab.). Le sigue un grupo de once países que también destacan por presentar una ratio de emisiones que es menos de la mitad del promedio de la UE: Portugal, Malta, Finlandia, Estonia, Letonia, Bulgaria, Dinamarca, Rumanía, España, Lituania y Croacia.

Finalmente, es de resaltar, desde un enfoque dinámico, que, durante el periodo analizado (2010-2021), 23 de los 27 países de la UE han conseguido reducir los GEI emitidos a la atmósfera por las actividades de calefacción y refrigeración realizadas en las viviendas, significándose los mayores descensos porcentuales en Suecia (-72,1%), Finlandia (-56,2%) y Dinamarca (-51,3%) frente los mayores incrementos en Rumanía (32,7%), Bulgaria (15,9%) y Lituania (11,8%).

Para más información:

Eurostat

El sermón a los peces de José Saramago

Río Douro

El escritor portugués José Saramago (1922-2010), reconocido con el premio Nobel de Literatura en 1998, nos descubre en su libro Viaje a Portugal una crónica personal de la realidad, principalmente cultural y artística, de aquel país que recorrió de extremo a extremo entre 1979 y 1980.

Comienza este viaje particular de una forma singular. Cruzando la línea divisoria que separa España de Portugal, el viajero se detiene “sobre las aguas oscuras y profundas, entre los altos escarpes que van doblando los ecos”, para predicar un sermón especial. Va dirigido a los peces del río, de los que los seres humanos podemos aprehender un ejemplo de fraternidad, a la vez que nos hacen recordar que la naturaleza no entiende de aduanas ni barreras fronterizas.

“Venid acá, peces, vosotros, los de la margen derecha, que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es la lengua en que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes y sellos para entrar y salir. Aquí estoy yo, mirándoos desde lo alto de este embalse, y vosotros a mí, peces que vivís en esas confundidas aguas, que tan pronto estáis en una orilla como en otra, en gran hermandad de peces que unos a otros sólo se comen por necesidad de hambre y no por enfados de patria. Me dais vosotros, peces, una clara lección, ojalá no la olvide yo al segundo paso de este viaje mío a Portugal, a saber: que de tierra en tierra deberé prestar mucha atención a lo que sea igual y a lo que sea diferente, aunque dejando a salvo, que humano es y entre vosotros igualmente se practica, las preferencias y las simpatías de este viajero, que no está ligado a obligaciones de amor universal, ni nadie le ha pedido que lo esté. De vosotros, en fin, me despido, peces, hasta un día; seguid a lo vuestro mientras no asomen por ahí pescadores, nadad felices, y deseadme buen viaje, adiós, adiós”.

Para leer más:

José Saramago: Viaje a Portugal. Unidad Editorial, Madrid, 1999.

Los economistas ante la crisis ecológica: una cita con Georgescu-Roegen

Se cumple medio siglo desde que el economista y matemático Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994) escribiera, con la colaboración de otros reconocidos economistas, un texto que formó parte de un manifiesto más amplio, impulsado con motivo de la primera Conferencia Mundial de Naciones Unidades sobre Medio Ambiente (la Cumbre de Estocolmo de 1972). En dicho texto Georgescu-Roegen nos advertía de que “la evolución de nuestra morada en la Tierra se aproxima a una crisis de cuya resolución puede depender la supervivencia de la humanidad”.

La producción de bienes y servicios se ha venido considerando fuente prioritaria de beneficios para la sociedad. Sin embargo, también ha conllevado costes que no dejan de ser cada vez más evidentes. El persistente crecimiento económico agota irrevocablemente nuestro stock finito de materias primas y energía. Al mismo tiempo se constata que se está sobrepasando la capacidad, igualmente finita, que tiene nuestro ecosistema para absorber los residuos y la contaminación generados en los procesos económicos.

Según Georgescu-Roegen la situación ecológica es de tal gravedad que la tarea del economista, como la de científicos y planificadores de otras áreas del conocimiento, no debe quedar al margen. El economista de hoy ha de tener una visión más amplia, debe dejar de aislar su dominio de otras ramas de la sabiduría.

Los costes ecológicos de los procesos económicos actuales sobre las generaciones futuras encierra un importante problema ético que el economista como gestor y planificador de recursos no puede eludir. Asimismo, la imposibilidad material de procurar el crecimiento económico perpetuo en un planeta que es finito nos aboca a pensar más en la satisfacción de las necesidades humanas reales que en perseguir la maximización de la producción y el consumo.

En suma, la nueva economía que defiende Georgescu-Roegen sostiene como metas la supervivencia y la justica, a las que quedan supeditados la producción y el consumo:

“Es necesaria una nueva economía cuya finalidad sea la administración de los recursos y lograr un control racional sobre el desarrollo y las aplicaciones tecnológicas de modo que sirvan a las necesidades humanas reales, más que a la expansión de los beneficios, la guerra o el prestigio nacional. Es necesaria una economía de la supervivencia, o más aún, de la esperanza -una teoría y una visión de una economía global basada en la justicia, que haga posible la distribución equitativa de la riqueza de la Tierra entre la población, tanto actual como futura-. Está claro que no podemos seguir considerando útil la separación de la economía nacional de sus relaciones con el sistema global más amplio. Pero los economistas pueden hacer algo más que medir y describir las complejas relaciones entre entidades económicas; podemos trabajar activamente por un nuevo orden de prioridades que trascienda los estrechos intereses de la soberanía nacional y que en vez de a ellos sirva a los intereses de la comunidad mundial. Debemos reemplazar el ideal del crecimiento, que ha servido como sustitutivo de la distribución equitativa de la riqueza, por una visión más humana en la que la producción y el consumo estén subordinados a las metas de la supervivencia y la justicia”.

Para leer más:

Nicholas Georgescu-Roegen: Ensayos bioeconómicos. (Edición de Óscar Carpintero). Catarata, Madrid, 2021.

El árbol, la nube, el mar…, en el verso de Andrés Sánchez Robayna

Cómo reunir en sólo dos estrofas, magistrales, seis cosas esenciales para la vida humana: árbol, casa, vista, manos, nubes, mar…

Traemos hasta aquí el fragmento XLIX perteneciente al poemario titulado El libro, tras la duna que el poeta español Andrés Sánchez Robayna (Islas Canarias, 1952) escribió durante los años 2000-2001.

Los versos de este poeta insular nos pueden sugerir una invitación a sentir con plena conciencia el valor de lo fundamental. Su ausencia es abocarnos al vacío, a la nada, al desconocimiento…

Sé el árbol, sé la casa
sé el huésped que la habita,
dispone a la ceguera para ver,
niega tus manos para ser el tacto.

Oh nube ilimitada
del no saber, suspensa
sobre la mutación, sobre los mares,
habite el ser tu ser, pueble tu nada.

Para leer más:

Andrés Sánchez Robayna: En el cuerpo del mundo. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2023.

La palmera, en el verso de Nicolás Guillén

El poeta cubano Nicolás Guillén (1902-1989), que obtuvo entre otros reconocimientos el Premio Nacional de Literatura, destacó por una amplia obra literaria que abarca asuntos de claro contenido social. Además, su pluma lírica también fue sensible a la naturaleza que le rodeaba. Como ejemplo nos ha llegado hasta hoy un pequeño poema que dedicó a un árbol: la palmera, la palma, que tan familiar resulta en su patria antillana.

En 1947 Guillén escribió el poema Palma sola, perteneciente a su obra El son entero. Se trata de una poesía sencilla y honda a la vez con la que el autor nos transmite la idea de fortaleza para perseguir la libertad, aunque reine la más absoluta soledad. Así lo hizo en un patio cubano aquella solitaria palma que soñaba con alcanzar las nubes mientras no dejaba de crecer bajo la luz del sol y la luna.

La palma que está en el patio
nació sola;
creció sola;
bajo la luna y el sol,
vive sola.

Con su largo cuerpo fijo,
palma sola;
sola en el patio sellado,
siempre sola,
guardián del atardecer,
sueña sola.

La palma sola soñando,
palma sola,
que va libre por el viento,
libre y sola,
suelta y sola;
cazadora de las nubes, 
palma sola,
palma sola,
palma.

Para leer más:

Nicolás Guillén: El libro de los sones. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2001.

Evaluando la sostenibilidad de la producción y el consumo (ODS12) en 2023

 

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La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puesta en marcha por Naciones Unidas en 2015, establece compromisos concretos para un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan la triple dimensión social, económica y medioambiental. Uno de esos objetivos, el ODS12, se refiere a la producción y el consumo, quedando definido en la Agenda 2030 en estos términos:

«Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles»

La consecución del ODS12 compromete a los países del planeta a adoptar medidas como las siguientes recogidas en la Agenda 2030:

  • Lograr la gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales, de aquí a 2030.
  • De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.
  • De aquí a 2020, lograr la gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, y reducir significativamente su liberación a la atmósfera, el agua y el suelo a fin de minimizar sus efectos en la salud humana y el medio ambiente.
  • Reducir considerablemente la generación de residuos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización, de aquí a 2030.
  • Alentar a las empresas a que adopten prácticas sostenibles e incorporen información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes.
  • Promover prácticas de adquisición pública que sean sostenibles.
  • De aquí a 2030, asegurar que las personas de todo el mundo tengan la información y los conocimientos pertinentes para el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza.
  • Ayudar a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad científica y tecnológica para avanzar hacia un consumo y producción sostenibles.
  • Elaborar y aplicar instrumentos para lograr un turismo sostenible que cree empleo y promueva la cultura y los productos locales.
  • Racionalizar los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles.

Para conocer los progresos que van alcanzando los países respecto a los 17 ODS, SDSN y Bertelsmann Stiftung han venido elaborando periódicamente Informes de evaluación desde 2015. Los resultados obtenidos en su edición de 2023, Sustainable Development Report 2023, nos aproximan a conocer cuál es el estado de la producción y el consumo en términos de sostenibilidad, país por país, y en qué grado se van alcanzando las metas establecidas en la Agenda 2030.

La metodología utilizada para dicha evaluación se apoya en la construcción de índices sintéticos, cuyos valores pueden oscilar entre 0, cuando el país se encuentra en la peor situación, y 100, cuando, por el contrario, el país se encuentra en la mejor posición respecto al cumplimiento de los ODS.

En esta edición de 2023 para el cálculo del índice sintético del ODS12 se ha contado con los siguientes indicadores:

  • Emisiones de SO2 basadas en la producción (kg/pers.).
  • Emisiones de SO2 incorporadas en las importaciones (kg/pers.).
  • Emisiones de nitrógeno basadas en la producción (kg/pers.).
  • Emisiones de nitrógeno incorporadas en las importaciones (kg/pers.).
  • Exportaciones de residuos plásticos (kg/pers.).
  • Residuos sólidos municipales no reciclados (kg/pers./día).

Con las puntuaciones obtenidas del ODS12 (Producción y consumo sostenibles) por los 166 países para los que se dispone de información estadística, se obtienen resultados que nos constatan una evidencia clara: la prosperidad económica no está en sintonía con la sostenibilidad de los modos de producir y consumir. 

Analizando los datos aportados en el Informe, una primera conclusión que merece ser destacada es que existe una correlación inversa entre el nivel de renta per cápita y el grado de cumplimiento del ODS12. En otras palabras, son los países de renta alta (y también con mayor IDS general) los que menos están cumpliendo con el objetivo de Producción y consumo sostenibles. Por el contrario, los países “menos desarrollados” son los que están cumpliendo mejor dicho objetivo de la Agenda 2030.

G_grupos paísesODS12_2023

En un análisis más detallado los resultados obtenidos para el ODS12 muestran que, como puede observarse en el siguiente cuadro, los países mejor situados en el cumplimiento del objetivo de Producción y consumo sostenibles son países de bajo PIB per cápita localizados principalmente en África, tales como Etiopía (98,8), Lesoto (98,6), Malaui (97,9), Mozambique (97,9), Sierra Leona (97,8), República Democrática del Congo (97,7), Sudán (97,3), Benín (96,9) y Madagascar (96,7).

C_Países25más_ODS12_2023

Por el contrario, la situación relativa más desfavorable respecto a la sostenibilidad de la producción y el consumo la presentan países que mayoritariamente disfrutan de un alto PIB per cápita: Islandia (37,3), Luxemburgo (39,5), Noruega (39,8), Dinamarca (44,6), Bélgica (44,9), Irlanda (45,9), Lituania (46,9), Países Bajos (47,7), Brunéi (48,5), Nueva Zelanda (49,0) y Austria (49,6).

C_Países25menos_ODS12_2023

Si nos centramos en cuatro países que destacan por su peso económico y/o demográfico, observamos que la India ocupa la posición 33 en el ranking mundial del cumplimiento del ODS12, seguido por China (72), Federación Rusa (101) y, a mayor distancia, Estados Unidos (140).

Para más información:

SDSN: Sustainable Development Report 2023.

Miguel Mihura: La Naturaleza es asombrosa

La capacidad de asombro ante la Naturaleza es una de las facultades que pueden enriquecer la calidad de vida del ser humano. Se puede experimentar al natural, en vivo y en directo, pero también gracias a la ficción literaria.

El dramaturgo español Miguel Mihura (1905-1977), reconocido en tres ocasiones con el Premio Nacional de Teatro, escribió en 1932 la conocida obra Tres sombreros de copa, estrenada 20 años después. Esta pieza teatral, impregnada del personal humor agridulce de su autor, se detiene en las inquietudes de sus protagonistas por abrirse el camino hacia la felicidad, en medio de una sociedad en la que se enfrentan dos mundos de moralidades irreconciliables.

Toda la trama de la obra se desarrolla en la habitación de un hotel. Sin embargo, Mihura, con su humor lúcido, hace mención a la Naturaleza, la que se puede contemplar desde el balcón. En aquella habitación de hotel de segundo orden en una capital de provincias, se encuentran el propietario del hospedaje, don Rosario, y el nuevo huésped, el joven Dionisio, entre los que se entabla la siguiente conversación:

DON ROSARIO: Es la mejor habitación, don Dionisio. Y la más sana. El balcón da al mar. Y la vista es hermosa (Yendo hacia el balcón). Acérquese. Ahora no se ve bien porque es de noche. Pero, sin embargo, mire usted allí las lucecitas de las farolas del puerto. Hace un efecto muy lindo. Todo el mundo lo dice. ¿Las ve usted?

DIONISIO: No. No veo nada.

DON ROSARIO: Parece usted tonto, don Dionisio.

DIONISIO: ¿Por qué me dice usted eso, caramba?

DON ROSARIO: Porque no ve las lucecitas. Espérese. Voy a abrir el balcón. Así las verá usted mejor.

DIONISIO: No. No, señor. Hace un frío enorme. Déjelo. (Mirando nuevamente.) ¡Ah! Ahora me parece que veo algo. (Mirando a través de los cristales.) ¿Son tres lucecitas que hay allá a lo lejos?

DON ROSARIO: Sí. ¡Eso!

DIONISIO: ¡Es precioso! Una es roja ¿verdad?

DON ROSARIO: No. Las tres son blancas. No hay ninguna roja.

DIONISIO: Pues yo creo que una de ellas es roja. La de la izquierda.

DON ROSARIO: No. No puede ser roja. Llevo quince años enseñándoles a todos los huéspedes, desde este balcón, las lucecitas de las farolas del puerto, y nadie me ha dicho nunca que hubiese ninguna roja.

DIONISIO: Pero ¿usted no las ve?

DON ROSARIO: No. Yo no las veo. Yo, a causa de mi vista débil, no las he visto nunca. Esto me lo dejó dicho mi papá. Al morir mi papá me dijo: “Oye, niño, ven. Desde el balcón de la alcoba rosa se ven tres lucecitas blancas del puerto lejano. Enséñaselas a los huéspedes y se pondrán todos muy contentos…” Y yo siempre se las enseño…

DIONISIO: Pues hay una roja, yo se lo aseguro.

DON ROSARIO: Entonces, desde mañana, les diré a mis huéspedes que sen ven tres lucecitas: dos blancas y una roja… Y se pondrán más contentos todavía. ¿Verdad que es una vista encantadora? ¡Pues de día es aún más linda!…

DIONISIO: ¡Claro! De día se verán más lucecitas…

DON ROSARIO: No. De día las apagan.

DIONISIO: ¡Qué mala suerte!

DON ROSARIO: Pero no importa, porque en su lugar se ve la montaña, con una vaca encima muy gorda que, poquito a poco, se está comiendo toda la montaña…

DIONISIO: ¡Es asombroso!

DON ROSARIO: Sí. La Naturaleza toda es asombrosa, hijo mío.

Para leer más:

Miguel Mihura: Tres sombreros de copa. El País, Madrid, 2005.